El bebé millonario siempre tenía hambre. El padre regresó temprano y vio lo que

había en su biberón. Sebastián Velázquez llevó el biberón a sus labios y probó el

líquido blanquecino que supuestamente era leche de fórmula aptamil importada

de Alemania, la que costaba 50 pesos por lata y que él compraba

religiosamente cada semana para su hijo Miguel de 4 meses. El líquido tocó su

lengua y Sebastián casi vomitó. No era leche, era agua. agua con algo disuelto

que le daba color blanquecino y textura ligeramente espesa, pero definitivamente

no era leche. Sabía a nada, con regusto a tiza o yeso, completamente sin

nutrientes, completamente sin las proteínas y grasas que bebé de 4 meses

necesitaba desesperadamente para sobrevivir. Sebastián escupió el líquido

en la babo de su baño de mármol, sintiendo náusea subiendo por su garganta. Durante las últimas seis

semanas, su hijo había estado llorando constantemente de hambre. Durante las

últimas seis semanas, Mariana, la niñera había estado asegurándole que Miguel

estaba comiendo perfectamente, que tomaba todos sus biberones, que

simplemente era bebé demandante que quería atención constante. Y durante las

últimas seis semanas su hijo había estado tomando agua con tiza en lugar de

leche. Sebastián miró su reflejo en espejo, sus ojos color café oscuro,

ahora ardiendo con rabia que nunca había sentido antes. Era CEO de empresa de

tecnología financiera que había fundado hace 8 años, empresa que ahora valía 420

millones de dólares. Había negociado con inversionistas despiadados, había

enfrentado competidores agresivos, había navegado crisis financieras, pero nunca

había sentido rabia como la que sentía ahora. Alguien estaba matando de hambre

a su hijo deliberadamente, sistemáticamente, miró su reloj Patc Philip de 850,000es.

Eran las 11:52 pm. Había regresado temprano decena de negocios con

inversionistas japoneses porque algo le había estado molestando todo el día.

Instinto paternal que le decía que algo estaba terriblemente mal en casa.

Normalmente habría llegado a medianoche o más tarde, dando tiempo suficiente

para que Mariana preparara todo para noche sin saber que sería observada.

Pero esta noche, por primera vez en semanas, Sebastián había llegado

inesperadamente temprano. Sebastián puso el biberón con agua falsa en repisa de

baño. Sacó su iPhone 15 Pro Max de 35,000 pesos y abrió aplicación de

cámara. Necesitaba documentar esto. Necesitaba evidencia de lo que estaba

pasando en su casa. Fotografió el biberón desde múltiples ángulos. Luego

vertió líquido en vaso transparente y fotografió eso también, mostrando

claramente cómo se veía diferente de leche real, cómo tenía consistencia

aguada con sedimento blanquecino flotando. Mientras trabajaba, escuchó

sonido que hizo que su corazón se rompiera. Llanto de Miguel desde

Narcery, dos puertas abajo en pasillo del segundo piso. No era llanto fuerte y

urgente que había escuchado cuando entró a casa 30 minutos antes. Era llanto más

débil, derrotado, llanto de bebé que había aprendido que gritar no traía

comida, que había aprendido que hambre era estado constante sin alivio.

Sebastián salió de su baño caminando silenciosamente por pasillo hacia

nursery de 45 m cuadrados que había decorado personalmente cuando nació

Miguel, gastando 3.8 millones de pesos en crear espacio perfecto. Papel tapiz

importado de Inglaterra con diseños de animales de safari. Cuna convertible de

marca Stocke de 180,000es. Cambiador de mármol personalizado de

95,000 pes. Sillón de lactancia de cuero italiano de 120,000 pes. Móvil musical

de cristal de Swarovski de 85,000 pes. Puerta de nursery estaba entreabierta.

Sebastián se acercó silenciosamente y miró a través de abertura. Lo que vio

hizo que tuviera que morderse el labio para no gritar de rabia. Mariana Solís,

niñera de 34 años, a quien pagaba 45,000 pesos mensuales, más habitación y

comida, estaba sentada en sillón de lactancia italiano de 120,000 pesos,

pero no estaba cuidando a Miguel. No estaba consolando a bebé que lloraba débilmente en su cuna a 2 metros de

distancia. Estaba comiendo. Frente a ella, en mesa auxiliar de nogal de

35,000 pesos, había banquete completo. Sebastián reconoció inmediatamente la

comida. Era del catering privado que había ordenado para cena de esta noche.

Comida preparada por chef privado, quien cobraba 8500 pesos por servicio. Comida

que se suponía era para invitados especiales que Sebastián había planeado

recibir mañana. Había plato de salmón ahumado noruego que costaba 2,800 pesos

por kilo. Había selección de quesos importados, bri francés de 1200 pesos

por kilo, manchego español de 950es. Gorgonzola italiano de 1400es.

Había pan artesanal de panadería exclusiva que cobraba 450 pesos por

Ogaza. Había botella de vino tinto Chateau Margot 2015. que había costado

38,000es. Mariana estaba comiendo con abandono,

llenando su plato con salmón, cortando quesos generosamente, bebiendo vino

directamente de botella de 38,000 pes. Su rostro mostraba satisfacción pura

mientras masticaba bocado grande de bríe con pan artesanal. Y a 2 met de