Creí vivir un matrimonio perfecto junto a mi esposo millonario hasta que una llamada en plena madrugada reveló la aterradora doble vida que ocultaba detrás de sus viajes secretos y de las puertas que jamás me permitió abrir realmente allí completamente solos siempre aterrorizados antes juntos aquella noche oscura eternamente jamás para siempre.

¿Y tú qué quieres? Necesito ver a papá. Tu papá es mi papá. Tú solo tienes mamá. Otra vez tu mamá. ¿Qué escándalo es este? Déjalo pasar. Pero papá… ¿Qué la dejes pasar? Papá, necesito 50 mil dólares. Mi mamá necesita el trasplante. Por Dios, pero qué vergüenza. Venir hasta aquí a pedir dinero.

Mercedes, por favor. Su mamá está enferma. Ay, por Dios. No me digas que sigues pensando en ella. No, no. Obvio que no, pero… Mira, muchachita. Tú te vas ahora mismo por donde viniste. Papá, por favor. Ya… Ya escuchaste a Mercedes. Espera. Sí te vamos a dar el dinero. ¿Qué estás diciendo? Ay, mi amor. Eres genial.

Pues bien. Si te casas con Pablo Mendoza, te damos los 50 mil. ¿El bastardo de los Montenegro? ¿Ese no está en la cárcel? Sale hoy. No me voy a casar con un desconocido. Bueno. No, no, no. No, por favor. Mira, muchachita. Yo te tengo muy bien vigilada desde hace dos meses. Y si tú no te casas mañana, yo voy al hospital y le digo a tu madrecita que su hija no le quiso ayudar.

Eso no es cierto. Ella no lo sabe. Y ella va a partir de este mundo sabiendo que su hija la dejó morir. Está bien. Está bien. Me voy a casar. Perfecto. Una cosa más. Nadie debe saber que tú te casaste por dinero. Porque si no… Mi mamá se muere. Exactamente. Ahora quiero que te vayas. Y quiero que finjas estar enamorada.

Una novia feliz. La boda es hoy. Puedes irte ya. ¿Hoy? Sí, hoy. Ve, alístate. Ponte regia. Y vas al departamento de ese muchacho. Pero ya. Bienvenida a la familia, hermanita. No vuelva a conducir borracho. La próxima vez no serán tres días. No le prometo nada, señor oficial. Señor.

Bienvenido a la libertad. Gracias, Sara. Ahora sí. Directo a cumplir nuestro objetivo. Sara. ¿Cómo está todo aquí afuera? Todo en orden. La cuartada de la cárcel funcionó perfecto. ¿Y la familia de Santa Cruz? Todo según lo que usted pidió. El matrimonio está pactado para hoy mismo. Y la novia llegará en una hora al departamento.

Bien. Sara, una cosa más. Antes de firmar, quiero que averigües todo sobre esa familia para poder cumplir la cláusula de mis abuelos. Está bien, señor. Adelante. ¿Y el sacerdote? No, aquí no hay sacerdote ni nada de eso. Aquí solo se viene, se firma y se acabó. ¿Y los invitados? No hacen falta. ¿Y Pablo? Aún no llega.

¿No ha llegado a su propia boda? Ya ha de llegar. Ay, Dios mío. ¿Estás bien? Estoy nerviosa. Es mi boda. No. No estás bien. Este es el acta prematrimonial. ¿Por qué aceptaste casarte? Por amor. ¿Por amor? No. ¿Por qué no me cree? Si me estás mintiendo, yo me voy a enterar. Buenos días.

Disculpen la demora. ¿Tú eres la novia? Soy Pablo Mendoza. María Isabel Santa Cruz. El acta está listo. Tiene los hechos. ¿Firmamos? Tu parte. Esto no es una boda. Es un negocio. Listo. Bien. Quedan oficialmente casados. ¿Necesita algo más?

No. Puedes retirarte. Suerte, María Isabel. ¿Piensas quedarte de pie? No sabía que la familia Santa Cruz tenía dos hijas. Así es. Mi papá se separó de mi mamá cuando yo tenía tres años. Entonces eres como yo. La oveja negra. Y dime. ¿Por qué aceptaste casarte conmigo? Porque…

mi familia me lo pidió. ¿Y siempre haces todo lo que tu familia te dice? Esta vez sí. Mira. Yo tampoco te voy a decir por qué acepté casarme contigo. ¿Trato? Trato. Oye, Pablo. ¿Cuántas habitaciones hay en tu departamento? Una. Una sola. Así que tendrás que dormir conmigo. Oye.

Apenas nos conocemos. Bromeada. Mira. Hagamos un trato más grande. Finjamos ser pareja delante de los demás. Y cuando se libere el fondo del dinero de mis abuelos, nos divorciamos. Yo dormiré en el sofá. La habitación es tuya. ¿Trato? Con una condición. No puedes estar con otras mujeres. De acuerdo. Pero lo mismo pido para mí.

No quiero que mi esposa resulte embarazada de otro hombre. ¿Estamos de acuerdo? ¿Hacemos trato? ¿Trato? Bueno, voy a acomodar mis cosas. Sara. Hay algo más que esta mujer esconde. Algo que ni tú ni yo sabemos. Lo voy a averiguar, jefe. Quiero que averigües todo. Esta mujer estoy seguro que esconde muchas sorpresas.

Mi marido. Día uno. ¿Qué haces? Te estoy haciendo desayuno. No tenías que hacerlo. Tú me dejaste tu cama. Es lo justo. ¿Sabes? Mi mamá siempre decía que el amor entra por la boca. ¿Y eso qué significa? No lo sé. Pero eso lo voy a averiguar. Buen provecho. Gracias. ¿A dónde vas?

Ah, tengo que ir a devolver el vestido. Es alquilado. ¿Alquilado? Sí. ¿Qué? ¿Pensabas que mi familia me iba a comprar uno? Pensé que tu familia era rica. Mi familia es rica. Yo no. Vuelvo en una hora. Ya. Cómete, así está rico. Sara. Mi esposa acaba de salir. Tienes que venir. Sí, jefe. Señor.

Esto va a interesarle. Hija mayor de Juan Ignacio. Su madre es Lucía. Y se separaron cuando la hija tenía tres años. Juan Ignacio nunca pasó pensión. ¿Nunca? Ni un solo peso. Ella la crió sola. Trabajando. Liviando casas. Y pues la niña se pagó sola a la universidad. Y ahora su madre está internada. Sara. Vámonos.

Tenemos que seguir a mi esposa. Algo anda mal. El satín está dañado. ¿Dañado? Claro que sí. Visibles marcas de raspones. La tarifa de reposición es de mil dólares. ¿Mil dólares por unos zapatos alquilados? Con eso me compro unos nuevos. Pues eso debiste pensarlo desde el inicio, niña. Tienes que pagar mil dólares por los zapatos.

Por favor, señorita. Revíselos bien. Estos zapatos están en perfecto estado. Ya te dije que tienes que pagar mil dólares por los zapatos. ¿Los pagas tú o quieres que los pague yo? ¿Y si no tenías para casarte? Pues debiste pensártelo. Esos zapatos son feos. ¿Disculpe? No me gustan para mi esposa. ¿Aquellos? ¿Cuánto? Son una edición limitada.

