Este ASESlNAT0 te dejará sin DORMIR – EL H0RRIBLE caso de Adrienne Salinas

En junio de 2013, una joven de 19 años salió de su casa en plena madrugada con una idea clara. Llegar hasta el departamento de alguien con quien acababa de discutir no era una situación fuera de lo común. Había estado en una fiesta, había bebido y, como muchas otras veces, pensó que podía resolverlo esa misma noche.

Pero en menos de una hora todo cambió. Hubo llamadas, decisiones impulsivas, un trayecto corto y luego nada, un vacío de minutos en el que su rastro simplemente desaparece. Años después, ese mismo vacío sigue siendo el centro de un caso que, pese a todo lo que se sabe, aún no tiene una respuesta clara. El caso de Adrién Salinas.

Los criminólogos dicen que no existe el crimen perfecto. Lo que existe es el crimen mal investigado. Siempre [música] en cualquier investigación aparece una pista clave que lleva hacia el asesino. Encontrémosla juntos repasando este caso abierto. Hola a todos, mi nombre es Guillermo y en cada video repasaremos todos los detalles de los más terribles casos criminales.

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 Había recibido una solicitud de una joven que necesitaba un viaje. Eran casi las 5 de la mañana. todavía no amanecía y el lugar estaba prácticamente vacío. El conductor la llamó para avisarle que ya había llegado. Ella contestó y le dijo que estaba en camino, que llegaría en unos minutos. El taxista esperó, revisó el reloj, volvió a intentar comunicarse, pero esta vez el teléfono ya no dio señal.

Pasaron los minutos, nadie apareció y finalmente decidió irse. Esa joven de 19 años nunca volvería a ser vista con vida. Esa joven que nunca llegó a la gasolinera era Adrién Salinas y nació el 5 de noviembre de 1993, que creció en Arcadia, en las afueras de Phoenix. Su padre Rick prácticamente la crió solo.

 Desde joven, Adrién se caracterizaba por ser una chica reservada. pero muy querida por quienes la conocían. No buscaba llamar la atención, pero tenía una personalidad cálida y una presencia que destacaba dentro de su círculo cercano. Quienes convivían con ella coinciden en algo. Era una persona genuina, tranquila y con una sonrisa constante.

Al terminar la preparatoria, se mudó con dos amigas a un departamento cerca de la universidad. Allí comenzó una nueva etapa combinando estudios y trabajo mientras intentaba construir su independencia. Tenía interés en la comunicación y aspiraba a convertirse en periodista. En la vida de Adrién había una persona que ocupaba un lugar central, Francisco Arteaga, a quien todos llamaban Fran.

 Se conocían desde la adolescencia y con los años su relación se volvió cada vez más cercana. Salían juntos, compartían casi todo su tiempo y para quienes los rodeaban parecían una pareja, pero en realidad nunca lo fueron oficialmente. Mientras Adrien veía la relación como algo serio, Fran quería comprometerse. Decía que la quería, pero que aún era joven y quería conocer a otras personas.

Esa diferencia que durante años se mantuvo en silencio fue creciendo poco a poco. Para 2013, la vida de Adrien no estaba en su mejor momento. Meses antes había enfermado gravemente tras contraer una infección pulmonar conocida como fiebre del valle, algo relativamente común en zonas desérticas, pero que en su caso se complicó más de lo habitual.

Pasó semanas en cama, tuvo que dejar sus actividades y llegó a necesitar una intervención médica. A sus 19 años, el proceso fue física y emocionalmente agotador. Mientras intentaba recuperarse, también seguía lidiando con la incertidumbre de su relación con Fran, una situación que, aunque parecía estable por fuera, le afectaba mucho más de lo que dejaba ver.

Así llegamos a la noche del 14 de junio de 2013. Adrién estaba en el departamento de unas amigas. Allí se celebraba una fiesta de cumpleaños a la que asistieron decenas de personas. El ambiente era el típico de una reunión universitaria, música, alcohol y gente entrando y saliendo constantemente. Pero Adrién no estaba cómoda.

