LA ASESINA SERIAL QUE CONMOCIONÓ MÉXICO: LA DOBLE VIDA DE ELIZABETH MARTÍNEZ TERMINÓ EN UN CRIMEN

El cuerpo de una joven apareció dentro del maletero de su propio vehículo en Tijuana. Estaba en posición fetal, sin ropa y con evidentes signos de violencia. Horas antes, Elizabeth Martínez, de 26 años, había salido a una cita por San Valentín con un hombre que conoció en el bar donde trabajaba. Como siempre, fue enviando su ubicación a su familia hasta que de pronto dejó de responder.

 Lo que parecía la desaparición de una joven terminó destapando algo mucho más inquietante, un mismo método, varias mujeres asesinadas y la sombra de un depredador que cruzaba la frontera para cazar. Elizabeth Martínez Cigarroa vino al mundo el 20 de julio de 1996 en Tijuana, Baja California, una ciudad marcada por su cercanía a la frontera con Estados Unidos.

 Aunque no hay mucha información pública sobre su vida privada, se sabe que su familia era originaria del estado de Chiapas y que Elizabeth era la más pequeña de siete hermanos criados por su madre Marta Sigarroa. Quienes la conocieron la recuerdan como una joven serena, con una sonrisa fácil y una personalidad tranquila. Nunca se metía en problemas.

Uno de sus hermanos mayores contó que Elizabeth no solo era una buena persona, sino que también tenía una relación de mucha cercanía y confianza con todos en su entorno, especialmente con su madre, quien era su sostén y su confidente. A comienzos de 2022, con apenas 26 años, Elizabeth ya había alcanzado un logro importante.

 Se graduó en comercio y negocios internacionales en una universidad privada. fue la primera de su familia en lograr un título universitario y no se detenía ahí. Entre sus metas estaba a ser una maestría, convencida de que eso le abriría nuevas puertas laborales y le permitiría mejorar su vida y la de sus seres queridos para avanzar más rápido hacia sus objetivos, además de tener un pequeño negocio de venta de ropa, decidió trabajar como bailarina en un bar ubicado en la conocida zona norte de Tijuana, una zona donde muchas jóvenes de la ciudad buscan ingresos rápidos.

Sabía que no era un ambiente fácil. Así que tomaba precauciones, informaba a su familia sobre cada paso que daba, les decía con quién salía y dónde estaría, ya fuera con algún cliente o conocido. Lo que ella nunca imaginó fue que ese hábito, pensado para su seguridad acabaría siendo clave para entender lo que le pasó, porque aunque hacía todo lo posible por cuidarse, eso no bastó para mantenerla fuera de peligro.

 El lunes 14 de febrero de 2022, día del amor y la amistad, Elizabeth estaba de buen ánimo. Tenía una segunda cita con un hombre que había conocido en el bar. Según contó su hermano, le dijo que se trataba de un estadounidense que la había invitado a pasar con él esa fecha especial. Elizabeth les confesó a sus familiares que aunque aquel hombre le generaba algo de desconfianza, aún así quería ir a la cita.

 Les aseguró que como siempre les enviaría mensajes para que supieran dónde estaba en todo momento. Algunas versiones indican que antes de encontrarse con él, Elizabeth compartió una comida con su madre. Ninguna de las dos imaginaba que sería la última vez que estarían juntas. Marta, su mamá, no tenía forma de saber que ese sería el último abrazo.

 Según medios locales, el encuentro entre Elizabeth y ese hombre ocurrió en el bar donde ella trabajaba. Sin embargo, otras fuentes aseguran que fue ella quien pasó a recogerlo en su camioneta blanca cerca de una de las garitas fronterizas. Desde allí, ambos se dirigieron a un restaurante de comida brasileña y más tarde a un motel ubicado en la zona de playas de Tijuana.

 Todo apuntaba a que sería un encuentro íntimo. Como de costumbre, Elizabeth les había dicho a sus familiares que no estaría fuera más de 4 horas. también les envió su ubicación en tiempo real desde su celular, como lo hacía cada vez que salía con algún cliente. Gracias a eso, su familia supo exactamente a dónde iba y por qué lugares pasó esa tarde, pero en un momento todo se detuvo.

Elizabeth dejó de contestar los mensajes y no respondió más las llamadas. Conforme pasaban las horas, la preocupación de su madre y sus hermanos se transformó en angustia. Esa misma noche salieron a buscarla por todos los lugares donde creían que podía estar. Lo primero que hicieron fue ir al bar donde trabajaba, pero allí les dijeron que no la habían visto ese día.

