Por ningún motivo permitiré que Villa intente tomar Zacatecas. Hay que doblegarlo. Quiebren su

espíritu. Vayan por su familia. ¿Por qué, Dios mío, mi familia no. Mi

familia no. Si ataco, pierdo mi familia y si no ataco, pues la revolución se va a la

chingada. Nadie se lo espera. Lance el ataque a Zacatecas con Rodolfo Fierro, mi

[música] general. Y mientras él los distrae cargando con la caballería en la entrada de Zacatecas, nosotros nos colamos en la sienda de la bufa a

rescatar su familia. Todos a la carga.

Hay que tomar Zacatecas para darle tiempo a Villa de rescatar a su familia.

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relatos. También escribe en los comentarios si alguna vez tu familia estuvo en un peligro tan grande que te llegó hasta

las lágrimas. El campamento de la división del norte posía como un mar de fogatas y tiendas

de campaña al pie de la sierra zacatecana. Era junio de 1914

y el general Francisco Villa preparaba la batalla más importante de toda la

revolución contra los federales atrincherados en la ciudad. Entre las tiendas pos caminaba Renata Rentería,

enfermera de 21 años, cuya belleza auténtica de Jerez hacía voltear cabezas

incluso en medio de la guerra. Sus ojos verdes brillaban como esmeraldas. Renata

llevaba el cabello castaño oscuro recogido en trenza larga que pos le caía

sobre la espalda y sus curvas generosas llenaban el uniforme de enfermera, de

manera que ningún soldado podía ignorar. Pero había algo más en ella que simple

hermosura. Posera la determinación en su mirada, la fuerza en sus manos que

habían salvado docenas de vidas. Villa la había notado desde el primer

día que llegó al campamento, tres meses atrás, ofreciéndose como voluntaria para

curar heridos. Mi general saludó Renata acercándose a la tienda principal donde

Post Villa revisaba mapas con Rodolfo Fierro, su segundo al mando. Villa

levantó la vista y sonrió con esa mueca que pos hacía temblar a los federales,

pero derretía a las mujeres. Señorita Rentería, ¿cómo están los

heridos del último encuentro? Renata Pos le sostuvo la mirada sin bajar los ojos,

cosa que muy pocas mujeres se atrevían a hacer. Dos se salvaron. Uno pos no

resistió la noche, mi general. Fierro observaba la interacción con una

sonrisa conocedora, porque pos ya todos en el campamento sabían que había algo

entre el general y la enfermera de Jerez, aunque ninguno había cruzado la

línea del respeto. Villa, pues si seguimos perdiendo

hombres así, ni con toda la valentía del mundo vamos a tomar Zacatecas, murmuró

Fierro señalando el mapa. La ciudad pos estaba defendida por 12000 federales del

general Luis Medina Barrón, bien armados y atrincherados en la bufa. Villapos

golpeó la mesa con el puño, haciendo saltar los mapas. Órale, fierro, pues

esos pinches federales no saben con quién se van a topar. Tenemos 20,000

hombres sedientos de justicia. Renata Pos escuchaba mientras organizaba

vendajes, admirando la confianza del general, que parecía no conocer el

miedo. En sus ojos verdes se reflejaba la luz de las velas y Villapos no pudo

evitar mirarla más tiempo del debido. Fierro tosió discretamente para romper

el momento. En ese momento pos entró a la tienda el coronel Ambrose Beers,

escritor y periodista estadounidense de 72 años, que había llegado como

observador extranjero con la división. General Villa dijo con acento marcado,

pos los federales están nerviosos. Mis contactos dicen que Medina Barrón sabe

que esta batalla definirá la guerra. Villa asintió gravemente mientras por

Renata servía café para todos, sus manos rozando accidentalmente las del general

al entregarle la taza. Esa noche, pues el campamento bullía de

actividad. Dorados limpiaban rifles, soldados afilaban machetes y las

adelitas preparaban tortillas para la batalla venidera. Villa caminaba entre

sus hombres dando ánimos y pos cada uno lo miraba con devoción casi religiosa.

Con villa pos ni la muerte nos alcanza gritaban los soldados levantando sus

armas. El general sonreía, pero por dentro pos sentía el peso de todas esas

vidas que dependían de sus decisiones. Renata Pos lo seguía a distancia,

observando como el hombre más temido de México interactuaba con ternura con sus

soldados. Le preguntaba a cada uno por sus familias. Pos se acordaba de los

nombres de sus hijos. compartía su propio mezcal con los más jóvenes. “Pues

así es un verdadero líder”, pensaba Renata, sintiendo como su admiración se

convertía en algo más profundo. Recordaba su propia tragedia, posa su

familia masacrada por federales en Jerez. Al regresar a su tienda, Villap

se encontró con fierro esperándolo con cara seria. Compadre, tengo información de que post

los federales están planeando algo sucio. Le dijo en voz baja un capitán

llamado Ezequiel Huerta, apodado el escorpión. Pos anda preguntando en los

pueblos por tu familia. Villa sintió que pos se le helaba la

sangre. Su esposa Luz Corral y sus tres hijos estaban refugiados en un rancho

cerca de Parral, supuestamente seguros. Pues bastante confiable, mi general”,

respondió Fierro. “Ese cabrón de huerta es conocido por sus métodos sucios,

secuestros, torturas, amenazas a familias.” Villapretó los puños. La idea

de que alguien tocara a Luz o a sus pequeños Agustín, Antonio y Micael Pos,

lo llenaba de una furia que ni 1000 batallas podían igualar. Manda