Una madre ambiciosa obligaba diariamente a su pequeña hija enferma a fingir tristeza frente desconocidos para conseguir dinero fácil en las calles, sin sospechar que aquella grabación viral terminaría exponiendo secretos aterradores capaces de destruir completamente su vida y libertad para siempre jamás.

Y bueno, como lo ensayamos, ¿eh? Porque si no traes dinero hoy no comes. Pero mamá, tengo miedo. Ay, bueno, con miedo lo vas a hacer. Y si no, también. Órale, a chambear. Córale. Eso. Gracias. Gracias. Esta chiquilla es mi minita de oro. Con esta. Ay, qué bueno que me acordé. Espérame, voy a hacer ahora sí mi reservación allá en el en el Mayan Palacio.

Achis, Achis, a poco también tú eres del mundo de la artisteada. Hago malabares. ¿Y tú qué haces? Ah, pues yo soy el mismísimo Pedro Allende. Toco las rancheras mejor que nadie. Pero ya En serio, chiquilla, ¿esta es tu esquina o qué? Sí, esta es mi esquina. Órale, muy bien. Pero las niñas como tú deben estar en la escuela y no en la calle trabajando.

 Eso déjalo para las personas fracasadas con bigote chueco como yo. Pero ya, en serio. ¿Cómo te llamas? Me llamo lucero, pero de cariño me dice lucerito. Así que para los cuates, lucerito. Luceritos, pues, nombre de artista ya tienes, ¿eh? Ah, caray. Ya sé quién es o qué. Pero ya, ¿en serio? Hasta los mejores artistas han ido a la escuela.

A ver, a ver, a ver. Órale. ¿Y usted quién es o qué? Yo no más te aviso. Esta es nuestra esquina. La tuya está allá como por la colonia. Una bien lejos, bien lejos, ¿eh? Y no más te digo, la gente rica a qui no le gustan las rancheras. ¿Cómo ves? Sin ningún problema, mi señito. Con permiso, joven damela. Lucerito.

Aches, tú. ¿Cuánta confiancita, ¿eh? A ver, ¿no te robó nada? Ay, no. Oye, te fue muy bien. ¿Te parece si nos vamos a la otra esquina? Sí. Ay, muy bien. Esa es la actitud. La verdad es que está todo muy bien, ¿eh? De verdad. Hola, hija. Hola, ¿cómo estás? ¿Por qué traes a la niña vestida así? Ah, lo que pasa es que vamos a ir a una fiesta infantil de sus compañeritos de la escuela.

 Hija, pero Lucerita es una niña muy bonita. Digo, pudiste haberla vestido, no sé, como princesita, como como las películas modernas de ahora de niños. Mamá, es que las princesas son bien comunes y ella quiso vestirse así, ser una payasa bonita. Bueno, entiendo, pero ¿dónde va a ser la fiesta? Que yo sepa, la niña no tiene amistades por este barrio.

No, ¿verdad? No, lo que pasa es que, mira, por eso es que tuvimos que venirnos bien temprano a tomar el camión, porque nos queda lejos, lejos. Ay, hija, ya sabes, cuando necesites yo te puedo pedir un taxi. No, Amaira, te vi cansada, de verdad. Y yo dije, “No, mi jefita, mejor no. ¿Qué te parece si mejor llevas pancito en la casa y al ratito desayunamos?” Sí, abuelita, ya que salga el solcito.

Tal vez dices bien. Entonces, nos vemos en la casa, compro el pan y allá las espero. Ándale, adiós, mi reina. Bye, abuelita. Suerte que se diviertan. Sí. Bueno, vámonos a trabajar, ¿eh? Ay, ya marté de mentir a la abuela. Yo maré de trabajar y vestirme así. Quiero ir a la escuela como los demás niños. Mi hija, usted nació para trabajar, así es que vámonos a trabajar.

 Órale, estás resongando. Es que te encanta andar resongando todo el tiempo. Ya, don Rigoberto, ¿eh? Ya sabes qué hacer. Pero mamá, estoy muy cansada y no he comido.  levántate floja. ¿Y tú crees que eso a mí me importa? No, ¿verdad? Y tampoco te pregunté. Va, gracias, viejo panzón y pelón. Acuérdate que todos los pelones son bien malos, ¿eh? Así es que ya sabes qué hacer. Órale.

