Solo 7 días separaban a Moscú del desastre — el contraataque que reescribió la guerra 

 

 

5 de diciembre de 1941. Temperatura -18ºC. El grupo de ejércitos centro alemán se encuentra a 22 km de la Plaza Roja. En ese radio crítico, 62 divisiones soviéticas deben ejecutar una contraofensiva coordinada en 160 km de frente, antes de que las últimas reservas alemanas rompan las defensas. Si fallan, nada detendrá los blindados hasta el Kremlin.

El general Dmitri Leliuschenenko recibe la orden a las 4 de la madrugada. Su 30 ejército atacará en 72 horas. No hay margen. Leliuenko tiene 41 años, cabello prematuramente gris por Harkov y el Dnieper. Lleva tres semanas sin dormir más de 4 horas. Cuando entra el sótano reconvertido en puesto de mando cerca de Yahroma, sus botas crujen sobre mapas manchados de barro congelado.

El coronel Boris Basiliev, su jefe de artillería, ya está inclinado sobre la mesa iluminada por dos lámparas de queroseno. A su lado, la mayor Yelena Kusnetova, ingeniera de zapadores, revisa cifras en un cuaderno manchado. El sargento Piotr Gromov, francotirador siberiano con rostro curtido y cicatriz diagonal en la mejilla izquierda limpia su Mossin Nagant en un rincón.

El soldado Andrey Filatov, 19 años recién cumplidos, recluta de Bologna con manos temblorosas, sostiene una taza de té frío que no ha bebido. Leliusenko despliega el mapa de reconocimiento aéreo fechado hace 48 horas. Con un lápiz azul traza la línea del frente. Desde Dmitrof al norte hasta Tula, al sur, un arco irregular que se comprime como una soga.

 Los alemanes ocupan Krasnaya Poliana a 15 km, Solnegnogorsk a 30, Clin a 80. Cada punto es un nudo logístico. Si cortan la carretera Moscú Bologda, la capital queda aislada. Si toman yoma, flanquean el Volga y envuelven tres ejércitos. Seis días, dice Basiliev sin levantar la vista. Nos prometieron reabastecimiento en 6 días.

 Tenemos 1120 proyectiles de 122 mm y 870 de 76 para un frente de 40 km. Leliusenko estudia los números. calcula mentalmente bombardeo preparatorio de 90 minutos consume 600 proyectiles. Apoyo de avance 200 más. Contra ataques defensivos 300 como mínimo. Total 1100. 20 proyectiles de margen contra división pancer que reciben suministros desde Smolensk cada 72 horas. y munición de infantería.

Agrega Kusnetsova. 140 cartuchos por fusil. Los alemanes tienen el doble. Gromov deja su rifle. En Leningrado combatimos con 60. Aquí no estamos sitiados, responde elenko. Estamos atacando. Diferencia brutal. Filatov finalmente bebe su té. Tiembla al tragar. Basiliev lo nota, pero no comenta.

 Leliushenko se acerca al muchacho. Primera vez en asalto, sí, mi general, te asigno con Gromov. Aprende a moverte como él. Si lo haces, volverás. El francotirador asiente brevemente. Filatov respira hondo. Kusnetsoba señala el mapa con su regla metálica. El río Sestra está congelado. Los tanques pueden cruzar si reforzamos con vigas de madera cada 8 met.

Necesitamos seis puentes. Tengo 70 zapadores y herramientas para cuatro. Construye cuatro, ordena Leliusenko. Los otros dos improvisaremos con puertas de granjas y rieles ferroviarios del depósito de Dmitrov. Si no aguantan un T34, que aguanten infantería y cañones antitanque. Y si los alemanes vuelan los cruces antes de que pasemos, por eso atacamos de noche sin luna.

3 horas de oscuridad absoluta entre las 4 y las 7 de la mañana del 7 de diciembre. Basiliev alza la cabeza. 3 horas para cruzar cuatro batallones, dos regimientos de artillería, ingenieros y suministros. Imposible. Entonces, hazlo en 2 horas y media. Guarda 30 minutos para reaccionar. El silencio en el sótano es denso.

 Afuera, el viento ahulla contra las tablas clavadas en las ventanas. Leliushenko vuelve al mapa y marca con rojo tres flechas convergentes. La primera desde Demitrov hacia Yay Roma, 16 km. La segunda desde Lovnia hacia Crasnaya, Poliana, 11 km. La tercera desde Kimki hacia Solnch Nogorsk, 32 km. Las tres deben sincronizarse.

 Si una falla, las otras quedan expuestas a fuego de flanqueo. Comunicaciones, dice Leliusenko. ¿Cuántos radios funcionales? 12, responde Basiliev. Los alemanes interfieren frecuencias cada 4 horas. Usamos mensajeros en motocicleta como respaldo. Suficiente. Asigna tres radios por eje de ataque.

 Los otros tres quedan aquí para coordinar con Chukov. Si perdemos contacto, cada comandante ejecuta según plan sin esperar confirmación. Iniciativa sobre control. Claro, todos asienten. Ahora lo crítico. Continúa Leliusenko. Necesitamos que los alemanes crean que atacamos en CL, no aquí. Basiliev organiza un bombardeo simulado en Clean la noche del 6.

 Usa la mitad de la artillería, fuego sostenido durante 4 horas. que piensen que viene ofensiva masiva por ese flanco. Eso gasta 400 proyectiles. Lo sé, pero si funciona, desviamos dos divisiones. Pancer del sector real, vale el precio. Kusnetsoba interviene. Y si no creen el engaño, entonces morimos con menos municiones.

