EL MONSTRUO EN MEDELLÍN: SECUESTRO Y ASESlNATO POR UN AMOR RECHAZADO | EL CASO ERIKA PÉREZ

La mañana del domingo 13 de febrero de 2022, una llamada anónima al número de emergencias 123 puso en alerta a los equipos de rescate. En un tramo solitario del río Medellín, en Barbosa, a las afueras de la ciudad, fue hallado un cuerpo flotando cerca de las rocas. El rostro irreconocible, sin documentos, la ropa empapada, el cuerpo cubierto de hematomas.
Pero hubo un detalle que hizo estremecer a los investigadores. Un tatuaje de pluma detrás de la oreja izquierda. Era el tatuaje de Erik Shirley Pérez. ¿Qué fue lo que realmente ocurrió aquella noche? Erika Shirley Pérez Pérez era estilista en un salón especializado en alizado de cabello, profesión que eligió tras completar el bachillerato.
Su pasión siempre estuvo relacionada con el mundo de la belleza. En casa, Erika era el único sustento económico. Vivía con su madre, que tenía una enfermedad que limitaba su movilidad. Con su hermano, que tenía una discapacidad cognitiva, y con su hijo, que aún era menor de edad. Todo lo que ganaba lo compartía con ellos.
Incluso a veces prefería privarse de necesidades personales para cubrirlas de su familia. El 7 de febrero de 2022, Erika, de 37 años desapareció sin razón aparente. Según su madre, Mercedes Pérez, Erika salió de casa como cada mañana rumbo a su trabajo en un salón de belleza en Medellín. Durante el día mantuvo contacto habitual y todo parecía transcurrir con normalidad.
Esa noche, a las 21 hor18, Mercedes intentó comunicarse con ella. Erika respondió que estaba con una compañera y que ya iba de regreso a casa en el metro. Sin embargo, pasaron los minutos y no regresó. A las 10 de la noche, Mercedes comenzó a llamarla insistentemente. Uno de los teléfonos no estaba disponible y el otro iba directamente al buzón de voz.
Fue entonces cuando sintió que algo no estaba bien. Cerca de la medianoche, al ver que Erika no regresaba, Mercedes Pérez se comunicó con Yair Gudelo, la pareja sentimental de su hija. Él le confirmó que Erika le había dicho que ya iba de camino a casa más temprano, según Yair, habían hablado mientras ella aún se encontraba en el trabajo.
Le comentó que se quedaría un rato más con sus compañeras, como solía hacer en ocasiones anteriores. Él mismo la recogía o la acompañaba mientras las otras compañeras tomaban transporte. Erika no solía irse hasta que todas estuvieran seguras. Aproximadamente dos horas después volvieron a hablar. Erika le dijo que mejor tomaría un Uber.
Luego mencionó que un hermano de una compañera la llevaría a casa. Esa fue la última vez que tuvo noticias de ella. Después de esa llamada, Yair intentó contactarla hasta las 2 de la mañana, pero el teléfono ya estaba apagado. No era común que Erika desapareciera sin avisar. Siempre informaba dónde estaba, con quién o pedía que la recogieran.
A primera hora del martes, Mercedes fue a la fiscalía para reportar la desaparición. Al principio no quisieron tomarle la declaración, alegando que habían pasado pocas horas. Sin embargo, Mercedes insistía en que su hija no había llegado a casa. En medio de la angustia, empezó a contactar a familiares y conocidos.
Daniela González, prima de Erika, también se preocupó al recibir la llamada de Mercedes, preguntando si Erika había pasado la noche con ella. Respondió que no y le pareció extraño que no hubiese llegado a casa. intentó llamarla y escribirle por WhatsApp, pero notó que la foto de perfil había desaparecido. Además, muchos amigos confirmaron que también habían sido bloqueados.
La familia comenzó a temer lo peor. Pensaban que alguien podría haberla raptado, posiblemente abusado, robado o incluso drogado. La familia de Erikaa manejaba varias hipótesis y buscaba respuestas urgentes. Una de las primeras suposiciones fue que quizá se había quedado en casa de alguna compañera. Sin embargo, al contactarlas, todas confirmaron que Erika había permanecido en el trabajo con una mujer llamada Marisol.
