EL ASESINATO DE DOS HERMANAS QUE CONMOCIONÓ A QUINDÍO: TRIÁNGULO AMOROSO MARCADO POR CELOS Y ODIO

A las 8 de la mañana del martes 4 de octubre de 2016, en un corregimiento de Calarcá Quindío, dos mujeres aparecieron tendidas junto a un guadual, como si alguien las hubiera dejado ahí solo para que nadie mirara demasiado. No había gritos, no había testigos, no había cámaras, solo familias llegando con la garganta cerrada, quien las sacó de la noche y las devolvió al amanecer sin dejar rastro, mientras la gente repetía, “Seguro fue por celos o fue una pelea de pareja.

” Otra pista empezó a sonar como una trampa armada con calma, un hotel cercano, un cuarto apartado, una supuesta sorpresa que debía mantenerse en secreto y un encuentro que nadie quería reconocer en voz alta. Hoy vamos a reconstruir esa línea de tiempo. La última llamada, la cita que se escondió, el lugar exacto donde todo pudo cambiar y las contradicciones de quienes dijeron, “Yo no vi nada.

” hasta que uno de ellos ya no pudo sostener la versión. Porque cuando el amor se convierte en control, lo peligroso no es el grito, es la planificación silenciosa. Y al final queda la pregunta que no deja dormir. ¿Cuántas veces el silencio protege al culpable hasta que ya es demasiado tarde? Eran las 8 de la mañana del martes 4 de octubre de 2016 en un corregimiento de Calarcá.

 En el departamento del Quindío, el subcomisario David Renado Quintero, investigador de la Sigin, fue alertado de un hecho inusual. Una vecina del sector, mientras paseaba a su mascota, había encontrado algo que la dejó sin palabras. Dos cuerpos de mujeres tirados al pie de un árbol entre la vegetación de un guadual.

 La mujer, en estado de shock, hizo lo correcto. Llamó a la línea de emergencias de la Policía Nacional. Al llegar al lugar, el subcomisario confirmó la escena. Dos mujeres estaban allí, inmóviles, aparentemente sin signos evidentes de violencia. Gracias a los documentos de identificación que encontró en el sitio, pudo saber quiénes eran.

 Una de ellas, de contextura delgada y vestida con un overall, se llamaba Jenny Andrea Morales. La otra, de cabello crespo y cuerpo más robusto, era Lucenit Morales. Eran primas, aunque no había señales claras de agresión física ni rastro de abuso sexual, ambas presentaban marcas en el cuello. Para el subcomisario, aquello sugería una posible causa de muerte, estrangulamiento.

 No había indicios de que hubieran sido arrastradas. Todo indicaba que los cuerpos habían sido colocados allí con la intención de ocultar el lugar donde ocurrieron los hechos, como si alguien quisiera desviar la atención o borrar huellas. Durante la inspección, una pieza llamó especialmente la atención del investigador.

 En uno de los bolsillos del pantalón de Jenny encontró una funda blanca de almohada. Fue recolectada cuidadosamente como evidencia. Una hora más tarde comenzaron a llegar los familiares. La escena se volvió aún más dolorosa. Entre los presentes estaba la hermana menor de Jenny, Geraldine Morales, incapaz de encontrar palabras para expresar lo que sentía.

 Junto a ella llegó la madre Luzmérez Ramírez, de 53 años, quien confirmó que ambas mujeres eran primas y que habían desaparecido desde la noche anterior sin dejar rastro, no sabían nada de ellas hasta ese momento. También se presentó en el lugar Luis Alberto Morales, padre de Lucenit. Venía desde la finca sin imaginar que lo que encontraría sería la confirmación de una pérdida irreparable.

 Los familiares, visiblemente afectados, compartieron con las autoridades algunos detalles sobre las víctimas. Jenny Andrea tenía 22 años, no trabajaba, se sostenía con una pensión mensual que recibía por su hijo. A pesar de su juventud, Jenny Andrea Morales ya era madre de dos hijos, Juan Camilo, de 8 años y Michel Dayana, de cinco.

