UN TRIPLE FEMINICIDIO CONMOCIONÓ AL MAGDALENA: LA TRAICIÓN FAMILIAR Y LA CODICIA CRUEL OCURRIDA

Una mañana de enero de 2017, [música] en medio de la desolada cien gachillona, un pescador acababa de recoger su primera red cuando se quedó paralizado. Lo que emergió [música] ante sus ojos no fue un pez, sino el cuerpo de una joven con piedras atadas al cuerpo, como si alguien [música] hubiera querido hundir no solo su vida, sino también su identidad en el fondo del agua.

 Sin documentos, sin nadie que la reconociera. Nadie imaginaba que a partir de aquel cadáver sin nombre la policía terminaría descubriendo un secreto aún más frío que la superficie de la ciénaga. Detrás de ella no había solo un homicidio, sino el rastro de toda una familia arrastrada hacia un viaje sin retorno.

 Al final, ¿quién fue el que condujo con tanta frialdad a tres mujeres hasta ese destino final? A pocos kilómetros al sur el banco, Chillona se extendía como una inmensa zona de agua, donde cientos de habitantes vivían de la pesca. Pero en aquel enero la superficie que había alimentado a tantas familias terminó convirtiéndose en un escondite para la muerte.

 La mañana del lunes 16 de enero, Martín Rangel, un pescador del caserío Garzón, salió en su canoa a recoger sus redes. Como todos los días, aquella mañana era calurosa, silenciosa y aparentemente normal, hasta que sintió que la red pesaba de una forma extraña. Cuando la acercó un poco más, quedó paralizado. Enredado en la malla no había peces, sino el cuerpo de una mujer.

 Martín Rangel quedó tan conmocionado que al principio no podía creer lo que veía. En medio de aquellas aguas acostumbradas solo a peces, camarones y redes pesadas, lo que había quedado atrapado ese día era un cuerpo humano. Los habitantes cercanos ayudaron de inmediato a sacar el cadáver hasta la orilla y lo colocaron en un lugar seguro mientras se daba aviso a las autoridades en el banco.

 A unos 12 km del lugar, el investigador criminal Andrés Guita, uno de los primeros en quedar a cargo del caso, salió de la estación apenas recibió la llamada de emergencia. Tras casi 40 minutos recorriendo un camino de tierra lleno de baches, él y su equipo llegaron a Chillona. Frente a ellos estaba el cuerpo de una mujer joven ya sin vida.

 Y el estado en que se encontraba indicaba que la víctima no llevaba apenas unos instantes en aquellas aguas. Las huellas que quedaron en la escena hicieron que los investigadores empezaran a creer muy pronto que no se trataba de una muerte accidental. Su cuerpo presentaba múltiples heridas concentradas sobre todo en el cuello y en el torso, suficientes para mostrar que hubo una agresión deliberada.

 Pero lo que dejó a todos en silencio fue la manera en que el cadáver había sido amarrado con piedras mediante una cuerda atada alrededor del abdomen, como si alguien hubiera querido asegurarse de que se hundiera y desapareciera para siempre. No llevaba documentos, no tenía pertenencias y nadie en la zona sabía quién era.

 Y fue justamente en ese instante cuando comenzó oficialmente la búsqueda de la identidad de aquella mujer desconocida. Los investigadores pronto se dieron cuenta de que aquella joven no era de algarrobal ni de garzón. Fueron casa por casa, revisaron los reportes de personas desaparecidas, pero aún así nadie sabía quién era la víctima.

 Y mientras seguía sin tener identidad, alrededor de la ciénaga, comenzaron a extenderse toda clase de rumores que venía de otro lugar, que había sido víctima de una venganza. E incluso hubo quienes inventaron teorías descabelladas. Solo para explicar por qué una muchacha joven había aparecido en medio de aquellas aguas apartadas. Pero mientras la gente seguía entre dudas y especulaciones, el equipo de investigación permaneció aferrado a la escena y entonces en el bolsillo derecho del pantalón de la víctima encontraron una memoria USB de color azul. Aquel

pequeño objeto había estado sumergido en el agua y parecía no tener ningún valor. Sin embargo, cuando lo llevaron a revisar, fue precisamente esa pieza la que se convirtió en la primera pista, la que abrió la puerta hacia la identidad de la joven desconocida y al secreto que se escondía detrás de su muerte.