Marisol Gómez era una compañera nueva que había comenzado a trabajar en el salón apenas un mes antes. Tenía 35 años y según la información recabada fue quien estuvo con Erika el día de su desaparición. También estaba presente su hermano Juan Esteban Álvarez de 28 años. De acuerdo con el relato, Erika terminó quedándose con él.
La familia pudo verificar parte de esta información mediante una cámara de seguridad. En las imágenes se ve a Erika saliendo del salón alrededor de las 7 horas 30 de la noche junto a Marisol y Juan Esteban y dirigiéndose a un bar cercano. Otra cámara mostró a Erika saliendo de ese establecimiento a las 11 horas con35P en compañía de Juan Esteban.
Para Yolima no había señales inmediatas de sospecha. Marisol se mostró colaborativa y dispuesta a hablar. Con esta información, la familia inició una búsqueda activa desde el mismo martes. Se organizaron a través de redes sociales y comenzaron a recorrer zonas cercanas. Participaron entre 60 y 70 personas recorriendo hospitales en caso de que Erika hubiera sufrido un accidente o estuviera bajo efectos de alguna sustancia.
Buscaban empanaderías y restaurantes, pensando que Erika, si estaba perdida o vulnerable, podría haber intentado conseguir comida o refugio. Fue una búsqueda intensa y desgastante, pero sin resultados. Ante la falta de pistas, comenzaron también a distribuir volantes con su foto mientras continuaba la búsqueda.
Daniela, prima de Erika, informó a las autoridades. Ya habían pasado muchas horas desde la desaparición, alrededor de las 3 o 4 de la tarde del martes 8 de febrero de 2022. fue trasladada por el Gaula Militar al búnker de la Fiscalía en Medellín, donde logró hablar con un investigador e instaurar la denuncia formal por desaparición.
Las autoridades solicitaron información detallada sobre Erika. Vestía una blusa blanca transparente, una chaqueta negra de cuero, un pantalón negro de trabajo y unos tenis blancos. También tenía un tatuaje de atrapasueños detrás de la oreja. Con estos datos, la fiscalía comenzó oficialmente la investigación. Esa misma tarde, hacia las 6, la familia empezó a recibir llamadas anónimas en los números que habían compartido en redes sociales junto con la foto de Erika.
En esas llamadas, algunas personas afirmaban haber visto a una mujer con características similares a las de Erika, desorientada y llorando en sectores vulnerables de la ciudad. La familia se movilizó inmediatamente hacia esos lugares con ropa, con la esperanza de encontrarla y asistirla. Buscaron por toda la ciudad, pero no hubo rastro de Erika.
Ya se cumplían más de 24 horas de su desaparición y el desespero crecía. El miércoles 9 de febrero decidieron contactar a Marisol, la compañera que había estado con Erika la última noche. Al hablar con ella por teléfono, le explicaron la gravedad de la situación y le pidieron la placa de la moto en la que Erika había sido vista por última vez.
Marisol proporcionó el número de Juan Esteban, su hermano. Cuando llamaron a Juan Esteban, respondió de forma cortés y expresó comprensión por la angustia de la familia. Le pidieron que indicara el lugar exacto donde había dejado a Erika para poder verificar cámaras de seguridad. Él afirmó que ambos habían estado en el barrio Villahermosa y que dejó a Erika en un parque, una cuadra más abajo, cerca de unos árboles.
Ante la insistencia por obtener una referencia más clara del sitio, respondió que no recordaba bien, que era de noche y había consumido alcohol. Según la versión que Juan Esteban le proporcionó a Daniela, Erika no quiso regresar a casa en motocicleta. Él aseguró que ella le pidió que se detuviera porque prefería irse en un carro.
Ambos esperaron juntos y cuando llegó una amiga de Juan Esteban, él se marchó con ella dejando a Erika sola en el lugar. Afirmó no saber qué ocurrió después, pero reconoció que dejarla allí. De noche, en una zona solitaria rodeada de árboles, pudo haberla dejado en una situación de vulnerabilidad, la familia continuó la búsqueda incansablemente.
