EL FILICIDIO MÁS SACUDIÓ DE COLOMBIA: EL DIARIO DE HEIDY REVELÓ EL CRIMEN DE SU MADRE BIOLÓGICA

El 31 de diciembre de 2013, en la Virginia, una niña de 11 años salió de su casa por un asunto mínimo y se esfumó en medio de la fiesta, el ruido y las calles llenas. Mientras el pueblo contaba los segundos para el año nuevo, su familia contaba horas, llamadas y pasos en la oscuridad. Días después, cuando todos creían que era una desaparición típica de fin de año, una cámara la ubica caminando sola cuando ya nadie esperaba verla y un cuaderno sellado revela que llevaba tiempo cargando un dolor que nadie había visto.

“Hoy, 17 de diciembre, escribió como si estuviera dejando pistas antes de desaparecer. Y entonces surge la pregunta más incómoda. ¿Quién conocía de verdad lo que pasaba dentro de esa casa? Aquí vamos a seguir la ruta minuto a minuto, contrastar versiones y descubrir como una investigación que parecía estancada encontró el hilo y terminó apuntando hacia donde nadie quería mirar.

 ¿Fue un error, una decisión impulsiva o algo que venía formándose en silencio desde mucho antes? El 31 de diciembre de ese año, Heidy Julián y Restrepo Martínez tenía planeado recibir el año nuevo en casa de su padre, como solía hacerlo. Durante la tarde estuvo con su madre, Preselia Martínez y su hermanita menor. Heid se levantó temprano, se bañó y se vistió con ropa nueva, lista para el día especial.

 Pasó el día acompañando a su madre en sus actividades, recorriendo juntas el pueblo. Hacia las 5 de la tarde, Preselia salió a comprar unos celulares y dejó a Heidado de su hermanita pequeña. Antes de salir, le entregó unas tarjetas SIM y le pidió que las guardara. Al regresar a casa, alrededor de media hora después, Preselia revisó las tarjetas SIM y notó que faltaba una.

Esto generó un conflicto entre madre e hija. Preselia insistió en que Heidbía regresar sobre sus pasos para buscar la tarjeta perdida y la amenazó con reprenderla si no la encontraba. Heidy, asustada y llorando, salió de la casa con la intención de buscar la tarjeta SIM. La última vez que se la vio fue mientras caminaba por el andén entre lágrimas, diciendo que tenía miedo de ser castigada.

 A partir de ese momento se perdió el rastro de la niña. Más tarde, cerca de las 7 de la noche, Preselia encontró la tarjeta SIM en casa, pero ya era demasiado tarde para comunicarle a Heid que el problema había sido resuelto. En ese momento, Preselia se encontraba sola en casa y no tenía idea de dónde estaba su hija. Alarmada, Preselia decidió dirigirse a la casa de Santiago Restrepo, el padre de Heidi, para preguntarle si sabía algo de la niña.

 Sin embargo, él no tenía información sobre su paradero. Preselia comenzó a llamar a conocidos y vecinos, esperando que alguien pudiera darle pistas sobre la ubicación de Heidi. Sin embargo, la búsqueda resultó complicada, ya que siendo la víspera de Año Nuevo, la mayoría de las personas en el pueblo estaban celebrando y las calles estaban llenas de ruido y bullicio.

 Cuando Heidiani Restrepo Martínez, llevaba casi 5 horas desaparecida, su madre, Preselia Martínez decidió regresar a casa con la esperanza de que la niña apareciera por su cuenta. Mientras tanto, su tía Ana María Martínez, que ese día había salido a Pereira para recibir el año nuevo, tampoco tenía noticias de Heidi.

 Ana María, conocida por no usar celular, no pudo ser contactada por Preselia, lo que aumentó la incertidumbre. Cada minuto que pasaba intensificaba la angustia de la madre. A medianoche, mientras el resto del pueblo celebraba la llegada del año nuevo con alegría y fuegos artificiales, Preselia permanecía en su casa.

 llena de desesperación, esperando un milagro. Poco después, Ana María regresó de Pereira. Al verla, Preselia preguntó si se había llevado a la niña o si la había encontrado, pero Ana María negó tener información sobre Heidi. La preocupación se transformó en acción y juntas decidieron buscar ayuda. Sin informar a Santiago Restrepo, el padre de Heidy, Preselia y Ana María, acudieron a la policía local.