 Hacía pocos meses se había separado de su pareja. Su confidente más cercana era su prima Lucenit Morales, la misma que fue encontrada muerta a su lado. Lucenit tenía 33 años. Iban a todos lados juntas. Esa noche no fue la excepción. Al ser interrogados, algunos conocidos contaron que hacia las 7 de la noche anterior, Jenny mencionó que iba para una punta.

 Lucenit también le dijo a su familia que saldría con su prima. Ninguna volvió a casa. Una pista importante para los investigadores fue que ambas, al parecer habían pasado cerca de un extenso cafetal. Ese dato encendió las alarmas. ¿Quién las llevó hasta ese lugar apartado? ¿Quién abandonó sus cuerpos allí? Esas eran las preguntas clave que las autoridades intentaban resolver.

 La investigación comenzó con un rastreo minucioso de la zona. El subcomisario Nao ordenó a su mano derecha, el subintendente Mauricio Guarín, buscar en todas las direcciones posibles. Visitaron fincas, revisaron casas cercanas, intentaron obtener imágenes de cámaras de seguridad, pero no había ninguna. Nadie parecía haber visto nada.

Nadie escuchó nada fuera de lo normal. Durante ese recorrido, los agentes notaron que muy cerca del lugar donde fueron hallados los cuerpos, había un hotel ubicado sobre la vía principal de Barcelona. En ese hotel trabajaba un joven de entre 20 y 21 años llamado Sebastián Muriel. Cuando los investigadores le preguntaron si conocía a Jenny o a Lucenit Morales, Sebastián respondió que nunca las había visto.

Dijo haberse enterado de lo sucedido por el revuelo que se armó alrededor del hotel, pero aseguró no haber notado nada sospechoso. Agregó que la Sijin lo había contactado y que estaba dispuesto a colaborar en lo que fuera necesario. Al día siguiente, los cuerpos de Jenny y Lucenit fueron sepultados en el cementerio de Barcelona.

 La despedida fue silenciosa y dolorosa. Mientras tanto, los investigadores aguardaban los resultados de las necropsias y decidieron ir más a fondo en las vidas de las primas. Tal vez allí se escondían las respuestas. Las entrevistas comenzaron por los círculos más cercanos. Como es habitual en casos de muertes violentas de mujeres, el subintendente Guarín empezó interrogando a sus parejas.

 Jorge Valencia, de 33 años, era el esposo de Lucenit. Ella vivía en el barrio Congal. Jorge Valencia le contó a la policía que la última vez que vio a su esposa Lucenit Morales, fue el lunes 3 de octubre, un día antes de que encontraran los cuerpos. Según su versión, Jenny había llamado al celular de Lucenit alrededor de las 6 o 6:30 de la tarde para confirmar si finalmente se iban a encontrar.

 Poco después, Lucenit salió en una motocicleta propiedad de Jorge para buscar a su prima. Él no ofreció más detalles al respecto. El subintendente Mauricio Guarín notó que Jorge estaba visiblemente afectado por la muerte de su esposa. No despertó sospechas entre los investigadores. Después de hablar con Jorge, la policía interrogó a Fabián Rendón Uribe, exesposo de Jenny.

 Fabián, de 32 años, trabajaba fumigando cafetales. Dijo que la noche anterior estuvo en el corregimiento, pero aseguró no haberse encontrado con Jenny. A diferencia de Jorge, Fabián parecía tener mucho que contar. Fabián y Jenny se habían separado 8 meses antes. El investigador Guarin consideró importante confirmar con la familia de Jenny los motivos de la separación.

 Fue entonces cuando habló con Geraldine, la hermana menor de la víctima. Geraldine relató que Fabián era extremadamente celoso. Contó que en una ocasión le arrebató el celular a Jenny y lo estrelló contra el suelo durante una discusión. Según Geraldine, las peleas eran frecuentes y habían escalado hasta el maltrato.

