encontró un bebé abandonado en el bosque

y todos le dijeron que lo dejara morir.

Pero 20 años después ese bebé le salvó

la vida. Manuel, un hombre de 60 años

con espalda encorbada por décadas de

trabajo, caminaba solo por el sendero

que llevaba a su choa. Sus manos

temblaban no solo por la edad, sino por

la soledad que lo carcomía como

enfermedad incurable.

Había enterrado a su esposa 5 años

atrás. Nunca tuvieron hijos. Ahora vivía

solo en las afueras del pueblo, olvidado

por todos.

Esa tarde, mientras regresaba del

mercado con su bolsa casi vacía, escuchó

un llanto débil que venía del bosque. Se

detuvo. El sonido era inconfundible. Un

bebé.

“Señor, ¿qué es esto?”, susurró mirando

hacia los árboles oscuros. siguió el

llanto hasta encontrar una canasta de

mimbre abandonada bajo un roble viejo.

Dentro, envuelto en trapos sucios, había

un recién nacido. Su piel estaba azulada

por el frío. Lloraba con fuerza

desesperada.

Manuel levantó al bebé con manos

temblorosas. Era un varón. No tenía más

de dos días de vida. ¿Quién te dejó

aquí, pequeño? Murmuró con voz quebrada.

¿Qué madre hace esto? Miró alrededor

buscando alguna señal, alguna nota.

Nada, solo el bebé y el silencio del

bosque. El sol comenzaba a bajar. La

noche sería fría. Si lo dejaba allí,

moriría antes del amanecer.

Manuel cerró los ojos y oró. Padre

celestial, tú sabes que soy viejo, que

apenas tengo para comerme yo solo, pero

este niño no puedo dejarlo morir. Si me

lo envías, dame fuerzas para cuidarlo.

No entiendo tu plan, pero confío en ti.

Envolvió al bebé en su propio

Envolvió al bebé en su propio abrigo y

caminó hacia su choa mientras el niño

seguía llorando

contra su pecho. A noche, Manuel intentó

calmar al bebé con agua tibia, endulzada

con miel. El niño bebió un poco y

finalmente se durmió. Manuel lo acostó

en una caja de madera forrada con su

mejor manta. Se sentó junto a la caja

mirando dormir al pequeño. Las lágrimas

rodaron por sus mejillas arrugadas.

No sé cómo cuidar bebés”, susurró. “Mi

esposa siempre soñó con uno y ahora que

ella no está, tú llegas. ¿Es esto tu

manera de hablarme, señor?” Al amanecer

fue al pueblo a comprar leche de cabra y

telas limpias. La gente lo miraba

extraño cuando preguntaba por pañales.

“¿Para qué quieres pañales, viejo

Manuel?”, preguntó la vendedora con

burla. Encontré un bebé abandonado en el

bosque. Voy a criarlo. La noticia se