Se levantó del COMA para REVELAR al ASESlN0 de sus HIJOS – CASO RESUELTO

El 17 de marzo de 2008, en una pequeña ciudad de Suecia, donde casi nunca ocurría nada, una llamada de emergencia cambió por completo la rutina de sus habitantes. Dentro de una vivienda aparentemente normal, tres personas habían sido brutalmente atacadas. No había señales de robo, no había puertas forzadas y no había una explicación clara de lo que había ocurrido.
En cuestión de horas, el caso comenzó a generar una pregunta inquietante. Si no fue un desconocido, entonces tuvo que ser alguien que conocía bien a la familia. Pero lo que los investigadores descubrirían con el paso de los días no solo rompería esa tranquilidad aparente, sino que revelaría hasta dónde puede llegar una persona cuando la obsesión y el rechazo se convierten en algo mucho más peligroso.
El caso de Emma Youngestig, las huellas, los rastros. Los indicios y las evidencias ayudan a los investigadores a resolver los crímenes. El pasado de la víctima y del victimario nos ayudan a comprender su comportamiento. Todo esto forma parte del expediente del caso y aquí te lo presento. Soy Ángel y te doy la bienvenida a este canal.
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Sin nada más que agregar, acompáñame a conocer todos los detalles de este expediente criminal. El 17 de marzo de 2008, alrededor de las 7:20 de la noche, Thorn Helberg llegó a su vivienda en Arboga, Suecia, tras finalizar su jornada laboral. Al entrar en la propiedad, notó un primer elemento inusual. La puerta principal estaba sin seguro, algo que no era habitual en el hogar.
Al acceder al interior, llamó a su pareja Emma Jestig y a los hijos de ella, Max y Saga, sin obtener respuesta. El interior de la casa presentaba un alto nivel de desorden, incompatible con una situación cotidiana. En la sala principal encontró a Ema tendida en el suelo con lesiones graves que la dejaban casi irreconocible.
Ante esa situación, Thorn subió inmediatamente al piso superior para localizar a los menores. Allí encontró a Max y Saga también en el suelo con heridas de extrema gravedad. Tras el hallazgo, realizó una llamada a los servicios de emergencia. Los paramédicos llegaron poco después y confirmaron que los tres seguían con vida, aunque en estado crítico.
Fueron trasladados de urgencia al hospital. Desde ese momento se activó una investigación por un ataque violento dentro del entorno familiar sin indicios inmediatos de robo. Pero antes de seguir con la investigación, conviene que sepamos quién es Ema y cómo ella y sus hijos terminaron en esa situación. Emma Youngestig nació el 16 de febrero de 1985 en Estocolmo, Suecia.
Creció en un entorno sin antecedentes relevantes de conflictividad. y desde joven manifestó interés por formar una familia estable. A los 19 años, alrededor de 2004, inició una relación con Nicolas, con quien poco después contrajo matrimonio. En ese mismo periodo nació su primer hijo Max. La llegada del menor supuso un cambio importante en su rutina, centrando su vida en el entorno familiar.
Aproximadamente un año y medio más tarde nació su hija Saga, consolidando así el núcleo familiar. Durante esa etapa, Ema se dedicó principalmente al cuidado de sus hijos, manteniendo una vida centrada en el hogar. Sin embargo, con el paso del tiempo comenzaron a surgir conflictos dentro de la pareja relacionados con el desgaste cotidiano, la crianza y diferencias personales, lo que marcaría el inicio de un deterioro progresivo en la relación.
Tras el nacimiento de Saga alrededor de 2005, la relación entre Ema y Nicolas se deterioró de forma significativa. Las discusiones se volvieron frecuentes y el ambiente dentro del hogar pasó a ser inestable. Las dificultades asociadas a la crianza, sumadas a la falta de entendimiento entre ambos, terminaron por romper la relación.
La separación no fue amistosa, por el contrario, estuvo marcada por tensiones constantes y enfrentamientos que se trasladaron al ámbito legal. Ambos iniciaron disputas relacionadas con la custodia de los hijos y cuestiones económicas como la pensión alimenticia. Durante ese periodo, Ema llegó a denunciar a Nicolas por agresión, lo que incrementó aún más el nivel de conflicto entre ambos.