Cuestan cinco mil dólares. Los llevo. Pablo, no. Son cinco mil dólares. Es demasiado. Es mi regalo de bodas para ti, mi amor. Claro que sí. Por favor, tomen asiento. Tal vez gustan beber algo, no sé, un vino. ¿Un vino? Tráelos. Y haz que se pruebe. Pero pónselos tú misma. Aquí tienes mi tarjeta.

Pablo, aquí tienes. Gracias. Y para la próxima vez, solo dedícate a hacer tu trabajo. Vámonos, esposa. ¿Sí?

Pablo, no deberías haber gastado tanto. ¿Por qué no? Porque sé que no tienes dinero. ¿Y a ti quién te dijo eso? Por favor, eres el bastardo de la familia. Acabas de salir de la cárcel y se rumora que no logras conservar un solo empleo. ¿Rumores? Dime una cosa. ¿Y los rumores son ciertos? No me importan los rumores.

Solo que tenemos que cuidar el dinero. Mira, yo me estoy postulando para varios empleos. Y si tú quieres, te puedo ayudar a conseguir algo. A ver, ¿tú me quieres ayudar a conseguir un trabajo? Bueno, pues, soy tu esposa. Puedo colaborar, ¿no? Esta mujer me quiere salvar a mí. Está bien, esposa. Trato. Trato. ¿Qué pasó? Mensaje de promociones.

Ya sabes. ¿Mensaje de promociones? ¿El Hospital San José es un hospital de promociones? Pablo, es algo de una amiga. Le pidió ayuda al hospital y pusieron mi número de contacto. Es una confusión, eso es todo. ¿Una amiga? Sí. Bueno. Salud por tu amiga. Su amiga. ¿Y tú qué?

¿Dónde está mi papá? ¿Trabajando? ¿Y ese bolso? ¿Te gusta? Me lo compró mi papá. Es edición limitada, costó 5 mil dólares. ¿Quién dejó entrar a esta? Mercedes, las facturas del hospital no están pagadas. Casi suspenden el tratamiento de mi mamá. Nosotras acordamos que tan pronto me casara, me iban a dar los 50 mil dólares.

¿Qué pasó? Nosotros acordamos darte el dinero, nunca dijimos cuándo. Tranquila, niña. A su tiempo. Mi mamá se está muriendo. Ese no es nuestro problema. ¿Cómo que no es su problema? Yo me casé con Pablo Mendoza por ustedes dos. Tus problemas los resuelves tú, eso fue lo pactado. Me estoy ahogando en deudas. ¿Y mientras tanto Evaluna se compra un bolso de 5 mil dólares? No cabe duda que la gente pobre es como la gente del mercado.

Mira, Mercedes, si no me das el dinero hoy mismo, le contaré toda la verdad a Pablo y le diré que ustedes dos me obligaron. ¿Me estás amenazando? No. Pequeña perra malagradecida. Si abres tu boca, yo voy personalmente al hospital y mañana tu madre resucita sabiendo que su hija la dejó morir, ¿me oyes? Ahora te largas de mi casa y no regresas hasta que yo te llame.

¡Fuera! Hola. Déjame, yo termino eso, ¿sí? No, hoy cocino yo. ¿Qué te pasó en la cara? Nada, no es nada. ¿Quién te golpeó? Nadie. Choqué con la pared, eso es todo.

María Isabel. Voy a ducharme, ¿sí? María Isabel. Sara, a mi esposa la golpearon hoy en casa de su padre. ¿Estás seguro, jefe? Sara, escúchame muy bien. Quiero que le pongas presión al negocio de Juan Ignacio. Cancela todo lo que puedas. Quiero que toda la familia se quede sin nada. ¿Cuándo empiezo, jefe? Hoy mismo.

Nadie le pone una mano encima a mi esposa. Siéntate. Comamos. No tengo hambre. No importa, igual siéntate. Tenemos que conversar. María Isabel, mañana empezamos a movernos. ¿Movernos a dónde? Tenemos que irnos lejos de tu familia. Pablo, yo no me puedo ir de la ciudad. Mi mamá está aquí, me necesita. María Isabel, no dije lejos de la ciudad.

Dije lejos de tu familia. ¿Qué planeas? No preguntes, yo me encargo. Pablo… Y come, esposa, se te va a enfriar. ¿Con qué clase de hombre me casé? ¡Maldita sea! ¿Qué pasa, Juan Ignacio? Tres contratos cancelados en menos de una hora. ¿Cancelados? No le encuentro una explicación. La concesión del puerto, la constructora del norte y la minera.

¿Aló? Sí. ¿Qué? No, no, pero escuche. Pero tenemos un contrato firmado. Entiendo. Entiendo. Cuatro. Cuatro contratos cancelados. Juan Ignacio, ¿qué hiciste? ¿Qué hiciste? Yo no he hecho nada. Mercedes, alguien nos está atacando. ¿Quién? No lo sé, pero pero sabe golpear muy bien. ¿Aló?

Amiga, levántate. Jennifer, son las siete de la mañana. Te conseguí una entrevista. Grupo Montenegro. Hoy mismo a las once. ¿Grupo Montenegro? ¿En serio? En serio, pero amiga, hay un detalle. ¿Cuál? Romeo Nicolás trabaja ahí. Es vicepresidente. Ay, no. Sí, y es él quien te va a entrevistar. Jennifer, tú sabes muy bien lo que me hizo Romeo.

Lo sé, pero amiga, Grupo Montenegro es Grupo Montenegro. Una entrevista. Si no te quedas, no te quedas. Pero al menos lo intentas. Está bien. Voy. Mírate. ¿A dónde vas tan elegante? Tengo una entrevista. ¿Dónde? Grupo Montenegro. ¿Grupo Montenegro? Sí. ¿Los conoces? Algo he oído.

Es una empresa grande. Sí. ¿Quién te va a entrevistar? Un conocido. ¿Un conocido? ¿No se le llama así a un ex? Eso ya pasó hace mucho tiempo. Dime una cosa. ¿Él te trató bien? Eso ¿qué importa? Si te trata mal hoy, me lo dices. ¿Sí? No va a pasar nada. Me mantienes al tanto. Bienvenida a mi imperio, esposa. Amiga, escúchame bien.

Romeo no es el mismo de la universidad. ¿Cómo? ¿A qué te refieres? Subió rápido. Demasiado rápido, diría yo. Y tiene fama de cobrarle a las mujeres con favores. Ay, Jennifer. Te lo digo como amiga. Yo necesito ese trabajo. Mi mamá… Jennifer, yo necesito ese dinero. Ya lo sé. Pero tienes que entrar a esa empresa con los ojos bien abiertos.

Está bien. Voy a entrar con los ojos abiertos y la boca cerrada. Y una cosa más. ¿Qué? Si Romeo te llega a tocar un pelo, me llamas. Que yo voy y le rompo la cara. Señor Romeo, llegó la candidata. Dígale qué pasa, por favor. María Isabel. ¿Cuántos años? Te ves muy bien. Hola, Romeo. No, no, no. Señor Vega, para ti.