 Por eso, Jenny lo había dejado en enero de 2016. Poco tiempo después comenzó una relación con Brian, un joven futbolista de 21 años que había llegado al corregimiento de Barcelona por vacaciones. Pronto se convirtió en su nuevo novio. Este giro sorprendió a los investigadores. El triángulo amoroso entre Jenny, Fabián y Brian empezaba a tomar forma como una posible clave en el caso.

 ¿Podría esta situación sentimental haber desencadenado el asesinato? Pero si el conflicto era entre Jenny y sus parejas, ¿por qué Lucenit también apareció muerta a su lado? Decidieron buscar a Brian. Él confirmó que estaba en una relación con Jenny. Dijo estar enamorado y la describió como el amor de su vida. Brian creía que Jenny ya no tenía ningún vínculo con Fabián.

 Sin embargo, Fabián aseguró lo contrario. Según él, Jenny seguía manteniendo una relación secreta con su ex. Para los investigadores, esto sugería una doble vida y posiblemente una traición. Desde su perspectiva, este triángulo amoroso tenía todos los elementos para convertirse en el móvil del crimen.

 Sin embargo, seguía abierta la pregunta más inquietante. ¿Qué papel jugaba Lucenit en todo esto? ¿Había sido simplemente una testigo en el lugar equivocado? En el momento equivocado, la clave para resolver el caso estaba en seguir hurgando en las historias de amor, celos y engaños que unían a estos tres nombres, Jenny, Fabián y Brian, dos días después del hallazgo de los cuerpos.

 Medicina legal, entregó los resultados de la necropsia. Las dos mujeres habían muerto por asfixia mecánica. Fabián le dijo a los agentes de la Sijin que no se había visto con Jenny. La noche anterior, el último día en que fue vista con vida, afirmó además que ella le había dicho que pensaba retomar la relación con él, padre de su hija, y terminar su noviazgo con Brian.

También mencionó que había hablado con Brian, aunque no dio más información sobre esa conversación. Los investigadores intentaron localizar a Brian en el corregimiento de Barcelona, pero no lo encontraron. Su ausencia despertó aún más sospechas. Tiempo después, Brian se comunicó con el CTI. Fue interrogado por los investigadores.

Confirmó que tenía una relación con Jenny, que convivía con ella y que su vínculo era serio. También habló sobre Fabián. dijo que varias personas le habían comentado que Jenny mantenía una relación con su exesposo. Le contaron que la habían visto con él, que salían juntos y que incluso la había montado en su moto.

 Sin embargo, Jenny siempre lo negó. Le decía que eso no era cierto y él siempre le creyó. Brian les contó a los investigadores que debido a su trabajo debía viajar con frecuencia. Durante sus ausencias, amigos le advertían que Jenny seguía viéndose con Fabián. recordó un momento en particular. Cuando llegó a la casa de Jenny inesperadamente, ella se mostró nerviosa y asustada al verlo.

 Ese mismo día, sus amigos le aseguraron que Fabián había estado visitándola. Cuando le preguntaron por qué decidió seguir con la relación a pesar de esas sospechas, Brian respondió que Jenny le decía que lo quería, que lo amaba y que se sentía bien con él. Para el investigador War era evidente que aunque Brian desconfiaba de la relación de Jenny con su exesposo, tenía un apego fuerte, casi obsesivo, que le impedía alejarse de ella al ser cuestionado sobre qué le gustaba de Jenny, Brian respondió sin dudar.

 su cabello, su boca, su manera de hablar y de reír. Su actitud generó sospechas entre los investigadores. No era común que un hombre aceptara abiertamente estar con una mujer que lo engañaba. Ese descubrimiento lo convertía en un posible sospechoso, ya que podría haber tenido un motivo para hacerle daño. Brian continuó hablando, admitiendo que con el tiempo sus dudas sobre Jenny crecieron.

