TRES MESES, TRES ASESINATOS: LA VENGANZA DESQUICIADA Y EL CASO QUE HORRORIZÓ A COLOMBIA

En abril de 2022, un hombre fue encontrado agonizando junto a un arroyo, el rostro desfigurado por los golpes. Un mes después, una mujer mototaxista fue brutalmente asesinada, su cuerpo abandonado en medio del bosque y un mes después otro cadáver apareció otra vez un mototaxista, tres ataques, un solo agresor y un secreto aterrador enterrado durante 5 años.

 ¿Quién es el asesino? ¿Por qué eligió como víctimas a los mototaxistas? El 4 de abril de 2022, alrededor de las 5 de la tarde, un grupo de recolectores de café que trabajaban en la vereda muelas, a unos 40 minutos de Santa Rosa de Cabal, Risaralda, hicieron un hallazgo estremecedor. En medio de una quebrada, hallaron a un hombre gravemente herido, apenas consciente, aferrándose a la vida mientras intentaba arrastrarse fuera del agua.

 Carlos Arturo Patiño, trabajador del lugar, fue uno de los primeros en verlo. El rostro del hombre estaba desfigurado por los golpes. Juan Carlos López Giraldo, administrador de fincas de la zona, confirmó que el herido no tenía ningún tipo de identificación. Según él, si no lo hubieran encontrado justo en ese momento, probablemente habría muerto ahí mismo.

 Minutos después de rescatarlo, se desató una tormenta que hizo crecer la quebrada hasta desbordarse. De no haberlo sacado a tiempo, habría sido una muerte segura por hipotermia. El hombre fue llevado de inmediato al hospital de Santa Rosa de Cabal. La policía encabezada por el intendente Leonardo Morales de la Sijín de Risaralda, se encargó del caso.

 Apenas ingresó a urgencias, el herido perdió el conocimiento, lo que dificultó aún más obtener información sobre su identidad o lo ocurrido. El personal médico confirmó que su estado era crítico. Había recibido múltiples golpes en la cabeza con un objeto contundente que lo dejaron en coma. Todo indicaba que fue atacado por la espalda.

 Mientras los médicos luchaban por salvarle la vida, las autoridades enfrentaban un gran desafío, identificar a la víctima. En el sitio donde lo encontraron, una zona boscosa apartada del pueblo, no se hallaron pertenencias ni documentos, solo un casco tirado con la placa HIT 70 y une.E. Este casco pertenecía a un hombre llamado Rigoberto Toro.

 Román Antonio, mototaxista y amigo cercano de Rigoberto, declaró que tanto él como otros compañeros del gremio eran personas tranquilas, conocidas en la zona por su trabajo y sin antecedentes de conflictos. A pesar de eso, la policía ya manejaba una hipótesis, un posible robo de motocicleta. El ataque brutal por la espalda parecía encajar con esa teoría, pero había algo que no cuadraba.

 Para un simple robo, la violencia empleada era desmedida. Y mientras Rigoberto seguía en coma, Santa Rosa de Cabal no tardaría en reportar otros casos similares. El 4 de mayo de 2022, alrededor de las 3 de la tarde, la familia de una mujer trabajadora y conocida en Santa Rosa de Cabal dio la voz de alarma. Adiela, mototaxista, no había regresado a casa.

 Según contaron sus familiares, Adiela había salido desde la Galería del Pueblo, un lugar donde, como cada día, decenas de mototaxistas se reúnen para ofrecer transporte hacia las veredas. Allí, como de costumbre, recogió a un pasajero y se dirigió a su destino, pero esta vez no volvió. La preocupación creció rápidamente.

 Las autoridades comenzaron la búsqueda y las pistas los llevaron hasta la vereda San Andrés. Era la última zona hacia la que, según testigos, Adiela se había dirigido. Al llegar, el intendente Morales recibió una llamada del equipo patrullero del sector. Acababan de hallar un cuerpo sin vida en una quebrada cercana. El lugar era apartado, de difícil acceso, rodeado por árboles y maleza.

