Bebé millonario lloraba en su cumpleaños. Payaso vio lo que la madre le hizo al

pastel. El llanto que salió de la garganta de Valentina Ruiz, una niña de

apenas 3 años recién cumplidos, vestida en vestido de princesa rosa que había

costado 12,000 pesos y que brillaba con 300 lentejuelas cocidas a mano. No era

el llanto normal de niña emocionada por su fiesta de cumpleaños. Era llanto de

terror puro, primitivo, del tipo que hace que cada instinto protector en

cerebro humano se active inmediatamente. Y el payaso, un hombre de 42 años

llamado Roberto Flores, quien había pasado últimos 20 años entreteniendo en

fiestas infantiles bajo nombre artístico Piruetas el payaso, lo reconoció

inmediatamente porque había escuchado ese tipo de llanto antes, en su otra

vida como trabajador social, antes de que Burnout lo hubiera llevado a carrera

menos estresante de hacer reír a niños. Roberto había llegado a Mansión de

Familia Ruiz en Bosques de las Lomas a las 3 en0 pm del sábado 12 de octubre,

exactamente una hora antes de que fiesta comenzara. Como era su práctica

profesional de llegar temprano para preparar actos, verificar espacio,

conocer a niño de cumpleaños para establecer rapor que haría su show más efectivo, mansión y Dios llamar la casa.

sería insulto porque era palacio de tres pisos con valor estimado de 60 millones

de pesos. Según placa de bienes raíces que Roberto había visto en entrada.

Estaba ya decorada elaboradamente. Globos de helio en cada esquina. No

globos de tienda de fiestas, sino globos personalizados de empresa de eventos que cobraban 1,000 pesos por arreglo.

Pancarta gigante diciendo, “Feliz cumpleaños, Valentina.” en letras de 1

metro de altura, mesas cubiertas con manteles de mind

seda no plástico, seda real, centros de mesa con flores frescas, orquídeas que

probablemente habían sido importadas. Y en centro de jardín trasero, que era más

grande que parque público promedio, había pastel, pero no pastel ordinario.

Era obra maestra de repostería de cinco niveles, cada nivel decorado con flores

de azúcar que parecían reales, con castillo de princesa encima hecho

completamente de chocolate blanco con nombre Valentina,

escrito en caligrafía perfecta con glaseado dorado comestible. Roberto

sabía, porque había trabajado suficientes fiestas de familias ricas,

que ese pastel probablemente había costado mínimo 30,000 pesos, posiblemente 40. Señora Ruiz había

llamado Roberto cuando entró a cocina de mansión buscando a persona quien lo había contratado por su tarifa usual de

8,000 pesos por presentación de 2 horas. Soy piruetas, el payaso. Llegué temprano

para Ah, perfecto. Había interrumpido voz femenina y mujer había entrado a

cocina desde sala adyacente con teléfono celular presionado contra oreja,

claramente en medio de conversación importante que no quería interrumpir por

simple payaso. Era mujer impresionante. Mónica Ruiz, 36 años, 170 de altura en

tacones de Lubután que agregaban 10 cm y que habían costado 25,000 pes. Vestida

en vestido de diseñador que probablemente había costado 50.000,

con cabello empeinado elaborado que requería cita de 3 horas en salón de

lujo, con maquillaje aplicado por profesionales a mañana, 2000 pesos por

servicio, con joyas, collar de diamantes, aretes a juego, pulsera que

juntas probablemente valían más que coche promedio. Mónica había hecho gesto

rápido con mano libre, gesto universal de espera un minuto y había continuado

su conversación telefónica. Sí, Fernando, entiendo que Dill es

importante, pero es cumpleaños de nuestra hija. Dijiste que llegarías a las 4. Son, verificó Reloj Cartier en su

muñeca que había costado 200,000 pesos. Son tres y necesito que estés aquí

cuando invitados lleguen porque quiero que vean que somos familia unida, familia perfecta, ¿entiendes? Había

silencio mientras escuchaba respuesta. Entonces, no me importa si Jiménez está

siendo difícil. Cierra el trato después de fiesta. Esto es esto es sobre imagen,

Fernando, sobre mostrar a todos nuestros amigos, a padres de compañeros de clase

de Valentina, que tenemos vida perfecta, que somos familia perfecta. Entonces,

vas a estar aquí a las 4, vas a sonreír, vas a actuar como padre devoto y vamos a

tomar fotos hermosas que voy a publicar en Instagram. ¿Está claro? Más silencio.

Entonces suspiro satisfecho. Bien, te veo a las 4. Había colgado y se había

vuelto hacia Roberto con sonrisa que no había alcanzado sus ojos. Sonrisa que

era todo dientes blancos perfectos, blanqueamiento profesional, 10,000 pesos

por sesión y cero calidez. Disculpa eso. Esposos, ¿verdad? Siempre poniendo

trabajo sobre familia. Roberto había asentido cortésmente,

aunque no tenía esposa, porque entre salario de payaso y su ética personal de

no mentir en relaciones, había decidido que era mejor estar solo que fingir ser

alguien que no era. Puedo conocer a Valentina. Siempre me gusta saludar a niño de

cumpleaños antes de fiesta para que no esté nerviosa cuando payaso extraño

aparece durante show. Oh, está en su cuarto”, había dicho Mónica con onda de

mano desdeñosa, como si ubicación de su hija era detalle menor. Segundo piso,

tercera puerta a la derecha, pero había añadido con tono que había cambiado de

despreocupado a algo más duro, más controlado. “Solo diola rápido, no la