Solo 5 días mantenían a Moscú en pie — el frío y el contraataque que lo cambiaron todo

5 de diciembre de 1941, 0417 horas. Temperatura exterior -24ºC. La reserva estratégica de combustible diésel en el sector de Kimky alcanza para 72 horas de operaciones defensivas continuas. Pasado ese umbral, los tanques T34 del 16 ejército quedan inmóviles, las ametralladoras pesadas Maxim congeladas y la carretera Leningrad Coee, última arteria norte hacia Moscú, abierta para las divisiones blindadas alemanas estacionadas a 11 km.
El capitán Grigory Sokolov, 32 años, comandante de compañía del 78 regimiento de fusileros, observa desde una posición elevada en el bosque del OVNIA como las luces de las cocinas de campaña alemanas parpadean entre los abetos cubiertos de nieve. 11 km. Esa distancia puede recorrerse en 2 horas con infantería motorizada, en 40 minutos con blindados.
Si el suelo aguanta, Gregory sabe que si esas luces avanzan antes de que llegue el refuerzo prometido, tres divisiones siberianas con esquíes, ametralladoras dearev y experiencia en combate invernal, Moscú cae en 5 días. Lleva despierto 38 horas. Su mano derecha tiembla no solo por el frío, sino por la certeza de que cada decisión táctica de las próximas jornadas determinará si su esposa Katia, evacuada con su hija de 4 años al otro lado del Volga, regresa algún día a una capital soviética o a ruinas ocupadas.
Grigori conoce los números. La Vermacht ha avanzado 1000 km desde junio. Sus generales ven las cúpulas del Kremlin con binoculares desde Kimki. Stalin no ha abandonado la ciudad, pero ha minado puentes y edificios gubernamentales. La orden es clara. resistir hasta que el general Shukov complete el redespliegue de reservas desde Siberia y lance el contraataque.
Pero resistir requiere algo más que voluntad, requiere munición, combustible, comunicaciones y, sobre todo tiempo, 5 días. 120 horas, cada una vale miles de vidas. A su lado, el teniente Alexei Orlov, 26 años, antiguo instructor de tiro en Leningrado, ajusta la mira telescópica de su rifle Mossin Nagant. Alexei es el francotirador de la compañía, capaz de impactar un casco alemán a 400 m incluso con viento cruzado.
Tiene esa calma antinatural de los tiradores de élite. Pero Gregory nota en su mirada la misma pregunta que todos comparten. ¿Llegarán los siberianos a tiempo? Detrás de ellos, el sargento mayor Dimitri Volkov, 41 años, veterano de la guerra de invierno contra Finlandia, organiza turnos de guardia y distribuye las últimas raciones.
Pan negro, tocino congelado, té concentrado. Dimitri perdió dos dedos de la mano izquierda en Carelia. Ahora usa esa mano mutilada para señalar posiciones en mapas con una precisión que intimida a los reclutas. Entre esos reclutas está el soldado Ivan Petrov, 19 años, campesino de Tula, llegado al frente hace tres semanas con un fusil que todavía no ha disparado en combate.
Ivan intenta ocultar su miedo limpiando obsesivamente la bayoneta, pero sus dedos se deslizan torpes sobre el acero helado. Completa el equipo el subteniente Nikolay Belov, 25 años, ingeniero civil de Moscú, que construía puentes metropolitanos antes de la guerra. Nicolay conoce estructuras, resistencia de materiales, puntos de colapso.
Esa experticia lo convirtió en especialista de demoliciones del regimiento, responsable de minar objetivos estratégicos y desactivar trampas enemigas. Es meticuloso hasta la obsesión. Revisa cada conexión eléctrica tres veces. Calcula cargas explosivas con regla de cálculo. Anota todo en cuadernos que guarda en bolsillos impermeables. Los soldados bromean que Nikolai podría volar el Kremlin con un cartucho de dinamita y un temporizador de cocina, pero lo respetan porque sus puentes nunca caen prematuramente y sus minas nunca fallan.
Gregory reúne a su estado mayor improvisado, Alexay, Dmitri y Nikolai bajo una lona camuflada. El mapa extendido sobre cajas de munición muestra el corredor vital. La carretera Leningrad Coe atraviesa el bosque del OVnia, cruza el río Cliasma por un puente de piedra en el kilómetro 17 y continúa directa hacia las afueras de Moscú.
Los alemanes controlan la orilla oeste del Cliasma, los soviéticos la este. El puente es la llave. Si los alemanes lo toman intacto, pueden lanzar blindados. Si lo destruyen prematuramente, cortan su propia ruta de suministro cuando contraataquen. Nikolay propone minarlo con cargas retardadas de TNT que puedan detonarse desde una posición a 200 m, pero eso requiere tender cable bajo nieve y fuego enemigo.
