Mujer solitaria atraía hombres a su granja, nadie imaginaría lo que les hacía por dinero.

Imagina una granja aislada en Estados Unidos a principios del siglo XX. Una mujer voluptuosa y solitaria publica anuncios en periódicos buscando compañeros para darles mucho amor, cariño y encanto. Varios hombres en todo el país respondían a su llamado amatorio. No obstante, cuando llegaban se daban cuenta de que lo que ella les hacía iba más allá de lo inimaginable y no podían resistirse.

 Sí, los hombres seguían llegando desde jóvenes hasta viejos. Incluso vendían hasta sus más preciadas posesiones como tierra y animales para tener dinero y dárselo uno tras otro, atraídos por su grandioso encanto de mujer. Así que, ¿qué era lo que ella les hacía? ¿Por qué los hombres la buscaban como si no pudieran resistirse? Y sobre todo porque ellos estaban dispuestos a perderlo todo por ella.

 Para entenderlo de verdad hay que mirar cómo empezó todo. Aquella dama se llamaba Bell Ganes. Nació el 11 de noviembre de 1859 en el municipio de Selbu en el condado de Sondre Trondiem, Noruega. Su nombre de nacimiento era Brinhild Pauldter Sturset. Era la más joven de ocho hijos de Paul Pedersen Sterset y Berit Oldsdatter.

 La familia vivía en una pequeña granja llamada Storset Yerdet y era un lugar muy pobre. El padre trabajaba como albañil y la familia enfrentaba dificultades económicas. En 1874, a los 14 años, Bell fue confirmada en la iglesia de Noruega. Asimismo, desde esa edad ella empezó a trabajar en granjas vecinas para ganar dinero. Hacía tareas como cuidar vacas y pastorear ganado.

 De hecho, se hizo una gran ordeñadora. Además, tenía un solo objetivo. Quería ahorrar para buscar una mejor vida a Nueva York. en Estados Unidos. Trabajó en estas labores durante varios años, mostrando una fuerza física notable para su edad. Para 1881, a los 21 años, Bell decidió emigrar a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades.

llegó al país y pasó por los procedimientos administrativos e inspecciones de inmigración obligatorios para los nuevos llegados en el centro de procesamiento de Castle Garden, ubicado en Nueva York, donde se registraban detalles como nombre, edad, origen y se realizaban chequeos médicos básicos. Después de eso, viajó a Chicago para reunirse con su hermana mayor, Nelly Larson, quien había emigrado antes con su esposo.

 En Chicago, Bell vivió con ella y su cuñado durante un tiempo. Trabajó como sirvienta doméstica en casas locales. Más tarde consiguió un empleo en una carnicería. Se describía Abel como una mujer alta de al menos 1,83 m y con un peso de alrededor de 95 a 113 kg. Era fuerte y capaz de manejar trabajos pesados.

 Durante estos años en Chicago ahorró dinero y se adaptó a la vida en Estados Unidos. En 1884, Bell contrajo matrimonio con Match Ditlev Anton Sorensen, un compatriota noruego con quien compartía el sueño de prosperar en Chicago. Abrieron una modesta tienda de dulces, pero la suerte no estuvo de su lado. Un incendio del que nadie supo explicar el origen consumió el negocio.

 Poco después, las llamas visitaron también su casa. Aún así, Bell se mantuvo firme. Parecía tener una habilidad extraña para seguir adelante, incluso cuando la tragedia se repetía. Durante su matrimonio perdieron a dos de sus hijos pequeños por causas naturales, o eso se dijo. Y los vecinos, aunque compasivos, no podían evitar comentar que la desgracia parecía rondar aquella casa más de lo normal.

 El 30 de julio de 1900, la muerte volvió a tocar la puerta. Mats, que había llegado del trabajo con un dolor de cabeza insoportable, fue hallado sin vida horas después. Los médicos hablaron de un derrame cerebral y nadie vio razón para dudarlo. Bell, una vez más hizo lo que siempre hacía, guardar silencio, mirar al frente y continuar.

 Ella entonces decidió mudarse. En 1901 compró una granja de cerdos en la Porte Indiana, un área rural. La propiedad era grande, con una casa y terrenos para animales. Bell se instaló allí con sus hijos restantes, Mytel, Lucy y Philip. También adoptó a una niña llamada Jenny Olsen en algún momento de los primeros años del siglo XX, a quien más tarde devolvería a un orfanato.

En la porte, Belle manejaba la granja sola. Al principio contrataba ayuda ocasional para las tareas pesadas. En la granja criaba cerdos y cultivaba la tierra. Bell era conocida en la comunidad como una mujer viuda que trabajaba duro. El primero de abril de 1902, Bell se casó por segunda vez con Peter Gunes, un viudo noruego que tenía una hija pequeña.

 Con la esperanza de construir una nueva familia, se mudaron todos a la granja y comenzaron a adaptarse a la vida rural. Pero la felicidad fue breve. Apenas una semana después del matrimonio, la hija de Peter falleció inesperadamente. La tragedia dejó a Abel desconsolada, enfrentando el dolor de una pérdida que parecía imposible de sobrellevar.

