Tú no eres bienvenido aquí. La gerente humilló al niño frente a

todos, convencida de que él no tenía derecho a estar allí. Lo que no imaginaba era quién era su madre y el

error que ella cometió le costaría caro, muy caro.

El sol iluminaba la pequeña sala de estar proyectando sombras danzantes a través de las cortinas. Mateo, de 14

años estaba sentado en el sofá con los ojos fijos en un catálogo en línea en su

celular. Mamá, llamó con la voz llena de emoción, mientras Hortensia, aún vestida

con su impecable Blazer, salía del despacho en casa. Tuve una idea. Quiero

comprarle un regalo inolvidable a papá. Mañana es su cumpleaños. ¿Puedo hacerlo?

Hortensia se detuvo sorprendida por la determinación de su hijo. “Un regalo

inolvidable”, dijo con una sonrisa suave. A pesar de su agenda tan apretada

como senadora estatal, sabía lo valiosos que eran momentos como ese. “¿Qué tienes

en mente, campeón?” Mateo se rascó la cabeza un poco tímido. Pensé en un

reloj, uno de esos muy bonitos. Siempre dice que el suyo ya está viejo.

Hortensia asintió notando el brillo en los ojos de Mateo. Me parece una idea

increíble. ¿Qué te parece si lo hacemos juntos?

Vamos al centro comercial ahora mismo. Mateo saltó del sofá emocionado, como si

ya pudiera imaginar la sonrisa de su padre al abrir el regalo. ¿De verdad

podemos? preguntó mientras se ponía los tenis apresuradamente. “Claro, pero solo si prometes ayudarme a

elegir algo bueno”, respondió Hortensia riendo. De camino al centro comercial,

el entusiasmo de Mateo era palpable. No dejaba de hablar sobre lo mucho que quería que el regalo fuera perfecto.

“Le vas a encantar, ¿verdad? Quiero algo que use todos los días y piense, “Mateo me dio esto.” Hortensia le lanzó una

mirada cariñosa mientras conducía. Estoy segura de que sí. Tienes un corazón

increíble, Mateo. Al llegar al centro comercial, el ambiente parecía vibrar de

energía. Las luces brillantes se reflejaban en el piso pulido y los pasillos estaban llenos de familias,

parejas y niños que corrían de un lado a otro. El olor a palomitas dulces se mezclaba

con el de café recién hecho que salía de una cafetería cercana. ¿Por dónde

empezamos?, preguntó Mateo, observando los escaparates relucientes.

Por comer, por supuesto, dijo Hortensia riendo. No vamos a elegir nada con el

estómago vacío. Sentados en un restaurante acogedor, compartían risas

mientras disfrutaban de sus platillos. “Entonces, ¿cuál es el plan, joven

estratega?”, preguntó Hortensia en tono de broma mientras daba un sorbo a su agua.

Mateo sonrió un poco tímido. Después de aquí quiero ir directo a la tienda de relojes. Creo que algo clásico sería

perfecto. Nada muy llamativo, ¿sabes? Hortensia sonrió satisfecha admirando la

madurez de su hijo. Piensas en todo, ¿verdad? Entonces está decidido.

Mientras yo pago la cuenta, tú ve a la tienda y empieza a explorar. ¿De acuerdo? Mateo asintió emocionado, pero

dudó un momento. ¿Crees que pueda elegir yo solo? ¿Y si me equivoco?

Hortensia puso la mano sobre su hombro y dijo, confía en tu instinto. Conoces a

tu papá mejor que nadie. Cuando Mateo se despidió de su madre y caminó por el centro comercial rumbo a la tienda, su

corazón latía con fuerza. Pensaba en cada detalle, en cada posible reacción

de su padre. Mientras tanto, Hortensia se quedó en el restaurante observando cómo su hijo

desaparecía entre la multitud. Cuando enviar, okay, continúo con el siguiente

tópico. Mateo entró a la tienda con pasos cuidadosos, pero su mirada fue capturada

de inmediato por los escaparates brillantes. Cada reloj parecía más

impresionante que el anterior, mostrando detalles en los que nunca antes se había fijado. Algunos tenían carátulas

adornadas con números romanos, mientras que otros presentaban un diseño más moderno y minimalista. se inclinó

ligeramente sobre el mostrador, observando cada modelo con atención.

“¿Será que a papá le gusta más la correa de cuero o la de metal?”, susurró para sí mismo, intentando imaginar qué

combinaría mejor con el estilo de su padre. Mientras sus ojos recorrían los escaparates, Mateo sintió una sensación

extraña, como si alguien lo estuviera observando. Levantó la mirada por un momento y miró a su alrededor, pero no

vio nada fuera de lo común. “Debe ser cosa mía,” pensó moviendo

ligeramente la cabeza para alejar esa sensación. respiró hondo y volvió a concentrarse en

los relojes, decidido a encontrar el regalo perfecto. Sabía que tenía una

misión importante y no quería perder el enfoque. Cada detalle lo cautivaba. El

brillo metálico de las correas, el movimiento delicado de las manecillas, los pequeños engranajes visibles en

algunos modelos más sofisticados. Mateo examinaba todo con cuidado,

pensando en lo mucho que su padre merecía algo especial.

Por unos instantes volvió a sentir esa incomodidad, como si un par de ojos estuviera fijo en él, pero decidió

ignorarlo, atribuyéndolo a los nervios de estar en un lugar tan refinado. “No

puedo dejar que esto me distraiga ahora”, murmuró. El tiempo parecía desacelerarse mientras caminaba a lo

largo del mostrador, explorando cada opción. Un reloj con correa de cuero

café llamó su atención, pero pronto lo descartó. “Demasiado simple”, pensó.

Poco después, un modelo con correa de acero inoxidable plateada despertó su

interés. Tal vez este es discreto, pero tiene clase. Se quedó varios minutos

analizando la carátula, tratando de imaginar a su padre usando ese accesorio. De nuevo, sintió esa

incomodidad de estar siendo observado, pero prefirió apartar la idea. Mateo se

acercó a otro escaparate atraído por un modelo de diseño más clásico. La

carátula tenía números finos y elegantes, y la correa parecía de cuero genuino.

Sonríó al imaginar a su padre recibiendo el regalo y diciendo, “Es exactamente el

tipo de reloj que quería.” Ese pensamiento le dio calor al corazón y empezó a sentirse más seguro de su

elección. Aunque la sensación incómoda persistía, Mateo se negaba a dejar que