TRÍO SĘXUAL que terminó en MUĘRTE | Ellas tenían 18 y 30 y él 45

Un día de diciembre, en un lujoso complejo residencial de cualur, un residente regresó a su apartamento y encontró una escena imposible de ignorar. La varanda de su balcón estaba destrozada y entre los restos de madera yacía el cuerpo desnudo de una joven que había caído desde varios pisos más arriba. Las autoridades dijeron que había sido un accidente provocado por una noche de fiesta, alcohol y drogas, pero con el paso del tiempo comenzaron a surgir detalles que no encajaban.

 Una investigación apresurada, pruebas contradictorias y la sospecha de que lo ocurrido dentro del apartamento, desde donde cayó, podría ocultar algo mucho más oscuro. Casi una década después, el misterio sigue abierto. El caso de Ivana Smith. Los criminólogos dicen que no existe el crimen perfecto. Lo que existe es el crimen mal investigado.

Siempre en cualquier investigación aparece una pista clave que lleva hacia el asesino. Encontrémosla juntos repasando este caso abierto. Hola a todos, mi nombre es León y en cada video repasaremos todos los detalles de los más terribles casos criminales. Antes de empezar, no te olvides de suscribirte y dejar tu me gusta para que puedas seguir trayéndote el mejor contenido de investigación.

Recuerda también activar la campanita, ya que estaré subiendo videos tres veces a la semana. Empecemos. La tarde del 7 de diciembre de 2017 transcurría con normalidad en el complejo residencial Cap Square, uno de los edificios de lujo más exclusivos de Kuala Lumpur. Ubicado en pleno corazón de la ciudad, el lugar era conocido por sus modernos apartamentos, sus vistas privilegiadas y por albergar a expatriados y profesionales de alto nivel.

 Nada hacía pensar que ese día el edificio se convertiría en el escenario de un misterio que años después seguiría sin resolverse. Alrededor de las 2:45 de la tarde, un residente del sexto piso regresó a su apartamento después de haber pasado varias horas fuera. Cuando se acercó al balcón, notó algo extraño. La varanda de madera estaba completamente destrozada.

Astillas y fragmentos se esparcían por el suelo como si algo extremadamente pesado hubiera impactado contra ella desde arriba, pero lo que vio después fue mucho más perturbador. Entre los restos de la varanda yacía el cuerpo desnudo de una joven. Estaba rígido, inmóvil, con los brazos cruzados sobre el pecho en una postura extraña, casi ritual. La escena no tenía sentido.

Si alguien hubiera caído desde lo alto del edificio, lo normal habría sido encontrar el cuerpo en una posición caótica con los miembros extendidos por el impacto. Sin embargo, aquella posición parecía cuidadosamente colocada. El hombre, en estado de shock, llamó inmediatamente a la policía. explicó que había salido de su apartamento alrededor de las 9:30 de la mañana y que al regresar se encontró con aquella escena.

Eso significaba que la caída, si realmente había sido una caída, había ocurrido en algún momento durante esas 5 horas. Había otro detalle inquietante. El C Square Residences tenía 14 pisos por encima de ese balcón. Una caída desde esa altura debería haber provocado un estruendo imposible de ignorar, el impacto contra la varanda, la rotura de la madera, así como el golpe final contra el suelo del balcón.

 Sin embargo, cuando los investigadores comenzaron a hablar con los vecinos, nadie recordaba haber escuchado absolutamente nada. Horas después, la policía confirmaría la identidad de la víctima. La joven encontrada en aquel balcón era Ivana Smith, una modelo de apenas 19 años. Y lo que al principio parecía un accidente pronto comenzaría a transformarse en algo mucho más oscuro.

 Antes de seguir vamos a detenernos un poco para saber quién era Ivana. Ivana Ester Smith nació el 13 de julio de 1998 en Sitar, una pequeña ciudad de la provincia de Limburgo en los Países Bajos. Era la menor de la familia y creció con una diferencia de 14 años respecto a su hermano mayor Fred. Sus padres, Marcel y Hans, dirigían un negocio de autos usados y describían a Ivana como una niña alegre, curiosa y llena de energía.

