Toda la FAMILIA fue ASESlNADA y ella fue la ÚNICA SOBREVIVIENTE

I didn’t just lose my parents and sister. I lost trust in people. I lost my dignity and my pride. I lost the person who I was supposed to be. La mujer que acabamos de ver dando su declaración de impacto en la sala de un tribunal es Vanessa Bennett, la única sobreviviente de un brutal ataque perpetrado contra su familia en Estados Unidos.

 Pero para llegar a esta declaración fue necesario recorrer un largo camino. Te invitamos a que te quedes con nosotros hasta el final de este vídeo para que veas todos los escollos que superó, así como la incertidumbre y falta de recursos que tuvieron que afrontar quienes estaban decididos a encontrar justicia. Esta también es una historia de perseverancia.

El caso de Vanessa Bennett. Todos los días convivimos con la maldad. Somos testigos de la parte más oscura del comportamiento humano. El sufrimiento provocado por un individuo a otros es algo latente en nuestra sociedad. En investigadores criminales nos adentraremos en ese lado oscuro de la humanidad.

 Traeremos a la pantalla los más perversos crímenes y trataremos de entrar en la mente de esos seres que cometen los más terribles actos. Yo soy Luz y el día de hoy te traigo otro caso más. Podemos decir que esta historia se inicia en la década de los 70 cuando Bruce Allan Bennet y Debra Lyn Large contrajeron matrimonio.

 Los jóvenes que estaban cerca de cumplir los 20 años tenían muchas ilusiones sobre lo que sería su vida en común. Bruce nació en Denver, estado de Colorado, el 22 de abril de 1956. Y aunque no encontramos mayor información de su infancia, por las posteriores reseñas se supo que siempre fue un joven normal y que tenía dos hermanos, Richard y Daniel.

 Por su parte, Debra, la mayor de cuatro hermanos, hijos del veterano de guerra Ernest Large y su esposa Rosina Martínez. Aún siendo muy joven, la vida de Debra sufrió un duro revés cuando su madre murió. En ese momento, la jovencita asumió junto a su padre el cuidado de sus hermanos menores. La familia se mudó a Colorado y fue allí donde Larry, uno de los hermanos de Debra, conoció a Bruce y ambos se hicieron amigos.

 Fue así como se cruzaron los caminos de estos dos jóvenes que pronto se enamoraron y decidieron formar una familia. Inicialmente, Bruce se incorporó a prestar servicio militar en la Marina con el objetivo de obtener mayores ingresos para su incipiente familia. Fue destacado en Pearl Harbor, Hawai, donde sirvió durante 4 años como analista de sonar, trabajando con equipos de alta tecnología.

 Fue ahí donde los jóvenes padres recibieron en enero de 1976 a su primera hija, a la cual llamaron Melisa Benet. En 1981, la pareja le dio la bienvenida a su segunda hija, a quien llamaron Vanessa. Finalizado su servicio militar, el propósito de obtener mejores ingresos se había logrado. La familia se estableció en la ciudad de Aurora en Colorado, donde con sus ahorros y un préstamo compraron su primera casa propia a la que se mudaron en 1983.

Bruce y Debra comenzaron a trabajar en una empresa de la familia Bennet dedicada a la distribución de muebles. Al mismo tiempo, Bruce estudiaba en la universidad para convertirse en controlador de tráfico aéreo. Un día feliz que termina en tragedia. Los Benet llevaban una vida tranquila. Los padres trabajaban durante el día, mientras que las noches las pasaban en casa disfrutando de sus dos pequeñitas.

Sin embargo, ese hogar en el que se vislumbraba un futuro feliz sufrió un terrible golpe del destino a inicios de 1984. El domingo 15 de enero de ese año, los Benet celebraban una alegre reunión en casa con toda la familia. Su hija mayor Melissa estaba a solo dos días de cumplir sus 8 años.

 Debra, como buena madre, planificó una celebración en la escuela con los amigos de la niña. Pero eso no era todo. La familia se reunió el fin de semana en el hogar de los Bennet Large para cantarle el cumpleaños a la pequeña. La tarde transcurrió entre gratas conversaciones, risas y una deliciosa torta.