 Pero habremos intentado todo. Por primera vez en la conversación, Gromovríe levemente.Pilatov lo observa fascinado. Leliusenko da un paso atrás y cruza los brazos. Seis días. En seis días decidimos si Moscú sobrevive o cae. Cada kilómetro que avancemos es un día más de vida para la capital. Cada alemán que obliguemos a retirarse es una división menos en la próxima ofensiva.

 No estamos ganando la guerra aquí. Estamos comprando tiempo para que otros puedan ganarla después. Tiempo para qué, pregunta Filatov tímidamente. Para que lleguen los siberianos de Vladivostock. Para que las fábricas de Urales produzcan 1000 tanques más. Para que Estados Unidos decida si entra o no. Tiempo Filatov, el recurso más valioso en guerra.

 Más que municiones, más que combustible. tiempo. Basiliev enrolla el mapa. ¿Cuándo empezamos? Ahora. Y así, en ese sótano iluminado por quereroseno con menos de 1000 proyectiles para 40 km de frente y 72 horas antes del ataque, Leliusenko diseña la contraofensiva que debe salvar Moscú. Afuera, la nieve cae en copos gruesos. Los alemanes descansan en aldeas conquistadas, confiados en que el invierno los ha detenido a todos por igual.

 No saben que 160,000 soldados soviéticos están comenzando a moverse hacia el frente bajo la oscuridad. Si alguno de ustedes sigue esta historia desde otro país, por favor suscríbanse y escriban de dónde nos ven. Queremos saber cuántos rincones del mundo recuerdan estos días. La mayor Kusnetsoba sale del puesto de mando a las 5 de la madrugada del día siguiente, 6 de diciembre.

 Lleva un termo de té caliente, una linterna apagada y un cuaderno con cálculos de carga. Sus 70 zapadores esperan dispersos en trincheras poco profundas cerca del río Sestra, a 3 km del frente. Cuando llega el sargento Oleg Ivanov, veterano de Finlandia con dedos amputados por congelamiento, le informa que 40 m de Ribera están minados por los alemanes.

Detectaron siete minas antitanque y estiman 20 más ocultas bajo la nieve. ¿Cómo las encontramos sin detectores? Pregunta Ivanov. Con palos y paciencia, responde Kuznetsova. Un zapador cada 2 met. Sondean 40 cm de profundidad en cuadrícula. Si tocan metal, marcan y no tocan más. Desminado lo haremos después del cruce.

 Ahora solo necesitamos saber dónde no pisar. Eso toma 6 horas. Tienen cuatro. Empiecen. Mientras los apadores trabajan en silencio absoluto usando palos de abedul y varillas metálicas, Kusnetsova camina hacia el hielo. Golpea con un hacha pequeña. El sonido es sólido, sin eco hueco, 40 cm confirmados. Camina 20 m río arriba y repite, misma solidez.

 Pero en el tercer punto, cerca de un remolino congelado, el hacha penetra 15 cm, hielo débil, marca el área con estacas rojas. Si un tanque cruza ahí se hunde. A las 9 de la mañana tiene mapeado el río. Identifica cuatro zonas seguras para puentes y dos rutas alternativas para infantería ligera.

 Ivanov regresa con el conteo. 22 minas detectadas en 40 m. Densidad brutal. Los alemanes esperaban que alguien cruzara aquí. Dejamos tres sin marcar, dice Ivanov con voz baja. Por si necesitamos detonarlas en retirada. Kusnetsoba asiente. Anota las coordenadas en su cuaderno. Luego camina hasta el primer punto de construcción. Dos zapadores arrastran vigas de madera de 8 met cortadas de un granero abandonado en Lovnia.

 Las vigas pesan 120 kg cada una. Necesitan 16 para un puente que soporte un T34. Sin poleas ni grúas, lo hacen a mano pura. El primer puente toma 4 horas, lo terminan a la 1 de la tarde. Kusnetsoba prueba la estructura caminando lentamente. Las vigas crujenzar con tablones transversales cada metro. A las 2 el puente está listo.

 Marca su posición en el mapa con coordenadas exactas 56 2341 de WN 37 482 de E. El segundo puente es más complicado. Está cerca de una curva donde la corriente, antes de congelarse erosionó el lecho. El hielo tiene desnivel. Las vigas no asientan parejo. Kusnetsoba improvisa usando piedras del río como cuñas de nivelación.

 Toma 2 horas extra. Cuando termina son las 6 de la tarde y la luz desaparece rápidamente. Seguimos. Pregunta Ivanov. Hasta que no veamos nada. Luego con linternas. Trabajan bajo cielo nocturno despejado. La temperatura baja a -24 gr. Los dedos de los zapadores se entumecen incluso con guantes. Cada 30 minutos Kusnetsova ordena rotación.

 5 minutos junto a fogatas ocultas en trincheras. Luego regreso al hielo. No pueden permitir que nadie pierda dedos antes del ataque. El tercer puente está terminado a las 11 de la noche, el cuarto, a las 2 de la madrugada del 7 de diciembre. Kusnets revisa los cuatro, todos sólidos, todos camuflados con ramas de pino y nieve compactada.

 Desde 50 m de distancia parecen acumulaciones naturales de hielo fracturado. Mientras los zapadores descansan en las trincheras, Kusnetsova regresa al puesto de mando. Leliushenko está despierto estudiando informes de reconocimiento. Le entrega su mapa actualizado. Cuatro puentes operativos, dos rutas de infantería, 22 minas marcadas, tres activas como trampas.

Capacidad total, 200 hombres por hora por puente o un tanque cada 3 minutos. Leliusenko calcula mentalmente dos batallones en la primera ola, 800 hombres, 4 horas de cruce, tres si los apuramos, tres entonces y artillería. Los cañones de 76 pueden cruzar por los puentes. Los de 122 necesitan la ruta sur hielo natural reforzado. Ya marqué el camino. Buen trabajo, mayor.

