Joven Queda Atrapado En Isla Desierta Con Hermosa Criatura Alienígena, Y…
La isla sin pájaros
El año es 1914.

Un joven inglés sin nombre llega a una pequeña isla perdida en medio del Atlántico Sur. Han pasado 67 días de viaje en barco, mareado, sobreviviendo con té frío y demasiado tiempo para pensar en su vida.
Su destino es sencillo en teoría: trabajar durante un año como observador del clima.
En el último día del viaje, apoyado en la barandilla del barco mientras fuma un cigarro como si fuera protagonista de una película antigua, el capitán se le acerca.
—¿De qué estás escapando? —le pregunta.
El inglés no responde.
El capitán sonríe con cansancio.
—Es lo primero que le pregunto a cualquiera que decide perderse en el mar.
Pero el muchacho guarda silencio, como un niño cuando le preguntan si hizo la tarea.
Una isla demasiado silenciosa
Cuando finalmente llegan, la tripulación lo ayuda a bajar su equipaje y llevarlo a la pequeña cabaña donde vivirá.
Entonces el inglés nota algo extraño.
No hay pájaros.
Ni uno solo volando sobre la isla.
Solo un silencio incómodo, pesado.
El capitán también nota algo raro: no hay nadie esperando al nuevo observador.
La cabaña parece abandonada desde hace años. Polvo, muebles viejos, señales de que alguien se fue con demasiada prisa.
El capitán frunce el ceño.
—Esto no me gusta. Será mejor que regreses con nosotros.
Pero el inglés se niega.
Ha venido hasta aquí por una razón, y piensa quedarse.
El faro
Antes de irse, el capitán decide investigar los alrededores con él.
Mientras caminan hacia un faro que se ve a lo lejos, encuentran una fuente deteriorada y un mensaje tallado en la roca:
“Gruner es dueño de esta fuente.”
El capitán envía a su tripulación de regreso al barco y continúa solo con el inglés.
Cuando llegan al faro, descubren que está reforzado con tablas y clavos, como si hubiera resistido ataques o tormentas violentas.
Golpean la puerta.
Nadie responde.
Finalmente la empujan y entran.
Arriba encuentran a un anciano dormido.
Se llama Gruner.
Cuando despierta, murmura algo confuso sobre regresar al agua.
El capitán le pregunta por el observador anterior: Aldor Vigeland.
Gruner responde con indiferencia:
—Murió de tifus.
Dice que un día simplemente desapareció y nunca volvió.
No parece interesado en hablar más.
El capitán se marcha.
El inglés se queda solo.
El diario
Mientras organiza la cabaña, el inglés encuentra el diario del antiguo observador.
Las primeras páginas son normales: plantas, animales, notas meteorológicas.
Pero luego aparecen dibujos extraños.
Criaturas marinas atacando personas.
Y una frase inquietante escrita con desesperación:
“Darwin está equivocado.”
La primera noche
Esa noche, mientras cena, escucha ruidos afuera.
Gruñidos.
Golpes contra las paredes.
Se acerca lentamente a la puerta.
Entonces aparece una garra monstruosa por debajo de ella.
Exactamente igual a los dibujos del diario.
Las criaturas comienzan a trepar por las paredes de la casa como animales salvajes.
El inglés corre al sótano y cierra la puerta.
Observa por un pequeño agujero en la madera.
Una criatura lo mira… desde el otro lado del mismo agujero.
Sin pensarlo, clava un cuchillo.
Pero las criaturas siguen allí toda la noche.
El incendio
Al amanecer logra sobrevivir.
Intenta pedir ayuda en el faro, pero Gruner se niega a abrirle y hasta le arroja agua desde una ventana.
Desesperado, el inglés prepara la cabaña para la siguiente noche.
Sella las ventanas.
Rodea la casa con madera y libros empapados en aceite.
Cuando las criaturas regresan, dispara todo lo que puede.
Pero son demasiadas.
Entonces prende fuego al círculo.
Las criaturas huyen.
Pero el incendio se descontrola.
La cabaña arde completamente.
El inglés escapa con la mano quemada y pasa la noche escondido entre rocas bajo la lluvia.
Aeris
Al día siguiente descubre a Gruner cerca de la fuente… acompañado por una criatura marina.
Una hembra.
Incluso lleva un suéter viejo.
El inglés amenaza con disparar.
Gruner finalmente acepta dejarlo vivir en el faro.
La criatura no es peligrosa.
El inglés la llama Aeris.
Con el tiempo descubre algo más inquietante.
Las criaturas odian la luz.
Por eso cada noche atacan el faro.
Una guerra nocturna
Durante semanas, los dos hombres luchan cada noche contra las criaturas.
Disparos.
Antorchas.
El faro iluminando la oscuridad.
Pero el inglés empieza a sospechar algo.
Tal vez las criaturas no están atacando…
Tal vez solo quieren recuperar a Aeris.
La verdad
Un día encuentra una foto.
Una mujer con vestido de novia.
Detrás dice:
“Amor, amor, amor.”
Y junto a ella aparece su esposo.
Aldor Vigeland.
Entonces lo comprende.
Gruner no es Gruner.
Es Aldor.
El observador que supuestamente murió.
Un hombre consumido por la soledad.
El final
El inglés intenta hacer las paces con las criaturas.
Construye un pequeño barc
Un n
Pero entonces…
Gruner dispara.
El n
Las criaturas desapa
Aeris los mira por última vez antes de ir
El inglés enfrenta a Gruner.
En medio de la pelea pronuncia su verdadero nombre:
—Aldor Vigeland no es un asesino.
El hombre se queda paralizado.
Susurra una vez más:
—Amor… amor… amor…
Luego abre la puerta del faro.
Y sale hacia la oscuridad.
Las criaturas lo esperan.
El inglés escucha lo que sucede afuera.
Y cierra la puerta.
Epílogo
Tiempo después, tres oficiales llegan al faro.
Encuentran al inglés durmiendo en la cama del farero.
Creen que él es el encargado.
El inglés no los corrige.
Solo dice:
—El meteorólogo murió de tifus.
El oficial le informa que hay guerra en el mundo.
Desde el balcón, el inglés observa barcos en el horizonte.
Abajo, en la playa…
Aeris corre por la arena antes de lanzarse nuevamente al mar.
Y desaparece en las profundidades.
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