Perdió la vida inexplicablemente mientras dormía. 8 meses más tarde, Peter sufrió un accidente doméstico y murió al instante. Según se informó, una picadora de carne se desprendió de un estante y le golpeó en la cabeza. La comunidad se entristeció por la serie de desgracias que parecían perseguirla. Y aunque se realizó una investigación oficial, no surgieron indicios que sugirieran otra cosa que mala suerte.

Así, Bell quedó sola nuevamente con sus tres hijos. afrontando la vida y las responsabilidades de la granja con la fuerza que la adversidad le exigía. Después de la muerte de Peter, Bell contrató a varios trabajadores para ayudar en la granja. Uno de ellos fue Ray Lamper, un inmigrante noruego quien empezó a trabajar en 1906.

 Rey era un hombre que se ganaba la vida haciendo tareas como reparaciones y cuidado de animales. De hecho, Bell y Rey tuvieron una relación cercana que a veces era romántica. Rey vivía en la granja y ayudaba con el trabajo diario. Durante este periodo, Bell seguía siendo una figura en la comunidad de la Port. Asistía a la iglesia, era muy querida en su zona y hasta participaba en eventos locales.

Sus hijos iban a la escuela en el área. A partir de 1905, Bell buscó tener una pareja. La soledad parecía embargarla y entonces comenzó a colocar anuncios matrimoniales en periódicos de Chicago y otras ciudades. Estos anuncios buscaban compañeros masculinos para una viuda solitaria con una granja. Decía que quería un hombre honesto para compartir la vida rural.

 Varios hombres respondieron a estos anuncios. Uno de los primeros fue Henry Gurhold, un trabajador de granja de Wisconsin. En enero de 1905, Henry escribió cartas a Bell y luego viajó a la Port después de haber vendido su terreno. Le dijo a su familia que le gustaba la granja y que estaba en buena salud. pidió que le enviaran semillas de papas para plantar, pero después de eso su familia no supo más de él.

Cuando preguntaron a Bell, ella con preocupación dijo que Henry se había ido con comerciantes de caballos a Chicago. Sin embargo, dejó su baúl de cosas personales y su abrigo de piel en la granja que Bell guardó con amor. En 1906, otro hombre llamado John Mo de Minnesota respondió al anuncio. John y Bell se escribieron durante meses.

Luego John retiró una gran cantidad de dinero de su banco y viajó a la Port. Un carpintero que trabajaba en la granja vio a John llegar, pero después no se le vio más. Su baúl quedó en la casa de Bell junto con otros baúles. Bell dijo que John se había ido, pero no dio más detalles. Durante este tiempo, Rey Lamfer continuaba trabajando en la granja y notaba la llegada de estos visitantes.

Otros hombres siguieron respondiendo a los anuncios. Por ejemplo, Olafes Ben Gerud, también de origen noruego, llegó en 1906. trajo dinero consigo y planeaba quedarse, pero desapareció poco después. Bell explicó con intranquilidad que se había ido a otra ciudad. Otro fue Ole Butsberg de Wisconsin, quien la visitó en 1907.

Su familia lo reportó desaparecido cuando no regresó. Bell dijo que no sabía dónde estaba. Hola, Flint Bloom de Indiana. también respondió y llegó con ahorros, pero no se le vio después. En 1907, Andrew Helgellien de Dakota del Sur empezó a escribir a Bell. Intercambiaron muchas cartas. Andrew estaba interesado en la mujer, incluso quería casarse.

 Vendió sus propiedades y en enero de 1908 aquel hombre viajó al aporte con una gran suma de dinero, alrededor de $900. Se quedó en la granja durante unos días. Su hermano Asle Helgelien recibió una carta de Andrew diciendo que todo estaba bien, pero luego no hubo más noticias. Asle se preocupó y escribió a Bell preguntando por su hermano.

 Bell respondió con tristeza que Andrew se había ido, pero que no sabía si a Noruega o a Chicago, pero no dio detalles claros. El 28 de abril de 1908, la granja de Bell se incendió inesperadamente por completo durante la noche. Los bomberos y vecinos llegaron, pero la casa quedó totalmente destruida. En las ruinas, tristemente encontraron cuatro cuerpos.

Tres niños identificados como los hijos de Bell, Mytel, Lucy y Philip, y un cuerpo de mujer adulta sin cabeza. El forense a cargo confirmó que era la propia Bell. Poco después, Asle Helgelien llegó a la granja con otros hombres. Sospechaban algo malo porque Andrew había desaparecido. Notaron depresiones suaves en el suelo del corral de cerdos y otros lugares.

Empezaron a acabar y de repente encontraron un saco con partes del cuerpo de Andrew, incluyendo su cabeza. Esto llevó a que la policía iniciara una investigación más amplia en la granja. Examinaron diferentes áreas, incluyendo el corral, los alrededores del lago y otras construcciones en la propiedad. Allí encontraron restos humanos dispersos y cercenados, suficientes para confirmar que varias personas habían desaparecido en circunstancias extrañas.

