No te atrevas a hablar con el cliente.

Tú solo sirves café. La risa burlona de

Javier Robles retumbó por toda la sala

de juntas mientras me señalaba con

desprecio frente a los ejecutivos de la

empresa más importante que habíamos

intentado captar en años. Yo estaba ahí

parada con mi uniforme de asistente

administrativa, mi bandeja de café

temblando ligeramente en mis manos,

viendo cómo mi jefe arruinaba la

presentación más crítica de su carrera.

Tenía 26 años. Llevaba tres años siendo

tratada como mueble en esa agencia de

publicidad y ese hombre arrogante

acababa de cometer el peor error de su

vida. Porque lo que él no sabía era que

yo había escrito cada palabra de esa

presentación que estaba masacrando y

estaba a punto de hacer algo que

cambiaría todo. Me llamo Daniela Campos,

tengo 26 años y oficialmente soy

asistente administrativa en la agencia

de publicidad Robles en Asociados, pero

mi trabajo real era muy diferente a mi

título. Llevaba 3 años haciendo todo el

trabajo creativo mientras otros se

llevaban el crédito. Escribía campañas

completas. diseñaba estrategias de

marca, creaba conceptos que ganaban

cuentas millonarias, pero como mujer

joven sin título universitario en una

agencia machista era invisible. Solo la

chica que servía café y organizaba

agendas. Llegué a esa agencia cuando

tenía 23 años. No tenía título

universitario porque tuve que abandonar

la carrera de comunicación en tercer año

cuando mi padre se enfermó y necesité

trabajar tiempo completo para ayudar con

gastos médicos, pero tenía algo mejor

que un diploma, talento natural para

entender marcas, consumidores y mensajes

que conectan emocionalmente. Mi jefe,

Javier Robles, tenía 45 años y ego del

tamaño del país. había heredado la

agencia de su padre y creía que su

apellido lo hacía genio creativo. En

realidad era mediocre. Sus

presentaciones eran aburridas, sus

campañas eran clichés, sus ideas eran

recicladas.

La agencia sobrevivía de clientes

antiguos leales a su padre, pero estaba

perdiendo relevancia rápidamente. Lo que

Javier no sabía era que durante los

últimos dos años yo había sido la razón

por la que ganamos las pocas cuentas

nuevas que conseguimos. Los creativos

seniors venían a mi escritorio en

secreto cuando estaban estancados.

Daniela, ¿tienes alguna idea para esta

campaña? Me pedían ayuda. Yo les daba

conceptos completos, ellos los

presentaban como propios. Nunca recibí

crédito, nunca recibí aumento. Seguía

ganando 12,000 pesos al mes mientras