 Al caer la noche, los abuelos y tíos de Melisa y Vanessa se retiraron a sus casas. Cuando iban saliendo, uno de los tíos de las niñas notó que la puerta del garaje estaba abierta y antes de retirarse regresó a la casa para recordarle a Bruce que la cerrara. Pero al parecer el joven padre tenía intenciones de salir a una tienda cercana antes de acostarse.

 Esa fue la última vez que la familia vio con vida a Bruce. Al día siguiente, el lunes 16 de enero, pasadas las 9 de la mañana, Constance Bennett, la madre de Bruce y a quienes todos conocían como Connie, recibió una llamada desde la tienda de muebles de la familia para decirle que ni Bruce ni Debra se habían presentado a trabajar y nadie contestaba el teléfono de la casa.

Recordemos que estamos hablando del año 1984 y la telefonía celular no existía. En consecuencia, cerca de las 10 de la mañana, Connie decidió ir a la casa de su hijo para averiguar por qué él y su esposa no habían ido a trabajar. Al llegar, lo primero que notó fue que la puerta del garaje seguía abierta, algo que en aquel momento no llamó demasiado su atención.

 La mujer pasó por el estacionamiento y al entrar a la casa de inmediato el horror se apoderó de ella al pie de la escalera principal, rodeado por una inmensa mancha de un líquido rojizo, yacía el cuerpo sin vida de su hijo. A simple vista, era obvio que tenía un enorme traumatismo en la cabeza y había recibido una profunda herida en su cuello.

 del horror, Coni no soportó lo que estaba viendo y salió corriendo en busca de ayuda de los vecinos. Llamaron de inmediato al número de emergencias 911 y en minutos unidades policiales y de asistencia médica se hicieron presentes en el lugar. La escena dentro de la casa de los Benet no podía ser más desoladora. Tal como había logrado ver Connie, al pie de la escalera principal ycía a Bruce, de 27 años, vistiendo solo su ropa interior.

 Su cabeza mostraba numerosas heridas producidas por golpes de un objeto contundente y tenía un corte de lado a lado en la garganta. Sus manos también presentaban múltiples heridas. Al revisar la escalera y la parte alta de la casa, se hizo evidente para los experimentados policías que el enfrentamiento entre Bruce y su atacante se inició en ese lugar.

 De hecho, fue tan fuerte el combate que incluso estaban rotos algunos soportes de la escalinata. Pero ese era solo el principio. En la habitación principal se encontraba el cuerpo sin vida de Debra, de 26 años, cuya cabeza había sido golpeada con saña. Seguidamente, los detectives llegaron a la habitación de las dos hijas de la pareja y la escena no podía ser más dramática y triste a la vez.

Sobre una alfombra encontraron el cuerpo brutalmente golpeado de Melissa, que también había sufrido heridas por arma blanca. Su rostro estaba tapado con una manta y por si fuera poco, la parte de abajo de su pijama había sido arrancada y mostraba signos inequívocos de haber sido abusada. Finalmente, entre la pared y una pequeña camita, al lado de un oso de peluche, encontraron el cuerpo maltrecho de la pequeña Vanessa de solo 3 años.

 estaba llena de lesiones, pero para sorpresa de todos, la niña aún estaba viva. Los equipos asistenciales se apuraron a atenderla, prestando los primeros auxilios y poniendo la máxima atención al movilizarla para trasladarla a un centro hospitalario, pues la vida de la pequeña literalmente pendía de un hilo. con Vanessa camino al hospital y los cadáveres de sus padres y su hermana retirados de la escena del crimen.

 Los investigadores se abocaron de inmediato a revisar concienzudamente el que había sido el hogar feliz de los Benet hasta la noche anterior. En medio de la nieve, a la entrada del lugar encontraron el bolso de Debra. Había sido revisado y posiblemente él o los atacantes habían cargado con el dinero que tenía.

