El Patriarca Que Embarazó a la Esclava Hermana de Su Esposa — 6 Hijos Ocultos

el arquitecto de la libertad americana. En el verano de 1776, un hombre de 33 años se sentó en una habitación alquilada en Filadelfia para redactar lo que se convertiría en uno de los documentos más influyentes de la historia moderna. Thomas Jefferson, delegado de Virginia ante el Congreso continental, tomó su pluma y escribió palabras que resonarían a través de los siglos.
Sostenemos como evidentes estas verdades, que todos los hombres son creados iguales, que son dotados por su creador de ciertos derechos inalienables, que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Estas palabras no surgieron en el vacío. Jefferson era producto de su época y de su clase. Un aristócrata virginiano educado en los clásicos, versado en filosofía ilustrada y heredero de vastas plantaciones trabajadas por cientos de personas esclavizadas.
Para entender la magnitud de la contradicción que definiría su vida, es necesario comprender primero el mundo que lo formó. La Virginia del siglo XVII era una sociedad construida sobre una paradoja fundamental. Sus élites terratenientes se consideraban herederos de las tradiciones republicanas de la antigua Roma y defensores de las libertades inglesas, mientras simultáneamente sostenían un sistema económico basado en la esclavitud hereditaria de personas de ascendencia africana.
Esta contradicción no era accidental marginal, era constitutiva de la identidad colonial virginiana. El padre de Jefferson, Peter. Jefferson había acumulado tierras y esclavos a través de una combinación de trabajo duro, matrimonio ventajoso y especulación territorial. Cuando murió en 1757, dejó a su hijo Thomas, entonces de 14 años, una herencia que incluía aproximadamente 5000 acresor de 19 50 personas esclavizadas.
El joven Jefferson no eligió nacer en este sistema, pero tampoco lo cuestionó de manera que alterara fundamentalmente su participación en él. La formación de un ilustrado Jefferson estudió en el College of William and Mary, donde absorbió las ideas de la ilustración europea que circulaban en los círculos intelectuales coloniales.
Leyó a Loc Montesqu y los filósofos escoceses del sentido moral. se entrenó como abogado bajo la tutela de George Wht, uno de los juristas más respetados de Virginia, y desarrolló una mente sistemática, curiosa y voraz. Sin embargo, su educación ilustrada coexistía sin aparente conflicto con su posición como propietario de seres humanos.
Esta compartimentalización mental no era única de Jefferson, era característica de toda una generación de revolucionarios estadounidenses que proclamaban la libertad universal mientras mantenían a personas en cadenas. La diferencia con Jefferson era la elocuencia con que articulaba los principios que contradecía en su vida cotidiana.
En sus notas sobre el estado de Virginia escritas en 1781, Jefferson expresó su ambivalencia hacia la esclavitud con una franqueza que pocos de 196 sus contemporáneos igualaban. Tiemblo por mi país cuando reflexiono que Dios es justo escribió que su justicia no puede dormir para siempre. reconocía que la esclavitud corrompía tanto al amo como al esclavo, que inculcaba en los blancos las pasiones más turbulentas y en los negros una degradación que ningún observador imparcial puede contemplar sin horror.
No obstante, en el mismo texto, Jefferson también expresó teorías pseudocientíficas sobre la supuesta inferioridad intelectual de las personas de ascendencia africana. especuló que los negros eran naturalmente menos capaces de razonamiento abstracto, menos sensibles a las emociones refinadas y físicamente diferentes de maneras que los hacían menos atractivos según los estándares europeos.
Estas opiniones expresadas con el tono de observación científica neutral proporcionaban una justificación conveniente para un sistema del que Jefferson se beneficiaba enormemente, el revolucionario y el propietario. La carrera política de Jefferson ascendió rápidamente durante los años revolucionarios. Además de redactar la declaración de independencia, sirvió como gobernador de Virginia durante la guerra.
ministro plenipotenciario en Francia, primer secretario de Estado bajo George Washington, vicepresidente bajo John Adams y finalmente como tercer presidente de los Estados Unidos durante dos mandatos de 1801 a 1809. En cada uno de estos roles, Jefferson cultivó una imagen de republicano virtuoso, defensor de los derechos del hombre común contra las pretensiones aristocráticas.
Su vestimenta deliberadamente sencilla, su rechazo del protocolo formal y su retórica igualitaria lo convirtieron en héroe de los agricultores Jeoman y de las clases medias emergentes. Era el filósofo estadista, el hombre del renacimiento americano, tan cómodo discutiendo arquitectura neoclásica como diseñando arados más eficientes.
Pero esta imagen pública ocultaba realidades incómodas. A lo largo de su vida,Jefferson fue propietario de más de 600 personas esclavizadas en Monticelo. Su amada plantación en las colinas de Virginia. Mantenía un sistema económico que dependía del trabajo forzado de cientos de hombres, mujeres y niños. Aunque ocasionalmente expresaba deseos de ver el fin de la esclavitud en algún momento futuro, nunca tomó pasos significativos para emancipar a quienes le pertenecían, ni apoyó legislación que amenazara seriamente la institución.
Montelo, templo de contradicciones. Montelo era más que una simple plantación, era la expresión física de las aspiraciones y contradicciones de Jefferson. La mansión diseñada por el propio Jefferson, siguiendo principios arquitectónicos payadianos, se erguía sobre una montaña desde la cual se dominaba el paisaje circundante.
Sus columnas clásicas, sus proporciones matemáticamente precisas y sus innovaciones técnicas reflejaban la mente ordenada y estética de su creador. Pero Montichelo también era una máquina económica que funcionaba gracias al trabajo no remunerado de personas esclavizadas. Debajo de la elegante superficie de la vida doméstica jefersoniana existía un mundo paralelo de cocinas humeantes, talleres de herrería, campos de tabaco y trigo y barracas donde vivían quienes hacían posible el ocio filosófico del amo.
Jefferson organizaba su plantación como un ilustrado organizaría cualquier empresa, con registros meticulosos, experimentos agrícolas y atención a la eficiencia. Sus farmbooks documentaban nacimientos, muertes, distribuciones de ropa y raciones y asignaciones de trabajo. En estas páginas, seres humanos aparecían como entradas contables, su valor medido en libras de tabaco o en horas de trabajo.
Entre las personas registradas en estos libros se encontraba una familia particular, los Hemings. Esta familia ocupaba una posición peculiar en la jerarquía de Montichelo, una posición que estaba inexicablemente ligada a la historia más íntima de los Jefferson. La familia Hemings y sus orígenes, Elizabeth Hemings, conocida como Betty, había nacido alrededor de 1735, hija de una mujer africana esclavizada y de un capitán de barco inglés.
Su piel clara y sus rasgos europeos la marcaron desde el nacimiento como producto de la violencia sexual que era endémica en la sociedad esclavista. Fue propiedad de John Wales, un abogado y comerciante virginiano que había amasado una fortuna considerable en parte a través del comercio de esclavos.