 Tenía una herencia cultural diversa. Su familia combinaba raíces holandesas con ascendencia indonio-china, algo que con el tiempo también influiría en su apariencia y en su carrera como modelo. Desde muy pequeña mostró una personalidad determinada y una fuerte independencia. Cuando Ivana tenía apenas 3 años, ocurrió algo que cambiaría su vida.

 Sus abuelos maternos, con quienes tenía un vínculo muy estrecho, decidieron mudarse a Penang, una ciudad ubicada en una isla de Malasia. La separación afectó profundamente a la niña. Según contaría más tarde su familia, Ivana dejó de comer durante un tiempo porque insistía en que quería irse con ellos. Finalmente, sus padres tomaron una decisión difícil, permitir que Ivana se mudara a Penan para vivir con sus abuelos.

 Allí pasó prácticamente toda su infancia y adolescencia. Creció en un entorno multicultural y aprendió a adaptarse rápidamente a distintos idiomas y culturas. Durante sus años escolares destacó por su inteligencia y disciplina. Hablaba con fluides holandés, inglés, mandarín y malayo. También practicaba música, tocaba guitarra y piano y llegó a obtener cinturón negro en taecuondo.

 Sin embargo, había algo que realmente capturaba su atención, el modelaje. Ivana comenzó a interesarse por ese mundo cuando apenas tenía 13 años. Su altura, su presencia frente a la cámara y su seguridad natural llamaban la atención. Con el paso de los años, ese interés se convirtió en un objetivo claro.

 Quería convertirse en una modelo internacional. A los 15 años participó en un concurso donde obtuvo el segundo lugar, un logro importante para alguien tan joven. Aquella experiencia fue el impulso que necesitaba para tomarse el modelaje en serio. Para finales de 2017, Ivana ya se había mudado a Cualalumpur, la capital de Malasia.

 Allí su carrera comenzaba a tomar forma. había firmado con la agencia Triumph y participaba regularmente en sesiones fotográficas, eventos promocionales y desfiles. En una industria donde miles de jóvenes intentaban destacar, Ivana parecía avanzar con paso firme. También había comenzado una relación con un modelo belga llamado Lucas Kramer.

 Ambos compartían el mismo mundo profesional y se apoyaban mutuamente mientras intentaban abrirse camino en el competitivo ambiente del modelaje internacional. Ivana incluso se preparaba para participar en el Top Model Belgium 2018, un evento que podía darle una exposición mucho mayor en Europa. Pero la vida en Cualalumpur también tenía otro lado.

 La ciudad era conocida por su intensa vida nocturna. clubes exclusivos, bares en azoteas con vistas impresionantes y fiestas donde se mezclaban modelos, empresarios y expatriados, los cuales formaban parte de ese ambiente. Ivana, como muchas otras modelos jóvenes que trabajaban en la ciudad, también frecuentaba esos lugares.

 Fue precisamente en ese entorno donde semanas antes de su muerte conoció a una pareja que terminaría teniendo un papel central en todo este misterio. Alexander y Luna Johnson, ambos eran estadounidenses y vivían en el mismo complejo habitacional donde más tarde aparecería el cuerpo de Ivana. Alexander, de 44 años, era un trader vinculado al mundo de las criptomonedas y llevaba varios años viviendo en Kuala Lumpur.

 Luna, de 31 años, trabajaba en el área educativa. Tenían además una hija pequeña y eran conocidos por su vida social activa en la ciudad. Ivana conoció a la pareja durante una fiesta de Halloween en el club nocturno llamado Prime. Según su propia versión, fue Luna quien se acercó primero a Ivana en la pista de baile. Las dos comenzaron a bailar juntas y rápidamente conectaron.