Las autoridades respondieron rápidamente, subiendo a la patrulla y recorriendo el pueblo en busca de la niña. Preselia, llena de miedo y confusión, temía que Heid hubiera huido por miedo al castigo que le prometió si no encontraba la tarjeta sin perdida. Sin embargo, la búsqueda inicial no dio resultados.

 ni en los alrededores, ni en las casas de familiares, ni en ningún otro lugar había rastro de la niña. Preselia pasó toda la noche recorriendo el pueblo sin descanso, buscando cualquier pista sobre su hija. Al amanecer, ya era evidente que Heidi no había regresado a ningún lado conocido. Preselia acudió a Santiago alrededor de las 10 de la mañana para informarle que Heidy seguía desaparecida.

La noticia sorprendió y alarmó al padre, quien inmediatamente se unió a la búsqueda. Desde ese momento, la familia, con Santiago a la cabeza, intensificó los esfuerzos para encontrar a la niña. Juntos recorrieron diferentes lugares del municipio, revisando incluso áreas donde se observaban señales como bandadas de gallinazos con la esperanza de hallar alguna pista.

Heidy Juliani Restrepo Martínez nació el 10 de agosto de 2002 en un humilde hogar del municipio de La Virginia, Risaralda. Desde sus primeros días trajo alegría y esperanza a la vida de sus padres Santiago Restrepo y Preselia Martínez. Santiago trabajaba en un pequeño puesto de dulces en el centro del municipio, mientras que Preselia, quien tenía tan solo 14 años al momento de su nacimiento, se dedicaba a la venta de minutos de celular.

 Heidriente, alegre y llena de vida, convirtiéndose en el centro de atención de su familia. Santiago disfrutaba pasar tiempo con ella, llevándola a paseos en bicicleta o a la piscina durante sus días libres. Desde pequeña, Heidñaba con ser policía o promotora de alimentos y sus padres, especialmente Santiago, veían en ella una fuente constante de orgullo y felicidad.

 A pesar de las dificultades económicas, ambos se esforzaron por criarla con amor y dedicación. En 2004, la relación entre sus padres llegó a su fin y decidieron separarse. Desde ese momento, Heidy vivió con su madre en una modesta casa junto a su tía Ana María Martínez y su primo Jaime Andrés Martínez. Aunque el espacio era reducido, la niña creció rodeada de cariño y apoyo familiar.

 Se levantaba temprano para ir a la escuela y regresaba al anochecer. Era una niña introvertida, pero inteligente, animosa y con un carácter agradable. A pesar del divorcio, la relación entre Santiago e Heidi permaneció fuerte. Santiago siempre se mostraba atento a su hija, disfrutando los momentos que compartían juntos. Para el año 2013, con 11 años de edad, Heidy cursaba cuarto grado de primaria y se destacaba como una de las mejores estudiantes de su salón y de la escuela, mostrando un notable desempeño académico.

La dinámica familiar cambió cuando Preselia inició una nueva relación sentimental y Heidtió en hermana mayor. A pesar de los cambios, continuó mostrando su carácter cariñoso, especialmente con su hermanita menor, con quien compartía un vínculo especial. El 1 de enero de 2014, la desaparición de Heid Julián y Restrepo Martínez comenzó a resonar en el municipio de La Virginia y en la ciudad de Pereira.

 Los investigadores Wilton García y John Marine, miembros de la SIGIN, se involucraron en el caso después de que la noticia llegara a sus oídos. Según el relato de su madre, Preselia Martínez, la niña había salido alrededor de las 6 de la tarde del 31 de diciembre para buscar una tarjeta SIM que había perdido.

