ARION – EL ÚLTIMO GUERRERO
1. El Monstruo del Bosque Llorón

Mi lanza se hizo añicos al impactar contra sus escamas duras como rocas.

El olor a lodo y sangre en descomposición me inundó los pulmones.

Ante mí, la Hidra de siete cabezas, criatura nacida de la pesadilla de un dios muerto, cargaba.

Mi escudo, la última reliquia del honor de un hoplita espartano, estaba abollado y agrietado.

Mi cuerpo era un mapa de heridas que ardían como el fuego del infierno.

Había luchado contra este monstruo durante una hora… o un día.

En el Bosque Llorón, el tiempo no existe.

Solo agotamiento.

Y la muerte se acercaba.

La cabeza de una serpiente descendió en picado. Sus colmillos goteaban un veneno negro capaz de derretir la piedra.

Rodé hacia un lado.

La espada le cortó un tendón al monstruo, dándome un segundo más para sobrevivir.

No fue suficiente.

Otra cabeza me golpeó en el costado, lanzándome contra el tronco petrificado de un árbol.

El aire salió de mis pulmones.

Siete cabezas de la Hidra se alzaron.

Listas para acabar conmigo.

Cerré los ojos.

“Se acabó”.

No una muerte gloriosa junto a mis camaradas.

Sino ser devorado por un monstruo en un bosque olvidado por los dioses.

Un final humillante para Arión, quien condujo a 300 guerreros espartanos a la muerte.

2. El Grito del Guerrero

De repente, se escuchó un grito.

No humano.

Era poderoso, femenino, y vibraba como el poder mismo de la tierra.

Abrí los ojos.

Una flecha tan gruesa como mi pulgar, de un brillo plateado, atravesó el centro de la cabeza de la Hidra.

El monstruo rugió.

De las sombras del bosque, emergió una figura.

La mitad superior era una mujer de piel bronceada y cabello tan negro como la crin de un caballo salvaje.

Pero de cintura para abajo…

Su cuerpo era el de un poderoso caballo de guerra.

Un Centauro.

Creía que solo eran leyendas.

Disparó flecha tras flecha.

Ojos.

Cuello.

Articulaciones.

Cerró cada punto débil de la Hidra.

El monstruo se giró para atacarla.

Tuve el momento que necesitaba.

3. La Batalla Final

Me puse de pie, con los músculos aullando de dolor.

Si debo morir…

Moriré de pie.

El Centauro galopaba a mi lado.

“La garganta”, dijo. Su voz profunda como un trueno lejano.

“Su fuerza reside en el nudo de la garganta”.

Cargamos.

Ella era la tormenta, una lluvia de flechas.

Yo era la lanza final.

Salté sobre la raíz de un árbol, usando el cuerpo de la Hidra como trampolín.

Mi espada rota se clavó directamente en la unión de los siete cuellos.

Un chillido rasgó el aire.

La Hidra se convulsionó.

Luego quedó inmóvil.

4. La Profecía

Me arrodillé.

La adrenalina abandonó mi cuerpo.

La Centauro dio un paso adelante.

Tenía una herida carbonizada por el veneno.

“Luchaste bien… contra una mortal.”

Tosí sangre.

“No soy una mortal.

Soy una espartana exiliada.

Un fantasma que no sabe que está muerta.”

Me miró fijamente a los ojos.

Como si viera:

la batalla de las Termópilas

mis errores tácticos

la muerte de 300 personas

“Lo sé”, susurró.

“Este bosque alimenta el dolor.

Y por eso… te necesito.”

Se arrodilló.

“Me llamo Lira.

Soy la última de mi especie.”

La maldición del bosque estaba matando a los centauros.

No nacían crías.

Los machos enloquecieron de rabia.

Las hembras se marchitaban.

Una profecía decía:

Solo un mortal muerto en espíritu

podría romper la maldición.

5. Viaje al Corazón Podrido

Lira me dio una bellota de plata.

La luz del dios del bosque, Silvano.

Me protegió de las alucinaciones.

Durante tres días viajé por el bosque.

Los árboles susurraban con las voces de los guerreros que habían muerto bajo mi mando.

“Arión… nos abandonaste…”

Pero la voz de Lira en mi mente me mantuvo cuerdo.

Nos contábamos historias:

Sobre Esparta. Sobre las danzas de los centauros bajo la luna.

Sobre los ponis, ahora solo un recuerdo.

Y por primera vez en años…

Luché no solo por mí.

6. El Corazón de la Maldición

Día tres.

Llegué a un gran pozo.

En el centro había una masa de raíces negras y roca podrida.

Latía como un corazón.

Lira dijo:

“Coloca la bellota en el centro”.

Pero presentí que algo andaba mal.

“¿Cuál es el precio?”

Silencio.

Entonces respondió:

“La maldición necesita un alma como ancla”.

“Un alma humana”.

Entendí.

Mi expiación…

fue mi muerte.

Reí.

Una vida por toda una especie.

Ese era el precio que un espartano podía aceptar.

7. La Tentación

Mientras me preparaba para plantar la bellota…

Sonó una voz.

Desde el corazón de la maldición.

Una figura sombría se alzó.

“Puedes morir por ellos…”

“Si lo deseas.”

“O… convertirte en el rey de este bosque.”

Ofrecía:

El poder de todo el bosque

Monstruos subordinados

Reyes temblando ante mi nombre

No un fantasma.

Sino un dios.

8. La Decisión

Me encontraba entre dos caminos.

Detrás de mí estaba la esperanza de Lira.

Delante de mí, un poder ilimitado.

La sombra extendió la mano.

“Espartano…”

“¿Qué eliges?”

Miré la bellota plateada que tenía en la mano.

Observando los fantasmas de 300 guerreros.

Y por primera vez en años…

Sonreí.

9. Luz

Planté la bellota en el corazón de la maldición.

Luz compensatoria

Una explosión.

El grito de la oscuridad resonó al ser destrozada.

El bosque tembló.

Los árboles volvieron a reverdecer.

El arroyo fluyó.

La tierra revivió.

Y yo…

Transformada en luz.

10. Leyenda

Años después.

En los nuevos prados del bosque.

Potros centauros corrían bajo la luz del sol.

Lira estaba de pie en una colina.

Puso su mano sobre un gran roble joven.

Los centauros lo llamaban:

El Árbol de Arión.

Porque el alma de un guerrero espartano…

Aún mantenía vivo el bosque.