Esa misma noche llegaron al parque señalado por Juan Esteban, ubicado cerca de la estación del metro hospital, próxima al lugar de trabajo de Erika. Revisaron cámaras de seguridad, pero no encontraron ninguna imagen que aportara claridad al caso. Ante la falta de avances, el jueves siguiente decidieron intensificar los esfuerzos.
Comenzaron a organizar marchas. No descansaban, se turnaban entre el día y la noche para seguir buscando. La desaparición de Erika, una mujer de 37 años, empezó a captar la atención de los medios de comunicación. La historia fue difundida ampliamente, pero aún no había ninguna pista sólida. La mañana del domingo 13 de febrero de 2022, Medellín fue sacudida por un hallazgo macabro.
A las 9, un llamado al 123, alertó sobre la presencia de un cuerpo sin vida en el río Medellín, en el municipio de Barbosa, Vereda Laticho. La Sijin, asumió el caso de inmediato. El capitán Julián Andrés Maldonado Rodríguez, jefe de la línea investigativa, confirmó que el reporte movilizó al equipo de criminalística. Debido a que el cuerpo se encontraba dentro del río, fue necesario solicitar apoyo de los bomberos para llevar a cabo la extracción.
Al lugar acudieron uniformados de la Sijiní y unidades del grupo de bomberos de Barbosa. Jenny Jaramillo, líder del grupo, explicó que la zona era de difícil acceso, lo que obligó a realizar maniobras de rescate con cuerdas. El cuerpo fue asegurado y trasladado a un punto seguro para ser entregado al cuerpo técnico de investigación.
El cuerpo fue encontrado en condiciones que evidenciaban el paso del tiempo desde su fallecimiento. Se encontraba cerca de la orilla del río. A pesar del estado en que fue hallado, los investigadores realizaron la documentación correspondiente y registraron cuidadosamente cualquier rasgo que pudiera ayudar a su identificación.
El intendente Dan Yamir Ibarra, fotógrafo forense de la Sijin de Medellín, informó que no fue posible establecer en ese momento si había heridas causadas por armas cortopunzantes debido al deterioro del cuerpo. No se encontraron pertenencias personales junto al cuerpo. Sin embargo, los investigadores lograron identificar algunos tatuajes, entre ellos uno característico, una pluma ubicada en el costado izquierdo.
Debajo de la oreja, como es protocolo en casos de cuerpos hallados en ríos, las autoridades consultaron con la unidad de desaparecidos para establecer si coincidía con alguna denuncia previa. El cuerpo fue trasladado a medicina legal para realizar la inspección técnica de cadáver y determinar causa, modo y mecanismo de muerte.
Además de su identificación formal, paralelamente se notificó a los familiares de Erika, cuya desaparición había sido reportada una semana antes. Algunos de ellos se dirigieron de inmediato a medicina legal. Al llegar, fueron recibidos con cautela. Fue gracias al cabello de la víctima que pudieron encontrarla. El tatuaje detrás de la oreja fue la primera señal que permitió confirmar su identidad.
Aunque esa información no fue compartida de inmediato con todos los familiares, la posibilidad de establecer si Erikaa fue abusada sexualmente antes de morir quedó sin respuesta. El tiempo prolongado que pasó el cuerpo en el agua impidió recuperar evidencia forense útil. La noticia de su muerte fue devastadora para su madre, quien recibió la llamada mientras se dirigía en bus hacia el parque de Villaa.
El informe médico indicó que Erika había muerto por asfixia y presentaba múltiples golpes. Con la identificación del cuerpo, el caso pasó a manos de la Sijiní como un homicidio. La desaparición ya no era una hipótesis, se trataba de un crimen. La investigación comenzó por establecer el marco temporal de la muerte y el último momento en que Erika estuvo con vida.
El primer elemento clave fue un video captado por una cámara de seguridad en el lugar donde trabajaba. En las imágenes se ve a Erika al salir del salón cerrando el establecimiento y dirigiéndose en compañía de una mujer, presuntamente su compañera Marisol y un hombre identificado como Juan Esteban, hermano de Marisol.
