CRIMEN ATERRADOR EN LA HABITACIÓN 11: NIDIA SILVA FUE ASESINADA POR SU EXNOVIO POR CELOS Y VIOLENCIA

era víspera de Navidad en Florencia. La ciudad estaba en modo fiesta hasta que en una residencia del centro alguien abre una puerta y entiende en un segundo que ahí pasó algo que nadie quería ver. Lo raro es que no había denuncia, no había nombre, no había nadie preguntando por ella como si se hubiera evaporado en la tarde más ruidosa del año.
Horas después aparece el giro. Una amenaza de extorsión habla de una empleada y un pago millonario. Y el Gaula cree que todo está conectado. Pero entonces las cámaras enseñan otra cosa. Habitación 11. Un hombre que se registra como Fabio Guerrero. Entra y sale con bolsas. y vuelve con ella como si fuera una cita.
Incluso carga una rosa. ¿Fue miedo o fue control disfrazado de amor? Hoy seguimos la línea de tiempo minuto a minuto, el nombre falso, el teléfono que se mueve y las contradicciones que nadie vio venir. Y la pregunta final, si hubieras notado la señal, ¿habrías hablado o el silencio también llega demasiado tard? Era la víspera de Navidad de 2012.
En Florencia las calles comenzaban a llenarse con el espíritu de las fiestas. La tarde cálida y pesada acompañaba el ajetreo del comercio. Personas apuradas, autos detenidos en el centro, tiendas abiertas hasta más tarde. Todo parecía normal en medio del caos previo a la celebración, pero entre esa rutina agitada emergió un hallazgo oscuro que marcaría el día para siempre.
Inés Villarreal trabajaba como recepcionista en una residencia del centro de la ciudad. Era uno de esos lugares frecuentados por parejas que buscan privacidad o viajeros de paso. Ese 23 de diciembre tenía el turno de la tarde. Realizaba sus tareas habituales cuando notó que eran las 3. Entonces recordó que una mujer se había registrado la noche anterior en la habitación número 11 y aún no había salido.
Al no recibir respuesta tras varios intentos de contacto, Inés pensó que la huésped quizás se había marchado sin avisar. usó la llave de repuesto para ingresar. Al abrir la puerta, encontró una bolsa sospechosa y señales evidentes de algo grave en la habitación. Había marcas visibles en la cama, en el piso y en las paredes.
Salió de inmediato y dio aviso a las autoridades. Dos investigadores especializados en delitos contra la vida llegaron al lugar. El cuerpo, que a simple vista parecía haber sido desmembrado, se encontraba envuelto dentro de un costal. En la morgue jardines de paz se confirmó que no estaba mutilado. El cuerpo estaba atado de pies y manos, en posición fetal, envuelto completamente con cuerdas. Era una mujer. Estaba desnuda.
Había recibido múltiples heridas de arma blanca en el rostro y el torso. Lesiones que le causaron la muerte. Las preguntas eran inevitables. ¿Quién era ella? ¿Quién le había hecho algo así? ¿Y por qué? En ese momento nadie sabía quién era la mujer encontrada sin vida en la habitación número 11. No había documentos, ropa ni objetos personales que permitieran identificarla.
La policía no tenía registros de mujeres desaparecidas con características similares. Los investigadores revisaron cada rincón de la habitación. En el baño, dentro de la cesta de basura, hallaron algunos elementos clave, un par de boxers, cabellos y fluidos corporales. Todo fue cuidadosamente recogido, embalado y enviado a análisis forense, pero los resultados tomarían tiempo y el tiempo era un lujo en un caso como este.
Ante la urgencia, los investigadores contaron con el apoyo de la fiscal seccional de Florencia, Marta Tarazona. Era claro para todos que se trataba de un crimen brutal y reciente. La víctima era joven. Había que actuar con rapidez. Freddy Sánchez y Óscar Marmolejo iniciaron las entrevistas de inmediato.
Comenzaron con el personal del hostal. Allí trabajaban dos recepcionistas jóvenes que se turnaban. Una había estado en el lugar hasta las 7 de la noche del 22 de diciembre. La otra tomó el relevo hasta la mañana siguiente. Fue la primera quien aportó un dato clave. Según su testimonio, ese 22 de diciembre, alrededor de las 5 de la tarde, un hombre llegó solo y pidió una habitación.
