El primer presidente del país embarazó 7 veces a la esclava que era pariente de su esposa

En el año 1743, en la colonia británica de Virginia, nació un hombre que habría de convertirse en uno de los arquitectos fundamentales de una nueva nación. Thomas Jefferson llegó al mundo en Shwell, una plantación ubicada en las faldas de las montañas Blue Rich, en un territorio que los colonos europeos habían arrebatado a los pueblos indígenas apenas unas generaciones antes.
Su padre Peter Jefferson era un plantador próspero y agrimensor que había acumulado tierras y esclavos mediante una combinación de trabajo duro, matrimonio ventajoso y la explotación sistemática del trabajo forzado de personas africanas y sus descendientes. La Virginia del siglo XVII era una sociedad construida sobre contradicciones fundamentales.
Por un lado, los plantadores de la élite se consideraban herederos de la tradición republicana clásica, admiradores de Cicerón y defensores de la libertad individual frente a la tiranía. Por otro lado, su riqueza, su ocio y su capacidad para dedicarse a la filosofía y la política dependían enteramente del trabajo no remunerado de miles de seres humanos a quienes la ley consideraba propiedad.
Esta contradicción no era invisible para ellos. Muchos la reconocían, la lamentaban en sus escritos privados y, sin embargo, continuaban beneficiándose de ella sin tomar medidas significativas para abolirla. El joven Jefferson recibió la educación clásica que correspondía a un caballero de Virginia.
Estudió latín, griego, francés e italiano. Leyó a los filósofos de la ilustración, Lock, Montesqu, Volter. Ingresó al College of William and Mary a los 16 años, donde desarrolló un interés apasionado por la ciencia natural, la arquitectura y el derecho. Su mentor, George Wht le transmitió no solo conocimientos jurídicos, sino también principios sobre la igualdad natural de los seres humanos que Jefferson incorporaría a sus escritos más célebres.
Para entender la historia que aquí se narra, es necesario comprender primero el sistema legal y social que gobernaba la esclavitud en Virginia. La ley colonial había establecido desde el siglo XV el principio del partus seitur ventrem. La condición del hijo seguía la condición de la madre. Esto significaba que cualquier hijo nacido de una mujer esclavizada era automáticamente esclavo, independientemente de quién fuera el padre.
Esta disposición legal tenía consecuencias devastadoras. Permitía que los propietarios de esclavos engendraran hijos con las mujeres que poseían sin ninguna obligación legal hacia esa descendencia. Los hijos resultantes se convertían en propiedad adicional que podía ser vendida, heredada o explotada como cualquier otro bien.
La sociedad de Virginia había desarrollado un elaborado sistema de códigos y silencios en torno a estas relaciones. Todos sabían que ocurrían. Nadie hablaba de ellas públicamente. Los hijos de estas uniones a menudo trabajaban junto a sus medio hermanos blancos sin que nadie reconociera el parentesco. Las esposas de los plantadores fingían no ver a los niños de piel clara que nacían en los cuarteles de esclavos.
Los visitantes extranjeros se escandalizaban, pero los virginianos habían normalizado esta hipocresía hasta el punto de que cuestionarla se consideraba una violación del decoro social. En 1772, Thomas Jefferson contra matrimonio con Martha Wales Skelton, una joven viuda de 23 años que le aportó una dote sustancial.
Además de tierras y dinero, heredaría tras la muerte de su padre más de 100 personas esclavizadas. Marta era hija de John Wales, un abogado y comerciante de 12. Esclavos que había amasado una considerable fortuna en Virginia. Lo que pocos discutían abiertamente, pero muchos conocían, era que John Wales había mantenido una relación prolongada con una mujer esclavizada llamada Elizabeth Hemings tras la muerte de su tercera esposa.
De esta relación nacieron seis hijos, entre ellos una niña llamada Sara, conocida como Sally, nacida en 1773. Esto significa que Sally Hemings era media hermana de Martha Jefferson. compartían el mismo padre. Cuando John Wales murió en 1773, Elizabeth Hemings y sus hijos pasaron a formar parte de la propiedad que Marta heredó y que por las leyes de la época quedó bajo el control de su esposo Thomas Jefferson.
De este modo, la media hermana de su esposa se convirtió en propiedad de Jefferson. Sally Hemings tenía entonces apenas unos meses de edad. La carrera política de Jefferson avanzaba mientras su vida doméstica se complicaba. En 1776 redactó el documento que lo haría inmortal, la declaración de independencia de los Estados Unidos.
Las palabras que escribió resuen a través de los siglos. Sostenemos como evidentes estas verdades, que todos los hombres son creados iguales, que son dotados por su creador de ciertos derechos inalienables, que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Estas palabras escritas por un hombreque en ese momento poseía a más de 150 seres humanos representan una de las contradicciones más estudiadas de la historia estadounidense.
Jefferson era plenamente consciente de ella. En un borrador original de la declaración incluyó un párrafo condenando el comercio de esclavos como una guerra cruel contra la naturaleza humana misma. Pero este pasaje fue eliminado por el Congreso continental para no ofender a los estados del sur, cuya economía dependía de la esclavitud.
La década de 1770 y principios de 1780 fueron años de intensa actividad para Jefferson. Sirvió como gobernador de Virginia durante la guerra de independencia. Redactó el estatuto de Virginia para la libertad religiosa y comenzó a desarrollar las ideas que plasmaría en sus notas sobre el estado de Virginia.
En este último texto, Jefferson expresó opiniones contradictorias sobre la esclavitud y la raza. Por un lado, condenó la institución como moralmente corrupta y corruptora. Por otro lado, especuló sobre la supuesta inferioridad natural de los africanos, teorías que no tenían base científica, pero que servían para justificar la continuación del sistema del que se beneficiaba.
Martha Jefferson, mientras tanto, sufrió los efectos devastadores de los embarazos repetidos en una época sin medicina moderna, entre 1782 y 1782, dio a luz seis veces. Solo tres de sus hijos sobrevivieron la infancia y ella misma quedó cada vez más debilitada. El 6 de septiembre de 1782, Martha Jefferson murió a los 33 años, dejando a su esposo devastado por el dolor.
Según los relatos familiares, en su lecho de muerte le hizo prometer que nunca volvería a casarse. Jefferson cumplió esa promesa de manera literal, aunque no en espíritu. Tras la muerte de Marta, Jefferson se sumió en una profunda depresión. Durante meses apenas salía de su habitación, caminaba incesantemente, montaba a caballo hasta el agotamiento y quemó toda la correspondencia entre él y su esposa.