 Cuando le preguntaron si sintió rabia al sospechar de su infidelidad, él respondió que sí, que sintió desconfianza, incluso enojo. Cada palabra que decía reforzaba las sospechas del investigador, quien además notó que Brian estaba visiblemente nervioso. Al ser interrogado sobre su paradero La noche del crimen, Brian aseguró que se encontraba en SARSAL, un municipio del Valle del Cauca, a una hora de Barcelona.

 Aún con esa respuesta, el investigador Guarin decidió presionarlo más. Le preguntó directamente si tenía alguna relación con el crimen. Sin embargo, otro detalle inquietaba a los investigadores. Fabián había declarado en su interrogatorio que Brian había desaparecido desde que Jenny supuestamente decidió terminar su relación con él y volver con su exesoso.

Brian lo negó. Por el contrario, afirmó que seguía haciendo planes de pareja con Jenny. Para asegurarse de que Brian no escapara, la policía localizó su paradero. Mientras tanto, los agentes también mantenían bajo la mira a otro sospechoso, Fabián Rendón, el exesposo de Jenny, con quien ella mantenía una relación paralela a su noviazgo con Brian.

 En el interrogatorio, los investigadores Guarin y Genao le pidieron a Fabián que diera detalle sobre la última vez que habló con Jenny. Su respuesta fue clara. La última conversación que tuvieron fue a través de WhatsApp a las 12:17, al mediodía del lunes 3 de octubre, el día en que Jenny y Lucenit desaparecieron, Fabián afirmó que la noche anterior Jenny se había quedado en su casa.

 También aseguró que varios familiares, incluyendo Lucenit, podían corroborarlo. Según él, su relación con Jenny estaba mejorando y estaban cerca de retomar su matrimonio desde que ella había decidido terminar con Brian. Para los investigadores, su versión parecía bien fundamentada, pero contrastaba con la de Brian. ¿Quién de los dos estaba mintiendo? Ambos tenían razones para querer acabar con la vida de Jenny.

 Pero el verdadero misterio era por qué Lucenit también había sido asesinada. Según la hermana de Jenny, Fabián tenía antecedentes de violencia intrafamiliar y había sido un esposo maltratador. Brian, en cambio, parecía un joven obsesionado, atormentado por la idea de que Jenny mantenía contacto con su exesposo. Cuando le preguntaron si sintió rabia, la respuesta fue afirmativa.

 Sin embargo, había un detalle que inclinaba las sospechas hacia Brian. Si amaba tanto a Jenny, ¿por qué no asistió a su entierro? Fabián sí lo hizo. Además, su desaparición repentina del corregimiento de Barcelona despertó aún más dudas. Una semana después del crimen, el subintendente Warin volvió a contactar a Brian, quien se defendió con un argumento que no convenció a los investigadores.

 Dijo que tenía el presentimiento de que si iba al entierro lo iban a culpar del asesinato. La policía consideró su versión confusa, pero necesitaban pruebas concretas para volver a interrogarlo. Decidieron entonces regresar al hotel ubicado cerca del lugar donde encontraron los cuerpos de Jenny y Lucenit. El investigador habló nuevamente con Sebastián.

 El administrador del hotel, esta vez Sebastián, con evidente nerviosismo, mencionó a un amigo que le había insistido en conseguir una habitación la noche del crimen. Según Sebastián, aquel hombre estaba molesto con una mujer y quería alquilar una habitación para intentar reconciliarse con ella. dijo que la noche anterior al hallazgo de los cuerpos lo había visto en el hotel y que incluso le pidió prestada una habitación para compartir un rato.

 Dos semanas después del asesinato de Jenny y Lucenid Morales, el investigador Mauricio Guarín regresó al hotel cercano al lugar del crimen. En su primera declaración, Sebastián, el administrador, había negado saber algo relevante. Sin embargo, esta vez su actitud era diferente. se mostraba asustado y nervioso. El hotel que administraba estaba ubicado a pocos metros del sitio donde encontraron los cuerpos de las dos primas.