 No muy lejos de la edificación, también en la nieve hallaron un cuchillo carnicero que, según se confirmó después le pertenecía a los Benet. Los detectives lo consideraron una pieza fundamental, pues pensaban que pudo ser el arma utilizada en los ataques contra Bruce y Melissa. Nunca se encontró el arma con la cual fueron propinados los golpes fatales contra los miembros de la familia, pero los oficiales suponían que pudo haber sido un martillo.

 Se basaron en el tipo de lesiones causadas y una marca sanguinolenta con la silueta de esta herramienta encontrada en una alfombra de la casa. En los días siguientes al ataque, mientras los médicos en el hospital luchaban por salvar la vida de la pequeña Vanessa, los detectives y peritos escudriñaban la residencia de los Benet en busca de cualquier pista que pudiera encaminar la investigación hacia el responsable de la atroz ataque.

Palmo a palmo, la casa y sus alrededores fueron minuciosamente registrados. Los investigadores tomaron muestras en los muebles de la cocina. las puertas, el garaje, el pasamanos de la escalera y algunos otros lugares. Recolectaron huellas dactilares que después fueron comparadas con las de la familia y los amigos, con la esperanza de encontrar alguna huella desconocida que los orientara.

 También llevaron un registro de algunas huellas de botas con trazos de plasma que los familiares no reconocían como pertenecientes a los Benet. A los parientes y miembros del círculo íntimo que habían asistido a la fiesta de cumpleaños de Melissa ese domingo les solicitaron también muestras de ADN. Las autoridades tomaron todas esas medidas con la esperanza de que en un futuro pudieran servir para hacer estudios genéticos que en aquel momento se encontraban en una etapa muy incipiente.

Los especialistas guardaron cuidadosamente las vestimentas de las víctimas y en una revisión profunda recolectaron parte de una alfombra que se encontraba debajo del cuerpo de la pequeña Melisa, así como una colcha de la cama y algunos otros elementos. Entrre tanto, un grupo de profesionales de la salud luchaba por mantener con vida a Vanessa.

 Para el tratamiento de las numerosas lesiones de la pequeñita de 3 años, se necesitaron de entrada tres unidades de sangre y otras tantas de fluidos. La niña se encontraba en coma. Cuando los doctores le dieron el reporte a la familia fue tremendamente impactante. La mandíbula de Vanessa estaba destrozada. su cráneo severamente lesionado, al igual que sus brazos, la cadera y las piernas.

 Además, también había sido víctima de abuso, pero no se trataba de un hecho aislado. Con el pasar de los días, algo más se hizo evidente para los investigadores. El de los Benet no era el primer ataque de ese tipo que se había perpetrado en Colorado. Menos de dos semanas antes de la brutal arremetida contra la familia Benet, hubo varias agresiones con grandes similitudes que desarrollaremos a continuación.

 Entre los casos destacaba el de la joven pareja conformada por James y Kimberly Hubben Child, quienes también eran residentes de la zona de Aurora. La noche del 4 de enero de ese año 1984, James y Kimberly se encontraban pasando una noche tranquila. Kimberlye estaba en el dormitorio y James grababa unos cassetts de música para un amigo.

 De pronto, en la oscuridad de la habitación, Kimberly recibió un fuerte golpe en la cabeza. La joven logró ver la silueta de un hombre que salió corriendo cuando ella comenzó a gritar llamando a su esposo. James corrió hacia la habitación y al verlo, el atacante le lanzó el martillo con el que había golpeado a Kimberly.

 La cabeza de James también fue impactada por la herramienta, pero aún así emprendió una persecución del agresor que finalmente logró escapar. Mientras tanto, su esposa, pese al terrible golpe sufrido y tratando de contener la hemorragia, llamaba al 911. Los cuerpos de emergencia llegaron al lugar y trasladaron a la pareja al centro asistencial más cercano.

 A James le diagnosticaron una fractura de cráneo y a Kimberly una conmoción cerebral, pero afortunadamente ambos lograron recuperarse de sus lesiones. La policía encontró en la vivienda de los esposos How’s el martillo usado en el ataque. Tras examinar la escena, se llegó a la conclusión de que el delincuente había penetrado a la casa a través del garaje, cuya puerta estaba abierta.