La investigación continuó con una nueva entrevista a Marisol Gómez, compañera de trabajo de Erika, esta vez realizada por agentes de la Sijiní de Medellín. Marisol relató que al finalizar la jornada laboral llegó su hermano Juan Esteban. Ya estaban cerrando el local cuando él las invitó a tomar algo en un bar cercano. Compartieron algunas cervezas y pusieron música.
Según Marisol, Erika se mostraba muy contenta esa noche. Marisol afirmó que alrededor de las 9 de la noche comenzó a sentirse mal, le pidió dinero a su hermano para pagar el transporte y se retiró del lugar. Desde ese momento dijo no tener conocimiento de lo que ocurrió con Erika. Los investigadores consideraron que Marisol parecía genuinamente preocupada y colaborativa.
Por eso decidieron buscar otras fuentes de información. Contactaron al administrador del bar donde estuvieron esa noche. Él confirmó que las tres personas llegaron al lugar después de las 9 hor30p y permanecieron allí hasta alrededor de las 11 horas con30 pm. Fue entonces cuando una de las mujeres Marisol se retiró.
Y Erika quedó sola con Juan Esteban. Ferney Guiraldo, el administrador, detalló que él mismo los atendió. Inicialmente pidieron tres cervezas y luego solicitaron cuatro rondas más. En algún momento, Erika mencionó que debía irse porque tomaría el metro. Fue entonces cuando Marisol le dijo que su hermano la podía llevar. Aunque Erika no parecía en estado avanzado de embriaguez, sí se notaba afectada por el licor, especialmente porque no era una persona habituada a consumir alcohol.
A las 11 horas 35 pm, ambos salieron del bar, cruzaron la calle hacia un punto donde había una imagen religiosa, lugar donde Juan Esteban tenía su motocicleta estacionada. El administrador los vio claramente mientras él le colocaba el casco a Erika. Desde su perspectiva, todo parecía indicar que ella se iba voluntariamente con él.
No notó ninguna actitud sospechosa. Incluso los investigadores lograron confirmar que Erika y Juan Esteban mostraban un comportamiento alegre y relajado. Después de que Marisol se fue, ambos continuaron conversando y bailando. Nada en su conducta esa noche sugería tensión o peligro. Ante la falta de respuestas, los investigadores decidieron ampliar el análisis de cámaras de seguridad del sector.
Era posible que alguna imagen aportara una pista clave. Se revisaron grabaciones tanto públicas como privadas. En una de estas se confirmó visualmente que Juan Esteban y Erika salían juntos del establecimiento esa noche. En los registros fílmicos se observó que Erika ya mostraba signos evidentes de alicoramiento. Caminaba con dificultad, se tambaleaba y en un momento incluso cayó sobre la vía pública mientras se dirigía al lugar donde Juan Esteban tenía estacionada su motocicleta justo al frente de la peluquería. En la misma grabación se ve
como él le insiste repetidamente para que se vaya con él, le ofrece el casco, se lo pone y finalmente ella accede a subir a la moto. Al día siguiente la desaparición, Marisol se comunicó con su hermano. Dijo que todo el mundo le preguntaba por Erika y que le parecía extraño que hubiese desaparecido. le pidió que si estaban juntos se lo dijera, que no diría nada, pero que necesitaba saberlo para calmarse.
Juan Esteban respondió que no sabía nada de Erika, siendo él la última persona en ser vista con Erika. El capitán Maldonado, jefe del equipo de investigación, decidió interrogarlo directamente. Juan Esteban confirmó lo mismo que habían dicho Marisol y el administrador del bar. aseguró que aunque Erika inicialmente quería irse en metro, él le propuso acercarla por la hora y por su estado.
Según su testimonio, Erika se bajó de la motocicleta en un punto cercano al metro y él siguió su camino hacia su casa en el barrio Santa Lucía. Había pasado casi una semana desde la desaparición y no había evidencia concreta que explicara qué ocurrió entre el momento en que Erika subió a la moto y el hallazgo de su cuerpo. Ante la falta de claridad, los investigadores decidieron profundizar en el círculo cercano de Erika, empezando por su pareja sentimental.