Kusnetsoba no responde. Está demasiado exhausta. Sale del sótano y camina hacia una trinchera donde sus zapadores duermen apretados. Se acomoda entre Ivanov y un soldado joven que ronca suavemente, cierra los ojos. En cuatro horas comienza el bombardeo de diversión en clean. En seis el ataque real. Si los puentes fallan, habrá construido tumbas, no caminos.

Mientras Kusnetsova duerme, el coronel Vasiliev coordina el despliegue de artillería. Tiene 14 baterías dispersas en bosques entre Dmitrov y Lovnia. Cada batería consiste en cuatro cañones con tripulación de seis hombres. Total: 56 cañones operativos, aunque tres tienen tubos desgastados que reducen precisión en 30%.

Basiliev decide usarlos en el bombardeo de Clean. Si van a desperdiciar municiones en diversión, que sea con equipo defectuoso. A las 3 de la madrugada del 7 de diciembre, las baterías en Clean reciben orden de fuego. Basiliev observa desde una colina a 2 km. Los primeros proyectiles salen a las 3:15. Explosiones anaranjadas iluminan la noche. Fuego sostenido durante 4 horas.

Los alemanes responden a los 20 minutos con su propia artillería, confirmando que el engaño funciona. Están desviando recursos hacia clan. Mientras tanto, las baterías reales cerca de Dmitrov permanecen en silencio absoluto. Basiliev camina entre ellas, verificando que nadie fume, que nadie hable, que nadie encienda luces.

A las 6:30, cuando faltan 30 minutos para el ataque, da la orden de preparar tubos. Los artilleros cargan sin prisas. Cada movimiento es deliberado. Proyectiles de alto explosivo en las primeras salvas. Humo en las siguientes para cegar a los alemanes. Luego Alto Explosivo otra vez. A las 6:45, Basiliev recibe confirmación por radio.

Infantería en posición, tanques listos, zapadores en los puentes. Da la orden de fuego. 53 cañones disparan simultáneamente a las 7:15. El estruendo es apocalíptico. Proyectiles cruzan el cielo oscuro con trayectorias trazadoras rojas. Impactan posiciones alemanas en Yash Roma. Crasnaya, Poliana y sectores intermedios.

 Los alemanes sorprendidos, tardan 4 minutos en reaccionar. Para entonces la segunda salva ya está en el aire. Basiliev ajusta blancos, según informes de observadores adelantados. Una batería alemana responde desde un bosque al este. Basiliev redirige tres cañones hacia esas coordenadas. Seis proyectiles después, los alemanes callan.

 Otra batería enemiga abre fuego desde el sur. Basiliev marca su posición, pero no dispara. No puede permitirse guerra de contrabatería. Su munición es limitada. Solo silencia amenazas inmediatas contra el avance de infantería. A las 7 el bombardeo entra en fase de humo. Proyectiles explotan liberando cortinas grises que cubren el río Cestra y las rutas de aproximación.

Visibilidad cae a 10 m. Es la señal. Los primeros batallones cruzan los puentes de Kusnetsova. Basiliev observa con binoculares desde su puesto. Ve figuras oscuras moverse rápido sobre el hielo, disciplinadas, sin gritos, sin luces. El primer batallón cruza en 23 minutos, el segundo en 25.

 Los tanques comienzan a cruzar a las 7:30. El primer T34 avanza lento probando el hielo. Las orugas crujen, pero el puente aguanta. El segundo tanque cruza más rápido, el tercero más rápido aún. A las 8:15, 16 tanques están al otro lado. Basiliev recibe informe. Contacto enemigo en Yashroma. Infantería alemana responde con ametralladoras.

Redirige artillería hacia trincheras enemigas. Cuatro salvas suprimen el fuego. La infantería soviética avanza. A las 8:20 Yashroma está en disputa. Combate cuerpo a cuerpo en calles cubiertas de nieve. Desde su puesto, Basiliev ve Benalas alemanas ascender. Señales de socorro. Refuerzos enemigos llegarán pronto.

Consulta su reserva de proyectiles. 342. Calcula que tiene 2 horas de fuego sostenido o 4 horas de fuego selectivo. Opta por lo segundo. Cada proyectil debe contar. A las 9 recibe mensaje urgente. Batallón atrapado en Crasnaya, Poliana. Contraataque Pancer desde el oeste. Tres tanques alemanes avanzan hacia infantería soviética sin apoyo antitanque.

 Basiliev ordena fuego de barraje entre los tanques y la infantería. Levanta muro de explosiones que obliga a los pancer a detenerse. La infantería se repliega hacia posiciones defensivas. Los tanques alemanes intentan flanquear, pero Basiliev ajusta fuego. Los mantiene clavados durante 20 minutos hasta que llegan T34 soviéticos.

 Los pancer se retiran. A las 10 el bombardeo de Clean termina. Las baterías allí han gastado sus 400 proyectiles. Comienzan repliegue hacia Dmitrov para reabastecerse.Basiliev sabe que los alemanes ahora comprenden el engaño. Refuerzos enemigos se redirigirán hacia el frente real en las próximas horas. La ventana de sorpresa se cierra.

 Debe maximizar cada minuto restante. Ordena a todas las baterías fuego rápido durante 30 minutos. Proyectiles caen sin pausa sobre posiciones alemanas. Depósitos de municiones explotan. Camiones arden, trincheras colapsan, pero a las 11 Basiliev tiene solo 180 proyectiles. Reduce fuego a salvas cada 10 minutos. solo para mantener presión.