Este periodo de duelo terminó cuando aceptó el nombramiento como ministro plenipotenciario en Francia, cargo que lo llevaría a París y cambiaría el curso de varias vidas. En 1784, Jefferson partió hacia Francia, acompañado de su hija mayor, Marta, llamada Patsi, dejando a sus otras dos hijas, Mary, llamada Poly, y Lucy en Virginia al cuidado de familiares.
Lucy murió de Toserina en 1785 y Jefferson ordenó que trajeran a la pequeña Mary a Francia. La niña de apenas 8 años fue acompañada en el viaje por una joven esclavizada de Mindis. 14 años. Sally Hemings. La llegada de Sally Hemings a París en 1787 marca el comienzo de una historia que permanecería oculta, negada y distorsionada durante más de dos siglos.
Para comprender lo que significaba ser una persona esclavizada en la Francia de esa época, es necesario entender las leyes francesas sobre la esclavitud. Francia había abolido la esclavitud en su territorio metropolitano, aunque la mantenía en sus colonias caribeñas. Técnicamente, cualquier esclavo que pisara suelo francés quedaba libre.
Sally Hemings, por tanto, tenía derechos legales en Francia que no poseía en Virginia. Podía haber reclamado su libertad ante los tribunales franceses y probablemente la habría obtenido. Este detalle legal es fundamental para entender la complejidad de la situación. Sally Hemings no era una mujer sin opciones en París.
Sabía o llegaría a saber que la ley francesa la protegía. Sin embargo, elegir la libertad en un país extranjero, sin recursos, sin familia cercana, sin conocimiento del idioma, significaba abandonar a todos los seres queridos que permanecían esclavizados en Virginia, su madre Elizabeth, sus hermanos, toda su comunidad.
La libertad que Francia ofrecía era una libertad abstracta, mientras que los lazos humanos que la ataban a Virginia eran concretos e inmediatos. Jefferson, mientras tanto, se estableció como una figura central en los círculos intelectuales y diplomáticos de París. Frecuentaba los salones, discutía con los filósofos, observaba con fascinación e inquietud los primeros movimientos de lo que se convertiría en la Revolución Francesa.
Mantuvo correspondencia con científicos, artistas y pensadores de toda Europa. Su reputación como autor de la declaración de independencia le abría todas las puertas. Era recibido como el representante de un experimento político sin precedentes, una república fundada sobre principios de igualdad y libertad.
La ironía de esta situación no requiere comentario. El hombre que encarnaba los ideales revolucionarios de libertad ante los ojos de Europa vivía servido por personas a quienes negaba esa misma libertad. Sally Hemings, adolescente ilegalmente libre en suelo francés, permanecía atrapada en una red de dependencia, lealtad familiar y poder asimétrico que hacía imposible cualquier ejercicio genuino de autonomía.
Los años parisinos de Jefferson fueron formativos para su pensamiento políticoy estético. Desarrolló su amor por la arquitectura neoclásica. coleccionó libros obsesivamente y refinó sus ideas sobre la educación y el gobierno republicano. También fueron los años en que comenzó una relación con Sally Hemings, cuya naturaleza exacta ha sido objeto de debates históricos durante generaciones.
En 1789, cuando la Revolución Francesa estallaba en las calles de París, Jefferson preparaba su regreso a Estados Unidos. había sido llamado por el presidente Washington para servir como primer secretario de Estado de la Nueva Nación. Sally Hemings, según el testimonio posterior de su hijo Madison, negoció con Jefferson en este momento.
Estaba embarazada y sabía que tenía el derecho legal de permanecer libre en Francia. Jefferson, según este relato, le prometió que sus hijos serían liberados al cumplir 21 años si ella regresaba con él a Virginia. No sali aceptó. regresó a la esclavitud confiando en la palabra de un hombre que la poseía legalmente.
Este acuerdo, si ocurrió como Madison Hemins lo describió décadas después, revela la extraordinaria complejidad de las relaciones de poder bajo la esclavitud. Sally Hemins ejerció una forma de agencia dentro de un sistema diseñado para negarle cualquier agencia. negoció con las pocas herramientas que tenía.
Pero es fundamental no romantizar esta negociación. El poder fundamental permanecía del lado de Jefferson. Él podía incumplir su promesa sin consecuencias legales. Ella no tenía ningún recurso si lo hacía. Su elección de regresar fue una elección entre opciones terribles, no una expresión de libertad genuina. El hijo que Sally Hemings esperaba en París murió poco después del regreso a Virginia.
Este primer embarazo documentado en Francia es significativo porque establece que la relación sexual entre Jefferson y Hemings comenzó mientras ella era legalmente libre y tenía alternativas. Esto no cambia la naturaleza fundamentalmente desigual de la relación, pero sí complica las narrativas simplistas en cualquier dirección.
De regreso en Monticelo, Jefferson retomó su carrera política con vigor. Sirvió como secretario de Estado bajo Washington. se enfrentó políticamente con Alexander Hamilton y emergió como líder de lo que se convertiría en el partido demócrata republicano. En 1796 fue elegido vicepresidente bajo John Adams.
En 1800, en una de las elecciones más controvertidas de la historia estadounidense, derrotó a Adams y se convirtió en el tercer presidente de los Estados Unidos. La presidencia de Jefferson estuvo marcada por logros significativos. La compra de Luisiana en 1803 duplicó el territorio de la nación. La expedición de Leis y Clark exploró el oeste desconocido.
Jefferson promovió la educación pública, la libertad religiosa y la expansión democrática del sufragio. Para muchos de sus contemporáneos y para generaciones posteriores representaba el ideal del filósofo estadista, el sabio de Monticello, que había dado voz a los principios fundacionales de la República.
Pero bajo esta imagen pública brillante, la realidad privada de Montichelo contaba una historia diferente. La plantación funcionaba mediante el trabajo de cientos de personas esclavizadas. Los campos de tabaco y luego de trigo requerían labor constante. La famosa casa que Jefferson diseñó y rediseñó obsesivamente fue construida en gran parte por manos esclavizadas.
los elaborados jardines, la bodega de vinos, la biblioteca legendaria. Todo ello existía gracias a un sistema de explotación humana que Jefferson jamás desmanteló a pesar de sus declaraciones filosóficas contra la esclavitud. La familia Hemings ocupaba una posición peculiar dentro de la jerarquía de Montichelo. Por su conexión sanguínea con la difunta Marta Jefferson recibían un trato relativamente privilegiado comparado con otros esclavizados de la plantación.
Trabajaban principalmente en la casa grande como sirvientes domésticos, cocineros y artesanos. Este privilegio relativo no debe confundirse con libertad o igualdad. Seguían siendo propiedad, sujetos a la voluntad de Jefferson, sin derechos legales, sin la posibilidad de partir, sin protección contra la venta o la separación de sus familias.