Hola, Lucerito. Hola. ¿Está tu mamá? Ah, no, no está. Ah. ¿Y sabes a qué hora va a regresar? Ah, se fue de viaje. De viaje otra vez. Sí. ¿Y te dejó solita? Ajá. Otra vez. Mira, Lucerito, dile a tu madre que ya me deben 14 meses de renta y si no me pagan, mañana mismo las pongo de patitas en la calle.

 ¿Sí entendiste, verdad? Ajá. Ajá. Sí. Vente, mi Jaira. Qué orgulloso estoy de ti. Estás aprendiendo a mentir muy bien, ¿eh? Porque acuérdate que la gente inteligente como yo somos las que prosperamos en este mundo, ¿eh? Y bueno, ándale, vete a cambiar para que te vayas a trabajar en lo que yo aquí también trabajo un ratito. Ay, ay, ay, hija.

 Oye, no, pues como que sí le andas hallando esto de la artisteada, ¿eh? Eh, no, hombre, yo yo creo que con esto con esto ya ajusté para para los gastos de mis vacaciones, ¿eh? Ay, cuéntele bien. ¿Quién hay alguien en casa, hija? Sí, mamá. Ahí voy, ahí voy. Este, déjenme cambio, es que ando ando en paños menores, pero ahí voy, ahí voy. Es que hace mucho calor y y aquí la calor está bien horrible.

Y tú ponte a dibujar. Pásate, amá. Hola, hija. ¿Cómo están? Mira, les traje tantito para ¿Qué pasó, mi vida? Oye, hija, ¿cuándo le vas a quitar ese disfraz a mi nieta? Y por favor, dale un buen baño. Mira n más cómo la tienes. Ay, amá, es que a ella de verdad le gusta requete mucho su trajecito.

 Mire, no se lo quita ni para comer. Y te traes unos platitos y los vasitos para el café. Y tú, escúchame muy bien, ¿eh? Ni se te ocurra decir una sola palabra, porque si lo dices, te vas a haber arrepentido de haber nacido. ¿Escuchaste? Y, ¿cómo están? Bien, bien, bien. Pues aquí te tengo una noticia. A ver. Sí, dime. Sí.

 E pues es que fíjate que me voy de vacaciones unos días, eh, ya vea, Maire, yo soy bien propensa al estrés, a eso de la ansiedad y y pues hay que tomar un poco de buena vibra positiva y y vitamina D. Ay, le encargo unos días a la nenita, ¿no? ¿Y con qué te vas a ir de vacaciones si tú no trabajas? Ahí está el asunto, las bendiciones del universo.

 Una amiga los va a pagar y pues esas oportunidades no se pueden dejar pasar, ¿no? Hija, ¿y la renta? No la has pagado. Mira, aunque don Rigoberto es muy mi amigo, pero no creo que te vaya a dejar vivir aquí de gratis. May, es que por eso es que me voy unos días para cargarme de nuevas energías y con eso llego con muchas ganas de buscar trabajo, ¿verdad? Y no se preocupe, este, yo voy al corriente con don Rigoberto, todo le voy a pagar, se lo prometo.

Ay, hija, ojalá de veras te lo creyera, pero quieres pan, mi vida. ¿Cuál quieres? A ver, escójela, mi amor. Escójela. Vamos, Luzarito, tú puedes. No te duermas. Tienes que ir a la escuela. Vamos, Lucerito, no te duermas. Tienes que ir a la escuela. Vamos, Lucerito, tú puedes. No te duermas. Tienes que ir a la escuela.

Lucerito, Lucerito, Lucerito, si eres tú. ¿Qué haces dormida aquí? Tienes días que no vas a la escuela. Me he salido de mi casa porque ya quería volver a la escuela. Miss Marta, pero me senté a esperar el camión y me quedé dormida. Ay, no. Eso está muy mal. Ve nada más las ojeras que traes. No es normal que una niña de tu edad esté tan agotada.

 A ver, ven, yo te ayudo. Tu mochila. Vámonos a la escuela. Sí, yo te acompaño. A ver. Órale. ¿Y usted quién es o qué? Vete para acá, chamaca. Oiga, buenas tardes. ¿Qué le anda haciendo a mi hija? ¿O qué? Eh, se la quiere robar, verdad. Claro que no. Entonces, mucho gusto. Soy la maestra de Lucerito, Marta. ¿Y qué o qué? Oiga, ¿por qué deja que una niña tan pequeña vaya sola a la escuela? ¿Y eso a usted qué le importa? Eh, para empezar, la chamaca es mi hija y y yo sabré lo que hago con ella.