 Desde entonces no se había sabido nada de ella y se pensaba que tal vez Heidy se había escondido por miedo al castigo que su madre le había prometido. Se distribuyeron volantes con la foto de Heidiy por todo el municipio de la Virginia, mientras los familiares y amigos se movilizaban para buscarla. Recorrieron lugares como la salida del ingenio azucarero y otros sitios donde se creía que podían encontrarse personas desaparecidas.

El abuelo de Heidy, Virgilio Martínez, quien trabajaba como jornalero en una hacienda a una hora del municipio, se enteró de la desaparición mientras estaba en su labor. consternado, regresó de inmediato a la Virginia para unirse a la búsqueda. En los días siguientes, la desesperación creció entre los familiares de Heidi.

 Santiago Restrepo, su padre y Preselia, mostraban signos de tristeza y agotamiento mientras seguían buscándola incansablemente. de Celia. Abrumada por el peso de haber amenazado a su hija, se dirigió al canal de televisión local Televirginia en un intento de llegar a Heida. En cámara, Preselia imploró por su regreso, jurando que jamás volvería a castigarla ni a tratarla mal.

Con lágrimas en los ojos, pidió que regresara para poder abrazarla junto con su hermanita menor, Chery Valentina, que también la extrañaba profundamente. Sin embargo, la búsqueda incansable no dio resultados inmediatos. Heid seguía desaparecida y la incertidumbre se prolongó durante días. Finalmente, el sábado 4 de enero de 2014, cuando se cumplían 4 días desde su desaparición, todo cambió.

Yo venía a traer una vaca. Entonces yo veía unos animales que volaban hacia el canal gallinazos. Sí. Entonces huelía, huelía maluco. Entonces yo me acerqué a mirar cuando vi que era un que había ahí. Gerardo Castro, un campesino que vive a las afueras del municipio, reportó el hallazgo de un cuerpo.

 El 4 de enero de 2014, tras recibir información sobre el hallazgo de un cuerpo sin vida en un pastizal, los investigadores Wilton García y John Marine se dirigieron al lugar para verificar si se trataba de Heidy Julian y Restrepo Martínez. Al llegar observaron una escena macabra. El cuerpo pertenecía a una joven y estaba semidesnudo.

 Aunque inicialmente no se podía confirmar que los restos fueran de Heidi, las prendas encontradas junto al cuerpo ofrecían las primeras pistas. El pantalón jein azul y la blusa verde claro coincidían con la ropa que Heidiy llevaba el día de su desaparición, según lo reportado por sus padres. Minutos después, la noticia del posible hallazgo del cuerpo llegó a los padres de Heidy, Preselia Martínez y Santiago Restrepo.

Un agente de policía mostró a Santiago una fotografía tomada en el lugar del hallazgo, en la que se veía un pastizal y una chancla que pertenecía a la niña. Reconociendo de inmediato la chancla, Santiago corrió desesperado hacia el lugar, atravesando potreros y terrenos irregulares, con la esperanza de llegar hasta su hija.

La angustia lo consumía mientras intentaba acercarse, pero los agentes de policía le impidieron llegar al sitio exacto donde estaba el cuerpo, alegando razones de procedimiento y preservación de la escena del crimen. Ese mismo día, en horas de la mañana, los investigadores, con la colaboración del equipo forense comenzaron a recopilar las primeras evidencias que podrían esclarecer lo sucedido con la pequeña Heidi.

Desde el momento en que el cuerpo de Heidy Julian y Restrepo fue encontrado, los investigadores tuvieron claro que el responsable de su muerte debía ser un hombre. Sin embargo, aún quedaban preguntas cruciales por resolver. ¿Quién había cometido el crimen? y sobre todo, ¿qué lo motivó a llevar a cabo un acto tan macabro? Mientras las autoridades intentaban desentrañar estas incógnitas, la fiscalía inició una investigación formal por el delito de homicidio.

 Jorge Mario Trejos es el director seccional de Fiscalías en Pereira. Ella podía eh haber sido objeto de un abusador sexual que luego de haberla abusado le había provocado la muerte. Meses antes del asesinato de Heidi, Julian y Restrepo, dos niñas habían sido violadas y asesinadas en circunstancias similares en el municipio de La Virginia, sus cuerpos abandonados en potreros a las afueras del pueblo.