Sally Hemings específicamente ocupaba un rol ambiguo que los visitantes de Montichelo notaban, pero que nadie discutía abiertamente. Vivía en dependencias cercanas a la casa principal. Sus deberes parecen haber sido ligeros comparados con otros esclavizados. Sus hijos, cuando nacían, recibían un trato diferente al de otros niños esclavizados en la plantación.
Estas diferencias eran visibles, comentadas en privado, pero nunca reconocidas públicamente. Durante los dos mandatos presidenciales de Jefferson, 1801809, la relación con Sally Hemings continuó. Ella dio a luz varios hijos durante estos años, aunque Jefferson pasaba largas temporadas en Washington. Los registros de Montichelo, meticulosamente mantenidos por el propioJefferson, documentan los nacimientos, aunque sin identificar al padre.
Los cálculos posteriores de historiadores demográficos revelarían un patrón. Sally Hemings concebía invariablemente durante los periodos en que Jefferson estaba presente en Montichelo. Esta correlación, estadísticamente improbable como coincidencia, se convertiría en una de las evidencias más citadas cuando la cuestión de la paternidad fuera finalmente investigada científicamente.
La imagen pública de Jefferson durante su presidencia y después era la de un viudo dedicado a sus hijas legítimas y a sus nietos, un patriarca benevolente que había sacrificado la vida familiar por el servicio público. Esta imagen fue cuidadosamente cultivada por Jefferson mismo y por sus descendientes blancos durante generaciones.
retratos, las biografías, los monumentos, todos presentaban a un hombre cuya vida privada era tan admirable como sus logros públicos. La realidad era que Jefferson vivía una doble vida. Por un lado, el filósofo de la libertad, el autor de palabras inmortales sobre la igualdad humana. Por otro lado, el propietario de cientos de seres humanos, el padre de hijos a quienes la ley consideraba su propiedad.
Esta dualidad no era única de Jefferson, era estructural en la sociedad esclavista del sur estadounidense. Pero la prominencia de Jefferson, su articulación de ideales universales, hace que su caso sea particularmente significativo para entender las contradicciones fundacionales de la nación. Tras retirarse de la presidencia en 1809, Jefferson pasó sus últimos 17 años en Monticello.
Fundó la Universidad de Virginia, diseñó su campus, seleccionó su currículo, continuó su vasta correspondencia con Adams, Madison y otros contemporáneos. vendió su biblioteca al gobierno para crear el núcleo de la biblioteca del Congreso y mantuvo su relación con Sally Hemings, con quien tuvo sus últimos hijos durante estos años de retiro.
Jefferson murió el 4 de julio de 1826, exactamente 50 años después de la aprobación de la declaración de independencia. John Adams murió el mismo día en una coincidencia que muchos contemporáneos interpretaron como providencial. Jefferson dejó enormes deudas y casi todas las personas que poseía fueron vendidas para pagarlas.
Sally Hemins no fue vendida. Permaneció con la familia Jefferson en Virginia hasta su muerte alrededor de 1835. Sus hijos que habían sobrevivido fueron liberados, cumpliendo así parcialmente la promesa que Jefferson supuestamente le había hecho décadas antes en París. Parte dos. Realidad privada y desequilibrio de poder.
Elizabeth Hemings nació alrededor de 1735, hija de una mujer africana esclavizada y de un capitán de barco inglés. Su vida transcurrió enteramente bajo la esclavitud, primero bajo John Wales y luego bajo Thomas Jefferson. fue madre de al menos 12 hijos, seis de ellos engendrados por su propietario Wales tras la muerte de la tercera esposa de este.
Elizabeth no tuvo ninguna elección en estas relaciones. Era propiedad de Wales. Resistirse habría significado castigo, venta o algo peor. Aceptar significaba una forma de supervivencia, quizás ciertos privilegios para sus hijos, pero nunca libertad ni dignidad plena. Sally Hemings, nacida de esta unión forzada, heredó la condición de su madre según las leyes de Virginia.
Heredó también, según los testimonios contemporáneos, una apariencia que reflejaba su ascendencia mixta. Las descripciones la presentan como una mujer de piel clara, cabello largo y liso, rasgos que los observadores de la época describían como casi blancos. Esta apariencia, producto de generaciones de explotación sexual de mujeres esclavizadas por L, hombres blancos, no le confería ningún derecho adicional bajo la ley.
Para el sistema legal de Virginia era tan esclava como cualquier persona de ascendencia completamente africana. Cuando Sally Hemings llegó a París en 1787, tenía 14 o 15 años. Era una adolescente que había vivido toda su vida en un mundo donde su cuerpo no le pertenecía legalmente, donde su futuro dependía enteramente de la voluntad de otros, donde la resistencia a las demandas de su propietario podía acarrear consecuencias devastadoras.
Es fundamental mantener esta realidad en mente al considerar cualquier aspecto de su relación posterior con Jefferson. Jefferson, en contraste, tenía 44 años cuando Sali llegó a París. Era un viudo rico, un diplomático respetado, un pensador de renombre internacional. Poseía no solo a Sally, sino a su madre, sus hermanos y decenas de otras personas.
tenía el poder absoluto sobre su vida, su cuerpo y su futuro. Cualquier análisis de la relación entre ellos debe partir de este desequilibrio fundamental e irreductible de poder. El concepto de consentimiento, tal como lo entendemos hoy, no puede aplicarse a las relaciones entre propietarios y personas esclavizadas.
El consentimiento requiere la capacidad de negarse sinconsecuencias adversas. Sally Hemings no tenía esa capacidad. Incluso en Francia, donde técnicamente era libre, su libertad era abstracta, mientras que su dependencia de Jefferson era concreta. No tenía dinero propio, no hablaba francés, no conocía a nadie fuera del círculo de Jefferson y toda su familia permanecía esclavizada en Virginia.
Su elección de permanecer con Jefferson y regresar con él a Estados Unidos fue una elección entre opciones terribles, no una expresión de voluntad libre. Los defensores de Jefferson han argumentado a veces que la relación pudo haber involucrado afecto genuino, quizás incluso amor. Es posible que Sally Hemings desarrollara sentimientos complejos hacia Jefferson.
Los seres humanos son capaces de formar vínculos emocionales, incluso en circunstancias de opresión. Es posible que Jefferson sintiera algo más que deseo físico por ella, pero estos posibles sentimientos no alteran la naturaleza fundamentalmente cooercitiva de la relación. El afecto no elimina la explotación cuando una parte posee legalmente a la otra.
El amor, si existió, no podía ser un amor entre iguales, porque la igualdad era imposible dentro del sistema esclavista. Es necesario también confrontar directamente la cuestión de la edad. Cuando la relación sexual aparentemente comenzó en París, Sally Hemings tenía entre 15 y 16 años. Jefferson tenía 44 o 45.