Se registró con el nombre de Fabio Guerrero. No parecía sospechoso. Su actitud era amable y no llevaba nada fuera de lo común. Pidió un descuento, se le ofreció y tomó la habitación número 11. A partir de ese momento se convirtió en el principal sospechoso. Sin embargo, los investigadores no sabían si ese era su verdadero nombre.
La identidad del hombre seguía siendo incierta. Mientras tanto, en otra parte de la ciudad, los agentes del Gaula habían sido notificados de un caso de extorsión. Una pareja de esposos, dueños de una tienda de ropa en Florencia, encontró una nota escrita a mano deslizada por debajo de la puerta del local.
El mensaje era directo y amenazante. Advertía que ya habían actuado contra su empleada y que si no pagaban 50 millones de pesos antes del 28 de diciembre, los siguientes serían sus hijos. Horas después, en la madrugada, recibieron una llamada telefónica. La voz de un hombre quedó grabada en el celular, quien hablaba se identificaba como miembro de un grupo conocido como los rastrojos.
La amenaza se volvió aún más real cuando los comerciantes notaron que la llamada había sido hecha desde el número de su propia empleada doméstica. De inmediato informaron al Gaula, que a su vez notificó a los agentes de la SIGIN. Fue entonces cuando surgió una conexión inquietante. Quizás la mujer hallada sin vida en la habitación número 11 era la misma empleada mencionada en la extorsión. Los hechos parecían encajar.
La tienda de los comerciantes estaba ubicada a escasos metros de la residencia donde se encontró el cuerpo. La nota hablaba de una mujer asesinada y la cronología coincidía. La víctima había sido encontrada el día siguiente de que supuestamente ocurriera el crimen. Para despejar toda duda, se contactó a los comerciantes, se les mostraron fotografías forenses y de inmediato reconocieron a la mujer.
Era su empleada doméstica, Nidia Mota Silva, quien llevaba aproximadamente dos años trabajando con ellos en su hogar. Afirmaron que la última vez que la vieron fue la tarde del 22 de diciembre, cuando salió con permiso para viajar a su pueblo y celebrar la Navidad con su familia. Sin embargo, según sus padres, Evangelina y Viviano Mota, Nidia nunca llegó.
Todo parecía indicar que su muerte había sido un mensaje. La primera hipótesis apuntaba a una extorsión violenta. Nidia habría sido asesinada para presionar a sus empleadores. Pero para los investigadores Sánchez y Marmolejo algo no cuadraba del todo. Aunque la versión tenía lógica, su experiencia les decía que la verdad era más profunda.
Lo que había ocurrido en la habitación número 11 no era solo una advertencia, era algo más. Hasta ese momento, la muerte de Nidia Mota Silva parecía estar relacionada con una extorsión por parte del grupo conocido como los rastrojos. Sin embargo, la investigación pronto tomaría un rumbo completamente distinto. Una cámara de seguridad instalada en la recepción de la residencia, que grababa de manera continua las 24 horas, se convirtió en la pieza clave del caso.
Al revisar las grabaciones del 22 de diciembre, los investigadores observaron la llegada de un hombre que cargaba un costal o mochila con las mismas características del saco, donde más tarde sería encontrado el cuerpo de Nidia. Se trataba, sin duda, del mismo hombre que se había registrado como Fabio Guerrero y que ocupó la habitación número 11.
Los agentes solicitaron copia completa del material grabado en las horas previas al hallazgo del cuerpo. Analizaron los videos minuto a minuto. Allí empezaron a surgir detalles reveladores. En las imágenes se vio a Fabio Guerrero entrando y saliendo varias veces de la residencia con bolsas en las manos. Era víspera de Navidad y todo parecía indicar que había estado haciendo compras.
Hacia las 10:30 de la noche, las cámaras captaron el regreso del hombre. Esta vez no venía solo, lo acompañaba una mujer de contextura morena. Era Nidiamota. Ambos ingresaron a la habitación. Minutos después salieron nuevamente. No volvieron a aparecer en las grabaciones, sino hasta alrededor de las 2:30 de la madrugada del 23 de diciembre.
En esa última entrada, algo quedó claro. Nidia no mostraba señales de estar en peligro. Caminaba tranquila. No había señales de forcejeo ni miedo. La forma en que interactuaban dejaba ver que conocía al hombre y que confiaba en él. Un detalle llamó particularmente la atención de los investigadores.
