Engañados, T0RTURAD0S y Arrojados al Río: La Pesadilla de Carla y Jesús

Imagina que sales a celebrar Año Nuevo con la persona que amas. Imagina que todo parece normal. Risas, música, fotos que subes a tus redes para compartir el momento. Imagina que antes de volver a casa envías mensajes cariñosos a tu familia deseándoles un buen año sin saber que esas palabras serán lo último que reciban de ti.
Ahora imagina que al amanecer tus seres queridos esperan tu llegada, pero nunca vuelves. Lo que para muchos fue una noche de fiesta, para ti se convierte en el inicio de una tragedia impensable. Quédate conmigo hasta el final porque solo así podrás conocer cada detalle de esta historia que marcó a todo un país. El caso de Carla Bellot y Jesús Cañizaire.
Hola a todos. Tres veces por semana en este canal te traemos los crímenes que han impactado a todo el mundo. Desde desapariciones hasta los más terribles asesinatos, injusticia, [música] impunidad, corrupción y las más duras sentencias serán los acompañamientos de estas historias. Antes de comenzar con el relato, te pido que te suscribas y actives la campanita con todas las notificaciones.
Tampoco olvides dejar tu like, porque de esa manera podemos seguir creando contenido. Sin nada más que decir, analicemos [música] juntos todos los detalles de esta historia criminal. Carla Bellot y Jesús Cañizaire nacieron en 1992 y crecieron en familias que, aunque distintas, enfrentaron golpes similares. En 2003, la vida de Carla dio un giro drástico.
Tras la muerte de su padre, su madre decidió mudarse con ella y sus cuatro hermanos desde Santa Cruz de la Sierra hasta La Paz para recomenzar. Con ese cambio, Carla tomó un rol fundamental dentro del hogar. Como la mayor, se convirtió en una figura vigilante y responsable, pendiente de que cada una de sus hermanas cumpliera con sus deberes, regresara a Casatiempo y tuviera lo necesario en su día a día.
Ese mismo año Jesús también sufrió la pérdida de su padre. Aunque tenía tres hermanas mayores. El hecho de ser el primer varón lo llevó a ocupar un papel central dentro de su familia. Su apoyo no era simbólico, sino práctico y emocional. Estuvo presente en momentos decisivos, incluso entregando a sus hermanas en el altar durante sus bodas.
Su madre trabajaba para sostener el hogar y él asumió la responsabilidad de respaldarla y acompañarla. El encuentro entre Carla y Jesús ocurrió en 2008, cuando ambos estudiaban en el mismo colegio. Jesús cursaba un año más que ella, por lo que no compartían aula ni actividades académicas. Su contacto surgió durante una fiesta organizada por la institución.
Allí la hermana de Carla, quien ya conocía a Jesús, hizo de intermediaria y los presentó. A partir de ese momento, la cercanía entre ellos se volvió constante. Jesús comenzó a acompañarla hasta su casa. Compartían comidas y salidas ocasionales y con el paso del tiempo, la amistad se transformó en un noviazgo.
Carla decidió mantener la relación en discreción dentro de su hogar durante un tiempo, hablándoles de Jesús recién cuando llegó el día de su graduación en el colegio. Al terminar los estudios secundarios, cada uno tomó un rumbo universitario distinto, pero sin separarse. Carla ingresó a Contaduría y culminó antes su carrera para integrarse al ámbito laboral.
Jesús estudió economía y mientras preparaba su tesis, último requisito para graduarse, apoyaba a su madre realizando trabajos de costura. Ambos eran descritos como jóvenes responsables, dedicados a sus familias [música] y con intereses sencillos. Preferían pasar tiempo con los suyos antes que frecuentar fiestas. También compartían el gusto por viajar y según relataron sus allegados, ya hacían planes de casarse una vez que Jesús terminara la universidad para comenzar una vida independiente juntos.
Con estos antecedentes llegamos a la madrugada del primero de enero de 2018. Carla y Jesús salieron de la casa de ella rumbo a una discoteca. habían sido insistidos por amigos vinculados a la banda que tocaría esa noche, así que finalmente aceptaron asistir para celebrar el año nuevo. Según las familias, la última señal clara de ambos fue entre las 4 y 5 de la mañana.