Seguía recuperándose físicamente y no tenía ánimo para socializar. En varios momentos se mantuvo apartada hasta que finalmente decidió convivir un poco más. Fue entonces cuando la situación cambió. En medio de la fiesta tuvo que ver cómo otras chicas se acercaban a Fran. Esa escena, sumada a todo lo que ya venía acumulando, detonó una discusión entre ambos.

Lo que durante años había sido una tensión silenciosa, esa noche dejó de serlo. La discusión entre Adrien y Francisco fue subiendo de tono hasta que alrededor de las 2:30 de la madrugada, ambos decidieron salir del departamento y se fueron juntos en el auto de él con la intención de continuar hablando en otro lugar, lejos del ambiente de la fiesta.

Después de ese momento, nadie más en la reunión volvió a ver a Adrien con vida. Solo había una certeza. Ella había salido de ese lugar con Francisco y desde entonces su rastro comenzaba a volverse confuso. Al día siguiente, Adrien no respondía llamadas ni mensajes. En un principio, quienes la rodeaban pensaron que podía tratarse de algo temporal.

 Quizás que se había quedado a dormir en casa de alguien tras la noche anterior. Pero con el paso de las horas, la preocupación empezó a crecer. El 16 de junio, cuando no se presentó a una reunión familiar por el día del padre, la situación dejó de parecer normal. Su padre, Rick, sabía que eso no era propio de ella. Adrien no desaparecía sin avisar.

 Fue entonces cuando decidió reportarla oficialmente como desaparecida. Una vez iniciado el caso, la policía comenzó a reconstruir las últimas horas de Adrién. El primer paso fue hablar con las personas que estuvieron en la fiesta y sobre todo con la última persona que había estado con ella, Francisco. El hombre explicó que después de salir del departamento, ambos fueron a su apartamento.

Según su versión, la discusión continuó allí y poco después de las 3 de la mañana, Adrien decidió irse. aseguró que no quería dejarla sola, por lo que la siguió en su auto y logró que volviera a subir. Sin embargo, durante el trayecto, la discusión no se detuvo. Francisco declaró que a pocas cuadras del departamento de Adrien, ella le pidió que se detuviera y la dejara bajar.

 Dijo que eran aproximadamente las 3:20 de la madrugada cuando la dejó ahí caminando sola hacia su casa. Esa, según él, fue la última vez que la vio. A partir de la versión de Francisco, la policía intentó confirmar si Adrien había logrado regresar a su casa. Sus compañeras de cuarto no recordaban haberla visto entrar, pero dentro del departamento había elementos que indicaban que sí lo hizo.

 En su habitación se encontró la ropa que había usado durante la fiesta junto con su cartera y sus llaves. Para los investigadores esto era clave. Adrien había regresado, se había cambiado y había dejado atrás objetos esenciales. Eso indicaba que no planeaba irse lejos ni por mucho tiempo. Sin embargo, en algún momento después de eso, volvió a salir y nadie la vio hacerlo.

Ese detalle fue clave. significaba que su desaparición no ocurrió inmediatamente después de bajarse del auto, sino minutos después, en un segundo desplazamiento que nadie presenció. Mientras reconstruían la madrugada, los investigadores encontraron otro elemento importante. A las 3:44 de la mañana, un conductor llamó al número de emergencias para reportar a un vehículo blanco que manejaba de forma errática.

 Lo había cerrado en la vía y luego se había subido a una banqueta. reventando las dos llantas delanteras. Ese vehículo era el de Adrién. A pesar del daño, logró avanzar unas cuadras más antes de abandonarlo cerca de la zona donde Francisco la había dejado anteriormente. Todo indicaba que después de la discusión intentó conducir por su cuenta, pero no estaba en condiciones de hacerlo.

 Ese momento ayudaba a entender su estado alterada, posiblemente bajo los efectos del alcohol y tomando decisiones impulsivas. Después de ese episodio, la actividad de su teléfono mostró una secuencia que llamó la atención de los investigadores. Entre las 4:10 y las 4:50 de la madrugada, Adrien intentó comunicarse con Francisco en repetidas ocasiones.

 En total, realizó 32 llamadas. Ninguna fue contestada. A las 4:43 le envió un mensaje de texto claro y directo. Voy para allá. Para la policía. Esto reflejaba un patrón evidente. Adrien estaba decidida a verlo esa noche, sin importar lo ocurrido previamente. Minutos después de ese mensaje, realizó una llamada a una empresa de taxis, pero en lugar de pedir que la recogieran en su departamento, indicó un punto distinto.

