LA OLA DE ASESINATOS QUE CONMOCIONÓ COLOMBIA: MUERTES DE MOTOTAXISTAS ALERTARON A AUTORIDADES

En el valle del Cauca apareció primero una mujer en un cafetal. Luego otra sobrevivió para describir al hombre que casi la mata. Y después un mototaxista fue hallado sin vida tras aceptar un viaje que jamás debió hacer. Tres escenas distintas, un mismo patrón, un pasajero amable, una ruta apartada y un ataque que siempre llegaba cuando ya era demasiado tarde.
Lo más inquietante es que durante semanas nadie sabía quién era ese hombre que subía a una moto como cliente y dejaba detrás miedo, silencio y familias destrozadas, hasta que una víctima logró mirarlo a la cara y sobrevivió para contarlo. Dev Antonio Correa, según las investigaciones de la policía, tenía un patrón claro y meticuloso para conquistar a sus víctimas.
Utilizaba la estrategia de hacerse amigo de ellos durante un periodo aproximado de 3 días, ganándose su confianza. Posteriormente los conducía a un lugar apartado, generalmente una zona boscosa rodeada de plantaciones de plátano y café, donde atentaba contra ellos y los asesinaba. Las víctimas presentaban características comunes, lesiones en el cuello, la espalda y las manos.
Además, Correa solía usar las mismas prendas, en particular una chaqueta con franjas amarillas, lo que ayudó a identificarlo. Las víctimas confirmadas de Correa incluyen a Emiliana Ramírez y Marco Aurelio Muñetón, cuyos cuerpos fueron encontrados en estos lugares aislados. Asimismo, intentó asesinar a Yamilet Arcilla en una zona cercana.
Estas coincidencias llevaron a la policía a sospechar que se enfrentaban a un asesino en serie que perfilaba cuidadosamente a sus víctimas, las cuales compartían otra característica. Todos eran mototaxistas. Correa no solo los asesinaba, sino que también robaba sus pertenencias, incluyendo las motocicletas, que luego vendía emprenderías o a través de internet.
Para el día 4 de febrero del año 2022 nos informan del hallazgo de un cuerpo sin vida de sexo femenino en los cafetales del municipio de la Águila Valle. De inmediato nos fuimos en las con el equipo de criminalística al lugar de los hechos. Las autoridades se trasladaron al lugar y confirmaron que el cuerpo correspondía a una mujer de entre 30 y 35 años.
La víctima vestía una sudadera roja y botas de caucho. Su cuerpo había sido abandonado en medio de un cultivo de café. Un habitante de una finca cercana nos manifiesta que en las horas de la mañana observa el cuerpo con varias lesiones. La noticia sobre la aparición de un cuerpo en una vereda cercana al municipio se difundió rápidamente.
Fue hallado a las 9 de la mañana en un cafetal por un agricultor de la vereda Santa Marta. Las familias de el águila comenzaron a preguntarse quién podría ser la víctima. Pero una familia en particular, los Ramírez, temía lo peor. María Liliana Ramírez había desaparecido el día anterior.
La policía se desplazó hacia la vereda Santa Marta, ubicada a 40 minutos de el águila, seguida de cerca por la familia de Liliana. Al llegar, los agentes fueron guiados por los campesinos de la finca hasta el lugar del hallazgo. Allí encontraron un cuerpo boca abajo con las manos llenas de tierra y el rostro desfigurado, aparentemente por la acción de animales de la zona.
El cuerpo presentaba múltiples lesiones con arma cortopunzante en el cuello, las manos y las extremidades. Tras la inspección se confirmó que pertenecía a María Liliana Ramírez, de 34 años. Todos los días de mi vida me pregunto por qué esa persona se ensañó así con mi hermana. El por qué. Lucy reconoció a su hija por la ropa que llevaba puesta, identificándola con seguridad gracias a su conocimiento detallado del vestuario de María Liliana.