 Además, tú ni deberías de estar en la escuela. Ella tiene un montonal de responsabilidades en la casa y de la educación me hago cargo yo, como ve, eh, pues vaya educación le está dando, señora. Mírela nada más, las ojeras que trae. Se ve agotada y muy cansada. No es normal para una niña de su edad, sin contar que las calles son demasiado inseguras.

 Se me hace muy irresponsable dejar que una niña ande sola. Ah, sí. ¿Y usted quién es? ¿La policía, el FBI o qué? Y si tanto le importa la chamaca, pues usted vaya por ella a la casa y luego me la regresa, porque ire, yo estoy bien ocupada haciéndome las uñas. Mm. Mire, no quiero incomodarla, señora, pero ¿qué hace lucerito fuera de clases que la tiene tan agotada? Dile, chamaca, dile que te la pasas viendo videojuegos de noche y que te desvelas. No mienta, muchacha.

Mire, señora, yo creo que no está bien como la está tratando. No tiene por qué hablarme así. Ay, ¿y usted para qué pregunta entonces? Sea una mejor madre. Sí, su hija la necesita. Y usted no sea tan metiche, ¿eh? Que nadie la necesita. Vámonos al día siguiente. E, ¿y se te ocurra moverte de aquí, eh, hasta que no me traigas este sombrero lleno de monedas y no me salgas con que, ay, mamá, es que la gente no me da dinero, Ay, pero mamá, ya me cansé de trabajar.

Por favor, quiero ir a la escuela como los otros niños. A ver, ya, mija, ya madúrale. Sí, ya estás grande, ¿eh? Mira, y en esta vida hay que trabajar, nada es gratis. Es que, órale, a chambearle. Ahí nos vemos horas después. Hola. Mira, eres una niña muy talentosa y muy bonita. Oye, ¿te gustan las brujas? A mí también.

 Mira, tengo estas burbujas. ¡Wow! Atrápalas, atrápalas. Oye, ¿no te gustaría ir en un lugar donde tengo muchos dulces y juguetes? Estoy seguro que estás cansado de jugar con esas pelotas sucias. Vamos a jugar. Ven. Muchas gracias, señor. Pero no, yo solo quiero juntar el suficiente dinero para regresar a mi casa sin que mi mamá me regañe.

Ay, pobrecita. Mira. Si me acompañas, yo te puedo dar todo el dinero que necesitas para que tu mamá no te regañe. Sí. Y vamos a jugar con las burbujas. Ven, dame la mano. Ven, no tengas miedo. ¿A dónde diablos te llevas a mi hija? Su hija. ¿Cuál? Su hija. Usted está refeo. Está bien bonita. Loco. ¿Qué qué tra yo solo la quería ayudar, pero pensé que estaba perdida.

 ¿Verdad que ella me dijo, “¿Y dónde te la querías llevar, eh?” Pues saldivo a un parque de burbujas. A mí no me haces güey. ¿Qué? Ya llame a la policía. Córrele la policía. Pero yo no. Lucerito, ¿estás bien? Sí. La calle no es lugar para payasitos como tú. Y menos con ese viejo loco ahí suelto. Ey, chamaca, ¿qué pasó? Quiero llegar a mi casa, pero para eso tengo que ganar suficiente dinero para que mi mamá no me regañe.

Ya sé, se me ocurre algo. Yo te voy a ayudar. ¿Cómo te voy a ayudar? Siendo Pedro Allende y vamos a montar el mejor espectáculo de toda la calle y todos te van a dar dinero y tu mamá no te va a regañar. ¿Qué dices? Entonces, vamos, agarro tus cosas. ¿Qué hacemos aquí, señor Pedro? Ahorita vas a ver ya que lleguemos.

Yo creo que aquí vamos a montar el mejor espectáculo que nadie ha visto. ¿En serio? Sí, claro que sí. Además, este es un lugar seguro, ¿no? Como allá afuera. Está bien peligroso con aquel tipo. Ah, oye, chamaca, pero sabes cantar. Sí. Es un pedacito de una canción. A ver, canta. E brillada mañana.

 ¿Qué te apuestas tú a que mañana? Oye, cantas muy bien. Qué bonita voz. Pues así seremos el mejor equipo del mundo y vamos a ganar mucho dinero, ¿te parece? Pon tu gorrito ahí. Vamos a empezar. Aquí hay mucha gente. Sí. Lista. Sí. Horas después. Mira cuánto dinero sacamos, Pedro. Sí, es muchísimo. Somos puro dinamita. Oye, chamaca, ¿y tú no tienes papá? Bueno, pues mi mamá dice que nos abandonó y que es mejor que diga que no tengo papá.

