¿AMISTAD O TRAMPA? NO ESTÁS PREPARADO PARA LO QUE PASÓ

El 21 de enero de 2005, una chica de 16 años subió al asiento del copiloto de un auto rojo en el estacionamiento de su escuela. La conductora era alguien en quien ella confiaba y a quien consideraba su amiga. En el asiento trasero iban otras dos personas. Los cuatro supuestamente iban a almorzar juntos a un tacoell.

 Parecía un viernes completamente normal, pero Adrian Reynolds nunca volvió a ser vista con vida. Antes de continuar, te invito a darle like al video, suscribirte al canal y activar las notificaciones para no perderte ninguna de nuestras publicaciones. Ahora sí, vamos con la historia. [música] Adrián Lake Reynolds nació el 12 de septiembre de 1988 en un pequeño pueblo de arcansas llamado El Dorado.

 Su madre biológica, Caroline, tenía apenas 15 años cuando quedó embarazada y 16 cuando dio a luz. Era muy joven y no contaba con la estabilidad necesaria para criar a una bebé. El padre biológico de Adrian tampoco estaba en condiciones de asumir esa responsabilidad. Además, existía la preocupación de que si él obtenía la custodia, Caroln pudiera perder todo contacto con su hija.

 Por esa razón, Carolnó una decisión que en ese momento consideró temporal. Firmó los documentos para que su propia madre, Beverly, y el esposo de Beverly, Tony Reynolds, adoptaran legalmente a Adrian. Tony tenía alrededor de 30 años. Acababa de casarse con Beverly y ambos estaban preparados para formar una familia. Así fue como se convirtieron en los padres de Adrian.

 Durante un tiempo, la situación pareció estable. Sin embargo, esa tranquilidad no duró mucho. Cuando Adriane tenía 3 años, Tony y Beverly se divorciaron debido a problemas económicos y discusiones constantes sobre las finanzas. Beverly se quedó con Adrian. Mientras Tony comenzó a pagar manutención y a visitarla siempre que podía, a pesar de la separación, ambos mantuvieron una relación cordial.

 Tony incluso ayudó a Beverly a comprar una nueva casa. Más adelante, cuando Adrian tenía 5 años, Beverly decidió mudarse a Longview, Texas, para estar cerca de algunos familiares. Tony no se opuso, ya que la distancia le permitía seguir visitando a Adrian con cierta frecuencia. Y cuando él no podía viajar, Beverly llevaba a la niña a Arcansas para que pudiera verlo.

 Fue en esa etapa cuando Caroline, la madre biológica de Adrian, reapareció en su vida. Ya se había vuelto a casar. Tenía otro hijo y sentía que ahora sí estaba preparada para criar a su hija. Tony y Beverly lo pensaron y finalmente aceptaron, no porque dejaran de querer a Adrien, sino porque creían que crecer junto a su madre biológica podía ser positivo para ella.

 Lamentablemente, esa decisión no trajo la estabilidad esperada. Caroline volvió a divorciarse y con el paso del tiempo, Adrian tuvo que adaptarse a nuevas parejas, nuevas mudanzas y cambios constantes en su entorno familiar. Cada nuevo comienzo terminaba en conflictos y rupturas. Todo eso dejó una huella profunda en una niña que crecía sin una base emocional firme.

 El único hombre al que Adrien llamaba papá era Tony. Pero Tony también atravesó problemas en su propia vida. En cierto momento comenzó a administrar un bar, se relacionó con personas problemáticas y terminó en prisión por tráfico de drogas. Incluso desde allí llamaba a Texas para preguntar por Adrian y siempre le respondían que ella estaba bien.

 Sin embargo, con el tiempo se supo que la realidad era mucho más complicada. Mientras tanto, en Texas la vida de Adrian se volvía cada vez más difícil. Con la adolescencia llegaron problemas serios. Caroline y su nuevo esposo trabajaban largas jornadas y Adriane pasaba mucho tiempo sola sin supervisión ni apoyo emocional. En ese contexto comenzó a acercarse a personas mayores, a tener conductas de riesgo y a alejarse poco a poco de la escuela.

 A los 14 años ya llevaba una vida que encendía señales de alarma, pero no parecía haber adultos prestando la atención necesaria. Después ocurrió algo aún más delicado. Según trascendió, Adrian habría denunciado haber sufrido abuso por parte de su padrastro. Cuando la familia se enteró, acudió a la policía de inmediato.