A las 4, Carla publicó una fotografía en su Facebook en la que aparecían felices disfrutando de la celebración. Poco después, alrededor de las 5, enviaron mensajes diciendo que tenían previsto abandonar el lugar a las 6 y llegar a casa aproximadamente a las 7. En ese mismo lapso, Jesús mandó mensajes afectuosos a sus familiares. Le escribió al esposo de la hermana de Carla, diciéndole que cuidaría a su familia y expresando cariño.
Y también se comunicó con sus propias hermanas, deseándoles un buen año y diciéndoles que las quería. Para quienes los conocían, esos mensajes parecían una especie de despedida, algo que más tarde resultaría inquietante. Después de esa hora, la comunicación con ambos se interrumpió. Sus familias enviaron mensajes durante toda la mañana, pero ni Carla ni Jesús respondieron.
Las llamadas tampoco fueron atendidas, aunque al principio los teléfonos todavía sonaban como encendidos. La mañana transcurrió con planes familiares habituales. Uno de los sobrinos de Carla cumplía años ese día y todos esperaban la llegada de la pareja, pero nunca aparecieron. La preocupación se transformó en alarma cuando la madre de Jesús llegó a la casa de Carla buscándolo y descubrió que tampoco había llegado allí.
Esa actitud era completamente ajena a ambos, pues nunca solían fallar a compromisos familiares. Con el paso de las horas, los teléfonos dejaron de sonar, aunque en un momento del día el de Jesús volvió a encenderse brevemente, lo suficiente para que la familia escuchara tono de llamada sin obtener respuesta.
Ante la ausencia total de noticias, los familiares comenzaron a preguntar entre amigos, vecinos y conocidos. Los jóvenes que los habían invitado a la discoteca aseguraron que Carla y Jesús se habían marchado antes que ellos, lo que causó molestia, ya que esperaban que no los dejaran solos. Sin respuestas claras y con el creciente temor de que algo grave hubiese ocurrido, las familias decidieron acudir a la policía para denunciar su desaparición.
Paralelamente se trasladaron hasta la discoteca para exigir información sobre si los jóvenes habían salido del lugar y con quién. Además, contactaron a medios de comunicación, lo que hizo que la noticia comenzara a difundirse rápidamente. Querían ver las grabaciones de seguridad, pero el dueño del local presentó versiones contradictorias.
Primero dijo que él mismo los había acompañado a salir, luego que lo había hecho un guardia. Después, una llamada anónima afirmó que ambos habían sido asesinados y enterrados dentro del establecimiento. A pesar de las manifestaciones que se realizaron afuera de la discoteca, los dueños se negaron a mostrar imágenes o permitir el ingreso de alguien sin una orden policial.
La incertidumbre y el temor crecían. Habían pasado horas, luego un día completo y la pareja seguía sin aparecer. La investigación tomó forma lentamente durante los primeros días, marcada por la frustración de las familias y la falta de información clara. Una vez que la policía obtuvo la orden para ingresar a la discoteca donde los chicos habían estado, el 4 de enero se revelaron irregularidades que complicaron aún más el panorama.
La inexistencia de imágenes de seguridad y la falta total de permisos para operar elevaron las sospechas sobre los propietarios, especialmente porque estos habían ofrecido presiones contradictorias sobre la salida de Carla y Jesús. Además, se habían negado previamente a colaborar, insistiendo en que solo actuarían bajo órdenes oficiales, postura que aumentó la tensión entre ellos, las familias y los manifestantes.
La recolección de una muestra de sangre en el local parecía inicialmente significativa, ya que los medios especularon que pertenecía a la pareja. Sin embargo, los análisis demostraron que no había relación alguna con Carla ni con Jesús. Los investigadores tampoco mostraron interés en profundizar sobre el origen de esa sangre desconocida, ya que nada indicaba que ayudara a esclarecer la desaparición.
Con el allanamiento concluido y sin resultados concretos, la policía comenzó a descartar la idea de que la pareja hubiese sido atacada dentro del establecimiento. Mientras tanto, los teléfonos móviles se convirtieron en una herramienta crucial. Las familias sabían que los dispositivos habían permanecido encendidos durante las primeras horas del día 1 y la policía aprovechó ese margen para rastrear cualquier reactivación posterior.
