El caso de Juliana Soares “Presa de su novio en un elevador” 

El sábado 26 de julio de 2025, en un edificio residencial de natal, capital del estado de Rí Grande del Norte, Brasil, se produjo un hecho de los más impactantes registrados en cámaras de seguridad en la historia reciente del país. Las imágenes que se captaron en el ascensor de un condominio conmocionaron a toda la sociedad brasileña y generaron un debate nacional sobre la violencia contra la mujer, lo que comenzó como una tarde de encuentro con amigos terminó en un brutal suceso.

 Entre la marea debates acerca de la violencia, las imágenes que gratificaron en toda su dimensión la brutalidad de un ataque desigual y abusivo dieron la vuelta al mundo. Porque el alma humana tiene rincones muy oscuros, como los fragmentos de la noche. Fragmentos de la noche. Juliana García dos Santos Suárez. Tiene 35 años y es originaria de Río de Janeiro.

 Aunque reside natal desde su infancia, trabaja como promotora de ventas y su rutina no se diferencia de la de millones de mujeres en Brasil y el mundo. Quienes la conocen hablan de su trayectoria marcada por el esfuerzo y la superación personal. Juliana llevaba una vida aparentemente normal en su apartamento de dos habitaciones y 55 m² en el barrio de Pontanegra, pero su vida se vería conmocionada por un hecho lamentable.

 El protagonista, su pareja en ese momento, Igor Eduardo Pereira Cabral, de 29 años, estudiante y exjugador profesional de baloncesto. Su carrera deportiva había alcanzado momentos de gloria cuando representó a Brasil en los Juegos Olímpicos de la Juventud, celebrados enin, China en 2014, como parte del equipo nacional de baloncesto tres contra tres.

 También participó en la Liga Nacional de Baloncesto y otras competiciones internacionales. En el ambiente del baloncesto de Natal es conocido como Costiña, un jugador respetado por sus adversarios y reconocido por su dedicación al entrenamiento físico. Pasaba largas horas en gimnasios de musculación y era particularmente cuidadoso con su apariencia física.

 Al momento del hecho, Juliana e Igor llevaban casi dos años como pareja. Juliana definió más tarde esos dos años como una relación tóxica y abusiva, marcada por el control excesivo que Igor ejercía sobre ella, aunque él siempre justificaba estos comportamientos como manifestaciones de amor. Desde el principio, Juliana conocía el historial de agresiones de Igor hacia otras personas, principalmente hombres, pero nunca imaginó que los límites podían desdibujarse en una tragedia con ella misma en el centro de la violencia.

A aquel 26 de julio, sin embargo, la relación no estaba en su mejor momento. Desde hacía meses, el deterioro progresivo se hacía latente y Juliana veía con preocupación que Igor se mostraba cada vez más agresivo, pero ese no era el único indicador. Había comenzado a beber sin moderación los fines de semana y esto revelaba cada vez más su verdadero carácter.

 ya había visto señales alarmantes que, como tantas otras mujeres en situaciones similares, prefirió minimizar. 7 meses antes del ataque fatal, durante una discusión, Igor empuja a Juliana y ella cayó al suelo. En su intento, por evitar la caída, se aferró a la camisa de él, descosiendo algunos puntos de la prenda. La reacción de Igor fue acusar a Juliana de haberlo agredido y llamó a la policía.

 Cuando los agentes llegaron a la residencia anterior de Juliana, le preguntaron si deseaba registrar una denuncia bajo la ley María da Peña, la legislación brasileña que protege a las mujeres contra la violencia doméstica. Juliana dijo que no, convencida de que aquel episodio había sido un hecho aislado. Además de la violencia física, existía un patrón de comportamiento destructivo.

 Igor había roto dos teléfonos móviles de Juliana en otros ataques de ira. Siempre motivados por celos. La primera vez pisoteó el dispositivo. La segunda vez lanzó el móvil contra una pared. En las dos ocasiones, las acusaciones de infidelidad desembocaron en una pérdida de control por parte de Igor Pereira.

 El viernes anterior al ataque, la pareja se encontró para entrenar juntos a la salida del trabajo y regresaron al apartamento a descansar. Planeaban recibir amigos el sábado en el área de convivencia del condominio junto a la piscina. La tarde transcurría con normalidad hasta que Igor le pidió a Juliana que contactara a un amigo suyo para preguntarle si asistiría a la reunión.

 El amigo respondió que sí, pero cuando Juliana le comunicó la respuesta a Igor, él exigió ver directamente el teléfono de ella. Juliana preguntó por qué necesitaba verlo el mismo. Fue la excusa que Igor necesitaba para desencadenar un vendaval de paranoia y agresividad. Acusó a Juliana de traicionarlo y quiso mostrar las conversaciones del celular de ella a otro amigo que ya había llegado al lugar.