Dimitri objeta, si cortamos el puente también nos aislamos. Sin refuerzos cruzando, quedamos solos. Grigori estudia las curvas de nivel. Hay un bado más al norte, impracticable para tanques, pero viable para infantería con esquíes. Decide minar el puente como última opción, pero mantener el vado como ruta alternativa. La misión de reconocimiento empieza al amanecer.
Antes de que despunte el alba, Grigory hace algo inusual. se dirige directamente a sus hombres reunidos engrupos pequeños entre trincheras y refugios improvisados y les habla sin la rigidez del discurso político habitual. Camaradas, sé que algunos llevan semanas sin carta de casa. Sé que el pan está duro y el té aguado, pero hoy no les pido que crean en consignas.
Les pido que recuerden por qué estamos aquí en este bosque congelado. 11 km al oeste hay hombres que quieren borrar nuestras ciudades del mapa. 11 km al este, hay familias que dependen de que aguantemos 5co días más, solo cinco. Luego llegan los siberianos y cambiamos de posición, de defensores a atacantes. Si alguien tiene familia escuchando radio en algún lugar seguro que sepa que resistimos.
Y si alguno de ustedes ve este momento desde el futuro, que deje un comentario con el país desde donde nos recuerda. Suscríbanse porque esta historia la escribimos nosotros, no los generales. El tono no es propagandístico, es un reconocimiento sobrio de la realidad. Algunos asienten. Ivan Petrov aprieta su fusil con menos temblor. 06 15 horas.
La patrulla de reconocimiento parte. Gregori, Alexei, Nikolay y tres fusileros veteranos. Avanzan en formación dispersa, aprovechando la niebla matinal que reduce la visibilidad a 30 m. El bosque está en silencio absoluto. La nieve amortigua cada paso. A 400 met de las líneas soviéticas, Alexei levanta el puño.
Señal de alto, voces en alemán cercanas. Grigory se arrastra hasta un tocón caído y observa una sección de reconocimiento de la vermacht. Ocho hombres avanza hacia el vado norte. Llevan esquíes, carabinas car 98K y un radio portátil. Si descubren el vado y reportan su viabilidad, los alemanes pueden flanquear el puente y envolver la posición soviética.
Grigori calcula, eliminarlos garantiza 24 horas de ventaja, pero el tiroteo alertará a toda la zona. Decide usar cuchillos y silencio. La emboscada es brutal y quirúrgica. Nikolay lanza una granada de humo improvisada, trapo empapado en aceite quemado que desorienta a los alemanes. En el caos blanco, los soviéticos atacan cuerpo a cuerpo.
Grigory derriba al operador de radio con un golpe de culata. Alexei de huella al suboficial alemán antes de que pueda gritar. Dos alemanes intentan huir. Uno cae con una bala silenciada de Alexei a 50 m. El otro es alcanzado por un fusilero que lo golpea con la bayoneta en la espalda. Siete muertos, uno capturado, un soldado rubio, no más de 20 años, que tiembla tanto por el frío como por el terror.
Nikolay revisa la mochila del suboficial muerto y encuentra mapas tácticos marcados con posiciones de artillería alemana, horarios de patrullas y crucialmente un memorándum fechado el 4 de diciembre que menciona Operación Tifón, fase final. Asalto coordinado sector norte 7 de diciembre horas. Gregory lee la nota dos veces.
Quedan menos de 36 horas. El prisionero alemán, interrogado con urgencia, pero sin tortura, Grigori sabe que un hombre asustado habla más que uno maltratado. Revela detalles. La segunda división Pancer está repostando en Crasnaya Poliana. La infantería motorizada aguarda órdenes en Kimki. El ataque del 7 de diciembre combinará artillería pesada, tanques pancer tercer y cuarto y oleadas de estucas en cuanto mejore la visibilidad.
Las fuerzas alemanas suman aproximadamente 4000 hombres y 60 blindados en el corredor norte. Grigory hace cálculos mentales. Su regimiento tiene 900 efectivos, 12 cañones antitanque de 45 mm metfas improvisadas. Tres contra uno en infantería, cinco contra uno en tanques. La única ventaja soviética es el terreno y la desesperación.
Mitri, al recibir el informe, escupe en la nieve. nos aplastan si no llegamos antes al puente con más fuego. Grigory ordena repliegue táctico inmediato con el prisionero y los documentos. Durante el regreso, a 800 metros de las líneas propias, un disparo aislado rompe el silencio. Un centinela alemán rezagado.
La bala roza el hombro de Nicolai que cae y rueda por una pendiente. Alexei responde con un tiro instintivo que derriba al alemán, pero el ruido desata una cadena. Ametralladoras MG34 abren fuego desde una posición elevada al oeste. Los soviéticos se arrojan tras troncos caídos. Grigori grita por el radio portátil de corto alcance.
Artemisa 3, fuego de supresión en coordenadas 215 380. Un mortero de 82 lilit soviético responde 30 segundos después, lanzando tres proyectiles que estallan cerca de la ametralladora alemana. No la destruyen, pero la obligan a cesar fuego. Grigori arrastra a Nikolay. La herida es superficial. La bala atravesó músculo sin tocar hueso y la patrulla corre los últimos 200 m bajo fuego intermitente.