Oh, lo siento mucho, chamaca. No pasa nada, chamaco. Oye, ya es tardísimo. Te tengo que llevar a tu casa. Vamos, corre. Lucerito, pero ¿quién es usted? ¿Cómo es que puedo sacar a mi nieta de la escuela? Tranquila, señora, tranquila. Déjeme explicarle. Mucho gusto. Soy Pedro. No, usted es un delincuente.

 Se quería robar a mi nieta. Es un robachicos. Auxilio. Socorro. Agárrenlo, es un desgraciado. Se quiere robar a mi nieta. Hija, pero ¿qué estás haciendo afuera de la escuela? Ah, contéstame. Me escapé de la escuela porque quería comprar dulces. ¿Y por qué trae puesto este disfraz? Ah, es que abuelita, me encanta este disfraz.

Mira, vamos para la casa. Ay, amiga, gracias. Oye, pues la verdad es que tengo la situación bien crítica, o sea, todo lo que hago y nada más no no me ajusta para pagar todas las deudas que tengo. No, pues la verdad la situación está de preocuparse. No te preocupes. Mira, yo tengo un gran plan para hacer dinerito extra. Ay, bueno. Así.

 Y y ¿cuál es ese gran plan? Cuéntamelo. Lo que pasa es que el lugar donde yo trabajo va a llegar un nuevo dueño y yo necesito justificar una fuga de dinero en la administración. ¿Qué te parece si le tomamos unas fotitos al Lucerito así, vestida de poriucera y creamos una fundación para niños en situación de calle? Ficticia, ficticia.

 Eso nos va, ay, nos va a ayudar a recabar muchísimos fondos y claro, yo te voy a dar una parte de ahí. Ay, amiga, me parece muy bien esa idea. Bueno, lo importante es que la lucerito ya tiene el traje de payasita y pues la cara de lástima también. Y bueno, la verdad es que también quiero vengarme de su de mi exesoso, de su expadre.

 Yo sí le voy a decir que es su expadre. Eh, digo, porque la verdad me tiene harta, harta, harta que la quiere ver y no no no se la voy a dejar ver. Mira que se dé cuenta el mujerón que perdió. Entonces, ¿qué te parece si iniciamos mañana con las fotos? Tú nada más encárgate de que la niña se vea lo más miserable que pueda.

 Es más, si puede verse la cara de hambre, mucho mejor. Tres días la voy a hambrear. ¿Cómo no? Tú sabes que eso causa lástima en las personas y mira, la aportación es mayor. Nos va a ir muy bien. Y claro, tú vas a llevar tu gran tajada. Ay, amiga, imagínate con ese dinero. Nos podemos ir a las Europas. ¿Te imaginas unos italianos, unos franceses, unos alemanes? Ay, sí.

Salud. No te vayas a rajar. Salud. Salud. Y me corté el cabello, me vestí de reina. aquí y todos me miran, me miran, me miran. Carmen. Ay, Carmen. Sí, pásate, pásate, Carmen. Eres una inconsciente. Acabo de encontrar en la niña en la calle de la mano de un hombre cuando ella debería de estar segura en su salón de clase.

Ah, vaya, ahora vienes a darme clases de moralidad, ¿verdad? Pues que no se te olvide que tú fuiste una madre horrible que me dejó sola, con mano dura y en escasez, ¿eh? Así es que no vengas con tus letanías. No más recuerdas lo que te conviene. Ya se te olvidó que yo tenía que trabajar y que estaba sola.

 Pero nunca, nunca te faltó ni amor, ni atención, ni casa, nada. Nunca te faltó absolutamente nada y tú al contrario, me tienes a mí para que te ayude a cuidar la niña. Yo no tenía nadie. No piensas eso, nada más piensas lo que te conviene. Para eso estoy aquí, para ayudarte. No seas inconsciente y malagradecida, además. Vaya, bravo.

 Ahora viene la madre ejemplar. Pues, ¿qué crees que me faltó? Mi madre. Así es que deja de meterte en mi vida y de venir a mi casa con tus consejos estorbosos. Sí. Y déjame aquí a la niña que ya tiene muchas cosas que hacer. Y tú, reinita, vete a lavar los trastes del desayuno. Pero mamá, lávalos. Señora, señora. Ay, no. Es el señor que roba niños.