 A mediodía recibe informe. Yagroma asegurada, Crasnaya, Poliana en manos soviéticas. Avance de 11 km en 6 horas, pero el costo 240 muertos, 400 heridos y munición crítica, 92 proyectiles restantes. Basiliev camina hacia Leliuschenenko y le entrega el informe. 11 km, menos de 100 proyectiles. ¿Qué sigue? Leliusenko estudia el mapa. Consolidar. Cavar.

esperar contraataque y rezar para que el reabastecimiento llegue antes que los pancer. Mientras Basiliev organiza la artillería y Kusnetsoba construye puentes, el sargento Gromov y el soldado Filatov reciben orden de infiltración. Su misión avanzar tras líneas alemanas en Crasnaya Poliana y eliminar observadores de artillería enemigos que dirigen fuego contra el cruce del río.

Sin observadores, los alemanes disparan a ciegas. Con observadores, cada proyectil encuentra su blanco. Gromov y Filatov salen a las 5 de la madrugada del 7 de diciembre, 2 horas antes del bombardeo. Visten capas blancas sobre uniformes y llevan raciones para dos días. Aunque Gromov no planea estar tanto tiempo tras líneas enemigas, cada minuto extra es un minuto más de riesgo.

 Llevan también un radio portátil para reportar posiciones enemigas, aunque Gromov desconfía de los radios. Prefiere señales visuales, bengalas de colores que artillería puede interpretar sin interferencia. Cruzan el río por una sección donde el hielo es delgado, pero suficiente para dos hombres. Filatov pisa con cuidado extremo.

 Gromov camina sin mirar hacia abajo. Conoce el hielo. Sabe cuándo aguanta y cuándo cede. Del otro lado se adentran en un bosque de abetos donde la nieve alcanza medio metro de altura. Gromov avanza agachado. Fusil listo. Filatov lo imita. No hablan, no necesitan. A un kilómetro del río, Gromov se detiene, señala hacia el este.

 Filatov ve humo ascendiendo, una posición alemana. Gromov calcula distancia visualmente, 800 m, demasiado lejos para disparo preciso con luz tenue. Rodean la posición hacia el norte, manteniéndose en el bosque. Tardan 40 minutos en avanzar 300 m. Lento pero seguro. A las 6 escuchan voces alemanas. Gromov se tira al suelo. Filatov también. Esperan inmóviles.

 Dos soldados alemanes pasan a 15 met cargando cajas de municiones. Hablan de café y cartas de casa. Uno se ríe. El otro responde algo que Filatov no entiende. Pasan de largo. Gromov espera 5 minutos antes de moverse. Nunca apresurarse tras contacto cercano. Siempre asumir que hay más enemigos cerca.

 llegan a una colina baja que domina el campo abierto hacia Krasnaya Poliana. Desde allí, Gromov observa con binoculares. Identifica tres posiciones de observadores alemanes. Una en un campanario de iglesia, otra en un granero elevado, la tercera en un árbol alto. Los tres tienen línea de vista clara hacia el río Sestra y los puentes de Kunnetova.

 Gromov memoriza distancias. Campanario a 600 m, granero a 700, árbol a 450. ¿Cuál primero? Susurra Filatov. El árbol más cerca, menos testigos. Se arrastran hacia el árbol usando un canal de irrigación congelado como cubierta. Tardan 20 minutos. Cuando están a 100 m, Gromov ve al observador alemán, joven, probablemente 20 años, con radio en la espalda. y binoculares en las manos.

Está concentrado mirando hacia el río. No ve a Gromov. Gromov ajusta su mossin Nagant. Respira lento. Calcula viento. 5 km/h desde el oeste. Compensa 2 cm a la izquierda. Apunta al centro de masa, no a la cabeza. Disparo más seguro. Exhala. Aprieta el gatillo. El proyectil atraviesa el pecho del alemán.

 cae del árbol sin gritar, impacta la nieve con sonido sordo. Gromov ya está moviéndose hacia el siguiente blanco antes de confirmar la muerte. Filatov lo sigue impresionado y horrorizado al mismo tiempo. El granero es más complicado, está en campo abierto. Acercarse sin ser visto es imposible a plena luz. Pero a las 7:15 el bombardeo soviético comienza.

Explosiones sacuden el suelo. Los alemanes corren hacia trincheras. El observador en el granero baja para buscar refugio. Gromov lo intercepta a 300 m con un disparo en movimiento. El alemán cae antes de alcanzar la trinchera. Ahora el campanario es el blanco más difícil. Está en el centro de Crasnaya Poliana, rodeado de edificios.

Gromov y Filatov se infiltran usando callejones y patios traseros. A las 7:20, cuando el humo del bombardeo cubre el pueblo, suben a un edificio de dos pisos frente a la iglesia. Desde una ventana del segundo piso, Gromov tiene ángulo hacia el campanario.Ve al observador alemán, hombre mayor, 50 años quizás.

 Bigote gris moviéndose con calma profesional. Veterano Gromov espera. No dispara inmediatamente. Observa el patrón del veterano. Cada 4 minutos el alemán se asoma para mirar hacia el río. Luego se retira para hablar por radio. Gromov sincroniza. Cuando el alemán se asoma por cuarta vez, Gromov dispara. El proyectil entra por el cuello.

 El alemán cae hacia atrás, fuera de vista. Tres confirmados, susurra Gromov. Ahora salimos, pero al bajar del edificio encuentran una patrulla alemana en la calle. Seis soldados. No hay forma de evitarlos. Gromov dispara primero, derriba al líder. Filatov dispara por instinto, yere a otro. Los alemanes responden. Balas impactan la pared junto a Gromov.

Él y Filatov se repliegan hacia el edificio, suben corriendo. Los alemanes entran tras ellos. Gromov se posiciona en la escalera. Cuando el primer alemán sube, lo derriba con un disparo. El segundo alemán lanza una granada. Gromovilatov saltan hacia una habitación lateral. La granada explota en el pasillo.