Alexander recordaría más tarde que aquella noche le sorprendió la personalidad de Ivana. Decía que parecía mucho mayor de lo que realmente era. De hecho, aseguraron que pensaban que tenía alrededor de 26 años, no 18. Después de esa fiesta, el contacto continuó. Los tres comenzaron a intercambiar mensajes por WhatsApp, organizar salidas nocturnas y coincidir en distintos clubes de la ciudad.

 Con el paso de las semanas, aquella relación casual empezó a volverse cada vez más cercana. Y cuando llegó la noche del 6 de diciembre de 2017, Ivana volvió a encontrarse con ellos una vez más. Sería la última vez que alguien la vería con vida. Esa noche comenzó, como muchas otras para Ivana. Esa noche asistió a un evento en el mantra Roftop Bar, uno de los locales más exclusivos de Kuala Lumpur.

 El lugar situado en la azotea de un rascacielos era famoso por sus vistas panorámicas de la ciudad, su música electrónica y una clientela compuesta por modelos, empresarios y turistas adinerados. Ivana no estaba allí solo para divertirse. Como muchas modelos que trabajan en la ciudad, había sido contratada para hacer una aparición promocional, un tipo de trabajo común en el que los clubes pagan a modelos para atraer público y dar una imagen de glamour al lugar.

Al principio de la noche, según su agente, Ivana parecía estar de muy buen humor. Conversaba con conocidos, bailaba y se movía entre la multitud como tantas otras veces. Sin embargo, con el paso de las horas, su comportamiento comenzó a cambiar. Algunas personas recordaron que empezó a preguntar si alguien tenía éxtasis, una droga frecuente en ese tipo de ambientes.

Poco después, alrededor de las 10 de la noche, Alexander y Luna Johnson llegaron al mantra. Las cámaras de seguridad del local captaron a los tres juntos en varias ocasiones durante la noche. Bailaban entre la multitud, hablaban cerca de la barra y parecían estar pasando un buen momento. En algunos instantes, Ivana y Luna también fueron vistas entrando juntas al baño del club, algo que más tarde despertaría sospechas sobre un posible consumo de drogas.

La fiesta continuó durante varias horas. La música seguía retumbando mientras la ciudad dormía bajo las luces de los rascacielos. Pero cerca de las 2 de la madrugada, el trío decidió cambiar de escenario. A las 2:15 de la mañana del 7 de diciembre, Ivana y los Johnson abandonaron el mantra rooftop Bar y se dirigieron a otro lugar de la vida nocturna de Kuala Lumpur, el Nine Club, donde celebraban el cumpleaños de un amigo de Alexander.

Lo que ocurrió después quedaría registrado por las cámaras del club. Cuando llegaron al apartamento de los Johnson, la noche todavía no había terminado. Dentro del departamento también se encontraba la niñera que había estado cuidando a la hija de la pareja durante la madrugada. Poco después de que el grupo entrara al apartamento, Luna la despidió para que se retirara.

 Ivana y Luna se sentaron en el sofá de la sala mientras bebían sidra y conversaban. Alexander, según su propia versión, se fue directamente a la cama para dormir después de la larga noche de fiesta. Alrededor de las 6:30 de la mañana, Ivana hizo una llamada a su novio Lucas Kamer. Le explicó que había salido con unos amigos y que se quedaría un rato más porque estaba hablando con una amiga.

 Lucas aceptó la explicación sin sospechar nada extraño. Minutos después recibió otra llamada. Esta vez era Luna. Luna le confirmó que Ivana estaba con ella y le preguntó si todo estaba bien. A Lucas la llamada le pareció algo inusual, pero pensó que simplemente estaban asegurándose de que no hubiera ningún problema. Un poco más tarde, a las 7:24 de la mañana, Ivana envió a Lucas una selfie acompañada de un breve mensaje.