Según la familia de Erika, ella y Yair eran una pareja común y corriente. Dentro de esa relación cercana, Erika solía compartir las dificultades que tenía con él. Como cualquier pareja, la noche de la desaparición, según las autoridades, surgieron señales de conflicto. Mientras Erika estaba en el establecimiento con Marisol y Juan Esteban, recibió una llamada.
El administrador confirmó que salió a hablar por teléfono y discutía fuertemente con alguien que luego se identificó como su pareja sentimental. Los investigadores comenzaron a considerar la posibilidad de que Yair estuviera relacionado con la muerte de Erika. Surgió una hipótesis que tal vez por celos la hubiera agredido o incluso asesinado y que estuviera ocultando la verdad.
Sin embargo, no se tomó contacto directo con él. De inmediato. Se realizó un seguimiento pasivo, ya que era quien había reportado la desaparición. Aunque se conocían tensiones en la relación, no había indicios sólidos que lo vincularan directamente con los hechos. Por eso, las autoridades regresaron con los familiares para esclarecer dudas.
Sin embargo, estos se mostraban escépticos ante la posibilidad de que Yair fuera culpable. Afirmaban que la relación era estable, sin señales de violencia ni maltrato. Él la visitaba con frecuencia y ella también iba a su casa. Aunque el perfil de Yair despertaba dudas, no era el único sospechoso.
La investigación debía continuar. Se solicitó a la fiscalía la interceptación de comunicaciones, tanto de Juan Esteban, la última persona vista con Erika, como del propio Yair. Mientras tanto, los agentes realizaron un barrido de cámaras para verificar la versión de Juan Esteban. El objetivo era confirmar si la motocicleta que se desplazaba esa noche era efectivamente la suya y si quien la acompañaba era Erika.
Sin embargo, debido a que era de madrugada y el vehículo se movía a gran velocidad, las imágenes no permitían una identificación clara de las dos personas. En el análisis de cámaras de seguridad, los investigadores realizaron un trabajo minucioso para identificar detalles específicos que permitieran confirmar la identidad de las personas en movimiento.
Un elemento clave fue el bolso que Erika llevaba al salir de su lugar de trabajo. Ese mismo bolso, siempre a su espalda, aparecía en cada grabación en la que se observaba la motocicleta, transitando por distintos puntos de la ciudad. Gracias a ese detalle se logró rastrear el trayecto de la moto en la que viajaba junto a Juan Esteban desde el oriente de Medellín hasta el occidente.
El recorrido fue seguido cámara por cámara. Durante este seguimiento, los investigadores notaron un detalle que cambió el rumbo de la investigación. Juan Esteban no se detuvo en el punto donde había afirmado haber dejado a Erika. Por el contrario, las cámaras lo captaron avanzando por la avenida regional hacia el sur.
Luego por la avenida Colombia hasta llegar al sector de la calle 80 con carrera 50 en el barrio Santa Lucía, donde él vivía. Las autoridades comenzaron a cuestionarse por qué Juan Esteban habría mentido sobre el lugar en que dejó a Erika. El trayecto tomó aproximadamente 30 minutos en condiciones de vía despejada entre las 11 horas con 30p y las 12 horas 30 am.
Todos los indicios apuntaban a que Erika llegó hasta la residencia de Juan Esteban. Las razones de ese desplazamiento seguían sin esclarecerse, pero en el contexto de haber estado compartiendo bebidas alcohólicas, el hecho de llevarla a su casa podía insinuar otras intenciones más allá de una simple cortesía. A la par, las interceptaciones de comunicaciones realizadas a Yair, el novio de Erika, empezaban a arrojar resultados.
En las conversaciones interceptadas a Yair, pareja sentimental de Erika, no se encontró ninguna relación con los hechos. Solo se evidenció a un hombre preocupado, triste, que la buscaba activamente junto con la familia. Esto llevó a las autoridades a descartar su posible implicación en el crimen. Con Yair fuera de sospecha, la atención se centró por completo en Juan Esteban, quien hasta ese momento era el único sospechoso.