 Humo y polvo. Gromov dispara a ciegas hacia la escalera. Escucha un grito. Otro alemán cae. Filatov con manos temblorosas recarga su fusil. Gromov le hace seña. Ventana. Salen por la ventana trasera hacia un tejado adyacente. Corren sobre tejas resbaladizas. Los alemanes disparan desde abajo. Balas silvan cerca.

 Saltan a otro edificio, luego a un patio. Cruzan una trinchera abandonada. Llegan al bosque a las 8:10. Gromov se detiene para contar municiones. Le quedan 18 cartuchos. Filatov tiene 23. Suficiente para regresar. Caminan hacia el río siguiendo rutas memorizadas. No usan brújula. Gromov navega por árboles marcados mentalmente.

 A las 8:30 están de vuelta en territorio soviético. Leliusenko los recibe personalmente. Cumplido. Tres observadores eliminados, responde Gromov. Artillería alemana disparará a ciegas durante al menos dos horas. Buen trabajo. Gromov asiente y se aleja sin más palabras. Philatov se queda un momento. Siempre es así. Pregunta. Así como tan directo sin pensar.

Leliuschenenko estudia al muchacho. Pensar te mata Filatov. Actuar te salva. Aprende la diferencia rápido. Filatov asiente lentamente y sigue a Gromov hacia las trincheras. A las 10 de la mañana del 7 de diciembre, el avance soviético alcanza su punto más profundo, 13 km dentro del territorio controlado por alemanes.

 Y Roma está asegurada, Krasnaya Poliana, parcialmente tomada, pero el ímpetu se frena. Los alemanes reorganizan defensas y lanzan contraataques coordinados desde Sol Nexnogorsk. Tres compañías Pancer Grenadier avanzan hacia Yacroma con apoyo de tanques. Leliusenko recibe el informe a las 10:15. Tiene dos opciones.

 Replegarse y consolidar las ganancias o empujar hacia delante apostando a que los alemanes no tienen más reservas. Consulta sus propias reservas. Un batallón fresco, cuatro tanques operativos, menos de 100 proyectiles de artillería. Insuficiente para ofensiva prolongada, suficiente para defensa elástica, ordena a sus unidades cabar trincheras en los territorios tomados.

La Tierra está congelada, cabares agonizante. Los soldados usan picos y palas calentadas en fogatas. Avanzan 10 cm por hora, pero para las 2 de la tarde tienen trincheras poco profundas que ofrecen algo de cobertura. A las 3, los Páncer atacan. Cinco tanques alemanes avanzan hacia Yroma desde el oeste.

 Infantería soviética abre fuego con fusiles antitanque PTRD. Los proyectiles rebotan contra blindaje frontal. Los pancer responden con ametralladoras. Soldados soviéticos caen. Leliusenko ordena a sus T34 interceptar. Cuatro tanques soviéticos emergenas. Combate de tanques a 400 m. El primer páncer es alcanzado en el flanco. Explota.

 Tripulación muere instantáneamente. El segundo páncer gira para enfrentar a los T34. Dispara. Impacta a un T34 en la torreta. El tanque soviético se detiene, tripulación herida pero viva. Los otros tres T34 concentran fuego en el páncer. Dos impactos. El páncer arde, los tres páncer restantes se retiran. Pero infantería alemana sigue avanzando.

Llegan a 50 met de las trincheras soviéticas. Combate brutal con granadas y bayonetas. Leliushenko envía su batallón de reserva. Los alemanes son rechazados tras 20 minutos de lucha feroz. 38 soviéticos muertos, 62 alemanes. A las 4 de la tarde llega un mensajero en motocicleta. Trae noticias del sur.

 El pe ejército de choque ha tomado Solnek nogorsk. El cerco alemán alrededor de Moscú comienza a aflojarse. Leliusenko permite una breve celebración. Los soldados abrazan. Algunos lloran de alivio, otros simplemente se desploman exhaustos. Pero a las 5, Leliushenko recibe contraordden de Shukov. Presionar hacia Klin.

 El enemigo está retirándose en desorden. Cada kilómetro extra es vital. Leliusenko mira sus fuerzas agotadas. Soldados que no duermen hace 30 horas, tanques con combustible para 40 km. Artillería sin proyectiles. ¿Hasta dónde podemos llegar? PreguntaBasiliev. 8 km más, quizás 10. Luego colapsamos. Entonces llegaremos a 10. Ordena avance inmediato.

 Los soldados se levantan de las trincheras recién cabadas. marchan hacia el oeste bajo luz moribunda del atardecer. No hay bombardeo preparatorio, no hay apoyo de tanques, solo infantería caminando sobre nieve compactada por botas alemanas. A las 7 de la noche alcanzan un cruce de caminos a 19 km del punto de partida. Allí encuentran un convoy alemán abandonado, seis camiones, dos cañones antitanque, cajas de municiones.

 Los alemanes huyeron tan rápido que dejaron suministros. Leliusenko ordena inventario inmediato. Kusnets supervisa la recolección. Encuentra 200 proyectiles de artillería alemana calibre compatible con cañones soviéticos. 1000 cartuchos, 40 granadas. Raciones para 200 hombres durante 3 días. Más importante, mapas.

Mapas alemanes con posiciones defensivas marcadas, rutas de reabastecimiento, coordenadas de cuarteles generales. Lelius Henko estudia los mapas bajo luz de linterna. Ve algo que cambia todo. Un cuartel general alemán a 22 km al noroeste en un pueblo llamado Bisocoye. Si ese cuartel cae, toda la coordinación alemana en el sector colapsa, pero 22 km es una distancia brutal para tropas exhaustas y el cuartel está defendido por al menos una compañía.