El hombre llevaba una rosa en la mano izquierda. A partir de ese momento, comenzaron a considerar otra hipótesis. Tal vez no se trataba de un crimen vinculado a la extorsión. Tal vez era un crimen pasional. Las grabaciones también revelaron que aproximadamente media hora después de haber entrado juntos a la habitación, el hombre salió solo.
Nadie más ingresó al cuarto hasta el día siguiente, cuando la recepcionista descubrió el costal con el cuerpo sin vida de Nidia, no quedaban dudas. El hombre que aparecía en los videos era el asesino. Pero la pregunta que ahora tomaba fuerza era otra. ¿Quién era realmente ese hombre? A medida que avanzaban las investigaciones, se conocieron más detalles sobre la vida personal de Nidia Mota Silva.
Según sus empleadores y personas cercanas, ella era una mujer sociable con una red amplia de amistades. Era soltera, extrovertida y acostumbraba a salir con frecuencia. Pero ninguna de esas amistades había levantado sospechas hasta ese momento. Sin embargo, los investigadores lograron confirmar con sus patrones que unos meses antes de su muerte, Nidia había estado frecuentando a un hombre en particular.
Ella lo presentaba como su novio. Era militar y en varias ocasiones había pedido permiso para visitarlo en el batallón. Sus empleadores, aunque nunca supieron su nombre ni dónde vivía, recordaban haber visto una fotografía de él en el cuarto de Nidia. Esa imagen fue entregada a las autoridades.
A partir de esa pista, los agentes iniciaron una nueva línea de investigación. Descubrieron que el hombre era un soldado llamado Antonio Andrade. Confirmaron que efectivamente mantenía una relación sentimental con Nidia desde hacía algunos meses, pero no había señales de conflicto, amenazas ni antecedentes que indicaran algún motivo para que él la asesinara.
Aún así, necesitaban descartar cualquier vínculo. La única forma de hacerlo era comparar la grabación de las cámaras de seguridad del hostal con la fotografía del soldado, con ayuda de tecnología especializada. Analizaron la imagen del video altura, complexión, tono de piel, rasgos morfológicos. Después contrastaron esos datos con la fotografía de Andrade. No coincidían.
El hombre del video era más alto, de tes clara, mientras que el soldado era más bajo y de piel trigueña. Así descartaron la hipótesis de un crimen pasional cometido por la pareja de la víctima. También habían dejado atrás la teoría de la extorsión. Los agentes sintieron que necesitaban redirigir su investigación.
Entonces surgió una nueva pregunta. ¿Era posible que Nidia tuviera un conflicto con alguien que sus patrones desconocían? guardaba un secreto del que nadie había hablado. Para obtener respuestas tendrían que salir de Florencia y dirigirse a Belén de los Andaquíes, el municipio donde Nidia había nacido y donde aún vivían sus padres, Evangelina y Vivianomota.
Fue allí a través de los recuerdos de su familia, donde empezaron a reconstruir el verdadero rostro de Nidia. Lo que descubrieron no solo ayudó a entender su historia, sino que también reflejaba la experiencia de muchas mujeres en Colombia. Mujeres que desde muy jóvenes enfrentan relaciones desiguales, violencia disfrazada de amor y responsabilidades impuestas demasiado pronto.
Nidia era apenas una niña cuando decidió dejar su casa. Tenía solo 13 años cuando se fue con un hombre mayor, un novio que había mantenido en secreto. La relación con sus padres, marcada por tensiones propias de la adolescencia, terminó por empujarla hacia lo que parecía. En ese momento, una salida. Evangelina, su madre, aún guarda el pesar de haberla dejado ir tan joven.
Desde entonces, la vida de Nidia estuvo marcada por relaciones tormentosas. Su primer esposo era celoso, posesivo y controlador. Apenas una adolescente, Nidia no solo debía soportar la presión emocional, sino también encargarse del hogar y de los gastos, mientras él no aportaba nada. A temprana edad ya era madre de dos hijos y llevaba sobre los hombros una carga que muchas mujeres apenas empiezan a comprender siendo adultas.
