CRIMEN QUE SACUDIÓ A RISARALDA: EL TÍO ARREBATÓ LA VIDA Y LOS SUEÑOS DE SU SOBRINA ANGI VALENCIA

Era una mañana de domingo en la Virginia, unos padres agotados por un trámite temprano y cuando despiertan sienten algo que no se explica con lógica. Falta alguien, no hay gritos, no hay testigos claros, no hay una escena evidente, solo ese vacío que minuto a minuto se vuelve pánico y entonces aparece el primer giro.
Bajo el sol abrasador, un grupo de buitres comenzó a reunirse en un punto inusual. Cuando un trabajador se acercó, quedó paralizado. Entre las hileras de caña empezaban a verse los restos en descomposición de un cuerpo. Era el de Angis Siomara Valencia Cárdenas, desaparecida hacía menos de 8 días.
Pero lo más aterrador era que el responsable de aquel crimen espantoso no venía de lejos. Estaba muy cerca. Conocía cada rincón y durante toda una semana había participado en la búsqueda junto a la familia de la víctima. Hoy vamos a reconstruirlo como lo haría un investigador. Línea de tiempo, versiones que no encajan, silencios y señales que la familia no quiso ver al principio.
Porque al final la pregunta no es solo que pasó, sino esta. Cuando el peligro se disfraza de cercanía, ¿cuántas veces el silencio llega? Demasiado tarde. Angi Siomara. Valencia Cárdenas nació en una familia de agricultores. El padre de Angi, William Valencia, trabaja como fumigador. Su madre, Alvaluz Cárdenas, trabaja embolsando guanábanas en una finca en la Virginia.
Cuando Angi nació, se sintió profundamente feliz. Era una niña hermosa y su presencia la llenaba de dicha. Albaluz solía decir que jugar con ella era como jugar con una muñeca. A medida que Angi crecía, su madre notaba que era una niña muy despierta. La familia vivía en una casa junto a Víctor Alfonso Cardona, hermano de Albaluz, quien se integró al hogar en el año 2008.
Albaluz tenía un cariño especial por su hermano Víctor, a quien consideraba su favorito. Lo describía como la luz de sus ojos. La razón de ese afecto era que Víctor, tras perder a su madre siendo muy pequeño, creció desprotegido. Ella se convirtió en su figura de apoyo. Se aferró a él con fuerza, sobre todo al ver el sufrimiento que arrastraba desde la infancia.
Víctor Alfonso Cardona trabajó aproximadamente 4 años como portero de caña en los Cañaduzales cercanos al municipio de La Virginia. Sus familiares comentaban que conocía cada rincón de esos campos. Pese a enfrentar dificultades económicas, la familia no solo acogió a Víctor en su casa, sino que también adoptó a dos gemelas, quienes se convirtieron en las hermanitas menores de Angi.
Para el año 2012, Angi cursaba cuarto de primaria. La madrugada del domingo 28 de octubre de 2012, William y Albaluz tuvieron que salir muy temprano para hacer fila y reclamar un subsidio del programa Familias en acción del gobierno colombiano. Albaluz salió a las 6 de la mañana y William la alcanzó poco después, entre las 6 y las 6:30.
Ambos estaban muy cansados mientras esperaban su turno. Durante ese tiempo, sus cuatro hijos quedaron solos en casa. Angie, su hermano, y las gemelas. Víctor no se encontraba allí. El día anterior había salido hacia una finca y no había dormido en la casa esa noche. Al parecer, durante la mañana del domingo 28 de octubre, el tío Víctor llegó a la casa antes que los padres de Angiomara.
Según relatan, fue alrededor de las 11 de la mañana cuando regresaban a casa y al llegar a la esquina escucharon música a alto volumen proveniente del interior. Al entrar encontraron a Víctor, el hermano de Alvaluz, tomando trago solo en la sala. La situación incomodó a William, quien se molestó profundamente.
Cada vez que Víctor se quedaba bebiendo en la casa, le resultaba intolerable. le pidió a su esposa que hablara con su hermano para que bajara el volumen de la música o apagara el equipo. Luego, William subió a descansar. también se dirigió directamente a Víctor y le pidió que apagara el sonido porque quería acostarse un rato.
Víctor accedió a bajarle un poco el volumen. Mientras eso ocurría, Angie estaba en el patio peinando a las gemelas después de haberlas bañado. Se acercó a su madre y le dijo que ya había terminado. Alvaluz la elogió con cariño, llamándola Mi muñeca, y le agradeció por ayudarla tanto. Angi le dijo que la iba a peinar para luego bañarse ella.