Basiliev se acerca. ¿Qué piensas? Pienso que si tomamos ese cuartel, ganamos tres días más para Moscú. Y si fracasamos, entonces morimos 22 km más lejos. Sigue siendo victoria. Basiliev sonríe cansado. ¿Estás loco, Dmitri? La locura es quedarse quieto mientras el enemigo se reorganiza. A las 8 de la noche, Leliusenko selecciona 50 hombres para asalto al cuartel. incluye Agromov y Filatov.

Kusnetsova lidera un equipo de 12 zapadores para demoler comunicaciones. Basiliev permanece con el grueso de las fuerzas para mantener el cruce. Leliusenko mismo encabeza el asalto. Parten a las 9. Caminan en columna cerrada, sin luz, guiándose por brújula y estrellas. La temperatura ha bajado a -28 gr.

 El frío penetra uniformes y capas. Algunos hombres tiemblan incontrolablemente. Leliusenko no permite paradas. Detenerse es congelarse. Seguir moviéndose es sobrevivir. A medianoche están a 10 km del objetivo. Pasan junto a aldeas destruidas donde solo quedan chimeneas de pie. Cruzan campos donde cadáveres congelados sobresalen de la nieve. Nadie habla.

 El silencio es absoluto, excepto por el crujido de botas. A las 2 de la madrugada del 8 de diciembre ven luces. El cuartel alemán está en un edificio de piedra de dos pisos rodeado por trincheras y alambre de púas. Centinelas patrullan el perímetro. Leliusenko cuenta, ocho centinelas visibles. Asume otros ocho dentro. Total 16 como mínimo.

Ots razonables para 50 hombres con sorpresa. Gromov se ofrece para eliminar centinelas. Leliusenko acepta. Gromov y tres francotiradores más se dispersan en círculo alrededor del cuartel. A las 2:30, a una señal acordada, disparan simultáneamente. Cuatro centinelas caen. Los otros cuatro corren hacia el edificio gritando alarma.

 Demasiado tarde. La infantería soviética ya está cruzando el alambre de púas. Explosiones. Kusnetsoba detonó cargas en el lado este del edificio. Pared colapsa. Infantería entra por la brecha. Combate dentro del edificio. Alemanes defienden piso por piso. Los soviéticos lanzan granadas escaleras arriba.

 Detonaciones sacuden las paredes. Un alemán cae por la ventana aún disparando. Leliuschenenko entra al edificio con pistola en mano. Ve un oficial alemán intentando quemar documentos en una estufa. Leliuenko dispara. El alemán cae. Leliuenko rescata los documentos a medio quemar. Otro oficial alemán se rinde alzando las manos.

 Leliushenko ordena sacarlo afuera. A las 3:15 el cuartel está asegurado. Costo: 13 soviéticos muertos, 22 heridos. Los alemanes 24 muertos, 11 prisioneros. Kusnetsoba destruye el radio y corta líneas telefónicas. El cuartel queda aislado de todo comando superior alemán. Leliuenko revisa los documentos rescatados. Órdenes operacionales fechadas hace dos días.

Planes de repliegue hacia líneas defensivas en CLIN. Confirmación de que el grupo de ejércitos centro está agotado. No hay reservas estratégicas. La Vermacht está operando al límite. Esto es oro, dice Leliuschenko. Shukov necesita verlo ahora. Envía a dos mensajeros en motocicleta hacia Dmitrov con copias de los documentos.

 Luego organiza repliegue. No pueden mantener el cuartel demasiado lejos, demasiado expuestos, pero pueden llevarse todo lo útil. Radios, mapas, armas, prisioneros. Parten a las 4 de la madrugada. Caminan de regreso bajo cielo, que comienza a aclararse. A las 8 están de vuelta en el cruce. A las 10 reciben órdenes de Shukov.

 Consolidar posiciones. Reabastecimiento llegará en 24 horas, pero el avance ha terminado. Los alemanes están construyendo nuevas defensas. La ventana se cerró. Leliusenko colapsa en su puesto de mando. No ha dormido en 48 horas.Basiliev le trae té caliente y pan negro. Leliuenko bebe pero no come. Mira el mapa por última vez antes de cerrar los ojos. 22 km ganados.

430 muertos, 700 heridos. Pero Moscú sigue en pie, los alemanes retroceden. El desastre fue evitado. En ese momento, mientras Leliusenko duerme, llega un civil al puesto de mando. Mujer mayor, tal vez 60 años, envuelta en capas de lana raída. Lleva una bolsa de tela. Basiliev la intercepta.

 ¿Quién es usted? Vivo en Yahroma. Necesito hablar con el comandante. Está durmiendo. Es urgente. Basiliev duda, pero la deja pasar. La mujer entra al sótano. Leliusenko despierta al escuchar pasos. Ve a la mujer. Se incorpora. ¿Qué necesita? La mujer abre su bolsa, saca pan, queso, manzanas secas. Gracias por liberar mi pueblo, pero hay algo más importante. Leliusenko espera.

 Los alemanes tienen un depósito oculto en el bosque al norte de Yahroma. Municiones, combustible, escondido bajo tierra. Yo lo vi cuando lo Porque mi hijo murió en Smolensk y los alemanes mataron a mi nieto cuando intentó robar comida de ese depósito. No quiero que su sacrificio sea inútil. Leliuschenko mira a Basiliev.

 ¿Confirmas esto? Envío reconocimiento. Ahora la mujer describe la ubicación exacta, 3 km al norte, cerca de un arroyo congelado, bajo un montículo de tierra cubierto con ramas. Leliuschenenko agradece y ordena que le den raciones. La mujer se niega, “Denles a los soldados. Yo sobreviví a los alemanes. Sobreviviré sin raciones.

Sale del puesto de mando. Leliusenko la ve partir y siente algo extraño. Esperanza mezclada con culpa. Esperanza porque el depósito puede cambiar todo. Culpa porque esta guerra devora a civiles tanto como a soldados. A mediodía, reconocimiento confirma el depósito. Kusnetsoba y un equipo lo excavan.