 Entre los archivos guardados en aquella memoria USB, los investigadores encontraron el nombre de una mujer. Un solo nombre bastó para que se aferraran a él como al primer salvavidas en medio del misterio que rodeaba el caso. De inmediato la buscaron en Facebook y hallaron un perfil que coincidía. Carmen, residente en Medellín, estudiante de la Universidad Pontificia Bolivariana y con una edad cercana a la de la víctima.

 A partir de ahí, los investigadores comenzaron a escribirles a amigos y familiares que aparecían en ese perfil con la esperanza de que alguien respondiera y ayudara a confirmar la identidad de la mujer desconocida hallada en la ciénaga. La noche del 16 de enero transcurrió en silencio hasta que alrededor de las 10 de la noche la cuenta registró actividad de forma inesperada.

 Los investigadores enviaron un mensaje directo de inmediato y esta vez obtuvieron una respuesta casi al instante. En Medellín, a más de 600 km del lugar de los hechos, Carmen quedó paralizada al enterarse de que su memoria USB había sido hallada en un cadáver. Ella confirmó que efectivamente era suya, pero explicó que antes se la había prestado a una compañera de clase.

Y cuando le enviaron las fotografías para intentar identificar a la víctima, Carmen empezó a comprender que aquello ya no era una simple confusión. Todo parecía conducir hacia una joven que quizá había desaparecido sin que nadie lo hubiera advertido a tiempo. Información proporcionada por Carmen, el investigador logró finalmente identificar a la joven encontrada sin vida en la ciénaga.

 Su nombre era Andrea Carolina Castellanos Leal. [música] Andrea era recordada con afecto por quienes la conocieron. Alta, de cabello largo, piel clara, ojos color miel. Tenía un carácter sencillo. Era dulce, reservada y alegre. Sus amigos la describían como una joven tierna, tímida, pero con una energía cálida que la hacía cercana a todos.

 Para su familia, especialmente su tío Javier, era una joven angelical y profundamente querida. Andrea Carolina Castellanos Leal, nacido en Brasil en 1996, pero fue criada en Colombia por su madre Gloria Amparo Leal. A los 12 años, su vida dio un giro cuando su madre inició una relación con Robinson Castellanos, un ingeniero industrial que decidió adoptarla y acogerla como hija propia.

Vivían juntos en Medellín. Robinson la recordaba con un cariño genuino, como una hija a la que nunca le faltó su apoyo. Mientras tanto, en la estación del banco, los investigadores trataban de entender por qué una joven estudiante de Medellín, apreciada por su dulzura y su entorno cercano, había terminado sin vida en una ciénaga, en un lugar donde nadie la reconocía.

 La clave siguiente también vino de Carmen. Les contó a las autoridades que Andrea le había mencionado que viajaría a Santa Marta junto a su madre Gloria Amparo y su tía Mercedes para pasar unos días de descanso. Las tres vivían juntas en Medellín y eran inseparables. Fue entonces cuando surgió una nueva preocupación.

 No había rastro de Gloria ni de Mercedes. El investigador y guita se preguntaba dónde estarían y qué había pasado con ellas. Se activó una búsqueda urgente. En coordinación con las unidades del distrito 4 de la Policía del Banco y la Defensa Civil, se organizó un bloque de búsqueda durante la noche del lunes 16 y la madrugada del martes 17 de enero.

 Los esfuerzos no dieron resultados, pero al día siguiente algo cambió. El martes 17 de enero de 2017 a las 8 de la mañana, la comunidad de la vereda Garzón volvió a dar aviso a las autoridades. Esta vez se había encontrado otro cuerpo sin vida de una mujer a orillas de la ciénaga de Chilloa, muy cerca del lugar donde había aparecido el cuerpo el día anterior.