 Este patrón llevó a los investigadores a considerar la posibilidad de que Heidi también hubiera sido víctima de un ataque sexual antes de su muerte. Desde el inicio, las autoridades descartaron el secuestro o la trata de personas como causas. centrándose en la hipótesis de una agresión directa, posiblemente con abuso sexual.

 Como parte del protocolo, los investigadores comenzaron interrogando a los familiares de Heid y a todas las personas que la habían visto por última vez. La prioridad era identificar posibles sospechosos y entre los primeros en serados se encontraba Virgilio Martínez, el abuelo materno de Heidi. Virgilio, de 71 años, era conocido por su adicción al alcohol y su comportamiento.

 El 31 de diciembre despertó la atención de las autoridades. Según testimonios, el abuelo, quien había participado activamente en la búsqueda inicial de su nieta, salió de casa después de las 6 de la tarde y su paradero durante esa noche era incierto. Esta ausencia, junto con su historial de comportamiento errático bajo los efectos del alcohol, lo convirtieron en un foco de sospecha.

La posibilidad de que Virgilio hubiera estado involucrado dividió a la familia. Algunos lo defendían destacando que siempre había sido una persona respetuosa con sus nietas y que nunca se había mostrado agresivo hacia ellas. Otros, sin embargo, reconocían la necesidad de esclarecer los hechos y descubrir quién había causado tanto daño a Heidi.

A pesar de las sospechas iniciales, el caso dio un giro inesperado una semana después. Medicina legal anunció que no había evidencia de abuso sexual en el cuerpo de Heidy Juliani. Según los peritos forenses, la causa de la muerte de Heidy Juliani Restrepo fue asfixia. Sin embargo, las circunstancias del hallazgo del cuerpo planteaban interrogantes inquietantes.

 La niña fue encontrada con los pantalones y la ropa interior abajo, y cerca de su cuerpo se halló un pantalón que parecía pertenecer a un hombre. Virgilio declaró que el 31 de diciembre no se encontraba cerca del lugar de los hechos. Según su versión, había estado trabajando en una finca, como solía hacer para asegurarse de tener algo de dinero extra.

Los investigadores de la Sigijín decidieron verificar su cuartada y se dirigieron a la finca en Pereira, donde Virgilio afirmaba haber estado. El administrador confirmó que Virgilio había estado allí cuidando el lugar durante esa fecha, corroborando su testimonio. Esta información, junto con los resultados de medicina legal que descartaron cualquier indicio de abuso sexual, llevó a los investigadores a desestimar la implicación del abuelo y a replantear las hipótesis del caso.

 La posición del cuerpo y la ropa fueron interpretadas como un posible intento de distraer a las autoridades y confundir las investigaciones, apuntando a que quien cometió el crimen había intentado simular un escenario de agresión sexual. Con esta nueva línea de investigación, las autoridades se enfrentaron a un reto aún mayor.

 Revisaron cámaras de seguridad en todo el municipio de La Virginia en busca de pistas. Finalmente lograron identificar a Heidbación del Parque central del pueblo. En las imágenes se veía a la niña caminando sola alrededor de las 6:30 de la tarde, aproximadamente una hora después de haber salido de casa para buscar la tarjeta SIM que había perdido.

Mientras tanto, sus padres, Preselia Martínez y Santiago Restrepo, vivían días de angustia y desesperación. Ambos estaban consumidos por la tristeza y el deseo de que se esclareciera quién había asesinado a su hija. La rutina diaria se vio interrumpida por el dolor. La madre oscilaba entre el llanto y el nerviosismo, mientras que Santiago permanecía abatido, haciendo todo lo posible para apoyar las investigaciones.

