En el matadero de la granja Hoffman, a 15 km al oeste de Posnang Polonia

ocupada, a las 14:23 del 12 de octubre de 1943,
una chica judía de 19 años estaba dentro del cadáver abierto de un cerdo de 150
Su nombre era Esther Rosenfeld. No podía moverse, no podía respirar
profundamente, no podía hacer ruido porque afuera del matadero, soldados de
la CSS estaban buscándola y si la encontraban, la ejecutarían inmediatamente.
¿Cómo llegó aquí? Ester había estado trabajando en la granja Hoffman durante
8 meses, desde febrero de 1943. Oficialmente ella y otros 22 judíos
estaban registrados como trabajadores agrícolas polacos. El dueño de la
granja, Herc Klaus Hoffman, había falsificado sus documentos para mantenerlos como mano de obra barata.
Los alemanes necesitaban trabajadores. La mayoría de hombres alemanes estaban en el frente. Hoffman necesitaba
trabajadores baratos. Los judíos necesitaban esconderse.
Arreglo mutuamente beneficioso. Pero hoy el arreglo terminó. 1400.
Una hora antes, Ester estaba en el matadero, edificio de ladrillo frío
donde sacrificaban cerdos para vender carne al ejército alemán. Su trabajo, limpiar canales después de
que el carnicero los abría y removía víceras. Era trabajo horrible, sangre hasta los
codos, olor nauseabundo, frío penetrante, pero era mejor que
estar en un geto o en un campo de muerte. Entonces escuchó el camión, motor diésel
neumáticos en grava frenando bruscamente frente a la granja.
Ester miró por la ventana sucia del matadero. Vio camión militar alemán, marca Vermacht y dos autos negros que
estapó. Su estómago se contrajo. Esto no era inspección de rutina. 1405. Pánico.
La puerta de la oficina de Hoffman, al otro lado del patio se abrió violentamente.
Cinco hombres salieron. Tres soldados de las SS, uniformes negros, rifles MP40.
Un oficial de la Gestapo. Abrigo de cuero largo. Hoffman, cara pálida
sudando. El oficial gritó en alemán. Okay. Todos los trabajadores, formaos en
el patio ahora. Los trabajadores judíos que estaban en establos, campos,
almacenes, comenzaron a salir confundidos, asustados. Esther vio a Miriam, su amiga, 17 años,
salir del establo de vacas. David, 21 años, salió del granero.
El viejo Aaron, 65 años, rabino antes de la guerra, salió del cobertizo de herramientas. Todos se formaron en línea
en el patio, 23 personas. Ester era la número 24, pero estaba en el matadero.
Los nazis aún no la habían visto. 1408. Descubrimiento.
El oficial de la Gestapo caminó frente a la línea de trabajadores. Miró sus caras
uno por uno. Luego gritó a Hoffman, “Dijiste que eran polacos. Estos son
judíos.” Hoffman tartamudeó. Yo yo no sabía. Ellos dijeron que eran
mentiroso. El oficial lo abofeteó. Alguien nos informó. Dijeron que
escondes judíos aquí, trabajadores ilegales, violación de ley racial.
Hoffman cayó de rodillas. Por favor, yo solo necesitaba trabajadores. La granja
no puede funcionar sin El oficial lo ignoró. Se volvió hacia los soldados SS.
Estos judíos son ilegales. No tienen derecho a existir. Ejecutadlos ahora.
14:10. Ejecución comienza. Los soldados e se levantaron sus rifles. Miriam
gritó, “¡No! ¡Por favor! ¡Ratad! Tat tat. Ráfaga de MP40. Miriam cayó. Sangre
brotando de su pecho. Ratat tatat. David cayó. Aaron cayó. Otros cayeron. Gritos,
disparos, caos. 1411. Ester entiende que va a morir. Ester observaba desde la
ventana del matadero a 30 m del patio. Vio a sus compañeros ser asesinados. Uno
por uno. Entendió. Los nazis vendrán al matadero después. Revisarán todos los
edificios. La encontrarán, la matarán. Opciones. Opción A. Correr hacia el
bosque a 200 m. Pero campos abiertos la verían. Dispararían por la espalda.
Opción B. esconderse en el matadero, pero edificio pequeño sin muchos
lugares. La encontrarían en minutos. Opción C. Ester miró alrededor del
matadero desesperadamente. Barriles de agua, herramientas colgadas,
mesa de carnicero, ganchos de metal, canales de cerdo
colgados. Canales de cerdo. Había cinco canales colgados en ganchos. Cerdos
sacrificados esa mañana, abiertos desde pecho hasta pelvis. Víseras removidas,
listos para ser cortados en piezas. Ester miró el más grande, hizo 150 kg.
Cavidad torácica abierta, 040 cm de ancho. Profundidad, pues 30 cm. Una idea
imposible, repugnante, desesperada entró en su mente. ¿Y si me meto dentro? 14.
Decisión. Afuera. Más disparos, más gritos. Los nazis estaban terminando con
los últimos trabajadores. Ester tenía tal vez 60 segundos antes de
que vinieran al matadero. No había tiempo para pensar, solo actuar.
arrastró un banco hacia el canal de cerdo más grande colgado en gancho a 1.5
m del suelo. Se subió al banco, tocó la cavidad abierta del cerdo, húmeda, fría,
cubierta con capa delgada de sangre coagulada y grasa. Sintió náuseas, pero
no había alternativa. Ester metió sus piernas dentro de la cavidad del cerdo, pies primero, empujó.
Su cuerpo era delgado, sin tinqueno dealetas, desnutrida después de meses en la granja. Apenas cabía. Sus piernas
entraron, luego sus caderas, luego su torso. Presionó su espalda contra la
columna vertebral del cerdo, su pecho contra las costillas del cerdo. Luego
usó sus manos para jalar la piel del cerdo sobre su cabeza, cubriendo su cara
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