Bienvenidos a un nuevo episodio de El Hampa  Bruta, el archivo criminal de la historia.  

Hay criminales que definen su legado  por los imperios que construyen. Otros,  

por el rastro de destrucción que dejan a su  paso. Pero existe una categoría más siniestra:  

aquellos cuyo poder se mide por el silencio  que imponen, por el miedo que se anida en su  

apodo. La historia de hoy es sobre un operador del  crimen cuya biografía combina hechos comprobados  

con versiones nunca confirmadas. No hablamos de  un capo legendario con redes internacionales,  

sino de un jefe de plaza que ejerció un control  brutal en Monterrey y en el penal de Apodaca:  

Óscar Manuel Bernal Soriano, “La Araña”.  En El Hampa Bruta, nuestra regla es clara:  

no glorificamos la violencia ni a quienes la  ejercen. Lo que van a ver es una reconstrucción  

dramatizada, basada en archivos públicos,  fuentes documentales y un riguroso trabajo  

periodístico con fines exclusivamente educativos  y de entretenimiento. Contamos estas historias no  

para celebrar a sus protagonistas, sino para  entender las grietas por las que se cuelan.  

Prepárense para la crónica de un hombre que, según  las autoridades, fue pieza clave de Los Zetas en  

Monterrey, que llegó a ejercer influencia dentro  del penal de Apodaca y que tras la fuga masiva  

de 2012 desapareció de los registros oficiales,  dejando su destino en el terreno del misterio.  

Pero antes de empezar, queremos saber tu opinión:  ¿Qué has escuchado sobre “La Araña” en Monterrey?  

¿Conoces otras historias de cómo los criminales  lograban ejercer poder desde las prisiones?  

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a la telaraña. Esta es la historia de Óscar  Manuel Bernal Soriano, alias La Araña. Hubo  

El contexto de la guerra

un tiempo en que en la zona metropolitana de  Monterrey el miedo se reflejaba en nombres y  

apodos. Una época en la que la violencia no solo  se medía en cifras oficiales, sino también en la  

tensión que se respiraba en las calles. En ese  escenario surgieron figuras que encarnaron la  

brutalidad de una guerra no declarada. No hablamos  de un mito ni de una leyenda urbana. Hablamos de  

Óscar Manuel Bernal Soriano, un hombre cuyo alias  se convirtió en sinónimo de control y violencia:  

“La Araña”. Su historia no es la de un gran  capo que movía toneladas de droga a través  

de continentes. Es la crónica de un operador  territorial, un sicario que ascendió gracias a una  

De asaltante a Operador Z (Los Goris)

combinación de crueldad metódica e inteligencia  táctica, lo que lo volvió temible no sólo para  

sus rivales, sino también para sus propios  aliados. Esta es la historia de un hombre que,  

según diversas investigaciones, fue vinculado con  el secuestro y desaparición de cinco militares en  

Monterrey en dos mil nueve, que convirtió el penal  de Apodaca en un centro de operaciones bajo su  

influencia, y que participó en una de las fugas  más sangrientas en la historia penitenciaria de  

México. Tras esa fuga, su rastro quedó envuelto  en versiones contradictorias: algunas aseguran  

que murió traicionado, otras que se quitó la vida  antes de caer en manos de sus enemigos, pero hasta  

hoy no existe confirmación oficial de su destino.  De Óscar Manuel Bernal Soriano, alias La Araña, se  

sabe que fue identificado por las autoridades como  miembro de Los Zetas y que llegó a ocupar el cargo  

de jefe de plaza en Monterrey, Nuevo León. De su  infancia y juventud no existen datos confirmados  

en documentos oficiales. Hay menciones en notas  locales que lo ubicaban en Santa Catarina, pero no  

es un dato confirmado oficialmente en comunicados  federales. Se repite en relatos de prensa y  

podcasts sobre su vida que sus primeros pasos  fueron como asaltante de camiones y transporte  

público, pero tampoco hay carpetas judiciales o  comunicados oficiales que lo confirmen. Lo que sí  

está documentado es que su integración a Los Zetas  ocurrió a inicios de los años dos mil, cuando la  

organización criminal, formada inicialmente por  desertores del Ejército, expandía su dominio en  

el noreste del país bajo la influencia de Osiel  Cárdenas Guillén. Según informes oficiales y  

reportes periodísticos, La Araña no entró solo:  su hermano Jorge Armando Bernal Soriano, alias El  

Guasón, también formó parte de la estructura de  Los Zetas y fue detenido posteriormente por las  

autoridades. Óscar Manuel Bernal estuvo vinculado  a una de las células más violentas en la región,  

La estructura criminal y el ascenso

la de los hermanos Almánza Morales, conocidos como  Los Goris —Luis, Raimundo, Eduardo y Octavio—,  

militares desertores que trabajaban para Sigifredo  Nájera Talamantes, alias El Canicón, jefe de plaza  

de Monterrey hasta su captura en dos mil nueve.  Bajo esa estructura, Bernal Soriano se consolidó  

como operador de confianza y, con el tiempo, como  uno de los mandos medios más temidos dentro del  

organigrama de Los Zetas en Nuevo León. El nombre  de Óscar Manuel Bernal Soriano, alias La Araña,  

comenzó a aparecer en las investigaciones de  seguridad vinculadas a hechos de alto impacto  

en Nuevo León. Aunque en un inicio operaba en  la sombra, pronto se convirtió en un objetivo  

prioritario para las autoridades. En dos mil ocho,  se registraron casos en los que militares fueron  

privados de la libertad y ejecutados en Nuevo  León, crímenes atribuidos a células de Los Zetas.  

Algunas versiones periodísticas mencionaron a La  Araña como parte de la estructura operativa bajo  

las órdenes de Los Goris, aunque su participación  directa en esos hechos no fue confirmada  

oficialmente. El episodio que lo colocó con mayor  fuerza en el radar de las autoridades ocurrió el