Monterrey, 1946.

México, atraviesa su transformación

industrial. Las carreteras necesitan

transporte pesado, pero todo debe

importarse desde Estados Unidos. En un

pequeño terreno de 70,500 m² en San

Nicolás de los Garza, un hombre de

origen humilde, sin educación

universitaria, decidió que México podía

hacer sus propios vehículos. Su nombre

era Gregorio Ramírez González. y el 2 de

agosto de ese año fundó Trailers de

Monterrey, lo que comenzó reparando

remolques importados se convirtió en el

grupo industrial Ramírez, una leyenda

casi olvidada de la industria mexicana.

Para entender el legado de Gregorio

Ramírez, necesitamos comprender el

México de aquella época. En 1940 el país

tenía apenas 20 millones de habitantes y

una industrialización incipiente.

La economía dependía principalmente de

la agricultura y la minería, mientras

que el transporte de mercancías

enfrentaba desafíos monumentales.

Las carreteras pavimentadas eran

escasas. La mayoría de los caminos eran

de terracería, convirtiéndose en

lodazales durante las lluvias. Y los

vehículos para transporte pesado

simplemente no se fabricaban en México.

Todo venía del extranjero. Ford,

Chevrolet, International Harvester. Las

marcas estadounidenses dominaban

completamente el mercado. Pero el

problema se agravó dramáticamente. La

Segunda Guerra Mundial había estallado

en 1939

y para 1941,

Estados Unidos desvió toda su producción

industrial hacia el esfuerzo bélico.

Conseguir camiones nuevos se volvió casi

imposible. Los precios se dispararon,

los tiempos de espera se extendieron

meses, incluso años. Los repuestos

escaseaban. Para los empresarios

mexicanos del transporte la situación

era crítica.

Sus flotas envejecían sin posibilidad de

reemplazo. México necesitaba soluciones

propias y las necesitaba urgentemente.

Fue en este contexto donde surgió

Monterrey como polo industrial,

beneficiándose del auge de fundidora de

acero que suministraba materiales a

Estados Unidos. En esta ciudad

industrial del norte, un joven de

orígenes humildes estaba a punto de

cambiar el panorama del transporte

mexicano.

Su nombre, Gregorio Ramírez González.

Gregorio Ramírez González, nació el 30

de marzo de 1913 en Sabinas Hidalgo,

Nuevo León, en una familia pobre cuyo

sustento provenía de una pequeña tienda.

Su educación formal terminó en quinto

grado de primaria. No era ingeniero

titulado ni había estudiado en el

extranjero. Era simplemente un hombre

con visión y determinación