Regresan a las 0940 horas con un muerto propio, dos heridos leves y la información más valiosa del frente norte. En el puesto de mando, Grigori extiende los mapas capturados ante el coronel Andrey Karpov, comandante del regimiento, un hombre de 53 años con cicatrices de la guerra civil. Karpov estudia las marcas alemanas y llama por radio al cuartel general del16º ejército.
Confirmo ataque enemigo sector Lovnia Cliasma, 7 de diciembre, hora 0500. Solicito artillería pesada, catius, si hay disponibles y adelanto de reservas siberianas. Nos prepararemos para retardo máximo. La respuesta llega en voz de un oficial de estado mayor con acento de Moscú. Negativo a Catius, comprometidos en Tula.
Artillería de 120 Penet disponible desde mañana 6 de diciembre. 20 cañones. Reservas siberianas arriban sector sur noche del 6. Redistribución al norte requiere 8 horas adicionales. Deben mantener puente y carretera hasta la noche del 7. Jukov confirma contra ofensiva general mañana del 8 aguantan. Karpov cuelga el auricular.
Capitán Sokolov, tiene usted 50 horas para convertir este bosque en un cementerio alemán. Grigori siente. Mitri a su lado murmura. 72 horas de combustible, 50 de combate, 20 de margen. Si algo falla, no hay margen. El resto del 5 de diciembre transcurre en preparación frenética. Nikolay con el hombro vendado supervisa el minado del puente, 200 kg de TNT distribuidos en tres cargas bajo los pilares centrales conectados por cable blindado a un detonador manual en una trinchera a 150 m. Cada carga se coloca con precisión
milimétrica. Nikolai calcula que la detonación simultánea colapsará el vano central en menos de 3 segundos. creando un hueco de 20 m, imposible de franquear, sin ingenieros y pontones. Simultáneamente, equipos de zapadores caban trincheras en zigzag a ambos lados de la carretera, camufladas con ramas y nieve.
Los cañones antitanque se entierran en posiciones de tiro con campos de fuego cruzados. Un tanque que avance por la carretera enfrentará fuego desde tres ángulos. Demitri organiza nidos de ametralladoras maxim en flancos elevados con servidores relevados cada dos horas para evitar congelamiento. Las municiones se redistribuyen.
Cada fusilero recibe 120 cartuchos. Cada ametralladora tres cintas de 250 proyectiles. Cada antitanque 24 granadas perforantes. Las raciones se reducen. Una comida caliente al día cada 6 horas. Los heridos leves permanecen en posición. Los graves son evacuados en trineos tirados por caballos hacia Moscú. Esa tarde, Gregory recibe una visita inesperada.
una anciana campesina de una aldea cercana evacuada, pero que regresó clandestinamente a buscar gallinas escondidas en un sótano. Los soldados la detienen. Ella insiste en hablar con el comandante. Grigori la recibe con cautela. Podría ser espía o colaboradora, pero la mujer solo quiere advertir, los alemanes han ocupado la casa de los Volkov a 2 km al oeste.
Hay un sótano donde guardan municiones. Vi camiones descargando cajas anoche. Grigory pregunta si los alemanes la vieron regresar. Ella niega, “Conozco los caminos del bosque desde niña.” Ellos no. Grigori enfrenta un dilema. Si la anciana dice la verdad, ese depósito de municiones blanco valioso que podría debilitar el ataque del 7 de diciembre.
Pero enviar un equipo de sabotaje implica riesgo y gasto de recursos. Además, ¿puede confiar en una civil que apareció de la nada? Demitri sugiere retenerla como precaución. Gregory decide de otro modo. Abuela, si nos miente, mueren muchos de mis hombres. Si dice la verdad, nos da una oportunidad. Voy a creerle, pero usted se queda aquí hasta que verifiquemos.
La anciana asiente. Hagan lo que tengan que hacer, hijo. Yo ya viví bastante. Esa noche Gregory envía un equipo de cinco hombres, incluidos Alexei y dos Zapadores, a verificar la información. Parten a las o horas bajo una luna oculta por nubes. El bosque está negro como boca de lobo. Avanzan con brújula y memoria del terreno.
A las 23:45 horas localizan la casa, una estructura de madera con luz tenue en ventanas. Alrededor, centinelas alemanes hacen rondas irregulares. Alexi cuenta cuatro guardias visibles, probablemente más adentro. Observan durante 30 minutos. Efectivamente, camiones llegan y descargan cajas que bajan a un sótano exterior.
Alexei estima que hay suficiente munición para abastecer un batallón durante 3 días de combate intenso. Eliminar ese depósito obligaría a los alemanes a traer suministros desde más lejos, retrasando o debilitando su ataque. Deciden actuar. La operación toma 20 minutos. Los zapadores colocan cargas de TNT en la puerta del sótano, mientras Alexei y los fusileros neutralizan silenciosamente a dos centinelas con cuchillos.