 Los investigadores regresaron al lugar con la sospecha de que podía tratarse de Gloria Amparo Leal Valeta, la madre de Andrea. El cuerpo mostraba signos similares de violencia, [música] heridas abiertas en el abdomen y el cuello y una cuerda alrededor del abdomen atada a varias piedras. Mientras terminaban las diligencias, la comunidad informó sobre un tercer hallazgo.

 A unos 800 met del lugar, otro cuerpo femenino había aparecido en la orilla. Esta vez todo apuntaba a que se trataba de Mercedes Victoria Leal Baleta, hermana de Gloria y tía de Andrea. Las circunstancias eran prácticamente idénticas. Frente a los investigadores se revelaba un presunto caso de feminicidio múltiple con víctimas unidas por lazos familiares y un mismo destino.

 Semas más tarde, Medicina Legal confirmó oficialmente sus identidades. El segundo cuerpo encontrado, el de Gloria Amparo Leal Valeta, correspondía a una mujer de 49 años, ama de casa, que vivía en Medellín junto a su hija Andrea y su hermana Mercedes, de carácter fuerte. Como muchas mujeres de su tierra, era dedicada a su hogar y a su familia.

Había compartido 8 años de vida en pareja con Robinson Castellanos, quien la describía como una madre entregada y constante. El tercer cuerpo correspondía a Mercedes Victoria Leal Baleta. Tenía una [música] discapacidad cognitiva leve, pero era alegre, intuitiva y muy querida. [música] su entorno más cercano la valoraba profundamente, tanto por su dulzura como por la relación cercana que mantenía [música] con su hermana Gloria y su sobrina Andrea.

 Las tres vivían [música] juntas, se cuidaban mutuamente y compartían una vida tranquila. La investigación continuó con apoyo desde Medellín. El investigador criminal Alexander Ríos [música] comenzó a recopilar información sobre los últimos movimientos de las tres mujeres. Se confirmó que la última vez que fueron vistas fue el jueves 12 de enero de 2017, cuando salieron del apartamento 900, uno del edificio Isasú, ubicado en el barrio Laureles, Ríos, habló con el vigilante del edificio, Carlos Gómez.

Según su testimonio, las mujeres salieron alrededor de las 7 de la mañana en lo que parecía un viaje repentino. No era una salida planeada, al menos no en los términos habituales. Las cámaras de seguridad de los alrededores ayudaron a reconstruir parte de lo sucedido. Las imágenes confirmaron que las tres habían salido en un vehículo azul que no les pertenecía.

 Al volante iba una cuarta persona, posiblemente la última que las vio con vida. Mientras avanzaba la investigación, surgieron nuevas preguntas. El investigador Alexander Ríos comenzó a preguntarse cómo era posible que tres mujeres que vivían solas y enfrentaban dificultades económicas emprendieran un viaje repentino hacia la costa.

 No tenían vehículo propio y sin embargo salieron en una camioneta Tucon azul. Las cámaras y los registros de peaje confirmaron que la camioneta era de placas de LD514. y pertenecía a Robinson Castellanos, expareja de Gloria Amparo y padrastro de Andrea. Él mismo reconoció haberlas llevado hacia la costa.

 [música] Según su versión, Andrea le pidió el favor, mencionando que su madre había cerrado un buen negocio. Acedió a transportarlas. Robinson relató que en [carraspeo] el trayecto hicieron una parada después de pasar un peaje conocido como el burro. Allí se produjo una discusión. Gloria Amparo le pidió que las llevara a el banco en Magdalena, pero él se negó.

 Finalmente, madre, hija y tía cruzaron la calle y tomaron otro transporte. Fue la última vez que él las vio. El viernes 13 de enero, al día siguiente de la partida, Gloria Amparo llamó al vigilante del conjunto en Medellín. [música] Le dijo que estaban por asiotas y que intentaría regresar ese mismo día. Sin embargo, el sábado 14 no regresaron.

