El Pueblo El Pueblo De Valdeluz Escondido Entre MontañAs Cubiertas De Nieve

AmanecíA Cada Invierno Como Si El Tiempo Retrocediera Las Calles Empedradas Se Llenaban De Luces Tenues

Los Balcones OlíAn A LeñA Y Las Campanas De La Iglesia Marcaban Las Horas Con Un Eco Suave Que ParecíA Venir

De Otro Siglo Sin Embargo En Lo Alto De La Colina En Una Casa Moderna De Ventanales Enormes

La Navidad No TeníA MúSica Ni Olor A Pan ReciéN Hecho Solo Silencio

Allí VivíA Isabel Duarte Una Mujer De Cuarenta AñOs De Mirada Serena Y Rostro Que AúN Conservaba

La Belleza De Quien Ha Amado Profundamente Aunque La Vida Le Haya Arrebatado La Mitad De Su Historia

Era Directora General De Salud Nova Una Empresa TecnolóGica Que HabíA Fundado Con Su Esposo áLvaro

Antes De Que Un Accidente En La Carretera Le Separara Para Siempre Desde Entonces

Isabel Trabajaba Sin Descanso Como Si Llenar Los DíAs De Tareas Pudiera Vaciar El Dolor

Aquella Nochebuena Era Como Todas Las Anteriores El Pueblo Lleno De Luces

Los NiñOs Corriendo Por La Plaza Con Bufandas Rojas Las Familias Cenando Juntas DetráS De Las Ventanas EmpañAdas

Isabel En Cambio PermanecíA De Pie Frente Al Ventanal De Su SalóN Un Vaso De Vino En La Mano

Observando CóMo Los Copos De Nieve CaíAn Despacio Sobre El Tejado De Enfrente

El Cristal Reflejaba Su Silueta Impecable Elegante

Pero Con Una Soledad Que Ni Los AñOs Ni Los éXitos HabíAn Logrado Disimular

La Casa Amplia Y Luminosa ParecíA Un Museo Todo Estaba En Su Sitio

Los Libros Ordenados Por Color El Sofá Sin Una Arruga La Mesa Del Comedor Impecable Preparada Para Nadie

Sobre El Aparador Descansaba Una Foto Isabel Y áLvaro Riendo En La Playa De CáDiz

El Sol Encendido DetráS De Ellos Ella No La HabíA Tocado En Tres AñOs

Ni Siquiera Para Quitarle El Polvo Era Su Forma De Mantenerlo Vivo El Reloj Del Pasillo Marcó Las Nueve

Con Un Sonido Seco Isabel Suspiró HabíA Terminado El úLtimo Informe Del AñO

Revisado Los Correos Pendientes Y Apagado El MóVil Ella No TeníA A QuiéN Llamar

Su Madre VivíA En Galicia Con Una Nueva Pareja Sus Amigas HacíA Tiempo Que Dejaron De Insistir En Invitarla

A Cenas Todos Asumieron Que Isabel PreferíA La Soledad Y QuizáS Era Cierto

La Soledad Al Menos No La Abandonaba Encendió La Chimenea MáS Por Costumbre Que Por Calor

Las Llamas Danzaron TíMidamente Proyectando Sombras Sobre Las Paredes Blancas

En El Fondo De La Casa Se Escuchaba El Zumbido Bajo Del FrigoríFico El úNico Sonido Que RompíA La Quietud

Isabel Apoyó La Frente Contra El Cristal Y Pensó En CóMo HabíA Sido La úLtima Navidad Con áLvaro La Cena Improvisada El Vino Barato

Los Planes Para Viajar A Roma Pero Todo Eso Se HabíA Quedado Suspendido

Como Un Correo Sin Enviar Una Parte De Ella SeguíA EsperáNdolo Sin Saber Qué Esperaba Exactamente

Una SeñAl Una Presencia El Milagro Imposible De Volver AtráS

Y Mientras Lo Pensaba La Nieve SeguíA Cayendo Suave Insistente

Como Si Quisiera Cubrir El Pasado Con Un Manto Blanco Se Giró Para Apagar Las Luces Del SalóN