El día de los Hechos, Liliana había tenido una breve conversación con su madre por la mañana, pero no se comunicó nuevamente durante el resto del día. María Liliana Ramírez era la mayor de las mujeres de su familia. Su carácter extrovertido y su amor por los tatuajes, los boleros y los sonidos de la naturaleza que describía como una fuente de paz, la definían ante conocidos y familiares.
Trabajaba principalmente por temporadas en las fincas de la región de el águila y era reconocida por su alegría y energía inagotable. Siempre encontraba formas de entretenerse, ya fuera conversando con amistades o dedicándose a actividades simples como mirar televisión. Tenía una relación estrecha con su madre, visitándola a diario y compartiendo momentos cotidianos significativos.
Recientemente, María Liliana había tomado una decisión importante con sus ahorros, adquiriendo una motocicleta para iniciar un trabajo como mototaxista. Siempre proactiva, buscaba nuevas oportunidades cuando alguna actividad no daba los resultados esperados. Este nuevo emprendimiento había comenzado apenas dos meses antes de su muerte.
Al descubrir su cuerpo, la policía notó que faltaban sus pertenencias personales, incluida su moto. Esto generó la primera hipótesis del caso, un posible conflicto con alguien cercano, ya fuera un amigo o relacionado con su vida sentimental. Lo primero que hizo la policía fue interrogar a Brian Steven Ochoa, esposo de María Liliana.
Brian trabajaba de manera ocasional en fincas y no tenía antecedentes penales. Sin embargo, tras analizar la situación, las autoridades concluyeron que era poco probable que él estuviera involucrado, descartándolo como principal sospechoso, aunque no lo excluyeron completamente. Durante la investigación inicial surgieron varias hipótesis.
Una de ellas apuntaba a una vecina de María Liliana, con quien había tenido discusiones, amenazas y conflictos en el pasado. Las familias de la víctima señalaron a esta mujer como la única persona con la que María Liliana había tenido problemas recientes. Aunque no existían pruebas contundentes, la vecina permaneció como sospechosa para la policía mientras las investigaciones avanzaban.
Una semana después del hallazgo del cadáver, los investigadores encontraron una pista clave. Tras revisar las cámaras de seguridad de una estación de gasolina a la entrada del municipio, descubrieron un video del 3 de febrero a las 9:59 de la mañana que mostraba a una mujer con las mismas características y ropa de María Liliana.
En el video junto a ella se encontraba un hombre desconocido, quien parecía ser un pasajero del servicio de mototaxismo que Liliana ofrecía. Este hombre, de aproximadamente 1,70 m de altura, delgado y con una edad estimada entre 40 y 50 años, se convirtió en el nuevo foco de atención para los investigadores.
El video confirmó que María Liliana aún estaba viva a esa hora. aproximadamente media hora después de haber hablado con su madre por última vez. Según el registro de las cámaras, la última interacción grabada fue a las 9:59 de la mañana, poco antes de que desapareciera. Sin embargo, no quedó claro si el hombre que transportaba en su moto estaba presente durante la llamada con su madre o si la había dejado poco después.
El hallazgo del video, aunque significativo, no ofreció suficientes pistas para identificar al hombre, lo que dificultaba avanzar en la investigación. La vecina, aunque seguía bajo sospecha, parecía cada vez menos vinculada al crimen. El caso parecía estancado hasta que el 14 de febrero de 2022 un nuevo suceso alteró nuevamente la tranquilidad de el águila.
Para el día 14 de febrero de 2022 llegó una persona lesionada con varias heridas con arma cortopunzante. La víctima era Yamile Dachila, de 33 años de edad. En la cara recibí dos, en la espalda recibí una. En las manos fueron meros puntazos. Fue un milagro de Dios que yo estuviera en este momento acá. El cuello quedó así como cuando lo cogen en un gato y lees todo eso.