 Desde el domingo en la tarde, el vigilante comenzó a llamarlas sin éxito. Los teléfonos estaban apagados. Las llamadas iban directamente [música] al buzón. Nadie supo más de ellas. Todo permaneció en silencio hasta que el lunes 16 de enero, el primer cuerpo apareció en la ciénaga de Chilloa. Era lunes 23 de enero de 2017. Había pasado una semana desde que se encontró el cuerpo de Andrea Carolina Castellanos Leal en la ciénaga de Chilloa.

 La comunidad seguía conmocionada. Los investigadores del municipio de El Banco continuaban en terreno buscando respuestas. Sabían que el responsable aún estaba libre y que las muertes no habían sido fortuitas. El ambiente era tenso. En una región acostumbrada a la calma. El triple asesinato de tres mujeres, aparentemente sin enemigos, sembró miedo y desconfianza, pero había un detalle que apuntaba a una posible conexión local.

Las cuerdas utilizadas para sujetar piedras a los cuerpos eran típicamente usadas por pescadores de la zona. Guiado por esa pista, el investigador Andrés Higuita Iita retomó las entrevistas casa por casa. Así fue como ese lunes a través de labores de vecindario surgió el nombre de un hombre conocido por todos como el canoero, residente del corregimiento de Algarrobal.

 Esa misma noche las autoridades ingresaron a su vivienda. Durante el allanamiento se encontraron tres rollos de cuerda con características casi idénticas a las halladas en los cuerpos. Ante las evidencias, el canoero no tardó en quebrarse. Declaró que el jueves 12 de enero había recibido una llamada de su hermano Johnny, a quien en la zona conocían como el brujo.

 Este hombre tenía fama de practicar magia negra y de ejercer control sobre personas en estado vulnerable. Ambos hermanos se reunieron en el banco. Johnny le contó que un hombre, un ingeniero, según dijo, venía en camino con tres mujeres y que quería asesinarlas. Presionado por su hermano, el canoero accedió a colaborar.

 El encuentro se daría cerca de la ciénaga de Chilloa. El sábado 14 de enero, dos días después de la llamada, los hermanos se trasladaron en una canoa desde Algarrobal hasta una finca cercana a la vereda Garzón. Al llegar se escondieron entre la maleza. Fue allí donde Johnny le pidió a su hermano que se acercara hasta la entrada de la propiedad.

 Según el testimonio del canoero, Gloria Amparo, Mercedes y Andrea habían sido conducidas al lugar mediante engaños. El conductor del vehículo, una figura aún misteriosa en ese momento, les había dicho que harían una breve parada. Antes de continuar con el viaje, minutos después de esconderse entre la maleza, los hombres vieron llegar el vehículo.

La camioneta se detuvo y dentro de ella permaneció Mercedes, mientras Gloria Amparo y su hija Andrea descendieron, acompañadas por el hermano del brujo. Juntas caminaron hacia la orilla de la ciénaga de Chilloa, donde según les habían dicho, debían abordar una canoa. En ese trayecto oculto entre los matorrales, Johnny López Castro salió repentinamente empuñando un cuchillo.

Atacó a Gloria Amparo por el cuello, causándole la muerte de forma inmediata. Andrea, horrorizada, intentó regresar para pedir ayuda al conductor, pero él, armado con un machete, le propinó una herida en el cuello que también resultó mortal. Madre e hija quedaron tendidas sin vida en el suelo.

 Mientras tanto, Mercedes seguía dentro del vehículo. Sin saber lo que ocurría, el conductor regresó, la sacó de la camioneta y la llevó hacia la zona de Matorrales. Allí, con el mismo machete, le causó heridas letales en el cuerpo. Luego escondieron los tres cuerpos entre la vegetación. Esa misma noche, entre las 10 y las 11, los hombres decidieron mover los cuerpos, los trasladaron hasta la orilla de la ciénaga, donde tenían preparada una canoa.