Aquí soy tu jefe. Toma asiento, por favor. Asistente en un supermercado. Pasante en una contadora pequeña. ¿Romeo? María Isabel, estás aplicando a un puesto de trabajo que requiere tres años de experiencia. Y tú no tienes ninguno. Pero el anuncio decía nivel inicial. El anuncio dice muchas cosas. Yo podría ayudarte, María Isabel.

Podría firmar tu contrato hoy mismo. Pero aquí en el grupo las cosas funcionan de forma ligeramente diferente. Los favores se pagan con favores. Como te dije, puedo ayudarte. Solo tienes que ser mía. Yo necesito un trabajo, no un dueño. Es lo mismo, mi amorcito. Solo que tú aún no te has dado cuenta. Adiós, Romeo.

¿Regresará? Siempre regresa. ¿Cuántos hoy con Ignacio? Siete. Siete contratos cancelados en un día. ¿Siete? Mercedes, esto no es una coincidencia. Alguien nos está atacando. ¿Pero quién es ese alguien? No sé, no sé, no sé. Yo sé. ¿Qué dijiste? Que yo sé quién es. O al menos lo intuyo. Todo esto empezó desde que María Isabel se casó con Pablo Mendoza.

Pablo Mendoza es un don nadie. Sí, pero entonces ¿por qué desde que ese tipo entró a nuestra familia se están cayendo todos los contratos? Eva Luna tiene toda la razón con Ignacio. Voy a investigar quién es ese tipo. Voy a ver quién es realmente. Mientras tanto, tu mamá encárgate de cuidar lo que nos queda.

Esa es mi hija. Mañana voy al banco. Voy a poner la casa en garantía. Es la única forma que tenemos de aguantar. Haz lo que tengas que hacer, Juan Ignacio. Yo confío en ti. María Isabel. ¿Cómo te fue? Mal. ¿Te dieron el trabajo? No. Mi hoja de vida no fue suficiente. ¿Quién te entrevistó? Pablo, no quiero hablar de eso.

En serio. Dime cómo se llamaron. No te lo voy a decir. No conseguí el trabajo y ya. Se acabó. Sara, necesito que María Isabel entre a Grupo Montenegro mañana mismo. ¿Por encima de Romeo Nicolás? Por encima, pero no lo votes todavía. Quiero ver de qué está hecha mi esposa. Señor, memorando de presidencia. ¿Qué?

La señora Santa Cruz fue contratada esta mañana por orden directamente del fundador. No, no, no. Eso no puede ser posible. Ayer yo mismo la entrevisté y la rechacé. La orden viene directamente de arriba. Señor, más arriba que usted. Me las va a pagar. Esa mujer me las va a pagar. Bienvenida al Grupo Montenegro.

¿Qué es esto? Tu primer mes. 20 empresas, 3 ventas. ¿Qué? ¿En cuánto tiempo? 30 días. Romeo, llevo 2 horas en esta empresa. Ni siquiera me han enseñado el sistema completo. A mí no me importa, Santa Cruz. Las reglas del Grupo Montenegro son bastante claras. El que no vende se va el último viernes del mes. Pero estos contactos son de hace 5 años.

¿Ah, sí? Pues, entonces deberías darte prisa. Ah, y una cosa más. Café para todo el personal una vez al día. ¿Disculpa? Así como escuchaste. Eres la nueva. Todos pasamos por eso. Buenas tardes. Le hablamos del Grupo Montenegro. Quería saber si… ¿Bueno? ¿Aló? ¿Cómo va eso, Santa Cruz? ¿Ya cerraste alguna venta? Sigo trabajando.

Mira… Si llegas a necesitar ayuda, puedes ir a buscarme en mi oficina. La puerta siempre estará abierta para ti. Amiga, ¿cómo te fue? Pésimo. Romeo me tiró encima 40 carpetas. Tres ventas en 30 días o me bota Jennifer. Javier, mira. Esa es la trampa. ¿Cuál trampa? Amiga, Romeo hace lo mismo con las nuevas. Mira, yo trabajo con Grupo Montenegro hace tres años y las que he pasado por ahí me lo han contado.

Romeo les pone ventas imposibles y cuando ya las ve desesperadas… ¿Cuándo ya las ve desesperadas qué? Aparece a salvarlas. Y les cobra ya tú sabes cómo. Les cobra sucio, ¿no? La última renunció hace dos meses y se fue de la ciudad. Jennifer, yo no le voy a dar el gusto a ese hombre. Esa es amiga. Voy a cerrar esas ventas aunque tenga que dormir en ese escritorio.

Y si no las cierras me llamas y yo te consigo otro trabajo. Gracias, Jennifer. Ya es tarde. Tengo que irme. Adiós. Adiós. Tú debes ser Pablito. Gracias. Gracias. ¿Y usted quién es? Mercedes Santa Cruz. La madrastra de María Isabel. Tu mujer. A ver, Pablito. Vamos directo al grano. Tú y mi familia tenemos un acuerdo.

Tenemos un acuerdo. Así es. La hija ya la tienes. Ahora falta la otra parte. ¿Cuál otra parte? Lo pactado con la entrega de la novia. Y lo acordado con tus abuelos. Señora, ese dinero no lo voy a entregar todavía. ¿Qué dijiste? ¿Qué? Tengo que primero hacer mis investigaciones. Ay, por Dios, Pablito. ¿Pero qué vas a investigar? Si la persona que ustedes me entregaron es la correcta.

Cuando esté seguro libero el dinero. Antes no. Por Dios. Pero qué descaro. Eres un bastardo. Tienes los fondos de tus abuelos. Solo paga lo nuestro y ya. Lo pactado fue una hija. Y la que ustedes me dieron no fue la que mis abuelos pidieron originalmente. Ellos les pidieron a Evaluna y ustedes entregaron a María Isabel.

Bueno, pues esa diferencia la vamos a asumir nosotros. Pues la asumimos los dos. Por eso cuando esté seguro hago el pago. Mientras tanto no. Ay, Pablito. Yo sé que tú tienes ese dinero. Ahora mírame y dime que no. No tengo. Eres un mentiroso bastardo. Muerto de hambre. ¿Quieres verme la cara? ¿O qué es lo que te pasa? Te voy a decir algo.

Te doy una semana, Pablito. Una semana. Y tú decides. Pagar o tener problemas. Mercedes, ¿qué hace aquí? Tú, niñita, encárgate de convencerlo. A tu esposo. Porque no creo que tu madrecita pueda soportar una semana más. Pablo, ¿qué quería Mercedes? ¿Por qué vino hasta acá? No. Nada. No quería nada. Mejor dime, ¿cómo te fue a ti? Pablo, yo te juré que iba a ser una buena esposa.

No te lo puedo decir. No puedo. ¿Por qué no? Porque, si te cuento, se cae todo. Nada se cae conmigo. Nada, María Isabel. Tranquila. Tranquila. Perdóname por haberte gritado. Voy a ir a casa de mi amiga Jennifer. Regreso en la noche. Yo te acompaño. No puedes ir sola. Es muy peligroso. No, tranquilo. No pasa nada. Calladita, mami.