El 14 de febrero, Jamilet, también mototaxista como María Liliana, recogió en la ciudad de Armenia a un hombre que ya conocía como cliente habitual. Durante el trayecto, el hombre compartió detalles sobre su aparente negocio, asegurando que trabajaba comprando tierras en nombre de un patrón en Estados Unidos, quien le pagaba una comisión por estas transacciones.
A las 7 de la mañana, Yamilet partió con su pasajero rumbo a el Águila, en el valle del Cauca. Durante las más de 6 horas de viaje, el hombre se mostró amable y confiado, ganándose poco a poco la confianza de Yamilet. Según su relato, no presentó indicios de peligro, actuando de forma completamente normal, como si fuera un vecino más del lugar.
Su comportamiento amigable y familiaridad con la región hicieron que Yamilet bajara la guardia. Finalmente, ambos llegaron a una vereda cercana a el águila. Al llegar, el hombre descendió de la moto y comenzó a caminar por la zona, dejando a Yamilet esperando a pocos metros en su motocicleta. Yamilede, desesperada, intentaba proteger su rostro de las cuchilladas de su atacante.
En el instante en que parecía perder todas las fuerzas y la esperanza de sobrevivir al brutal ataque, un breve descuido por parte del agresor le dio la oportunidad que necesitaba para escapar. Estaba chateando yo ahí con el celular y llegó él. Encima la moto llegó y le propuso la puñ la puñalada de atrás.
La moto cae al caer la moto él coge y me arrastra de aquí para allá. Me arrastró por todo esto. Acá yo medio me desprendí un poquito y él llegó y la puñalada de atrás. No podía yo desprenderme porque si yo le hacía fuerza, yo sentía que más me rajaba por detrás. Entonces llegó y de una me arrastró todo esto, se subió encima mío.
Perdónenme que yo tengo mi mamá. Si él decía que no, ahí sí decía, “No, la tengo que matar. No la puedo dejar viva. Yo ya tengo mi hija. Mi hija apenas va a cumplir. Tiene 4 añitos. Perdóneme la vida. Si algo le hice, perdóneme, pero déjeme vivir. Yo quiero vivir. No, yo la tengo que matar. Me lo dijo dos veces.
Los segundos parecían eternos mientras Yamilet corría entre los cafetales, gritando por ayuda sin que nadie respondiera. En medio de su huida, escuchó el sonido de una motocicleta arrancando y supo que su agresor se había marchado en ella. exhausta, continuó corriendo, aunque su cuerpo ya no soportaba más. Él entró en una llamada y vio la foto, o sea, la moto del día de arriba.
Cuéntame exactamente cómo fue todo. Entonces, él mira así. Entonces, como mira él así, entonces yo me tiro, yo me tiro todo esto, todo esto, yo bajo, yo me arranco a correr. Al correr se me tapó el celular que ahí metido en el palo de café lo tapó las ramas. Yo me tiré. Al tirar se me cayeron los zapatos, los auriculares, quedaron en una mata de café y esa peina en sangre brotaba mucha sangre.
Afortunadamente, unos campesinos de la zona la encontraron y al ver su estado decidieron ayudarla. Uno de ellos, portando una escopeta, insistió en trasladarla hacia un lugar seguro, ya que estaba gravemente herida y no podía moverse por sí misma. Los campesinos avisaron a la policía que acudió al lugar y la trasladó mal herida en una motocicleta.
Yamilet fue llevada al hospital de Cartago, donde lograron salvarle la vida. Días después, mientras se recuperaba, fue entrevistada por la policía y quienes le mostraron una carpeta con fotografías. En una entrevista posterior, los agentes le mostraron una fotografía y le pidieron que identificara si el hombre que aparecía era el mismo que la había atacado.
Sin dudarlo, Yamilet reconoció a su agresor, recordaba perfectamente su rostro y confirmó que era el hombre que había intentado matarla. Además, señaló que la imagen mostraba al sujeto en una motocicleta azul acompañado de una mujer. Este detalle reforzó la sospecha de que él también podría estar involucrado en el asesinato de María Liliana Ramírez.