 Juliana se indignó ante esta invasión de su privacidad y exigió que le devolviera su teléfono, negándose a permitir que mostrara sus mensajes personales a terceros. La confrontación alcanzó un punto crítico. Juliana, conociendo el historial destructivo de Igor, le preguntó si rompería su celular como había hecho en ocasiones anteriores.

 La respuesta de Igor fue inmediata y violenta. Giró y arrojó el teléfono de Julián a la piscina. Ella recogió sus cosas, tomó su bolso y se dirigió al edificio sentándose en un banco para tomar aire y calmarse. Igor corrió tras ella. Juliana tenía la llave del apartamento cuando llegó al vestíbulo del edificio.

 Igor llamó ambos ascensores, pero terminó subiendo al piso 16, donde se encontraba el apartamento de Juliana. Momentos más tarde, la cámara de seguridad muestra a Juliana con una gorra y su bolsa cruzada subiendo al ascensor. La intención de Juliana era llegar primero al apartamento para evitar que Igor entrara y destruyera sus pertenencias en un arranque de furia.

Sin embargo, cuando llegaron al piso 16, tanto Juliana como Igor llegaron prácticamente al mismo tiempo. Juliana le pidió varias veces que bajara y se fuera, pero él se negó. Exigiéndole que saliera del ascensor, Juliana se dio cuenta de que fuera del ascensor no había cámaras de seguridad y al ver el estado de alteración de Igor se negó a salir.

 Su instinto le advertía el peligro inminente. La discusión se intensificó y Gor insistía en que saliera, asegurándole que quería conversar y recoger sus cosas del apartamento. Juliana le advirtió que cualquier acción quedaría registrada por las cámaras, señalando directamente hacia el dispositivo de seguridad en un intento desesperado de frenarlo, rezando porque los encargados de seguridad en la portería estuvieran monitoreando las pantallas y comprendieran que algo estaba mal.

 Pero la suerte no estaba de su lado. La respuesta de Igor fue escalofriante. Le dijo que iba a perecer e inmediatamente después de pronunciar esas palabras comenzó a golpearla. Durante 36 segundos que parecieron interminables, Igor propinó 61 golpes contra Juliana dentro del ascensor que descendía desde el piso 16 hasta la planta baja.

 Ella intentó protegerse colocando el brazo frente a su cara, pero ante un basquetbolista entrenado, dominado por la furia, no tuvo nada que hacer. Juliana dijo que en esos momentos su único propósito era mantenerse de pie y no quedar inconsciente. Sabía que si perdía el conocimiento o caía al suelo, no sobreviviría para contar su historia.

 Le suplicaba que se detuviera, pero Igor no pronunciaba palabra alguna, simplemente continuaba golpeándola con una hazaña irrefrenable. Los huesos de su cara se quebraron bajo los golpes. Solo cuando el ascensor llegó a la planta baja y Gor se detuvo. Cuando las puertas se abrieron, la imagen que quedó registrada sería una de las más impactantes en la historia reciente de la violencia de género en Brasil.

Igor, ajustándose la sandalia con total tranquilidad, como si nada hubiera ocurrido, mientras Juliana permanecía de pie, pero apenas consciente, con el rostro desfigurado, doña Espedita y su hija Annie fueron las primeras en encontrar a Igor y Juliana tras el ataque, lo que presenciaron les haría la sangre.

 Igor se acercó a ellas con una calma absoluta, como si no hubiera pasado nada fuera de lo común. y les pidió que llamaran a la policía. No estaba ni siquiera nervioso y su actitud era fría, casi podría decirse que apática. Cuando doña Espedita, horrorizada le preguntó por qué había hecho algo así. Y Go respondió sin titubear con la misma tranquilidad porque Juliana lo había engañado.

Mientras tanto, Juliana lloraba sin control. Su rostro estaba tan maltratado por los golpes que era imposible reconocerla. Igor no hizo el menor intento de acercarse a ella para verificar su estado, ni mostró preocupación por las lesiones. Simplemente esperó, sin alterarse a que llegaran las autoridades. Senes, el portero del condominio, había presenciado todo a través de los monitores de seguridad.

 Tan pronto como vio la brutalidad que se desarrollaba en el ascensor de servicio, tomó el teléfono y alertó a la policía. Los agentes tardaron cerca de 10 minutos en llegar. Para entonces varios vecinos del edificio se habían reunido en el área común, horrorizados por el estado en que se encontraba Juliana.

 Igor se entregó sin ofrecer resistencia alguna. Dijo que se había equivocado y que había perdido la cabeza, pero su actitud seguía siendo inexplicablemente tranquila. Los oficiales intentaron esposarlo con las manos a la espalda. Siguiendo el procedimiento habitual. Pero la musculatura desarrollada de Igor durante años de entrenamiento lo impidió.