Incluso por los estándares de la época, esta disparidad era significativa, pero más importante que la edad era el poder. Jefferson no solo era mayor, era el propietario de Sally, el árbitro absoluto de su destino y el de toda su familia. Entre 1790 y 1808, Sally Hemings dio a luz al menos seis hijos, posiblemente más. El primer embarazo documentado ocurrió en Francia y terminó en la muerte del bebé poco después del regreso a Virginia.
Los nacimientos posteriores fueron registrados en los libros de Monticelo. Harriet, nacida en 1795, murió en la infancia. Beverly, 1798, una hija sin nombre. 1799 murió en la infancia. Harriet, 1801. Madison, 180 y Eston, 1808. Cuatro de estos hijos sobrevivieron hasta la edad adulta. Los registros de Jefferson, combinados con los análisis posteriores de historiadores demográficos, revelan un patrón consistente.
Sally Hemings concebía únicamente durante los periodos en que Jefferson estaba presente en Monticelo. Durante sus años, como secretario de Estado, vicepresidente y presidente, Jefferson pasaba largas temporadas en la capital. Sali no quedaba embarazada durante estas ausencias. Concebía invariablemente dentro de los primeros meses después de su regreso.
Este patrón se repitió durante casi 20 años. Los hijos de Sally Hemings fueron criados en Montichelo, pero su situación era diferente a la de otros niños esclavizados en la plantación. Recibieron entrenamiento en oficios cualificados. Beverlye y Eston aprendieron carpintería. Harriet fue entrenada como islandera.
Más significativamente se les permitió aprender a leer y escribir, algo que era ilegal enseñar a personas esclavizadas en muchos estados del sur. Esta educación sugiere que Jefferson tenía planes para ellos que diferían de los que tenía para otros. Esclavizados. Madison Hemings, nacido en5, fue el hijo que eventualmente proporcionó el testimonio más detallado sobre la historia de su familia.
En una entrevista publicada en 1873, describió la promesa que Jefferson había hecho a su madre en París, que sus hijos serían liberados al cumplir 21 años. Según Madison, Jefferson cumplió esta promesa. Beverly y Harriet fueron permitidos escapar cuando alcanzaron la mayoría de edad. Madison y Eston fueron formalmente liberados en el testamento de Jefferson.
El testimonio de Madison Hemings merece consideración cuidadosa. Fue dado casi 50 años después de la muerte de Jefferson, cuando Madison tenía 68 años. describe eventos que ocurrieron cuando era niño o antes de su nacimiento, transmitidos a través de su madre. Los críticos han cuestionado su confiabilidad. Los defensores señalan su coherencia interna y su correspondencia con los registros históricos conocidos.
Pero más allá de las cuestiones de verificación factual, el testimonio de Madison Hemings representa algo fundamental, la voz de los descendientes de Sally Hemings reclamando su lugar en la historia. Durante casi 200 años, la historia de Monticelo fue contada exclusivamente desde la perspectiva de los descendientes blancos de Jefferson.
Madison Hemings ofreció una contrahistoria, una narrativa desde el interior de los cuartos de esclavos que contradecía la imagen cuidadosamente cultivada del patriarca benevolente. La vida cotidiana de Sally Hemings en Montichelo es difícil de reconstruir con precisión. Los registros la mencionan raramente, siempre de manera oblicua.
Sabemos que vivía en dependencias cercanas a la casa principal, no en los cuartos de esclavos más distantes. Sabemos que sus deberes domésticosparecen haber sido ligeros. Sabemos que viajó con la familia Jefferson en varias ocasiones. Más allá de estos datos escuetos, debemos recurrir a la inferencia y la imaginación disciplinada.
Lo que podemos afirmar con certeza es que Sally Hemings vivió una vida definida por la contradicción. Era la madre de los hijos de Thomas Jefferson, pero no podía reconocerlos públicamente como tales. Compartía la cama del hombre más poderoso de la nación, pero no tenía derechos legales. Era media hermana de la difunta esposa de Jefferson, pero permanecía como propiedad de la familia.
Estas contradicciones no eran únicas de su situación, eran estructurales en el sistema esclavista del sur, pero la prominencia de Jefferson las hace especialmente visibles y significativas. Los hijos de Sally Hemings crecieron en este ambiente de contradicción. Beverly y Harriet, según los testimonios, eran tan blancos en apariencia que podían pasar por blancos.
Cuando Jefferson los liberó, permitiéndoles partir sin perseguirlos formalmente, desaparecieron en la sociedad blanca. Sus descendientes, si existen, probablemente no saben de su conexión con Jefferson y Hemings. Madison y Eston, liberados formalmente, vivieron como hombres libres de color durante un tiempo antes de que Eston también eligiera identificarse como blanco.
Solo Madison mantuvo su identidad como descendiente de Hemings y ofreció su testimonio a la historia. Es importante no romantizar la situación de los hijos de Hemings comparándola con la de otros. Niños esclavizados, aunque recibieron mejor trato, seguían siendo legalmente esclavos. Jefferson no los reconoció públicamente.
No heredaron nada de él. Su relativo privilegio no negaba la injusticia fundamental de su condición. eran hijos de su padre, pero propiedad de su padre al mismo tiempo. Una condición que el lenguaje apenas puede capturar. Las hijas legítimas de Jefferson, Marta y María vivían en el mismo espacio físico que Sally Hemings y sus hijos.
Marta, en particularó la mayor parte de su vida adulta en Monticelo con su numerosa familia. Es imposible que no supiera de la relación entre su padre y Sali. Los hijos de Sali eran sus medio hermanos, así como los niños de Sali eran sus sobrinos y medios sobrinos por parte de su madre. Este enredo genealógico era típico de las familias esclavistas del sur, donde las líneas entre familia blanca y familia negra se cruzaban constantemente en secreto mientras se mantenían estrictamente separadas en público.
Martha Jefferson Randolf, como se llamaba tras su matrimonio, se convirtió en la principal defensora del legado de su padre después de su muerte. Nunca reconoció públicamente la relación entre Jefferson y Sally Hemings. Cuando los rumores circularon, los negó. Esta negación no fue simplemente una mentira conveniente, fue la defensa de un orden social que dependía de que ciertas verdades permanecieran no dichas.
Reconocer la relación habría significado reconocer que sus mediohermanos eran esclavos, que su padre había violado sus propios principios proclamados, que la familia fundadora de la República no era lo que pretendía ser. La relación entre Jefferson y Sally Hemings duró aproximadamente 38 años, desde 1787 hasta la muerte de Jefferson en 1826.
