morir con el alma limpia o venderla para verlos arder.

Al principio gritas, luego lloras y al final, cuando llevas 300 días asándote

al sol, solo miras. Miro como la arena se mueve sola. Miro como esa cosa me

estudia. No tengo miedo. Ya no me queda fuerzas para eso. Solo quiero que suba

de una vez y acabemos con esto. Yo era el rey, ahora soy un despojo. He

visto pasar de todo. Mercaderes, ladrones, gente que antes ni se atrevía a mirarme.

Ayuda. Olvídate. Se detienen. descargan su rabia contra mí y siguen hacia la

ciudad que yo gobernaba. Cumplen las órdenes del bastardo de mi

hermano. Si quisiera matarme, ya me habría cortado el cuello. Eso hubiera

sido un regalo. Pero no me dejó aquí vivo porque sabe que el recuerdo duele

más que las cadenas. Si cierro los ojos, los oigo. No gritaba

yo, gritaban ellos, mi mujer, mis hijos. No les dio un final rápido, hizo algo

peor. Cubrió el trono con la evidencia de su masacre y me obligó a sentarme

encima. Quería que sintiera el peso de la muerte

pegado a la espalda antes de arrastrarme a este infierno. Y si sigo aquí después

de 300 días, no es por suerte, es por su deseo de humillarme y verme sufrir.

[Música] Él no me deja morir. Cada mediodía envía

a un guardia un poco de agua sucia y las obras de comida que ni sus animales

quieren. Lo justo para que el corazón siga latiendo, pero insuficiente para

que pueda levantarme, porque sabe que si muero se acaba su diversión.

Pero ayer la rutina cambió. No vino el guardia a traerme el agua sucia.

vino. Él apareció con su escolta personal, los peores carniceros del

reino. Mi hermano no bajó del caballo. Me miró desde arriba tapándose la nariz

con un pañuelo de seda, como si yo fuera la peste.

“¿Todavía respiras?”, preguntó. Su voz no tenía piedad, solo burla.

Intenté escupirle, pero tenía la boca tan seca que solo salió polvo. Se inclinó sobre la silla de montar,

acercándoselo justo para que viera el odio en sus ojos. Padre, te lo dio todo a ti, ¿recuerdas?

El trono, la gloria. A mí me trataba como a un perro callejero. Hizo una

pausa y señaló el desierto. Pues mira dónde está tu gloria ahora. Yo tengo el

reino, tú tienes arena. Hizo un gesto a sus guardias para irse,

pero se detuvo. Se giró una última vez con una sonrisa que me heló la sangre a

40 gr. Ah, casi lo olvido. Tu hija mayor,

Sijara. Mi corazón se paró. Pensé que la había matado junto con los demás. No la

matamos. dijo suavemente. Es demasiado valiosa para desperdiciarla.

[Aplausos]

Cocina y sirve vino a mis generales hasta caer rendida.

Así aprenderá a la fuerza que en mi mundo solo es una sirvienta. Quizás la

traiga pronto para que vea a su padre una última vez.

[Música]

Esa noche cuando cayó el sol, algo se rompió dentro de mí para siempre.

Miré al cielo, pero ya no busqué a los dioses de la luz. Ellos permitieron

esto. Ellos permitieron que mi hija sufriera.

Así que renegué de ellos. Grité al suelo, grité a la oscuridad.

Ofrecí mi alma a cualquier cosa que pudiera darme el poder para matarlos a

todos. Y la tierra respondió. El viento se paró en seco. Mis pies

descalzos notaron el cambio. La arena ya no estaba quieta. Algo pesado se

deslizaba sobre ella. Me quedé paralizado. Lo que fuera que estaba ahí conmigo no

era humano. Esto me estaba estudiando. Se tomaba su tiempo. Sentí el peso de

una mirada antigua clavada en mi nuca, calculando no solo mi carne, sino mi

valor. Ah. [Música]

[Música]

[Música]

De la arena surgió una sombra negra. Sus colmillos se clavaron en mi tobillo como

clavos ardiendo.

Mi cuerpo reaccionó antes que yo. Me contraje entero. Luego llegó esa

quemazón profunda. Algo ardiente se abría paso por mis venas.

El veneno tarda 3 minutos en llegar al corazón”, dijo tranquila, hipnótica,

viendo caer la arena. Ese es el tiempo que tienes para decidir tu eternidad.

Cuando caiga el último grano, o eres mío o eres cadáver.

Porque logré escupir entre espasmos. Porque ahora, ¿dónde estaban mis dioses

cuando dioses? Su risa fue seca.

Qué ternura humana. No seas ingenuo. No hay dioses.

Solo hay un creador. Se acercó más mientras yo me retorcía.

Si hubiera varios arquitectos, este universo se habría derrumbado por sus discusiones. Míralo. Señaló el horizonte

infinito, las estrellas, el ciclo, la muerte. La creación es perfecta. Es un

mecanismo de relojería sin fallos.

“Pues tu creador es un sádico”, grité y la sangre me supo a cobre. Se divierte