 Todo indicaba que quien hubiese dejado el cuerpo allí lo había hecho con la intención de que no fuera encontrado fácilmente. Cuando los investigadores llegaron al sitio, confirmaron lo peor. El cuerpo era de una mujer con signos evidentes de violencia. Estaba semidesnuda con la chaqueta tirada a un costado y presentaba múltiples heridas.

Su posición tendida boca arriba y el entorno indicaban que el crimen había sido premeditado. Los familiares de Adiela, que se habían unido a la búsqueda, lograron identificarla en el mismo lugar. Durante la inspección técnica del cadáver, el equipo forense determinó que Adiela había recibido 18 heridas abiertas con un arma cortopunzante.

 Las lesiones estaban localizadas en la espalda, el tórax y los brazos. Fue un ataque brutal. Al ser consultado sobre por qué el agresor habría elegido ese sitio en particular, el subintendente explicó que se trataba de una zona boscosa, escondida y difícil de alcanzar. El agresor dijo, “probablemente conocía el terreno y lo aprovechó para cometer el crimen y ocultar el cuerpo.

 Desde el primer momento, la policía no descartó que pudiera tratarse de un crimen pasional. Era una línea de investigación posible, pero no la única. En el lugar no estaban ni su motocicleta ni sus pertenencias. Ese detalle habría otra hipótesis. Adiela también podría haber sido víctima de un robo.

 Lo inquietante era que el caso guardaba similitudes con el de Rigoberto Toro, ocurrido un mes antes en circunstancias igualmente sospechosas. Si querían avanzar en la investigación, debían encontrar la motocicleta. Así que empezaron a revisar las cámaras de seguridad en los alrededores. A tan solo 600 m del sitio del crimen, una cámara captó imágenes clave.

 Se ve a Adiela manejando su moto y en la parte trasera lleva a un pasajero, un hombre. Una hora después, la misma cámara muestra al hombre regresando solo, conduciendo la moto. Estas imágenes registradas el mismo día del crimen, mostraban claramente lo que pudo haber sido su último viaje. Adiela, seria, concentrada al volante, detrás de ella su presunto victimario.

 Una hora más tarde, él regresaba sin ella. Con esta evidencia, las autoridades comenzaron a trazar el recorrido que este hombre hizo en la motocicleta desde la vereda San Andrés hasta el barrio Manantial en Santa Rosa de Cabal. Fue allí donde se le perdió la pista. En total se revisaron entre cinco y seis cámaras de seguridad.

 Las imágenes no eran nítidas, pero revelaban algunos detalles importantes. El hombre parecía tener entre 50 y 60 años, delgado, y vestía un pantalón beige junto con botas del mismo color. Al día siguiente, con esa descripción en mano, los investigadores regresaron al punto de partida, la galería de Santa Rosa, donde Adiela había recogido al pasajero por última vez.

 revisaron las cámaras del lugar y allí finalmente pudieron ver su rostro con mayor claridad. Ese mismo día, mientras el caso de Adiela García conmocionaba a Santa Rosa de Cabal, Rigoberto Toro despertó en el hospital. Había estado luchando por su vida desde el ataque que casi lo mata. Al recuperar la conciencia, por fin pudo aportar información crucial sobre su agresor.

 Con su testimonio y la revisión de las imágenes en poder de las autoridades, se logró confirmar lo que hasta entonces era solo una sospecha. Se trataba del mismo hombre, el mismo que había intentado asesinar a Rigoberto, era quien había acabado con la vida de Adiela. Esa certeza permitió descartar la hipótesis de un crimen pasional.

Ya había un nombre en la mira. En ambos casos, el agresor se llevó las motocicletas, los documentos personales y los teléfonos celulares de las víctimas. La coincidencia en los hechos no dejaba lugar a dudas. El responsable seguía un mismo patrón. Rigoberto, tras un largo proceso de recuperación fue clave para que las autoridades entendieran el modus operandi de quien lo había atacado.

 El agresor lo había dado por muerto y lo abandonó, creyendo haber cumplido su objetivo. El ataque había ocurrido cuando Rigoberto fue abordado por un hombre en una calle del centro del municipio, un lugar comúnmente frecuentado por mototaxistas. El hombre le pidió un servicio hacia una vereda. El recorrido duró poco más de 30 minutos.