No te muevas. No, no, por favor. Llévese la cartera. Llévese todo, por favor. No me haga daño. Yo no quiero la cartera. Te quiero a ti. Me mandaron por ti. Hacerte daño. ¿De qué estás hablando? ¿Quién? Eso no se pregunta. Escúchame bien. Dime. ¿Quién te mandó? No, suéltame. Dime. Suéltame. ¿Quién te mandó? Romeo Nicolás.

Escúchame bien. Lárgate de aquí y dile a Romeo Nicolás que hoy acaba de pionar su muerte. ¡Lárgate! ¿Quién eres tú realmente? Pablo, contéstame. Soy tu esposo. Esa respuesta no me sirve. Mira, te prometo que algún día lo vas a saber, pero hoy no. ¿Por qué no? Porque estás demasiado cansada como para entenderlo.

¿Ok? ¿Tú lo ibas a matar? Sí. No puedo estar con un hombre que se mete en problemas por mí. Marisabel, escúchame. Toda mi vida me han pisoteado por ser un bastardo y aprendí a defenderme. Hoy una persona te puso una navaja en el cuello. ¿Tú crees que yo me voy a quedar quieto? Me asustaste. Lo sé. Está bien. Iré a descansar.

Hoy fue un día demasiado largo. Está bien. Descansa. Sara. Hoy el imbécil de Romeo Nicolás mandó a una persona para que asaltara a mi esposa. ¿Qué quiere que haga, jefe? Escúchame bien. El otro mes lo quiero fuera de mi empresa. Sí, jefe. Mañana le digo la verdad antes de que la entiendan por las manos. Perdóname, mi esposa, por lo que va a pasar.

Perdóname. María Isabel, empaca. Nos mudamos hoy. ¿Adónde? Al departamento de un amigo. Me lo prestó. Él va a estar fuera de la ciudad por un año. Pablo, ¿pasó algo? ¿Acaso no te das cuenta, María Isabel? Aquí ya no estás segura. ¿Por qué no? Ayer te atacaron con un arma. Mientras yo no esté a tu lado, corres el riesgo de que te pase algo.

Pero… Pero nada. Nos vamos y punto. Empaca. En una hora salimos. ¿Qué clase de amigo le presta a mi esposo un departamento de un día para otro? Adelante. Pablo. Bienvenida. ¿Esto es de tu amigo? Esto es de mi amigo. ¿Y… quién es tu amigo? Es un viejo amigo de la infancia.

Él tiene muchas casas. Esta es una de ellas. Esto… debe valer una fortuna. Tú no te preocupes por eso. ¿Y tiene nombre tu amigo? Sí, sí, claro. Sebastián. Se llama Sebastián. Dile que su casa está en buenas manos y que cuando regrese la va a encontrar como la dejó. Yo le digo. Ahora espérame un momento. Voy por algo de beber.

Está bien. ¿Bueno? Hablamos de administración del Hospital San José. ¿La señora María Isabel Santa Cruz? Sí, soy yo. Le confirmo que su madre tiene factura vencida. ¿Y cuánto tiempo tengo? Hasta mañana, 8 de la mañana, señora. Yo… Yo conseguiré el dinero. Muchas gracias. Brindemos. Pablo… Tengo que salir. Justo ahora.

¿Pero qué pasó? ¿A dónde? Al banco. Tengo que hacer una diligencia. Es algo rápido. Ah… Yo te acompaño. No, no es necesario. Yo voy sola. No te preocupes. María Isabel… Por favor, confía en mí. ¿Qué estás haciendo, María Isabel? ¿En qué andas? Buenos días.

Buongiorno. Señor, ¿cuánto me podría dar por estos zapatos? Son ediciones limitadas, pero mucho usados. Unos miles. ¿Miles? Pero me costaron 5.000 dólares. Pues haberlos cuidado mucho mejor. Señor, por favor, yo necesito el dinero hoy. Es urgente. Miles. Ni un dólar más. Eh… Disculpe, no los voy a vender. ¿Cómo ha dicho? Que no los voy a vender.

Discúlpeme. Eh, espera, espera. Si ya no quiere vender tu calzado, te puedo proponer otro negocio. ¿A qué se refiere? Tú eres una ragazza, bambina. Yo tengo mucho amistades. Puedo conseguirte 20.000 por una noche. O 30.000 si te portar y vende. ¿Qué? ¿Qué dijo? La gente desesperada hace muchas cosas. Y tú tienes una facha de desesperada.

No me toque. Pénsalo. Tengo el dinero aquí conmigo. Ay. Acaba de salir de una garaza. ¿Sí? Quiero que le dé una buena lesión. Que aprenda a comportarse y a respetar. No puedo contárselo a Pablo. No puedo. Se decepcionaría de mí. Soy una tonta. ¡A ver! ¡Dame tus pertenencias! ¡Dame las pertenencias! ¡Dame!

¡No! Ven acá. Dime. ¿Quién te mandó? No, por favor. Dime quién te mandó. Fue Rossi. Pero te voy a matar si te metes con él. ¡La caja! ¡La caja! No, no, no. Tranquila. Tranquila. Te prometo que yo recupero esa caja, ¿sí? Para ahí se ve. Mírame. Dime. ¿Qué hacías en el anticuario? Yo… Yo iba a vender los zapatos. No puedo, María Isabel.

Mi mamá está enferma. Lo sé. ¿Lo sabes? Desde el día que nos casamos. Yo ya lo sabía todo. ¿Qué? ¿Cómo? Yo mismo investigué. Quería saber todo sobre ti, sobre tu familia. ¿Y por qué nunca me dijiste nada? Porque esperaba… que me lo dijeras tú misma. Mercedes me obligó a casarme contigo a cambio del dinero del trasplante.

Pero nunca pagó. Y mañana van a suspender el tratamiento de mi mamá. Eso no va a pasar, María Isabel. ¿Cómo estás tan seguro? Porque Juan Ignacio va a pagar por las buenas o por las malas. Esta misma noche yo me encargo. No, por favor. No le hagas nada a mi papá. María Isabel, por Dios. Tu mamá se está muriendo.

Y tu papá tiene el dinero. Por favor. Es mi papá. Déjame intentarlo a mí primero. Ya tuviste un intento, María Isabel. Una semana más. Solo una. Y si no paga, haz lo que tengas que hacer. Pero por favor, dame esa oportunidad. Una semana, María Isabel. Pero tu mamá no va a dejar de recibir el tratamiento ni un solo día.

De eso me encargo yo. María Isabel, ¿esto es de verdad? Sí. Espera. ¿Qué pasa? Hoy fue un día muy largo. Iré a descansar.

Será cuando tú quieras, María Isabel. Sara. Dígame, Gerly. Mañana, 8 de la mañana, quiero que las facturas del Hospital San José estén pagadas a nombre de Juan Ignacio Santa Cruz. ¿A nombre del padre? Quiero que ella piense que la salvó, por ahora. Sí, jefe. Consigan un donante en la lista especial. Cueste lo que cueste, páguenlo.