Cuando esa primera relación terminó, regresó a casa de sus padres con sus hijos. tenía alrededor de 20 años. Durante un tiempo pudo vivir con algo de tranquilidad, apoyada por su familia. Pero esa calma fue breve. Poco después volvió a involucrarse con otro hombre, una segunda relación difícil. Vivieron juntos durante 4 años hasta que descubrió que él tenía otra familia.
La separación llegó en medio de otra situación compleja. Nidia estaba embarazada de nuevo. Fue en 2009. Evangelina recuerda bien ese periodo. El embarazo fue duro. Nidia estaba sola, emocionalmente golpeada y con un futuro incierto. Su madre la cuidó durante esos meses, acompañándola hasta el nacimiento de su hija.
Con su último embarazo, algo empezó a cambiar en Nidia. A sus 22 años era madre soltera de tres hijos y comenzaba a sentirse inconforme con su vida. Sentía que su adolescencia y su juventud se habían esfumado. Fue entonces cuando se propuso varias metas. Sin seguir ninguna dieta, logró terminar el bachillerato. Al recibir su grado, se independizó y comenzó a trabajar donde la invitaran.
Si surgía trabajo en una finca, ella iba. Si necesitaban ayuda en otro lugar, también estaba dispuesta. Un año después logró reunir el dinero necesario para comprar su propia casa. Comenzaba a ser una mujer independiente, libre y capaz de tomar decisiones por sí misma. Fue por ese tiempo que apareció X Santo Rada, un jornalero, hijo de la dueña de una casa ubicada frente a la avenida.
Evangelina, su madre, recordaba que Nidia le mencionó que había un muchacho que le gustaba. Aunque no estaba segura, él le enviaba detalles a través de los niños. Evangelina le aconsejó que tuviera cuidado. Sus padres no querían que repitiera la historia de sus anteriores relaciones, pero lo que no imaginaban era que Nidia estaba a punto de entrar en una verdadera pesadilla.
A pesar de vivir sola y en paz, sin rendirle cuentas a nadie, terminaron viviendo juntos. El río pescado que atraviesa el municipio de Belén de los Andaquíes, fue testigo de esa relación. Como muchas otras parejas, Nidia y Xanto solían pasar allí los fines de semana. En ese momento, su relación parecía tranquila. Pero así como el río crece en invierno, su relación pronto se volvió turbia y peligrosa. Él era muy celoso.
No quería que Nidia conversara con otros hombres. Ella, en cambio, era muy sociable, querida por muchos. Si alguien la saludaba, él reaccionaba mal y la acusaba sin motivo. La relación duró apenas 4 meses. Según sus padres, con el tiempo X, Santo se volvió más posesivo y violento. En una ocasión, Nidia llamó a su madre y le pidió que llamara a la policía porque él la estaba agrediendo.
Nidia ya no era la misma mujer de antes. había dejado atrás la sumisión y tenía muy claro que no quería volver a vivir controlada por un hombre. Esta vez no permitió que pasara demasiado tiempo antes de alejarse. Cuando él le pegó, ya estaba decidida a terminar la relación. Pero a diferencia de sus relaciones anteriores, alejarse de X Santo no fue fácil.
Él continuó buscándola con insistencia. La seguía, la amenazaba, le decía que si no era para él, no sería para nadie. Ella intentaba quitarle importancia a sus amenazas, le pedía que la dejara en paz, que buscara a otra persona, pero él no aceptaba un no como respuesta. Pasaron 6 meses desde la ruptura y él seguía acosándola.
Fue entonces cuando Nidia decidió aceptar un trabajo en una finca lejos de Belén de los Andaquíes, con la esperanza de que él no la encontrara, pero ni siquiera eso fue suficiente. X Santo estaba obsesionado, la buscó, la encontró y al recibir una nueva negativa de su parte reaccionó con violencia. La golpeó brutalmente y la violó.
Quedó con el rostro hinchado, cubierto de moretones, irreconocible. Nidia tomó la decisión de denunciarlo ante la fiscalía de Belén. Durante dos meses permaneció en casa de sus padres recuperándose. Cuando se sintió con fuerzas buscó una nueva oportunidad. Quiso empezar de cero. Se trasladó a Florencia para trabajar como empleada doméstica interna.
Sus padres vieron en ese cambio una posibilidad de alivio. Pensaban que lejos de X Santo podría volver a tener tranquilidad. Pero don Viviano, su padre, no compartía esa confianza. Para él la amenaza seguía latente y cuando su hija fue hallada sin vida, no tuvo dudas. Ese hombre la había matado. Los investigadores coincidieron con esa sospecha.