Un tercer centinela ve algo y grita. Alexei lo derriba con un disparo, pero la alarma está dada. Los alemanes salen de la casa disparando. Los soviéticos activan las cargas y corren. La explosión ilumina el bosque. El sótano estalla con violencia secundaria. Granadas, proyectiles de mortero, munición de fusil, que destruye la casa completa y mata a los alemanes más cercanos.
El equipo soviético huye bajo fuego persecutorio, pero la oscuridad los protege. Regresan a las 02:30 horas del 6 de diciembre con un herido leve y la confirmación de misión cumplida. Grigoriagradece a la anciana y la evacúa con los heridos hacia Moscú. Ella se va murmurando oraciones. Esa noche Grigory no duerme, recorre las trincheras, verifica que los hombres tengan mantas y que las armas no estén congeladas.
Se detiene junto a Iván Petrov, que tirita bajo una manta raída. Primera batalla, soldado. Ivanaciente. Tengo miedo, camarada. Capitán. Grigorí se sienta a su lado. Todos lo tenemos. El miedo no es cobardía, es tu cuerpo diciendo que lo que haces importa. Cuando empiece el fuego, no pienses en morir. Piensa en el camarada a tu derecha. Mantenlo vivo.
Eso es todo. Iván lo mira con ojos húmedos. Y si no puedo Grigor pone una mano en su hombro. Entonces yo lo haré por ti y Dimitri por mí y Alexei por Dimitri. Por eso somos compañía. se levanta y sigue su ronda. A las 0300 horas del 6 de diciembre, la temperatura cae a menos 28º. Los alemanes desde sus posiciones, encienden fogatas.
Los soviéticos no pueden permitirse ese lujo. Las llamas revelarían posiciones. Tiemblan en silencio. 6 de diciembre, 0620 horas. La artillería soviética llega. 20 cañones de 122,000 L remolcados por tractores acompañados por un batallón de infantería fresca. 300 hombres con uniformes limpios y rostros que todavía no han visto combate.
El comandante de artillería, mayor Yuri Sokolov, primo lejano de Grigori. Coincidencia que ambos notan con sonrisa amarga, despliega los cañones en posiciones escalonadas 2 km al este del puente. “Tengo munición para 300 disparos.” Inf. Después de eso, o ganamos o retrocedemos. Grigori coordina blancos prioritarios, concentraciones de infantería alemana en Crasnaya Poliana, posiciones de morteros identificadas en los mapas capturados y la carretera de aproximación.
A las 0800 horas, los soviéticos disparan la primera salva. 20 proyectiles de alto explosivo que cruzan el cielo con silvido agudo y estallan en el bosque alemán 5 km al oeste. Los observadores adelantados reportan impactos cerca de vehículos y tiendas. No hay confirmación exacta de bajas, pero el mensaje es claro.
Los soviéticos aún tienen dientes. La respuesta alemana llega a las 10:15 horas. Baterías de 105 pilumena abren fuego desde posiciones ocultas en colinas al noroeste. Los proyectiles caen en oleadas, primero exploratorios, luego concentrados sobre las trincheras soviéticas. Un impacto directo destruye un nido de ametralladora, matando a tres hombres y dejando un cráter humeante.
Otro cae a 20 m del puesto de mando, cubriendo todo de tierra helada y humo acre. Las estructuras de madera se astillan. Los hombres se entierran en el fondo de las trincheras, rezando que el próximo proyectil caiga más lejos. Grigori ordena a la artillería contraatacar, pero Yuri responde frustrado. Demasiado lejos. No detecto sus baterías.
Necesito observadores más adelantados o aviones de reconocimiento. No hay aviones disponibles. El duelo se vuelve asimétrico. Los alemanes disparan con impunidad mientras los soviéticos absorben castigo. A mediodía, los soviéticos han sufrido 18 muertos. 30 heridos y dos cañones antitanque inutilizados por impactos cercanos que dañaron mecanismos de puntería.
Dimitri, desde su trinchera, calcula con voz ronca, “A este ritmo, en 24 horas no tendremos línea defensiva, pero el frío es aliado imparcial. A las 140 horas la temperatura cae a -32 gr. Los alemanes reducen su fuego. El aceite de retroceso de los cañones se congela volviéndose viscoso. Los mecanismos se atascan.
Los servidores sufren entumecimiento en dedos que dificulta la manipulación de proyectiles. Algunos soldados de la Bermacht sufren congelamiento en dedos y orejas. Los evacuados saturan sus puestos de socorro improvisados. Los soviéticos mejor adaptados, ropas acolchadas de algodón, valenqui de fieltro, chapcas con orejeras y sobre todo generaciones de experiencia en inviernos que matan, mantienen operatividad.