Pero, ¿por qué me viene siguiendo? Por favor, señora. Yo no quiero hacerle daño. La vengo siguiendo porque necesito mostrarle algo muy urgente. No, no, señor. Yo a usted no lo conozco y no le tengo confianza. Señora, soy un simple mariachero que se gana la vida en la calle. Realmente necesito que me acompañe para que vea algo.

¿Pero a dónde o qué? Se trata de Lucerito. Es su nieta. De mi nieta. Lucerito. Está bien. Vamos. ¿Pero a dónde? Por acá. Corre, mi nieta, esto no puede ser verdad. Claro que es verdad. Ahí la tiene. Mientras usted cree que va a la escuela, su madre la tiene explotando, ganando dinero. Mi nieta pidiendo limosna mientras su madre se da la gran vida.

 Carmen no tiene perdón de Dios. Señora, tranquila, tranquilícese. La vez pasada que yo acompañé a su nieta no era para hacerle nada malo. Quería que llegara Sana y salva su casa. L varios veces que la veo en la calle pidiendo dinero. 13, 14, 15 y se abuelita, lucerito viene por ti. Abuelita, por favor, no le digas nada a mi mamá porque si se entera me va a castigar y me va a hacer cosas horribles. Por favor, no le digas nada.

No, mi amor, no le voy a decir nada, pero ahorita nos vamos para la casa, ¿eh? Sí, gracias. Gracias. Bye, Pedro. Prepárese familia. A partir de ahora habrá video nuevo todos los días a las 11 de la mañana de lunes a viernes. Suscríbete al canal y activa la campanita. Estaremos entregando premios especiales a los suscriptores más activos.

días después. Hola. Hola, familia. Ya llegué. ¿Cómo te fue? No, pues bien, mire, reluciente como el sol. Carmen, quiero hablar contigo. A ver, ¿y ahora de qué o qué? Ya sé toda la verdad. Ya sé que tienes a la niña trabajando en las calles, que le quitas el dinero para darte tus lujos. A ver, ma, bájale de drama. Sí, tantito.

Lo que le estoy enseñando a la niña es el valor del trabajo, porque si no es ahora, mañana va a ser una buena para nada. Eso no es enseñarle el valor, eso es humillarla. La tienes trabajando como si fuera un niño de circo. Y he tomado una decisión, Carmen. Me voy a llevar a la niña de esta casa. Con mi niña no te atrevas y no te metas.

Sí, porque esa niña es mi minita de oro. ¿Y qué crees? La única que se va de esta esfuera, mamá. Fuera. No me toques. Tú estás haciendo con la niña cosas que no. Pues fuera de mi casa. No te quiero volver a ver. Fuera, mamá. Fuera. Que no me toques. Fuera. Que no me toques. No peleen, por favor. No. Y no vuelvas nunca más.

No, por favor, no peleen. Y tú y yo vamos a hablar. No, mamá, por favor. No, no, mamá, no. Mira, ahí la condición esto, ¿eh? Ándale, ahí siéntate ahí. E así, así. Y no me pongas otra cara que no sea de lástima, ¿eh? Órale, pues despéinate más, más. Ay, este es el negocio que nos va a dar harto dinero. Enfócanos bien, ¿eh? Sí, sí, sí.

Mira, yo me acerco a ella y voy a hacer como que le doy la comida. Lista. Sí, sí, sí. A ver, no, no, tú, tú bájame la cara. Bájala así. Más tristeza, más dolor. Tienes hambre, mija. Por eso no te di de comer en tr días. Tienes hambre. Ya, ya, ya. Colócate ahí. Eso. Mucha empatía, mucha empatía. No, no, no. Amiga, amiga, conecta con su dolor.

Siéntelo. Haz lo tuyo. Ahí. Ajá. Ay, espera, espera, espera. Una así. Ah, no, hombre, ahí está, ahí está. A ver, espera. Una abrazada. Abrazada. Abrázada. Lo logramos. A ver, enséñamelas. Mira. aquí. Ándale. Eh, mira, está ahí está perfecta. No, hombre, sí están excelentes, amigas, ¿verdad? Sí.

 Mira, yo pudiera trabajar de esto, pero no, la verdad es que el trabajo a mí no se me da. No, mejor no. Para eso tengo la niña. Entonces, lo prometido es deuda y negocios son negocios. Amiga, si te dije que este era el negocio de nuestra vida. Mira, ya con eso tú tienes pues para justificar tus cosas fraudulentas. Y yo, ¿qué hubo? Pues para darme mis goitos.