 El hombre fue acusado formalmente y esas denuncias dieron inicio a una investigación sobre lo que estaba ocurriendo dentro del hogar. Durante ese proceso también surgieron indicios de negligencia y maltrato. Más adelante Adriane se retractó y dijo ante un juez que había mentido. Sin embargo, el fiscal del caso nunca consideró convincente esa retractación.

 Él creía que el abuso sí había ocurrido porque cuando Adrian lo denunció originalmente fue extremadamente detallista en su relato y muchas personas, incluido el investigador original pensaban lo mismo. Pero como Adrian es se retractó y no había testigos, el caso se cerró por falta de pruebas. ¿Por qué se retractó? Nadie lo sabe con certeza.

 Tal vez quería volver a estar con su mamá. Tal vez le presionaron, tal vez estaba confundida. La verdad es que nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que a finales de 2003, cuando Adrian tenía 14 años, la situación se volvió insostenible. El estado estaba a punto de quitarle la custodia a Caroline y fue entonces cuando decidieron que Adrian debía irse a vivir con Tony, que para ese momento ya había salido de la cárcel, había conseguido trabajo, se había mudado a Ismolin, Illinois, y se había casado con una mujer llamada Joan.

a quien todos llamaban Joe. Joe era una antigua amiga del colegio con quien Tony había perdido contacto durante 20 años. Este iba a ser el gran recomienzo de Adrian, una nueva ciudad, una nueva escuela, una nueva oportunidad. Pero las cosas no fueron tan fáciles. Cuando Adrian llegó a East Molding, la matricularon en una escuela pública local y desde el primer día fue un infierno.

 Los otros chicos se burlaban de ella por su fuerte acento texano. Le decían Tex o Texas como apodo despectivo. Y Adrian, que nunca fue del tipo que se quedaba callada, respondía. Resultado, la suspendieron dos veces por meterse en peleas. Tony intentó poner disciplina. reglas, estructura, todo lo que aparentemente ella nunca había tenido.

Pero Adrian era terca, los dos chocaban todo el tiempo y Show, la madrastra, era la que siempre terminaba en el medio tratando de calmar las cosas. La casa parecía un campo de batalla constante, pero debajo de toda esa rebeldía, Adriane tenía un corazón enorme. Soñaba con ser diseñadora de moda. Dibujaba ropa, sombreros, zapatos con un estilo retro de los años 20, pero con un toque moderno. Amaba cantar.

 Su gran sueño era participar en American Idol y según la gente que la escuchó cantar, tenía una voz increíble. Pasaba horas en su cuarto practicando Amazing Grace. La misma canción una y otra vez, preparándose para el día en que alguien la escuchara de verdad. Adriane también escribía poesía.

 En sus cuadernos llenaba páginas con palabras que mostraban el peso de todo lo que cargaba. Estoy rota escribía. No me siento bien. Pero también escribía sobre lo que quería. amor, compromiso, respeto, amistad, paz, cosas que según sus propias anotaciones nunca había tenido realmente. Con el tiempo, la relación con Tony y Joe fue mejorando, especialmente con Joe.

 Como Tony trabajaba como camionero y pasaba hasta 15 horas fuera de casa, Joe era quien mantenía todo funcionando. Y aunque tenían sus peleas, las dos empezaron a construir algo parecido a un vínculo de madre e hija. Joe se preocupaba por Adrian de verdad. Le exigía respeto, sí, pero también la cuidaba.

 En algún momento de ese otoño de 2004, Tony y Joe decidieron matricular a Adrian en el Black Hawk College Outreach Center. Era un programa alternativo para jóvenes que habían dejado la escuela o que tenían problemas académicos y de comportamiento. Adrián no tenía suficientes créditos para graduarse, así que la incluyeron en el programa de Head, que básicamente era su última oportunidad de conseguir el equivalente a un diploma de secundaria.

Y curiosamente ese sistema le quedaba perfecto a Adrian. No había tareas, los horarios eran cortos y salía cerca del mediodía, lo que le dejaba el resto del día libre para hacer lo que más le gustaba en el mundo. Socializar. Fue ahí en el Black Hawk College Outreach Center, donde Adrian Reynolds conoció a Sarah Colp y ahí es donde esta historia cambia por completo.