 Una gasolinera ubicada a pocos minutos caminando. Esa decisión marcaría el inicio de su último recorrido. Antes de seguir, una pausa rápida. Si te está pareciendo interesante el video, suscríbete y deja tu me gusta. De verdad, me ayudas un montón a seguir trayendo más historias como esta. Gracias. Y ahora sí, seguimos. Con esa información, la policía centró su atención en el trayecto entre el departamento de Adrien y la gasolinera.

Al revisar cámaras de seguridad cercanas, encontraron una grabación clave. A las 4:52 de la madrugada, una figura que coincidía con su descripción fue captada caminando por un estacionamiento cercano. En ese mismo video también aparece un vehículo oscuro circulando por la zona. No hay interacción visible, pero ese detalle llamó la atención de los investigadores desde el inicio.

Era la última vez que Adrien aparecía en imagen. Minutos después, el taxista llegó al punto acordado, habló con ella por teléfono y comenzó a esperarla. Pero Adrien nunca apareció. Entre ese registro en cámara y la llegada del taxi, en un tramo de apenas unos cientos de metros, su rastro se perdió por completo.

Dos días después, mientras la familia y cercanos la buscaban por su cuenta, encontraron el vehículo de Adrién. Estaba estacionado a unas cuadras del lugar donde había sido vista por última vez, con evidentes daños en las llantas delanteras. La policía acudió al lugar y revisó el interior.

 Dentro encontraron algunos objetos personales, incluyendo un teléfono y un cuaderno. Sin embargo, desde el inicio hubo decisiones que marcarían la investigación. Ni el vehículo ni el departamento fueron tratados como escenas críticas. No se aseguraron ni se procesaron a fondo, lo que con el tiempo generaría dudas sobre si se perdió evidencia importante en esas primeras horas.

Poco después de revisar el vehículo, los investigadores se dieron cuenta de que uno de los objetos encontrados podía ser clave. Un teléfono celular. podía contener llamadas, mensajes y datos fundamentales sobre las últimas horas de Adrién. Sin embargo, lo que ocurrió después complicó aún más el caso.

 El teléfono no fue resguardado correctamente desde el inicio. En algún punto pasó por manos de la familia y de los investigadores, pero cuando la policía intentó recuperarlo formalmente, ya no estaba. Nadie pudo explicar con claridad qué había ocurrido. El dispositivo simplemente desapareció y con él una posible fuente directa de información sobre lo que pasó esa madrugada.

Cuando la policía llegó al punto en que Adrién había pedido un taxi, se encontró con una de las últimas piezas verificables de la madrugada. El conductor asignado era Thomas Simon Junior, el taxista que dijo haber recibido la llamada de una joven que necesitaba un viaje. Según explicó, llegó a la gasolinera poco antes de las 5 de la mañana.

 La llamó para avisarle que ya estaba ahí y ella le respondió que iba en camino. Thomas aseguró que esperó varios minutos en el lugar. Dijo que volvió a intentar comunicarse con ella, pero entonces el teléfono ya se iba directo al buzón de voz. Al no verla llegar, decidió marcharse. Las cámaras de la gasolinera muestran precisamente eso.

 Su taxi detenido, al conductor esperando, fumando, mirando alrededor y finalmente retirándose sin pasajera. El problema era que Adrien nunca apareció en esas cámaras. Eso significaba que algo había ocurrido antes de que alcanzara el punto de encuentro. En un inicio, Thomas era simplemente el taxista que no alcanzó a recogerla, pero conforme avanzó la investigación, empezó a convertirse en alguien difícil de ignorar.

La policía lo entrevistó y revisó su versión, pero también comenzaron a aparecer episodios que levantaron sospechas sobre su comportamiento. Uno de ellos ocurrió cuando llevaba pasajeros en su vehículo y de forma repentina se detuvo a un costado del camino, abrió la cajuela y sacó un serrucho preguntando cómo había llegado eso ahí.