John Wales se casó tres veces enviudando en cada ocasión. Su tercera esposa, Marta Epes, le dio una hija también llamada Marta antes de morir en 1748. Tras esta última viudez, Wales no volvió a casarse legalmente, pero tomó a Elizabeth Hemings como concubina. De esta unión nacieron al menos seis hijos, Robert, James, Denia, Crita, Peter y Sally.
Estos niños eran legalmente esclavos de su propio padre, hermanos de sangre de la heredera legítima Martha Wales, pero separados de ella por un abismo legal y social infranqueable. Cuando John Wales murió en 1773, su hija Martha heredó la plantación, las deudas y los esclavos, incluyendo a Elizabeth Hemings y a sus hijos mestizos.
Martha Wales se había casado dos años antes con Thomas Jefferson. De esta manera, los Hemings llegaron a Montichelo trayendo consigo una historia familiar que entrelazaba sangre, poder y explotación de maneras que definirían las en próximas décadas. Martha Jefferson y su dote humana Martha Wales Jefferson, la esposa de Thomas, era por todos los testimonios una mujer encantadora, culta y devota a su marido.
Los 10 años de su matrimonio, de 1772 a 1782, parecen haber sido genuinamente felices, marcados por un afecto mutuo que Jefferson nunca superaría. tuvieron seis hijos, de los cuales solo dos hijas, Martha, llamada Patsy y Mary llamada Poly, sobrevivieron hasta la edad adulta. Los embarazos frecuentes debilitaron la salud de Marta.
Su último parto, en mayo de 1782 la dejó tan agotada que nunca se recuperó. Durante los cuatro meses siguientes, Jefferson apenas se separó de su lado, cuidándola con una devoción que testigos describieron como desgarradora. Cuando Marta murió en septiembre de 1782, Jefferson cayó en una depresión tan profunda que sus amigos temieron por su cordura.
Según la tradición familiar, en su lecho de muerte, Marta hizo prometer a Thomas que nunca volvería a casarse. Las razones de este pedido han sido objeto de especulación. ¿Temía que una madrastra maltratara a sus hijas? ¿O sabía algo sobre las dinámicas de su hogar que hacía que la promesa tuviera un significado más complejo? Jefferson cumplió la promesa.
Nunca volvió a casarse. Pero la promesa, como se vería, dejaba espacio para otras formas de relación. El viaje a Francia en 1784, Jefferson aceptó el nombramiento como ministro plenipotenciario de Estados Unidos en Francia, sucediendo a Benjamin Franklin. Se llevó consigo a su hija mayor Patsi, dejando a las dos menoresMary y Lucy en Virginia al cuidado de parientes.
Poco después, la pequeña Lucy murió de tos ferina, una tragedia que convenció a Jefferson de traer a Mary a París. En 1787, Mary Jefferson, de 9 años, cruzó el Atlántico acompañada por una joven esclavizada que serviría como su acompañante y cuidadora durante el viaje. Esta joven era Sally Hemings, entonces de aproximadamente 14 años. Sally era hija de Elizabeth Hemins y John Wales, lo que la convertía en media hermana de la difunta Marta Jefferson y por tanto en tía biológica de las niñas Jefferson.
Era también genéticamente casi completamente europea. Su madre era mulata, su padre blanco, lo que hacía a Sali cuarterona en la terminología racial de la época. Los testimonios de quienes conocieron a Sali la describen como extraordinariamente hermosa, con piel muy clara, cabello largo y lacio, y rasgos que, según contemporáneo, la hacían muy parecida a su padre.
Algunos incluso notaron su parecido con la difunta Martha Jefferson, su media hermana. Sali llegó a París como una adolescente que apenas había salido de Montichelo y se encontró en 1900, una de las ciudades más sofisticadas del mundo, en vísperas de una revolución que transformaría la historia. París, libertad y paradoja.
La Francia de los años 1780 presentaba una paradoja para los esclavos estadounidenses que llegaban a sus costas. La esclavitud no existía legalmente en el territorio metropolitano francés. Cualquier esclavo que pisara suelo francés podía teóricamente reclamar su libertad ante los tribunales. Sally Hemings y su hermano James, quien había llegado antes para servir como chef de Jefferson, eran legalmente libres en Francia, aunque probablemente no lo sabían al principio.
Jefferson era consciente de esta situación legal. Su solución fue pagar a Sally y James un pequeño salario, convirtiéndolos técnicamente en sirvientes asalariados en lugar de esclavos durante su estancia en Francia. Este arreglo le permitía mantener el control sobre ellos mientras evitaba complicaciones legales.
También representaba un reconocimiento implícito de que la relación en Francia tenía una base diferente a la que tendría en Virginia. Sally Hemings pasó aproximadamente 2 años en París, tiempo durante el cual su vida cambió de maneras que solo se comprenderían décadas después. Aprendió francés, se adaptó a la vida parisina y comenzó una relación con Thomas Jefferson que resultaría en al menos seis hijos y duraría hasta la muerte de él casi 40 años más tarde.
El filósofo de la libertad en su contexto, para comprender la figura de Jefferson, que el mundo conocía a finales del siglo XVII, es necesario apartarse momentáneamente de Montichelo y de París y considerar su lugar en la imaginación pública de su época. Para los estadounidenses y para muchos europeos ilustrados, Jefferson representaba lo mejor del experimento americano, la demostración de que la razón, la virtud y el autogobierno podían crear una sociedad más justa que las monarquías corruptas del viejo mundo. Su declaración de independencia
se había convertido en texto sagrado del republicanismo atlántico. Sus notas sobre el estado de Virginia circulaban en los salones intelectuales de Europa como evidencia de que América podía producir hombres de letras comparables a los europeos. Su correspondencia con los principales pensadores de su tiempo, Adams, Madison, Lafayet, Condorset, lo situaba en el centro de las redes intelectuales que estaban redefiniendo las posibilidades de la política humana.
Cuando Jefferson regresó a Estados Unidos en 1789, lo hizo como figura de estatura continental, respetado incluso por quienes discrepaban de sus posiciones políticas. Los años siguientes lo verían ascender a la presidencia, duplicar el Sintus, territorio nacional con la compra de Luisiana y consolidar su lugar en el panteón de los padres fundadores.
Pero junto a este Jefferson público existía otro Jefferson, conocido solo por quienes habitaban Montichelo y por algunos observadores perspicaces que notaban las incongruencias. Este Jefferson era el amo de cientos de esclavos, el padre de niños que nunca podría reconocer públicamente, el hombre que escribía sobre libertad mientras mantenía a seres humanos en cautiverio.
La tensión entre estas dos identidades definiría no solo su vida, sino también los dos siglos de debate histórico que seguirían a su muerte. El sistema esclavista de Virginia, para apreciar plenamente la posición de Sally Hemings y de todos los esclavizados en Montichelo, es esencial entender el marco legal y social que gobernaba sus vidas.