Al principio pudieron identificar algunos de los cuerpos, pero pronto se dieron cuenta de que había demasiados para contarlos con exactitud. La noticia se extendió por los periódicos y familias de hombres desaparecidos contactaron a la policía. Algunos restos se identificaron como de los hombres que respondieron a los anuncios como Henry Gurhold, John Mou, Ole Butzberg y otros.

También encontraron restos de Jenny Olsen, la hija adoptiva de Bell. La policía estimó que podría haber hasta 50 víctimas en total, pero no todos se confirmaron. Rey Lamfer, el trabajador y amante de la mujer, no soportó más el remordimiento y confesó. Fue arrestado el 22 de mayo de 1908 por incendio provocado y asesinato.

En noviembre de 1908, rey Lamfere fue juzgado. Lo condenaron por incendio provocado, pero lo absolvieron de asesinato. Murió en prisión en 1909. Antes de morir, reveló a un reverendo que Bell usaba los anuncios en periódicos para atraer hombres a la granja. Les escribía cartas prometiendo matrimonio y una vida cómoda.

 Cuando llegaban con dinero, los robaba y los ultimaba para quedarse con sus ahorros y cosas valiosas. Los cuerpos los desmembraba y enterraba en la granja para ocultar las pruebas. Rey dijo que ayudó a Bell en algunos casos, pero que ella planeó el incendio para fingir su muerte y escapar. Según él, el cuerpo sin cabeza era de otra víctima, no de Bell.

Además, ella había sacado dinero de sus cuentas bancarias y huyó. Más tarde se reveló que la mujer encontrada en el incendio medía solo 1,63 y pesaba mucho menos. De hecho, muchos lugareños desde el incendio dudaban de que realmente Bell hubiera fallecido. Aún así, Bell fue declarada muerta oficialmente, pero su destino nunca se confirmó.

 Hubo reportes de avistamientos en Chicago y otras ciudades después de 1908. En 1931, una mujer llamada Esther Carlson fue arrestada en Los Ángeles por envenenar a un hombre por dinero. Algunos pensaron que era Bell, pero murió antes de confirmarse. En 2008, los investigadores intentaron identificar el cadáver decapitado encontrado en la granja de Bell Gunes, realizando pruebas de ADN.

Para ello, utilizaron como referencia una carta que ella había escrito, ya que los objetos tocados por una persona pueden contener restos de su material genético, como células de la saliva en el sello o de la piel en el papel. Sin embargo, debido a que la carta tenía más de un siglo de antigüedad, el ADN estaba demasiado degradado para obtener resultados fiables, dejando sin respuesta la duda sobre si el cuerpo pertenecía realmente a Gunes o no.

 Con el tiempo se descubrió que ella misma había provocado los incendios que destruyeron su primer negocio y su hogar, además de estar detrás de la muerte de su esposo y sus hijos con el fin de cobrar los seguros. En las excavaciones posteriores se hallaron varios cuerpos, aunque nunca todos.

 Bell había acumulado una fortuna de miles de dólares entre seguros y pertenencias de sus víctimas. Su único motivo, el dinero. Nacida en la pobreza en Noruega, emigró a Estados Unidos en busca de riqueza. publicaba anuncios en secciones de solteros, incluso en idioma eslavo, atrayendo a hombres con promesas de matrimonio y una vida próspera en su granja.

 Cuando llegaban, los dopaba o envenenaba y luego los ultimaba para quedarse con su dinero. Las víctimas estaban conscientes, pero incapaces de resistirse a lo que les esperaba. Su fuerza física le permitía mover los cuerpos. a veces con ayuda de su amante, rey Lamfer, quien confesó haber cabado tumbas de noche.

 La policía halló hachas, sierras y restos con rastros de arsénico. Según la confesión de su amante, Bell incluso habría asesinado a sus hijos durante el incendio final para simular una muerte familiar y huir. Su caso, uno de los más notorios de principios del siglo XX, se estudia hoy en criminología como ejemplo de hasta donde puede llegar la codicia humana.

 En una época en que las mujeres viudas tenían pocas oportunidades, Bell convirtió los anuncios matrimoniales en su arma más letal. En la granja aislada permitió que se ocultaran varios cuerpos. Y cuando la investigación comenzó en 1908, atrajo la atención de los medios de todo el país, con fotografías de las excavaciones publicadas en los periódicos.

Entre las víctimas se encontraban hombres de distintas ciudades que habían desaparecido en los años anteriores. Algunos monrestos nunca pudieron ser identificados, pero cartas halladas en la granja revelaban que Bell contactaba a hombres mediante mensajes románticos, ganándose su confianza y pidiéndoles que trajeran dinero u objetos de valor para mejorar la vida.

Su caso narra la historia de una mujer solitaria que atraía a hombres a su granja con promesas de amor y una vida próspera. Lo que luego les hacía estremeció al mundo por la frialdad de sus actos. Bell Gunes, nacida en la pobreza en Noruega, terminó envuelta en uno de los casos más macabros de su tiempo.

 Los hombres que respondían a sus anuncios eran engañados, despojados de su dinero y ultimados, dejando trás de sí un rastro de horror que aún hoy causa asombro y temor. M.