Grigori aprovecha la pausa para reorganizar. Mueve una sección de fusileros al flanco sur para cubrir un punto débil identificado durante el bombardeo. Refuerza el puente con sacos de arena congelada que forman un parapeto improvisado y envía a Alexei en misión de francotirador a 400 m de las líneas alemanas con órdenes específicas.
Eliminar oficiales y observadores de artillería. Alexei parte solo con su Mossin Nagant. 200 cartuchos y una manta blanca como camuflaje. Se arrastra durante 2 horas hasta una posición elevada entre rocas cubiertas de nieve con vista despejada hacia las trincheras alemanas. Se camufla bajo nieve y ramas, inmóvil durante horas, respirando lento para evitar vao visible, la paciencia del francotirador.
A las 17:30 horas, un oficial alemán con binoculares y mapas aparece en una trinchera elevada, probablemente coordinando fuego de artillería. Alexi calcula distancia 380 m. Ajusta por viento lateral de 8 km por hora y temperatura que altera balística. Exhala lento, aprieta suavemente. El disparo resuena seco.
El oficial caehacia atrás, los binoculares cayendo de sus manos. Alexei no espera confirmación. Se arrastra 100 m al norte antes de que los alemanes respondan con fuego de mortero en su posición anterior. Durante la noche elimina otros tres blancos, un sargento organizando patrullas, un operador de radio y un observador en torre improvisada. Cada baja desorganiza un poco más la máquina militar alemana.
regresa al amanecer del 7 de diciembre exhausto pero intacto. Esa noche del 6 de diciembre, Grigori recibe un mensaje cifrado del cuartel general. Contraofensiva confirmada, 8 diciembre, 040 horas. Frente completo. Tres ejércitos primero de choque C9 atacan simultáneamente sectores norte, centro, sur. Objetivos: Clean, Istra, Kalinin.
Vuestra misión fijar fuerzas enemigas sector Lovnia, impedir repliegue alemán hacia clin, resistir hasta contacto con punta de lanza siberiana, estimado 8 diciembre 14 horas. Sukov firma, victoria o muerte. Grigori lee el mensaje a sus oficiales en la privacidad del refugio subterráneo. Mitri pregunta con voz cansada, “¿Cómo fijamos fuerzas enemigas si apenas aguantamos?” Nicolay responde mientras revisa conexiones eléctricas del detonador, “Haciéndoles creer que pueden ganar.
Si atacan mañana como planeaban, los mantenemos ocupados aquí mientras nuestras reservas los golpean por los flancos. Si intentan retroceder, los perseguimos y no los dejamos desengancharse. Grigoria siente. Exacto. Mañana no se trata de vencer, se trata de no dejarlos escapar. Somos el yunque, los siberianos, el martillo. 7 de diciembre, 0450 horas.
El ataque alemán comienza con un bombardeo masivo que convierte el amanecer en infierno. Morteros de 81 m, artillería de 105 y piezas antiaéreas de 88,000 pero en tiro directo contra las posiciones soviéticas concentran fuego durante 20 minutos. El suelo tiembla continuamente. Los árboles estallan en astillas que vuelan como metralla.
Trincheras mal reforzadas colapsan sepultando hombres que gritan bajo tierra helada. Grigory, agazapado en su refugio, reforzado con vigas de madera, siente la presión de las ondas expansivas en el pecho como puñetazos. Un proyectil cae tan cerca que el refugio se sacude y tierra cae del techo. A las 05 horas el fuego cesa.
Silencio antinatural que hace zumbar los oídos. Luego el rugido grave de motores diésel, tanques pancerse y cuarto avanzan por la carretera en columna acompañados por semiorugas Hanomag, cargados con infantería equipada con subfusiles MP40 y lanzallamas. Grigori ordena por radio a todas las posiciones.
Esperen, dejen que entren en la zona de muerte. Fuego solo a mi señal. Los tanques ruedan pesados sobre la nieve compacta de la carretera, acercándose al puente con confianza mecánica. 300 m, 250, 200. Grigori cuenta mentalmente la mano en el auricular de radio. 150 m. Las torretas de los Panther giran buscando blancos. Fuego.
Los cañones antitanque de 45 de met disparan al unísono desde tres posiciones camufladas. Seis proyectiles atraviesan el aire helado. Tres impactan el pancer líder. Uno rebota en el blindaje frontal con chispa brillante. Otro atraviesa la oruga derecha con estruendo metálico, inmovilizando el tanque. El tercero penetra la torreta por una junta débil y explota adentro matando a la tripulación.
El tanque se detiene en llamas negras que contrastan con la nieve blanca. Los páncers siguientes intentan maniobrar, pero la carretera es estrecha, apenas 8 m de ancho, flanqueada por zanjas profundas camufladas con nieve. Uno intenta salir de la carretera y cae en una zanja, quedando con las orugas girando inútilmente en el aire.
