Tú atrasas mi vida. Él dijo y se fue sin mirar atrás. Las palabras la

Tú atrasas mi vida él dijo y se fue… 4 años después entró en la reunión y vio  quién era el CEO… - YouTube

destruyeron, pero él nunca volvió. Cuatro años pasaron en silencio hasta

que ella entró en aquella reunión como con un niño en brazos con los mismos

ojos que él. Valeria sintió como sus manos temblaban al sostener el sobre Manila que acababa de llegar por

mensajería. El logotipo impreso en la esquina superior le robó el aire de los pulmones. Grupo Solí Arquitectura. 4

años. Cuatro malditos años sin ver ese nombre, sin escuchar esa voz, sin

permitirse siquiera pensar en él más de lo estrictamente necesario para sobrevivir cada día. Y ahora esto, una

invitación a la presentación del proyecto más ambicioso de la firma, el desarrollo urbanístico que definiría el

futuro del corredor empresarial más importante de la Ciudad de México, no como invitada, como la CEO de Innovatech

Solutions, la empresa que había creado desde cero, la misma que ahora poseía la tecnología de construcción sustentable

que todo el sector necesitaba. La misma tecnología que Damián Solís necesitaba

para que su proyecto no se viniera abajo antes de empezar. Dejó el sobre la mesa de su oficina y caminó hacia el ventanal

que daba a paseo de la Reforma. Desde el piso 23, la ciudad se extendía como un

mapa de posibilidades infinitas. había llegado hasta aquí sin él, sin su ayuda,

sin su presencia, sin siquiera su conocimiento de que existía algo más que los recuerdos que compartieron en

aquella oficina, donde ella había sido su asistente jurídica, donde había aprendido cada detalle del negocio,

donde se había enamorado como una idiota de un hombre que solamente veía números y oportunidades. El intercomunicador de

su escritorio emitió un sonido suave. La voz de Marta, su asistente, interrumpió

sus pensamientos. Licenciada Valeria, el pequeño Mateo ya llegó de la guardería.

Está en la sala de espera con Lupita. Valeria cerró los ojos. Mateo, su razón

de existir, su motor, su secreto más grande y su verdad más absoluta. Tres

años y medio de miradas curiosas, de sonrisas idénticas a las que ella recordaba en el rostro de otro hombre,

de gestos que no podían ser coincidencia, los mismos ojos color miel, las mismas cejas expresivas, la

misma forma de fruncir el ceño cuando algo no le parecía. “Gracias, Marta. Dile a Lupita que en 5 minutos bajo.

Respiró profundo y volvió a mirar el sobre. La reunión era en dos semanas. 14

días para prepararse mentalmente para ver de nuevo a Damián. 14 días para decidir si le diría la verdad o si

simplemente mantendría la distancia profesional que había construido con tanto esfuerzo, 14 días para recordarse

a sí misma que ella ya no era aquella mujer de 26 años que temblaba cada vez

que él entraba a la oficina. Tomó el sobre y lo guardó en el cajón superior de su escritorio. No hoy, no ahora.

Primero tenía que recoger a su hijo, llevarlo a casa, preparar la cena, leerle un cuento antes de dormir. Todas

esas cosas que componían su vida real, su vida verdadera, la que había construido sin depender de nadie más que

de ella misma. Bajó al vestíbulo y encontró a Mateo jugando con sus carritos sobre la alfombra de la sala de

espera. Lupita, la niñera que llevaba con ella desde que el niño tenía 6 meses, le sonrió con complicidad. se

portó muy bien hoy, licenciada. Dibujó un avión en la clase de arte. Valeria se arrodilló junto a su hijo y le acarició

el cabello oscuro. Un avión, mi amor. ¿Y a dónde volarías si tuvieras uno? Mateo

levantó la mirada, esos ojos color miel brillando con inocencia absoluta. A ver,

a mi papá, tú siempre dices que está muy lejos. El mundo de Valeria se detuvo por

un segundo. Había evitado esa conversación durante 3 años. Había construido respuestas vagas.

explicaciones a medias, verdades incompletas que un niño pequeño podía

aceptar sin cuestionar demasiado. Pero Mateo estaba creciendo. Las preguntas se

volvían más directas, más difíciles de evadir. “Tu papá está trabajando, cariño. Ya te lo he explicado, pero

todos mis amigos tienen papá.” Y Ker dice que su papá lo lleva al fútbol los sábados. ¿Por qué mi papá no me lleva al

fútbol? Valeria sintió como las palabras se atoraban en su garganta. No podía decirle que su papá no sabía que él

existía. No podía explicarle que la última vez que vio a Damián Solís, ella había salido de aquella oficina con el

corazón roto y un secreto creciendo en su vientre. Un secreto que decidió

guardar porque no quería ser la mujer que atrasaba la vida de nadie. No quería ser un obstáculo, una carga, un error.

Algún día lo conocerás, mi amor. Te lo prometo. Mintió. O tal vez no. Ya no

sabía qué era verdad y qué era protección. Mateo asintió y volvió a concentrarse en sus carritos. Valeria se

puso de pie y miró a Lupita, quien tenía esa expresión de preocupación maternal

que adoptaba cada vez que el tema surgía. Vámonos a casa. El trayecto en auto fue silencioso. Mateo se durmió en

su silla trasera abrazando su carrito favorito. Valeria conducía por Reforma

con la mente en otra parte. En 14 días volvería a ver a Damián. En 14 días

tendría que enfrentar al hombre que le dijo que ella atrasaba su vida. Y esta

vez no sería como asistente, esta vez sería como su igual, como alguien que él

necesitaba, como la CEO de la empresa que poseía la llave para su proyecto más

importante. Llegaron al departamento en San Ángel, justo cuando el sol comenzaba a ocultarse detrás de los edificios.

Valeria cargó a Mateo dormido hasta su habitación y lo recostó con cuidado. Le

quitó los zapatos, lo cubrió con su cobija favorita de dinosaurios y se quedó ahí, sentada al borde de la cama,

observándolo dormir. Era tan parecido a Damián que a veces dolía mirarlo. Las mismas facciones, la misma expresión

seria incluso al dormir, la misma determinación en cada cosa que hacía. Había heredado también su inteligencia,

su capacidad de concentración. Su forma de observar el mundo como si fuera un rompecabezas por resolver. Salió de la

habitación y se sirvió una copa de vino tinto. Se sentó en la terraza con la

ciudad iluminándose poco a poco ante sus ojos. Sacó su teléfono y abrió el correo

que había llegado junto con el sobre Manila. Era una invitación formal de parte del equipo de Damián, cordial,

profesional, sin ninguna mención personal, como si ella fuera simplemente otra CEO en la lista de contactos

importantes, como si nunca hubieran compartido tardes enteras revisando contratos, como si nunca hubieran

trabajado hasta la madrugada perfeccionando presentaciones, como si nunca se hubieran besado en aquella

oficina vacía después de cerrar el trato más importante del año, bebió un sorbo

de vino y dejó que el recuerdo la invadiera completamente. Habían sido se meses. 6 meses de miradas robadas, de

roces accidentales que no eran tan accidentales, de tensión que crecía hasta volverse insoportable hasta