Pasadas las 11 de la mañana, Angi organizó la ropa que iba a ponerse sobre la cama. Antes de bañarse, pidió permiso para comerse un pequeño trozo de torta que estaba en la nevera. Luego de eso, Albaluz le dijo que no saliera, que se quedara en casa, ya que ella y William iban a recostarse un rato por el cansancio.
Ambos subieron a descansar mientras Víctor permaneció en la sala bebiendo y escuchando música. La pareja terminó profundamente dormida por el agotamiento. Aproximadamente una hora y media después, Albaluz se despertó con una sensación extraña, como si algo le faltara. Se sentía inquieta, incómoda, aunque aparentemente todo estaba en orden.
Las gemelas, el hijo mayor y el tío Víctor seguían allí. Pero Albaluz notó con angustia que su hija Angi Siomara no estaba en la casa. Víctor, el tío, comentó que antes de salir la niña le había pedido una moneda. Se la dio, pero después no volvió a saber nada de ella. William intentó calmar a su esposa. Sin embargo, con el paso de las horas, la inquietud fue creciendo.
Alrededor de las 3:30 o 4 de la tarde, la preocupación se volvió seria. William notó que era muy raro que Angie aún no se hubiera bañado y que su ropa seguía intacta sobre la cama. Tal como ella la había dejado horas antes, la familia comenzó a buscarla. Preguntaron por ella a un compañero de escuela, Andy, quien dijo no haberla visto.
Consultaron a una tía, pero tampoco tenía noticias. Fue entonces cuando el temor se apoderó de todos. Iniciaron una búsqueda más amplia, fueron hasta los jarillones y Víctor los acompañó. Los vecinos también se sumaron recorriendo la zona preguntando por todos lados, pero no había señales de Angi. Algunos residentes del barrio afirmaron haberla visto esa mañana sola, comiendo un pedazo de torta.
Sin embargo, ninguno pudo indicar hacia dónde se dirigió la niña después de eso. La búsqueda del domingo fue infructuosa. La noche cayó sin dejar ningún rastro de su paradero. Durante la búsqueda, Albaluz tenía pensamientos confusos. consideraba muchas posibilidades, incluso la más temida, que alguien se hubiera llevado a su hija para venderla o hacerle daño, como a veces se escucha que ocurre.
El lunes la búsqueda continuó desde muy temprano. Fue un día lleno de pistas falsas. Les decían que habían visto a la niña cerca del estadio, empalabriante, en distintos lugares. Corrían de un lado a otro, agotados, desesperados. Fue una búsqueda agotadora, sin descanso. Uno de los pocos detalles extraños que surgió esos días fue el comentario de Víctor.
Dijo que justo cuando desapareció, Angiei, siomara dejó de ver su bicicleta negra. Algunos familiares empezaron a pensar que tal vez quien se llevó a la niña también tomó la bicicleta, quizá para huir más rápido o llevarla con mayor facilidad. El martes 30 de octubre, el nombre de Angi Shomara fue ingresado oficialmente en el listado de personas desaparecidas.
Se comenzaron a distribuir volantes por los barrios de la Virginia y municipios cercanos. Incluso los mismos investigadores confesaban estar desconcertados. La niña parecía haberse esfumado como por arte de magia. Nadie decía nada. Nadie sabía nada. Nadie había visto nada. William, Alvaluz, Víctor y varios vecinos participaron activamente en la búsqueda.
Fernando Montoya, compadre de William, también se unió junto a su esposa en esa ardua tarea. Esos días fueron marcados por la desesperación. La niña fue buscada intensamente por todos los alrededores de la Virginia, en municipios vecinos e incluso en los Cañaduzales. La familia aún guardaba la esperanza de encontrarla con vida, como fuera.
El miércoles 31 de octubre, los habitantes de la Virginia organizaron una marcha clamando por el regreso de Angi. Compañeros de clase, vecinos y conocidos se unieron en el acto con la ilusión de que la niña pudiera volver a casa. En medio del dolor y la angustia de no saber nada sobre su hija, Albaluz comenzó a sospechar de muchas personas.
En su mente todos eran posibles culpables. La incertidumbre y el miedo hacían que cualquier detalle se volviera sospechoso. Las autoridades solo contaban con dos datos concretos. El primero, que la niña había sido vista por última vez comiendo un pedazo de torta en los alrededores del barrio Alfonso López, donde vivía.