Durante todo ese tiempo, Sally permaneció esclavizada. Jefferson, quien escribió elocuentemente sobre la maldad de la esclavitud, quien afirmó que temblaba por su país cuando recordaba que Dios es justo, nunca liberó a Sally Hemings durante su vida. No la mencionó en su testamento. Tras su muerte, ella fue dada informalmente a sus hijos Marta y María, evitando así ser vendida para pagar las deudas de Jefferson, pero permaneciendo en un limbo legal.
Sally Hemings murió alrededor de 1835, aproximadamente 9 años después de Jefferson. No existe registro oficial de su muerte, ni lápida que marque su tumba. La mujer, que fue madre de al menos seis hijos de un presidente de los Estados Unidos, desapareció de la historia oficial casi sin dejar rastro. Solo el testimonio de su hijo Madison, dado décadas después preservó su historia para la posteridad.
Parte tres. Negación, silencio y supresión histórica. La primera mención pública de la relación entre Thomas Jefferson y Sally Hemings apareció en 180 durante el primer mandato presidencial de Jefferson. James Cender, un periodista que anteriormente había trabajado para los demócratas republicanos, pero que se había vuelto contra Jefferson después de no recibir un, puesto que esperaba, publicó una serie de artículos en el Richmond Recorder.
En estos artículos, Cender afirmaba que Jefferson mantenía una relación con una concubina esclavizada llamada Sally, con quien había tenido varios hijos. Las acusaciones de Calender provocaron un escándalo inmediato. Los periódicos federalistas, opositores políticos de Jefferson, reprodujeron y amplificaron la historia.
Se compusieron canciones satíricas, se publicaron caricaturas. Por primera vez la vida privada de un presidente se convertía en objeto de escrutinio público. De esta manera la respuesta de Jefferson fue el silencio. Nunca comentó públicamente sobre las acusaciones. Nunca las confirmó ni las negó. Este silencio fue interpretado de diversas maneras por sus contemporáneos y por historiadores posteriores.
Algunos lo vieron como evidencia de culpabilidad, otros como dignidad ante acusaciones vulgares, otros más como la única respuesta posible en una situación sin salida. Lo que Jefferson sí hizo fue permitir que sus aliados políticos lo defendieran. Varios prominentes demócratas republicanos publicaron refutaciones de las acusaciones de Calender.
Atacaron la credibilidad del periodista, que hay que decirlo, era dudosa. Cender un alcohólico con historial de acusaciones sensacionalistas. insinuaron que las acusaciones eran fabricaciones políticas, pero ninguno de estos defensores ofreció evidencia positiva de que la relación no existiera, simplemente atacaron a quien la había revelado.
Cender murió ahogado en 180 en circunstancias que algunos consideraron suicidio y otros accidente. Con su muerte, la principal fuente de las acusaciones públicas desapareció. El escándalo se disipó gradualmente, absorbido por las urgencias de la política y la guerra. La compra de Luisiana, el embargo comercial, la creciente tensión con Gran Bretaña.
Estos asuntos ocuparon la atención pública y la cuestión de Sally Hemings quedó relegada a rumores y susurros, pero los rumores nunca desaparecieron completamente. Los visitantes de Montichelo a veces notaban la presencia de niños esclavizados de piel clara que se parecían notablemente a Jefferson. Algunos lo comentaban en sus diarios privados o en cartas a amigos cercanos.
Otros simplemente observaban y callaban siguiendo el código social que prohibía mencionar tales cosas en público. La verdad era visible para quien quisiera verla, pero la sociedad había desarrollado mecanismos sofisticados para no ver. Tras la muerte de Jefferson en 1826, la tarea de proteger su legado recayó en su familia y en los primeros biógrafos.
La primera biografía autorizada escrita por Henry Randall en la década de 19 1850 presentó a Jefferson como un modelo de virtud republicana. Randal conocía las acusaciones sobre Sally Hemings. Las mencionó brevemente para rechazarlas. Atribuyó cualquier parecido entre los hijos de Hemings y Jefferson a un sobrino de Jefferson, Peter Car, a quien otros miembros de la familia habían señalado convenientemente como el verdadero padre.
Esta atribución a Peter Car se convertiría en la explicación oficial de la familia Jefferson durante más de un siglo. Era conveniente por varias razones. admitía implícitamente que alguien había engendrado hijos con Sally Hemings, la distinta evidencia física era demasiado visible para negarlo, pero alejaba la responsabilidad de Jefferson mismo.
Mantenía la imagen del fundador intacta mientras sacrificaba la reputación de un pariente menos importante. Martha Jefferson Randolp, la hija de Jefferson, aparentemente promovió esta explicación. Según algunos relatos, en su lecho de muerte en 1836 habría negado la relación de su padre con Sally. Otros relatos sugieren que simplemente guardó silencio.
Lo cierto es que ella y sus descendientes trabajaron activamente para suprimir cualquier mención de la conexión Hemings en la historia familiar oficial. Los descendientes de Jefferson, a través de Marta formaron lo que se conoce como la Montiello Association, un grupo que durante generaciones controló el acceso al legado de Jefferson y a la propia propiedad de Montigelo.
Esta asociación mantuvo la versión oficial de la historia, rechazó las afirmaciones de los descendientes de Hemings y cultivó una imagen de Jefferson que era completamente blanca. completamente respetable, completamente consistente con los valores que proclamaba. Mientras tanto, los descendientes de Sally Hemings preservaron su propia historia y familiar.
El testimonio de Madison Hemings, publicado en 1873 en un periódico de Ohio, representó el primer relato público desde la perspectiva de los Hemings. Madison describió la promesa de París, los nacimientos de sus hermanos, la vida en Montichelo y afirmó claramente que Thomas Jefferson era su padre. Su relato fue ignorado o descartado por los historiadores blancos durante casi un siglo.
La historiografía profesional del siglo XIX y principios del XX trató la cuestión de Sally Hemings con una mezcla de silencio y condescendencia. Los grandes historiadores de la era formados en Mindus, tradiciones que valoraban las fuentes documentales objetivas y desconfiaban de los testimonios orales, especialmente de personas negras, simplemente no consideraron que el relato de Madison Hemings mereciera atención seria.
Cuando mencionaban las acusaciones era paradescartarlas como calumnias, en políticas o chismes de esclavos. sentidos. Esta actitud reflejaba los prejuicios raciales de la época, pero también algo más profundo, la inversión emocional e ideológica en la imagen de los padres fundadores como figuras sin mácula.
Jefferson, en particular, ocupaba un lugar central en la mitología nacional estadounidense. Era el autor de la declaración de independencia, el filósofo de la democracia, el constructor de Montichelo. admitir que había explotado sexualmente a una mujer esclavizada durante décadas, que había sido padre de hijos a quienes mantuvo como propiedad, habría complicado esta imagen de manera inaceptable para muchos estadounidenses blancos.