Quiero que ella se opere lo más pronto posible. Yo me encargo. Y una cosa más. Dígame. Hay un anticuario. Nicolás Rossi. ¿Rossi? Jefe, ese hombre yo lo tengo en mi lista. ¿Qué lista? Los socios accionistas de Luis Fernando. El otro tenedor de acciones del Grupo de la Torre. Repítemelo. Nicolás Rossi. Es el segundo accionista mayoritario del Grupo de la Torre.

El que necesita comprar para quitarle la empresa a su hermano Luis Fernando. El heredero oficial. El hombre que le puso la mano a mi mujer. Doctora, buenos días. Buenas tardes. Llamo por las facturas de mi mamá. Las facturas ya están al día. ¿Cómo dijo? Pagaron todo esta madrugada. Tu mamá sigue con tratamiento, sin interrupciones.

¿Pero quién pagó? A ver, la transferencia llegó a nombre de Juan Ignacio Santa Cruz. ¿Mi papá? Eso dice el sistema, cariño. ¿Mi papá pagó? Tengo que agradecerle. ¿Y tú? ¿Quién te dejó entrar? ¿Dónde está mi papá? Hija, aquí estoy. ¿Qué pasa? Papá, gracias. Muchas gracias. Gracias, ¿por qué? Por pagar las facturas. Por salvar a mi mamá.

María Isabel, yo no he pagado nada. Papá, no tienes que mentir, porque esta Mercedes, mira, yo entiendo, ¿sí? A ver, a ver. ¿Qué dijiste? La doctora me llamó. Las facturas están al nombre de Juan Ignacio Santa Cruz. Escúchame, María Isabel, te lo juro por Dios, yo no he pagado nada. Papá, tranquilo. Muchas gracias.

Me tengo que ir, ¿sí? Adiós. Pero… Mira, Juan Ignacio, mírame a la cara, y di que tú no pagaste eso. Mercedes, te lo juro, ¿de dónde voy a sacar yo 150.000 dólares para pagar una cuenta de hospital? ¡Cállate! Eres un mentiroso. Tú todavía sigues queriendo a esa mujer, ¿verdad? Mercedes, por favor. Escúchame bien, Juan Ignacio.

Ahora entiendo. Por eso tú estás pidiendo ese dinero de los contratos, para pagar el hospital de esa muerta de hambre. Por eso te está quitando todo, ¿verdad? Escúchame, Mercedes, te lo juro por mis hijas, yo no he pagado nada. Pues más te vale. Más te vale, Juan Ignacio. Porque si yo me entero que tú estás pagando la cuenta de ese hospital, te juro que me llevo a Evaluna de aquí.

Te quedas solo en esta casa. Te olvidas de tu mujer, de tu trabajo, ¡de todo! ¡Y te quedas solo! ¡Es mi última palabra! ¿Pablo? ¿Qué es todo esto? Esto es para ti. Gracias. Te tengo dos noticias. ¿En serio? Dímelas. Mi mamá. Las facturas están pagadas. ¡Guau! ¿Cómo?

Pues mi papá pagó por primera vez en su vida. Eso es una noticia maravillosa, María Isabel. Lo sé. Bueno, aunque él lo niega, pero ¿quién más pudo haber sido, no? Bueno, María Isabel, a veces las personas cambian. Sí. A veces las personas cambian. Bien, entonces brindemos por la vida, por tu mamá y por la salud.

Salud. Y la otra noticia… Dímela, por favor. Pues este fin de semana hay un evento corporativo en Grupo Montenegro. Enviaron la invitación a todos los empleados. ¿Y vas a ir? Por supuesto que sí. Esa empresa la fundó un genio. Voy a estar al lado del fundador esa noche. ¿Un genio? Sí. Nadie lo conoce. Mantiene un perfil bajo.

Pero lo que ha construido es impresionante. María Isabel, ¿no se te ha pasado por la cabeza que ese hombre no puede ser un genio? ¿Cómo así? O sea, que puede ser una persona normal, una persona común. Quizás con contactos, quizás tuvo suerte. No, Pablo. Ese hombre es es brillante. De hecho, estoy aterrada de conocerlo en persona.

María Isabel, no tienes que sentirte aterrada. Tú no te imaginas lo inteligente, lo hermosa y lo divina que eres. Salud. Salud. Un beso. Gracias. Igualmente. María Isabel, ¿sí? Tengo que decirte algo. ¿Qué cosa? Es algo importante sobre quién soy yo en realidad.

Cállate, ¿sí? María Isabel, de verdad es importante. María Isabel, ¿quieres escuchar? Hoy no, mañana. Vamos a descansar. María Isabel, tengo que decirte la verdad. Mira, yo no me llamo Pablo Mendoza. Mi nombre completo es Sebastián Alejandro Montenegro y soy el fundador de Grupo Montenegro. Te quedaste dormida, María Isabel.

Descansa. Yo tengo que ir a arreglar un pequeño problema. ¿Quién, capito, eres? Le pusiste la mano encima a mi mujer. ¿Tuya mujer eres? La de los zapatos. Yo no le hice nada. Solo le ofrecí un trato. Le ofreciste prostituirla a cambio de dinero. No. Yo solo… Y después le mandaste un sicario. Por favore.

Escúchame bien. Tienes una sola oportunidad para salir con vida de aquí. La que sea. Sara tiene tu historial delictivo. Gráfico de antigüedades robadas. Lavado de dinero. Evasión de impuestos. Todo se lo entrego mañana a la fiscalía. O firmas y me vendes tus acciones del Grupo Montenegro. O yo mismo me encargo de entregarte a la policía.

Tú decides. Y tú. ¿Qué capito eres? Muy pronto lo sabrás. Vienes esta mañana al mediodía. Trae a mi personal para que te traiga los documentos notariados y firmados. Escúchame bien. Tierra vivo. Una cosa más. Si vuelves a respirar cerca de mi mujer, no la vuelves a cortar. ¿Entendiste? Nada mejor. Mamá, ¿sabes?

Hay algo que no me deja dormir tranquila. ¿Qué es eso? Me preocupas, hija. Punto uno. Todo esta semana a papá se le han cancelado los contratos. Punto dos. Las facturas del hospital de la mamá de María Isabel salen canceladas a nombre de papá. Y papá no canceló. ¿Y punto número tres? Punto número tres. Todo empezó desde que apareció Pablo Mendoza y se casó con María Isabel.

Pablo Mendoza. El bastardo. El bastardo que llegó al departamento más pobre de esta ciudad y dice que no tiene dinero. A ver. ¿Estamos pensando lo mismo? Estamos pensando lo mismo, mamá. Lo mismo. Pero mañana mismo averiguo a fondo a Pablo Mendoza. Voy a ver de qué cueva salió. Esa es mi hija. Sara, las acciones de Rossi están firmadas.

Mañana entran a mi nombre. Felicitaciones, jefe. Eso lo deja un paso de quitarles la empresa a Luis Fernando. Mañana arrancamos con la fase final, Sara. Primero cae Romeo Nicolás y luego Rossi pagará por lo que le hizo a mi mujer. Jefe, sobre Romeo. No avanzó como dijo. Hay junta directiva mañana. Si lo votamos antes, levanta sospechas.

