LOS HERMANOS QUE CONSTRUYERON EL CIELO DE MÉXICO

Enero de 1911.
Tlalpujahua, Michoacán.

En los talleres de fundición de la mina Las Dos Estrellas, dos adolescentes observan una máquina imposible para su tiempo.
No hay ingenieros alrededor.
No hay planos oficiales.
No hay manuales.

Solo metal, fuego… y obsesión.

—¿Listo? —pregunta el mayor.
—Siempre —responde el menor.

El motor ruge.

Dos cilindros opuestos.
Enfriado por aire.
Sesenta caballos de potencia a 900 revoluciones por minuto.
Funciona perfecto.

Juan Pablo Aldasoro, 17 años.
Eduardo Aldasoro, 16 años.

Acaban de construir el primer motor aeronáutico fabricado completamente en América Latina.

Mientras Europa ya tenía industrias aeronáuticas y Estados Unidos compraba motores a Francia, México no tenía nada:
ni aviones,
ni ingenieros aeronáuticos,
ni fábricas especializadas,
ni fuerza aérea.

Nada… excepto dos hermanos que se negaron a aceptar esa realidad.


UN PAÍS EN GUERRA, UN MUNDO QUE APRENDE A VOLAR

Para entender lo que lograron, hay que entender el México de 1910.

El 20 de noviembre de ese año, Francisco I. Madero proclamó el Plan de San Luis, iniciando la Revolución Mexicana contra la dictadura de Porfirio Díaz.
Lo que siguió fue una guerra civil brutal.

Más de un millón de muertos.
Casi el 8 % de la población.

Mientras México sangraba, el mundo cambiaba para siempre.

1903: los hermanos Wright volaban por primera vez.
1909: Blériot cruzaba el Canal de la Mancha.
1911: Italia usaba aviones en combate.

Los estrategas llegaron a una conclusión clara:
quien controlara los cielos controlaría las guerras del futuro.

Pero México no tenía alas.


DOS HERMANOS, UNA OBSESIÓN

Juan Pablo y Eduardo Aldasoro nacieron en Real del Monte, Hidalgo.
Su padre, Andrés Aldasoro, era gerente de la mina Las Dos Estrellas.
Tenían recursos… pero eso no explica lo que hicieron.

Desde niños desarmaban relojes.
Reparaban bicicletas.
Devoraban revistas científicas francesas, alemanas y estadounidenses.

En un país sin educación técnica avanzada, ellos aprendían solos.

En 1908 comenzaron a construir planeadores.
Los probaban al amanecer en terrenos vacíos de la Ciudad de México.
Volaban cientos de metros.
Se estrellaban.
Se levantaban.

El 9 de marzo de 1909, un accidente casi los mata.
Juan Pablo cayó con el planeador y se fracturó una pierna.

Pero ese día demostraron algo fundamental:
sus diseños volaban.

Entonces tomaron la decisión más audaz de sus vidas.

—Necesitamos un motor.


CONSTRUIR LO IMPOSIBLE

Se trasladaron a Tlalpujahua.
Usaron los talleres de fundición de la mina.

El reto era monstruoso.

Los motores existentes eran pesados.
Necesitaban radiadores.
Vibraban demasiado.

Ellos decidieron algo revolucionario:
un motor ligero, enfriado por aire, diseñado solo para volar.

No tenían:
❌ ingenieros
❌ aleaciones aeronáuticas
❌ herramientas de precisión

Pero sí tenían:
✔ conocimiento
✔ determinación
✔ meses de trabajo ininterrumpido

Fundieron piezas.
Maquinaron cilindros.
Balancearon componentes a mano.

Hasta que, en enero de 1911…

El motor cobró vida.

Pesaba solo 3 kg por caballo de potencia, mejor que muchos motores europeos.
No vibraba.
No se sobrecalentaba.

América Latina había entrado a la era aeronáutica.


DEL TALLER AL CIELO

Construyeron el avión completo.
Fuselaje de madera.
Alas de lona.
Cables de acero.
Su propio motor.

El general Ángel García Peña, ministro de guerra, inspeccionó el aparato.
El presidente Madero entendió el potencial.

Antes de volar, tomó una decisión histórica:
envió a los hermanos a formarse como pilotos en Estados Unidos.

Julio de 1912.
Long Island, Nueva York.

Se convirtieron en los primeros mexicanos graduados como pilotos aviadores.

El 12 de marzo de 1913 obtuvieron sus licencias oficiales.

Ese mismo año, Juan Pablo voló sobre la Estatua de la Libertad, convirtiéndose en el primer ser humano en hacerlo.

Pero México los necesitaba.


NACE LA FUERZA AÉREA MEXICANA

Regresaron en medio del caos.
Madero había sido asesinado.
Venustiano Carranza se levantaba contra Huerta.

Carranza entendió el poder del aire.

Los hermanos Aldasoro se integraron al ejército constitucionalista como pilotos militares.

Volaron misiones de reconocimiento.
Bombardeos.
Fotografía aérea.

Sobrevivieron cuando muchos murieron porque ellos conocían sus motores mejor que nadie.

El 5 de febrero de 1915, Carranza firmó el decreto que creó el arma de aviación militar.

Ahí nació la Fuerza Aérea Mexicana.


UN LEGADO QUE SIGUE VOLANDO

Juan Pablo murió en 1962 con honores militares.
Eduardo murió en 1968 como general brigadier.

Hoy, México es potencia aeroespacial.
Componentes mexicanos vuelan en Boeing, Airbus, Bombardier y helicópteros militares.

Pero todo comenzó con dos adolescentes,
en una mina,
en un país en guerra,
decidiendo que la tecnología avanzada no estaba fuera de su alcance.

Los hermanos Aldasoro no solo construyeron un motor.
Construyeron el cielo de México.