El siglo XX vio algunos cambios, pero limitados. En 1954, el historiador Dumas Malone comenzó a publicar su monumental biografía de Jefferson en seis volúmenes, que se convertiría en la obra de referencia estándar durante décadas. Malone abordó la cuestión de Sally Hemings y la rechazó categóricamente. Argumentó que Jefferson era demasiado noble, demasiado comprometido con sus principios, demasiado consciente del peligro de tales relaciones para haber mantenido una con una mujer esclavizada.
La evidencia de Madison Hemings fue descartada como poco confiable. La correlación entre las visitas de Jefferson y los embarazos de Sally fue atribuida a coincidencia. La defensa de Malón reflejaba un patrón común en la historiografía del periodo. Se aplicaban estándares de evidencia muy diferentes según quién hacía las afirmaciones.
Los testimonios de descendientes blancos de Jefferson eran aceptados sin cuestionamiento. Los testimonios de descendientes de Hemings requerían pruebas extraordinarias. Las inferencias que favorecían a Jefferson se consideraban razonables. Las que lo desfavorecían se descartaban como especulativas.
Este doble estándar era raramente reconocido y casi nunca cuestionado dentro de la academia establecida. La historiadora V Brody desafió este consenso en 1974 con su libro Thomas Jefferson Intimate History. Brody argumentó que Jefferson había mantenido efectivamente una relación prolongada con Sally Hemings y que esta relación podía haber involucrado sentimientos genuinos de ambas partes.
Su libro se convirtió en un bestseller, pero fue recibido con hostilidad por el establishment académico. Malone y otros la acusaron de especulación excesiva, de proyectar actitudes modernas sobre el pasado, de sensacionalismo. La seriedad de su trabajo fue cuestionada de maneras que reflejaban tanto prejuicios de género.
Era mujer en un campo dominado por hombres. como la resistencia a cualquier narrativa que complicara la imagen de Jefferson. Durante las décadas de 1970, 1980 y 1990, el debate continuó sin resolución. Historiadores afroamericanos y algunos historiadores blancos argumentaron cada vez más que las evidencias favorecían la paternidad de Jefferson.
La historiadora Anette Gordon Reed publicó en 1997 Thomas Jefferson and Sally Hemmings an American Controversy, un análisis meticuloso que demostraba como los historiadores habían aplicado estándares de evidencia racialmente sesgados al evaluar las afirmaciones. Gordon Reed no afirmó poder probar definitivamente la relación, pero demostró que la negación categórica era injustificable, dado el peso de la evidencia circunstancial.
Los descendientes de Sally Hemings, mientras tanto, continuaron preservando y transmitiendo su historia familiar, reuniones familiares, genealogías cuidadosamente mantenidas, testimonios orales pasados de generación en generación. Estos mecanismos de memoria comunitaria mantuvieron viva una verdad que la historia oficial negaba.
Para estos descendientes la cuestión nunca fue si Jefferson era su ancestro. Eso lo sabían con la certeza que proporciona la memoria familiar. La cuestión era cuando el resto de la sociedad reconocería lo que ellos siempre habían sabido. La Monticello Association, el grupo de descendientes blancos de Jefferson, mantenía su posición.
Los descendientes de Hemings no eran reconocidos como parientes, no eran admitidos a las reuniones familiares, ni tenían derecho a ser enterrados en el cementerio familiar de Mindo Sintosi, Montichelo. Esta exclusión no era simplemente una disputa genealógica, era una declaración sobre quién contaba como familia, quién tenía derecho a reclamar conexión con un padre fundador, quién pertenecía a la narrativa oficial de la nación, el silencio y la negación que rodearon la historia de Minent Sally y Hemings durante dos siglos tuvieron costos
humanos reales. Los descendientes de Hemings vivieron con el conocimiento de su conexión con Jefferson mientras la sociedad se negaba a reconocerla. Experimentaron lo que significa tener su propia historia familiar tratada como rumor, calumnia o e fantasía. supieron lo que es ser excluidos del legado de un ancestro, porque ese reconocimientoamenazaría verdades cómodas sobre la nación y sus fundadores.
Pero el costo no fue solo para los descendientes de Hemings. La negación distorsionó la comprensión de toda la sociedad estadounidense sobre su en propia historia. Al presentar a Jefferson como un modelo sin contradicciones, la historiografía tradicional impidió un enfrentamiento honesto con las realidades de la esclavitud y sus legados.
Al rechazar las voces de los descendientes de personas esclavizadas, perpetuó patrones de silenciamiento que continuaban marginando a los afroamericanos en el presente. La supresión de la historia de Sally Hemings fue, en última instancia, una forma de violencia epistémica, una negación sistemática del conocimiento, la memoria y la experiencia de personas cuyas vidas habían sido ya violentadas por la esclavitud.
La esclavitud no solo explotó los cuerpos de los africanos y sus descendientes, también intentó borrar sus historias. La negación de la relación Jefferson Hemings fue una continuación de este borramiento extendida más de un siglo después de la abolición formal de la esclavitud. Parte cuatro. Reconocimiento, legado y reflexión moral.
En 1998, un equipo de investigadores dirigido por el patólogo Eugene Foster publicó los resultados de un estudio de ADN en la revista Nature. El estudio comparó el cromosoma y de descendientes masculinos de Sally Hemings con el de descendientes masculinos de la línea Jefferson. los cromosomas y se transmiten de padre a hijo con pocas modificaciones, permitiendo rastrear líneas de descendencia paterna a través de generaciones.
Los resultados fueron contundentes. El ADN del descendiente de Eston Hemings, el hijo menor de Sally, coincidía con el de los descendientes de la línea Jefferson. Esto demostraba que algún varón Jefferson había sido el padre de Eston. Dado el patrón de concepciones correlacionado con las presencias de Thomas Jefferson en Montichelo, dado los testimonios históricos, dado el conjunto de evidencias circunstanciales acumuladas durante dos siglos, el estudio de ADN proporcionaba la pieza final del rompecabezas. El estudio no
pudo probar con certeza absoluta que Thomas Jefferson específicamente fue el padre, ya que otros varones Jefferson compartían el mismo cromosoma I. Sin embargo, la combinación del ADN con todas las demás evidencias hacía que cualquier otra explicación fuera extremadamente improbable. Los defensores más obstinados de Jefferson señalaron que su hermano Randolf también era un candidato posible, pero los historiadores notaron que no existía ninguna evidencia que conectara a Randolf con Sally Hemings, mientras que la evidencia que conectaba
a Thomas era abundante. La publicación del estudio de ADN transformó el debate. Lo que durante dos siglos había sido tratado como rumor, especulación o mentira, fue reconocido repentinamente como verdad histórica por la mayoría de los estudiosos. Las instituciones comenzaron a revisar sus narrativas. En el año 2000, la Thomas Jefferson Foundation, que administra Monticelo, publicó un informe de un comité de investigación que concluyó que Thomas Jefferson había sido muy probablemente el padre de todos los hijos de Sally
Hemings que sobrevivieron hasta la edad adulta. Esta conclusión institucional fue significativa. Montelo no era simplemente un museo, era el sitio más importante para la preservación de la memoria de Jefferson. Durante generaciones, los Tours guiados habían presentado a Jefferson como el filósofo de la libertad sin mencionar a Sally Hemings o mencionándola solo como una sirviente.