Espera. Sí, jefe. Mejor que se arrastre primero. ¿Estás seguro, jefe? Y mañana le cuento todo a mi esposo. Ya esperé bastante, Sara. Santa Cruz. Tarea del día. ¿Otra vez café? Sí. Para todo el departamento. Y uno especial para la gerente que hoy viene de visita. Romeo, yo tengo prospectos por terminar aún. Eso puede esperar.

Esto es de prioridad. Esta es la lista. No te olvides de traer el de Avellano, que es el favorito de la gerente. Y tú misma le vas a llevar. Está bien. Sí, dígame, señorita. Buenos días. Estoy buscando al fundador de esta empresa. ¿Tiene cita con el señor presidente? No. No tengo cita, pero es algo urgente. Algo familiar.

Lo siento, señorita. Sin cita no la puedo dejar pasar. Por favor. Mire, estoy embarazada y no me contesta las llamadas. Necesito hablar con él. Entiéndame, señora. No la puedo dejar pasar. Pero el auto del fundador está en el estacionamiento, si lo puede esperar ahí. Gracias. Muchas gracias. Listo. Café para todos.

Y el de Avellanas para la gerente. ¿Avellanas? Yo no te dije Avellanas. Pero en la lista decía Avellanas. La leí tres veces. A ver. Acá dice expreso. Tú lees o adivinas. Pero eso no decía cuando yo salí. ¿Sabes qué, niña? No me hagas perder el tiempo. Va a llevar el café como tú lo compraste. Disculpe, le traigo…

¿Pablo? ¿Qué haces aquí? María Isabel. ¿Cuánto tiempo? Sara… no sabía que usted era la gerente de la vida de abuelos. ¿Verdad? María Isabel. Es que… Sara me prometió ayudarme desde el día del matrimonio. Ella me dijo que… me podría dar trabajo aquí. Entonces… por eso estoy acá. No me dijiste nada. Sí, no, no quería decírtelo todavía porque era una sorpresa.

Y pues… primero quería que… me salga del trabajo y así no quedara mal contigo. Y estamos revisando opciones. ¿Eso es para mí? Sí. Lo envíe a Romeo. Dice que es su favorito. Gracias. Gracias. Café con leche. Huele muy bien. ¿Sara? ¿Qué? ¿Qué pasa? A ver… ¿Qué? Ay, no, no, no. Pablo… ¿Sara, qué hago? Valentina… ¿Qué? ¡Ay! ¡Ay! Estoy bien.

Estoy bien. Sara… Sara, discúlpeme. De verdad, yo no tenía idea. Lo siento mucho. No pasa nada. Escuché gritos. ¿Qué pasó? ¡Tú! Estoy seguro que tú mandaste el café para matar a tu jefa. ¿Yo? Pero si yo solamente pedí un espresso. Eso es mentira. Tú pediste que tráigale avellanas. Por supuesto que no. Estás mintiendo.

Yo te di una lista específica. ¿No fue esta la lista que te di? Esa no es la lista que yo tenía. Lo juro. Señora gerente, la nueva ni siquiera sabe leer. Casi la mata. Yo recomiendo el despido inmediato. ¿Qué? No, no, no. Sara, de verdad, tiene que creerme. No lo hice con intención. Yo no sabía. Por favor, no me despida.

Tranquila. El sistema corporativo de audio lograba todo. Y vamos a verificar ahora. Esta es la lista. No te olvides de traer el de avellanas, que es el favorito de la gerente. No, no. Eso no es lo que parece. Esa… Es exactamente lo que parece. Tú firmaste mi expediente médico de emergencia. Sabías de mi alergia.

Señora gerente, todo esto tiene una explicación. A ver, Romeo. Tu trampa salió mal y casi me matas. ¿Estás despedido? No, a ver. Tú no puedes despedirme. Yo soy el vicepresidente. Solo el fundador puede despedirme. La directora ejecutiva del grupo M soy yo hace años. Y acabas de descubrir a las malas, a quien intentaste matar.

La gerencia simplemente fue pantalla. Tienes 10 minutos para sacar tus cosas. Si te demoras, llamo a seguridad. No, a ver, mira. ¡Lárgate! Lo podemos conversar. ¡Fuera! Gracias a ti, Isabel. Me salvaste la vida. ¿Cómo mi esposo logró que una gerente de Grupo Montenegro me metiera a trabajar aquí? ¿Cómo un bastardo recién salido de la cárcel tiene un amigo dueño de un penthouse? Pablo sabe demasiadas cosas para ser un perdedor.

¿Aló? ¿Estás bien? Sí, Pablo, estoy bien. Hoy quiero llevarte a un restaurante. Tenemos que hablar. ¿De qué? De todo. Te quiero contar la verdad. Está bien. Eso estuvo cerca, jefe. Buen trabajo el de hoy, Sara. María Isabel reaccionó como una leona. La eligió muy bien. Sara, esta noche le confieso la verdad a María Isabel.

Le confieso que yo soy Sebastián Alejandro Montenegro. Ya es hora de que sepa con quién está casada realmente. ¿Qué? ¿Pablo Mendoza es Sebastián Alejandro Montenegro? ¡Hijo de puta! Mamá, tienes que ver algo. ¿Qué traes? Esta noche le confieso la verdad a María Isabel que

yo soy Sebastián Alejandro Montenegro. Repite eso. Repite, repite. Que yo soy Sebastián Alejandro Montenegro. ¿El dueño del grupo? ¿El dueño del grupo que vale millones de dólares, mamá? Nosotros entregamos a María Isabel. ¡No! ¡Eso es injusto! Yo tendría que estar casada con él, con Sebastián Alejandro Montenegro.

Él es millonario. ¿Y María Isabel aún no lo sabe? Bien. Escúchame muy bien, Evaluna. Por una vez en tu vida, escúchame. Yo me voy a encargar de traerte a Sebastián Alejandro Montenegro o Pablo Mendoza, como se llame. ¿Y María Isabel? A ella. Ella sólo fue un peón y ya cumplió su misión. Yo me encargo de ella. Ya me voy al trabajo.

Nos vemos más tarde. Está bien, María Isabel. Recuerda que esta tarde es el evento importante de la empresa. Lo sé. Estoy nerviosa. Pero no tienes por qué estar nerviosa. Esta tarde te tengo una sorpresa. ¿Sorpresa? Sólo espéralo. Ya lo verás. Que te vaya bien. Gracias. Sara, necesito que me recojes abajo. Tenemos que ir a arreglar lo de Rosy ahora mismo.

Otra vez tú. Última vez, Rosy. Te traje los papeles notariados. Transferencia de acciones a nombre de Sebastián Alejandro Montenegro. Notariado. Sólo falta su firma definitiva. Sebastiano Alejandro Montenegro. Exactamente. Y vengo a recuperar lo que es mío. Así es que firmas o no sales de aquí. ¿Qué prefieres? Pero estas acciones valoran un mutuo millón.

Es lo que te mereces. Además, tú obtuviste esas acciones de forma fraudulenta. Listo, jefe. Más las pequeñas inversiones que ya tenemos cerradas tenemos el 51% del grupo de la tope. Entonces ahora sí, vámonos. Tenemos que hablar con mi padre. Hijo. Llevo 40 años como director de esta empresa. Es hora de retirarse.