 Para Lucas, el tono del mensaje resultó extraño. No era exactamente la forma en que Ivana solía comunicarse. Aún así, pensó que simplemente estaba agotada después de una larga noche de fiesta. Mientras tanto, dentro del apartamento la situación parecía volverse cada vez más confusa. Ivana estaba muy ebria esa mañana.

Mientras Luna se preparaba para llevar a su hija a la escuela, Ivana permanecía en el sofá escuchando música y bebiendo. Alrededor de las 7:45, Luna salió del apartamento para llevar a la niña. Cuando regresó, unos 30 minutos después, dijo haber encontrado a Iván en la cama junto a Alexander, que todavía estaba dormido.

 Lo que ocurrió dentro de ese apartamento durante las siguientes horas se convertiría en uno de los puntos más controvertidos de toda la investigación. Para los investigadores, Alexander y Luna Johnson pronto se convirtieron en piezas clave del rompecabezas. No solo habían sido las últimas personas vistas con Ivana, sino que además vivían en el mismo edificio desde donde aparentemente había caído.

Alexander Johnson tenía 44 años y llevaba casi una década viviendo en Cuala. se dedicaba al mundo del trading, especialmente vinculado a las criptomonedas, un sector que en aquellos años comenzaba a atraer grandes cantidades de dinero. Entre los expatriados de la ciudad era conocido por su estilo de vida, acomodado y por frecuentar los clubes más exclusivos.

Luna, su pareja, tenía 31 años, trabajaba en el ámbito educativo y también participaba activamente en la vida social de la comunidad extranjera en Cuala Lumpur. La pareja tenía una hija pequeña y vivía en un apartamento del piso 20, uno de los niveles más altos del edificio. Entre quienes los conocían, los Johnson eran vistos como una pareja carismática acostumbrada a organizar reuniones y fiestas.

 Solían moverse en círculos donde coincidían empresarios, modelos y otros expatriados que trabajaban en la ciudad. Su relación con Ivana había comenzado semanas antes. Durante la fiesta de Halloween en el Club Prime, Luna y la joven modelo habían conectado rápidamente en la pista de baile. Según relatarían más tarde, el ambiente era relajado y el baile tenía un tono provocador, algo que Luna describió como sensual, aunque insistió en que no hubo besos ni nada más esa noche.

 Sin embargo, el encuentro dejó una impresión fuerte en ambos lados. Después de aquella fiesta, comenzaron a intercambiar mensajes por WhatsApp. Los Johnson describían a Ivana como carismática, segura de sí misma y muy divertida. Luna en particular parecía sentirse fascinada por su belleza. Con el paso de las semanas empezaron a verse con frecuencia.

 Salían juntos por la ciudad, asistían a clubes nocturnos y compartían largas noches de fiesta. Aquella relación social pronto evolucionó hacia algo más cercano. Y a comienzos de noviembre, poco más de un mes antes de la tragedia, ocurrió algo que marcaría un nuevo nivel de intimidad entre ellos. Una noche que con el tiempo adquiriría un significado inquietante para los investigadores.

El 4 de noviembre de 2017, Alexander y Luna Johnson planearon pasar un fin de semana sin su hija. Aprovechando que la niña estaría al cuidado de una niñera, decidieron invitar a Ivana a encontrarse con ellos en el hotel Concord, un conocido hotel del centro de Kuala Lumpur. Aquella noche marcó un punto de inflexión en la relación entre los tres.

Según contaron más tarde los propios Johnson, durante ese encuentro compartieron momentos íntimos, lo que había comenzado como una amistad. surgida en fiestas y salidas nocturnas, se transformó en una relación mucho más cercana y personal. En las semanas siguientes continuaron viéndose. Frecuentaban clubes exclusivos de Cualalumpur, asistían a eventos sociales y mantenían contacto constante a través de mensajes.