Yamilet no solo identificó a su atacante, sino que proporcionó un dato clave para la investigación. Recordó que durante el intento de homicidio, el agresor había recibido una llamada. Gracias a esta información, la policía logró rastrear el número telefónico desde el cual el hombre había contactado a Yamiled.
La prioridad ahora era identificar al titular de esa línea telefónica. El 14 de febrero, a las 13:59 horas se registró una llamada crucial que coincidió con el momento en que el agresor intentaba cometer el homicidio contra Yamilet. La policía determinó que la línea telefónica asociada a esa llamada pertenecía a Diana Carolina Carreño Macías, una mujer de Kimbaya, Quindío, madre de tres hijos y cónyuge de Devania, Antonio Correa Suárez.
Este último tenía un extenso prontuario criminal con más de 15 registros por delitos como hurto de motocicletas, abuso de confianza y concierto para delinquir. Las cámaras de seguridad de una estación de gasolina fueron fundamentales para confirmar la identidad de Devania Antonio Correa como el hombre que estuvo con María Liliana Ramírez antes de su muerte.
Estas imágenes mostraron a María Liliana con Correa mientras transitaban en motocicleta. Más tarde, él la abandonaría en un cafetal tras asesinarla. Con esta evidencia, la policía centró su atención en Correa, evitando alertar a su pareja, Diana Carreño, para no poner al sospechoso sobre aviso.
La estrategia de la policía incluyó el análisis minucioso de las cámaras de seguridad que registraron el recorrido de Yamilet con Correa. Las grabaciones del 14 de febrero a las 6:27 de la mañana mostraron a Devania Antonio Correa llegando solo a una panadería en el barrio Libertadores de Armenia. donde poco después aparece Yamilet Archila.
Las imágenes captaron el inicio de su trayecto juntos desde Armenia hasta Cartago y posteriormente al municipio del Águila. El video de la panadería en el Águila reveló otra parada significativa en el recorrido de Correa con Yamilet. En Armenia, la investigación policial enfrentó un nuevo obstáculo.
Devan Antonio Correa ya no utilizaba la misma línea telefónica complicando su rastreo. Los agentes sabían que el tiempo era crítico, ya que cada minuto perdido aumentaba la posibilidad de que surgiera una nueva víctima, algo que buscaban evitar a toda costa. Mientras seguían investigando a Deván y Antonio Correa, sospechoso del asesinato de María Liliana Ramírez y del intento de homicidio contra Yamilet Arcila, ocurrió un nuevo incidente, esta vez con una víctima diferente.
El 31 de marzo, en medio de una plantación de café y plátano en la vereda San Isidro, en el Valle del Cauca, fue encontrado el cuerpo de Marco Aurelio Muñetón, de 56 años, un hombre oriundo de Armenia. Cristian Muñetón, hijo de Marco Aurelio, notó algo inusual ese día. Cuando eso de que veo el Facebook, cuando veo que una publicación de Marco Aurelio Muñetón es que vendiendo la moto en Sevilla, yo en Sevillas, mi papá no estaba en Sevilla, mi papá estaba en San Isidro, mi papá no sabía manejar redes sociales, mi papá nunca hablaba por
Messenger y él en línea y todo eso. Entonces yo dije, “No, esto no está normal acá.” El 31 de marzo, Marco Aurelio Muñetón salió temprano rumbo a la vereda San Isidro con la intención de mostrar una finca de su propiedad a un supuesto comprador interesado. Según Claudia Rendón, su esposa lo despidió después del desayuno cuando él mencionó que saldría alrededor de las 7 de la mañana.