Un mes después de que Heid Julian y Restrepo fuera encontrada sin vida en un caño a las afueras de la Virginia, la investigación dio un giro inesperado gracias a un hallazgo realizado por su madre, Preselia Martínez. Entre las pertenencias de Heidy, Preselia descubrió un cuaderno que resultó ser un diario donde la niña había escrito detalles desconocidos sobre su vida.

 El diario, hasta entonces desconocido incluso para Preselia, contenía reflexiones y confesiones íntimas de Heidi. En sus páginas, la niña expresaba un profundo malestar emocional y relataba experiencias de maltrato en el hogar. En una de las entradas, fechada el 17 de diciembre, Heidy escribió, “Hoy tengo más deseos de morir. Mi vida es un infierno.

 Lo digo porque es como si no tuviera mamá. Una mamá apoya a sus hijos, los comprende. Mi mamá siempre es de mal genio conmigo y no me presta atención. En otras líneas, manifestaba pensamientos oscuros. A veces pienso que soy un estorbo, que hubiera sido mejor que mi mamá abortara cuando se dio cuenta que estaba embarazada de mí.

Estas revelaciones llevaron a los investigadores a centrar sus sospechas en Preselia. Al indagar en el entorno familiar, surgieron testimonios de vecinos y conocidos que hablaban de un presunto historial de maltrato hacia Heidi. Según estas declaraciones, Preselia solía castigar a su hija de manera física y psicológica.

Jaime, un familiar cercano, recordó episodios en los que Preselia golpeaba a la niña con objetos como ganchos de ropa o la encerraba en su habitación con candados. Jaime confesó haber roto varios candados en el pasado para liberar a Heid y a su hermana menor, quienes según él lloraban y gritaban desesperadamente al ser dejadas encerradas.

 La relación entre Preselia y Heidensa y marcada por constantes episodios de agresión. Personas cercanas relataron que Preselia tenía un carácter explosivo y que sus castigos eran excesivos y desproporcionados. Hasta ese momento, Preselia Martínez había mostrado una actitud colaborativa con los investigadores, siempre preocupada por la desaparición y posterior muerte de su hija, Heidy Juliani Restrepo.

En repetidas ocasiones se la había visto suplicando a las autoridades que avanzaran en el caso, expresando desesperación y dolor. Sin embargo, nuevos testimonios comenzaron a levantar sospechas. Los investigadores de la Sigin ampliaron su análisis en el entorno de la residencia de Preselia y Heidi. Un testigo afirmó haber visto alrededor de las 7:30 de la noche del 31 de diciembre a una mujer que llevaba apresuradamente de la mano, a una niña pequeña de cabello corto, cuya descripción coincidía con la de Heidi. Esta

declaración contradecía la versión de Preselia, quien aseguraba que su hija había salido de casa a las 5:30 de la tarde y que no la había vuelto a ver desde entonces. Otro testigo declaró que aproximadamente a las 10 de la noche de ese mismo día observó un carro oscuro estacionado cerca de la casa de Preselia.

 En ese momento vio a una mujer y a un hombre sacando un colchón de la casa y metiéndolo en el vehículo junto con unas fundas que llevaban dentro del colchón. Este detalle llamó la atención de los investigadores, ya que Preselia nunca había mencionado haber retirado un colchón de su casa esa noche. Siguiendo esta pista, la fiscalía ordenó una nueva inspección en el lugar donde un mes antes se había encontrado el cuerpo de Heidi.

 A unos 200 m de ese sitio, los investigadores hallaron un colchón floreado. Al revisar los antecedentes comenzaron a sospechar que el colchón pertenecía a Heidi. Familiares, como Jaime Andrés, primo de Preselia, confirmaron que el colchón coincidía con uno que estaba en el cuarto de Preselia y que había sido comprado específicamente para Heidi.

Ese colchón era de la niña. Yo lo reconocí. El papá de Heidi se lo compró, señaló Jaime Andrés. Este hallazgo reforzó las sospechas de los investigadores, quienes ya observaban comportamientos inusuales en Preselia. Según las personas cercanas, ella se mostraba esquiva, evitaba el contacto con los vecinos y en ocasiones salía a la calle cubriendo su rostro.

