Colonia Las Palmas, barrio donde casas cuestan medio millón de dólares.

Jardines perfectos cortados por empleados [música] que vienen de colonias pobres, portones

eléctricos que se abren con control remoto, cámaras de seguridad en cada

esquina y justo afuera en lote valdío que desarrolladores abandonaron hace

década. Barraca de láminas oxidadas, donde vive hombre que nadie conoce por

nombre, solo por apodo que le pusieron. El fantasma

tiene 67 años. Barba gris que le llega hasta pecho, desgreñada, sin cortar en

años, cabello igual, largo, sucio, cayendo sobre hombros en mechones que

alguna vez fueron negros. Ropa que fue de otra persona, pantalones

con agujeros en rodillas, camisa que era blanca hace mucho tiempo, ahora es gris

permanente, color de tierra, de sudor viejo, de vida que no incluye la

bandería, zapatos sin agujetas, suela gastada hasta que pie casi toca suelo.

Cada mañana hace lo mismo. Sale de barraca cuando sol apenas aparece. 5:30,

6 de mañana. Camina por calles todavía vacías con tres bolsas de plástico negro

grandes, [música] de las que usan en construcción. Las arrastra porque son pesadas, incluso

vacías. Se detiene en cada bote de basura. Abre

tapa. Mete medio cuerpo adentro buscando. Separa latas de aluminio,

botellas de plástico, cartón limpio que puede vender. [música] Las mete en bolsas, una lata, dos,

cinco, 10. Hasta que bolsa pesa, hasta que ya no puede meter más. Habla

mientras trabaja, no con nadie visible. Murmura. Palabras que vecinos escuchan

cuando pasan en carro camino a oficina, camino a escuela con niños.

Ya casi, solo un poco más. Necesitamos comprar. Gesticula.

Manos se mueven como si explicara algo importante a alguien que escucha. A

veces ríe, risa que suena quebrada, como si hubiera olvidado cómo reír

correctamente. A veces llora, lágrimas silenciosas que

caen mientras revisa basura, [música] mientras junta latas que valen centavos.

Para vecinos de colonia Las Palmas. Elías es problema, es mancha en

perfección, es algo que no debería estar ahí, que baja valor de propiedades, que

asusta niños con su apariencia, con su hablar solo, con su existir visible en

pobreza que prefieren no ver. Natalia Vega tiene 39 años, casa valuada en

$600,000, esposa de ingeniero, madre de dos hijos

en escuela privada y administradora de grupo de WhatsApp de colonia Las Palmas

Seguridad. 280 miembros, casi todas las casas

representadas, donde reportan [música] todo, carros sospechosos, personas que

no pertenecen, problemas que necesitan atención y Elías es reportado

constantemente. Casi cada semana alguien publica foto de él juntando basura en esquina, caminando

con bolsas llenas, hablando solo en avenida principal. Otra vez el del lote

está en mi calle con esas bolsas de basura. Mis hijos tienen miedo. ¿Alguien

sabe su nombre? Nadie responde porque nadie sabe, porque

nadie ha preguntado. Llamé a policía el mes pasado. Dijeron

que no pueden hacer nada. No ha cometido [música] crimen. Ya intentamos ayudar.

Servicios sociales vino. No quiso ir a refugio. No podemos obligarlo.

Entonces, no es problema nuestro. Y ahí termina. Cada vez conversación muere con

esa frase, no es problema nuestro. Y vida continúa, portones se cierran,

cámaras siguen grabando y Elías sigue juntando latas, sigue hablando solo,

sigue siendo fantasma que todos ven, pero nadie conoce.

Martes [música] por la mañana, Elías termina ruta, 4 horas caminando,

arrastrando tres bolsas ahora llenas, pesadas, tan pesadas que tiene que parar

cada 50 m, sentarse en banqueta, recuperar aliento. Antes podía caminar

sin parar, pero 67 años de vida dura cobran precio. Rodillas duelen, espalda

duele, pulmones no llenan como solían. Llega a centro de reciclaje a las 2 de

la tarde, pequeño, sucio, con olor a metal oxidado y plástico quemado. Señor,

detrás de mostrador ni siquiera lo mira ya, solo pesa bolsas. Una, 18 kg, 2 20

kg, 3, 15 kg. Total 53 kg a 60 centavos

el kilo. 31,80. Elías toma billetes, los cuenta

despacio, uno de 20, uno de 10. Monedas, los guarda en bolsillo roto de pantalón

con cuidado, como si fueran fortuna. Y para él lo son. Camina a tienda de

mascotas 3 km porque es única que vende marca específica que necesita. Entra.

Empleada joven lo ve y arruga nariz por olor, por apariencia, pero no dice nada.

Solo pregunta qué necesita. Saco de comida premium para perro adulto. ¿Cuál

tamaño? De 20 kg. Cuesta 120 pesos.

Elías cuenta dinero. Le faltan. Tienen de 10 kg 65 pesos. tiene exacto, paga,

toma saco pesado, casi tanto como bolsas de reciclaje. Sale, camina a panadería,

compra cinco panes más baratos que tienen, bolillos duros de ayer, a un

peso cada uno, 5 pesos le quedan 25 centavos. Los guarda. Camina de regreso

al Baldío 3 km más con saco de 20 kil en

hombro, caminando despacio, muy despacio. Sol está fuerte. 2 de la