 Encuentran 400 proyectiles de artillería, 1000 L de combustible, 3000 cartuchos, 50 granadas, dos ametralladoras, mapas adicionales. Suficiente para extender operaciones tr días más. Leliushenko envía mensaje a Shukov. Depósito encontrado. Solicita permiso para nuevo avance. Chukov responde a las 3 de la tarde.

 Negativo, mantener posiciones. Nuevas ofensivas coordinadas comenzarán en 48 horas. Leliusenko acepta, pero siente frustración. Cada hora de pausa da tiempo a los alemanes para reforzar. Esa noche, mientras soldados descansan y reparan equipo, Leliuenko camina por las trincheras. Ve a Filatov escribiendo una carta.

 se acerca. ¿A quién escribes? A mi madre en Bologda. ¿Qué le dices? Que estoy vivo, que los alemanes retroceden, que quizás vuelva a casa. Bien, envía la mañana. Leliusenko sigue caminando. Ve a Gromov limpiando su fusil por centésima vez. El francotirador no habla, solo asiente. Leliusenko entiende.

 Algunos soldados procesan guerra con palabras. Otros con silencio. Más adelante encuentra a Kusnetsova supervisando reparación de un tanque. Le pregunta, ¿cómo están los zapadores? ¿Cansados, pero orgullosos? Construimos caminos hacia la victoria. Caminos que salvaron Moscú. responde Leliusenko. Kusnetsova sonríe brevemente, luego regresa al tanque.

 A medianoche, Leliusenko vuelve a su puesto de mando. Encuentra un mensaje en código. Chukov ordena prepararse para ofensiva general el 10 de diciembre. Objetivos: Clean, Istra, Boloamsk. Leliusenko despliega el mapa y calcula distancias. Clin está a 80 km. Istra a 60, Bolocolamsk a 50. Tres ejes de ataques simultáneos.

 Si los tres triunfan, el cerco alemán alrededor de Moscú se rompe por completo. Pero si fallan, si los alemanes resisten, todo el avance de los últimos días se desperdicia. Leliusenko estudia el mapa durante horas, traza rutas, calcula tiempos, identifica puntos críticos. Cuando termina, son las 4 de la madrugada. Tiene un plan.

 No es perfecto, pero es viable. Duerme 2 horas. A las 6 convoca a sus comandantes. Basiliev, Kusnetsova, Gromov y otros 10 oficiales llenan el sótano. Leliusenko presenta el plan: Avance en tres fases. Primera fase, romper defensas alemanas en los primeros 5 km. Segunda fase, explotar brecha con tanques y caballería.

 Tercera fase, asegurar objetivos y consolidar. Dudas, pregunta Leliusenko. Basiliev alza la mano. Municiones. Necesitamos 1000 proyectiles para esto. Tenemos 600. El reabastecimiento llegará antes del ataque. Y si no llega, entonces atacamos con 600 y rezamos. Nadie más habla. El plan es claro, riesgoso, pero claro. El 10 de diciembre amanece con nieve ligera.

 A las 7 el reabastecimiento llega. 100 proyectiles, 3000 L de combustible, 5000 cartuchos, 120 granadas, más de lo esperado. Leliusenko sonríe por primera vez en días. A las 8 el bombardeo comienza. 120 minutos de fuego sostenido. Los alemanes responden débilmente. Sus reservas de municiones están agotadas. A las 10:20 infantería soviética avanza en tres ejes.

 Resistencia alemana es fragmentada. Algunas unidades luchan ferozmente, otras se rinden sin disparar. A las 11 los tanques explotan la brecha. Avanzan 30 km en 2 horas. Losalemanes intentan contraatacar, pero no tienen coordinación. El cuartel destruido por Leliuschenenko sigue sin reemplazarse. Comandantes alemanes operan aislados.

A las 2 de la tarde, Cin está bajo asedio. A las 4 Istra cae. A las 6 Bolocolamsk está rodeada. Los alemanes evacúan hacia el oeste. Abandona equipo pesado. Camiones arden en los caminos. La retirada se convierte en desbandada. Leliushenko observa desde una colina. Ve columnas alemanas huyendo. Ve tanques soviéticos persiguiéndolos.

 Ve el cielo iluminado por explosiones. Esta es la victoria. No total, no definitiva, pero victoria al fin. Las 8 de la noche recibe mensaje de Shukov. Avance exitoso. Moscú está asegurada. Grupo de ejércitos centro. en retirada general. Continuar presión. Leliusenko pasa el mensaje a sus comandantes. Celebración moderada.

 Los soldados saben que la guerra no terminó, pero también saben que ganaron algo invaluable, tiempo. Esa noche Leliusenko se sienta solo en su puesto de mando. Piensa en los muertos. 430 en los primeros 2 días, 200 más en la ofensiva del 10 de diciembre, 630 nombres que nunca conocerá, 630 familias destruidas, pero Moscú vive, 3 millones de civiles salvados.

 Vale la cuenta, Leliushenko no sabe, nunca sabrá. A medianoche, Filatov entra al sótano. Mi general tiene visita. Es la mujer de Yashroma. Trae más comida, pan, sopa, un pedazo de carne ahumada. Leliushenko la invita a sentarse. Ella acepta. ¿Por qué regresa? Pregunta Leliushenko. Para saber si el depósito ayudó. Ayudó. Quizás salvó 100 vidas.

Entonces, mi nieto no murió en vano. Leliuschenenko no sabe qué decir. Ofrécete. La mujer bebe lentamente, luego habla. Mi esposo murió en la primera guerra. Mi hijo en Smolensk, mi nieto fusilado por alemanes. No me queda nadie. Pero si puedo ayudar a derrotarlos, mi vida tiene sentido. ¿Qué hará ahora? reconstruir mi casa, plantar en primavera, vivir.