La esclavitud en Virginia no era simplemente una práctica económica, era un sistema total que regulaba cada aspecto de la existencia de las personas esclavizadas. Legalmente, los esclavos eran propiedad clasificados junto con el ganado, los muebles y las herramientas. Podían ser comprados, vendidos,hipotecados, heredados y legados. No podían poseer propiedad, firmar contratos, testificar contra personas blancas en los tribunales o moverse libremente sin permiso escrito de sus amos.
El matrimonio entre esclavos no tenía reconocimiento legal, lo que significaba que las familias podían ser separadas a voluntad del propietario. El código esclavista de Virginia también regulaba las relaciones sexuales y la descendencia. Siguiendo el principio romano de Partus Sequiturbentrem, los hijos heredaban la condición de la madre.
Esto significaba que cualquier hijo nacido de una mujer esclavizada era automáticamente esclavo, independientemente de quién fuera el padre. Esta regla tenía consecuencias particularmente perversas. Los hombres blancos podían engendrar hijos con mujeres esclavizadas sin ninguna responsabilidad legal hacia ellos y esos hijos se convertían en propiedad adicional del amo.
El resultado era un sistema donde la violencia sexual no solo era posible, sino estructuralmente incentivada. Los propietarios podían aumentar su capital humano simplemente a través de la reproducción forzada o coercitiva. Los hijos resultantes de estas uniones, mulatos, cuarterones, octavones, poblaban las plantaciones del sur, viviendo evidencia de las relaciones de poder que sus amos preferían no discutir abiertamente.
La economía de la esclavitud Jefferson, a pesar de sus ocasionales expresiones de malestar moral, era un participante activo y beneficiario de este sistema. Su estilo de vida, los libros, los vinos finos, los instrumentos científicos, las constantes renovaciones de Montichelo, los viajes a Europa, dependía del trabajo no remunerado de las personas que poseía.
Irónicamente, Jefferson pasó gran parte de su vida adulta endeudado, perseguido por acreedores y obligado a vender esclavos para cubrir sus gastos. Su incapacidad para vivir dentro de sus medios significaba que las personas esclavizadas en Monticelo vivían bajo la constante amenaza de ser vendidas, separadas de sus familias, para satisfacer las deudas de su amo filosófico.
Esta realidad económica también afectaba cualquier posibilidad de emancipación. Jefferson frecuentemente argumentaba que no podía liberar a sus esclavos porque estaba demasiado endeudado. Liberarlos significaría privar a sus acreedores de activos que legítimamente les correspondían. Era un argumento conveniente que ignoraba décadas de decisiones financieras que habían creado esa situación y que convertía la irresponsabilidad fiscal del amo en cadenas perpetuas para los esclavizados.
La jerarquía dentro de la esclavitud. No todos los esclavos en Monticelo vivían en las mismas condiciones. Existía una jerarquía interna que reflejaba las complejidades del sistema esclavista. En la cima estaban los esclavos domésticos, particularmente aquellos con sangre europea, quienes trabajaban en la casa principal, servían la mesa, cuidaban a los niños Jefferson y tenían contacto regular con la familia propietaria.
La familia Gemings ocupaba una posición privilegiada dentro de esta jerarquía. Su conexión sanguínea con los Wales y a través de ellos con los Jefferson les otorgaba un estatus especial. Los hijos de Betty Hemings aprendieron oficios especializados. James se convirtió en chef entrenado en la cocina francesa.
Robert era mayordomo. John era carpintero. Las mujeres Hemings servían como doncellas, costureras y enfermeras. Este privilegio relativo, sin embargo, no debe confundirse con libertad o seguridad. Los Hemings seguían siendo propiedad legal de Jefferson, sujetos a su voluntad y a las vicisitudes de su situación financiera.
Su posición más cómoda también los exponía a formas particulares de explotación, como la proximidad física que hacía posible las relaciones sexuales con los amos. El silencio como sistema, una característica fundamental de la sociedad esclavista sureña era el silencio organizado alrededor de las relaciones sexuales interraciales.
Todo el mundo sabía que ocurrían. Las plantaciones estaban llenas de niños de piel clara, cuyos rasgos europeos delataban su paternidad. Pero existía un acuerdo tácito de no mencionar estas realidades, de mantener una ficción de separación racial que todos sabían falsa. Las esposas de los plantadores aprendían a no ver, a no preguntar, a fingir que los niños mulatos que trabajaban en sus casas no tenían ninguna relación con sus maridos.
Los propios niños, criados como esclavos de sus padres, aprendían que su existencia era algo vergonzoso, algo que no debía mencionarse. Los blancos pobres, aunque no participaban directamente en estas dinámicas, también aprendían el código de silencio que protegía la ficción de la supremacía racial.
Este sistema de negación funcionaba porque beneficiaba a quienes tenían el poder. Los hombres blancos podían satisfacer sus deseos sin consecuencias sociales. Las mujeres blancas mantenían su posición de esposaslegítimas. La institución de la esclavitud se sostenía sobre la ficción de diferencias raciales absolutas que las relaciones sexuales interraciales constantemente desmentían.
Jefferson, como producto de esta sociedad había internalizado sus códigos. Nunca escribió públicamente sobre Sally Hemings, ni reconoció a los hijos que tuvo con ella. Su silencio era perfectamente consistente con las normas de su clase y su tiempo, pero ese mismo silencio mantenido durante décadas se convertiría en el centro del debate histórico más prolongado sobre cualquier padre fundador estadounidense.
Parte dos. Realidad privada y desequilibrio de poder. Sally Hemings. Una vida en las sombras. Sara Hemings, conocida toda su vida como Sally, nació alrededor de 1773 en la plantación de John Wales, Charles City County, Virginia. Desde su nacimiento, su vida estuvo marcada por las intersecciones de raza, género y poder que definían la experiencia de las mujeres esclavizadas en América.
Como hija de Elizabeth Hemings y John Wales, Sally era genéticamente casi enteramente europea, 7 octavos según los cálculos de la época, pero legalmente era negra y esclava. Esta condición legal era independiente de su apariencia física. podía tener piel tan clara como cualquier mujer blanca. Pero la gota de sangre africana que las leyes raciales imaginaban en sus venas la condenaba a la esclavitud hereditaria.
Sali tenía aproximadamente 9 años cuando llegó a Montichelo como parte de la herencia que Martha Jefferson recibió de su padre. Durante los primeros años en la plantación, probablemente fue asignada a tareas livianas apropiadas para una niña. Ayudar en la cocina, llevar mensajes, servir como compañera de juegos de las hijas Jefferson, quienes eran casi de su edad.
La relación entre Sally y las niñas Jefferson es un elemento crucial, pero poco documentado de esta historia. Patsy Marta Jefferson era solo tres o cu años mayor que Sally. Poly Mary era aproximadamente de la misma edad. Crecieron juntas en Montichelo, compartiendo espacios y hasta cierto punto experiencias. Pero la línea que la separaba era absoluta.