 Al llegar al lugar indicado, fue agredido por sorpresa de forma violenta y premeditada. El perfil del atacante indicaba que seleccionaba a mototaxistas, los conducía a zonas aisladas y ejercía sobre ellos una violencia excesiva. Esta información encendió las alarmas en Santa Rosa de Cabal. Las autoridades temían que pudiera haber más víctimas si no se actuaba con rapidez.

 La comunidad de mototaxistas fue alertada. Se pidió extremar precauciones con los servicios solicitados hacia áreas rurales, justo donde habían ocurrido los dos hechos registrados hasta ese momento. El temor se extendió entre los trabajadores del sector. Muchos dejaron de aceptar traslados fuera del pueblo. El impacto fue profundo y duradero.

 Mientras Rigoberto Toro se recuperaba y la comunidad de Santa Rosa de Cabal seguía en estado de alerta, la búsqueda del agresor continuaba. Las autoridades decidieron regresar al barrio donde se le había perdido el rastro, el manantial. Allí realizaron nuevas verificaciones. En el proceso mostraron un video a un habitante del sector, quien identificó sin dudar al hombre registrado en las imágenes.

 Franklin Vidal, alguien que había vivido en Santa Rosa hasta hacía poco tiempo. Con ese nombre, los investigadores realizaron búsquedas en redes sociales. Encontraron dos perfiles que correspondían a la misma persona. Las fotos confirmaban lo que ya sospechaban. La morfología, las características físicas y la forma de vestir coincidían plenamente con las descripciones previas.

 Ahora, el rostro del sospechoso tenía nombre y pruebas que lo vinculaban con los casos anteriores. Pero mientras se afinaban los detalles de la investigación, otro crimen sacudió a la región. El 17 de julio de 2022, en la vereda Filobonito, ubicada en el municipio de Dos Quebradas, fue encontrado el cuerpo sin vida de Gildardo Cuervo, de 58 años.

 La escena y las circunstancias eran alarmantemente familiares. Las autoridades no tardaron en relacionarlo con los homicidios anteriores ocurridos en Santa Rosa de Cabal. El patrón se repetía. La víctima era un mototaxista. El cuerpo presentaba heridas en la espalda, el lugar era apartado y el nivel de violencia era extremo.

 Con esta tercera víctima se reforzó la sospecha de que el responsable era el mismo en todos los casos. Las cámaras de seguridad en los alrededores volvieron a ser clave en las primeras averiguaciones. Todo apuntaba a una misma persona. En Santa Rosa de Cabal, el gremio de mototaxistas vivía días de angustia.

 La violencia con la que tres de sus compañeros habían sido atacados era inédita en la región. El temor crecía y la necesidad de identificar al responsable se volvió urgente. Las autoridades ya tenían un nombre en la mira, Franklin Vidal. Lo paradójico era que se trataba de alguien conocido en el municipio, alguien cuya imagen pública no coincidía en absoluto con la de un agresor.

 Franklin había vivido gran parte de su vida en una finca de la vereda filo Bonito en el municipio vecino de Dos Quebradas. Risaralda, compartía el hogar con su madre, sus hermanos y otros familiares para quienes lo conocían. Su historia era la de un hombre común, trabajador, dedicado a su familia. Ante este panorama, las autoridades enfrentaban una contradicción profunda.

 El principal sospechoso de una serie de crímenes brutales era, a los ojos de su familia y comunidad, un hombre decente, sin antecedentes, sin enemigos y sin historial violento. Según las investigaciones, Franklin Vidal en el año 2020 se había trasladado a vivir a Guadas, un municipio del departamento de Caldas, a más de 150 km de Santa Rosa de Cabal.

 Este dato resultó especialmente llamativo para los uniformados que seguían su rastro, aunque sin alertarlo, necesitaban una prueba verdaderamente contundente. Sin embargo, nuevos detalles surgieron tras el último hecho de violencia registrado en Santa Rosa de Cabal. Ocurrido el 17 de junio del año 2022, Gildardo Cuervo, el tercer mototaxista brutalmente agredido en el municipio, había salido esa noche a realizar un servicio hacia un lugar alejado.

