Muere Esposa Embarazada Al Parto— Suegros Y Amante Celebran; El Médico Susurra: “¡Gemelos!”

La noche en el hospital estaba cargada de un silencio espeso, roto solo por el pitido constante de las máquinas y el murmullo lejano de pasos apresurados. Daniel caminaba de un lado a otro frente a la sala de partos, con las manos temblorosas y el corazón golpeándole el pecho como si quisiera escapar. Su esposa Sofía estaba adentro luchando por dar a luz después de horas de complicaciones.

Estaba embarazada de 9 meses, agotada, pálida, pero decidida a traer a su hijo al mundo. A unos metros de él, sentados cómodamente en una banca, estaban sus padres. Marta, su madre, observaba el lugar con expresión fría, casi aburrida. Julián, su padre, revisaba mensajes en el teléfono con una sonrisa apenas disimulada.

No parecían preocupados, más bien parecían estar esperando el final de algo. Cerca de la pared, con un vestido elegante y tacones que no encajaban con el ambiente hospitalario, estaba Lucía. Su presencia era silenciosa, pero pesada. Nadie diría que era la amante de Daniel y sin embargo lo era. Sofía nunca lo supo con certeza, aunque lo sospechó.

En las últimas semanas había cambiado. Miraba a Daniel como si quisiera decirle algo importante, pero siempre callaba. Un grito desgarrador salió de la sala de partos. Daniel se detuvo en seco. Está perdiendo demasiada sangre. Se escuchó la voz de una enfermera. Daniel intentó correr hacia la puerta, pero otro médico lo detuvo. “Señor, debe esperar aquí.

” “Es mi esposa”, gritó. “Déjenme verla.” La puerta se cerró. El reloj avanzaba. Cada segundo parecía un castigo. Daniel se pasó las manos por el rostro. Desesperado. Miró a sus padres buscando apoyo, pero Marth solo suspiró con fastidio. “Cálmate”, dijo ella. Las mujeres siempre exageran en el parto. Daniel la miró incrédulo.

 ¿Cómo puedes decir eso? Lo importante es el bebé. Intervino Julián sin levantar la vista del teléfono. Si ella no resiste, bueno, la vida sigue. Lucía sonrió suavemente, como si esas palabras le dieran alivio. Minutos después, la puerta se abrió. El médico salió con el rostro serio, los ojos cansados. Todos se levantaron.

Familia de Sofía Ramírez. preguntó Daniel dio un paso al frente. Soy su esposo. ¿Cómo está? Mi hijo está bien. El médico respiró hondo. Hicimos todo lo posible, pero hubo una hemorragia severa durante el parto. Daniel sintió que el suelo se desvanecía. ¿Qué quiere decir? Lo siento mucho. Su esposa falleció.

 El grito de Daniel llenó el pasillo, cayó de rodillas golpeando el suelo llorando como nunca antes. Repetía el nombre de Sofía una y otra vez, negándose a aceptar la realidad. Pero mientras él se derrumbaba, algo imposible ocurrió. Marta abrazó a Julián y sonrió. Lucía dio un paso al frente, aplaudiendo suavemente.

 Qué triste dijo con falsa compasión. Aunque ahora ya no hay obstáculos. Daniel levantó la cabeza lentamente con los ojos llenos de lágrimas y confusión. ¿Qué? ¿Qué dijiste? Lucía se acercó con seguridad. Daniel, ahora podemos estar juntos. Ya no tienes que mentir. Estás enferma, gritó él. Mi esposa acaba de morir. Cumplió su función. Intervino Marta.

 Dio a luz. Eso era todo. Daniel sintió náuseas. ¿Qué clase de personas son ustedes? Julián se levantó y habló con tono frío. Siempre supimos que Sofía no era adecuada para ti. Era débil, pobre, sin ambición. Este final era inevitable. Daniel retrocedió horrorizado. ¿Ustedes sabían algo? Hicieron algo.

 Lucía tomó su brazo. No pienses en eso. Mírame a mí. Podemos empezar de nuevo. Daniel la empujó con fuerza. No me toques. En ese instante, el médico regresó. observó la escena con atención. Algo no le cuadraba. El dolor de Daniel contrastaba demasiado con la tranquilidad de los demás. Se acercó a Daniel y le habló en voz baja.

 Señor, ¿hay algo más que debes saber? Daniel levantó la vista temblando. ¿Qué más puede haber? El médico dudó un segundo. Su esposa no esperaba un solo bebé. Daniel parpadeó. ¿Cómo eran gemelos? El silencio fue absoluto. Marta dejó caer su bolso. Lucía palideció. Eso es imposible, dijo Marta. Los estudios mostraban solo uno. El médico la miró fijamente porque alguien pidió ocultar la información.

Alguien con poder y dinero. Julián dio un paso atrás. Daniel sintió que el rompecabezas encajaba con crueldad. Sofía lo sabía susurró. Por eso estaba tan triste. Por eso me miraba como si se despidiera. El médico asintió. Luchó hasta el final. Uno de los bebés no sobrevivió, pero el otro está vivo. Daniel se puso de pie de un salto.

¿Dónde está mi hijo? En cuidados intensivos neonatales respondió. Es fuerte, pero necesita protección. Marta avanzó rápidamente. Nosotros somos los abuelos. Nos haremos cargo. No, dijo el médico con firmeza. La madre dejó instrucciones claras. Solo el padre puede decidir. Lucía miró a Daniel desesperada. No compliques esto.

 Piensa en tu futuro. Daniel la miró con una calma aterradora. Sofía murió y ustedeslo celebraron. Jamás tocarán a mi hijo. Se dio la vuelta y siguió al médico. Cada paso era pesado, pero firme. Al llegar a la sala neonatal, vio a su hijo dentro de una incubadora. tan pequeño, tan frágil. Lágrimas silenciosas corrieron por su rostro.

 “Te lo prometo”, susurró. “Nadie volverá a hacerte daño.” Detrás del vidrio, Marta, Julián y Lucía observaban con rostros tensos. Por primera vez entendieron que habían perdido el control. Sofía había muerto.