Este es el trabajo mejor pagado de toda mi miserable vida, lo cual me aterra.

Porque cuando la paga es tan alta, el objetivo suele ser imposible de matar.

Soy el mejor rastreador del norte y estoy [música] cansado de serlo,

pero este trabajo es mi billete de salida. Odio el frío, odio la nieve y odio

matar, aunque el contrato tiene una cláusula

extraña, traerla viva y sin marcas. Me pregunto qué clase de monstruosidad

requiere ser preservada intacta. Sospecho que es otra de las perversiones del lord.

[música] El viento [música] tapa el sonido y

borra las huellas, pero da igual. Tantos años capturando monstruos han

entrenado mi sexto sentido. Esa cosa no se esconde, [música] esa

cosa me sigue y eso me deja claro que sabe pensar.

Finjo ajustar la cincha del rinoceronte, pero busco el reflejo en mi cuchillo.

Y ahí está. Agazapada en un arco de hueso, lista [música] para saltar.

Te tengo. No duda. Se lanza desde el arco [música]

de hueso directo a mi garganta. Pero yo no desenfundo acero. Danzo la

esfera de vapor químico con fuerza. Sus propios sentidos la traicionan.

cae a la nieve ciega y asfixiada. Tengo 10 segundos antes de que se

recupere. [música] Cuerda reforzada, nudos de tensión. Nada

que corte la piel. Cuando recupera la [música] vista, ya es tarde.

Está cargada en la bestia. Furiosa, letal,

pero mía.

Dejamos atrás el [música] cementerio de gigantes. El silencio vuelve a la montaña, solo

roto por el crujido de la nieve bajo las patas de mi montura. La adrenalina del combate se disipa y

ahora empieza [música] el verdadero trabajo, el transporte. Esta criatura no para de quejarse en un

idioma mezclado entre gruñidos y sonidos que no entiendo en absoluto,

pero lo que tengo muy claro es que no me está deseando nada bueno.

De repente, el rinoceronte se clava en seco. La bestia de 3 toneladas empieza a

sacudir la cabeza con violencia, bufando, retrocediendo hacia el

precipicio. “Quieto le ordeno,

pero me ignora.”

Me tenso. Una caída aquí nos mataría a los dos y adiós a mi retiro.

Detengo la marcha y reviso las patas [música] delanteras. Hielo en la pezuña, una rotura muscular,

nada. El animal está sano, pero sus ojos están blancos de pánico.

Entonces, lo siento, no en mis oídos, sino en mis muelas.

Una vibración constante, grave, profunda.

Miro hacia la grupa. Ella sigue atada, inmóvil. No me miran,

pero los músculos de su cuello [música] están tensos. Está emitiendo un infrasonido, un

vibrato de depredador diseñado para paralizar a los herbívoros. Está intentando que mi propia montura

nos tire por el barranco. Suicida, pero brillante.

No la amordazo. Necesito que respire bien tras el gas.

En su lugar saco unos tacos de madera y tapono las orejas del rinoceronte.

El silencio vuelve a su cabeza. [música] La bestia se calma al instante. El miedo

[música] desaparece. Vuelvo a subir y la miro de reojo. Ha

dejado de vibrar. Sabe que ha perdido esta mano. [música]

Buen intento. Murmuró. Y seguimos bajando.

El paisaje cambia. Dejamos atrás la blancura monótona de

las cumbres y entramos en el bosque negro. [música]

Árboles prehistóricos petrificados, carbón y roca volcánica que rompen la

nieve. Un laberinto oscuro.

Es ella quien los huele. [música] Primero, deja de vibrar y empieza a emitir un

gruñido bajo gutural.

Esta vez no es para sabotearme, es una advertencia.

Miro a los flancos entre los árboles [música] negros. Sombras rápidas.

Demasiado grandes para ser lobos normales.

Son bestias lanudas de la era antigua, grotescas,

con mandíbulas capaces de romper fémures.

Nos están rodeando una manada entera.

No hay opción. Clavo los talones [música] en los costados del rinoceronte.

[música]

[música] La bestia de 3 toneladas [música] pasa

de caminata a galope de estampida, rompiendo árboles jóvenes a su paso.

[música] Son rápidos en la nieve profunda.

Se acercan a los tendones traseros de mi montura. Si lo derriban, estamos muertos.

Saco otra esfera de mi cinturón, azufre y destello, y la lanzo hacia atrás.

La explosión ciega a los líderes de la manada. Para los que se acercan demasiado,

desenfundo mi vara de combate reforzada. Golpeo desde la montura, manteniendo a

raya las fausces que intentan morder las patas del rinoceronte.

[música]

El bosque [música] se acaba de golpe. Otro acantilado.

Freno en el último segundo. [música] La nieve cae al vacío.