Para Ivana, que estaba viviendo sola en la ciudad mientras trabajaba como modelo, la pareja parecía formar parte de su círculo cercano dentro de la vida nocturna de la capital. Desde fuera todo parecía parte del estilo de vida que rodeaba a muchos jóvenes expatriados y modelos en Cuala Lumpur.

 Fiestas, alcohol, música y amistades intensas que nacían en ambientes nocturnos. Cuando Alexander y Luna Johnson fueron detenidos ese mismo día, no fue por la muerte de Ivana. Enasia las leyes contra las drogas son extremadamente severas y la policía decidió arrestarlos bajo sospecha de consumo de sustancias ilegales, un delito que en el país puede implicar penas muy duras.

 La primera prueba de drogas que se les realizó resultó positiva. Sin embargo, ocurrió algo que más tarde generaría fuertes críticas. Los Johnson solicitaron realizar una segunda prueba y esta vez el resultado fue negativo. Aquella contradicción levantó sospechas entre quienes siguieron el caso, ya que no estaba claro por qué se permitió repetir el examen ni qué había ocurrido entre una prueba y la otra.

 Mientras permanecían bajo custodia, ocurrió otro hecho aún más preocupante. A la pareja se le permitió hacer una llamada telefónica para pedirle a su empleada doméstica que fuera al apartamento. Cuando la mujer llegó al lugar, limpió parte del apartamento retirando objetos y fragmentos de una botella de sidra que podrían haber sido evidencia importante para la investigación.

 Con eso, una posible escena del crimen había sido alterada antes de que los investigadores realizaran un análisis forense completo. Las irregularidades no terminaron allí. Antes de seguir, hagamos una pausa rápida. Si este video te está pareciendo interesante, te invito a que te suscribas al canal y dejes tu like.

 Esto nos ayuda muchísimo a que podamos seguir haciendo más videos y contando este tipo de historias reales. Dicho esto, ahora sí, continuemos con la historia. Las fotografías tomadas por la policía en el lugar donde apareció el cuerpo fueron criticadas por ser insuficientes. En lugar de una documentación exhaustiva de la escena, apenas existían algunas imágenes desde ciertos ángulos, lo que hacía difícil reconstruir con precisión lo ocurrido allí.

 A pesar de todas estas dudas, la investigación tomó un rumbo sorprendente. Dos patólogos malacios concluyeron que las lesiones de Ivana eran compatibles con una caída desde gran altura. Con base en ese informe, las autoridades declararon que no había evidencia de un crimen. El caso fue clasificado como una muerte accidental y lo más impactante fue la velocidad con la que ocurrió todo.

 La investigación fue prácticamente cerrada en un solo día. Para las autoridades malasias, la explicación era sencilla. Una joven modelo, una larga noche de fiesta. alcohol, drogas y una caída desde un balcón. Pero para la familia de Ivana esa conclusión estaba muy lejos de ser convincente. Cuando llegaron a Cualalumpur para recuperar el cuerpo, lo que hallaron solo aumentó sus sospechas.

 Sus padres, Marcel y Hans, esperaban respuestas claras sobre lo ocurrido, pero en lugar de eso se toparon con una situación que les pareció profundamente irregular. En ese momento, las autoridades les pidieron firmar un documento en el que se aceptaba que la muerte de Ivana había sido un accidente.

 Solo entonces dijeron podrían llevarse el cuerpo de su hija. La familia se negó. Cuando finalmente pudieron ver el cuerpo, notaron algo que les inquietó aún más. Ivana tenía moretones en brazos y piernas que, a su juicio no parecían compatibles con una simple caída desde un balcón. Convencidos de que algo no cuadraba, decidieron llevar el cuerpo a los Países Bajos para realizar una segunda autopsia independiente.

El examen fue realizado por el reconocido patólogo forense Frank Vanandergut. Sus conclusiones fueron muy diferentes a las del informecio. Según su análisis, Ivana presentaba una grave lesión en la cabeza que podría haberse producido antes de la caída. Además, observó otros elementos que le parecían difíciles de reconciliar con un accidente.