A pesar de que con el tiempo la situación se estabilizó parcialmente, la relación quedó completamente deteriorada. Tras la ruptura, Nicolas manifestó en algún momento su intención de retomar la relación, pero Ema rechazó esa posibilidad. Su decisión fue clara, continuar sola con sus hijos y rehacer su vida lejos de ese entorno. Tras la separación, Ema tomó la decisión de cambiar de entorno junto a sus hijos.
Se trasladó a Arboga, una pequeña ciudad situada a 150 km de Estocolmo con una población aproximada de 11,000 habitantes. Para ella, este lugar representaba la oportunidad de empezar de nuevo, lejos del conflicto que había marcado su relación anterior. Durante esa etapa, su vida se centró en la crianza de Max y Saga y en la reconstrucción de una rutina estable.
Desde el exterior, la situación parecía anormalizada. Ema había dejado atrás una relación conflictiva y se encontraba en un entorno considerado seguro. De esta manera, entre 2007 y comienzos de 2008, Emma conoció a Thorn Helberg a través de internet. La relación avanzó con rapidez y en poco tiempo ambos decidieron formalizarla.
Thorn aceptó desde el inicio la situación de Ema, incluyendo a sus dos hijos integrándose en la dinámica familiar. Durante los primeros meses, Thorn estableció un vínculo cercano con Max y Saga, asumiendo un rol activo dentro del hogar. Según testimonios posteriores, la convivencia era estable y no se registraban conflictos relevantes dentro de la pareja.
En un periodo aproximado de dos meses desde el inicio de la relación, la pareja decidió comprar una vivienda juntos en Arboga. Este movimiento marcó un paso importante hacia la consolidación de la relación y la formación de un nuevo núcleo familiar. Además, fijaron la fecha de su boda para el verano de 2008. En ese momento, todo indicaba que Ema había logrado reconstruir su vida tras la ruptura anterior en un entorno estable y con una nueva pareja.
Sin embargo, esta nueva etapa sería interrumpida de forma abrupta el 17 de marzo de 2008, el mismo día en que ocurrió el ataque. Tras la llamada de emergencia realizada por Thorn, a las 7:20 de la noche, los servicios médicos y la policía se desplazaron rápidamente al domicilio. Al llegar, los equipos médicos confirmaron que Ema y los dos menores presentaban lesiones extremadamente graves, pero aún mantenían signos vitales.
Los tres fueron trasladados de urgencia a un hospital cercano e ingresados en la unidad de cuidados intensivos. Ema fue sometida a un coma inducido debido a la gravedad de sus heridas, especialmente por los daños sufridos en la cabeza. Los médicos informaron desde el inicio que las probabilidades de supervivencia eran bajas y que en caso de sobrevivir las secuelas podían ser severas.
Poco después se confirmó el fallecimiento de los dos menores, Max y Saga, como consecuencia de las lesiones sufridas durante el ataque. Esta información no fue comunicada de inmediato a Ema debido a su estado crítico. Mientras tanto, la vivienda fue acordonada y se inició la inspección técnico-policial. La escena presentaba signos de una agresión extremadamente violenta, pero no se detectaron indicios de robo ni acceso forzado, lo que orientó la investigación desde el primer momento hacia un ataque dirigido.
Durante la inspección inicial del domicilio, los investigadores determinaron que no existían signos de entrada forzada. Puertas y ventanas no presentaban daños, lo que indicaba que el agresor pudo haber accedido voluntariamente o mediante un engaño. Tampoco se detectó la sustracción de objetos de valor.
Dinero, joyas y pertenencias personales permanecían en el lugar descartando el robo como móvil. Este elemento fue clave para orientar la investigación hacia un ataque de carácter personal. El nivel de violencia observado llevó a los peritos a concluir que el agresor utilizó un objeto contundente, posiblemente un martillo o una barra metálica con el que golpeó repetidamente a las víctimas.
El arma, sin embargo, no fue encontrada en la escena. Otro factor que dificultó el análisis fue la intervención de los servicios médicos, que alteraron parcialmente el lugar al intentar salvar a las víctimas. Aún así, la policía no logró identificar huellas dactilares, restos biológicos ni evidencias claras de un tercero en la vivienda.