 A pesar de que su gremio se encontraba en alerta. Gildardo era un hombre pensionado que en sus ratos libres trabajaba como mototaxista. Aquella noche, pasada ya las 7, recibió una llamada mientras cenaba con su familia, según relataron sus seres queridos. Esa llamada fue realizada por Franklin Vidal, quien se había convertido en un cliente habitual.

 Como ya lo conocía, Gildardo aceptó el servicio sin dudar, lo recogió en el centro de Santa Rosa de Cabal y lo llevó hasta la vereda filóo Bonito. Se repitió así el mismo patrón de los casos anteriores, ganarse la confianza del mototaxista y llevarlo a una zona apartada. A los familiares de Gildardo también les llamó la atención otro detalle.

 La zona donde fue hallado el cuerpo estaba poblada por familiares de Franklin Vidal. Allí vivían su madre, sus hermanos y sus primos. Además, según ellos, Franklin había llegado a la zona después de que ocurriera el crimen, lo que les hizo pensar que su regreso había sido con la intención de desviar a las autoridades.

 Todo indicaba que el caso tenía el mismo modus operandi que los dos anteriores. Las tres víctimas eran mototaxistas. Los hechos ocurrían en lugares apartados del pueblo y las heridas habían sido provocadas por la espalda. Incluso se sospechó que el atacante había intentado despistar a las autoridades cambiando ciertos elementos como su calzado.

 En las imágenes de las cámaras de seguridad se le observaba usando tenis. El ataque también había sido cometido en horas de la noche. Aunque Franklin Vidal no tenía antecedentes criminales, las pruebas apuntaban en otra dirección. La violencia ejercida en los ataques era un elemento determinante que llevó a las autoridades a concluir que se trataba del mismo individuo responsable de los dos hechos anteriores ocurridos en Santa Rosa de Cabal.

 A este escenario se sumó el testimonio de Román, un mototaxista amigo de Rigoberto, la primera víctima. Sin saberlo, Roman también había transportado a Franklin como pasajero. Ambos se conocían por el trabajo, lo que hizo que aquel encuentro no le despertara ninguna sospecha. Según su relato, Franklin lo abordó en el sector conocido como Balanchiquis, recordándole un encuentro anterior cerca del cuartel.

Román lo recogió a las 6:30 de la tarde y lo llevó a la finca donde vivía su madre. El pago fue con un billete de 20,000 pesos. Por una carrera que costaba 15,000, Franklin pidió que lo esperara. Pero durante la espera, Román comenzó a sentir nerviosismo. En ese momento recordó a Yadiela, una de las víctimas a quien sus compañeros buscaban intensamente.

 De manera repentina. Román sintió un presentimiento al verla en su mente como si estuviera allí mismo en la quebrada. Fue entonces cuando decidió marcharse rápidamente. Román, sin saberlo, se había salvado. Su encuentro con Franklin ocurrió el 4 de junio de 2022. El asesinato de Yadiela fue el 4 de mayo y el ataque contra Rigoberto el 4 de abril.

 Todos los hechos tenían exactamente un mes de diferencia entre sí. Esto llevó a las autoridades a considerar que Franklin podría estar siguiendo un patrón. Cada minuto que pasaba era crucial. Ya sabían que estaban tras el responsable y debían actuar con rapidez para evitar que apareciera una nueva víctima. Se determinó que el objetivo del agresor era económico.

 Robaba el dinero del día y la motocicleta con la intención de venderla. Hasta ese momento, los intentos por rastrear las motos de las víctimas no habían dado resultado, por lo que se enfocaron en los teléfonos celulares robados. Era posible que allí encontraran una pista. Mientras tanto, Franklin y su círculo familiar ya habían sido contactados por las autoridades, pero con extrema cautela, para evitar que se alertaran sobre el curso de la investigación.

 Gracias a las labores de búsqueda realizadas por la fiscalía, se logró rastrear uno de los teléfonos celulares robados a una de las víctimas. El dispositivo perteneciente a Rigoberto Toro fue detectado por las antenas de señal en el municipio de Aguadas, Caldas. A través del email, un código único que identifica cada celular, las autoridades pudieron establecer que alguien lo estaba utilizando.