 Sarah Colp tenía 16 años igual que Adrian. Había nacido en Alemania en una familia militar estadounidense. Crecer mudándose constantemente de un lugar a otro suena emocionante en teoría, pero en la práctica destruyó el matrimonio de sus padres. Se divorciaron cuando Sara vivía en Idaho y su mamá se la llevó a Illinois, a un pueblito llamado Milan, cerca de East Mollin.

 Sara tenía un estilo muy alternativo. Ropa negra, piercings, botas de combate, cabello desordenado. Era fan de la música heavy metal, particularmente de una banda llamada Insane Clown Posy, cuyos seguidores se llamaban a sí mismos Shugalos y Sara se consideraba una de ellos. En el Outreach Center, Sara era la chica popular, pero ser popular en un programa para jóvenes problemáticos no es lo mismo que ser popular en una escuela normal.

 Lo que Sara tenía no era popularidad en el sentido tradicional, lo que tenía era control. La gente no la admiraba tanto como le tenía miedo. Sara tenía un temperamento explosivo. Cualquier cosa podía hacerla estallar. amenazaba de muerte a personas por comentarios menores. Le dijo a una chica que le cortaría la garganta, a otra le dijo que quería matarla.

 Escribía en su diario sobre el deseo de masacrar a la gente como las ovejas que son. Pero al mismo tiempo, Sara podía ser encantadora cuando quería. Sabía cómo atraer a las personas, sabía cómo hacerlas sentir especiales. Y eso es exactamente lo que hizo con Adriane. Un día, Adidrian se acercó a la mesa de Sara. abrió su cuaderno y le dejó un bilete con su número de teléfono.

 Decía algo como, “Hola, necesitamos salir un día de estos.” Sara tardó unos días en responder, pero cuando lo hizo, escribió una carta de dos páginas llena de preguntas. ¿De dónde eres? ¿Qué música te gusta? ¿Cuál es tu comida favorita? Y así empezó todo. Las dos se hicieron amigas rápidamente. Sara invitaba a Adrian a almorzar, le daba aventones en su auto, le conseguía entradas baratas al cine trabajaba.

 Adrián estaba encantada. Por primera vez en mucho tiempo sentía que tenía una amiga de verdad, pero había una tercera persona en esta ecuación y esa persona era esencial para entender lo que vendría después. Cory Gregory Cori era el exnovio de Sara, pero seguían siendo mejores amigos, inseparables. Cori estaba completamente devoto a Sara.

Haría cualquier cosa que ella le pidiera. La seguía a todos lados como una sombra. Sara lo había convencido de dejar su escuela anterior y transferirse al Outreach Center para estar con ella. Y Cory lo hizo sin consultar a nadie de su familia. Cori quería ser más que amigo de Sara. quería ser su novio. Le escribió una carta que decía, “Te amo.

Te he amado desde que te vi por primera vez. Eres todo en lo que pienso.” Pero Sara nunca le correspondió de esa manera. Lo que hacía era peor. Lo mantenía enganchado, coqueteaba con él, le daba esperanzas, pero nunca le decía claramente que solo eran amigos. Lo necesitaba cerca, obediente, disponible. Y entonces llegó Adrián y alteró todo el equilibrio.

 Cuando Adrian empezó a pasar tiempo con Sara, también empezó a pasar tiempo con Cori y los dos se llevaban bien. Adrian era cariñosa, directa, genuina. Le dijo a Cori cosas que nadie le había dicho antes, que no necesitaba el permiso de Sara para ser amigo de quien quisiera, que Sara no lo trataba bien, que él merecía algo mejor. Cori escuchó y por primera vez empezó a pasar tiempo con alguien sin Sara.

 Él y Adrian hablaban por teléfono durante horas, se escribían cartas. En una nota, Adrián le dijo que lo quería porque era respetuoso, honesto y el chico más dulce que había conocido. Se besaron un par de veces, aunque ambos decidieron que no querían nada romántico, solo eran amigos. Pero cuando Sara se enteró de todo esto, perdió el control.