El segundo, la descripción de la ropa que llevaba puesta el día de su desaparición. Una blusa blanca, una falda roja y unas sandalias. El 5 de noviembre de 2012 se cumplieron 8 días desde la desaparición de Angi Siomara. Mañana del lunes 5 de noviembre de 2012, todo cambió. José Aldemari Sasa, trabajador de la hacienda la Jamaica en el municipio de Balboa, vecino a la Virginia, reportó un hallazgo inquietante a las autoridades.
Ese día, como era habitual, José realizaba su ronda matutina. subió a la torre de vigilancia desde donde se podía observar el plan de cultivo. Desde allí notó la presencia de varios gallinazos reunidos en un punto específico. Por costumbre, al ver estas aves, se dirigió hacia el lugar pensando que podría tratarse de algún animal muerto, ya que él se encargaba del manejo de ganado en la finca.
Al acercarse, las aves se dispersaron, lo que lo dejó momentáneamente desorientado. Sin embargo, al continuar caminando unos 5 metros más, observó algo inesperado. En medio del cultivo, entre los surcos de caña, alcanzó a ver lo que parecía una pierna. No pudo confirmar de inmediato si se trataba del cuerpo de una niña, pero la impresión fue lo suficientemente fuerte como para alejarse rápidamente y llamar al comandante de la zona.
Al mediodía, un equipo de investigadores de la SIIN llegó a la finca la Jamaica. Allí, entre los cañaduzales, realizaron una inspección técnica y encontraron un cuerpo sin vida en avanzado estado de descomposición. En ese momento no podían confirmar la identidad de la víctima, ni si tenía relación con la desaparición de Angis y Omar Valencia.
Lugar fueron halladas algunas prendas que llamarían la atención de los investigadores y se convertirían en pistas clave. La ropa encontrada coincidía con la que Angi llevaba el día en que desapareció. Una blusa blanca, una falda roja y unas chanclas. Albaluz y William recordaban con absoluta claridad esa vestimenta. Ahora la tarea quedaba en manos de los peritos forenses.
El cuerpo encontrado entre los cañaduzales fue registrado como NN en el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Pereira. Aunque las autoridades sospechaban que podía tratarse de Angi Siomara Valencia, el informe de Necropsia fue desalentador. El cuerpo estaba en un estado tan avanzado de descomposición que no fue posible determinar ni la causa ni la manera de la muerte.
La única pista útil en ese momento eran las prendas encontradas junto al cuerpo. Las autoridades citaron a William Valencia, el padre de la niña, para un reconocimiento visual mientras se trabajaba en una identificación científica a través de la carta dental. William fue llevado a una sala donde mediante fotografías le mostraron la ropa hallada en el lugar.
Al ver las prendas, la blusita, la falda y una chancla, no tuvo dudas. eran de su hija. Le confirmaron que habían encontrado un cuerpo, aunque nunca le permitieron verlo. Las autoridades insistieron en que la recordaran como era en vida. William recordó cómo le mostraron las prendas tiradas en el cañaduzal clavadas en el piso y en ese momento sintió que había perdido a la persona que más amaba.
El 7 de noviembre, Medicina Legal entregó un informe basado en la comparación de la carta dental de Angi con los restos analizados. La identificación fue positiva. El cuerpo hallado pertenecía, sin duda, a Angi Siomara Valencia. Mientras se llevaban a cabo las honras fúnebres, la fiscalía concentró sus esfuerzos en esclarecer los hechos.
Se abrió una investigación por homicidio y el caso quedó a cargo del fiscal César Augusto Franco García. Para la Fiscalía General de la Nación, este caso representaba un desafío enorme. En los primeros pasos de la investigación se citó a familiares, incluidos los padres y personas que habían participado en la búsqueda de la niña.
La instrucción fue directa. Todos eran sospechosos. Nadie quedaba fuera del radar de la investigación. Durante las entrevistas realizadas por las autoridades comenzaron a aparecer indicios relevantes en el caso. Uno de los nombres que surgió con insistencia fue el de Víctor Alfonso Cardona, tío de la menor desaparecida.
Varias personas señalaron que durante la búsqueda de Angis y Omara, su actitud era distante y no reflejaba la preocupación esperada en un familiar cercano. Mientras vecinos y allegados recorrían los barrios colindantes, repartiendo volantes y preguntando puerta a puerta, él se mostraba ajeno a ese esfuerzo colectivo. No se involucraba activamente en las labores de difusión, ni demostraba urgencia por encontrar a su sobrina.