 Las compañeras de Elizabeth recordaban con quién se iba a ver. Les dieron una descripción clara del hombre. Medía aproximadamente 1,65 m. Era corpulento, de piel morena clara y con marcas de acné en el rostro. Comentaron que era un cliente frecuente del lugar, pero no sabían su nombre. Las horas siguieron pasando y para el martes 15 de febrero, Elizabeth aún no había regresado a casa ni se había comunicado con su familia.

 Ante el silencio, sus seres queridos decidieron acudir a las autoridades para reportar su desaparición. Sin embargo, se encontraron con una respuesta frustrante. Les dijeron que debían esperar 24 horas antes de que la denuncia pudiera ser procesada y se iniciara una investigación. Ante esa falta de acción, la familia no se quedó de brazos cruzados.

 continuaron la búsqueda por su cuenta siguiendo el rastro digital que Elizabeth había dejado. Usaron redes sociales y hasta crearon una página para reunir cualquier pista o avance relacionado con su paradero, pero todo indicaba que tanto ella como su camioneta blanca se habían desvanecido sin dejar rastro. Ya para el miércoles 16, tras dos días sin noticias, también se reportó oficialmente la desaparición del vehículo.

 La esperanza era que al encontrar la camioneta se pudiera dar con Elizabeth más rápido. Además, rastrearon la ubicación de su teléfono móvil. Según explicó su hermano, el sistema mostró que el dispositivo había estado en varios lugares. Un restaurante de comida brasileña en la zona del río, un motel y también un parque. Horas después, el teléfono volvió a dar señal, esta vez en un hotel ubicado en el centro de Tijuana.

 La familia fue de inmediato, pero el personal del lugar se negó a permitirles el ingreso. Buscaron en el estacionamiento, pero la camioneta de Elizabeth tampoco estaba allí. Fue hasta el jueves 17 de febrero que surgió una posible pista. Una amiga de Elizabeth se comunicó con la familia para decirles que creía haber visto su vehículo.

 Rápidamente, sus hermanos revisaron el GPS de la camioneta y confirmaron que había estado estacionada en la zona norte de Tijuana. Con el corazón encogido y un mal presentimiento, su madre y su hermano se trasladaron de inmediato a ese punto de la ciudad. Allí, efectivamente encontraron la camioneta, pero Elizabeth no estaba ni dentro del vehículo ni en los alrededores.

 Sin perder tiempo, llamaron a las autoridades para informar sobre el hallazgo. En cuestión de minutos, llegaron al lugar varios agentes de policía y personal de bomberos. acordonaron la zona y se dispusieron a revisar el vehículo, en particular el maletero. Lamentablemente, lo que encontraron confirmó los peores temores de la familia de Elizabeth.

Dentro del automóvil estaba su cuerpo sin vida. El cuerpo de la joven fue hallado en posición fetal con indicios preocupantes de maltrato. Ante esa escena, sus familiares quedaron devastados. Nadie podía creer lo que estaban presenciando. La noticia corrió rápido y, alertados por la policía, varios medios de comunicación llegaron al sitio para cubrir el caso.

Aprovechando la presencia de los reporteros, los familiares de Elizabeth alzaron la voz. Denunciaron públicamente la falta de acción de las autoridades y la impunidad que rodea los crímenes contra mujeres en la región. Pronto, amigos, conocidos y compañeras de trabajo de Elizabeth comenzaron a llegar para despedirse y mostrar su solidaridad con la familia.

 Uno de los comentarios que se repitió entre quienes conocían a la joven y que también fue mencionado por su hermano fue que no se trataba de un caso aislado. En la misma zona ya se habían reportado situaciones similares con otras bailarinas o trabajadoras sexuales, mujeres asesinadas en circunstancias igualmente violentas.

 Frente a esto, la familia de Elizabeth fue clara. Si la fiscalía no fue capaz de actuar a tiempo cuando se reportó su desaparición, ahora tenían la obligación de investigar a fondo y dar con el responsable de quitarle la vida. Los restos de la joven fueron trasladados a las oficinas del forense, donde se realizarían los análisis correspondientes para determinar con precisión la causa de muerte.

 Según los primeros reportes, Elizabeth tenía lesiones visibles y marcas en el cuerpo que sugerían que fue víctima de una agresión física. También se identificaron indicios de que pudo haber tenido dificultades para respirar en sus últimos momentos. Todo apuntaba a una posible muerte por asfixia mediante distintos mecanismos.