 Navegaron hasta el centro del cuerpo de agua. Allí comenzaron el proceso de ocultamiento. Ataron cuerdas alrededor de los abdómenes de las tres mujeres y en los extremos de esas cuerdas sujetaron piedras. Además, les hicieron cortes adicionales en el abdomen, buscando evitar que los cuerpos flotaran. El conductor, tras la acción, abandonó el lugar y se deshizo de las pertenencias de las tres víctimas, intentando no dejar rastros.

 El canoero, implicado en la logística del crimen, terminó confesando. Declaró que no participó directamente en los asesinatos, pero sí ayudó bajo la presión constante de su hermano Johnny. El miedo fue lo que lo llevó finalmente a hablar. Según Vicente Guzmán, [música] director seccional de fiscalía en el Magdalena, su testimonio fue clave.

Gracias a él, los investigadores ya tenían el nombre de uno de los autores materiales del crimen, Johnny López Castro, alias el brujo. Pero aún faltaba una pieza fundamental en el rompecabezas, la mente detrás del plan, el autor intelectual. La persona que llevó bajo engaños a tres mujeres hasta un destino del que nunca regresarían.

 Las autoridades pronto dirigieron su atención hacia Robinson Castellanos, la última persona que había estado con ellas. Según su versión, el jueves 12 de enero hacia las 5 de la tarde, después de pasar el peaje de Pailitas en Cesar, las tres mujeres descendieron del vehículo y cruzaron la carretera para tomar otro transporte. aseguraba no haberlas visto nunca más.

Sin embargo, al regresar a Medellín, Robinson se presentó en el edificio donde vivían Gloria Amparo, Andrea y Mercedes. Saludó al vigilante y le dijo que su familia había viajado al exterior pidiéndole que entregara el apartamento. El hecho resultó sospechoso, pues su relato no coincidía con lo que había declarado antes sobre el supuesto descenso en el peaje.

 Al revisar los videos de los peajes, los investigadores descubrieron una contradicción aún mayor. Robinson no regresó a Medellín el mismo jueves, como había dicho, sino el domingo 15 de enero, un día después de los asesinatos. Además, aunque negaba haber estado cerca de la hacienda Gachillua, testigos confirmaron haber hablado con él en la zona.

 En un procedimiento de reconocimiento fotográfico, [música] el canoero lo señaló directamente como el hombre que condujo a las tres mujeres hasta la ciénaga el sábado 14 de enero. También había evidencia técnica. Las llamadas realizadas desde su teléfono lo ubicaban en el área. En el momento del crimen, pronto se estableció que Robinson y Johnny López Castro, alias el brujo, se conocían desde hacía años debido a trabajos que Robinson había desempeñado en la región del Magdalena en zonas petroleras.

 Los dos aparecían ahora como autores del hecho, [música] uno como ejecutor, el otro como autor intelectual y material. ¿Por qué Robinson, un ingeniero de 50 años, querría asesinar a Gloria Amparo, la mujer con la que compartió casi una década de vida y a quien conocía desde la infancia? ¿Por qué acabar con Andrea, la joven a quien adoptó como hija y le dio su apellido.

 ¿Y por qué también con Mercedes, una mujer apreciada por todos, que además tenía una discapacidad en Medellín? El investigador Alexander Ríos comenzó a encontrar las respuestas que podían explicar el trasfondo de la tragedia. Durante el allanamiento en el apartamento donde vivían Gloria Amparo, Andrea y Mercedes, se evidenció la precariedad en la que se encontraban.

 A pesar de residir en un barrio acomodado, la vivienda estaba casi vacía. Gloria había vendido algunos enseres, como la nevera y otros objetos, para poder sostenerse junto a su hija y su hermana. Las autoridades confirmaron que las tres mujeres atravesaban serias dificultades económicas.

 La administradora del edificio recordaba como al inicio Gloria se mostraba alegre y tranquila. Sin embargo, [música] en los últimos meses, su ánimo decayó visiblemente, marcado por la separación de Robinson castellanos y la escasez de dinero, que en ocasiones no alcanzaba ni para lo más básico. A finales de 2016 la situación se agravó.