La investigación también reveló antecedentes preocupantes en el entorno familiar. Existían versiones de un posible acercamiento inadecuado por parte de Víctor hacia la niña. Aunque él lo negó, la menor no fue clara al referirse al hecho, lo que llevó a la familia a minimizar la situación y no tomar medidas. Otro elemento que llamó la atención de los investigadores fue un comentario que Víctor hizo el día en que se halló el cuerpo de Angi.
Su actitud era tensa, como si tuviera algo que decir, pero no supiera cómo expresarlo. Además, su conocimiento detallado de los cañaduzales, donde se encontró el cuerpo, reforzaba las sospechas en su contra. había trabajado en esa zona durante años, lo que lo situaba en un lugar de familiaridad con el terreno. Sin embargo, a pesar de los indicios, no existía ninguna prueba directa que lo implicara como responsable.
Incluso dentro del círculo familiar, algunos lo defendían, describiéndolo como una persona reservada, callada y de carácter seco, pero no necesariamente sospechosa. En su primera entrevista oficial, Víctor se mostró cooperativo, pero los investigadores notaron señales de nerviosismo, especialmente cuando se le preguntó por una bicicleta negra que desapareció el mismo día que la niña.
Su reacción física fue notoria. Comenzó a temblar y al finalizar la entrevista, al momento de tomarle las huellas, su mano estaba extremadamente fría. Un detalle que no pasó inadvertido para los agentes. Las sospechas sobre Víctor Alfonso Cardona aumentaron significativamente el 30 de noviembre, casi un mes después del hallazgo del cuerpo de Angi Siomara.
Ese día, un nuevo testigo se presentó ante la fiscalía. Fabián Alberto Garzón declaró que la mañana del domingo 28 de octubre, mientras se encontraba cerca de un árbol de caucho, vio pasar a Víctor por la vía principal. Iba en su bicicleta llevando algo en la barra. El testigo describió con precisión las características del vehículo, que coincidían con las de la bicicleta negra que Víctor había reportado como robada el mismo día de la desaparición.
El primero de diciembre de 2012, apenas un día después del testimonio, se produjo un hallazgo clave. John Jaime Jiménez, trabajador de los Cañaduzales, estaba contando los surcos entre los cultivos cuando notó algo extraño. Al inspeccionar más de cerca, encontró una bicicleta parcialmente incinerada entre los cañales.
La ubicación del hallazgo no fue casual. En esa zona ya circulaban comentarios entre los trabajadores sobre un posible crimen relacionado con una niña y sobre la supuesta desaparición de una bicicleta perteneciente al presunto responsable. La bicicleta fue encontrada a unos 80 m del lugar donde se había hallado el cuerpo de Angi Siomara.
Las autoridades comenzaron a considerar seriamente la posibilidad de que se tratara del mismo vehículo que Víctor Cardona había dicho haber perdido. El color negro y un detalle decorativo con la palabra Monster coincidían con la descripción que varios testigos habían dado anteriormente. Alvaluz, madre de la niña, fue llamada para reconocer la bicicleta.
ante el objeto rompió en llanto. El hallazgo de la bicicleta tan cerca del lugar del crimen, sumado a los comentarios y el comportamiento de Víctor, reforzó la hipótesis de su implicación directa. Los investigadores concluyeron que existían suficientes elementos para solicitar una orden de captura contra Víctor Alfonso Cardona.
Sin embargo, cuando se intentó ejecutar esa acción, se descubrió que había desaparecido. Su huida se convirtió en un nuevo indicio interpretado por las autoridades como una señal clara de culpabilidad. El enojo entre los familiares era profundo. Algunos, como un allegado cercano, incluso ofrecieron colaborar con la ubicación de Víctor.
Afirmaron saber dónde se encontraba y estar dispuestos a proporcionar esa información para facilitar su captura. El 5 de diciembre de 2012, 7 días después de que Víctor Alfonso Cardona desapareciera de la Virginia, las unidades del CTI lograron ubicarlo en el municipio de La Pintada, Antioquia. Allí se hizo efectiva su captura.
Para su familia, el momento fue emocionalmente devastador, pero al mismo tiempo trajo una sensación de alivio. Sentían que al menos se había dado un paso importante para que la muerte de Angi Siomara no quedara impune. Tras su detención, Víctor fue trasladado a Pereira para ser reseñado oficialmente y posteriormente llevado de regreso a la Virginia, donde tendría que enfrentar un proceso judicial.
La fiscalía le imputó el delito de homicidio agravado, basándose en que la muerte de la niña habría ocurrido como resultado directo de su acción dolosa. Además, se consideró como agravante el vínculo familiar con la víctima, así como la condición de indefensión en la que se encontraba la menor al momento del crimen.