Otro es alcanzado por dos proyectiles simultáneos en el motor trasero. Estalla con detonación secundaria que lanza la torreta 3 m al aire. La columna se detiene en caos. La infantería alemana desembarca rápidamente y avanza entre los tanques, usando los cascos como cobertura mientras disparan subfusiles hacia las posiciones soviéticas.
Las ametralladoras maxim soviéticas abren fuego desde flancos elevados, ráfagas largas y metódicas que barren la carretera con plomo. Los alemanes se arrojan a cubierto detrás de tanques o en zanjas poco profundas, pero los cañones de 120 mm soviéticos entran en acción desde posiciones lejanas, lanzando proyectiles de fragmentación que estallan sobre las concentraciones de infantería.
La carretera se convierte en matadero, tanques ardiendo, infantería fragmentada, humo negro mezclado con nieve y sangre. Pero los alemanes no retroceden. Son veteranos endurecidos por 1000 km de avance. Han tomado Varsovia, París, Kiev. Reganizan bajo fuego con disciplina profesional. Los tanques restantes disparan proyectiles de alto explosivo contra las posiciones antitanque identificadas, destruyendo dos en sucesión con impactos directos que vaporizan cañón y tripulación.
La infantería flanquea por el bosque en grupos pequeños usando granadas de mano y lanzallamas portátiles contra los nidos de ametralladoras.Un grupo alcanza una trinchera soviética y la toma tras combate feroz con granadas. A las 06:30 horas, los alemanes han avanzado 100 m, tomado una posición clave y establecido ametralladora MG34 que barre con fuego la carretera impidiendo movimiento soviético.
Grigori ordena contraataque inmediato. Una sección de 30 hombres liderados por Dmitri asalta la trinchera perdida con bayonetas y granadas. El combate es brutal. Cuerpo a cuerpo en espacios cerrados donde fusiles son inútiles. Cuchillos, culatas, piedras, puños. Dimitri mata a dos alemanes con su pistola tocarev a quemarropa.
Luego usa un palo de madera roto para golpear a un tercero en el cráneo. La trinchera es recuperada tras 5 minutos de violencia primitiva, pero Dmitri cae herido por metralla de granada en la pierna izquierda. Ivan Petrov, que lo acompaña temblando, pero disparando, arrastra al sargento acubierto bajo fuego y aplica torniquete improvisado con su cinturón de cuero. Bien hecho, muchacho.
Jade Dmitri escupiendo sangre. Ivan no responde. Está llorando y disparando al mismo tiempo. El miedo convertido en furia mecánica. A las 0800 horas, los alemanes lanzan segunda oleada más infantería apoyada por cañones autopropulsados Stew G30, vehículos blindados bajos con cañón de 75 aime que disparan proyectiles de alto explosivo contra las trincheras soviéticas.
Uno de los disparos impacta el puesto de mando regimental, parcialmente enterrado, penetrando el techo de troncos y estallando adentro. La explosión mata al coronel Karpov instantáneamente junto a dos oficiales de su estado mayor. Grigori, que estaba fuera verificando reservas de munición con Nicolai, sobrevive.
Cuando llega al refugio encuentra solo escombros humeantes y cuerpos mutilados. Sin dudar, no hay tiempo para duelo. Asume mando del regimiento. Su primera orden por radio general. Habla Socolov. Karpov muerto. Asumo mando. Todas las unidades mantienen posición. Repetir, mantienen posición. Nicolay, prepara el puente.
Si cruzan con blindados, lo volamos. Nikolay, desde su trinchera junto al detonador confirma con voz tensa. Entendido, cargas listas. Pero Grigory sabe que volar el puente es admitir derrota táctica. Los siberianos necesitarán ese puente intacto para lanzar su contraataque. Es la última carta, solo si todo colapsa.
Entre las 090 y las 12 ser horas, el combate se estabiliza en brutal paridad. Los alemanes no pueden avanzar más sin sufrir bajas prohibitivas. Los soviéticos no pueden expulsarlos sin refuerzos. La línea de contacto oscila 50 m hacia adelante y atrás en oleadas sangrientas. Alexei, desde una posición elevada nueva, elimina seis soldados alemanes con igual número de disparos, cada uno oficial, sargento u operador de arma pesada, pero una bala de contrafancotirador alemán le roza la oreja izquierda, obligándolo a cambiar
de posición sangrando. La artillería de ambos bandos agota municiones gradualmente. Los intervalos entre salvas se alargan. Los maxim sobrecalentados, a pesar del frío, se rompen con mecanismos fundidos. Los fusiles se atascan por acumulación de residuos congelados que requieren limpieza frenética entre disparos.
Los hombres pelean exhaustos, hambrientos desde hace 30 horas, congelados hasta los huesos, sordes por explosiones, algunos heridos, pero en posición porque no hay reemplazos. Grigori pierde la noción del tiempo. Solo hay blancos que identificar, órdenes que gritar, heridos que arrastrar, munición que redistribuir de muertos a vivos.