Ahora, la institución reconocía públicamente la relación, incluyéndola en sus exhibiciones, materiales educativos y narrativas históricas. Los tours de Monticelo cambiaron. Los visitantes ahora escuchaban sobre Sally Hemings, sobre sus hijos, sobre la complejidad de la vida en la plantación. Las habitaciones donde ella probablemente vivió fueron identificadas y contextualizadas.
Un esfuerzo arqueológico comenzó a buscar los cuartos de esclavos y otros espacios que habían sido ignorados o destruidos a lo largo de los años. La historia de Montichelo se volvió más completa, más honesta y más incómoda. No todos aceptaron esta revisión. Algunos descendientes de Jefferson, a través de Marta rechazaron los hallazgos del ADN, argumentando que la evidencia no era concluyente.
La Montelo Association permaneció dividida sobre si reconocer a los descendientes de Hemings como parientes. Algunos miembros favorecieron la inclusión, otros se opusieron ferozmente. Las reuniones familiares se convirtieron en campos de batalla sobre la memoria y la identidad. Los descendientes de Sally Hemings respondieron de diversas maneras al reconocimiento tardío.
Algunos expresaron vindicación. Finalmente, lo que siempre habían sabido era aceptado por el mundo. Otros expresaron amargura. ¿Por qué había tomado 200 años y pruebas de ADN paraque se creyera lo que sus familias siempre habían dicho? La necesidad de evidencia científica para validar el testimonio de personas negras era en sí misma un comentario sobre los sesgos raciales persistentes en la sociedad estadounidense.
Gordon Reed, cuyo libro de 1997 había cuestionado los dobles estándares de la historiografía Jeffersoniana, publicó en 1900 en 2008 The Heming of Monticelo, an American Family, una reconstrucción exhaustiva de la historia de la familia Hemings a lo largo de varias generaciones. libro ganó el premio Pulitzer de Historia y el Premio Nacional del Libro, consagrando a Gordon Reed como la autoridad preeminente sobre él antema y legitimando definitivamente los estudios sobre las vidas de las personas esclavizadas en Monticelo.
El trabajo de Gordon Reed representó un cambio metodológico fundamental en la historiografía estadounidense. demostró que era posible escribir historia rigurosa sobre personas cuyas vidas habían dejado pocos registros documentales, utilizando inferencia disciplinada, atención a los silencios y respeto por la tradición oral.
Demostró que las vidas de las personas esclavizadas eran tan dignas de estudio detallado como las de sus propietarios. demostró que la historia de la esclavitud no era un apéndice de la historia de los padres fundadores, sino una parte integral de ella. La revelación sobre Jefferson y Hemings tuvo implicaciones más amplias para la comprensión de la historia estadounidense.
Si Jefferson, el autor de Todos los hombres son creados iguales, había explotado sexualmente a una mujer esclavizada durante décadas y mantenido a sus propios hijos como propiedad, ¿qué decía esto sobre los fundamentos de la República? ¿Qué significaba que los ideales más elevados de la nación hubieran sido articulados por un hombre cuya vida privada contradecía tan fundamentalmente esos ideales? Estas preguntas no tenían respuestas simples y diferentes estadounidenses las respondieron de maneras diferentes. Para algunos la
revelación significaba que Jefferson debía ser cancelado, eliminado del Panteón de Héroes Nacionales, sus estatuas derribadas y su legado repudiado. Para otros significaba que debíamos aprender a vivir con la complejidad, reconociendo que las personas históricas eran seres humanos contradictorios, capaces tanto de grandeza como de maldad.
Una tercera perspectiva, quizás más fructífera, sugería que el caso Jefferson Hemings nos obligaba a reconsiderar la naturaleza misma del proyecto estadounidense. Los ideales de libertad e igualdad no fueron simplemente traicionados por la esclavitud, fueron producidos dentro de una sociedad esclavista por hombres que se beneficiaban de la esclavitud.
Esta contradicción no era accidental incidental, estaba inscrita en los fundamentos de la nación. Confrontarla honestamente no significaba abandonar esos ideales, sino reconocer que su realización plena sigue siendo un trabajo en progreso. El reconocimiento de la relación Jefferson Hemings también transformó la manera en que Montichelo y otras plantaciones históricas presentan la esclavitud al público.
Durante décadas, las casas de plantación del sur habían sido presentadas como ejemplos de arquitectura elegante y vida refinada, con la esclavitud mencionada de pasada o ignorada por completo. Los tours se enfocaban en el mobiliario, la porcelana, los jardines, raramente en los cuartos de esclavos, las cocinas donde trabajaban personas esclavizadas o las historias de quienes hicieron posible toda esa elegancia.
Esta tendencia comenzó a cambiar a partir de la década de 1990 y se aceleró después de los hallazgos de ADN sobre Jefferson. Montello se convirtió en un modelo para la reinterpretación de sitios históricos esclavistas. Las exhibiciones ahora incluían las vidas de las personas esclavizadas, sus nombres cuando se conocían, sus trabajos, sus familias, sus formas de resistencia.
La arqueología recuperó espacios que habían sido borrados. Los descendientes de personas esclavizadas fueron consultados e incluidos en la narrativa. Este proceso de reinterpretación no ha estado libre de conflicto. Algunos visitantes se han quejado de que Montichelo se ha vuelto demasiado enfocado en la esclavitud, que la casa de Jefferson debería celebrar sus logros en lugar de exponer sus contradicciones.
Otros han argumentado que la reinterpretación no va lo suficientemente lejos, que todavía presenta a Jefferson de manera demasiado favorable, que todavía centra su perspectiva en lugar de la de las personas que esclavizó. Estos debates reflejan tensiones más amplias en la sociedad estadounidense sobre cómo recordar la esclavitud y su legado.
Monumentos a figuras confederadas han sido derribados. Edificios nombrados en honor a propietarios de esclavos han sido renombrados. Currículos escolares han sido revisados para incluir perspectivas previamente marginadas. Cada uno de estos cambios haprovocado resistencia de quienes ven en ellos un ataque a la historia o a la identidad estadounidense.