 Fuera de la casa encontraron unas huellas frescas en la nieve que se alejaban del lugar y las siguieron durante un trecho, pero en algún momento se confundieron con otras huellas y el rastro se perdió. Sin embargo, en el trayecto encontraron la cartera de Kimberly de la que aparentemente solo se habían llevado el dinero.

 No había transcurrido una semana cuando otro suceso violento estremeció a la comunidad de Colorado. Patricia Lewis Smith era una mujer de 50 años que acababa de mudarse a Colorado proveniente de Nebraska. El objetivo de su cambio de residencia era poder ayudar a su hija Sherry Leton, recién divorciada, a establecerse en un nuevo hogar junto a sus dos pequeños hijos menores de 5 años.

 Patricia, una decoradora de interiores reconocida y con una cartera de clientes importantes, era considerada toda una dama, amable, elegante y activa. Como todos los días, el martes 10 de enero, Patricia salió temprano en la mañana para llevar a su hija a un parque desde donde tomaba el autobús para ir a su trabajo.

 Luego llevó a los niños a la guardería. El resto de la mañana estuvo ocupada con su trabajo. Hacia el mediodía, la mujer pasó a recoger ropa en lavandería y después fue a un establecimiento de comida rápida a comprar una hamburguesa para comerla en casa como almuerzo. Al llegar, subió a su habitación, encendió el televisor y al parecer algo la hizo regresar a la planta baja de la vivienda.

Fue en ese momento cuando cerca de la puerta de entrada, Patricia se dio cuenta de la presencia de un desconocido en la sala. No tuvo tiempo de escapar cuando una andanada de golpes puso fina su brillante vida. Hacia las 5:30 de esa tarde, Sherry estaba esperando a que su madre la recogiera en el mismo parque donde la dejó en la mañana.

 Pero contrario a su habitual puntualidad, Patricia no llegaba. Tras un rato de espera, Sherry se acercó a un teléfono público y llamó a la casa, pero nadie contestó. Estaba extrañada y preocupada porque tenía que recoger a sus hijos en la guardería. Así que decidió llamar a una prima que la recogió a ella y a los chicos y los llevó a casa.

 Cuando llegaron, lo primero que notaron fue que la puerta del garaje estaba abierta y en la casa, que ya estaba a oscuras por el invierno, solo se veía una luz parpade en la parte alta que provenía del televisor encendido. Cuando Sherry entró a la casa, encontró el cuerpo de su madre tendido en el piso. Su cabeza había sido cubierta con una cobija infantil y era obvio que había sufrido una hemorragia.

 Los pantalones y las botas que llevaba puestos Patricia cuando la vieron por última vez esa mañana, estaban esparcidos alrededor, mientras que la vestimenta de la cintura para arriba estaba abierta. La mujer yacía aparentemente inconsciente en el suelo. Sherry levantó la cobija y alcanzó a ver la cabeza destrozada de su madre.

 A un lado de ella se encontraba un martillo, negándose a creer lo que sus ojos estaban mirando. La aterrada hija corrió a la casa de un vecino a quien le pidió que la acompañara para confirmar si su madre estaba con vida. Lamentablemente no era así y de inmediato llamaron al 911. Tras el traslado del cuerpo a la morgue para las experticias de rigor, la autopsia de Patricia dio cuenta de 17 heridas en la cabeza y confirmó el abuso sexual.

 En la escena, los investigadores pudieron deducir que tras acabar con la vida de Patricia, el atacante subió a la habitación y robó dinero de la cartera de la víctima antes de escapar del lugar. La investigación en este caso se extendió al círculo de personas cercanas a la decoradora de interiores, incluidos algunos clientes con los que había tenido desacuerdos, pero ninguna pista condujo a nada.