 En diciembre de 2004, Sara invitó a Adrian a una fiesta en una casa que un grupo de yugalos había rentado en Rock Island. Era el tipo de lugar donde los adolescentes iban a tomar, a fumar y a hacer cosas que adolescentes no deberían hacer. Adrian fue, conoció gente y terminó pasando la noche con un chico del lugar y Sara, quien literalmente había animado a Adrian a divertirse esa noche, se enfureció.

 Empezó a llamar a Adrian de todo por los pasillos de la escuela. Regó rumores, la humilló frente a todos, le dijo que era una cualquiera. Le mandaba mensajes diciéndole que se quitara la vida, le decía a la gente abiertamente que quería matarla. Adrian intentó arreglar las cosas. Llamaba a Sara todos los días para disculparse.

 Le escribía cartas pidiendo perdón. En una le preguntó, “¿Por qué me odias tanto? ¿Por qué quieres que me muera?” Pero Sara no respondía o respondía solo para decirle cosas horribles. El acoso fue tan intenso que Adrian, quien ya cargaba con depresión y ansiedad, intentó hacerse daño. Tony y Joe notaron el cambio.

 La llevaron a un test psiquiatra, quien le recetó medicamentos. Poco a poco, Adrian empezó a mejorar. La Navidad trajo un respiro. Tony le regaló lo que más quería, una guitarra eléctrica negra con llamas naranjas y rojas. Verla sonreír después de tanto sufrimiento fue el mejor regalo para él. Y entonces, en enero de 2005, Sara pareció calmarse.

 Empezó a salir con un chico llamado Sean Mcitrick. Dejó de perseguir a Adrian. Las aguas parecieron aquiietarse, pero no se equivoquen, la calma no era real. Era la pausa antes de lo peor. El viernes 21 de enero de 2005, Adrián se levantó temprano y fue a la escuela con algo de esperanza. Le habían dicho que Sara quería hablar con ella, quería hacer las paces y Adrian, siendo Adrian, estaba lista para perdonar.

 Cuando terminaron las clases, alrededor del mediodía, Sara se ofreció a llevar a Adrian a almorzar al Taco Bell. Cory iba en el asiento de atrás junto con Sean, el novio de Sara. Adriane se subió al asiento del copiloto del auto rojo de Sara, un Jeop Prism de cuatro puertas y ese auto se convirtió en su tumba.

 De camino al Taco Bell, Sara empezó a provocar a Adrian. le dijo que se alejara de sus amigos, especialmente de Cori. Adrian, fiel a su carácter, no se dejó intimidar. Le dijo que no le debía explicaciones a nadie y que sería amiga de quien le diera la gana. El clima dentro del auto se volvió insoportable. Cuando llegaron al estacionamiento del Taco Bell, Sean les dijo que pararan.

 Sara le respondió, “Si no te gusta, bájate del auto.” Y eso fue exactamente lo que Sean hizo. Se bajó. se fue caminando de regreso a la escuela y dejó a Adrian sola con Sara y Cori. Ese fue del momento en que todo se salió de control. Las dos empezaron a golpearse, se jalaron el cabello, se dieron puñetazos. Adrian le conectó un golpe certero en la nariz a Sara que la hizo sangrar y eso fue la gota que derramó el vaso.

 Sara tenía una cirugía reciente en la nariz y la idea de que Adrian le hubiera arruinado el resultado la enloqueció. Sara sacó un palo de madera que guardaba en su auto, supuestamente para protección, y empezó a golpear a Idrian con él. La pelea se volvió cada vez más violenta. Se movieron del asiento delantero al trasero y en algún punto Cori, quien según su propia versión solo estaba mirando por la ventana, se involucró.

Sostuvo los brazos y las piernas de Adrian mientras Sara la estrangulaba. Adrian luchó. Luchó con todo lo que tenía, pero contra dos personas no pudo. En algún momento de esa pelea, Cory tomó un cinturón, lo enrolló alrededor del cuello de Adrian y apretó. Y entonces Adrian Reynolds dejó de respirar. Todo esto ocurrió en plena luz del día.

 En el estacionamiento de un tacobel. Durante la hora del almuerzo había gente caminando alrededor. Un hombre que entraba al restaurante notó que el auto rojo se sacudía de un lado a otro y los vidrios estaban empañados. Pensó que podía ser una pelea o tal vez adolescentes haciendo cosas de adolescentes.