Papá. Quiero que seas tú el que continúe con esa labor. Mi hijo mayor, el oficial. Papá, muchísimas gracias. Te prometo que no te voy a decepcionar. Ya, perfecto. Mañana iremos al notario para firmar el saludo. Perfecto, papá. Mañana mismo entonces. Por la familia. Por la familia. ¿Se puede saber qué haces aquí, bastardo? ¿Quién te ha dejado entrar? Papá, antes de que firmes con Luis Fernando, hay algo que tú tienes que saber.

Malversación de fondos. Dos millones del fondo familiar. Gastados el mes pasado. Pagos a una mujer en el extranjero. Una segunda casa que tu hijo, el oficial, no te declaró. Papá, por favor, no lo escuches a este… Debe ser todo un invento. Hay extractos bancarios originales. Léalos, papá. ¿Puedes mirarme a la cara y decirme qué está diciendo la mentira? No hace falta que continúes.

Ya he tomado mi decisión. Igualmente, vas a heredar la empresa Montenegro. Para ti, el pequeño grupo de la torre. ¿Qué dijiste, papá? Lo que oíste es mi decisión formal. Papá, pero te acabo de demostrar con pruebas que tu hijo te robó millones y aún así decides entregárselo a él. Hijo es mi decisión. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué siempre él, papá? Esa no es la pregunta, Sebastián.

La pregunta aquí es ¿por qué no has entendido que perdiste? No te sirvió de nada todo lo que hiciste. Aunque hubiera servido, yo tengo el apoyo de todos los inversionistas. De Rossi, de los pequeños inversores. Todos están conmigo. Las inversiones de Rossi. ¿Qué con eso? Las inversiones de Rossi son mías desde hoy.

Firmadas y notariadas. Además, los pequeños inversores firmaron conmigo la semana pasada. ¿Cómo la ves, hermanito? 51% es Fernando. Qué buena maniobra. Mi respeto. Lo mismo que hubiera hecho yo. Así es, papá. Eres demasiado calculador. Por eso no me has gustado nunca. No. No te he gustado nunca, papá. Porque yo siempre he estado aquí para recordarte todo lo que has hecho.

Pero ese no es mi problema. Es el tuyo, hijo. Papá, siempre fuiste la decepción de mi madre. Y ahora, la mía también. Vamos. Vámonos. Con permiso. Papá. Papá. ¿Qué te pasa? Papá. Ayúdame, por favor. Papá, respira, por favor. Esposa, esta era la sorpresa.

Te alcanzo en el evento. Te quiero ver brillar hoy. ¿Quién iba a pensar que mi esposo sería tan maravilloso? Amiga, te ves espectacular. Gracias por venir conmigo, Jenny. ¿Y Pablo? Dijo que iba a llegar directo. Saluda, amiga, por tu primer evento de empresa. Te lo mereces, amiga. Gracias. Amiga, mira quién se colgó en la fiesta.

Romeo, está ahí en la barra. ¿Pero quién lo dejó entrar? No lo sé, amiga. A lo mejor entró antes de actualizar a la lista. No lo soporto. Mejor vámonos, ¿sí? ¿A dónde crees que vas, mi amorcito? ¡Suéltame! Yo soy tu dueño. Y tu marido bastardo no puede hacer nada por ti en este momento. ¡Te dije que me sueltes! Shh, calladita.

No hagas un teatrito aquí, ¿sí? ¡No te soporto, Romeo! ¡Eres una…! Aléjate de mi esposa. ¿Tú de nuevo aquí? ¡Por tu culpa me quedé en la calle! ¡Tú estás en la calle por intentar matar a tu jefa, no por mí! Esta perra que botó todo el vino encima. Yo solamente le estaba invitando una copa. ¡Eso no es cierto! ¡Él me agarró! ¿Ah, sí? Pues pruébalo.

Yo lo pruebo. Yo tengo el video. Shh, calladita. No hagas un teatrito aquí, ¿sí? ¡No te soporto, Romeo! ¡No! ¡Suéltame! Pídele disculpas a mi esposa ahora. ¡Pero…! ¡Dije ahora! Lo siento mucho, María Isabel. No volverá a pasar. Ahora escúchame muy bien. Quiero que te largues. Y si te vuelvo a ver, ¡vas a la cárcel! ¡Vámonos de aquí! ¡Esto no me gusta para nada! Si hubiese sabido que Romeo Nicolás te acosaba desde la

universidad, jamás lo hubiera contratado. Pablo, debes estar cansado. Me imagino que quieres decir el dueño de la empresa. ¿Cómo se llamaba? El que fundó Grupo Montenegro. María Isabel, hay algo que yo tengo que contarte. Pero, prométeme que no te vas a molestar. Por supuesto que no me voy a molestar. Tú puedes contarme lo que sea.

Siempre y cuando no sea algo loco como que, no sé, me has estado ocultando todo este tiempo la verdad sobre quién eres. Mira, María Isabel, yo… ¿Bueno? ¿Qué? No, no puede ser. Ahora mismo voy para allá. ¿Qué pasó? Mi papá. Se puso grave. Tengo que ir a verlo. Voy contigo. No, por favor. Yo causé todo esto y yo tengo que resolverlo solo.

Tú quédate aquí y descansa, ¿sí? ¿Qué haces aquí, desgraciado? Luis Fernando. Por tu maldita culpa y por tu estúpido show mi papá está así. ¿Qué dijo el doctor? Es un infarto. Creo que alguien lo tomó bien. Sebastián Alejandro. ¿Papá? Lo que te dije esta tarde era mentira. Estoy muy, muy, muy orgulloso de ti.

El grupo va a tener los construidos desde cero. Tú solo. Sin necesidad de usar el apellido. Papá. ¿Tú lo sabías? Claro. Es mi hijo. Sí, sí que lo sabía. Tú siempre has sido el más capaz de la familia. El mejor emprendedor. No como yo, hermano Luis Fernando. Quiero que lo entiendas. Por eso le he dejado el grupo de la torre a él.

Siempre, siempre, siempre ha necesitado de mí. Tú nunca has necesitado nada de mí. Perdóname, hijo. Perdóname. Permíteme. Papá dejé de partir. Papá. Papá. Pablo.

Esto es por mi papá. No. ¿Tienes una idea de por qué siempre te odié? Porque mi padre siempre te vio como que tú fueras el mejor. ¿Y sabes por qué yo siempre te odié? Porque no importaba lo que yo hiciera. Mi padre siempre te elegía a ti. Sabes que en eso estás muy equivocado. Pero escuché decir que tú eras muy capaz.

Mira, dame para el funeral, ¿sí? ¿Qué quieres? Ahora haz lo tuyo. La otra mitad te la doy cuando lo lleves a la dirección que te di. Sí, señora. Ey, pero ya no le hagas más daño. Lo necesito vivo. Pero ya. Mamá, ya lo tengo.