Con estos elementos, la principal hipótesis de los investigadores fue que el ataque había sido ejecutado por alguien cercano al entorno de la familia con conocimiento de la rutina y acceso al domicilio. Dado que no había señales de acceso forzado ni robo, la investigación se centró en el entorno cercano de EMA. El primer nombre de la lista fue Thorn Helber, quien había encontrado a las víctimas y realizado la llamada a emergencias a las 7:20 de la noche.
La policía analizó su coartada en detalle. Según los registros, Ema dejó de responder mensajes alrededor de las 7 de la noche. Las cámaras de seguridad situaban a Thorn regresando del trabajo durante ese intervalo, lo que hacía improbable que pudiera haber cometido el ataque y llegar después como si nada. Además, sus compañeros confirmaron que había cumplido su jornada laboral con normalidad.
Con estos elementos fue descartado como sospechoso principal. El siguiente en la lista fue Nicolas, exmarido de Ema y padre de los niños. La relación entre ambos había sido conflictiva, incluyendo disputas legales y una denuncia por agresión, lo que lo convertía en un posible sospechoso por móvil personal.
Sin embargo, tras verificar su ubicación, la policía confirmó que se encontraba en otra ciudad en el momento del ataque. No existían pruebas que lo situaran en Arboga ese día. A pesar de ser interrogado en dos ocasiones, fue descartado de la investigación. Con ambos principales sospechosos fuera de la ecuación, el caso quedó sin una línea clara de avance, aumentando la presión sobre los investigadores.
Al confirmarse el fallecimiento de Max y Saga como consecuencia de las heridas sufridas en el ataque, la noticia se difundió rápidamente y generó un fuerte impacto tanto en la familia como en la comunidad de Arboga. El caso comenzó a recibir una amplia cobertura mediática a nivel nacional. La brutalidad del ataque, sumada al hecho de que las víctimas eran dos menores, incrementó la presión sobre las autoridades para obtener resultados en la investigación.
En paralelo, el entorno social cambió de forma notable. Habitantes de Arboga y localidades cercanas comenzaron a modificar sus rutinas por temor a que el responsable siguiera en libertad. Se reforzaron medidas de seguridad en los hogares y se redujo la actividad cotidiana en espacios públicos, especialmente en horarios nocturnos.
Para la policía, la situación se volvió cada vez más compleja. Sin sospechosos claros ni pruebas concluyentes, el caso comenzaba a estancarse mientras aumentaba la exigencia pública de respuestas. Ante la falta de sospechosos claros, la policía amplió el alcance de la investigación. Se realizaron inspecciones adicionales en el domicilio y en las zonas cercanas con el objetivo de localizar el arma utilizada en el ataque que no había sido encontrada en la escena.
Se desplegaron equipos con perros rastreadores y se revisaron áreas como calles, jardines y contenedores en los alrededores. Paralelamente, los investigadores comenzaron a realizar entrevistas puerta por puerta en el vecindario, buscando testigos que pudieran haber observado movimientos sospechosos la noche del crimen.
También se analizaron grabaciones de cámaras de seguridad, inicialmente en las inmediaciones de la vivienda y posteriormente en un radio más amplio. Sin embargo, estas acciones no arrojaron resultados concluyentes. Durante una nueva inspección técnica en la vivienda se detectó una huella de calzado que no correspondía a ninguno de los miembros de la familia.
Por su tamaño se estimó que podría pertenecer a una mujer o a una persona de baja estatura. A pesar de ello, en ese momento no se consideró una prueba determinante. A medida que avanzaban los días sin avances significativos, la investigación continuaba sin una dirección clara, aumentando la incertidumbre tanto para las autoridades como para la población.
En medio de la falta de avances, surgió un nuevo elemento que cambiaría el rumbo de la investigación. Un hombre se presentó ante la policía, afirmando haber pasado frente a la casa de Ema alrededor de las 7 de la noche el día del ataque. Según su testimonio, en ese momento observó a una persona vestida completamente de negro con capucha situada frente a la vivienda.
le llamó la atención su comportamiento, ya que parecía indecisa, como si estuviera dudando si entrar o no. Minutos después, tras realizar una breve parada en un supermercado, el mismo testigo volvió a pasar por la zona. En ese momento vio a esa misma persona salir rápidamente de la casa y subir a un vehículo que abandonó el lugar a gran velocidad.