El caso de Jefferson ilustra por qué estos debates son tan intensos. Jefferson no fue un confederado, luchó por la independencia, escribió la declaración, fundó la Universidad de Virginia. Sus contribuciones a la República son indiscutibles. Pero también fue un hombre que poseyó a más de 600 personas a lo largo de su vida, que se benefició enormemente de su trabajo, que explotó sexualmente a una mujer esclavizada durante casi cuatro décadas y que nunca tomó medidas significativas para desmantelar el sistema del que se beneficiaba.
¿Cómo equilibrar estas realidades? ¿Cómo recordar a alguien cuyo legado es tan profundamente mixto? Una respuesta es que no debemos buscar equilibrio, sino verdad. El objetivo no es llegar a un veredicto final sobre si Jefferson fue bueno o malo, sino entender la complejidad de su vida y su mundo en toda su extensión.
Esto significa reconocer sus logros intelectuales y políticos sin minimizarlos. También significa reconocer sus ecrímenes y contradicciones sin excusarlos. Significa ver a Sally Hemings no como una nota al pie, sino como una figura central en la historia de Montichelo y por extensión en la historia de la nación.
Sally Hemings vivió 75 años, nació esclavizada, vivió toda su vida bajo la esclavitud, excepto sus breves años en Francia, y murió en un estatus legal ambiguo que no era ni esclavitud ni libertad plena. Fue madre de al menos seis hijos con el hombre que la poseía. Cuatro de sus hijos sobrevivieron y eventualmente obtuvieron la libertad.
Dos de ellos desapareciendo en la sociedad blanca y dos viviendo como personas de color libres. No sabemos casi nada de lo que Sally Hemings pensaba o sentía. No dejó escritos. Probablemente no sabía escribir. Sus pensamientos nos llegan únicamente a través de lo que su hijo Madison recordó que ella le había contado décadas después de los hechos.
Amaba a Jefferson. lo odiaba, aceptaba su situación con resignación o la resistía en formas que no conocemos. Estas preguntas no pueden ser respondidas con certeza histórica. Lo que sí sabemos es que Sally Hemings fue una persona real, con una vida real, cuya historia fue borrada sistemáticamente durante dos siglos para proteger el legado de un hombre poderoso.
Sabemos que tuvo hijos a quienes presumiblemente amaba, hijos cuyo destino dependía enteramente de la voluntad de su padre y propietario. Sabemos que negoció dentro de los límites estrechos de su situación para asegurar la libertad eventual de esos hijos. Sabemos que mantuvo lazos con su familia Hemings, que permaneció en Monticello incluso después de la muerte de Jefferson, que murió rodeada de familiares.
La historia de Sally Hemings es, en última instancia una historia de supervivencia bajo condiciones de opresión. extrema. No es una historia de romance, aunque algunos han querido verla así. No es una historia de víctima pasiva, aunque la victimización fue central en su experiencia. Es una historia de una mujer que navegó un mundo diseñado para negarle toda agencia y que logró de alguna manera preservar algo de sí misma y de su familia a través de ese mundo.
La reflexión final que esta historia nos exige es sobre la naturaleza de la libertad y la igualdad que Jefferson proclamó pero no practicó. Aquellas palabras famosas. Todos los hombres son creados iguales. Fueron escritas por un hombre que en ese mismo momento poseía a seres humanos como propiedad.
Las escribió en una sociedad que excluía a mujeres, personas esclavizadas y pueblos indígenas de cualquier participación política. Las escribió sabiendo perfectamente que no se aplicaban a todos y sin embargo, esas palabras adquirieron vida propia. fueron citadas por abolicionistas que lucharon contra la esclavitud. Fueron invocadas por el movimiento de derechos civiles un siglo después.
Fueron reclamadas por movimientos de liberación en todo el mundo. Las palabras de Jefferson se convirtieron en armas contra el orden que él mismo representaba. Esta es quizás la paradoja central de la historia estadounidense, que los ideales más elevados de la nación fueron articulados por hombres profundamente comprometidos con sistemas de opresión y que esos ideales, sin embargo, han servido como herramientas para desafiar y desmantelar esos sistemas.
Jefferson escribió sobre la igualdad mientras poseía a Sally Hemings. Sus palabras, sin embargo, eventualmente se volvieron contra el mundo que él habitaba. Los descendientes de Sally Hemings son estadounidenses. Son descendientes tanto de personas esclavizadas como de un padre fundador. Llevan en sus cuerpos y en sus historias familiares la contradicción fundacional de la nación.
Durante 200 años esa contradicción fue negada, suprimida, declarada imposible o inaceptable. Hoy finalmente es reconocida como parte de la verdad histórica. Este reconocimientono cierra heridas que tienen siglos de profundidad, no repara injusticias que no pueden ser reparadas. No responde todas las preguntas sobre cómo recordar un pasado tan complejo, pero representa un paso hacia una comprensión más honesta de la historia estadounidense.
Una comprensión que incluye las voces de quienes fueron silenciados, que reconoce las vidas de quienes fueron tratados como propiedad, que confronta las contradicciones en lugar de ocultarlas. Sally Hemings finalmente tiene un lugar en la historia de Montichelo. Sus hijos son reconocidos como descendientes de Jefferson.
Su familia puede reclamar su conexión con el tercer presidente. Después de 200 años de silencio y negación, la verdad ha sido dicha, pero la verdad no es suficiente por sí sola. La verdad debe llevar a reflexión y la reflexión debe llevar a acción. El legado de la esclavitud no terminó con la emancipación. continúa en desigualdades estructurales, en injusticias raciales persistentes, en las brechas que dividen a la sociedad estadounidense.
Confrontar la historia de Jefferson y Hemings no es solo un ejercicio académico, es una invitación a examinar cómo el pasado continúa moldeando el presente. Thomas Jefferson murió creyendo o al menos esperando, que la esclavitud eventualmente desaparecería de Estados Unidos. Escribió que temblaba por su país cuando consideraba que Dios es justo.
Reconoció en sus momentos más lúcidos que el sistema del que se beneficiaba era moralmente indefendible. Y, sin embargo, no hizo casi nada para desmantelarlo. No liberó a la mayoría de las personas que poseía. No liberó a Sally Hemins, dejó que la resolución del problema quedara para generaciones futuras. Esas generaciones futuras somos nosotros.
La esclavitud fue abolida, pero sus consecuencias persisten. La igualdad fue proclamada, pero sigue siendo una aspiración no realizada. La historia de Sally Hemings y Thomas Jefferson nos recuerda de dónde venimos. Lo que hagamos con ese conocimiento definirá hacia dónde vamos. Recordar a Sally Hemings es un acto de justicia diferida, un reconocimiento tardío de una humanidad que fue negada en vida y suprimida en la memoria, pero que persiste en sus descendientes y en la conciencia de todos quienes eligen no olvidar. M.
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