Bueno. Mercedes, ¿qué pasó? Son las tres de la mañana. Tengo información sobre tu esposo. No estoy para tus juegos. En este momento tu esposo está con otra mujer. ¿Qué? Eso es mentira. Vienes mañana a primera hora y lo compruebas tú mismo. Te estaré esperando. Mercedes, ya estoy aquí. ¿Qué es lo que quiere? Siéntate, muchacha.

No, no me voy a sentar. Bien. Quería decirte pues que Pablo no te quiere. Él se casó contigo solo por los fondos de sus abuelos. Mientras tanto estaba andando con otra. Eso no es cierto. Mira las fotos y convéncete tú misma. ¿Qué es lo que quiere, Mercedes? Que te divorcies. ¿Evanuda?

¿Pero qué carajos estoy haciendo aquí? ¿No te acuerdas? Yo te salvé anoche. ¿Salvarme? Sí. Lo que pasa es que un tipo te estaba arrastrando hacia una camioneta y yo me bajé de mi auto y empecé a gritar. Dije que iba a llamar a la policía. Entonces se asustó y salió corriendo. ¿Pero por qué estoy aquí en tu cuarto? Es que yo no sabía qué hacer.

Estabas inconsciente. Y no sabía a quién llamar. Espera. Pablo. Mira. Técnicamente yo sigo siendo tu prometida. ¿Recuerdas que tu familia pidió mi invado primero? Eso fue antes de que te cambiaran por María Isabel. Sí, pero podemos inventar el error. Tú te divorcias de ella y te casas con ella. No vuelvas a hablar así de mi esposa frente a mí.

Pablo. Y para que te quede bien claro. Yo jamás me casaría contigo ni así fueras la última mujer del planeta. ¿Entendiste? Pablo. Pablo, espera. María Isabel. ¿A dónde vas con esa maleta? No me digas nada. Espera. Si es por lo de anoche, yo te lo puedo explicar. ¿Explicar qué? Te juro que yo no tengo ni la más mínima

idea de cómo llegué a esa casa. Sí. Yo lo sé. ¿Qué? Pablo, no soy estúpida. Sé de lo que es capaz Evaluna. Sé que ellas están haciendo todo esto ahora porque saben algo de ti que no sabían antes. María Isabel. Atemos, Capos. ¿Cómo es que de repente aparecieron pagadas las facturas del hospital en donde está mi mamá? ¿Por qué me contrataron tan rápido en Grupo Montenegro? ¿Y qué hacías tú en la oficina de Sara justo el día que hubo el problema con Romeo? ¿Y este penthouse? ¿Lo busqué? Está a nombre de Sebastián Alejandro Montenegro.

María Isabel. ¿O cómo debería llamarte? Mira. Yo te lo puedo explicar. Por favor. Permiso. Hola mamá. La doctora me dijo que la operación fue todo un éxito. Hola querida. ¿Y cómo te fue el nuevo trabajo? Pues bien. Muy bien mamá. Te cuento que tomé una decisión. Me iré a estudiar en el extranjero. ¿Al extranjero? ¿Y tu marido?

Pues Pablo… ¿Cuánto tiempo? No lo sé mamá. No tengo idea. Última hora. Querida, ¿podrías ayudarme a subir el volumen de la radio? Claro que sí mamá. Pablo Mendoza, hijo ilegítimo de la familia de la Torre, ha asumido el cargo de mayor accionista de Grupo de la Torre. De la noche a la mañana toda la empresa está bajo el nuevo liderazgo.

Y se revela que no es otro grupo que el propio fundador de Grupo Montenegro. Sebastián Alejandro Montenegro. Al fin, ese dulce niño lo logró. Mamá, ¿tú lo sabes? Por supuesto. ¿Cómo? Es tu marido. ¿A cuándo pensabas decírmelo María Isabel? En esta vida todos guardamos secretos. A veces para proteger a quienes más amamos.

Pablo me prometió que tú nunca lo sabrías. Pero anoche en el noticiero lo entendí todo. Así que ya no tengo por qué ocultarlo. Él vino a visitarme semanas atrás. ¿Pablo vino? Así es. Se presentó y me dijo Señora, yo quiero hacer de María Isabel la mujer más feliz del mundo. Pero antes de eso quiero hacer algo muy importante por mi madre.

Luego que finalice le prometo que le daré a su hija una boda de verdad. Hija, entiende, él es un buen hombre. Tan solo necesita un poco de amor. ¿Piensas dejar a ese hombre de verdad? Gracias mamá. Gracias de verdad. María Isabel, espera. Por favor, no te vayas. Lamento no haberte dicho la verdad antes. María Isabel, mira, desde que mi madre murió lo único que he intentado hacer es recuperar lo que mi padre

nunca me dio. Yo levanté solo el grupo Montenegro. Mis intenciones nunca han sido miserables hacerte daño. María Isabel, tú eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Por favor, ¿podrías darme una oportunidad para empezar de nuevo? Espero que recuerdes todo lo que me acabas de decir. Te amo. Ahora sí, María Isabel.

Vamos. Tenemos un asunto pendiente con tu familia que arreglar. Pero antes, pasemos por el penthouse para poderme dar una ducha, ¿sí? Está bien. Permíteme. Dios mío, mis cosas. Con permiso. Oigan, no, no, no. Esos son mis hueves. Oigan, oigan. Dios mío. ¿Qué vamos a hacer? ¡No!

¡No, no, no! ¡No! Esa era mi planta. Dios mío, ¿qué está pasando? Yo soy la dueña de esta casa. ¡Llamen a la policía! Bien, señor Santa Cruz. Según el acuerdo que usted firmó con sus acreedores y dado que no hizo ningún pago, la casa y todo lo de valor pasa en nombre de nosotros. ¿Todo? Todo. Firme aquí, por favor.

Don Ignacio, ¿qué hiciste? ¿Adónde vamos a vivir? Mercedes. Todo esto ¡es tu culpa! ¡Maldito, maldito bastardo! ¿Por qué tú dejaste que se case con ella? Mercedes, por favor. Todo esto es culpa tuya. ¡Nunca debí casarme contigo! Es más, ¡quiero el divorcio! Mercedes, espera. ¡No me toques! Yo me largo de aquí. ¿Eh? ¡Mamá! Señor Santa Cruz, que tenga un buen día.

María Isabel. María Isabel, hija. Por favor. María Isabel, perdón. No digas nada. Yo no vine a escucharte. Con permiso. Esto se acabó, esposa. Ya está lista, señor. El trasplante fue un éxito.

Tendrá una recuperación normal. Muchas gracias, señorita. Sebastián, cumpliste tu palabra. Señora, es lo mínimo que podía hacer. No me digas señora. Lámame Lucía. Lucía, yo le prometo que voy a cuidar de su hija toda la vida. Lo sé, Sebastián. Lo sé. Querida, estoy muy feliz. Por fin volvemos a casa. Claro que sí, mamá.

María Isabel, te ves preciosa. Muchas gracias. ¿Qué conseguí? Los recuperaste. Así es. Siéntate, por favor. Están preciosos. Como tú.

Ahora sí, María Isabel. Estás lista para casarte. Esta vez, de verdad. Esta vez me casaré con Sebastián Alejandro Montenegro. Vamos.