El testigo no pudo identificar el rostro ni el modelo del coche, pero aportó un dato clave. por su complexión y forma de moverse, estaba convencido de que se trataba de una mujer. Este detalle fue determinante. Hasta ese momento, la investigación no tenía un perfil claro del agresor. A partir de esa declaración, los investigadores comenzaron a considerar seriamente la posibilidad de que quien realizó el ataque fuera una mujer, lo que obligó a replantear por completo la línea de investigación.
Antes de seguir, una pausa rápida. Si te está pareciendo interesante el video, suscríbete y deja tu me gusta. De verdad, me ayudas un montón a seguir trayendo más historias como esta. Gracias. Y ahora sí, seguimos. El 27 de marzo de 2008, 10 días después del ataque, los médicos decidieron iniciar el proceso para despertar a EMA del coma inducido.
La reducción de la sedación se realizó de forma gradual debido a la gravedad de sus lesiones y al riesgo de complicaciones. Al recuperar la conciencia, Ema no podía hablar y solo respondía mediante movimientos oculares. Su estado era delicado tanto a nivel físico como neurológico, por lo que cualquier interacción debía manejarse con extrema cautela.
Durante los primeros días, el equipo médico y las autoridades evitaron informarle sobre lo ocurrido con sus hijos. El objetivo era no provocar un impacto emocional que pudiera agravar su estado. Tres días después de su despertar, los investigadores intentaron obtener información sobre lo sucedido. Sin embargo, Ema no recordaba nada del ataque, mostraba confusión y preguntaba constantemente por sus hijos.
Ante esta situación y dado que insistía en obtener respuestas, finalmente se le comunicó que Max y Saga habían fallecido. La reacción fue de devastación total, lo que complicó aún más su recuperación. En ese momento, la principal esperanza de la investigación dependía de que Emma pudiera recuperar la memoria y aportar algún dato que permitiera identificar al responsable.
El primero de abril de 2008, varios días después de haber despertado, Ema comenzó a recuperar fragmentos de memoria relacionados con el ataque. Hasta ese momento, no había podido aportar información útil a la investigación. Según su testimonio, la noche del 17 de marzo se encontraba en su casa utilizando el ordenador, manteniendo una conversación con su hermana.
En ese contexto, alguien llamó a la puerta. Emma se dirigió a abrir y se encontró con una persona vestida completamente de negro con el rostro cubierto. La mujer se presentó brevemente con el nombre de Tina. Inmediatamente después, sin mediar más palabras, la atacó con un objeto contundente identificado posteriormente como un martillo.
El golpe fue directo y suficiente para hacerla perder el conocimiento en el lugar. Ese fue el único recuerdo claro que Emma pudo recuperar en ese momento. A partir de esta declaración, la policía confirmó dos elementos clave. El agresor era una mujer y había utilizado una identidad falsa. Con esta nueva información, los investigadores comenzaron a trabajar con una lista de posibles sospechosas.
Durante el proceso de identificación, los agentes mostraron a EMA varias fotografías. Al ver la imagen de Christine Shooter, Emma reaccionó de inmediato y la señaló como la persona que había estado en su puerta el día del ataque. Esta identificación marcó un punto de inflexión en la investigación. Christine tenía 31 años en el momento de los hechos y era originaria de Alemania.
Su infancia estuvo marcada por un hecho relevante. A los 11 años su padre abandonó el hogar. Lo que es, según análisis posteriores, tuvo un impacto significativo en su desarrollo emocional. En su vida adulta, Christin mantuvo un estilo de vida inestable y cambiante. Vivió en distintos países, incluyendo Estados Unidos y Grecia, y trabajó en diversos sectores, como la hostería y proyectos arqueológicos.
era percibida en su entorno como una persona oculta, independiente y con interés por viajar. Sin embargo, en el ámbito personal, sus relaciones sentimentales seguían un patrón repetitivo. Eran intensas, de corta duración y terminaban de forma conflictiva. Diversos testimonios posteriores la describen como una persona posesiva, con dificultades para aceptar el rechazo y con tendencia a desarrollar comportamientos obsesivos.
Estos rasgos no eran evidentes en un primer contacto, pero se manifestaban con el tiempo, especialmente cuando la relación no evolucionaba como ella esperaba. Este patrón sería clave para entender su comportamiento en los acontecimientos posteriores. Para entender por qué Cristin es tan importante en el caso, debemos volver en el tiempo un poco.