 Consideró acercarse, pero no lo hizo. Mientras Adrian yacía muerta en el asiento trasero, Sara y Cori se sentaron en los asientos delanteros, encendieron un cigarrillo y empezaron a planear qué hacer con el cuerpo. Lo primero que hicieron fue llevar el auto a la casa de Sara en Milan, que quedaba a unos 15 minutos.

 Sara entró, se cambió de ropa, le dijo a su padrastro que iba a la granja de sus abuelos para desearle feliz cumpleaños a su abuela. Tomó un galón de gasolina y una lona azul, los metió al portequipaje y salieron de ahí. Adrian seguía en el asiento de atrás, cubierta con una chaqueta. Condujeron hasta la granja de los abuelos de Sara en Millersburg, un pueblito de menos de 800 habitantes a unos 45 minutos de distancia.

 Los abuelos no vivían ahí, así que el lugar estaba vacío. Cuando llegaron, envolvieron el cuerpo de Adrián en la lona, le echaron gasolina encima y le prendieron fuego. Pero creminar un cuerpo no es como en las películas. Un crematorio real. Necesita temperaturas de entre 850 y200ºC. Un galón de gasolina en pleno invierno de Illinois no llega ni remotamente a eso. El fuego se apagó.

 El cuerpo estaba quemado, pero muy lejos de convertirse en cenizas. Cubrieron los restos con ramas y hojas y se fueron, pero no habían terminado. Al día siguiente, Sara y Cory contactaron a un chico de 16 años llamado Nathan Godet. Le mandaron un mensaje preguntándole si quería ver algo mórbido y genial, el único precio de entrada, traer una sierra.

 Nathan no era un chico normal. Tenía fama de disfrutar cosas oscuras. Había rumores de que de niño lastimaba animales por diversión. Tenía un interés casi morboso por la muerte y los cuerpos. Así que cuando Sara y Cori le contaron lo que habían hecho, Nathan no se horrorizó. Dijo que sí, que los ayudaría.

 El domingo 23 de enero, Sara y Cori recogieron a Nathan y fueron a la granja. Nathan trajo una sierra de mano que era de su abuelo y ahí, mientras Sara y Cory fumaban y hacían bromas como si fuera un domingo cualquiera, Nathan desmembró el cuerpo de Adrian Reynolds, le cortó la cabeza, le cortó los brazos, le cortó las piernas, partió el torso en dos.

 Cuando terminaron, pusieron la cabeza y las manos en bolsas de basura negras y las metieron al portaequipaje del auto de Sara. El resto del cuerpo lo empujaron a un barranco y lo cubrieron con ramas. Y después, porque aparentemente la maldad humana no tiene fondo, les dio hambre. Así que fueron a McDonald’s, se sentaron en el auto con los restos de Adrian en el portaequipaje y comieron hamburguesas.

 Después del McDonald’s fueron al Black Haw State Historic Site, un parque estatal. Encontraron un pozo con una tapa de alcantarilla. Levantaron la tapa, tiraron las bolsas con la cabeza y las manos de Adrián adentro, pusieron la tapa de vuelta y se fueron. Creyeron que todo había terminado, que Adrián simplemente desaparecería y que todo el mundo pensaría que se había escapado de casa.

 Esa misma noche del viernes 21 de enero, cuando Yoo llegó a casa del trabajo, supo de inmediato que algo estaba mal. Adrian no había hecho sus tareas del hogar. Su uniforme de trabajo en el restaurante Sheckers seguía doblado sobre la cama. No había ido a trabajar y su cheque de pago estaba ahí sin recoger. Tony dijo después, “No me vas a hacer creer que una adolescente se escapó de su casa y ni siquiera se molestó en recoger su cheque de pago.

 A las 8 de la noche, Tony y Joe fueron a la policía a reportar a Adrian como desaparecida. La policía hizo lo que hace siempre. Asumió que se había escapado, pero también tomaron el caso con cierta seriedad porque conocían el historial de Adrian y sabían que tenía problemas de salud mental. El miedo más grande no era que alguien le hubiera hecho algo, era que Adrian se hubiera hecho daño a sí misma.

Lo primero que hicieron los investigadores fue hablar con los compañeros de escuela de Adrian. Varios dijeron que la habían visto irse con Sara Colp y Cody Gregory en el auto rojo de Sara. Llamaron a Cera y ella contestó tranquila como si nada. Dijo que no era amiga de Adrian, pero sí admitió que habían estado juntas ese día.

