Tú atrasas mi vida. Él dijo y se fue sin mirar atrás. Las palabras la

destruyeron, pero él nunca volvió. Cuatro años pasaron en silencio hasta
que ella entró en aquella reunión como con un niño en brazos con los mismos
ojos que él. Valeria sintió como sus manos temblaban al sostener el sobre Manila que acababa de llegar por
mensajería. El logotipo impreso en la esquina superior le robó el aire de los pulmones. Grupo Solí Arquitectura. 4
años. Cuatro malditos años sin ver ese nombre, sin escuchar esa voz, sin
permitirse siquiera pensar en él más de lo estrictamente necesario para sobrevivir cada día. Y ahora esto, una
invitación a la presentación del proyecto más ambicioso de la firma, el desarrollo urbanístico que definiría el
futuro del corredor empresarial más importante de la Ciudad de México, no como invitada, como la CEO de Innovatech
Solutions, la empresa que había creado desde cero, la misma que ahora poseía la tecnología de construcción sustentable
que todo el sector necesitaba. La misma tecnología que Damián Solís necesitaba
para que su proyecto no se viniera abajo antes de empezar. Dejó el sobre la mesa de su oficina y caminó hacia el ventanal
que daba a paseo de la Reforma. Desde el piso 23, la ciudad se extendía como un
mapa de posibilidades infinitas. había llegado hasta aquí sin él, sin su ayuda,
sin su presencia, sin siquiera su conocimiento de que existía algo más que los recuerdos que compartieron en
aquella oficina, donde ella había sido su asistente jurídica, donde había aprendido cada detalle del negocio,
donde se había enamorado como una idiota de un hombre que solamente veía números y oportunidades. El intercomunicador de
su escritorio emitió un sonido suave. La voz de Marta, su asistente, interrumpió
sus pensamientos. Licenciada Valeria, el pequeño Mateo ya llegó de la guardería.
Está en la sala de espera con Lupita. Valeria cerró los ojos. Mateo, su razón
de existir, su motor, su secreto más grande y su verdad más absoluta. Tres
años y medio de miradas curiosas, de sonrisas idénticas a las que ella recordaba en el rostro de otro hombre,
de gestos que no podían ser coincidencia, los mismos ojos color miel, las mismas cejas expresivas, la
misma forma de fruncir el ceño cuando algo no le parecía. “Gracias, Marta. Dile a Lupita que en 5 minutos bajo.
Respiró profundo y volvió a mirar el sobre. La reunión era en dos semanas. 14
días para prepararse mentalmente para ver de nuevo a Damián. 14 días para decidir si le diría la verdad o si
simplemente mantendría la distancia profesional que había construido con tanto esfuerzo, 14 días para recordarse
a sí misma que ella ya no era aquella mujer de 26 años que temblaba cada vez
que él entraba a la oficina. Tomó el sobre y lo guardó en el cajón superior de su escritorio. No hoy, no ahora.
Primero tenía que recoger a su hijo, llevarlo a casa, preparar la cena, leerle un cuento antes de dormir. Todas
esas cosas que componían su vida real, su vida verdadera, la que había construido sin depender de nadie más que
de ella misma. Bajó al vestíbulo y encontró a Mateo jugando con sus carritos sobre la alfombra de la sala de
espera. Lupita, la niñera que llevaba con ella desde que el niño tenía 6 meses, le sonrió con complicidad. se
portó muy bien hoy, licenciada. Dibujó un avión en la clase de arte. Valeria se arrodilló junto a su hijo y le acarició
el cabello oscuro. Un avión, mi amor. ¿Y a dónde volarías si tuvieras uno? Mateo
levantó la mirada, esos ojos color miel brillando con inocencia absoluta. A ver,
a mi papá, tú siempre dices que está muy lejos. El mundo de Valeria se detuvo por
un segundo. Había evitado esa conversación durante 3 años. Había construido respuestas vagas.
explicaciones a medias, verdades incompletas que un niño pequeño podía
aceptar sin cuestionar demasiado. Pero Mateo estaba creciendo. Las preguntas se
volvían más directas, más difíciles de evadir. “Tu papá está trabajando, cariño. Ya te lo he explicado, pero
todos mis amigos tienen papá.” Y Ker dice que su papá lo lleva al fútbol los sábados. ¿Por qué mi papá no me lleva al
fútbol? Valeria sintió como las palabras se atoraban en su garganta. No podía decirle que su papá no sabía que él
existía. No podía explicarle que la última vez que vio a Damián Solís, ella había salido de aquella oficina con el
corazón roto y un secreto creciendo en su vientre. Un secreto que decidió
guardar porque no quería ser la mujer que atrasaba la vida de nadie. No quería ser un obstáculo, una carga, un error.
Algún día lo conocerás, mi amor. Te lo prometo. Mintió. O tal vez no. Ya no
sabía qué era verdad y qué era protección. Mateo asintió y volvió a concentrarse en sus carritos. Valeria se
puso de pie y miró a Lupita, quien tenía esa expresión de preocupación maternal
que adoptaba cada vez que el tema surgía. Vámonos a casa. El trayecto en auto fue silencioso. Mateo se durmió en
su silla trasera abrazando su carrito favorito. Valeria conducía por Reforma
con la mente en otra parte. En 14 días volvería a ver a Damián. En 14 días
tendría que enfrentar al hombre que le dijo que ella atrasaba su vida. Y esta
vez no sería como asistente, esta vez sería como su igual, como alguien que él
necesitaba, como la CEO de la empresa que poseía la llave para su proyecto más
importante. Llegaron al departamento en San Ángel, justo cuando el sol comenzaba a ocultarse detrás de los edificios.
Valeria cargó a Mateo dormido hasta su habitación y lo recostó con cuidado. Le
quitó los zapatos, lo cubrió con su cobija favorita de dinosaurios y se quedó ahí, sentada al borde de la cama,
observándolo dormir. Era tan parecido a Damián que a veces dolía mirarlo. Las mismas facciones, la misma expresión
seria incluso al dormir, la misma determinación en cada cosa que hacía. Había heredado también su inteligencia,
su capacidad de concentración. Su forma de observar el mundo como si fuera un rompecabezas por resolver. Salió de la
habitación y se sirvió una copa de vino tinto. Se sentó en la terraza con la
ciudad iluminándose poco a poco ante sus ojos. Sacó su teléfono y abrió el correo
que había llegado junto con el sobre Manila. Era una invitación formal de parte del equipo de Damián, cordial,
profesional, sin ninguna mención personal, como si ella fuera simplemente otra CEO en la lista de contactos
importantes, como si nunca hubieran compartido tardes enteras revisando contratos, como si nunca hubieran
trabajado hasta la madrugada perfeccionando presentaciones, como si nunca se hubieran besado en aquella
oficina vacía después de cerrar el trato más importante del año, bebió un sorbo
de vino y dejó que el recuerdo la invadiera completamente. Habían sido se meses. 6 meses de miradas robadas, de
roces accidentales que no eran tan accidentales, de tensión que crecía hasta volverse insoportable hasta
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