 El teléfono había sido registrado por una mujer en Aguadas. Tras ser contactada, esta persona informó que el equipo le había sido vendido por su expareja sentimental, Franklin Vidal. Para las autoridades no se trataba de una coincidencia. Franklin y el celular de una de sus víctimas estaban en el mismo lugar.

 Con esta información se confirmó su ubicación. El 25 de junio del año 2022, 8 días después del asesinato de Gildardo Cuervo, se emitió una orden de captura en contra de José Franklin Vidal Castaño. Agentes del CTI y de la Sigín de la policía se trasladaron por más de 8 horas. Desde Santa Rosa de Cabal hasta la vereda La Chorrera en el municipio de Aguadas, Caldas.

 Ese mismo día lograron la captura de Franklin Vidal, señalado como el autor de los homicidios sistemáticos contra mototaxistas en Santa Rosa de Cabal. En el lugar, los agentes le informaron el motivo de su presencia y le indagaron por el teléfono que tenía en uso. Le comunicaron que conocían la procedencia del dispositivo. A pesar de no estar obligado a declarar, Franklin, de manera libre y voluntaria confesó haber cometido los tres hechos.

Su relato fue descrito como frío por parte del intendente Morales. Detalló cómo había seleccionado a la primera víctima, a quien consideró físicamente vulnerable. de la segunda víctima mencionó que era una conocida de años atrás. En cuanto al caso de Gildardo Cuervo, ofreció una versión más cruda. Narró cómo lo abordó, cómo lo conocía y cómo lo condujo hasta el sector donde tenía previsto atacarlo.

 Según su testimonio, al llegar al punto, le propinó una herida por la espalda. Cuando Gildardo intentó defenderse y suplicó que se detuviera, su reacción fue aún más violenta. Las pruebas eran contundentes. Las autoridades habían logrado capturar al responsable Franklin Vidal, un hombre de 55 años, quien fue trasladado desde Aguadas, Caldas hasta el departamento de Risaralda, donde debía comparecer ante el control de garantías para la legalización de su captura para la Fiscalía.

 José Franklin Vidal representaba un peligro para la sociedad y debía permanecer privado de la libertad, pero antes su responsabilidad debía ser probada ante el juzgado penal del circuito de Santa Rosa de Cabal. Las pruebas eran sólidas. Los videos obtenidos de cámaras de seguridad permitieron rastrear las últimas horas con vida de Adiela García.

En esas imágenes, Franklin Vidal aparecía como la última persona que estuvo con ella. A esto se sumaba el testimonio de Rigoberto Toro, la primera víctima que sobrevivió. La fiscalía estableció que el modus operandi era el mismo en todos los casos, pero hubo un elemento que sorprendió aún más, la motivación detrás de los crímenes.

 Según su propio testimonio, Franklin actuó movido por venganza. Lady Tatiana Vidal, de 22 años, era la hija menor de Franklin. Desde pequeña había enfrentado problemas de salud, pero con el tiempo su condición mejoró. Al llegar a la adultez, Lady se convirtió en madre soltera y buscó ofrecerle un hogar estable a su hijo.

 En 2015 decidió formalizar su relación con Fabián Guillermo, un vecino de confianza con quien se mudó a la ciudad de Cali. Guillermo trabajaba como transportador de gasolina, cubriendo la ruta entre Yumbo y Nariño. Por razones de cercanía con su trabajo, la pareja se estableció en el barrio La estancia en Jumbo. El 6 de abril del año 2017, las autoridades llegaron a la vivienda donde Lady vivía con su hijo y su pareja.

 Según los elementos hallados en el lugar, todo indicaba que se trataba de un suicidio. El hospital había reportado el ingreso de una mujer sin signos vitales y al ser contactado, Guillermo pareja proporcionó la dirección del domicilio. Al ingresar a la residencia, los investigadores encontraron un balde y un lazo, aparentemente utilizados en el acto.

 No había señales de violencia ni rastros que indicaran una agresión. Todo apuntaba a una muerte autoinfligida. Según los primeros reportes, la víctima mortal, Lady Tatiana Vidal, de 22 años, era hija de Franklin Vidal, el hombre que las autoridades ya catalogaban como un asesino en serie en Santa Rosa de Cabal.