 Sus brazos no alcanzaban a juntarse atrás, por lo que tuvo que ser esposado con las manos al frente. En su declaración inicial a los agentes, Igor afirmó haber dado solo tres golpes a Juliana, una declaración que contrastaba de manera obscena con la realidad registrada en video. 61 puñetazos en apenas 36 segundos. Trasladaron a Juliana de inmediato a un hospital estatal donde recibió atención de emergencia.

 El diagnóstico médico reveló fracturas en cuatro huesos faciales. La nariz quebrada, la mandíbula rota, el pómulo fracturado, la órbita ocular dañada y el maxilar superior destrozado. Las lesiones eran tan graves que solo podía alimentarse con líquidos y comidas blandas. Pero más allá del impacto estético que era terrible, existían serias preocupaciones funcionales.

Julián había perdido su capacidad de masticar. Los médicos programaron una cirugía reconstructiva facial para el martes siguiente al ataque, pero el procedimiento tuvo que ser pospuesto debido a que la hinchazón provocada por los golpes era tan severa que hacía imposible operar. Finalmente, la intervención quirúrgica se realizó el viernes y resultó exitosa, aunque Juliana quedó internada en recuperación, enfrentando no solo la rehabilitación física, sino también el trauma psicológico profundo de haber sobrevivido a un intento de asesinato.

Cuando finalmente pudo hablar con los medios, Juliana tomó una decisión valiente, pero dolorosa. no mostraría su rostro completamente, pero insistió en que los hematomas fueran documentados. Comprendía que su historia ya no le pertenecía solo a ella. Su testimonio representaba la realidad de millones de mujeres brasileñas y del mundo entero.

Era necesario dar voz a aquellas que no sobrevivieron para contar sus propias historias. Igor Eduardo Pereira Cabral fue arrestado bajo la acusación de intento de feminicidio. En su declaración inicial a la policía construyó una narrativa que intentaba justificar lo injustificable. Alegó haber ido al departamento de Juliana para recoger sus pertenencias después de descubrir una supuesta traición.

 Según su versión, ella no quiso abrir la puerta, lo que lo irritó. dijo que en el ascensor Juliana lo insultó y rasgó su camisa provocándole un ataque claustrofóbico. Declaró que padecía de claustrofobia y que la desesperación fue la causa de su reacción violenta. Juliana desmintió cada elemento de esta versión. La camisa de Igor se rasgó cuando ella intentaba defenderse de los golpes que ya estaba recibiendo.

En ningún momento lo insultó y durante los dos años de relación, Igor nunca había mencionado sufrir de claustrofobia. No se presentó ningún informe médico que respaldara esta afirmación. La audiencia de custodia confirmó la prisión preventiva. Según Juliana, la jueza que presidía la audiencia no pudo continuar viendo el video completo de la agresión debido a su extrema brutalidad.

Las imágenes fueron incorporadas al expediente como prueba fundamental e irrefutable. En la misma audiencia de custodia, Igor cambió su versión. Admitió que su comportamiento fue resultado de una combinación de alcohol y sustancias. que había consumido momentos antes de la agresión.

 Las investigaciones también revelaron que usaba anabolizantes de manera regular, sustancias que podrían haber contribuido a una agresividad descontrolada. Las abogadas de Juliana, especializadas en casos de violencia contra la mujer, destacaron lo evidente. 61 golpes no constituyen simplemente una agresión, sino una clara intención de asesinar.

Las investigadoras señalaron que Igor no mostró en ningún momento señales de arrepentimiento. Su actitud durante los interrogatorios fue de desdenifrialdad. Su estrategia fue presentarse como víctima de sus propias condiciones. Primero la claustrofobia, luego las drogas y el alcohol. Todo para buscar atenuantes que justificaran lo que ninguna circunstancia puede justificar.

El intento sistemático de acabar con la vida de una mujer. El proceso judicial sigue su curso en Rí Grande del Norte, donde Igor Pereira permanece en prisión preventiva. El exjugador enfrenta una pena que podría ir entre 6 años y 8 meses hasta 26 años y 8 meses de prisión. La fiscalía busca agravantes como la vulnerabilidad de la víctima y el contexto de violencia doméstica, proyectando una sentencia mínima de 12 años.

 Durante la investigación surgió que Igor reportó haber sido agredido y amenazado en prisión, lo que está siendo investigado por las autoridades penitenciarias. Juliana García, por su parte, mostró evolución positiva tras la cirugía de reconstrucción facial. Continúa su recuperación física y emocional mientras el caso judicial avanza.

 Aún no se ha fijado fecha definitiva para el juicio final. Mientras tanto, el video de la agresión continúa causando escalofríos a quienes tienen la desgracia de verlo. Recuerda que ahora puedes encontrar los episodios en Spotify, Apple Podcast, Amazon Music y, por supuesto, en YouTube Music.

 Esto es Fragmentos de la noche, donde despertamos tus peores miedos. Dulces sueños.