Las Jefferson eran amas. Sali era esclava. Las Jefferson heredarían propiedad y se casarían con hombres de su clase. Sally era propiedad y podía ser vendida en cualquier momento. El viaje a París, cuando en 1787 se decidió que Mary Jefferson viajaría a Francia para reunirse con su padre, se necesitaba una acompañante para la niña de 9 años.
La elección de Sally Hemings para este rol revela algo sobre su posición en la casa. Era suficientemente de confianza para encargársele la responsabilidad de la hija del amo, pero también suficientemente prescindible para ser enviada a través del Atlántico sin preocupación por su bienestar. Sally tenía aproximadamente 14 años cuando embarcó hacia Europa.
Era una adolescente que nunca había salido del entorno familiar de las plantaciones virginianas y de pronto se encontró navegando hacia un mundo completamente diferente. El viaje mismo duró varias semanas, durante las cuales Sally fue responsable de cuidar a Mary y de mantenerse a sí misma en un ambiente completamente extraño.
Al llegar a Londres, Sally y Mary fueron recibidas por Abigail Adams, esposa del embajador estadounidense en Gran Bretaña. Abigail quedó impresionada por Sally, a quien describió en una carta como bastante madura para su edad y con apariencia de buena índole. Sin embargo, también expresó sorpresa de que Jefferson hubiera enviado a una adolescente tan joven e inexperta como única acompañante de su hija en un viaje tan largo.
La llegada a París. Sally llegó a París en el verano de 1787, uniéndose al hogar de Jefferson en elegante hotel de Lja Jack en los campos Eliseos. La casa ya incluía a su hermano James, quien había estado sirviendo como chef de Jefferson durante 3 años y se había convertido en un cocinero consumado en la tradición francesa.
Para Sali, París debió ser una revelación. La ciudad era el centro cultural de Europa, bullendo de actividad intelectual, artística y política. Los salones donde Jeffersonizaba discutían ideas de libertad, igualdad y derechos naturales que, llevadas a su conclusión lógica, cuestionaban la legitimidad de la esclavitud misma.
Más concretamente, Sally descubrió que en Francia no era legalmente esclava. El codnoar y decisiones judiciales posteriores habían establecido que la esclavitud no existía en el territorio metropolitano francés. Cualquier esclavo que tocara suelo francés podía reclamar su libertad. Esta no era una abstracción teórica.
Hubo casos documentados de esclavos estadounidenses que demandaron y obtuvieron su libertad de los tribunales franceses mientras sus amos estaban de visita. No está claro cuando Sally comprendió plenamente su situación legal. Su hermano James, quien había pasado más tiempo en París y tenía más movilidad, probablemente lo entendióantes.
Lo que es cierto es que ambos hermanos eligieron regresar a Virginia con Jefferson en 1789. Una decisión que ha sido objeto de mucha especulación histórica. El inicio de la relación, el momento exacto en que comenzó la relación sexual entre Thomas Jefferson y Sally Hemings es desconocido. La evidencia más concreta proviene del hijo de Sally, Madison Hemings, quien en 1873 dio una entrevista detallada a un periódico de Ohio.
Según Madison, su madre quedó embarazada de Jefferson mientras estaban en París, cuando ella tenía aproximadamente 16 años. y el 44. Madison relató que su madre, al l enterarse del embarazo, no quería regresar a Virginia. En Francia era libre, en Virginia volvería a ser esclava y su hijo nacería en esclavitud. Según este testimonio, Jefferson la persuadió de regresar prometiéndole que sus hijos serían liberados al alcanzar la edad de 21 años.
Sally aceptó el acuerdo y regresó con Jefferson, el primer hijo, cuyo nombre no se ha preservado, nació poco después del regreso a Virginia y murió en la infancia. A lo largo de las siguientes dos décadas y media, Sally tuvo al menos cinco hijos más que sobrevivieron. Harriet, nacida en 1795, fallecida en la infancia.
Beverly, 1798, una segunda Harriet. 1801, Madison 1805 y Eston 1808. Los registros de Jefferson muestran otros embarazos que no llegaron a término o cuyos productos no sobrevivieron. La imposibilidad del consentimiento. Es fundamental abordar directamente la cuestión del consentimiento en esta relación, porque es aquí donde muchas narrativas históricas han fallado gravemente.
Durante generaciones, algunos historiadores y descendientes de Jefferson describieron la relación con Sally Hemings cuando la reconocían como un romance o una relación amorosa usando lenguaje que implicaba mutualidad. y elección libre. Este marco es profundamente problemático. Sally Hemings era propiedad legal de Thomas Jefferson.
No podía negarse a sus demandas sexuales sin enfrentar consecuencias que iban desde el castigo físico hasta la venta y separación de su familia. No podía abandonar Montichelo si la relación le resultaba insoportable. No tenía recursos legales si era maltratada. No podía buscar otros compañeros ni construir una vida independiente.
La decisión de regresar de Francia, incluso si fue genuinamente una elección de Sali, fue una elección entre opciones terriblemente limitadas. Quedarse en Francia significaba libertad legal, pero también significaba estar sola, sin familia, sin recursos, sin conocimiento de cómo sobrevivir en un país extranjero como una mujer negra sin conexiones.
Regresar a Virginia significaba esclavitud, pero también familia, cierta seguridad material y la promesa de que sus hijos eventualmente serían libres. Elegir entre estas opciones no es lo mismo que elegir libremente. Es tomar la menos mala entre alternativas moldeadas por un sistema de opresión. Y una vez devuelta en Virginia, cualquier apariencia de elección desapareció.
Sally era nuevamente propiedad y su relación con Jefferson continuó bajo las condiciones de esa propiedad. La vida en Montichelo de regreso en Virginia, Sally Hemings, fue asignada como doncella de las hijas de Jefferson y como costurera de la casa. Estas eran posiciones relativamente privilegiadas dentro de la jerarquía de la plantación, pero no deben confundirse con libertad o comodidad.
Sali vivía en dependencias de esclavos cerca de la casa principal. Los registros sugieren que sus habitaciones estaban en un área conocida como Mulberry Row, una calle de Minas, cabañas y talleres donde vivían muchos de los esclavos domésticos y artesanos de Montichelo. Su proximidad física a la casa principal facilitaba tanto su trabajo diario como sus encuentros con Jefferson.
Los hijos de Sally fueron registrados en los libros de la plantación junto con los demás. esclavos, sus nacimientos anotados con la misma frialdad contable que se usaba para el ganado. Jefferson nunca los reconoció como suyos en ningún documento. Nunca los llamó por su nombre en su correspondencia, nunca hizo referencia alguna a su existencia como sus hijos.