 El día de su muerte, la familia recibió una llamada. Según relataron, fue el momento en que supieron que Lady había fallecido. Decidieron viajar de inmediato. Al llegar a Yumbo, Valle del Cauca, tomaron contacto con el investigador a cargo del caso. Entre ellos se encontraba Franklin, quien desde el primer momento mostró una expresión marcada por el dolor.

 Para él, Lady era su tesoro más preciado. Solo pedía justicia. Durante su declaración, Franklin manifestó que no creía que su hija se hubiera suicidado. La familia sospechaba del compañero sentimental de Lady, ya que aparentemente la joven había sido víctima de maltrato físico. Una conversación entre Lady y su pareja resultó ser clave en el desarrollo de la investigación.

 Las sospechas aumentaron, aunque el hombre se mostraba tranquilo y colaborador ante las autoridades. Sin embargo, un informe de medicina legal cambiaría el rumbo de la investigación. En el protocolo de necropsia, los peritos encontraron golpes contundentes en la cabeza de Lady, lesiones en el interior de los labios. Ella usaba brackets en ese momento y un doble surco de ahorcamiento, uno anterior a la muerte y otro posterior.

La causa de muerte fue una asfixia mecánica, probablemente por estrangulamiento, y posteriormente se habría simulado una escena de ahorcamiento para encubrir el crimen. Para el investigador Joran Paz no había duda. Guillermo, pareja de Lady, era el responsable del homicidio. La fiscalía solicitó rápidamente una orden de captura en su contra.

 El 6 de enero, la familia informó que Guillermo había salido rumbo a Cali. Fue capturado y tras un año de audiencias quedó en libertad por vencimiento de términos. En la actualidad se encuentra prófugo. Sin embargo, en nuevas audiencias, tras apelaciones tanto de la defensa como de la fiscalía, el juez lo declaró culpable y lo sentenció a 450 meses y un día de prisión.

 Este desenlace fue interpretado por Franklin como una burla a la justicia. A partir de ese momento, según sus familiares y amigos, su comportamiento cambió. En el año 2020 decidió abandonar Santa Rosa y se trasladó a Guadas, Caldas. Pero el impacto de aquel crimen no terminó allí. Para Franklin, el caso tenía una herida aún más profunda.

 Creía que un mototaxista había tenido participación en la muerte de su hija, aunque nunca se logró establecer la identidad de esa persona. Franklin estaba convencido de su implicación. Según su testimonio, ese fue el motivo que lo llevó a cometer los ataques sistemáticos contra mototaxistas en Santa Rosa de Cabal.

 Sin embargo, esta motivación no cambió el curso del proceso legal. La contundencia de las pruebas materiales recolectadas por la fiscalía no dejó margen para negaciones. Unos meses después de su captura, José Franklin Vidal aceptó los cargos. El 19 de octubre del año 2022, el Juzgado Penal del Circuito de Santa Rosa de Cabal dictó sentencia contra José Franklin Vidal por el homicidio de Adiela García y el intento de homicidio de Rigoberto Toro.

 El proceso judicial por el asesinato de Gildardo Cuervo permanecía abierto y en curso. Desde su recuperación, Rigoberto Toro ha mantenido una actitud agradecida por haber sobrevivido al ataque. Para él nada justifica lo ocurrido. Cree que aunque Franklin piense tener un motivo, nada le devuelve a las víctimas su dignidad ni su tranquilidad.

 está convencido de que ni siquiera su hija, desde donde esté aprobaría lo que hizo. Por otro lado, Rosana Vargas Vidal, madre de Franklin, expresó que no guarda rencor. Pidió a su hijo que no se mortifique por ella, que se comporte con rectitud y que si algún día desea volver a verla, lo haga con humildad.

 reconoció que en medio del dolor familia quedó dividida, cada uno encerrado en su propia tristeza. Sin embargo, dijo que está comenzando a recuperar la relación con su hijo, quien ahora le parece una persona completamente distinta. ¿Qué opinas del papel de la familia en casos como este? ¿Cómo podemos evitar que historias como esta se repitan? Queremos saber tu opinión.

 Te leemos en los comentarios.