Víctor Alfonso Cardona no aceptó los cargos. Su negativa fue directa sin dar mayor explicación. A partir de ese momento fue recluido en la cárcel la 40 de Pereira como medida preventiva mientras continuaban las investigaciones. 5 días después, el 10 de diciembre desde prisión, Víctor decidió hablar por primera vez.
Lo hizo durante un interrogatorio oficial conducido por el investigador Miguel Idárraga. En esa instancia ofreció una versión de los hechos que marcaría un punto de inflexión en el caso. Según su testimonio, aquel domingo vio a Angi Siomara salir de la casa comiendo un pedazo de torta. Tras permanecer unos minutos en la entrada, salió a comprar cigarrillos y luego, en su recorrido en bicicleta, se encontró con la niña y con Fabián Alberto Garzón, el mismo testigo que anteriormente lo había señalado ante la fiscalía.
Fue la primera vez en todo el proceso que se contempló la posibilidad de que Víctor no hubiera actuado solo. En su relato afirmó que Fabián lo invitó a dirigirse hacia los cañaduzales del sector conocido como Jamaica. Allí, según declaró, Angi bebió una gaseosa, lo que aparentemente la dejó aturdida. Luego fue llevada al interior del cañaveral, donde ambos hombres la acostaron en el suelo mientras dejaban sus bicicletas en la entrada.
Víctor detalló su conducta indebida hacia la menor y afirmó que no actuó solo. Según su testimonio, Fabián también estuvo presente y participó en los hechos. Según la confesión de Víctor Alfonso Cardona, al parecer se utilizó algún elemento que provocó que la menor quedara en un estado de semiinconsciencia. Fue en ese momento cuando, según su declaración, tanto él como Fabián Alberto Garzón habrían participado en los hechos.
La información entregada fue considerada por la fiscalía como extremadamente grave. Tras lo ocurrido y al percibir que la menor ya no presentaba signos vitales, ambos se retiraron del lugar y regresaron al municipio de La Virginia. Para la fiscalía, este testimonio confirmaba la responsabilidad de Víctor Alfonso Cardona, pero también implicaba a otra persona, el testigo mencionado.
Sin embargo, el fiscal César Augusto Franco no consideró que existieran pruebas suficientes para vincular a Fabián Alberto Garzón en calidad de coautor. Su experiencia en el ámbito jurídico y forense le permitió concluir que la participación del segundo señalado no estaba clara. Esta situación no pudo ser completamente esclarecida, ya que días después Fabián Alberto falleció en un hecho calificado como accidental, el cual está siendo investigado por la Fiscalía 28 seccional de la Virginia.
Y según las autoridades, su muerte ocurrió en circunstancias no relacionadas con el proceso principal. A pesar de haber sido implicado por Víctor Alfonso Cardona, no se encontraron elementos suficientes para vincularlo formalmente. Las autoridades consideraron que la inclusión del testigo en la narración de Cardona pudo haber sido una estrategia.
Cuando una persona es responsable de un delito de gravedad, es común que intente compartir la responsabilidad. anticipando la magnitud de la sanción que podría enfrentar. Esta lógica sugería que Víctor Alfonso no quería asumir la pena en solitario. El fiscal a cargo expresó dudas sobre la credibilidad de la versión de Cardona, especialmente cuando este indicó que el otro implicado habría usado guantes, lo que explicaría la ausencia de huellas.
Esta afirmación fue considerada poco convincente y llevó al fiscal a concluir que los hechos fueron cometidos únicamente por Víctor Alfonso Cardona. En cuanto a las posibles motivaciones, el análisis del fiscal apuntó a que el acusado presentaba signos evidentes de alteraciones en su conducta. En febrero de 2013, Víctor Alfonso Cardona aceptó formalmente ante la jueza, el fiscal y los familiares de la víctima los cargos de homicidio agravado y acceso carnal violento en contra de su sobrina Angi Yomara Valencia.
El 21 de junio, en la sala de audiencias del municipio de la Virginia, Risaralda, la jueza Victoria Eugenia Valencia dictó sentencia. Víctor Alfonso Cardona fue condenado a 50 años de prisión tras ser hallado responsable de los delitos mencionados. ¿Cómo te hizo sentir esta historia? ¿Qué piensas que debería hacer la sociedad para prevenir que ocurran casos tan dolorosos como este en el futuro? Si esta historia te hizo reflexionar, comparte tu opinión con respeto en los comentarios. Gracias por acompañarnos en
este espacio de memoria y justicia.
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