 La escena inquietó tanto a la pareja que viajaba con él que terminó siendo reportada. Después, cuando la policía comenzó a vigilarlo, observaron maniobras extrañas, cambios bruscos de dirección, vueltas innecesarias y recorridos erráticos que parecían diseñados para detectar o perder a quien lo siguiera. Con el paso de los días, los investigadores consiguieron una orden para registrar el taxi y el departamento de tomas, además de obtener una muestra de ADN.

Durante el procedimiento, él reaccionó con furia. En el interrogatorio se mostró alterado, insultó a los agentes y lanzó frases que para muchos resultaron perturbadoras. That’s a violation. How was that a violation? He just stuck something in my fucking mouth. Something that belongs to me. Doesn’t matter. That’s not right.

 Especially from someone who got a phone call and went to try and pick up a girl that called me and then when I got there, she’s not there. And you guys put some shit in my mouth. Guys are fucking disgusting creatures. It’s a sterile Shut up. I’m now going to give you back. Whatever. En medio de ese arrebato, llegó a decir algo que llamó particularmente la atención, como si asumiera que la joven ya había sido encontrada.

Aún así, cuando revisaron su vivienda y su vehículo, la policía no halló evidencia directa que lo conectara con la desaparición. Poco después surgió una pista anónima todavía más inquietante. Una mujeriró que una conocida suya había escuchado gritos de una mujer en el interior del departamento del taxista, como si alguien estuviera intentando silenciarla.

Los agentes acudieron al lugar, pero no pudieron entrar. Y cuando intentaron seguir esa línea más tarde, ya no lograron localizar a la persona que había dado la información. Otra posible pista quedaba abierta, pero sin confirmación. Mientras la figura del taxista seguía generando sospechas, apareció otra posibilidad que también encajaba con lo poco que se sabía.

Adrién había pedido un taxi por teléfono, pero lo esperaría en una gasolinera, sola de madrugada después de haber bebido y sin experiencia previa usando ese servicio. En ese contexto, los investigadores contemplaron la posibilidad de que ni siquiera hubiera subido al coche que la estaba esperando. La hipótesis era sencilla.

 Otro vehículo pudo haberse detenido antes. conductor pudo haberle dicho que venía por ella y Adrien, convencida de que era su taxi, pudo haber subido sin sospechar nada. Esa teoría explicaba por qué nunca llegó a la gasolinera y también por qué el taxista real se quedó esperándola sin verla aparecer. No resolvía el caso, pero sí habría un escenario todavía más inquietante, que Adrien hubiera sido interceptada por alguien completamente ajeno a su entorno inmediato.

Durante semanas no hubo avances capaces de ubicarla. La investigación seguía estancada hasta que a finales de julio una fuerte tormenta provocó inundaciones en una zona desértica a varios kilómetros de donde vivía la joven. El agua removió tierra, arrastró objetos y alteró por completo el terreno. Días después, en medio de esa área afectada, fueron encontrados restos humanos.

El cuerpo estaba en un estado de deterioro extremo, prácticamente reducido a restos esqueléticos y momificados por las condiciones del clima. La escena no ofrecía una reconstrucción clara. No era evidente cuánto tiempo llevaba ahí, si el cuerpo había sido movido por la corriente, por animales o por otra intervención posterior.

Pero desde ese momento, el caso dejaba de ser la búsqueda de una desaparecida y pasaba a convertirse en una investigación mucho más oscura. Las pruebas de ADN confirmaron después que los restos pertenecían a Adrien. La noticia destrozó a la familia, pero además colocó a la investigación en una situación particularmente difícil.

Aunque ahora había una confirmación oficial, el estado de los restos impedía determinar con claridad cómo había muerto. No se pudo establecer de forma concluyente la causa ni la manera de su muerte. Tampoco había una escena del crimen definida, ni una cronología firme de lo ocurrido entre el momento en que desapareció y el lugar donde finalmente fue encontrada.

 Incluso el hallazgo de cicatrices compatibles con la cirugía pulmonar que Adrien había tenido meses antes, sirvió más para identificarla que para explicar qué le habían hecho. En vez de cerrar preguntas, la autopsia dejó a los investigadores con un cuerpo identificado, pero sin una respuesta clara sobre el crimen. Años después, cuando parecía que el caso había perdido fuerza, surgió un nombre que volvió a cambiar la conversación.

