El destino de las mujeres francesas que colaboraron con los alemanes

Existe un término en latín denominado Væ victis, cuyo significado puede entenderse como “dolor al conquistado” o “¡Ay de los vencidos!”. Esta frase, originaria del 390 a. C., ha sobrevivido hasta nuestros días empleándose para hacer notar la impotencia del vencido ante el vencedor después de una guerra, estando completamente a merced de ellos y no esperando indulgencia alguna.
Aunque este término se emplea entre vencedores y vencidos, considero que su significado puede llegar a comprender otros contextos. Como bien se sabe, el final de la Segunda Guerra Mundial no implicó el fin automático de la violencia. Dentro de este contexto, las más propensas a sufrir los estragos causados por el conflicto, fueron las mujeres.
Para ellas, la guerra se prolongó hasta mucho después de la capitulación de los vencidos. Cuando se habla de este tema de violencia contra las mujeres, uno por instinto piensa en las violaciones de mujeres alemanas por soldados soviéticos; no por nada es considerada la mayor violación masiva de la historia.
Sin embargo, un hecho que no ha sido tan abordado como debería, es la violencia perpetrada contra las mujeres francesas. En este canal ya hemos hablado, en una primera aproximación a este tema, de las violaciones de soldados aliados contra mujeres francesas durante y después de la liberación, pero un hecho que no se tocó, fue el tema de la violencia contra las mujeres que colaboraron o que entablaron algún tipo de relación con los alemanes durante la ocupación; en este caso, los encargados de cometer
tales actos fueron los propios franceses. El día de hoy seguidores, vamos a descubrir el crudo destino de las mujeres francesas que fueron acusadas de colaboracionismo y porqué su trato fue tan distinto comparado al de los hombres que también colaboraron con los alemanes.
Bienvenido a Mini Historias de Guerra… La vida de las mujeres cambió de muchas maneras durante la Segunda Guerra Mundial. Como ocurre con la mayoría de las guerras, muchas de ellas vieron ampliadas sus funciones, oportunidades y responsabilidades. Pero la guerra también redunda en la especial degradación de las mujeres, como víctimas de la violencia sexual.
A medida que los ejércitos aliados iban adentrándose en suelo francés y liberando cada pueblo y ciudad de la ocupación alemana, una nueva ola de violencia iba apoderándose del país contra aquellas personas acusadas de colaboracionismo. Estos acontecimientos, fueron más tarde denominados como la “Purga Salvaje” o el “Carnaval Feo”, que buscaba, en términos simples, ejercer una justicia por mano propia contra los traidores a la nación francesa.
Y tal y como se desprende del concepto de justicia por mano propia, esta resultó en desproporcionada, inequitativa y atravesada por sentimientos de ira y odio que nublaban su aplicación. No obstante, la particularidad de la Purga Salvaje no buscaba necesariamente la muerte de las personas que colaboraron, sino que se distinguió por querer avergonzar a los colaboradores frente a todo el pueblo, especialmente, a las mujeres.
En el caso particular de ellas, este episodio se relaciona con la llamada “Colaboración Horizontal”, término acuñado por la historiografía francesa para referirse a las relaciones románticas o sexuales de manera voluntaria que muchas mujeres francesas tuvieron con miembros de las fuerzas de ocupación alemanas.
Estas, estaban muy extendidas en todo el territorio francés y muchas, inclusive, se mantuvieron con el paso del tiempo. Pero cuando los ejércitos aliados comenzaron con la liberación de la ocupación alemana, tras ellos, dejaron muchas mujeres que terminarían siendo acusadas por mantener relaciones íntimas con el enemigo, siendo castigadas salvajemente por las autoridades y habitantes locales o por los grupos de resistencia.
¿Pero cuál era la situación de Francia en esos momentos que hizo tan propensa esta nueva ola de violencia sin control? Una vez que los Aliados aseguraron la cabeza de playa de Normandía, su llegada hacia París era cuestión de tiempo. Bajo esa idea, la actividad de la Resistencia francesa se intensificó notablemente, pero a diferencia de lo que algunas imágenes muestran sobre la cohesión social de los franceses, la realidad era otra.
Los grupos de lo que se considera a la Resistencia francesa e incluso dentro del propio ejércitode liberación del general De Gaulle, estaban fuertemente divididos entre comunistas, republicanos y sindicalistas españoles antifranquistas, socialistas, nacionalistas de derecha y demócratas franceses. A pesar de ello, el general francés estaba decidido a ver la liberación de París como una gran victoria lograda por todos los franceses en su conjunto.
Tras los cruentos combates y escaramuzas, los franceses y estadounidenses habían llegado a la capitaly celebraron su triunfo conjunto en los Campos Elíseos. Luego cuatro largos años de ocupación, la liberación y soberanía habían llegado para los franceses, pero tras de sí, y aunque suene irónico, quedaba un enorme vacío de poder a lo largo y ancho del país.
Y es que los esfuerzos de las autoridades para restablecer la autoridad francesa en los pueblos y ciudades recién liberados fueron a menudo desordenados y caóticos. Se empezó por dar caza a las autoridades locales designadas por los alemanes que colaboraron activamente con ellos. Algunos fueron linchados y ejecutados públicamente, y otros con más suerte, fueron enviados a centros de detención.
Sin embargo, los castigos más publicitados de la Purga Salvaje estaban reservados para todas las mujeres que fueron acusadas de haber mantenido un romance con los ocupantes alemanes. En 1944, más de 20 000 francesas fueron “juzgadas” y “condenadas”, por decirlo de algún modo, como “colaboradoras horizontales”.
El procedimiento de humillación popular para ellas seguía un mismo patrón. Una vez que estas eran identificadas por los habitantes y autoridades locales, las reunían en alguna plaza o calle concurrida, donde eran sometidas a burlas, insultos y golpes por parte de la multitud, y en algunos casos, inclusive se las desnudaba y se las untaba con alquitrán.
Tras ello, se las obligaba a marchar por las calles principales hasta las escaleras del ayuntamiento. Allí, en plataformas elevadas, se les cortaba el cabello y se pintaban esvásticas en sus frentes. A estas mujeres se las denominaba “femme tondue” (mujeres afeitadas) y eran fácilmente identificables.
Cabe resaltar, que todo esto ocurría ante la atenta mirada de los observadores extranjeros, especialmente a la de los fotoperiodistas estadounidenses, a los cuales les parecían desconcertantes demostraciones de salvajismo medieval. Uno de ellos resaltó: «Después de todo, ningún hombre traidor en Francia fue tratado de manera tan humillante».
En esa línea, Jock Colville, el secretario de Winston Churchill, escribió:
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