Cuando Un Sonido Inesperado La Detuvo Tres Golpes Suaves

Breves Pero Claros Tres Isabel Se Quedó InmóVil En Valdeluz Nadie Llamaba A Las Puertas A Esas Horas

Y Menos En Nochebuena Durante Unos Segundos Pensó Que Lo HabíA Imaginado

Pero El Sonido Se Repitió Toc Toc Toc Dejó La Copa Sobre La Mesa Con Un Leve Tintineo

Y Caminó Hacia La Entrada El CorazóN Le LatíA Con Fuerza Como Si Cada Paso Despertara Algo Dormido

Al Abrir La Puerta El Aire FríO De La MontañA Entró De Golpe Arrastrando Copos De Nieve Y Olor A LeñA

Y Allí En El Umbral Bajo La Farola Que Titilaba HabíA Un Hombre Y Una NiñA

El Hombre TendríA Poco MáS De Treinta Y Cinco AñOs Su Abrigo Estaba Cubierto De Nieve

La Bufanda Mal Enrollada Y Los Ojos De Un MarróN Claro TeníAn Ese Brillo

Cansado De Quien Ha Aprendido A Vivir Con Poco A Su Lado Una NiñA De Unos Seis AñOs

SosteníA Con Ambas Manos Una Cajita Envuelta En Papel Rojo Y Un Lazo Verde Torcido

Buenas Noches SeñOra Dijo El Hombre Con Una Sonrisa TíMida Siento Molestarte

Mi Hija QueríA Repartir Unas Galletas Que Hicimos Esta Tarde Dice Que No Se Puede Celebrar La Navidad Sin Compartir

Algo Isabel Los Observó Sin Saber Qué Decir La NiñA La Miraba Expectante

Con Las Mejillas Encendidas Por El FríO El Silencio Entre Los Tres Duró Un Instante Que Pareció Eterno

Roto Solo Por El Tintinear Lejano De Las Campanas Entonces La NiñA Habló

Se Llaman Galletas De Los Valientes Porque Se Hacen Aunque La Masa Salga Mal

El Hombre Rió Por Lo Bajo Y Salieron Regular Pero Comestibles

Contra Todo Impulso Isabel Sonrió Fue Una Sonrisa Leve Casi Olvidada Que Se Formó Sola Sin Permiso

Hola QueréIs Pasar Un Momento Hace Mucho FríO Murmuró ApartáNdose

El Hombre Dudó Un Instante EstáS Segura Sí Vamos Entren

El Calor Del Fuego Los Envolvió En Cuanto Cruzaron El Umbral La NiñA Fascinada

Miró Las Paredes Blancas Los Libros Ordenados El áRbol Decorado Con Esferas Plateadas

Es Bonito Dijo Gracias Respondió Isabel IncóModa Por No Saber CóMo Reaccionar

Ante Aquella Espontaneidad Sabes Pero Está Un Poco Triste

AñAdió La PequeñA El Comentario Cayó Suave Pero Certero

El Hombre Se Disculpó Enseguida Clara No Pasa Nada

Interrumpió Isabel AgacháNdose Para Quedar A La Altura De La NiñA Tienes RazóN QuizáS Le Falte Algo De Color

Clara Asintió Con Seriedad Luego Sin Pedir Permiso Desató La Cinta Roja De Su Abrigo

Y La Colocó En Una De Las Ramas Del áRbol Ahora Sí Dijo Con Una Sonrisa Ya No EstáS Solo

Isabel Se Quedó Observando Aquel Gesto Una Simple Cinta Un áRbol Cualquiera Y Sin Embargo

Algo Cambió En El Aire Por Primera Vez En Mucho Tiempo La Casa No ParecíA VacíA

Sino En Espera De Algo De Alguien El Hombre Mateo RíOs Se Presentó

Agradeció La Hospitalidad Y Prometió No Robarle MáS Tiempo Pero Antes De Irse Isabel Les Acompañó Hasta La Puerta

Clara Antes De Bajar Los Escalones Se Giró Y Dijo Gracias Por Dejarnos Entrar