 Aún así, las autoridades informaron que seguirían con pruebas más detalladas. En el informe inicial no se confirmó si hubo agresión sexual. Tras el hallazgo del cuerpo de Elizabeth, la fiscalía anunció que trabajaría el caso bajo el protocolo de feminicidio con el objetivo de dar con el responsable. El asesinato de Elizabeth, sumado a los casos que su hermano ya había mencionado, sembró temor entre muchas jóvenes que trabajaban como bailarinas exóticas o como acompañantes sexuales.

 El miedo era real. y no era infundado. Pero el golpe más devastador aún estaba por llegar. Apenas tres días después de que se encontrara el cuerpo de Elizabeth, la tragedia volvió a golpear a su familia. A través de la cuenta que habían creado para exigir justicia, amigos y allegados, anunciaron que Marta, la madre de Elizabeth, había fallecido.

Según los medios, la causa fue un infarto fulminante. Sin embargo, para quienes seguían el caso de cerca, fue el corazón roto por la tristeza y la impotencia lo que terminó con su vida. No pudo resistir el dolor de perder a su hija de una forma tan cruel. Mientras la familia enfrentaba un duelo doble, la investigación siguió su curso.

 Al cruzar información entre las autoridades estatales y municipales comenzaron a ver un patrón. El asesinato de Elizabeth no parecía un hecho aislado. La forma en que fue asesinada coincidía con el mismo método usado en al menos dos casos más, también en la zona norte de Tijuana. El primero de esos casos fue el de Karen González Argüyes, una joven de 27 años, originaria de Veracruz.

 Su cuerpo apareció en un basurero con signos claros de violencia. Según la investigación, Karen había sido citada en un motel el 30 de agosto de 2021. Era madre de una niña de 8 años y trabajaba como manicurista en un centro estético. Un año antes había comenzado también a ofrecer servicios como trabajadora sexual en dos bares de la zona.

 Uno de ellos, el mismo donde trabajaba Elizabeth. Karen era muy consciente de los riesgos que implicaba su actividad y por eso atendía a sus clientes solo por teléfono, cuidando su seguridad al máximo. El día que perdió la vida, alcanzó a decirle a un familiar y a una amiga con quién se vería y en qué lugar, pero nunca regresó a casa.

 Su familia, al ver que no podían localizarla, reportó su desaparición. y comenzó por cuenta propia la búsqueda desesperada para encontrarla. Lamentablemente, la búsqueda de Karen concluyó el 2 de septiembre de 2021. Ese día una persona reportó haber encontrado restos humanos en un basurero. Al llegar las autoridades confirmaron lo peor.

 Se trataba de Karen González Argüeyes. Durante la investigación, los agentes lograron recuperar grabaciones de cámaras de vigilancia en las que se veía claramente el vehículo en el que se movilizaba el hombre que le quitó la vida. Gracias a estas imágenes pudieron identificarlo. Además, una amiga cercana de Karen lo reconoció visualmente a pesar de esta información clave, en todo ese año no se emitió ninguna orden de apreensón en su contra.

 La segunda víctima fue Ángela Carolina Acosta Flores, de apenas 20 años. Le arrebataron la vida el 24 de enero de 2022. En una habitación de hotel ubicada muy cerca del bar donde trabajaba Elizabeth. Según los reportes, Ángela también había acudido a una cita con un hombre misterioso, aparentemente de nacionalidad estadounidense y de ascendencia hispana.

 A diferencia de los casos anteriores, en la escena del crimen no se encontró su teléfono móvil. Por eso las autoridades decidieron rastrear el dispositivo. El resultado fue sorprendente. El celular se encontraba en Estados Unidos, concretamente en Riverside, California. A estas alturas, las similitudes entre los tres casos eran imposibles de ignorar.

 Tres mujeres jóvenes, tres encuentros con hombres extranjeros, tres muertes violentas en circunstancias similares. Todo apuntaba a un patrón. Ante la gravedad de la situación, la investigación se intensificó. Finalmente, el miércoles 16 de noviembre de 2022, el fiscal del Estado de Baja California ofreció una conferencia de prensa para abordar públicamente los casos.

 En su intervención confirmó que estaban buscando a un asesino serial, un criminal que había sembrado el miedo en Tijuana. Según el fiscal, creían haber logrado frenar sus actividades en la ciudad. Explicó que el sospechoso cruzaba la frontera exclusivamente para cometer estos crímenes y luego regresaba a Estados Unidos.

 En ese momento no se revelaron más detalles. Las autoridades preferían mantener en reserva la información para evitar alertar al sospechoso y no poner en riesgo el avance de la investigación. Casi un mes después de aquella primera conferencia, el 13 de diciembre, el fiscal estatal volvió a dirigirse a la prensa. Esta vez hizo una declaración crucial.