 Eso también es victoria, dice Leliusenko. La mujer sonríe, termina su té y se levanta. Cuide a sus soldados, general, son buenos hombres. Sale del puesto de mando. Leliushenko la ve partir por segunda vez. Cuando desaparece en la noche, vuelve al mapa. Marca posiciones actuales. Calcula distancias. Los alemanes están a 120 km de Moscú.

 Ahora hace 7 días estaban a 22, 102 km ganados en una semana. Suficiente para garantizar que Moscú sobreviva el invierno. Los días siguientes traen más avances. El 15 de diciembre, clinn cae completamente. El 20, las fuerzas soviéticas están a 200 km de Moscú, empujando a los alemanes de vuelta a las posiciones desde donde comenzaron la operación Tifón en octubre.

 La amenaza inmediata sobre la capital se ha disuelto. Leliusenko recibe órdenes de regresar a Moscú para reunión con el alto mando. Antes de partir, camina por última vez por las trincheras donde sus hombres lucharon. Ve a Gromof enseñando técnicas de tiro a tres reclutas nuevos. Ve a Kusnetsova diseñando fortificaciones permanentes. Ve a Filatov ahora con cara más dura, ojos menos inocentes, escribiendo otra carta a su madre. Basiliev se acerca.

Volvemos héroes, volvemos vivos, corrige elusenco. Eso es suficiente. Y después, después hacemos esto de nuevo en otro frente contra otro enemigo hasta que termine. ¿Cuándo termina? Leliusenko mira el horizonte donde el sol de invierno desciende detrás de bosques quemados. Cuando Berlín caiga o cuando nosotros caigamos, no hay tercera opción.

El 22 de diciembre, Leliusenko está en Moscú. El Kremlin permanece intacto. Las calles, aunque dañadas por bombardeos, buyen con vida. Niños juegan en nieve manchada de ollín. En la reunión del alto mando, Chukov presenta cifras. Grupo de ejércitos centro. Perdió 70,000 hombres en diciembre.

 retrocedió entre 100 y 250 km en todo el frente. La Vermacht no volverá a amenazar Moscú. La guerra cambió. Los alemanes ya no avanzan, ahora retroceden. Leliushenko recibe la orden de Lenin. No siente orgullo, siente cansancio y algo parecido al alivio. Cuando le preguntan qué hizo diferente, responde, nada. Ejecutamos órdenes.

 Los soldados pelearon, algunos murieron, otros vivieron. Ganamos 7 días. Esos siete días se convirtieron en semanas, las semanas en meses. Así se ganan guerras un día a la vez. De regreso en su habitación temporal en Moscú, Leliusenko escribe informes hasta el amanecer. Lista nombres de muertos para notificaciones familiares.

 Recomienda con decoraciones para Basiliev, Kusnetsova, Gromov. Solicita que Filatov sea transferido a entrenamiento avanzado. El muchacho tiene potencial. El 25 de diciembre, día que los alemanes celebran, Leliusenko recibe nueva orden. Preparar su ejército para ofensiva de enero. Objetivo: Liberar Kaluga y Mochasisk.

 Más combates, más muertos, más kilómetros ganados con sangre. Pero antes de partir nuevamente al frente, camina por Moscú. Ve la Plaza Roja cubierta de nieve. Ve el Kremlin iluminado por reflectores antiaéreos. Veciviles que no saben cuán cerca estuvo el desastre. Ve una ciudad que sobrevivió porque soldados compraron tiempo con sus vidas.

En una esquina encuentra un memorial improvisado. Flores congeladas, fotografías, velas apagadas por el viento. Nombres escritos en papel. Ivanov, Petrov, Sidorov, Kusnetsov. Cientos de nombres, miles, los muertos que salvaron a los vivos. Leliusenko se detiene, no reza, no cree en dioses, pero guarda un minuto de silencio.

 Luego regresa a su cuartel. Tiene una guerra que seguir peleando. Tiene soldados que comandar. Tiene días que comprar para que otros vivan. Años después, cuando historiadores pregunten cómo se salvó Moscú, hablarán de decisiones estratégicas, reservas siberianas, errores alemanes, invierno brutal, todo cierto. Pero también esto.

 En 7 días de diciembre de 1941, hombres y mujeres comunes hicieron lo extraordinario. Cruzaron ríos congelados, construyeron puentes bajo fuego, dispararon con precisión imposible. Marcharon cuando el cuerpo pedía colapsar. Eligieron pelear cuando rendirse era más fácil. Esos 7 días no ganaron la guerra, pero aseguraron que la guerra pudiera ser ganada después.

 Compraron tiempo y en guerra el tiempo lo es todo. Porque cada día que un soldado compra con su vida es un día más que una ciudad respira, que una familia espera, que la esperanza sobrevive. Moscú no cayó en 1941, no porque fuera invencible, sino porque hubo quienes decidieron que no caería. Y esa decisión, multiplicada por miles de soldados en cientos de kilómetros de frente, se convirtió en realidad.

 Una realidad construida sobre trincheras congeladas, proyectiles contados uno por uno, puentes improvisados con madera de granero y la convicción inquebrantable de que rendirse no era opción. Los alemanes aprendieron en esos 7 días lo que después confirmarían en Stalingrado, Kursk y Berlín, que habían subestimado no solo el invierno ruso, no solo las distancias rusas, sino la voluntad rusa de resistir hasta que el último invasor fuera expulsado.

 Y esa lección comenzó en diciembre de 1941, cuando 22 km parecían insignificantes en un mapa, pero resultaron ser la distancia entre la catástrofe y la supervivencia. Fin.