Lo primero era identificar plenamente a Xorrada. Revisaron la denuncia que Nidia había presentado meses atrás. Allí encontraron una advertencia clara. Si algo le ocurría, ella responsabilizaba directamente a X Santo con esa prueba en mano y gracias al número de identificación consignado en el documento, solicitaron a la Registraduría Nacional la fotografía del hombre.
Don Viviano confirmó que se trataba del mismo sujeto. La imagen fue comparada con los videos de la residencia donde apareció el cuerpo de Nidia. El análisis de los rasgos físicos y morfológicos permitió establecer que con alta probabilidad se trataba de la misma persona. Con el álbum en mano que incluía la fotografía de X Santorrada, los investigadores pidieron a las recepcionistas que identificaran al hombre que había tomado la habitación número 11.
Sin dudarlo, ambas lo señalaron. Sin embargo, persistía una duda. Si Nidia había huído de Belén de los Andaquíes, si lo había denunciado y quería mantenerlo lejos, ¿por qué se le veía tranquila con él en esa residencia? Esa misma pregunta rondaba entre los miembros de la familia Mota. Nadie entendía por qué Nidia aceptó irse con X Santo aquel día.
Para su familia, ella ya no tenía nada con él. Fue entonces cuando una prima Teresa Mota, reveló un secreto que Nidia había mantenido en silencio durante los últimos meses. Durante el tiempo que estuvo en Florencia, Nidia había confiado en ella. Según Teresa, Nidia sentía que había perdido su juventud, criando hijos al lado de hombres que no la valoraban.
Decía que quería recuperar el tiempo perdido. Después de lo vivido con X Santo había dejado de creer en el amor y no quería más compromisos. A pesar de las advertencias de su prima, Nidia había tomado una decisión. Vivir a su manera. Sin explicaciones. Mencionaba con frecuencia que los dejaría viendo un chispero, una expresión que reflejaba su necesidad de sacudirse de todo y todos.
Fue así como empezó a salir con dos hombres al mismo tiempo. Uno era el soldado del que ya sabían sus patrones y su familia. El otro X santo, con quien había retomado contacto en secreto. Teresa recordaba que Nidia hablaba de él no como alguien a quien amara, sino como una obsesión. Admitía que seguían viéndose, aunque nadie lo supiera.
Para los investigadores ya no quedaban dudas. La amenaza que X Santo le había hecho a Nidia, que si no era para él, no sería para nadie, se había cumplido. El costal que llevaba al tomar la habitación, sus movimientos con bolsas y el uso de un nombre falso para registrarse en la residencia confirmaban que lo había planeado todo.
Todo indicaba que lo hizo al enterarse de que Nidia tenía otra relación. En febrero de 2013, dos meses después del crimen, la fiscal Marta Tarazona obtuvo una orden de captura contra X Santo Rada. Sin embargo, cuando las autoridades fueron a buscarlo, sus familiares informaron que ya no estaba en el lugar. Había abandonado el departamento del Caquetá.
Recordaron que en las grabaciones de seguridad se veía a Nidia con un celular en la mano. Sin embargo, ese teléfono no fue encontrado en la habitación. Además, la llamada extorsiva recibida por los comerciantes, supuestamente de parte de los rastrojos, provenía de su número. Quedaba claro. X Santo se había llevado el celular.
Con esa pista se inició un estudio de la línea. El análisis confirmó que quien estuvo con Nidia se llevó el teléfono y lo siguió usando. Las señales mostraban el trayecto desde la residencia hasta el terminal y desde allí hacia otra ciudad. Las cámaras del terminal de Florencia confirmaron esta versión.
Solo unas horas después del crimen se le vio saliendo del lugar. Se emitió la orden de captura y se registró en el sistema de la Policía Nacional. El 5 de marzo de 2013, cuando ya nadie lo esperaba, un patrullero llamó desde IPALes. Habían capturado a X Sant Santo Rada. Había pasado 3 meses en Ecuador y fue detenido al intentar reingresar al país por la frontera.