 Las autoridades ya habían identificado al principal sospechoso. Se trataba de un hombre de nacionalidad estadounidense y lo que más alarmó fue el perfil psicológico que habían trazado de él. Según los investigadores, mostraba rasgos de sociopatía similares a los de Ted Bundy, el tristemente célebre asesino serial que aterrorizó a Estados Unidos en los años 70 y que fue ejecutado en 1989.

Aunque se giró de inmediato una orden de apreción a nivel local, el sospechoso ya no se encontraba en territorio mexicano. Por ello, las autoridades solicitaron el apoyo de la Interpol para emitir una ficha roja y también pidieron colaboración tanto al FBI como a los consulados estadounidenses con el fin de localizarlo y detenerlo.

 Con la intención de facilitar su búsqueda, las autoridades dieron a conocer algunas de sus características físicas. Además, el fiscal informó que se llevarían a cabo nuevas pruebas y análisis para descartar la participación de otras personas en los hechos. La identificación del sospechoso fue posible gracias a un análisis detallado de su modus operandi.

Según lo explicado, este hombre elegía cuidadosamente a sus víctimas, las contactaba con antelación, interactuaba con ellas y se ganaba su confianza actuando como cliente. Era amable, atento y, sobre todo, generoso económicamente. Todo formaba parte de su estrategia. Prefería mujeres jóvenes de complexión delgada y estatura baja, no más de 1,60 m, con rasgos delicados y que se encontraban en situación vulnerable, como trabajadoras sexuales o bailarinas exóticas, las convencía para ir con él a lugares privados o apartados. Allí se

aprovechaba de la situación para atacarlas brutalmente y quitarles la vida. Los informes señalaron que debido a su contextura frágil, las víctimas tenían pocas posibilidades de defenderse. El patrón era evidente. La sometía de forma violenta con un método que dejaba marcas consistentes en cada caso.

 También se informó que al momento del hallazgo, dos de las tres víctimas fueron encontradas en condiciones que dificultan la recolección de evidencia. La única que conservaba su ropa, presentaba más signos de forcejeo, lo que hizo pensar que pudo haber intentado defenderse con mayor intensidad. Vale la pena recordar que para cuando Elizabeth desapareció, ya circulaban rumores entre las trabajadoras sexuales y bailarinas de la zona norte de Tijuana sobre mujeres que habían desaparecido o que habían sido asesinadas sin que sus casos se resolvieran. Ante ese clima de miedo,

muchas empezaron a tomar precauciones adicionales, informaban a sus familias sobre su paradero y les escribían al salir de los hoteles. Fue justamente esa disciplina que mostró Elizabeth avisando a su familia sobre el hombre con el que saldría y compartiéndole su ubicación en todo momento, lo que permitió a la policía establecer similitudes claras entre su caso y los otros dos.

 Gracias a esa información se empezó a atrasar el patrón de un mismo agresor. Uno de los puntos que más llamó la atención de los investigadores fue que todas las jóvenes fueron vistas por última vez en la misma zona donde trabajaba Elizabeth. Además, uno de los hoteles que apareció en el registro del GPS de su teléfono era el mismo en el que Karen, la primera víctima, había sido citada.

 Ese cruce de información fue clave para que los detectives comenzaran a unir los cabos. y concluyeran que los tres feminicidios habían sido cometidos por la misma persona. Aunque en ese momento la identidad del sospechoso no fue anunciada oficialmente, la prensa comenzó a referirse a él como el Ted Bandy de Tijuana por las similitudes entre su modo de actuar y el del asesino estadounidense.

Sin embargo, los medios locales pronto revelaron su nombre. Brian Andrade Rivera, un hombre de 30 años, nacido el 23 de abril de 1992. Según los registros, tenía tres domicilios distintos entre Tijuana y el sur de California. Las autoridades de Estados Unidos verificaron cada una de esas direcciones, pero no lograron encontrarlo en ninguna.

 Familiares de Brian afirmaron que trabajaba para una empresa de ventas en línea. Mientras tanto, su búsqueda continuaba. El 14 de febrero de 2023, al cumplirse un año del asesinato de Elizabeth, su familia la recordó con un gesto profundamente simbólico. Colocaron un arreglo floral en forma de corazón en el lugar donde fue hallado su cuerpo.

 Para ellos no solo era una fecha marcada por el dolor, sino también por la ausencia de justicia. Su hermano expresó su frustración públicamente. Un año después, el hombre que le había arrebatado la vida a Elizabeth seguía en libertad. denunció que la situación, lejos de mejorar, había empeorado. Al abogado de la familia le habían negado el acceso al expediente y la fiscalía se rehusaba a brindar información sobre el avance de las investigaciones.