Sin embargo, esa fue la última vez que tuvieron contacto con él. A medida que transcurrió el día y Marco Aurelio no regresaba, la familia comenzó a preocuparse. Intentaron contactarlo sin éxito. Aunque su celular sonaba, nadie respondía a las llamadas o simplemente las dejaban correr. Además, vieron que aparecía conectado en WhatsApp y Messenger, algo extraño para él, ya que no solía usar esas aplicaciones.
Este comportamiento aumentó la angustia de sus familiares, quienes esa misma noche iniciaron una búsqueda desesperada en hospitales y clínicas sin resultados. Finalmente, su hijo Cristian expresó su temor. Algo malo le había sucedido a su padre. A la mañana siguiente, un primo de Cristian, quien vivía cerca de la finca en venta, le llamó con noticias inquietantes.
Cristian, lleno de ansiedad, llegó al lugar y encontró el cuerpo de su padre boca abajo con múltiples heridas de arma cortopunzante. Debido a la ubicación remota del lugar, la familia se vio obligada a realizar el levantamiento del cuerpo con el mínimo apoyo de las autoridades. El cuerpo de Marco Aurelio fue trasladado en una bolsa enviada por el CTI en condiciones rudimentarias que aumentaron el dolor de la familia.
Cuando la policía inició la investigación, descubrieron un dato alarmante. Marco Aurelio también era mototaxista, al igual que María Liliana Ramírez y Jamil Arcila. La conexión era evidente. Todas las piezas apuntaban a que Devani Antonio Correa, aún en libertad había asesinado a su segunda víctima.
Marco Aurelio Muñetón era un hombre tranquilo, de carácter noble y muy familiar. Confiaba en las personas con una ingenuidad que muchos consideraban inusual para su edad. Según su esposa, su bondad y falta de malicia lo hacían vulnerable, pero también lo definían como alguien virtuoso. Trabajador incansable, había decidido dedicarse al mototaxismo tras el declive en el sector de la construcción, donde trabajó por años.
Para él, mantenerse activo era esencial. Nunca aceptaba regalos ni dependía de otros, siempre luchando por lo suyo. Recientemente, Marco Aurelio había comenzado como mototaxista apenas hacía unas semanas con la intención de ahorrar dinero. Su meta era cumplir un sueño, emigrar a Europa, específicamente a Francia, para reunirse con uno de sus hijos y preparar el terreno para que su esposa y las niñas pudieran unirse a él.
Estaba decidido a vender la finca familiar en el Valle del Cauca y dejar todo asegurado antes de partir. El 31 de marzo recibió una llamada de Devan Antonio Correa, quien se hizo pasar por un interesado en la finca que Marco Aurelio tenía en venta. Correa, sospechoso de la muerte de María Liliana Ramírez y el ataque a Yamilet Arcila, mostró un comportamiento aparentemente tranquilo al interactuar con la familia de Marco Aurelio.
Según uno de sus hijos, era la primera vez que lo veían, pero hablaba con confianza, como si conociera al Padre desde hacía tiempo. Al día siguiente, Marco Aurelio fue encontrado sin vida en su finca con múltiples heridas de arma cortopunzante. Tenía casi la mismas características que en el hecho de presentar a la señora Liliana y las lesiones a la señora Yamilet.
La investigación llevó a las autoridades a rastrear los movimientos de Correa, quien residía en la ciudad de Armenia, en el Quindío. Sin embargo, la dirección inicial que tenían no correspondía a su verdadero domicilio. Esto obligó a la policía a implementar un rastreo exhaustivo en un radio de 20 cuadras a la redonda del punto identificado previamente.
Gracias a la información obtenida mediante la búsqueda en bases de datos. y el rastreo de señales telefónicas finalmente lograron ubicar su domicilio. La policía decidió vigilar la vivienda por varios días, esperando captar alguna llamada comprometedora o atraparlo en flagrancia. Era crucial que Correa permaneciera en su casa para evitar que cometiera otro ataque.