En agosto de 2006, mientras viajaba a Grecia, Christin conoció a Thorn Helber, quien se encontraba allí de vacaciones. La relación entre ambos comenzó de forma rápida y se desarrolló en un tiempo aproximado de 5 días. Tras finalizar el viaje, Thorn regresó a Suecia, pero continuaron en contacto a distancia. Tiempo después, Kristin viajó a Suecia sin previo aviso para verlo.
A partir de ese momento, la relación se volvió más cercana, pero también comenzaron a aparecer comportamientos problemáticos por parte de ella, como actitudes controladoras y reacciones desproporcionadas ante situaciones menores. Tras unos 5 meses, Thorn decidió terminar la relación. La ruptura no fue bien aceptada por Christin, quien continuó intentando mantener el contacto mediante mensajes y llamadas, incluso después de que él cambiara su número de teléfono.
Posteriormente comenzó a enviar cartas a su domicilio. En 2007, Christin volvió a presentarse en Suecia y logró reunirse con Thorn bajo el pretexto de un encuentro amistoso. Durante esa reunión insistió en retomar la relación, pero él rechazó nuevamente la propuesta. Tras este rechazo, Christin presentó una conducta autolesiva al ingerir una gran cantidad de pastillas, siendo posteriormente hospitalizada.
Meses después, regresó nuevamente a Suecia y afirmó que había tenido un hijo de Thorn. Una información que no pudo ser verificada y que presentaba inconsistencias en fechas y detalles. Este episodio reforzó la percepción de inestabilidad y manipulación. Para ese momento, Thorn ya mantenía una relación con Ema.
Tras varios intentos fallidos de contacto, decidió cortar toda comunicación con Christin de forma definitiva. Según la investigación, este rechazo fue un punto clave que desencadenó una escalada en el comportamiento de Christin, orientada hacia la obsesión y la posterior planificación del ataque. Tras el rechazo definitivo por parte de Thorn, Kristin permaneció en Suecia sin que él lo supiera.
Durante ese periodo comenzó a centrar su atención en EMA y en su entorno familiar. La investigación posterior reveló que Christin llevó a cabo un seguimiento sistemático de la víctima. Recopiló información detallada sobre la rutina diaria de EMA, los horarios de entrada y salida del domicilio, así como datos sobre los niños.
Esta información fue encontrada posteriormente en un diario personal y en archivos digitales. Además, en su ordenador se hallaron búsquedas relacionadas con métodos para ocultar pruebas tras cometer un crimen, lo que indicaba un nivel claro de premeditación. También almacenaba fotografías de Ema y sus hijos, así como un plano de la vivienda con detalles internos.
Kristin alquiló un apartamento en Suecia, lo que le permitió moverse sin levantar sospechas y preparar el ataque con antelación. Según la reconstrucción policial, eligió un momento en que Ema se encontraba sola con los niños y conocía con precisión los horarios de Thorn. Todos estos elementos evidenciaron que no se trató de un acto impulsivo, sino de una acción planificada con tiempo, dirigida específicamente contra EMA y su entorno familiar.
El primero de abril de 2008, la policía centró la investigación en Christin Schoter. A partir de ese momento, se inició una verificación rápida de sus antecedentes, movimientos recientes y posible ubicación. Las autoridades confirmaron que Christin había permanecido en Suecia durante el periodo del crimen y que no existía un registro claro de su salida inmediata tras los hechos.
Con estos elementos se emitió una orden para su localización y detención. Poco tiempo después, Kristin fue localizada en Alemania, fue arrestada por las autoridades locales y posteriormente extraditada a Suecia para ser interrogada en relación con el ataque ocurrido en Arboga. En su primera declaración, Kristin negó cualquier implicación en los hechos.
Afirmó no tener relación con el crimen y rechazó las acusaciones en su contra. Sin embargo, con la identificación directa de la víctima y el contexto previo con Thorn, la investigación avanzó hacia la recopilación de pruebas materiales que pudieran vincularla de forma concluyente con el ataque. Tras la detención de Christin, la policía registró el apartamento que había alquilado en Suecia.