La tarjeta SIM de Jesús fue la primera pieza clave. El hecho de que apareciera registrada bajo el nombre de Joseline Kisbert llamó la atención de inmediato. Su declaración añadió más confusión a la investigación, ya que insistió en que ni siquiera había usado ese teléfono, sino que lo había sacado únicamente como un favor.
La versión del taxista y su hermano, quienes admitieron haber adquirido el móvil en la calle, reforzó la idea de que el aparato había pasado por varias manos rápidamente, dificultando reconstruir la ruta exacta del robo. Algo similar ocurrió con la tarjeta SIM de Carla, hallada en posesión de las hermanas Graciela y Olga Cuti.
Ellas aseguraron haberla comprado a Johnny Signani, quien también terminó detenido. Estas primeras capturas no ofrecieron información concreta sobre el paradero de los jóvenes, pero sí revelaron que sus pertenencias circulaban entre las personas que no tenían conexión directa entre ellos. Para la policía, esto sugería que el robo de sus teléfonos había ocurrido después de que la pareja desapareciera, probablemente como un intento de deshacerse de la evidencia o confundir la investigación.
El avance decisivo se dio el 17 de enero cuando los investigadores lograron reconstruir la geolocalización del teléfono de Jesús durante las jornadas posteriores al primero de enero. Ese análisis los condujo hasta Israel León, quien había estado en la discoteca la misma madrugada en la que Carla y Jesús fueron vistos por última vez.
A partir de su arresto, la policía identificó a los demás miembros de un grupo que lo acompañaba esa noche. Su hermano [música] Elliot, su hermana Micaela, la pareja de esta Renzo y Stephanie, la pareja del propio Israel. La aparición de las imágenes de una cámara de seguridad externa terminó por confirmar la pista.
Aunque la discoteca no tenía registros, un negocio cercano sí captó el momento en que Carla y Jesús abandonaron el local, conversaban con un taxista y detrás de ellos aparecían tres hombres que coincidían con los hermanos León y Renzo. Otras imágenes, no difundidas [música] públicamente, pero revisadas por la policía, mostraban que todos subían al mismo taxi.
Esa secuencia fue suficiente para situar oficialmente a la familia León como las últimas personas en estar con la pareja. Durante el interrogatorio, Israel optó por cooperar parcialmente. Reconoció que habían compartido bebidas dentro de la discoteca y después se fueron juntos a su casa y de allí se quedaron bebiendo por varias horas más.
También señaló directamente a sus hermanos y a las parejas de estos como parte del grupo que estuvo presente desde esa madrugada. Su relato permitió a la policía ordenar nuevas detenciones y reconstruir el trayecto que siguió la pareja hasta desaparecer por completo. A estas alturas, la presión mediática era tan grande que cualquier avance se hacía público casi de inmediato.
La comunidad seguía el caso con intensidad y las autoridades se veían obligadas a actuar con rapidez. Las declaraciones obtenidas y la evidencia de las cámaras llevaron finalmente a un punto clave de la investigación sobre no solo quiénes estuvieron con Carla y Jesús, sino dónde debían buscar sus cuerpos. Esa respuesta llegaría dos días después, marcando uno de los momentos más dolorosos del caso.
La reconstrucción de los hechos comenzó cuando todos los detenidos ofrecieron versiones que, aunque coincidían en la mayoría de los puntos, diferían únicamente en quién había dado el golpe mortal a la pareja. Aún así, los relatos permitieron establecer una línea temporal clara que describía lo ocurrido desde la madrugada del primero de enero hasta el hallazgo de los cuerpos.
Según estas declaraciones, los hermanos León, Israel, Elliot y Micaela junto con Stefhanie y Renzo llegaron a la discoteca Planta Baja entre las 5 y las 6 de la mañana. Allí coincidieron con Carla y Jesús, quienes ya estaban celebrando desde horas antes. Los músicos de la banda que tocó esa noche, así como la amiga que había invitado a la pareja, se retiraron temprano, por lo que Carla y Jesús quedaron compartiendo únicamente con este grupo.