 Dijo que fueron a almorzar al Taco Bell y que después dejó a Adrian en un McDonald’s cerca de su casa. Según Sara, Adrian le pidió que la dejara ahí porque no quería que su papá la viera en un auto con un chico. Y al final de la llamada, Sara hizo algo curioso. Pidió que le avisaran si la encontraban, un pedido extraño para alguien que empezó la conversación diciendo que ni siquiera eran amigas.

Llamaron a Cori y su versión coincidía perfectamente con la de Sara. Demasiado perfectamente. Excepto por un detalle. Cori mencionó que las dos habían tenido una pelea dentro del auto y ese pequeño deslizó a deshacer toda la mentira. El fin de semana pasó sin noticias de Adrian. El lunes Sara fue a la estación de policía acompañada de su mamá y un abogado.

Repitió la misma historia. Los investigadores le preguntaron si aceptaría un examen de polígrafo. Sara y su mamá dijeron que no al mismo tiempo y tuvieron que dejarla ir. El martes fue el turno de Cori. También llegó con abogado. Repitió la misma versión. Pero a diferencia de Sara, Cori estaba temblando. Desviaba la mirada, sudaba.

Los investigadores supieron que sería Cori quien se quebraría primero y no se equivocaron. Esa misma noche, el papá de Cori llamó a la policía. Dijo que iban a volver a la estación, que Cori tenía algo diferente que contar. Lo que había pasado fue que después del primer interrogatorio, los padres de Cory notaron que algo estaba profundamente mal.

 Cory no dejaba de llorar, temblaba, fumaba un cigarrillo tras otro. Finalmente, su papá lo confrontó directamente. ¿Le pasó algo a Irian dentro de ese auto? Cori asintió con la cabeza. Está lastimada. Asintió de nuevo. Está muerta. Cori asintió una vez más. No podía hablar. Su papá llamó a su exesposa. Se reunieron, se abrazaron, lloraron, sabían lo que tenían que hacer.

 Sabían que iban a entregar a su propio hijo a la policía. Bert Gregory, el papá de Cory, diría después, no sé si fue difícil. Era lo correcto. Una familia necesitaba saber dónde estaba su hija. Esa noche, poco después de las 11, Cory llevó a la policía al Black Hawk State Historic Site. Bajaron por un sendero helado, cubierto de nieve.

 El suelo estaba congelado. Cada paso crujía. Cori se detuvo frente a un pozo con una tapa de alcantarilla. Los oficiales la levantaron. Adentro había una bolsa de basura negra. Dentro de la bolsa estaba la cabeza de Adrian Reynolds. A las 2 de la mañana, la policía tocó la puerta de la casa de Tony y Joe.

 Joe abrió la puerta todavía medio dormida. Cuando vio la expresión de los detectives, supo. No necesitó escuchar las palabras. Tony bajó corriendo las escaleras en pijama. Cuando le dijeron lo que había pasado, se derrumbó completamente. Sentí como si todo estuviera en cámara lenta, dijo después. Es la peor sensación que he tenido en mi vida.

 A la mañana siguiente, Cory llevó a la policía a la granja. Encontraron el resto del cuerpo carbonizado de Adrian en el barranco cubierto de ramas. Pero Tony y Joe no supieron todos los detalles hasta días después, cuando se hicieron públicos. Descubrieron por la prensa que su hija no solo había sido asesinada, sino que después la habían quemado y desmembrado.

Tony dijo, “El asesinato ya era suficientemente malo, pero lo que hicieron después es lo que me destruye. Se necesita ser una persona enferma para tomar una sierra y cortar a alguien en pedazos. Yo no podría hacerle eso a un perro, mucho menos a un ser humano y menos a los 16 años.” Sara Colp y Corey Gregory fueron arrestados el 1 de febrero de 2005.

 Ambos fueron acusados de dos cargos de asesinato en primer grado y uno de ocultación de cadáver. Ambos se declararon inocentes. El juicio de Sara comenzó el 31 de octubre de 2005, Halloween. La fiscalía presentó el diario de Sara como prueba en una entrada del 21 de enero, el mismo día que Adrian fue asesinada, Sara había escrito, “Esa estúpida tiene que alejarse de mi gente.