 Uno de los más inquietantes era la posición del cuerpo. Ivana había sido encontrada con los brazos cruzados sobre el pecho, una postura muy inusual para alguien que cae desde gran altura. En la mayoría de las caídas, el cuerpo reacciona de forma instintiva, intentando protegerse del impacto. También había otro detalle importante. En la escena se encontró muy poca sangre, algo que podría indicar que el corazón ya había dejado de latir en el momento del impacto.

 Incluso los primeros signos de rigidez cadavérica parecían haber comenzado antes de la caída. Si esa interpretación era correcta, la implicación era escalofriante. Ivana podría haber estado ya muerta cuando su cuerpo cayó desde el edificio. Además, el informe reveló otro dato significativo. Se encontró ADN masculino bajo las uñas de Ivana y dentro de su cuerpo, posteriormente identificado como perteneciente a Alexander Johnson.

A todo esto se sumaba otro elemento extraño, el diseño del balcón del piso 20. Tenía una varanda relativamente alta y una unidad de aire acondicionado en el borde, lo que hacía difícil imaginar que alguien, incluso bajo los efectos del alcohol o drogas, pudiera simplemente caer por accidente. Para la familia de Ivana, la conclusión era inevitable.

 Algo terrible había ocurrido dentro de aquel apartamento y la caída desde el edificio podría haber sido solo el último capítulo de una historia mucho más oscura. En julio de 2018 se inició una investigación forense para revisar el caso. No se trataba todavía de un juicio penal, pero permitía volver a examinar las pruebas y escuchar a distintos testigos.

Durante esas audiencias aparecieron nuevos elementos que aumentaron las dudas. Un residente del piso 14, identificado como Tang, declaró que había escuchado un fuerte golpe alrededor de las 10 de la mañana, como si algo pesado hubiera impactado contra una superficie. Sin embargo, cuando miró por la ventana, no vio nada fuera de lo normal.

 Un empleado del edificio también ofreció un testimonio que contradecía parcialmente la versión de los Johnson. Según él, cuando Ivana entró al complejo aquella madrugada, parecía encontrarse en un estado alterado, lo que planteaba preguntas sobre su condición física en las horas previas a la tragedia. Los expertos forenses también presentaron conclusiones opuestas.

 Uno de los patólogos malacios sostuvo que Ivana probablemente seguía viva cuando cayó, basándose en ciertas lesiones internas. Sin embargo, el juez terminó descartando esa interpretación por considerar que no estaba suficientemente respaldada por pruebas concluyentes. Por su parte, un patólogo holandés volvió a intervenir mediante videoconferencia y reafirmó su postura.

Varios indicios sugerían que algunas lesiones habían ocurrido antes de la caída. Pero uno de los momentos más impactantes de aquella investigación llegó cuando una oficial de policía hizo una revelación inesperada. Según su testimonio, su superior, identificado como Faisal, le había ordenado desde el principio tratar el caso como un accidente.

 Incluso cuando ella expresó dudas sobre esa conclusión, la agente describió trabajar bajo sus órdenes como un infierno en la Tierra, insinuando que existía una fuerte presión para cerrar el caso rápidamente. A pesar de todas estas controversias, el 14 de septiembre de 2018, el juez volvió a concluir que la muerte de Ivana había sido un accidente, atribuyéndola al consumo de alcohol y drogas.

 La reacción de la familia fue inmediata. Para ellos, aquella decisión no era justicia, era una farsa. A pesar del fallo de 2018, la familia de Ivana no se rindió. Convencidos de que la investigación había sido deficiente desde el principio, decidieron seguir presionando para que el caso fuera revisado nuevamente. En marzo de 2019, finalmente llegó un giro inesperado.

La Corte Suprema de Malasia anuló la conclusión previa de que la muerte de Ivana había sido un accidente. El tribunal señaló que la investigación inicial había ignorado elementos importantes y que algunas de las lesiones de la joven podrían haber ocurrido antes de la caída. Por primera vez la muerte de Ivana, las autoridades reconocían oficialmente que el caso no estaba completamente claro.