 Gloria y su familia quedaron sin recursos, [música] sin alimentos y con los servicios públicos sin pagar. Fue entonces cuando apareció una prueba reveladora, una carta escrita por Gloria Amparo. En ella describía los maltratos que sufría por parte de Robinson, tanto físicos como psicológicos. También señalaba que él no le permitía trabajar, lo que la hacía sentir prisionera en su propia casa.

 Gloria había confiado a su amiga Consuelo, [música] que era vigilada constantemente y que incluso Robinson la había golpeado en varias ocasiones. También contó que en una oportunidad Andrea fue víctima de agresiones. Días antes de morir, la propia Gloria envió un audio a su hermano Javier en el [música] que expresaba su temor de que Robinson terminara con su vida.

 Años atrás, Gloria había entregado un poder a Robinson para averiguar qué bienes había dejado su padre en Barranca Vermeja. Fue entonces cuando descubrió que parte de esas propiedades habían pasado a nombre de Robinson sin su consentimiento. Entre 2014 y 2016, [música] según los certificados de tradición, él se benefició de un lote valioso que originalmente pertenecía a la familia de Gloria.

 Mientras ella, Andrea y Mercedes sobrevivían vendiendo electrodomésticos para poder comer, Robinson obtenía ganancias de un patrimonio que no le correspondía. Cuando Gloria descubrió el engaño, [música] se llenó de angustia. Según sus allegados, comenzó a abrir los ojos y a tomar conciencia de lo ocurrido. Todo indicaba que al sentirse acorralado y temiendo perder lo que había tomado, Robinson tomó la decisión de acabar con la vida de Gloria, de Andrea y de Mercedes.

 Las tensiones entre Robinson Castellanos y Gloria Amparo habían alcanzado un punto de ruptura. La manutención, [música] los estudios de Andrea y la carga económica eran motivo constante de reproches. Gloria, marcada por años de su misión, había perdido su autonomía y entregado su vida a un hombre que ejercía sobre ella violencia física, psicológica y económica.

 Las autoridades se preguntaban por qué, si el conflicto era con Gloria Amparo, también había decidido acabar con la vida de Andrea y de Mercedes. La respuesta parecía clara. Si ellas sobrevivían, serían testigos directos de lo ocurrido. [música] La investigación concluyó que existían dos móviles principales.

 Uno económico, vinculado a la apropiación de los bienes familiares en Barranca Vermeja y otro emocional ligado a la relación de dependencia y sometimiento que mantenía con gloria. Con la complicidad de Johnny López Castro, alias el brujo, Robinson había llevado a Gloria, Andrea y Mercedes a un viaje del que no regresarían.

 Robinson Castellanos, según la fiscalía, actuó como determinador y coautor. El testimonio del canoero, pieza clave en la investigación, le permitió llegar a un preacuerdo con la justicia que le otorgó la libertad. En contraste, su hermano Johnny, el brujo, permanece prófugo desde enero de 2017. La Interpol emitió una circular azul para localizarlo en el extranjero y en Colombia se ofrece una recompensa por información que permita su captura.

 El 30 de enero de 2017, 16 días después de la aparición de los cuerpos, Robinson Castellanos fue capturado en la vivienda de su nueva pareja en Medellín. Desde el primer momento negó toda responsabilidad, asegurando ser inocente, aunque nunca presentó pruebas que respaldaran su versión. La fiscalía, en cambio, expuso un conjunto de evidencias sólidas con base en ellas, el juez Óscar Armando García Barrios, del juzgado primero penal del circuito del Banco declaró a Robinson Castellanos plata culpable del asesinato de Gloria

Amparo, Andrea y Mercedes. La sentencia fue ejemplar. Robinson [música] fue condenado a la pena máxima contemplada en Colombia, 60 años de prisión. ¿Por qué piensan que a veces el miedo impide a una mujer pedir ayuda? ¿Cómo creen que la comunidad puede apoyar a quienes atraviesan situaciones de violencia? ¿Qué enseñanza deja este caso para todas las familias latinoamericanas? Queremos saber tu opinión.

 Te leemos en los comentarios. [música] [música]