 Va a darle una nota a él.” Bueno, pues la voy a matar. Se llamaron más de 50 testigos, compañeros de escuela, que declararon que Sara había dicho abiertamente que quería matar a Adrian. Se presentaron las notas, las cartas, la evidencia del auto. Sara subió al estrado y culpó a Cori de todo. Dijo que fue Cori quien estranguló a Adidrian mientras ella solo miraba.

 Dijo que la obligaron a ayudar a ocultar el cuerpo bajo amenaza de muerte. El jurado deliberó 15 horas. 11. estaban a favor de condenarla. Uno solo votó por la absolución. No hubo veredicto unánime. El juicio terminó en jurado dividido, pero la fiscalía no se rindió. En el segundo juicio, celebrado en febrero de 2006 en Dixon, Illinois, Sara fue declarada culpable de todos los cargos.

 La sentenciaron a 48 años por asesinato y cinco por ocultación de cadáver, un total de 53 años de cárcel. Cori, después de ver lo que le pasó a Sara, decidió no arriesgarse con un juicio. Se declaró culpable. Recibió 45 años. Nathan Godet, el chico que desmembró el cuerpo, fue procesado como menor de edad. Recibió 5 años, cumplió casi cuatro.

 Fue liberado en noviembre de 2008 y el 16 de abril de 2012, a los 23 años, murió en un accidente automovilístico en Indiana. Tanto Sara como Cori intentaron reducir sus sentencias apelando a una decisión de la Corte Suprema de 2012 que declaró inconstitucional imponer cadena perpetua obligatoria a menores de edad. En 2016, la Corte Suprema de Illinois extendió esa regla a cualquier sentencia de más de 40 años para un menor.

 Cori resentenciado en 2022. Recibió la misma pena, 45 años. Sara apeló en 2023. Su apelación fue denegada. 53 años. Sara C nunca mostró ni una gota de arrepentimiento ni una sola vez. Tony Reynolds fue a ver a Cory en la cárcel después de la confesión. Quería mirar a los ojos a la persona que ayudó a matar a su hija.

 Las preguntas que llevaba eran las más simples y las más dolorosas. ¿Por qué? que fue tan terrible que necesitaban matarla. ¿Por qué no simplemente se alejaron? Cori mantuvo la misma versión. Dijo que solo miró que Sara hizo todo, pero nadie le creyó. Ni el fiscal, ni el jurado, ni Tony. El fiscal Jeff Terrones lo dijo de la manera más clara posible.

 Personas ordinarias consumidas por la emoción. Así de simple. Cori participó por su amor hacia Sira. Sara hizo lo que hizo por su odio y desprecio hacia Adrian. Entre las cosas que Adrian dejó atrás, había un poema sin fecha titulado Welcome to my life. Lo escribió en algún momento antes de su muerte y cuando lo lees es casi como si ella supiera que algo malo se acercaba.

 Una vida dolorosa a punto de quebrarse, pero que nunca se quebrará. Grito en agonía, queriendo que alguien esté ahí por mí. ¿Alguna respuesta? No lloro, pero nadie me escucha y eso me quema por dentro. Siento y sigo intentando alcanzar algo lejano, pero no hay nada, nada más que la oscuridad y la muerte furiosa. A la espera está el fuego de la agonía que grita.

 Ahí me encuentro yo también gritando, pero hay alguien para escucharme. Adrian Reynolds tenía 16 años. Quería ser cantante, quería ser diseñadora, quería tener tres hijos algún día. Planeaba vivir en una casa bonita con una familia que la amara. Lo único que quería en esta vida era pertenecer, sentirse aceptada, tener amigos y fue asesinada por la persona que ella creyó que era su amiga.

 Su autosoñado era un Mercedes-Benz. Su color favorito era el rojo, no el rosa, como algunos decían. Y cuando le preguntaban cuánto dinero quería ganar, respondía, “No me importa. mientras no viva en la pobreza. Lo que de verdad le importaba era tener a alguien que la quisiera y eso al final fue lo que la mató.

 Déjame saber qué pensaste de este caso en los comentarios y recuerda, tenemos toda una lista de videos sobre casos reales listos para que los veas ahora mismo, así que haz clic aquí y dales un vistazo. Nos vemos en el próximo