Sin embargo, el tratamiento que recibían los hijos de Sali era notablemente diferente al de otros esclavos de Montichelo. Se les enseñó a leer y escribir algo generalmente prohibido para los esclavos. Se les entrenó en oficios especializados. Beverly y Madison aprendieron carpintería, mientras que Eston se convirtió en un músico talentoso, heredando aparentemente el amor de su padre por el violín, las contradicciones de la intimidad bajo la esclavitud.
La relación entre Jefferson y Sally duró aproximadamente 38 años, desde París hasta la muerte de él en 1826. Durante todo ese tiempo convivieron en una intimidad que era a la vez real y fundamentalmente distorsionada por la desigualdad de poder que la definía. ¿Qué sentían el uno por el otro? Las fuentes históricas no permiten responderesta pregunta con certeza.
Jefferson no dejó escritos sobre Sally. Su silencio absoluto es en sí mismo un dato revelador. Sali no sabía leer ni escribir, por lo que no dejó cartas ni diario. Lo que sabemos proviene principalmente de los testimonios de sus hijos y de observadores externos. Madison Hemings en su entrevista de 1873 describió a su padre como un hombre distante, pero no cruel.
Él no era dado a expresar afecto hacia sus hijos. Era afectuoso hacia sus nietos blancos con quienes jugaba, pero era uniformemente amable con todos los que estaban a su alrededor. Esta descripción sugiere una relación caracterizada más por convivencia cotidiana que por calidez emocional. Isaac Jefferson, otro esclavo de Montichelo que dejó memorias, describió a Sali como una mujer poderosa cerca de ser blanca, muy hermosa, con el pelo largo y lacio que le llegaba hasta la cintura.
No comentó directamente sobre su relación con Jefferson, pero su observación de que Sally no hacía trabajo pesado indica su estatus especial, el conocimiento de la familia Jefferson. ¿Qué sabían los familiares blancos de Jefferson sobre la relación? La evidencia sugiere que era un secreto a voces, conocido por muchos, pero nunca discutido abiertamente.
Martha Jefferson. Randolf, la hija mayor de Jefferson. vivió en Monticelo con su familia durante parte de la vida adulta de su padre. Es inconcebible que no notara el parecido físico entre los hijos de Sally y su padre o que no comprendiera la naturaleza de la relación. Sin embargo, Marta defendió ferozmente el honor de su padre toda su vida, negando las acusaciones cuando surgieron públicamente y según la tradición familiar, atribuyendo la paternidad de los hijos de Sali a otros hombres de la familia. Esta negación
requería una considerable gimnasia mental. Los hijos de Sally eran visiblemente de herencia europea. Su parecido con Jefferson era notado por visitantes casuales. Además, los patrones de nacimiento de los hijos coincidían casi perfectamente con los periodos en que Jefferson estaba presente en Monticelo.
Mantener la ficción de que otro hombre era responsable requería ignorar evidencia abrumadora. Pero esta negación era consistente con las normas de la sociedad esclavista sureña. Las familias blancas aprendían a no ver, a no preguntar, a mantener la ficción de separación racial que sostenía toda la estructura social.
Reconocer la relación de Jefferson con Sally habría sido reconocer que las fronteras raciales eran permeables, que los padres fundadores participaban en las mismas prácticas que otros propietarios de esclavos, que el edificio moral de la República Temprana tenía cimientos de barro. Los hijos, vidas entre dos mundos.
Los seis hijos de Sally Hemings con Jefferson vivieron existencias liminales atrapados entre el mundo blanco de su padre y el mundo negro de su madre. Los cuatro que sobrevivieron hasta la edad adulta, Beverly, Harriet, Madison y Eston, experimentaron sus propias travesías complejas. Beverly y Harriet, los mayores, aparentemente pasaron al mundo blanco después de dejar Montichelo.
Según Madison, ambos se casaron con personas blancas y vivieron el resto de sus vidas como blancos, cortando vínculos con su herencia africana. Esta pasada era una práctica conocida en la América ante Belum. personas con suficiente apariencia europea podían, si lo deseaban, y tenían la oportunidad abandonar sus comunidades de origen y empezar de nuevo como blancos en lugares donde nadie conocía su historia.
Era una forma de escapar de la opresión racial, pero también implicaba una pérdida profunda, la renuncia a la familia, la comunidad y la identidad. Madison y Eston, los hijos menores, permanecieron identificados como negros durante sus primeros años de libertad. Se establecieron en Ohio, donde formaron familias y se ganaron la vida con sus oficios.
Sin embargo, después de la muerte de Madison, Eston también decidió pasar mudándose a Wisconsin, donde se reinventó como Eston Jefferson, un hombre blanco de ascendencia británica. La liberación y sus límites. Jefferson cumplió de manera indirecta la promesa que según Madison había hecho a Sali en París. Beverly y Harriet fueron simplemente autorizados a marcharse de Montichelo cuando alcanzaron la mayoría de edad, sin papeles de emancipación formal, pero sin persecución.
Madison y Eston fueron liberados en el testamento de Jefferson. Notablemente, Sali misma no fue liberada en el testamento de Jefferson. Su nombre no aparece en el documento. Después de la muerte de Jefferson fue dada a su hija Marta Rendolp, quien eventualmente la liberó informalmente. Sally pasó los últimos 9 años de su vida en Charlottesville, Virginia, viviendo con sus hijos Madison y Eston hasta su muerte en 1835.
Esta omisión del testamento es significativa. Jefferson liberó a cinco esclavos en su testamento. Todos ellos miembros de la familia Hemings, que noincluyera a Sally, podría interpretarse de varias maneras. Quizás consideraba que su estatus estaba implícitamente resuelto. Quizás no quería llamar la atención sobre su relación incluso después de muerto, o quizás simplemente no consideró sus deseos como una prioridad.
En cualquier caso, la omisión refleja la subordinación de Sali, incluso dentro de la intimidad que compartieron. El escándalo público de 180. La relación entre Jefferson y Sally Hemings no fue un secreto perfectamente guardado. En 180, durante el primer mandato presidencial de 1900, Jefferson, un periodista llamado James Cender, publicó una serie de artículos explosivos en un periódico de Richmond.
Kalender era un personaje complejo, un inmigrante escocés que había sido anteriormente aliado de Jefferson, escribiendo panfletos atacando a los federalistas, pero se enemistó con Jefferson cuando este no lo recompensó con un nombramiento gubernamental después de las elecciones de 1800. Despechado, Cender volcó su pluma venenosa contra su antiguo patrón.
Es bien sabido, escribió Kalender, que el hombre a quien le complace al pueblo deleitarse con el título de nuestro presidente, mantiene y desde hace muchos años ha mantenido, como su concubina a una de sus esclavas. Su nombre es Sally. Cender continuó describiendo a los hijos de esta unión, afirmando que el mayor, a quien llamó Tom, llevaba un parecido sorprendente con el presidente.