 Durante el interrogatorio, Sebastián admitió conocer a Fabián desde hacía aproximadamente dos años. También reveló que el día en que Jenny y Lucenit desaparecieron, Fabián lo había buscado con la intención de alquilar una habitación. aseguró que estaba molesto con Jenny y que planeaba una reconciliación con ella.

 Ese encuentro ocurrió en la mañana del 3 de octubre de 2016, pero Fabián no estaba solo. Según Sebastián, iba acompañado de Juan Manuel Franco, un hombre a quien había conocido días antes. Más tarde, esa misma noche, Fabián y Juan Manuel regresaron al hotel y permanecieron allí fumando en la camioneta sin alejarse del lugar.

 Según lo que Fabián le contó a Sebastián, estaban esperando a Jenny, quien llegaría con su prima para asistir a una fiesta. Eran aproximadamente las 6:30 de la tarde. Este nuevo testimonio ubicaba a Fabián en el hotel el día de la desaparición de las primas, lo que cambió el rumbo de la investigación. Hasta ese momento, las sospechas recaían principalmente sobre Brian.

 Pero la versión de Sebastián hizo que los investigadores comenzaran a centrar su atención en Fabián. En su interrogatorio anterior, Fabián había afirmado que la última vez que habló con Jenny fue a través de WhatsApp y que después no supo nada más de ella. Sin embargo, lo dicho por Sebastián contradecía esa versión, lo que generó más dudas sobre su testimonio.

 Mientras Guarín se dirigía a buscar a Fabián, recibió una llamada inesperada. Era el esposo de Lucenit, quien aseguró tener información clave. Contó que antes de desaparecer, su esposa le mencionó que Fabián la había contactado para pedirle un favor, llevar a Jenny hasta un punto de encuentro donde él había preparado una cena romántica.

 Además, le insistió en que mantuviera el plan en secreto para que fuera una sorpresa. Lucenit aceptó y prometió no contarle a nadie sin que Fabián lo supiera. Lucenit le contó a su esposo hacia dónde iría esa noche. Por eso, después de que las dos primas fueron encontradas muertas, Jorge buscó a Fabián para confrontarlo. Fabián negó rotundamente haber visto a Jenny o a Lucenit.

 Sin embargo, dos semanas después, cuando ya era considerado sospechoso del crimen, Jorge decidió acudir a la policía. Ante los investigadores, Jorge confirmó que sabía que su esposa se iba a encontrar con Jenny y que el encuentro era con Fabián, tal como también lo había asegurado Sebastián, el administrador del hotel para las autoridades, Fabián se convirtió en el principal sospechoso del crimen.

 Los investigadores ya habían determinado que era un esposo celoso, lo que podía haber sido un motivo para asesinar a Jenny. Sin embargo, la gran incógnita seguía siendo Lucenit. ¿Por qué también la mataron? A finales de octubre de 2016, los investigadores David Renau y Mauricio Guarín estaban listos para buscar a Fabián Rendón Uribe, el exesposo de Jenny.

 Pero antes de que pudieran hacerlo, él mismo se presentó voluntariamente ante el gobernador. En su declaración, Fabián admitió que no había dicho toda la verdad en su primera versión. Reconoció que había pedido ayuda a Lucenit para convencer a Jenny de ir al hotel. Aseguró que solo quería hablar con ella y aclarar la situación entre ambos.

Según su testimonio, él y su amigo Juan Manuel Franco esperaban a Jenny en un pequeño cuarto de la bandería dentro del hotel. Cuando ella llegó y vio a Fabián con Juan Manuel, se molestó. Fabián le pidió que dejara a Brian y volviera con él, pero Jenny se negó rotundamente. Fabián relató que al escuchar la respuesta de Jenny, sintió una oleada de rabia y tensión.