Brian Patrick Miller. El hombre fue arrestado por el asesinato de dos mujeres ocurrido en la década de los 90 en Phoenix. Había sido sospechoso durante años, pero finalmente lograron obtener su ADN mediante una operación encubierta. Brian no era un desconocido cualquiera. Tenía un historial de violencia previo y un perfil profundamente perturbador.

En su juventud ya había atacado a una mujer con arma blanca y años después volvió a ser señalado en otro episodio violento. Sin embargo, en ciertos círculos públicos se mostraba con una imagen excéntrica, casi teatral, vinculada al mundo del cosplay y a un personaje al que llamaban el cazador de zombies. Esa fachada chocaba de forma brutal con el tipo de antecedentes que lo acompañaban.

La posible relación con Adrién no surgió de la nada. Quienes empezaron a revisar su caso encontraron varias coincidencias difíciles de ignorar. Brian había estado en Tempe la misma noche en que Adrien desapareció, relativamente cerca del área donde se perdió su rastro. Además, utilizaba un vehículo que recordaba al auto oscuro captado en las cámaras cercanas a la ruta que ella siguió de madrugada.

También conocía la zona donde aparecieron los restos y a eso se sumaban publicaciones en redes sociales realizadas en fechas cercanas, mensajes cargados de frustración, soledad, rabia y descontrol emocional. Nada de eso lo convertía automáticamente en responsable, pero sí componía una suma inquietante presencia en la ciudad, un vehículo similar, familiaridad con el área del hallazgo y un historial de violencia grave, lo suficiente como para que su nombre quedara unido para siempre al caso, aunque sin una acusación formal

por la muerte de Adrién. A pesar de estas coincidencias, la policía nunca presentó cargos contra Brian en relación con la muerte de Adrién. Argumentaron que no podían confirmar que el caso encajara con su forma de actuar en otros crímenes y que no existía evidencia directa que lo vinculara.

 Sin embargo, para muchos esa explicación no era suficiente. El estado de los restos impedía saber con certeza cómo murió Adrien, por lo que descartar conexiones basándose en patrones resultaba cuestionable. Además, en medio de la investigación ocurrió algo que aumentó aún más las dudas. El vehículo de Brian, similar al captado en las cámaras, desapareció después de que la policía revisara su propiedad.

Nunca quedó claro qué ocurrió con ese auto. Al final, el caso de Adrien quedó atrapado entre varias posibilidades inquietantes y ninguna respuesta definitiva. Está la línea de Francisco como última persona conocida que estuvo con ella, la del taxista por su cercanía temporal y su conducta sospechosa. la teoría de que subió al vehículo equivocado y la sombra de Brian Patrick Miller, que años después volvió a encender todas las alarmas.

Pero también está el otro gran problema, los errores tempranos. El auto y el departamento no fueron tratados desde el principio como escenas críticas. Un teléfono potencialmente importante se perdió y varias pistas no se siguieron con la profundidad que el caso exigía. Todo eso dejó huecos que con el paso del tiempo se volvieron casi imposibles de cerrar.

 Y por eso, más de una década después, la pregunta sigue siendo la misma. ¿Qué ocurrió realmente en esos minutos en los que Adrien salió a buscar un taxi y desapareció? El caso de Adrien Salinas no se quedó sin pistas, pero sí respuestas. Hay una línea de tiempo clara, registros, llamadas, testimonios y hasta posibles sospechosos. Sin embargo, en el punto más importante, todo se rompe.

 En ese corto trayecto de apenas unos minutos entre su departamento y la gasolinera, ocurrió algo que nadie vio y que hasta hoy no se ha podido reconstruir con certeza. Años después, el caso sigue abierto. No hay una versión definitiva, solo teorías que encajan a medias y errores iniciales que pudieron haber cambiado el rumbo de la investigación.

Porque alguien en algún momento tuvo que cruzarse con Adrién esa madrugada y mientras esa persona no hable, la historia seguirá incompleta. Y bueno, hasta aquí el caso de hoy. Como siempre, agradezco tu apoyo a mi trabajo. Si te suscribes, das un me gusta y compartes este video, me ayudarás a seguir creando contenido.

[música] Hasta pronto.