El artículo causó sensación. Los periódicos federalistas reprodujeron y amplificaron las acusaciones con evidente deleite. Se escribieron canciones satíricas sobre Dasky. Los opositores políticos de Jefferson usaron el escándalo para atacar su carácter moral. Jefferson nunca respondió directamente a las acusaciones.
Su silencio era consistente con su práctica general de no responder a ataques periodísticos, pero también era consistente con las normas de su clase sobre discutir tales asuntos públicamente. Sus aliados montaron una defensa que no negaba la relación, sino que atacaba la credibilidad de Calender. Lo notable es que el escándalo destruyó la carrera de Jefferson.
Fue reelegido presidente en 1804 con una victoria aplastante. La sociedad estadounidense de la época estaba preparada para tolerar, incluso esperar, que los hombres blancos de la élite sureña tuvieran relaciones con mujeres esclavizadas. Lo que no era aceptable era discutirlo abiertamente, las dimensiones del poder.
Para comprender plenamente la situación de Sally Hemings es necesario considerar todas las dimensiones del poder que estructuraban su vida. Había primero el poder legal. Jefferson la poseía como propiedad con autoridad casi ilimitada sobre su cuerpo, su trabajo y su destino. Podía venderla, castigarla, separar a sus hijos de ella.
Aunque aparentemente nunca ejerció estos poderes de las maneras más brutales disponibles, su mera existencia moldeaba cada aspecto de la relación. Había segundo el poder económico. Sali no poseía nada. No podía ganar dinero independiente. Dependía completamente de Jefferson para su subsistencia y la de sus hijos. Esta dependencia económica total eliminaba cualquier posibilidad de negociación genuina. Había tercero, el poder social.
Jefferson era uno de los hombres más respetados de su tiempo, un expresidente, un filósofo reconocido. Sali era una mujer negra, sin educación formal, sin conexiones, sin voz en la esfera pública. La brecha de estatus entre ellos era casi inconmensurable. Había cuarto, el poder de género. Incluso si Sali hubiera sido una mujer blanca libre, las normas de su época le habrían otorgado muy pocas opciones y muy poca autonomía.
Como mujer negra esclavizada estaba doblemente subordinada y había finalmente el poder de la edad. Cuando la relación comenzó en París, Jefferson tenía 44 años y Sali aproximadamente 16. Era un hombre en la plenitud de su poder e influencia. Ella era una adolescente apenas formada. Esta diferencia de edad y experiencia añadía otra dimensión a la desigualdad fundamental de su relación.
Lo que no podemos saber. Hay preguntas sobre esta historia que nunca podremos responder. Sally amaba a Jefferson en algún sentido significativo del término. Lo odiaba. Sentía una mezcla compleja de emociones que desafía categorización simple, como experimentaba la intimidad física con el hombre que la poseía.
Encontraba consuelo en su posición relativamente privilegiada, o la intimidad con el amo hacía su situación más insoportable. Estas preguntas importan porque Sally Hemings era un ser humano con una vida interior rica y compleja, pero nunca podremos acceder a esa vida interior directamente. Lo que tenemos son los contornos de su existencia externa, los hijos que tuvo, los trabajos que realizó, los lugares donde vivió, las circunstancias de su muerte.
El silencio de los archivos históricos es un reflejo del silencio impuesto sobre las personas esclavizadas en su propia época. Lo quesí podemos afirmar con certeza es que Sally Hemings no tuvo la oportunidad de construir su vida según sus propios términos. Las decisiones más fundamentales, dónde vivir, con quién estar, cómo criar a sus hijos, estuvieron siempre sujetas a la voluntad de otro.
Esta privación de autonomía es la esencia de la esclavitud y ninguna cantidad de trato benigno puede compensarla. La familia extendida Sali no existía en aislamiento. Era parte de la familia Hemings más amplia que constituía una presencia significativa en Monticelo. Su madre Elizabeth vivió hasta 1807, rodeada de sus hijos y nietos. Los hermanos y hermanas de Sally, James, Robert, Tenia, Kita, Peter, también vivían y trabajaban en la plantación formando una red de apoyo familiar dentro de las restricciones de la esclavitud. Esta familia era también,
biológicamente familia de Jefferson. Los Hemings eran medios hermanos de la difunta Marta Jefferson, cuñados y cuñadas de Thomas. Los hijos de Sally eran no solo hijos de Jefferson, sino también primos de sus hijos legítimos. Estas conexiones de sangre atravesaban la línea de color, pero no la abolían. Los Hemmings seguían siendo esclavos de sus propios parientes.
James Hemings, el hermano mayor de Millen Cent. acompañó a Jefferson a Francia, donde fue entrenado como chef en las cocinas más refinadas de París. Regresó a Virginia como un artista culinario consumado, responsable de introducir la cocina francesa en la mesa de Jefferson. En 1796, Jefferson finalmente accedió a liberarlo, haciéndolo uno de los pocos esclavos que Jefferson emancipó durante su vida. James murió en 1801.
aparentemente por suicidio, en circunstancias que sugieren que la libertad formal no había traído la paz que esperaba, el peso de la proximidad, la posición de Sali y de sus hijos en Monticelo era, en muchos sentidos, más complicada que la de los esclavos de campo que trabajaban lejos de la casa principal.
La proximidad al poder trae sus propias cargas. Los hijos de Sali crecieron viendo a su padre todos los días, siendo testigos de su vida familiar con sus hijos legítimos, observando como él interactuaba con el mundo como un hombre respetado y admirado. Madison Hemins recordaba ver a Jefferson tocando el violín, recibiendo visitantes ilustres, conversando sobre filosofía y política, pero él y sus hermanos nunca fueron reconocidos, nunca fueron presentados, como hijos nunca recibieron los abrazos y las palabras de afecto que Jefferson aparentemente
reservaba para sus nietos blancos. Esta negación debió ser psicológicamente devastadora. No era simplemente la ausencia de un padre, era la presencia de un padre que elegía no reconocerlos, que los miraba y actuaba como si la conexión entre ellos no existiera. Era un repudio repetido diariamente, una herida que no podía sanar porque se infligía continuamente.
La economía emocional de la esclavitud. Las relaciones entre amos y esclavos en el sur ante Belum frecuentemente incluían afirmaciones de afecto mutuo. Los propietarios se describían a sí mismos como patriarcas benevolentes que cuidaban de su gente. Los esclavos, cuando era prudente, expresaban lealtad y gratitud hacia sus amos.
Esta retórica de afecto familiar servía para disfrazar la violencia fundamental. del sistem. Pero las emociones involucradas no eran simplemente falsas. En situaciones de dependencia extrema, los subordinados desarrollan vínculos genuinos con quienes controlan sus vidas. Los psicólogos modernos reconocen este fenómeno en contextos que van desde el secuestro hasta la violencia doméstica.