 Ese mismo martes 10 de enero, una joven fue atacada. Algunas publicaciones la llaman Donna Dixon, aunque otras fuentes la identifican con el apellido Home. Lo cierto es que Dona era aeromosa de Frontier Airlines, donde su pareja Ron, era piloto. Esa noche la joven estaba libre y esperaba la llegada de Ron, que realizaba un vuelo nocturno.

Hacia el final de la tarde, Dona regresaba del supermercado, recogió la correspondencia del buzón y estacionó su auto en el garaje de la casa. Cuando descendía del vehículo, recibió un fuerte golpe en la 100 y perdió el conocimiento. A la mañana siguiente, cuando Ron regresó a la casa, vio un rastro rojo que iba desde el estacionamiento hasta la casa.

 se apresuró a entrar a la vivienda y siguiendo con el mismo rastro, llegó a la habitación donde encontró a Dona, tendida en la cama con una herida en su cabeza. De alguna manera, la joven había logrado llegar hasta ahí. De inmediato, Ron llamó al 911. Los paramédicos llevaron a la mujer rápidamente al hospital donde fue atendida.

 Los médicos confirmaron que también había sido vulnerada sexualmente. Los investigadores, en principio, consideraron a Ronchoso, pero eso duró poco, ya que pudieron confirmar que acababa de aterrizar ese día en Colorado y que Dona había sido atacada varias horas antes. Entre tanto, el equipo a cargo de la pesquisa revisaba el estacionamiento de la vivienda y encontró un martillo con rastros abundantes de plasma en el asiento del conductor.

 Lo registraron como evidencia y lo enviaron para que le hicieran análisis, pero no pudieron ubicar ninguna huella digital útil para la investigación. Dona logró recuperarse de sus lesiones, pero debido al fuerte golpe que le asestó el depredador en su cabeza, su memoria a corto plazo quedó severamente afectada.

 En consecuencia, no podía recordar nada de lo sucedido la noche en que fue atacada. De alguna manera, esa situación particular fue considerada una especie de bendición por parte de Dona, que no solo agradecía haber sobrevivido al ataque, sino también no poder recordarlo. 6 días más tarde y a menos de 40 km de distancia de la residencia de Dona y Ron, se produjo la feroz agresión en casa de la familia Benet durante ese fatídico enero, mientras las familias de los fallecidos cumplían con la terrible tarea de sepultar a sus seres queridos y

pasaban por un doloroso duelo, aquellos que habían logrado sobrevivir seguían luchando para recuperarse de sus lesiones. Entre ellos, la más grave era la pequeña Vanessa. Sin embargo, la familia Benet y en particular Connie, la abuela de la pequeña, mantenían la esperanza de que la única sobreviviente de esa tragedia saliera con bien.

Sin recursos, la investigación se hizo demasiado larga. De las cuatro escenas del crimen, los investigadores recopilaron todos los elementos que pudieran contener huellas. rastros genéticos, marcas o cualquier pista que condujera a la identificación del atacante. Pero no podemos perder de vista que los hechos se sitúan en la década de los 80, cuando los avances tecnológicos en el campo de la criminalística estaban lejos de ser lo que conocemos hoy.

 De hecho, el campo de estudio del ADN apenas comenzaba a dar sus primeros pasos. Por otra parte, los ataques, si bien se habían producido en el mismo estado, se ubicaban en dos localidades, Aurora y Lakewood. deseosas de encontrar al agresor, las policías de ambos sitios comenzaron a cruzar información, pero lamentablemente carecían de un elemento disponible para estudio como las huellas tactilares, ya que no habían sido encontradas ni en las escenas del crimen ni en los martillos hallados y usados como armas.

 Los investigadores solicitaron apoyo del FBI, que envió un perfilador para estudiar el caso y tratar de arrojar algunas luces sobre quién habría podido ser el responsable. El especialista, tras analizar los cuatro ataques perpetrados en 12 días, llegó a la conclusión de que el hombre que estaban buscando no era un agresor planificado, sino por el contrario, un oportunista.

No buscaba a víctimas particulares. Posiblemente andaba deambulando por las zonas de casas buscando accesos fáciles, como las puertas abiertas de los garajes, que fueron un elemento en común en todos los casos, lo que facilitaba enormemente su ingreso a los hogares. Una vez adentro, los ataques eran inmediatos, sorpresivos, violentos y letales.