El 13 de mayo de 2022, tras 7 días de vigilancia constante, la policía finalmente decidió actuar. A las 5:15 de la tarde, Devani Antonio Correa fue capturado en su residencia ubicada en el barrio Mercedes Centro en Armenia. Durante la detención, las autoridades encontraron pruebas incriminatorias en la vivienda, incluyendo un celular y ropa perteneciente a su última víctima, Marco Aurelio Muñetón.
Tras su captura, Correa fue llevado ante un juez para la legalización de su detención. Posteriormente fue trasladado al Cai Berlín en la ciudad de Cartago. Para las autoridades y las comunidades afectadas, la captura de Correa fue un alivio parcial, ya que puso fin a sus crímenes, aunque no borró el dolor causado a las familias de las víctimas.
Muchas de ellas expresaron su frustración y tristeza, considerando que la justicia no puede reparar el daño irreparable que dejó este asesino. En la primera audiencia judicial, Correa mostró una actitud distante y terminó aceptando los cargos de homicidio y hurto, calificado agravado. Sin embargo, ni los familiares de las víctimas ni las víctimas sobrevivientes asistieron a esta audiencia, lo que reflejó el profundo impacto emocional que dejaron los crímenes de Correa.
El primero de septiembre de 2022, Devani Antonio Correa fue condenado a 35 años y 9 meses de prisión por los delitos de homicidio y tentativa de homicidio. Su condena es cumplida en la cárcel de Villanueva en Cali, departamento del Valle del Cauca. A pesar de esta sentencia, las familias de las víctimas consideran que el castigo es insuficiente dada la crueldad y se vicia con la que actuó Correa.
Además, las autoridades creen que el prontuario criminal de este hombre y su modus operandi indican que podría haber más víctimas en otros departamentos del país, lo que amplía la magnitud de sus crímenes. El caso de Devan Antonio Correa no solo dejó un rastro de dolor y tragedia en las víctimas directas, sino también en sus familias y en él mismo, quien en su última declaración pública ante el juez intentó expresar un arrepentimiento profundo.
En sus palabras, Correa pidió perdón primeramente a Dios, segundo a su familia y tercero a la sociedad, reconociendo que el daño que había causado era irreparable y que no había manera de compensarlo, ni siquiera con todo el oro del mundo. Aceptó su culpabilidad sin reservas y rogó que su familia no tuviera que cargar con las consecuencias de sus actos.
Sin embargo, el perdón de las familias de las víctimas no fue fácil de conseguir. Una de las hermanas de una de las víctimas expresó claramente su incapacidad de perdonar, al menos en ese momento. Entre lágrimas y con profunda indignación, mencionó como los crímenes de Correa le dejaron cicatrices psicológicas irreversibles y rabia acumulada que no la dejaría enfrentarse cara a cara con él.
A pesar de ser creyente, dijo que solo Dios podría perdonarlo, aunque ella misma aún no estaba preparada para hacerlo. Expresó su deseo de encontrar paz algún día, pero dejó claro que ese momento aún estaba lejos. Otro de los testimonios vino de un ser querido que compartió su dolor por la pérdida de una de las víctimas, diciendo cuánto extrañaban a esa persona en la familia y cómo su ausencia había dejado un vacío imposible de llenar.
Con palabras desgarradoras, recordó la importancia de ser fuertes por los hijos que quedaron huérfanos y por los demás miembros de la familia, pero también dejó entrever la imposibilidad de comprender cómo alguien podía cometer actos tan atroces. ¿Qué opinas sobre la condena de 35 años que recibió Deb Antonio Correa? ¿Crees que fue suficiente para los crímenes que cometió? Si hubieras estado en el lugar de Yamilet Archila.
¿Cómo crees que habrías reaccionado para intentar salvar tu vida? ¿Qué piensas de los arrepentimientos que expresó de Ban Antonio Correa en su declaración? ¿Crees que fueron sinceros o un intento de justificar lo que hizo? Oh.
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