Historia: Los Devil Kickers

Todo comienza en Holtorf, una pequeña ciudad de Alemania, donde un niño llamado Moritz se prepara para jugar la gran final del campeonato juvenil de fútbol. Su padre, Hall, es también el entrenador del equipo. Mientras Hall lo llama a cenar, Moritz sigue practicando dominadas con el balón en la sala. Sin querer, la pelota termina sobre la mesa y su padre lo regaña.

Antes de salir hacia el estadio, Moritz se acerca a su madre, Yanina, y le pide que vaya a verlo jugar. Ella casi siempre está ocupada, pero esta vez promete que no faltará.

Padre e hijo llegan al estadio para enfrentar al equipo de Lepleen. El partido es muy intenso, pero al final Holtorf pierde 2 a 1. En la última jugada, Moritz recibe el balón frente al arco con la oportunidad de empatar. Sin embargo, su imaginación lo traiciona: se imagina marcando el gol en la final del Mundial. Intenta una espectacular chilena… pero termina pateando la nariz del portero rival.

El partido termina y Lepleen gana la copa. Sus compañeros se enfadan con él, porque no es la primera vez que sus fantasías arruinan una jugada importante.

En los vestuarios, su madre llega tarde, lo consuela y juntos van a buscar a Hall. Pero lo encuentran en un momento romántico con la secretaria del equipo. Furiosa, Yanina le pide el divorcio y decide llevarse a Moritz a Pleeken, donde vive su padre, el abuelo Rudy.


Una nueva vida

Rudy es un mecánico gruñón que tiene un viejo taller. Moritz se instala en la antigua habitación de su madre e intenta adaptarse a su nueva vida.

Yanina le promete que su abuelo lo llevará al estadio para intentar entrar en el equipo juvenil de Pleeken. Al día siguiente, Rudy habla con el entrenador Rod Kirch, aunque entre ellos hay una evidente rivalidad.

El entrenador le pide a su hijo, el capitán del equipo, que pruebe al niño. Pero el capitán resulta ser Mark, el portero al que Moritz golpeó en la final. Mark lo reconoce enseguida y, junto a sus compañeros, comienza a burlarse de él lanzándole balones.

Rudy interviene y se lleva a su nieto.


Un nuevo equipo

En su nueva escuela, Moritz conoce a un chico llamado N, quien también vive el divorcio de sus padres. Él lo presenta a su hermano Emet y a sus amigos Nico y Katrina.

Cuando están jugando fútbol, aparecen Mark y su equipo para burlarse. Mark les dice que ellos ni siquiera son un equipo real.

Eso motiva a Moritz.

—Entonces formaremos nuestro propio equipo.

Después de buscar un lugar para entrenar, encuentran un terreno abandonado junto a un basurero. Con mucho esfuerzo lo limpian y lo convierten en su campo.

Moritz inscribe al grupo en la Copa Juvenil con el nombre Devil Kickers. Cuando la secretaria pregunta quién es el entrenador, Moritz escribe el nombre de su abuelo Rudy, quien en su juventud fue futbolista.


El entrenador inesperado

Al principio Rudy no quiere saber nada del equipo. Pero una noche Moritz y sus amigos se cuelan en el centro comercial donde él trabaja como guardia nocturno para entrenar.

Rudy los descubre… pero en vez de enfadarse, se da cuenta de que los chicos tienen talento.

Finalmente acepta convertirse en el entrenador de los Devil Kickers.

Bajo su dirección, el equipo empieza a aprender a trabajar en conjunto. Los entrenamientos se vuelven cada vez más creativos: practican pases, control del balón y jugadas en lugares inesperados.


El camino hacia la final

Al principio pierden estrepitosamente 12 a 0, pero poco a poco comienzan a mejorar.

Consiguen su primera victoria gracias a una espectacular acrobacia de Alex, el líder de un grupo de chicos que practican parkour y que se une al equipo.

Con el tiempo, los Devil Kickers logran avanzar en el torneo. Pero también enfrentan problemas: discusiones entre compañeros, trampas del equipo rival y dificultades familiares.

El padrastro de Katrina, Rod Kirch, intenta impedir que ella juegue porque cree que el fútbol no es un deporte para niñas. Incluso intenta sobornar al árbitro en las semifinales para que su equipo gane.

El plan se descubre gracias a la madre de Katrina y el equipo de Kirch es descalificado.

Así, los Devil Kickers reciben una segunda oportunidad: jugarán la gran final.

Pero el destino tiene preparada otra sorpresa.

El rival será Holtorf, el equipo del padre de Moritz.


La gran final

Antes del partido ocurre otro problema: el abuelo Rudy sufre un accidente y se rompe la pierna. No podrá estar en el estadio.

Yanina decide reemplazarlo como entrenadora, aunque no sabe mucho de fútbol. Durante el descanso, cuando el equipo va perdiendo 2 a 0, Rudy intenta darle instrucciones por teléfono.

Yanina se confunde y transmite las indicaciones como si fueran una receta de cocina.

—Imaginen que están preparando un pastel… y pongan tres huevos en la sartén.

Los chicos quedan confundidos. Pero Moritz interpreta la idea: tres jugadores en ataque.

En el segundo tiempo, Alex, Katrina y Moritz atacan juntos.

Alex marca el primer gol con una espectacular patada giratoria.

Luego anota el segundo.

El marcador queda 2 a 2.

En la última jugada, Moritz recibe el balón. Esta vez vuelve a imaginar la final del Mundial… pero decide no disparar.

Controla el balón con el pecho y hace una perfecta chilena, pasándole el balón a Katrina.

Ella dispara sin pensarlo.

¡Gol!

Los Devil Kickers ganan 3 a 2 y se convierten en campeones.


Un nuevo comienzo

Todos celebran. Hall se acerca a Yanina y a Moritz para felicitarlos. Poco a poco, la familia comienza a reconciliarse.

Moritz felicita a Katrina por el gol.

Ella sonríe.

—Gracias por el pase.

Después de tantas discusiones, ahora son verdaderos compañeros de equipo.

Mientras todos levantan la copa, Moritz mira al cielo soñando.

Quizás algún día él también jugará para la selección alemana y marcará su gol perfecto de chilena en una final del Mundial. ⚽