La policía judicial solicitó una diligencia de allanamiento y registro en su vivienda. Durante el procedimiento, los peritos aplicaron reactivos especiales para detectar fluidos, específicamente sangre. El reactivo Blue Star dio resultado positivo en varias zonas de la casa. Todas las muestras fueron documentadas fotográficamente y entregadas a medicina legal.
Las autoridades ordenaron cotejar estas muestras con las del cuerpo de Erika. El análisis forense confirmó que la sangre encontrada en la vivienda pertenecía a Erika. Con esta evidencia, los investigadores contaban con motivos razonables y fundados para establecer que Juan Esteban era el responsable de su muerte.
Con la evidencia material ya recolectada a las autoridades. Solo les faltaba establecer el motivo detrás de la muerte de Erika. Sin embargo, mientras intentaban esclarecer ese punto, una nueva interceptación telefónica aportó una prueba aún más contundente. En una conversación grabada entre Juan Esteban y su hermana, se le escuchaba asumir cierto grado de responsabilidad en los hechos relacionados con la desaparición de Erika, aunque algunos familiares afirmaron no haber escuchado el audio directamente.
Los investigadores sí tuvieron acceso a la grabación donde Juan Esteban reconocía lo ocurrido. El 1 de marzo de 2022, el juzgado primero promiscuo municipal, con función de control de garantías de Barbosa, Antioquia, emitió una orden de captura contra Juan Esteban Álvarez Gómez, de 28 años. La detención se llevó a cabo dos días después, justo afuera de su residencia.
Una vez se confirmó científicamente que la sangre hallada en su vivienda correspondía a Erika en el momento de su arresto, Juan Esteban no ofreció resistencia, se mostró colaborador y permitió que el procedimiento se realizara sin incidentes. Tura, Juan Esteban Álvarez Gómez fue presentado ante un juez de control de garantías.
A pesar de las pruebas contundentes en su contra, no aceptó los cargos. El juez le impuso medida de aseguramiento intramural mientras avanzaba el proceso judicial. Durante la investigación, la fiscalía lo citó a interrogatorio, donde la versión de los hechos dio un giro inesperado. Juan Esteban admitió que había llevado a Erika a su casa con la intención, según él, de pedirle un taxi para que regresara a su residencia.
En ese momento, según su versión, Erika le habría expresado que atravesaba una situación emocional muy difícil y que ya no quería continuar así. Según su testimonio, los hechos ocurrieron entre las 12:30 y la 1 hora de la madrugada. Afirmó que al día siguiente salió a trabajar y al regresar no sabía cómo proceder.
Tomó la decisión de trasladar los restos desde su vivienda hasta un punto de la ciudad. Allí los dejó en las cercanías del río Medellín. Tras esta confesión, el 31 de mayo de 2022, Juan Esteban accedió a un preacuerdo con la fiscalía. aceptó los cargos por feminicidio agravado, según lo acordado con su defensa técnica y el ente acusador.
La investigación concluyó que Juan Esteban intentó forzar una situación no consentida con Erika y ante su negativa reaccionó de forma violenta. Bajo los efectos del alcohol, la agredió físicamente y finalmente le quitó la vida. El 23 de julio de 2024, la jueza cuarta penal del circuito de Medellín, Mónica al Quintero, dictó sentencia Juan Esteban fue condenado por feminicidio agravado y recibió una pena de 376 meses de prisión, equivalentes a 31 años y 4 meses, los cuales deberá cumplir en un establecimiento carcelario asignado por el Instituto Nacional Penitenciario.
para su hermana. La condena fue una carga más. Sentía que debía enfrentar el juicio social por lo que él había hecho. Aunque no tuviera responsabilidad alguna. ¿Crees que los signos de alerta en una relación siempre son evidentes? ¿Qué le dirías a Erika si pudieras hablarle hoy? ¿Qué piensas que se debería hacer para prevenir más casos como este? Deja tu opinión en los comentarios y no olvides suscribirte al canal.
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