Como resultado, Alexander y Luna Johnson fueron nombrados formalmente como sospechosos dentro de la investigación. Pero había un problema. Para ese momento, la pareja ya no estaba en Malasia. Poco después de la muerte de Ivana, ambos habían abandonado el país y regresado a Estados Unidos, donde se establecieron en la ciudad de Miami, Florida, con los principales sospechosos viviendo en Estados Unidos y sin intención de cooperar, las autoridades malasias recurrieron a una herramienta internacional.

En 2020 se emitió una alerta azul de Interpol para localizar oficialmente a Alexander y Luna Johnson. Este tipo de alerta no implica una orden de arresto inmediata, pero permite a las autoridades de distintos países compartir información sobre el paradero de personas relacionadas con una investigación criminal.

Aún así, localizar a la pareja no era el mayor obstáculo. El verdadero problema era la extradición. Incluso si Malasia decidía presentar cargos formales, llevar a los Johnson desde Estados Unidos hasta un tribunal malacio sería un proceso complejo y prolongado. Con el paso de los años, el caso de Ivana se convirtió en uno de los misterios criminales más comentados.

relacionados con expatriados en Malasia. La familia continuó presionando a las autoridades. En 2023 apelaron directamente al primer ministro de Malasia, Anwar Ibrahim, solicitando apoyo político para reactivar la investigación penal y revisar las irregularidades del caso. Pero el movimiento más importante llegaría al año siguiente.

 En 2024, los padres de Ivana presentaron una demanda civil contra el gobierno de Malasia, el inspector general de la policía y el Ministerio del Interior. La acusación era muy grave. sostenían que las autoridades habían manejado el caso de forma negligente. No aseguraron correctamente la escena del crimen, cerraron la investigación demasiado rápido y no analizaron adecuadamente las pruebas disponibles.

El 28 de agosto de 2024, el Gobierno Malacio propuso resolver el caso mediante una mediación. La familia estaba dispuesta a escuchar siempre que el proceso se realizara de buena fe. Sin embargo, las negociaciones terminaron fracasando. Finalmente, el caso fue programado para juicio el 30 de octubre de 2024, pero esto no ocurrió.

 El Tribunal Superior de Cualalumpur concluyó que la investigación policial sobre la muerte de Ivana había sido negligente. Para los padres de Ivana, aquello era la confirmación oficial de lo que llevaban años denunciando. Como resultado, el tribunal ordenó al gobierno y a la policía de Malasia pagar 1.

1 un millones de ringuet en compensación a la familia por el manejo deficiente del caso, pero la decisión incluía algo aún más importante. La Corte también ordenó reabrir la investigación sobre la muerte de Ivana. Después de casi 8 años, el caso volvía oficialmente a la mesa de los investigadores. Además, la policía debía informar periódicamente a la fiscalía sobre el avance de las nuevas pesquisas.

Para la familia era una victoria moral. Sin embargo, la historia dio otro giro pocos meses después. En noviembre de 2025, el gobierno de Malasia presentó una apelación contra el fallo. El Tribunal de Apelación aceptó revisar el caso y permitió suspender temporalmente el pago de la compensación mientras el proceso judicial continúa.

Eso significa que hoy en día el caso de Ivan Smith sigue abierto. Casi una década después de aquella mañana en cual a Lumpur, la pregunta sigue siendo la misma. ¿Qué ocurrió realmente dentro del apartamento del piso 20? Si te pareció interesante este caso, déjanos tus comentarios. Este fue otro caso abierto.

Y bueno, hasta aquí el caso de hoy. Como siempre, agradezco tu apoyo a mi trabajo. Si te suscribes, das un me gusta y compartes este video, me ayudarás a seguir creando contenido. Hasta pronto.