Estos gestos parecían indicar que Preselia presintiera lo que se estaba descubriendo, aumentando las dudas sobre su posible implicación en el caso. A mediados de febrero de 2014, las dudas sobre el papel de Preselia Martínez en la muerte de su hija comenzaron a disiparse gracias al testimonio de Simeón Ochoa, un policía retirado.

Simeón aseguró haber visto a Preselia la noche del 31 de diciembre en el mismo lugar donde más tarde se encontró el cuerpo sin vida de Heid Julián y Restrepo. Según su relato, mientras conducía por la carretera, notó algo inusual. Un automóvil, un modelo Chevet, estaba estacionado con la puerta trasera abierta.

 Dentro del vehículo, Simeón observó un colchón que coincidía con el diseño del que más tarde sería identificado como perteneciente a Heidi. Tal como lo había reconocido Jaime Andrés, primo de Preselia. Simeón recordó que lo ocurrido le pareció extraño, ya que era la noche de Año Nuevo y la presencia del colchón en el carro llamó su atención.

 Además, la descripción física de la mujer que vio esa noche coincidía con Preselia, una mujer de complexión atlética, de piel morena y cabello ondulado. Este testimonio contradecía directamente las declaraciones de Preselia, quien había asegurado estar en casa durante esas horas. Los meses de investigación que siguieron incluyeron múltiples testimonios que vinculaban a Preselia con la muerte de Heidy, aumentando las sospechas sobre su participación.

Finalmente, el 11 de marzo de 2014, un juez emitió una orden de captura contra Preselia Martínez por el delito de homicidio agravado. Ese mismo día, las autoridades detuvieron a Preselia mientras se encontraba en un establecimiento público en el parque principal de la Virginia. Desde el día de su captura por los agentes de la Sigijín, María Preselia Martínez negó rotundamente ser la responsable de la muerte de su hija, Heidy Juliani Restrepo.

 En sus propias palabras, acusó a las autoridades de incompetencia. Son unos ineptos. Como no encontraron al culpable, no tuvieron otra opción que capturarme a mí. Tras su detención, Preselia fue trasladada a la cárcel de mujeres Lavadea en Pereira. para enfrentar los cargos en su contra. Cuando le informaron que estaba acusada de la muerte de su hija, Preselia respondió con incredulidad y declaró su inocencia.

Sin embargo, su comportamiento autoritario y su conocida severidad con sus hijas hicieron que algunos en la comunidad consideraran plausible su implicación en el crimen, mientras que otros, incluyendo miembros de su familia, se resistían a creer que fuera capaz de cometer un acto tan atroz. El juicio que comenzó al día siguiente de su captura se convirtió en un acontecimiento que dividió al pueblo.

Durante 11 meses, la fiscalía presentó diversas pruebas que vinculaban a Preselia con la muerte de Heidi, incluyendo el colchón encontrado cerca del lugar del hallazgo del cuerpo. Jaime Andrés, primo de Preselia, testificó que el colchón pertenecía a la niña y que había sido un regalo de su padre. Preselia, sin embargo, desestimó esta evidencia.

 calificándola de montaje y asegurando que no tenía nada que ver con el objeto ni con su ubicación. A lo largo del juicio, Preselia insistió en su inocencia y afirmó que había buscado incansablemente a su hija durante los cuatro días que estuvo desaparecida, sin descanso ni alimentos, lo que según ella demostraba su inocencia. También mencionó que la familia había ofrecido una recompensa por información sobre el paradero de Heidi, pero aseguró desconocer quién podría haber reclamado ese dinero.

 Durante las audiencias, el comportamiento de Preselia llamó la atención. En varias ocasiones, su carácter agresivo salió a relucir, lo que llevó a la jueza a intervenir para calmarla. Una de las pruebas más relevantes presentadas por la fiscalía y los investigadores en el caso de la muerte de Heidy, Julián y Restrepo fue el historial de maltrato que, según el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, la niña sufría frecuentemente por parte de su madre, Preselia Martínez.

