Me Ordenaron MATARLA pero al VER sus Ojos TOMÉ UNA DECISIÓN

Míralos, la guardia de élite. Tienen
tridentes, [música]
pero les tiemblan las manos. Huele a
miedo y apesta más que la inmundicia de
la celda.
Veo como ella clava las garras en el
suelo y ellos lo saben. Saben que el
hierro no basta. Saben que ella es capaz
de reventar esas cadenas y por eso deben
estar atentos, muy atentos.
La pinchan. Quieren que se levante,
idiotas. Tienen prisa por empezar el
espectáculo.
No saben que están despertando a su
propia muerte.
Un error, un parpadeo.
No hubo duelo, solo una explosión de
músculo y rabia.
Veo cómo tiran 10 hombres cobardes
[música]
colgándose de las cadenas, cortándole el
aire antes de que [música] pueda matar
al segundo. No la detienen por fuerza,
la detienen por asfixia.
Es hora de trabajar.
El emperador quiere oro y ella [música]
es quien se lo consigue.
Veo como traen hombres casi salvajes de
todos los rincones del mundo. Es carne
fresca para que la plebe huye y los
nobles aplaudan mientras ella los
despedaza.
Nadie sabe quién es ella ni de dónde la
sacaron. El emperador guarda silencio.
Es su secreto mejor guardado, su propia
mina de oro. Y él no comparte nada.
Afuera, la luz abrazadora espera
golpeada por el clamor ensordecedor de
la multitud. [música]
En lo alto, el emperador juguetea con su
copa indiferente.
Para el monarca, [música] todos son
números. Una ejecución veloz le ahorra
guardias, pero una agonía lenta aumenta
la venta de vino. Pase lo que pase, la
victoria siempre es suya.
El gentío Brama exigiendo sangre ajena
desde la seguridad de las gradas. Sus
miradas se clavan al centro en el
sacrificio del día. Una mole de carne y
cicatrices empuñando una pesada hacha
parece inamovible como una roca.
Pero al observar con atención, la
rigidez se revela como pánico puro. Él
la oyó en los túneles, escuchó el crujir
de huesos del guardia y sabe que no se
enfrenta a un hombre.
El gigante [música] estruja la
empuñadura del arma intentando ocultar
el temblor de sus dedos.
Pobre [ __ ] Cree que la fuerza bruta
le servirá de algo.
Se hace el silencio. Nadie respira. Él
está ahí arriba rodeado de seda. Abajo
huele a muerte, pero él huele a uvas y
perfume.
Ni se le acelera el pulso. Para él esto