A las 13:15 horas, un evento inesperado rompe el estancamiento. Desde el sur lejano, el sonido profundo de artillería pesada, no alemana, sino soviética. El timbre característico de cañones de 152 mm. Gregory mira el reloj con incredulidad. La contraofensiva de Chukov ha comenzado 15 horas antes de lo previsto. El oficial de enlace logra establecer comunicación fragmentada por radio con el cuartel general y explica entre interferencias, condiciones meteorológicas mejoraron sector sur.
Visibilidad suficiente para ataque aéreo coordinado. Sukov adelantó operación aprovechando ventana. Primer ejército de choque está rompiendo líneas alemanas en Jack Roma. Décimo ejército avanza desde Riazán. Presión simultánea en todos los sectores. Aguanten refuerzos en camino. Los alemanes frente a Grigori perciben el cambio inmediatamente.
Sus oficiales gritan órdenes confusas por radio. Algunos soldados miran hacia atrás con inquietud visible. La coordinación se degrada. Grigory reconoce el momento psicológico. Grita por megáfono improvisado. Camaradas, los nuestros avanzan. Es nuestra hora. Todos asalto general. Adelante. Los soviéticos, revitalizados por la noticia como si hubieran bebido bodca puro, salen de trincheras y cargan gritando urra.
Los alemanes, sorprendidos por la agresividad súbita de hombres, que parecían acabados y conscientes de que sus flancos colapsan en otros sectores, comienzan a replegarse con ciertodesorden. La persecución dura 2 horas caóticas. Los soviéticos recuperan 300 m de bosque metro a metro. capturan un estugue 3 averiado con tripulación que se rindió después de agotar munición y hacen prisioneros a 23 soldados alemanes exhaustos que prefieren rendirse antes que congelarse en retirada sin suministros.
Pero Grigori no persigue más allá de la línea de partida del amanecer. Sus hombres están al límite absoluto de resistencia humana, las municiones casi agotadas. Algunos fusiles disparan sus últimos cartuchos y la oscuridad se aproxima. A las 15:40 horas ordena consolidar posiciones y organizar defensa por si los alemanes contraatacan durante la noche.
Los ingenieros retiran cuidadosamente las cargas explosivas del puente bajo supervisión de Nikolai. ya no será necesario destruirlo. A las 1800 horas, mientras cae la noche y la temperatura desciende a -35 gr, la primera columna siberiana aparece por la carretera del este, tropas frescas con esquíes, uniformes blancos de camuflaje invernal, ametralladoras de Tiarev DP27 y, milagrosamente termos metálicos de té caliente que distribuyen entre los defensores.
Un teniente coronel siberiano de rostro curtido saluda a Grigor con respeto. Excelente trabajo, camarada. Capitán, nosotros tomamos desde aquí. Descansen. Han ganado su derecho. Grigori casi se derrumba de alivio físico y emocional. Algunos de sus hombres lloran abiertamente, otros simplemente se sientan en la nieve incapaces de moverse. 8 de diciembre, 0700 horas.
La contraofensiva soviética avanza en todo el frente con ímpetu inesperado. Grigori y los restos de su compañía de 900 hombres hace 3 días quedan 620 efectivos, muchos heridos, son relevados oficialmente y retroceden 5 km para reagruparse en una aldea evacuada. Pasan junto a columnas interminables de tanques T34 con estrellas rojas pintadas, camiones CIS5 cargados de infantería cantando canciones de guerra, piezas de artillería de 76 m y 122 m remolcadas por tractores hacia el oeste y columnas de prisioneros alemanes
vigilados que caminan con la cabeza baja. Moscú no ha caído, la marea ha cambiado. Los alemanes retroceden hacia clin en primer lugar, luego hacia Viasma, perseguidos por fuerzas soviéticas que huelen sangre. En los días siguientes, el ejército rojo recupera Kalinin el 16 de diciembre, Clean el 15, Istra el 26, alejándola Vermacht entre 80 y 200 km de Moscú, dependiendo del sector.
La operación Tifón ha fracasado, la invasión detenida. En un refugio improvisado con estufa de leña, Demitri, con la pierna enyesada y muletas talladas, comparte bodca requisado con Gregory. 5co días, murmura mirando el líquido transparente. Dijiste que solo necesitabas cinco días, los diste. Dimos.
Grigori niega con la cabeza lentamente. No fui yo. Fueron Nikolay poniendo explosivos bajo fuego enemigo. Alexei disparando con menos 30 grados. Iban arrastrándote cuando caíste. Fueron los 900. Demitri levanta la taza de estaño abollada. Entonces brindemos por los 900 y por los 280 que no volvieron. beben en silencio roto, solo por el crepitar del fuego.
Alexei con vendaje en la oreja se une sin palabras. Ivan Petrov, que ha envejecido 10 años en 5 días, limpia su fusil por centésima vez con movimientos automáticos. Nikolai anota números en su cuaderno mojado. Bajas, munición gastada, explosivos utilizados. Los números nunca mienten. Dos semanas después, cuando el correo militar finalmente alcanza las unidades, Grigori recibe carta de Katia con matas del 10 de diciembre.