No es manipulación consciente ni locura. Es una adaptación humana a circunstancias inhumanas. Es posible que Sally Hemings desarrollara algo que ella experimentaba como afecto hacia Jefferson. Es posible que encontrara consuelo en la relación, que valorara su posición relativamente privilegiada, que viera la continuidad de esa relación como protección para ella y sus hijos.
Nada de esto cambiaría la naturaleza fundamentalmente coercitiva de su situación. La capacidad humana para encontrar significado y conexión, incluso en circunstancias de opresión, es testimonio de la resiliencia del espíritu, pero no debe confundirse con libertad. Sally Hemings pudo haber hecho lo mejor que pudo dentro de límites terribles.
Eso no significa que esos límites fueran aceptables o que la relación que contenían pueda describirse apropiadamente como consensual. Parte 3. Negación, silencio y supresión histórica. El muro del silencio. La muerte de Thomas Jefferson. El 4 de julio de 1826, exactamente 50 años después de la adopción de la Declaración de Independencia, fue tratada como un evento de significado casi providencial.
murió el mismo día que John Adams, su antiguo rival y amigo reconciliado. En lo que muchos estadounidenses vieron como una señal divina. La nación estaba de luto por un padre fundador, un símbolo de sus más altos ideales. Eneste contexto de duelo nacional, cualquier discusión sobre Sally Hemings era impensable.
El escándalo de 1802 había sido convenientemente olvidado. Los periódicos que reprodujeron las acusaciones de Calender ahora publicaban eljías laudatorias. Jefferson fue enterrado en Montichelo, en una tumba cuya inscripción él mismo había escrito destacando sus tres logros más preciados: autor de la declaración de independencia, autor del Estatuto de Virginia para la libertad religiosa y padre de la Universidad de Virginia.
No había mención de la presidencia ni de la compra de Luisiana, ni por supuesto de las más de 600 personas que había poseído a lo largo de su vida. Y ciertamente no había mención de la mujer que había compartido su intimidad durante casi cuatro décadas, ni de los hijos que había engendrado con ella. la construcción del mito.
En las décadas siguientes a su muerte, la imagen de Jefferson fue cuidadosamente cultivada por sus descendientes, biógrafos y admiradores. Se convirtió en el sabio de Montichelo, el filósofo estadista cuya vida ilustraba las posibilidades del experimento americano. Sus escritos fueron editados y publicados, sus cartas preservadas, su casa convertida en lugar de peregrinación patriótica.
Esta mitificación requería un trabajo activo de selección y omisión. Los biógrafos enfatizaban los logros públicos de Jefferson mientras trataban su vida privada con discreción. Su relación con la esclavitud se presentaba como una contradicción trágica pero comprensible. Jefferson era un hombre de su tiempo atrapado en un sistema que él mismo deploró, pero no pudo cambiar.
Marta Jefferson Randolp, la hija que había defendido el honor de su padre mientras vivía, continuó haciéndolo después de su muerte. Cuando se le preguntaba sobre los rumores concernientes a Sally Hemings, los negaba categóricamente, atribuyendo la paternidad de los hijos de Sally a Peter Car, uno de los centos sobrinos de Jefferson.
Esta explicación alternativa se convirtió en la posición oficial de la familia durante más de un siglo, los historiadores y el silencio. La historiografía profesional estadounidense, cuando comenzó a desarrollarse en el siglo XIX, heredó y reforzó el silencio de la familia Jefferson. Los historiadores de la época eran casi exclusivamente hombres blancos del norte y del sur, educados en tradiciones que compartían ciertas suposiciones sobre raza, género y el lugar apropiado de diferentes tipos de personas en la narrativa histórica. Para
estos historiadores, Jefferson era un tema de importancia nacional, una figura cuya reputación debía protegerse porque simbolizaba valores que ellos mismos valoraban. Investigar sus relaciones sexuales con una esclava habría sido considerado de mal gusto, poco científico y potencialmente dañino para la moral pública.
Además, las fuentes que habrían permitido tal investigación eran sistemáticamente devaluadas. Los testimonios de personas negras, como las memorias de los esclavos de Montichelo, no se consideraban evidencia histórica confiable. Se asumía que los negros eran incapaces de recordar con precisión que exageraban o inventaban que sus palabras no merecían el mismo peso que las de los blancos.
Esta jerarquía de credibilidad significaba que el relato de Madison Hemings, publicado en 1873, podía ser desestimado como invención interesada o confusión senil, mientras que las negaciones de la familia Jefferson se aceptaban como verdad establecida. El testimonio de Madison Hemings. El testimonio de Madison Hemings merece examinarse en detalle porque es la fuente más directa sobre la relación de sus padres.
Fue publicado el 13 de marzo de 1873 en el Pike County Republican, un pequeño periódico de Ohio donde Madison vivía después de dejar Virginia. Madison comenzó describiendo la historia de su familia materna, como su abuela Elizabeth Hemings había sido concubina de John Wales, como su madre Sally era producto de esa unión, como la familia Hemings llegó a Montichelo como parte de la herencia de Martha.
Jefferson era una genealogía que ubicaba a Sally en el contexto de generaciones de explotación sexual. Luego describió el viaje de su madre a París, su embarazo mientras estaba allí, su decisión de regresar a Virginia después de que Jefferson prometiera liberar a sus hijos. Ella dio a luz a un en niño de quien Thomas Jefferson fue el padre”, declaró Madison sin ambigüedad.
Vivió solo un corto tiempo. Dio a luz a cuatro más y Jefferson fue el padre de todos ellos. Madison describió su propia vida en Montichelo, cómo aprendió el oficio de carpintero, cómo fue tratado relativamente bien, pero nunca reconocido como hijo. Como Jefferson, era distante, pero no cruel. Recordó que su padre no era dado a expresar afecto hacia sus hijos.
Una observación que resonaba tanto con los testimonios de otros esclavos de Montichelo como con las descripciones de Jefferson por partede observadores blancos. El testimonio de Madison fue específico, coherente y corroborado por los registros documentales disponibles. Las fechas que dio coincidían con los registros de Montichelo.
Los nombres y relaciones que describió eran verificables. Los detalles de la vida cotidiana en la plantación eran consistentes con otras fuentes. contraataque de los defensores de Jefferson. La respuesta de los admiradores de Jefferson al testimonio de Madison fue inmediata y despreciativa. No se molestaron en refutar los detalles.
Simplemente desestimaron toda la narrativa como increíble producto de la vanidad de un hombre negro que quería asociarse con un gran hombre blanco. Esta estrategia de desprestigio racial fue extraordinariamente efectiva. Durante más de un siglo, los historiadores profesionales trataron el testimonio de Madison Hemings como una curiosidad folkórica en el mejor de los casos, una calumnia maliciosa en el peor.
La biografía monumental de Jefferson, escrita por Dumas Malón, publicada en seis volúmenes entre 1948 y 1981, dedicó unas pocas páginas a la controversia, descartándola como el mito de Sally Hemins, basado en calumnias políticas y tradición oral, negra poco confiable. Malón fue particularmente despectivo.
