AS3SlN4D0 EN LA IGLESIA | VIO A DOS PASTORES TENIENDO RELACIONES Y LO CALLARON PARA SIEMPRE

El 21 de marzo de 2001, en la ciudad del Salvador de Bahía, Brasil, un adolescente de 14 años lleno de planes y fe desapareció dentro de una de las iglesias más grandes del país. Lo que pareció una rutina de culto terminó días después en uno de los casos más crueles y perturbadores de crimen contra un menor en la historia de Brasil, el ases de Lucas Vargas Terra.

 Fue una de las investigaciones más horrendas relacionadas con abuso sex y encubrimiento dentro de una institución religiosa, una vida joven arrancada de forma brutal y un proceso judicial que duró décadas. Lucas nació el 20 de octubre de 1986 en Salvador, capital del estado de Bahía, Brasil. Era un adolescente tranquilo y devoto con una fe muy importante en su vida y la de su familia.

 Según su madre, era un joven especial, con un fuerte vínculo familiar y una profunda conexión con su fe cristiana. La familia vivía dividida. Su madre, Marion da Silva Vargas, residía en Italia, mientras Lucas y su padre Carlos Terra estaban en Brasil. El 21 de marzo de 2001, Lucas, acompañado de su padre asistió a un culto en la Iglesia Universal del Reino de Dios en el barrio Río Bermeño, uno de los templos más importantes de Salvador.

 El 21 de marzo de 2001 fue la última vez que se vio a Lucas. Esa mañana y tarde participó en actividades religiosas, convivió con otros jóvenes, escuchó prédicas. Sin duda era un espacio que conocía, un espacio en el que confiaba. Según registros oficiales, llamó por teléfono a su padre Carlos Terra desde un teléfono público diciendo que estaba con el pastor Silvio Roberto Galiza y que se quedaría a dormir en la iglesia debido al horario.

 Su padre aceptó, pues no había razones para desconfiar. El adolescente salió del templo acompañado de algunos líderes religiosos con el objetivo de regresar más tarde según versiones oficiales. Para seguir participando de las actividades, Lucas no regresó. Sus compañeros y familiares notaron su ausencia y a partir de este momento, la búsqueda informal comenzó.

Amigos y otros jóvenes intentaron encontrarlo sin éxito, pero en varios momentos se reportó que pastores de la iglesia detuvieron o restringieron las búsquedas. Además, dieron versiones contradictorias sobre el último momento en que lo vieron. Es imposible saber en qué momento Lucas entendió que algo estaba mal, pero hay un instante.

 De hecho, siempre, siempre lo hay. en el que el cuerpo se adelanta la razón, un instante en el que el corazón empieza a latir distinto, en el que la seguridad se rompe. Lucas tenía 14 años y estaba solo. Dos días después, el cuerpo de un adolescente fue encontrado carbonizado y dentro de una caja de madera en un terreno valdío junto a la avenida Vasco de Gama en Salvador.

 cadáver permaneció 43 días en el Instituto Médico Legal como cadáver ignorado, 43 días sin nombre, 43 días sin respuestas, hasta que una mecha de cabello y parte de sus ropas permitieron a los peritos confirmar que se trataba de Lucas Terra tras las pruebas de ADN. La investigación inicial presentó una enorme cantidad de contradicciones.

 El pastor Silvio Roberto Galiza, miembro de la Iglesia Universal, pronto se convirtió en sospechoso clave trasversiones confusas sobre lo que le ocurrió a Lucas. Se sabía que este pastor había sido alejado de la iglesia por dormir junto a adolescentes que frecuentaban el templo. El informe forense mostró que Lucas fue asfixiado y luego quemado aún con vida.

Y aunque el cuerpo estaba tan dañado que era difícil precisar detalles de abuso, los investigadores concluyeron que tendría que haber habido violencia sexual antes de su muerte y hallaron restos de tejidos similares a los encontrados en la iglesia donde Lucas estuvo por última vez. El impacto fue brutal porque no se trató solo de un homicidio.

 Las evidencias sugerían que un menor, confiado en su feedido secamente, torturado y quemado vivo. A partir de 2006, Galiza delató a otros pastores, señalando a Joel Miranda Macedo y Fernando Aparecido da Silva, quienes también eran miembros importantes de la iglesia, afirmando que Lucas los había visto teniendo intimidad dentro del templo, lo que según él habría desencadenado la persecución yo.

La Iglesia Universal incluso emitió comunicados defendiendo a los pastores acusados, alegando que no había pruebas concluyentes, lo que generó polémica en la opinión pública brasileña. En 2004, Silvio Galiza fue condenado a 23 años y 5 meses por homicidio triplalificado, motivo torpe, medio cruel y sin posibilidad de defensa.

 Aunque tras recursos su pena fue reducida a 15 años y terminó saliendo en libertad condicional. Para la familia, la herida solo se profundizó. El caso enfrentó décadas de burocracia, recursos y anulaciones de procesos, lo que impidió una resolución rápida y justa. 22 años después del crimen, en abril de 2023, el tribunal del juri en el Forum Ruis Barbosa en Salvador condenó a JoelMiranda y Fernando Aparecido da Silva a 21 años de prisión cada uno por homicidio cualificado.

 La familia de Lucas, en especial su madre, ha luchado por justicia durante décadas, enfrentando no solo la pérdida de un hijo, sino también una larga batalla judicial que afectó emocional y económicamente a toda la familia. La demora en la justicia llevó a la familia a iniciar demandas incluso contra el Estado de Bahía por omisiones y morosidad judicial.

 El caso de Lucas Terra es más que un crimen cruel. Es un ejemplo de cómo instituciones, procesos judiciales lentos y contradicciones pueden dificultar que una familia encuentre respuestas claras. Más de dos décadas después, la historia de Lucas sigue siendo un llamado a la protección de menores, una reflexión sobre el poder institucional y una advertencia sobre cómo la justicia puede tardar demasiado.

Lucas no sabía que ese culto sería el último. No sabía que la fe que lo acompañó toda su vida sería también el escenario de su tragedia. Su historia permanece porque olvidar sería permitir que vuelva a ocurrir. Gracias por el espacio.