Siguieron bebiendo hasta aproximadamente las 9 de la mañana, momento en que el local cerró y todos se retiraron. Afuera se les vio conversar con un taxista y subirse al vehículo junto con los tres hombres identificados posteriormente como Elliot, Israel y Renzo. En ese momento, Jesús habría preguntado dónde podían continuar la fiesta y fue Israel quien ofreció su casa como lugar para seguir bebiendo.
En el trayecto compraron más licor antes de dirigirse al domicilio de Israel y Stefanie. Una vez allí, Carla se quedó dormida casi de inmediato, agotada y bajo los efectos del alcohol. Israel también se quedó dormido, mientras que Jesús, Eliot, Renzo y Stefanie permanecieron despiertos bebiendo. El ambiente se descontroló alrededor de las 11 de la mañana cuando Elliot y Jesús comenzaron a discutir.
Elliot afirmó que Jesús no sabía servir las bebidas y Jesús respondió acusándolo de haberle robado su teléfono y el de Carla. desesperado, comenzó a revisarle los bolsillos a Elliot, lo que provocó que este reaccionara con violencia. A partir de ahí, la situación escaló rápidamente.
Elliot empezó a golpear a Jesús. Israel se despertó y se unió a la agresión. Al igual que Renzo, Micaela y Stefanie, aunque presentes, no intervinieron. Los hombres terminaron llevando a Jesús a otra habitación donde continuaron golpeándolo. Mientras las mujeres salían supuestamente a la tienda, los tres hombres comenzaron a abusar sexualmente de Carla, quien seguía dormida e incapaz de reaccionar debido al alcohol.
Tras eso, la trasladaron a la habitación donde estaba Jesús. Allí uno de los hermanos volvió a violarla. Jesús, pese a la golpiza, recobró la conciencia y trató de detener el ataque, pero ese intento le costó la vida. recibió un golpe en la cabeza con un tubo metálico, lo que según los relatos lo dejó sin vida en el acto.
Más tarde usaron el mismo tubo para golpear a Carla, a quien también agredieron durante un tiempo prolongado. Después de los hechos, la familia León salió de la casa como si nada hubiese ocurrido. Pasaron el día comiendo afuera y pensando qué hacer con los cuerpos. No los movieron de la habitación hasta la madrugada del 3 de enero.
Aprovechando la oscuridad, colocaron los cuerpos en bolsas de yute y los trasladaron caminando hasta una bóveda del río Orcoyra, donde los dejaron sumergidos. Para ese momento, la desaparición de Carla y Jesús ya era un tema nacional y cientos de personas los buscaban sin imaginar que la pareja llevaba días sin vida.
Finalmente, el 19 de enero, ambas víctimas fueron encontradas en el lugar donde habían sido abandonadas. Los informes forenses establecieron que ambos murieron por traumatismo cráneofálico y hemorragia cerebral, aunque inicialmente se creyó que podrían haber sido estrangulados. El médico forense descartó esa posibilidad. También se confirmó que Carla fue violada en varias ocasiones.
Las fechas de muerte generaron controversia. El informe forense señaló que Jesús habría muerto el 4 de enero y Carla el 11, lo que planteaba la idea de que pudieron haber permanecido con vida por días. Sin embargo, más adelante esta hipótesis quedó prácticamente descartada, ya que los cuerpos habían estado sumergidos en el agua y dentro de bolsas de yute, condiciones que dificultaban establecer fechas exactas.
Además, los propios relatos de los implicados describían la muerte de ambos durante la mañana del primero de enero, lo que hizo que la familia considerara poco probable que Carla hubiese sobrevivido tantos días. Ese fue el escenario final de una investigación que pieza por pieza reconstruyó las últimas horas de la pareja y para ese momento solo quedaba un miembro del grupo sin capturar, Elliot León.
La policía centró esfuerzos en ubicarlo, ya que era señalado tanto por Israel como por otros detenidos como una de las figuras principales en la agresión contra la pareja. Finalmente, el 26 de enero de 2018, Elliot fue localizado en Brasil, a donde había huído intentando evadir las acusaciones. Una vez capturado, fue trasladado ante las autoridades bolivianas.
