
En el polvoriento pueblo de San Miguel,
en las 谩ridas tierras del norte de
M茅xico, donde el sol quemaba la piel
como un hierro al rojo y los vientos
tra铆an ecos de balazos lejanos, viv铆a un
vaquero pobre llamado Juanito el flaco
Ram铆rez. Juanito no ten铆a m谩s que su
caballo cojo, un rev贸lver oxidado con
solo tres balas y un sombrero ra铆do que
apenas le cubr铆a la cabeza rapada por el
sol. Hab铆a llegado a San Miguel huyendo
de una deuda con los bandidos de la
sierra, pero la suerte no le sonre铆a.
Dorm铆a en establos abandonados, com铆a
frijoles rancios y so帽aba con una vida
mejor, aunque sab铆a que los sue帽os en el
oeste eran como mirajes en el desierto,
hermosos pero falsos.
Esa ma帽ana el pueblo bull铆a con un rumor
siniestro.
El cel煤, el rojo, hab铆a anunciado
una subasta especial.
No era de caballos ni de tierras, sino
de algo mucho m谩s oscuro. Mujeres
capturadas en raids por los forajidos.
Juanito oy贸 el chisme mientras mendigaba
un trago de mezcal.
“Dicen que hay una con un saco en la
cabeza”, susurr贸 un borracho. “Nadie
sabe qui茅n es, pero la venden barata
porque huele a problemas”. Juanito
sinti贸 un escalofr铆o.
No era hombre de comprar vidas, pero
algo en su interior, quiz谩s la soledad
que lo carcom铆a como un coyote
hambriento, lo impuls贸 a ir. El sol del
mediod铆a ca铆a como plomo derretido sobre
la plaza central.
Una multitud de vaqueros, mineros y
pistoleros se arremolinaba alrededor de
un improvisado escenario de madera.
El subastador, un gordo con bigote
retorcido llamado Don Pepe, gritaba con
voz ronca: “Se帽ores, la mercanc铆a de hoy
es fresca. Mujeres listas para el
trabajo duro o el placer suave.”
Juanito se abri贸 paso entre el edor a
sudor y tabaco. Vio a las primeras una
india con ojos fieros, vendida por 10
pesos a un ranchero, una rubia desba铆da,
comprada por 15 por un minero borracho.
Pero entonces lleg贸 la 煤ltima y ahora la
especial. Una mujer con saco en la
cabeza.
Nadie ha visto su rostro, pero oigan
esto. La capturaron en las monta帽as
luchando como una fiera. Podr铆a ser una
belleza o una bruja, pero por un d贸lar,
驴qui茅n se arriesga? La multitud r铆o,
pero nadie puj贸. La mujer estaba atada a
un poste, el saco de yute cubri茅ndole la
cabeza, su vestido rasgado revelando
moretones en los brazos.
Juanito sinti贸 una punzada en el pecho.
D贸 era todo lo que ten铆a ganado
limpiando botas esa ma帽ana. Alguien
ofrece, insisti贸 don Pepe. Silencio.
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