En el lugar se encontraron diversos elementos relevantes para la investigación, incluyendo dispositivos electrónicos, ropa y objetos personales. Uno de los hallazgos más importantes fue su ordenador portátil. En él, los investigadores encontraron fotografías de Ema y sus hijos, así como un plano detallado de la vivienda. También se identificaron búsquedas relacionadas con métodos para ocultar evidencias, lo que reforzaba la hipótesis de premeditación.
Además, se recuperó un diario personal donde Cristin había anotado información sobre la rutina de la familia, incluyendo horarios y movimientos. Estas anotaciones demostraban un seguimiento prolongado y sistemático. En cuanto a la evidencia física, un zapato encontrado en su apartamento coincidía con la huella detectada en la escena del crimen.
Asimismo, una cámara de seguridad la situó en la estación del tren de Arboga. el mismo día del ataque, tanto en la llegada como en la salida de la ciudad. Aunque no se encontraron restos biológicos que la vincularan directamente con la escena, el conjunto de pruebas circunstanciales, sumado al testimonio de Ema y al de otros testigos, permitió a la fiscalía construir un caso sólido en su contra.
El juicio contra Christin Schuder comenzó el 29 de julio de 2008. Desde el inicio, su comportamiento dentro de la sala llamó la atención de todos los presentes. Durante las audiencias, Christin se mostró tranquila, sin señales visibles de preocupación o arrepentimiento. En varias ocasiones sonreía e incluso reaccionaba de forma inapropiada ante momentos de alta carga emocional, lo que generó incomodidad tanto en el tribunal como en los familiares de las víctimas.
Uno de los momentos más impactantes ocurrió cuando se presentaron imágenes relacionadas con el caso. Según los testimonios, Kristin reaccionó con risas, lo que llevó a cuestionar su estado mental. La defensa utilizó este comportamiento para solicitar una evaluación psiquiátrica con el objetivo de determinar si podía ser considerada penalmente responsable.
Sin embargo, tras los exámenes realizados, los especialistas concluyeron que no presentaba trastornos que afectaran su capacidad de comprender sus actos. Durante el juicio, la acusación presentó el conjunto de pruebas, el testimonio de EMA, los registros digitales, el seguimiento documentado, la coincidencia de la huella y las declaraciones de testigos.
Por su parte, la defensa argumentó la ausencia de pruebas directas como ADN o el arma del crimen. A pesar de estos argumentos, el peso de las pruebas presentadas resultó determinante para el tribunal. El tribunal determinó de forma unánime que Christin Schuder era responsable del ataque ocurrido el 17 de marzo de 2008.
Fue condenada a prisión perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Además, se le impuso el pago de una indemnización económica a EMA por los daños causados. La defensa intentó apelar la sentencia argumentando la falta de pruebas directas como ADN o el arma del crimen. Sin embargo, el recurso fue rechazado y la condena se mantuvo firme.
En marzo de 2012, Kristin fue trasladada a una prisión en Alemania para cumplir su condena en el marco de acuerdos entre países europeos. Tras el ataque, la recuperación de EMA fue lenta y compleja. A nivel físico, logró estabilizarse con el tiempo, aunque con secuelas derivadas de las lesiones. A nivel emocional, el impacto fue profundo.
Con el apoyo de su entorno, especialmente de Thurn, logró reconstruir su vida de forma progresiva. En 2010, la pareja formalizó su relación y posteriormente tuvieron más hijos. Por su parte, Nicolas también rehóo su vida con el tiempo. A pesar de las consecuencias del caso, ambos lograron continuar adelante dentro de sus posibilidades.
El caso de Arboga quedó registrado como uno de los más impactantes en Suecia, no solo por la gravedad de los hechos, sino por el nivel de planificación y el contexto personal que lo rodeó. A pesar de la condena, las consecuencias de aquella noche siguen presentes. Para Ema, la recuperación fue mucho más que física y para quienes conocieron a los niños, la ausencia nunca se llenó.
Este caso no solo expuso la capacidad de una persona para destruir, sino también lo difícil que puede ser detectar el peligro cuando se oculta detrás de una aparente normalidad. Y bueno, querido oyente, hasta aquí el caso de hoy. Te espero en otra entrega para que juntos analicemos todos los detalles de los más terribles crímenes de la historia.
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