En su declaración, Elliot repitió el patrón observado durante los interrogatorios. culpó a su hermano Israel por los golpes fatales, mientras que Israel hacía exactamente lo contrario, responsabilizándolo a él. Ambos reconocían que los tres hombres habían participado en las agresiones, pero buscaban deslindarse del golpe final con el tubo metálico.
Consciente cada uno de que asumir esa acción implicaba una condena especialmente severa. Aún así, la policía no centró sus esfuerzos en determinar quién había dado exactamente el golpe mortal. Para las autoridades, lo relevante era que todos habían participado de manera directa en los hechos que resultaron en la muerte de Carla y Jesús.
Al cabo de más de 20 meses de proceso judicial, llegó el momento de dictar sentencia. Los cinco acusados, Eliot León, Israel León, Micaela León, Renzo Cáceres y Stefhanie fueron declarados culpables. Cada uno recibió una condena de 30 años de prisión, la pena máxima contemplada por la legislación boliviana.
Los cargos incluyeron femicidio, asesinato, violación y complicidad en violación, abarcando tanto la agresión sexual como la muerte de ambos jóvenes. Otras personas asociadas indirectamente al caso, como quienes habían vendido o manejado los teléfonos robados, así como la pareja de Elliot, que la asistió en su vida a Brasil, también enfrentaron sentencia.
recibieron penas de 2 años de prisión por encubrimiento y por participar en el comercio ilegal de celulares pertenecientes a Carla y Jesús. Para las familias de las víctimas, el veredicto trajo un sentido de justicia dentro del dolor. Sabían que no podrían recibir condenas mayores, pero consideraban que la sentencia máxima era lo más cercano a honrar la memoria de ambos jóvenes.
Durante el proceso de despedida, uno de los deseos que la pareja tenía para ese año en la misa de cuerpo presente, Carla y Jesús fueron unidos simbólicamente en matrimonio, un gesto profundamente significativo para sus seres queridos. Aunque el caso quedó cerrado judicialmente, las fechas exactas de las muertes y ciertos detalles forenses siguieron generando debate.
Aún así, para las familias, lo esencial era que quienes participaron en los hechos habían sido responsabilizados y que la historia de Carla y Jesús sería recordada. El caso de Carla y Jesús dejó al descubierto fallas profundas en varios niveles. [música] Una discoteca operando sin permisos, cámaras instaladas solo para aparentar seguridad y una serie de demoras que retrasaron el acceso a la verdad en los primeros días de búsqueda.
La negligencia institucional y la falta de control sobre establecimientos nocturnos permitieron que un espacio clandestino se convirtiera en el punto de partida de una tragedia que estremeció al país. A esto se sumó la facilidad con que los teléfonos de la pareja circularon entre múltiples personas sin que ninguna denunciara su origen dudoso, mostrando cómo la informalidad y la indiferencia pueden entorpecer aún más un caso urgente.
También quedó al descubierto la crueldad con la que un grupo de personas fue capaz de actuar sin remordimiento, continuando su vida cotidiana mientras el país entero buscaba desesperadamente a los jóvenes. La violencia ejercida contra Carla y Jesús no solo impactó a sus familias, sino que generó un debate nacional sobre los límites de la violencia, la complicidad silenciosa y la necesidad urgente de reforzar la protección ciudadana.
Este caso se convirtió en un recordatorio doloroso de cómo una celebración puede transformarse en un crimen atroz cuando convergen la impunidad, el abuso y la falta de humanidad. Gracias por acompañarme hasta el final de este caso. Si les interesa seguir conociendo más historias como esta, los invito a que vean más videos del canal.
No olviden dejar me gusta, suscribirse y sobre todo escribirme en los comentarios desde dónde nos están viendo. Nos encontramos muy pronto en otro caso. Y bueno, querido [música] espectador, aquí termina la historia criminal del día de hoy. Me interesaría mucho saber tu opinión, así que te pido que la dejes en los comentarios del video.
Siempre con respeto a la víctima y su familia podemos debatir, pero siempre [música] con el respeto que todos merecemos. De nuevo, te [música] recuerdo que te suscribas y dejes un like si mi trabajo es de tu agrado. Buenas noches y hasta la próxima historia criminal. [música] [música]
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