 Dijo que se alteró y perdió el control cuando ella empezó a gritar. Según su confesión, él la sujetó mientras Juan Manuel inmovilizaba a Lucenit. Acto seguido, tomaron una toalla y la usaron para asfixiarlas. Primero, Juan Manuel atacó a Lucenit y luego Fabián terminó asfixiando a Jenny. Los investigadores quedaron atónitos ante la confesión.

 Fabián se había declarado culpable y además señaló a Juan Manuel como su cómplice, indicando el lugar exacto del crimen. Para un juez en Calarcá, esa declaración y las pruebas reunidas eran suficientes para emitir la orden de captura. Sin embargo, los investigadores también tenían dudas sobre la posible participación de Sebastián Muriel, el administrador del hotel.

 Creían que Fabián podría estar desviando la atención sobre el sitio donde realmente ocurrieron los asesinatos. Fabián fue detenido el mismo día de su confesión. Poco después, la policía capturó a Juan Manuel Franco en el corregimiento de Barcelona. Horas más tarde también fue arrestado Sebastián Muriel. Las capturas fueron legalizadas y en enero de 2017, 4 meses después del crimen, comenzó el juicio.

 José Donante Pineda, director de fiscalías, lideró la acusación. Las circunstancias del caso indicaban claramente que se trataba de un feminicidio motivado por celos extremos y una relación sentimental marcada por la obsesión. Jenny había decidido rehacer su vida con Brian Alexis y eso fue el detonante del crimen.

 Fabián aceptó los cargos y se negó a dar más detalles. Su amigo Juan Manuel Franco también admitió su responsabilidad en el asesinato de Lucenit Morales. Pero a diferencia de Fabián habló durante el juicio. Juan Manuel reveló que Fabián había planeado el asesinato de Jenny con anticipación y que Lucenit también estaba incluida en su plan.

 Explicó que Fabián veía a Lucenit como un obstáculo porque ella ayudaba a Jenny a verse con Brian. Además, Juan Manuel delató a Sebastián Muriel. Aunque Sebastián negó haber sabido con anticipación del crimen, admitió que habló con Fabián después de los asesinatos. En su testimonio, Sebastián relató que Fabián le aseguró que nadie descubriría lo sucedido y que no lo involucraría en nada.

 Sin embargo, su conocimiento de los hechos lo llevó a ser condenado por encubrimiento, un delito excarcelable. Juan Manuel Franco, en cambio, recibió una condena de 250 meses de prisión, poco más de 20 años que cumple en la cárcel Peñas Blancas de Calarcá. Fabián Rendón Uribe fue condenado a 33 años de prisión en la cárcel San Bernardo de Armenia.

 Fue sentenciado por tres delitos, siendo el feminicidio el que más peso tuvo en su condena. Si cumple la totalidad de la pena, saldrá en libertad a los 66 años. Tras las rejas, Fabián enfrenta las consecuencias de lo que él consideró su venganza. Sus celos no solo destruyeron su vida, sino que también acabaron con la de Jenny y Lucenit, dejando dos familias devastadas.

 Brian, quien alguna vez creyó que Jenny era el amor de su vida, perdió mucho más que a su pareja. Su peor condena fue descubrir demasiado tarde que alguien había estado obsesionado con ella de una manera que jamás imaginó. Si Lucenit no hubiera ayudado a Jenny a encontrarse con Brian, ¿crees que aún así habría sido asesinada? ¿Cómo se pueden prevenir crímenes motivados por celos extremos como este? Si hubieras sido amigo dividido por la de Jenny, ¿qué consejo le habrías dado cuando decidió alejarse de Fabián? ¿Qué opinas de Brian? ¿Fue

realmente una víctima o tuvo alguna responsabilidad indirecta en esta tragedia? Deja tu opinión en los comentarios y si te interesa nuestro contenido, no olvides suscribirte al canal.