Ay, amiga, te dije, tú y yo hacemos muy buena mancuerla y mañana todo el dinero de la fundación va a estar en nuestra cuenta bancaria y nadie se va a enterar de que este fue un teatro montado a costillas de tu viejita. Amiga, somos las estafadoras del año. A ver, ven, ven. Si no, tú ya estás acostumbrada a las moneditas de a peso. Vámonos ya.

 Ándale, lindas. Gracias, joven. Doña Amelia, ¿qué hace aquí? ¿Está bien? Esa mujer no tiene alma y acaba de correr de la casa a mi propia hija. Tiene atrapada mi nieta en su desesperada ambición. Mira, Pedro, yo trato de entenderla porque cuando estaba niño tuvo muchas carencias. Le faltó la figura paterna, lo sé. Yo traté de trabajar y le daba lo que podía, pero ella siempre

estuvo anhelando los juguetes de las compañeritas, los vestiditos, la ropa. Incluso cuando cuando había ventas en su escuela, ella se ponía triste porque todas sus amiguitas se sentían contentas porque llegaba su papá y su mamá y mi niña no. Entonces todo es ahora, Pedro, tengo mucho miedo. No sé qué le vaya hacer a mi nieta porque se quedó sola con ella en la casa.

Ay, me siento terrible porque no me di cuenta antes y te ofrezco disculpas, Pedro, porque tú lo único que querías era protegerla y yo te juzgué mal. Pedro, no me di cuenta que tú eras el único que sabías todo lo que le pasaba a ella y sabías más que yo. No se preocupe, doña Amelia, entiendo. ¿Sabe qué? Yo conozco a alguien que nos puede ayudar.

 Es un hombre con un corazón de oro. En serio, pero primero la voy a acompañar a su casa y quiero que sea tranquila. Ay, Pedro, te agradezco mucho. Perdóname, por favor. No ha que agradecer. Vamos, doña Amelia. Venga, tiene que descansar primero. Gracias, Pedro. Licenciado Alejandro. a sus hermanas. Mi nombre es Betty. Betty, me dijeron que usted es el nuevo director de las asociaciones civiles.

Mire, lo que pasa es que yo tengo una fundación. Esto se trata de niños en situación de calle. La verdad que nuestra fundación está muy necesitada. Son niños que no tienen zapatos, viven en la calle, no tienen papás. Si lo que quieres que haga es que firme el divorcio, lo haré. Pues no solamente quiero que firmes el divorcio, también quiero que te largues de la casa.

 ¿Sabes una cosa? No vas a volver a ver a tu hija jamás. Y a ti no te quiero volver a ver nunca. ¿Me escuchaste? Fuera, fuera, fuera. Oiga, Betty, ¿qué está haciendo mi hija vestida como por diosera? Ay, licenciado, no. Y es una niña en situación de calle. Mire, por Dios. Esta niña es mi hija. La niña de las fotos es mi hija. Espero que esto sea solamente una broma de muy mal gusto.

 ¿Dónde está su madre? Usted es el ex de Carmen. Sí, yo siempre he querido acercarme a mi hija. Perdóneme, señor. Lo que pasa es que yo no sabía. Ella me obligó y ella. Se quieren robar los fondos de la institución para su fundación. No es posible eso. En este instante te me vas. Vete. No te quiero ver aquí. Por favor, mis superiores se van a enterar de todo eso y se van a hacer cargo.

Mire, yo les seguro que yo no tengo nada que ver en esto. No te quiero volver a ver. Retírate de aquí ya. Qué pena, Dios mío. Vete. Mire, por favor, déjar. Vete ya. No te quiero escuchar ni ver. Vete, Pedro. ¿Qué haces aquí, Pedro? Alejandro, escúchame. Hay una señora que necesita tu ayuda. De acuerdo.

 Pero, ¿de quién me hablas y de quién se trata? Doña Amelia, ¿eres tú, doña Amelia? Ay, Alejandro, ¿qué pasó? Gracias a Dios. Por favor, ayúdame. Mira, Pedro me trajo hasta aquí. Necesito tu ayuda, por favor. ¿Qué está pasando? Carmen ha perdido la razón. me corrió de su casa solo porque descubrí que tiene a la niña pidiendo limosna en las plazas vestida de payasito.

Mi hija pidiendo tú no sabes todo lo que está sufriendo esa niña, por favor. Es posible. Yo creí que mi hija estaba atendida por Carmen. Yo tratando de acercarme a mi lucerito y ella siempre impidiéndolo. ¿Cómo es posible? Mira, yo siempre supe que tú eras un buen hombre. Por favor, Lucerito, no necesita. Ayúdame.