Argumentó que Jefferson era simplemente incapaz de tal conducta, que su carácter moral lo hacía inmune a las tentaciones que afectaban a hombres menores. “Es virtualmente inconcebible”, escribió Malone, “que amante de la libertad, este genio de la Ilustración americana pudiera haber mantenido una relación tan degradante. El argumento era circular.
Jefferson era un gran hombre y los grandes hombres no hacen tales cosas. Por lo tanto, Jefferson no pudo haberlas hecho. Los mecanismos de la negación, la negación de la relación. Jefferson Hemings ilustra varios mecanismos que operan cuando las sociedades enfrentan verdades incómodas sobre sus héroes. Primero había la deshumanización de la víctima.
Sally Hemings fue retratada en las pocas discusiones que la mencionaban como una figura sin sustancia, a veces como seductora, manipuladora, otras veces como objeto pasivo de los deseos masculinos. Rara vez se la trataba como un ser humano con su propia perspectiva, sus propios deseos, sus propios sufrimientos.
Segundo, había la santificación del perpetrador. Jefferson fue elevado a una altura moral desde la cual la acusación parecía absurda. ¿Cómo podía el autor de la declaración de independencia, el campeón de los derechos humanos, el arquitecto de la democracia americana, ser también un hombre que explotaba sexualmente a una mujer esclavizada? La respuesta obvia, que las personas son contradictorias, que los ideales coexisten con las prácticas que los contradicen, era demasiado incómoda para considerarla.
Tercero, había la descalificación de las fuentes. Los testimonios de personas negras, especialmente aquellos que contradecían las narrativas blancas, fueron sistemáticamente devaluados. Se requería un estándar de evidencia imposible, sin documentación escrita de puño y letra de Jefferson, admitiendo la relación, nada sería aceptado como prueba.
Cuarto, había la privatización del asunto. Incluso quienes admitían la posibilidad de la relación argumentaban que no era relevante para la evaluación histórica de Jefferson. Su vida privada, decían, era asunto privado. Lo que importaba eran sus contribuciones públicas. Este argumento ignoraba que la esclavitud no era un asunto privado, sino una institución pública y que las acciones de Jefferson hacia las personas que poseía eran tan parte de su legado como sus escritos filosóficos, la resistencia de la comunidad negra.
Mientras los historiadores blancos construían el mito de Jefferson, la comunidad afroamericana mantenía viva una memoria diferente. Los descendientes de Sally Hemings, tanto los que permanecieron identificados como negros como los que pasaron al mundo blanco, transmitieron la historia de su origen de generación en generación.
Esta tradición oral fue consistente y detallada. Las diferentes ramas de la familia Hemings, separadas geográficamente y con poco contacto entre sí, contaban versiones de la historia que coincidían en los puntos esenciales. Sabían quién era su antepasado, cómo había vivido, qué promesas le habían hecho y cuáles se habían cumplido.
Esta persistencia de la memoria era en sí misma un acto de resistencia en una sociedad que negaba la humanidad de las personas negras, que borraba sus historias y desestimaba sus testimonios. Mantener viva la verdad era una forma de afirmar dignidad y reclamar un lugar en la historia. Los descendientes de Hemings también preservaron objetos materiales, joyas que según la tradición Sali había recibido de Jefferson, documentos que probaban su libertad y su conexión con Montichelo.
Estos objetos eran evidencia tangible de una historia que el establishment académico se negaba areconocer, el contexto de la guerra civil y la reconstrucción. El testimonio de Madison Hemings fue publicado en 1873, menos de una década después del fin de la guerra civil. Este contexto es crucial para entender tanto por qué Madison habló como por qué su testimonio fue ignorado.
La guerra civil había destruido la esclavitud, pero no el racismo. El breve periodo de la reconstrucción, durante el cual los afroamericanos del sur ganaron derechos políticos y participación ciudadana, estaba llegando a su fin violento. Los demócratas del sur, usando el terror del Clux Clan y otras organizaciones, estaban reimponiendo la supremacía blanca en formas nuevas.
En este contexto, la historia de Sally Hemings tenía resonancias políticas inmediatas. Reconocer que Jefferson había tenido hijos con una esclava habría complicado la narrativa de la reconciliación nacional que se estaba construyendo, una narrativa en la que el norte y el sur se unían como hermanos blancos, dejando atrás las divisiones de la guerra.
también habría validado los reclamos de los afroamericanos de ser parte integral de la historia americana, conectados por sangre con sus figuras más veneradas. Por estas razones, entre otras, el establecimiento cultural estadounidense tenía fuertes incentivos para suprimir la historia.
La verdad sobre Jefferson y Hemings era incompatible con la versión de la historia americana que las élites querían promover. El siglo XX, Consolidación del silencio. A lo largo del siglo XX, la negación se consolidó como ortodoxia académica. Las biografías de Jefferson se multiplicaron, pero todas trataban la controversia de Hemings con el mismo patrón.
Mención breve, desestimación rápida. Retorno al tema de las contribuciones públicas de Jefferson. Montelo mismo, convertido en museo y lugar de peregrinación patriótica, omitía casi por completo la presencia de los esclavizados. Los visitantes recorrían las elegantes habitaciones de la casa principal. Admiraban la biblioteca y los instrumentos científicos de Jefferson.
Escuchaban relatos de su genio y virtud. Rara vez se les mencionaba que la servidumbre que hacía posible todo esto era trabajo esclavo y nunca se les hablaba de Sally Hemings. Esta omisión era deliberada. Los administradores de Monticelo, muchos de ellos descendientes de Jefferson o asociados con la Thomas Jefferson Memorial Foundation, consideraban que la controversia de Hemings era una distracción del verdadero legado de su héroe.
incluirla en la narrativa del sitio habría sido en sus ojos ceder a la vulgaridad y el sensacionalismo, las voces disidentes. No todas las voces académicas aceptaron la ortodoxia. Algunos historiadores, particularmente aquellos interesados en la historia afroamericana y en la historia social, comenzaron a cuestionar la narrativa dominante.
Found Brody, una historiadora de UCLA, publicó en 1974 una biografía de Jefferson que tomaba en serio la posibilidad de la relación con Hemins. Thomas Jefferson, Antimate History. Fue un éxito comercial, pero fue recibida con hostilidad por el establishment Jeffersoniano. Los críticos la acusaron de psicobiografía especulativa, de proyectar fantasías sexuales sobre la evidencia histórica de falta de rigor académico.
Brody no probó la relación de manera concluyente, pero hizo algo quizás más importante. demostró que la negación no era científicamente neutral, sino ideológicamente motivada. Mostró que los argumentos contra la relación dependían de suposiciones no examinadas sobre el carácter de Jefferson y la credibilidad de los testimonios negros.
Otros historiadores siguieron su camino. Gordon Reed, entonces una joven profesora de derecho, publicó en 1997
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