Supuestamente venía a realizar una diligencia, pero al verificar sus documentos apareció la orden judicial. Al principio X Santo negó su responsabilidad. Sin embargo, tras recibir asesoría legal, aceptó los cargos, su abogado defensor, Humberto Polanco, explicó que su cliente asumía su responsabilidad y que entendía la gravedad del delito, aunque intentaba justificarlo desde un punto de vista pasional.
En su declaración, X Santo dijo que Nidia había sido el amor de su vida. reconoció que como toda pareja habían tenido problemas y que lo ocurrido esa noche fue impulsado por los celos. Según él era una especie de despedida. Ella volvería a su pueblo y él partiría a trabajar a otro lugar. Relató que celebraron juntos la Navidad, salieron a bailar, tomaron unos tragos y luego regresaron a la residencia.
afirmó que estuvieron juntos como pareja y que después se quedó dormido. En la madrugada, al ir al baño, escuchó el celular de Nidia vibrar, lo tomó y contestó. Era una voz masculina que preguntaba por ella. Según su testimonio, Xorrada afirmó que el hombre al otro lado del teléfono le dijo ser el novio de Nidia.
Esa revelación lo enfureció, despertó a Nidia, le entregó el celular y al escuchar esa voz, ella colgó de inmediato. Él le reclamó preguntándole si tenía otro hombre. Midia respondió que sí, que tenía un amante. En su interrogatorio, ex Santo declaró que en ese momento perdió el control. dijo haberse llenado de ira y que sin pensar tomó la navaja que siempre llevaba consigo por ser campesino y cometió el crimen.
Después, al darse cuenta de lo que había hecho, afirmó que usó un costal que, según él, llevaba por motivos de trabajo para envolver el cuerpo. La ató de pies y manos e intentó sacarla para abandonarla en algún lugar, pero al no lograrlo decidió huir. Un año antes, las calles de Belén en Caquetá estaban vestidas de fiesta.
Nidia planeaba regresar a casa para celebrar la Nochebuena con sus hijos y sus padres. La esperaban la cena, los regalos y el calor familiar. Y sí, volvió, pero de la forma más inesperada. El 24 de diciembre por la noche, su cuerpo fue entregado a la familia. La velaron esa misma noche, el 25 a las 11 de la mañana.
le dieron sepultura. Con las pruebas reunidas, la fiscal Marta Tarazona solicitó al juez que la condena contra X Santo Rada, registrado oficialmente como Crisanto Errada, fuera por homicidio agravado. basó su argumento en la situación de indefensión de la víctima, en las múltiples lesiones que sufrió y en los elementos que demostraban premeditación, la navaja, el costal, la cuerda y el uso de un nombre falso en el registro del hotel.
Sin embargo, al aceptar los cargos, la defensa de Crisanto logró negociar un preacuerdo. Con la confesión esperaban una rebaja de pena. Esta solo se haría efectiva si el juez a cargo aprobaba dicho acuerdo. De ser así, Crisanto Errada recibiría una condena de más de 30 años de prisión. Nidia Mota vivió gran parte de su vida huyendo de los amores que le hicieron daño.
Por alguna razón, el amor se convirtió en su karma y al final también en su condena. El caso de Nidia Mota Silva revela no solo un feminicidio brutal, sino también la historia silenciosa de muchas mujeres que han vivido bajo el control, los celos y la violencia disfrazada de amor. A pesar de haber buscado salir adelante, construir su independencia y rehacer su vida, Nidia fue perseguida por un pasado que no la dejaba en paz.
Su muerte expone las fallas sociales, culturales e institucionales que siguen dejando desprotegidas a las mujeres en situación de vulnerabilidad. Este caso nos recuerda que el amor no debe doler, controlar ni amenazar. Es urgente educar en relaciones sanas, en igualdad y en respeto. Desde edades tempranas, las mujeres tienen derecho a decir no, a comenzar de nuevo y a vivir sin miedo.
Como sociedad debemos escuchar las señales, no minimizar las denuncias y acompañar con empatía a quienes están en riesgo. La vida de Nidia no debe olvidarse. Debe convertirse en un llamado a proteger a quienes aún pueden ser salvadas. ¿Qué opinas sobre las decisiones que tomó Nidia a lo largo de su vida? ¿Qué consejo le darías a una mujer que hoy está pasando por algo parecido? ¿Por qué crees que muchas mujeres vuelven con quienes las lastimaron? Queremos saber tu opinión.
Te leemos en los comentarios.
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