Por supuesto, Alejandro. Sí, sí. Basta de culpas. Doña Mel tiene razón. Hay que actuar ya. Por supuesto. Vamos, vamos a recoger a mi hija. Vamos por ella en este momento. No, no puede ser esto. Tenemos que irnos inmediatamente para allá. Lucerito nos necesita. Vamos por ella. Vamos, por favor. Ay, no, estos videítos del tic y esas cosas ridículas. Ay, de veras.

Hola, Alejandro. Tu ex va para allá. Está con tu mamá. Ah, caray. Gracias por avisarme, Lucero. Prepara rápido tu maleta porque nos vamos enfrie de la casa. Pero mamá, ¿por qué tenemos que irnos? Mi hija, deja de hacer preguntas estúpidas. Rápido, vámonos. Córrele. Ay, ¿quién toca? Tenemos que ir. Vámonos. Ay, ay. Vaya, vaya.

 Carmen, ¿a dónde va? Mire, don Rigoberto, de verdad es un mal momento para encontrarlo. Eh, discúlpame. Ay, ya ya basta. Déjese de excusas infantiles. Hace 14 meses que no me paga la renta y si no me paga hoy mismo voy a llamar a la policía. Ya, flese. Sí, voy por dinero. Ahí le encargo a la niña. Ah, abuelita. Ay, mi vida, qué bueno que estás bien.

Don Rigoberto, ¿qué está pasando aquí? Buenas noches, doña Amelia. No le había querido decir, pero hace 14 meses que Carmen no me paga la renta. ¿Es en serio? Pues lamento decirle, pero esa es la verdad, abuelita. ¿Quién es ese señor? Ay, mi vida, quiero presentarte este señor. Se llama Alejandro. Es tu papá.

Papá. Papá. Mamá dice que eres malo. Por eso tengo que cantar para ganar dinero. Mi amor, nunca te abandoné. Tu mamá me separó con mentiras. Pero te prometo por mi vida que no vas a volver a llorar. Ni una sola lágrima por su culpa. Te amo muchísimo, mi amor. Te prometo no separarme de ti.

 ¿Me puedes perdonar? Por favor, perdóname por no haber luchado por ti. Sí. Sí, papá. Te perdo. Tenía razón, Pedro. A ver, chamaca. A ver, ya, viejo ridículo. Aquí está su dinero. Carmen, tú que estás haciendo aquí, no le hagas caso a este señor. No lo escuches. Él es malo, ¿eh? Carmen, te estoy pasando yo dinero, mensualidad por la niña y la tienes mendigando.

Estás atentando contra su salud, su bienestar y ni siquiera pagas la renta. Eres una A ver, a ver, a ver. Aquí me le vas bajando. Sí, que no se te olvide que la madre soy yo, ¿eh? Yo soy la madre. También te recuerdo que la custodia la tengo yo cuando nos divorciamos. Esto se acaba hoy.

 Mira, nos vemos en los tribunales y me la voy a llevar. No me importa el riesgo que corra, pero va a estar mucho mejor con su abuela que contigo. Vámonos, ya. No hay nada que hacer aquí. La justicia se encargará. Señor, créame, se hará justicia. Gracias. Y ahora, ¿y ahora, ¿qué voy a hacer? Al día siguiente. A ver, abogado, mi único delito es ser una madre soltera acusada por este hombre machista que me está acusando por apoyar a mi hija a cumplir sus sueños de cantante callejera.

 Usted dígame, ¿qué razón para que me quiten a mi hija? Apoyarla, impulsarla. A ver, señora Camen, mire, la verdad es que usted tiene un punto y con la manutención del señor Alejandro, la custodia como está de lucerito, yo no veo necesidad de mover las cosas, de quitar la custodia. Abogado, es injusto. Yo fui testigo de cómo esta señora sacó a trabajar a su hija a la calle, a lugares muy inseguros, a los semáforos.

Ahí fui donde lo conocí. A ver, a ver, a ver. Pruebas, chiquito. Pruebas, ¿eh? Pruebas. Licenciado. Si me permite. Claro. Sí. Gracias. Esos son falsos, abogado. Yave la A. Y cómo saca cosas tan No, no, no, no, no hay guía. Eh, guarde la compostura, señora Carmen. Compostura, abogado. Si este monstruo me quiere quitar a mi hija.