Ella ha escuchado en Radio de Moscú que la Vermact retrocede, que la capital resiste, que el invierno ayuda. Escribe con letra temblorosa. No sé dónde estás, Grisha, ni si carta te encontrará. Las noticias dicen que los alemanes están lejos ahora. Dicen que hubo batallas terribles en los bosques al norte.
Si estuviste en esos bosques, sé que hiciste lo imposible. Ania pregunta por ti cada noche antes de dormir. Dice que papá está peleando contra los lobos malos. Le digo que sí, que papá es muy valiente. Vuelve cuando puedas. Te esperamos. Gregory dobla carta con manos temblorosas y la guarda en su uniforme junto al corazón en el bolsillo interior, donde lleva también una fotografía descolorida de su boda.
Sabe que la guerra durará años todavía. Stalingrado, Kursk, Berlín están en el futuro, que Moscú fue solo el principio del camino largo, pero por primera vez desde junio de 1941 cree sinceramente que es posible vencer. Años después, cuando historiadores con acceso a archivos desclasificados calculen costos, determinarán que la defensa de Moscú costó a la Unión Soviética aproximadamente un millón de bajas entre muertos, heridos y desaparecidos en combate durante noviembre y diciembre de 1941.
Los alemanes perdieron 250,000 hombres entre bajas y congelados y nunca recuperaron la iniciativa estratégica en el Frente Oriental. Pero esos números fríos no capturan lo esencial, que una ciudad no cae porkilómetros medidos en mapas de estado mayor, sino por voluntades humanas rotas, y que en diciembre de 1941, en un bosque congelado 11 km al norte del Kremlin, hombres ordinarios con nombres que la historia oficial olvidó, Gregory, Dmitri, Alexei, Nikolay, Ivan y 895 más compraron con sangre y frío los 5 días que cambiaron la guerra. El puente
sobre el CIAma aún existe, reconstruido después de la guerra y ahora transitado por camiones civiles que llevan mercancías entre Moscú y el Norte. Las trincheras fueron cubiertas por nieve, luego por tierra, luego por vegetación que crece sin memoria. Los casquillos oxidados, las granadas sin explotar y los huesos de quienes decidieron que 11 km eran 11 km demasiados, permanecen bajo los abetos en la tierra que fue zona de muerte durante 5co días de diciembre.
Moscú no cayó porque ellos no cayeron primero, porque Grigory eligió creer a una anciana campesina, porque Alexei disparó con dedos congelados. Porque Dmitri contraatacó con una pierna destrozada. Porque Nikolay calculó cargas explosivas con precisión milimétrica. Porque Iván Petrov, con 19 años y terror en el pecho, salvó a su sargento en lugar de huir.
Porque 900 hombres decidieron que 72 horas de combustible eran suficientes para comprar tiempo que las divisiones siberianas convirtieron en victoria. La historia oficial habla de la brillantez de Shukov, del heroísmo del pueblo soviético, del general invierno que derrotó a Hitler como había derrotado a Napoleón.
Todo eso es verdad. Pero la verdad más profunda está en los nombres olvidados, en los que resistieron cuando resistir parecía inútil, en los que pelearon no por Stalin ni por el comunismo, sino por 11 km separaban a sus familias de las divisiones Pancer. Grigory Sokolov sobrevivió la guerra. Peleó en Stalingrado, en Kursk, cruzó Europa hasta Berlín.
regresó a Moscú en mayo de 1945 con medallas que guardó en un cajón y nunca mostró. Trabajó como ingeniero civil, reconstruyendo lo que la guerra había destruido. Murió en 1978 sin haber escrito memorias. Katia guardó sus cartas en una caja de metal que sus nietos encontraron décadas después. Demitri Volkov perdió la pierna en una infección posterior.
Recibió pensión de invalidez y vivió en un apartamento comunal enseñando ajedrez a niños del barrio. Murió en 1963. Alexei Orlov continuó como francotirador hasta 1943 cuando una herida en el pulmón lo retiró del servicio activo. Trabajó como instructor de tiro hasta su muerte en 1981. Nikolay Belov regresó a construir puentes en Moscú.
Uno de ellos sobre el río Moscova, todavía lleva tráfico diario. Murió en un accidente de obra en 1952. Ivan Petrov sobrevivió toda la guerra sin un rasguño. Después de aquel diciembre regresó a Tula, se casó, tuvo cuatro hijos. Nunca habló de la guerra, excepto una vez, borracho en su cumpleaños 70, cuando lloró recordando cómo había arrastrado a Dmitri bajo fuego.
Murió en 1999. Sus nombres no están en monumentos, pero sin ellos Moscú hubiera caído en diciembre de 1941 y la historia del siglo XX sería otra. 5 días, 120 horas, 11 km. Eso fue todo lo que se necesitó para cambiar el mundo.
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