Los informes indicaban que incluso durante el embarazo, Preselia había mostrado rechazo hacia su hija. Este rechazo, según Sandra Milena García Rojas, abogada de Santiago Restrepo, padre de Heidy, fue una constante desde la infancia de la niña. La abogada argumentó ante la jueza que Santiago en repetidas ocasiones había solicitado la custodia de su hija, intentando protegerla del entorno hostil.

 Según ella, este rechazo podría haber llevado a Preselia, en momentos de ira a cometer el crimen. Recordó que Preselia había sido madre a una edad muy temprana, con tan solo 14 años y sugirió que su juventud y falta de preparación emocional pudieron haber contribuido a su incapacidad para asumir el rol de madre.

 Preselia, en su defensa, admitió haber disciplinado a Heid como cualquier madre lo hace con un hijo, mencionando que en ocasiones utilizó una correa. Sin embargo, negó vehementemente las acusaciones más graves que apuntaban a golpizas severas y castigos extremos, como el uso de cables eléctricos o supuestos actos humillantes. ¿Cómo una madre le va a dar de comer popó a un hijo? Nunca en mi vida he hecho algo así.

 Ustedes quieren mi versión y yo quiero que todo el mundo la sepa. Nunca he llegado a esos extremos, afirmó Preselia en su testimonio. Pese a sus declaraciones, la fiscalía sostuvo que el caso estaba claro. Basándose en las pruebas y testimonios recopilados, presentó una reconstrucción del crimen. Según su hipótesis, Heidi murió por asfixia mecánica.

La niña habría sido sujetada del brazo, inmovilizada con una pierna del agresor y asfixiada cubriéndole la boca. La lleva hasta el sector donde fue encontrada y allí la abandona. Las investigaciones revelaron que al parecer Preselia Martínez pudo haber contado con la ayuda de un conductor de una ruta pirata contratada por ella el 31 de diciembre para cometer el crimen.

 Sin embargo, nunca se logró identificar al hombre en cuestión. Durante el juicio, Preselia insistió en su inocencia declarando, “Soy inocente y seguiré firme hasta el final, porque solo Dios y mi conciencia saben la verdad.” A pesar de estas afirmaciones, no presentó pruebas concretas para demostrar que no fue responsable de la muerte de su hija Heid Juliani.

 La fiscalía argumentó que el caso encajaba en un tipo de homicidio conocido como filicidio, en el que un progenitor asesina a su propio hijo. Liliana Ortiz, psicóloga forense y perfiladora criminal, analizó el comportamiento de Preselia durante las entrevistas y en el juicio. Según Ortiz, Preselia mostraba rasgos de egocentrismo, comportamiento agresivo, dominancia y una baja tolerancia a la frustración.

Características que podrían ser compatibles con una madre que comete homicidio. Además, señaló señales de posible engaño en sus respuestas como bloqueos visuales, uso de gestos defensivos y una tendencia a manipular la información. Ortiz también sugirió que la infancia de Preselia pudo haber influido en su comportamiento como madre.

Según su análisis, Preselia podría haber carecido de amor y apoyo en su niñez, lo que habría afectado su capacidad para formar un vínculo emocional saludable con su hija. Estos argumentos fueron similares a los utilizados por el juez del caso, quien el 20 de abril de 2014 condenó a Preselia Martínez a 33 años de prisión por el asesinato de Heid Giuliani.

 Actualmente, Preselia se encuentra recluida en la cárcel de mujeres. La Badea en Pereira. Durante el juicio, cuando se le preguntó qué le diría a Heida, Preselia expresó arrepentimiento. Le diría que me perdone por no haber sido la mamá que ella quería que yo fuera. Me arrepiento de no haber sido una madre comprensiva. Sin embargo, sus declaraciones no lograron cambiar el veredicto.

 Por otro lado, Santiago Restrepo, el padre de Heidi, vive con el dolor de haber perdido a su hija. Para él, la vida se ha convertido en un peso difícil de llevar. Es una vida dura para mí. Solo quisiera que ella estuviera aquí, que no me hubiera dejado solo. No.