Señora Carmen, cálmese, por favor. Creo que ya vi suficiente de su manipulación. Las cosas van a cambiar. La custodia va a pasar al señor Alejandro. Usted podrá ver a Lucero, pero siempre y cuando sea bajo supervisión y únicamente una vez al mes. ¿Y qué va a pasar con mi demanda? He visto su caso, señor Rigoberto.

 La verdad es que lamento mucho, pero yo no le puedo ayudar. La ley es la ley, pero usted está en todo el derecho de cobrarle a la señora y si la señora no tiene con qué pagarle, puede solicitar el embargo. Eh, por favor, Alejandro, ayúdame a pagar. Como tengo dinero, Carmen. Yo no te voy a dar ni un solo centavo, entiéndelo.

Pero es que yo no tengo dinero. Pero nada, Carmen, me tienes que pagar los 14 meses de renta que me debes. Por favor, ayúdame poquitito. Así. ¿Cómo le hago para pagar? Dígame. Poquito, poquito. No te alcanza, Carmen, ni con lo que hiciste con tu amiga, que quisiste hacer un fraude, que quisiste robarme mi dinero. No te alcanzas.

Seguramente ya te fuiste de viaje, Carmen. Nadie te quiere ver sufrir, pero tú no te haces responsable de tus acciones. Y aquí se trata, Carmen, de que tú salgas adelante, de que tú respondas por tus actos. Así que olvídalo. De mi parte no vas a recibir un solo centavo ahogado. ¿Cómo puedo tener responsabilidades si crecis en un padre? No tengo ese ejemplo.

Pues entonces voy a tener que proceder al embargo. Señor Rigoberto, si me permite, mire, lo voy a sugerir. Abogado, los secretos son del Mírelo. Bueno, Carmen, pues me puedes dar el poco dinero que tienes y pues lo demás me lo vas pagando en abonitos. Estoy seguro que vas a tener manera de sacar dinero. Bueno, hemos llegado a una resolución.

Lucerito va a tener una nueva vida y será con su papá. Señor Alejandro, licenciado, estoy sumamente agradecido. Muchas gracias por sus servicios y que tenga excelente tarde. Alejandro, señoro, una ranchera. Ay, una monedita, por favor. Ay, gracias. Una monedita, por favor. Ah, una monedita. Oh, mi niño, ¿qué haces aquí?

Mami, te perdono porque el odio no cabe en mi corazón, pero ahora estoy muy feliz porque simplemente puedo ser una niña. Mi amor, por favor, perdóneme por todo lo que te hice, ¿sí? Por haberte obligado a hacer estas cosas tan horribles. De verdad, perdóname. Sí, mam. Carmen, ¿cómo estás? Pues bien, aquí trabajando.

Me da gusto que hayas encontrado el perdón. Todos merecemos una segunda oportunidad, pero Lucerito ahora merece ser feliz. De verdad, lo entiendo, Alejandro, lo entiendo. Mamita, mamita, perdóname, por favor. De verdad, ahora que estoy en esta situación y que soy mamá, de verdad entiendo el por qué hiciste tantas cosas por mí.

Lo sé. Hija, y sé que ahora las cosas van a ser diferentes y créemelo, te admiro mucho por eso. Te amo, mamá. Y yo también, mi vida. Mi niña, ahora que me toque pasar tiempo contigo, prometo ser la mejor, mamá. Sí. Y vamos a jugar y nos vamos a divertir y podemos jugar ahora sí a hacer el par de payasitas. ¿Cómo? Días después.

Mira, papi. ¿Qué pasó, mi amor? Ahí está Pedro. Pedro, ¿dónde? Allí. Puede ir a saludarlo al chamaco. Pedro, sí, sí. Ve, ve, corazón. Oye, chamaco. Oye, chamaca. ¿Qué crees? Ahora sí voy a ir a la escuela todos los días. Órale, estú muy bien. Pero recuerda que sigue siendo una gran artista callejera, ¿eh? Claro, si aprendido es mejor.

Lucerito, ya voy, papá. Vamos por un helado. ¿Puedo invitar a Pedro? Claro que sí, por supuesto, mi amor. Pedro, Pedro, ¿dónde te metiste, chamaco? Chamacú, ¿te gustó este video, entonces suscríbete ahora para no perderte de todas las sorpresas que tengo para ti. Me encantaría saber desde qué parte del mundo nos estás viendo, así que déjame tu comentario.

 Recuerda, cuando los ángeles caen, suscríbete ya. Cuando los ángeles caen.