Cuando la guerra de Malvinas comenzó, muchos pensaron que las experimentadas

fuerzas británicas aplastarían rápidamente a los hombres argentinos.

Sin embargo, la tenacidad y el valor de los sudamericanos tomaron por sorpresa a

los invasores. Entre los soldados que más dolores de cabeza les propinaron a los ingleses

estaban los pilotos de combate.

A pesar de que en su mayoría utilizaban aviones mucho más anticuados que sus enemigos, los pilotos se valieron de

maniobras osadas y de la subestimación de los ingleses para aestarles golpes

mortales. Días después de lo que muchos consideraron un ataque a traición por

parte de los británicos, sus buques fueron detectados por los argentinos y se dieron las órdenes pertinentes.

Era hora de la venganza. Completamente rodeados por enemigos y

armados con misiles nunca antes probados en el campo de batalla. Nada impediría

que estos hombres lleven a cabo la misión que les fue asignada.

Hoy, en este nuevo episodio de Historia Militar, te contaremos todo sobre el

hundimiento del HMS Sheffield, una proeza llevada a cabo por los valientes

pilotos argentinos.

Para mayo de 1982, la guerra entre Argentina y el Reino Unido por la soberanía de las Islas

Malvinas ya llevaba un mes de transcurso. Sin embargo, fue en este momento que las

batallas entre ambos países comenzaron a encrudecerse. A pesar de las victorias iniciales por

parte de los sudamericanos, las fuerzas británicas estaban empezando a llegar a las islas en grandes números.

Los combates se volvieron brutales mientras los soldados luchaban ferozmente por hacerse con el territorio

en disputa. Fue por la tarde del 2 de mayo cuando se produjo uno de los eventos más infames

de toda la guerra. El buque argentino General Belgrano se encontraba navegando a más de 50 km de

la zona de exclusión total. Cualquier barco que estuviera fuera de

esta área no era considerado una amenaza para los británicos.

Sin embargo, a pesar de que habían sido los mismos ingleses los que designaron los límites, el crucero fue alcanzado

por dos torpedos disparados por el submarino Conqueror. Los impactos abrieron un agujero de casi

20 m en la cubierta y mataron a cientos de marineros, además de destruir por

completo la sala de máquinas. Las detonaciones también anularon la

mayor parte de los aparatos de radio y los sistemas eléctricos. Mientras el agua entraba a montones, la

tripulación del general Belgrano fue incapaz de bombearla o de pedir asistencia a las naves cercanas.

La primera explosión que hace hace digamos penetra en el la sala

de máquinas de popa, se confina dentro del buque, dentro del

costado, posiblemente por las corazas que tenía a la altura de la línea de flotación y comienza a acceder

hacia arriba y entonces va destruyendo cuatro cubiertas hacia

y destruye material y destruye gente,

material y hombres. 20 minutos después de las detonaciones,

el capitán del navío supo que el buque era insalvable y dio la orden de

evacuación. Pero debido al mal clima y a no haber sido capaces de realizar llamados de

socorro, pasaron horas e incluso días para que los sobrevivientes pudieran ser

rescatados. 323 personas, aproximadamente un tercio de

la tripulación total, murieron en el ataque, ahogándose en el agua o debido

al impacto de los torpedos. Este número representa casi la mitad de

los muertos argentinos en la totalidad de la guerra de Malvinas.

El suceso sigue estando rodeado de polémica aún hasta el día de hoy. Los

británicos sostienen que fue un acto de guerra válido, mientras que otras voces continúan argumentando su ilegalidad

bajo las reglas bélicas. Sea cual fuera el caso, algo era seguro.

El ejército argentino buscaría venganza. El 4 de mayo, dos días después del

hundimiento del general Belgrano, un grupo de buques ingleses se encontraba patrullando el archipiélago de las

Malvinas. Contaban con dos portaaviones, cinco destructores y tres fragatas, además de

casas que sobrevolaban la zona. Uno de los destructores era el HMS

Sheffield, el cual había entrado en servicio en 1971.

Fuertemente armado, su tripulación casi llegaba a los 300 hombres. Ese día se

les había asignado la misión de proteger los portaaviones de cualquier amenaza.

La visibilidad de esa mañana era pésima, con lluvias, fuertes vientos y una

niebla que solo dejaba observar lo que se encontraba justo enfrente.

Los barcos británicos, si bien estaban atentos a los radares para detectar aviones enemigos, no esperaban que la

represalia sucediera ese día. estaban más concentrados en localizar

amenazas submarinas. Sin embargo, la poca visión también ayudaría a que las aeronaves pasen

desapercibidas, algo que los comandantes sudamericanos no pasaron por alto.

En las primeras horas del 4 de mayo, las máquinas argentinas ubicadas en territorio nacional detectaron un

extraño ruido proveniente de la zona que en ese momento patrullaban las naves británicas.

Se decidió enviar un avión explorador modelo Locky de Neptune con el objetivo de sobrevolar las aguas atlánticas para

esclarecer la fuente de ese sonido. Este diseño había sido fabricado por

primera vez a fines de la Segunda Guerra Mundial, por lo que tenía 40 años de antigüedad y era muy inferior a los

tipos de aviones utilizados por el Imperio Británico. Aún así se le confió esta importante

misión, pero un poco antes de las 9 de la mañana, el radar de la aeronave

observó algo muy diferente. Tres buques ingleses bautizados como