 Tampoco les habían devuelto el vehículo de Elizabeth, lo que para la familia era un símbolo de negligencia. En ese momento seguía vigente la orden de apreensón en Baja California y existía una alerta activa en San Diego, California. donde se creía que Brian, el sospechoso, tenía su residencia.

 Durante varios meses no hubo novedades. Pero el 6 de julio de 2023, el mismo día en que Brian cumplía 31 años, fue arrestado en Estados Unidos. Según algunas fuentes, fue detenido sin incidentes durante un operativo en la casa que compartía con sus padres en California. Sin embargo, la noticia generó una mezcla de alivio y molestia.

 Solo se le acusaba formalmente del feminicidio de Ángela Carolina Acosta. Los casos de Karen y Elizabeth no estaban contemplados en esa acusación. A pesar de que México había solicitado su extradición para que enfrentara cargos por los tres crímenes, la Fiscalía General de Baja California informó sobre su detención a través de un comunicado.

 A diferencia de otras versiones, el comunicado oficial señaló que Brian fue capturado mientras conducía el mismo vehículo con el que en su momento había cruzado la frontera hacia México. Todo apunta a que fue interceptado al llegar a su domicilio. La detención fue posible gracias a la coordinación entre distintas agencias, incluyendo cuerpos policiales de Estados Unidos que colaboraron tras recibir la solicitud de extradición por parte del gobierno mexicano.

 Luego de su arresto se le asignó un defensor público federal. Este abogado presentó una solicitud para que Brian quedara en libertad condicional, alegando que sus padres dependían de él tanto económica como físicamente. Según argumentó, ambos padecían diabetes y su padre, Cándido Rivera, había perdido la vista.

 Sin embargo, el juez rechazó la solicitud y dictaminó que Brian debía permanecer detenido en la cárcel del condado de Los Ángeles. La familia de Brian no podía aceptar la idea de que él estuviera involucrado en crímenes tan violentos. Su madre, María Concepción, declaró a un medio local que en su corazón sabía que su hijo era inocente.

 Sin embargo, reconoció que las autoridades mexicanas no compartían esa certeza. Por el contrario, estaban convencidas de que él era el responsable de los tres feminicidios ocurridos en Tijuana. La acusación formal y la orden de arresto provisional contra Brian fueron confirmadas por un juez federal en el centro de Los Ángeles el 29 de junio de 2023.

 La decisión llegó luego de que su hermana entregara una carta emotiva a los medios, donde aseguraba que los delitos que se le atribuían no coincidían con el carácter de su hermano ni con los valores con los que fue criado. En paralelo, el hermano de Elizabeth informó que durante la audiencia en la corte de los ángeles, los familiares de Ángela, otra de las víctimas, estuvieron presentes.

 En esa misma sesión, el juez decidió imponer prisión preventiva a Brian al considerar que representaba un peligro para otras mujeres y que existía el riesgo de que intentara evadir la justicia. Hasta el mes de mayo de 2025, cuando se está elaborando esta investigación, tanto los familiares de las tres jóvenes como las autoridades mexicanas siguen esperando que se resuelva el proceso de extradición.

 Quieren que Brian sea llevado a México para que enfrente la justicia y responda por los crímenes que, según la fiscalía, cometió. Algunas fuentes indican que el proceso podría tardar hasta 2 años. Si fuera hallado culpable, enfrentaría una pena de hasta 60 años de cárcel por cada feminicidio, es decir, un total de 180 años. No obstante, según la legislación mexicana, ningún condenado puede cumplir más de 50 años en prisión, aunque sea declarado culpable de múltiples delitos graves.

Por otro lado, medios estadounidenses informaron que tras la detención de Brian, el gobierno mexicano tenía un plazo de 75 días para presentar pruebas contundentes que respaldaran la solicitud de extradición. Al momento actual no está claro si las autoridades lograron cumplir con todos los requisitos en ese plazo.

 Además, según información de la Fiscalía Mexicana, se está investigando la muerte de otra joven bajo circunstancias similares. Si se confirma la participación de Brian, sería el cuarto feminicidio vinculado directamente a él. También se continúa revisando archivos desde el año 2019 con el propósito de identificar otros posibles casos.

 Las autoridades están analizando imágenes de seguridad de hoteles y moteles de la región para detectar coincidencias con su patrón de comportamiento. ¿Qué opinas sobre la forma en que las familias tuvieron que buscar justicia por su cuenta? ¿Por qué crees que tantos casos de violencia contra mujeres siguen sin resolverse? Queremos saber tu opinión.

Te leemos en los comentarios.