 A todo eso le sumaba el abuso sexual y luego buscaba robar solamente dinero, que era fácil de cargar. No se llevaba joyas ni otros artículos que tendría que vender. El perfilador estimó que el delincuente sería un hombre joven, posiblemente alrededor de los 20 años, inteligente, pero no instruido. Tal vez habría culminado la secundaria, pero no habría ido a la universidad.

 La repetición del uso de martillos en los ataques y una huella de bota rústica encontrada en una de las escenas sugería que el delincuente era trabajador de la construcción. Y de hecho en aquella época en las zonas en las que ocurrieron los crímenes estaban en plena expansión y eran decenas las viviendas que se estaban construyendo.

 Pero quizás lo más preocupante del perfil elaborado por el especialista es que afirmó que este hombre no se detendría, seguiría atacando hasta ser detenido. Tomando en consideración estos datos, los investigadores comenzaron a visitar todas las construcciones de la zona para hablar con los contratistas a ver si habían notado entre los miembros de su personal algún elemento extraño o si podían facilitar los nombres de sus obreros.

 Pero nuevamente en aquel momento, los registros de contratistas, empleados y subcontratados no eran muy rigurosos. Para colmo, las autoridades ni siquiera tenían una descripción del atacante, ya que todos los asaltos habían sido sorpresivos y realizados al amparo de la oscuridad, por lo que los sobrevivientes no podían ofrecer información de la apariencia física del perpetrador.

 Las investigaciones por esta vía tampoco llevaron a nada. Las autoridades se quedan sin herramientas para continuar. Mientras todo eso ocurría, la colectividad estaba asustada. Los residentes, como nunca antes, comenzaron a estar pendientes de cerrar con llave los garajes y las puertas de acceso a las viviendas.

 Algunos compraron armas y hubo otros que hasta adquirieron cascos con los que se acostaban a dormir. El tiempo seguía pasando sin que surgieran nuevos elementos para alimentar la investigación. Los ataques se detuvieron y la policía se tenía que ocupar de nuevos casos. Los sobrevivientes de los asaltos se recuperaban, retornaban a sus vidas tratando de superar el trauma de sus terribles experiencias y los familiares de las víctimas continuaban lidiando con el dolor de la ausencia de sus seres queridos.

 Cada cierto tiempo, los investigadores originales de los ataques y otros que los fueron sustituyendo contactaban con los departamentos y laboratorios especializados con la esperanza de que los continuos avances en materia de ADN hubieran alcanzado un punto que permitiera identificar al delincuente. En 1990, los investigadores de la policía de Aurora enviaron muestras de un edredón, una alfombra y otros elementos recogidos en la escena del crimen de la familia Bennet a un examinador forense en Richmond, California, que en aquel momento no pudo hacer mayores avances

con las pruebas. También en una nueva revisión de las evidencias recolectadas encontraron un bello público rubio y decidieron enviarlo también a los laboratorios especializados para ser analizado. Sin embargo, con una tecnología incipiente, las pruebas realizadas destruyeron ese único bello y, lamentablemente no produjeron ningún resultado.

 no fue sino hasta el año 2001, 17 años después de los ataques, cuando finalmente se logró la identificación plena de las muestras. Eso permitió para ese momento descartar a los miembros de las familias agredidas como posibles autores de los hechos. Sin embargo, hicieron falta 3 años más para poder vincular de forma feaciente los casos de la familia Benet y el de Patricia, ya que el mismo ADN se encontraba en las muestras de ambos crímenes.

 Pero no se podía cantar victoria aún, pues pertenecía a un desconocido. Lamentablemente, la búsqueda de una coincidencia con un donante identificado no era sencilla. todo Estados Unidos apenas comenzaban a formarse bases de datos genéticos, pero era un mecanismo que aún no estaba formalizado y sistematizado, por lo que cada estado y organismo tenía sus propias normas al respecto.

 Sin embargo, en agosto de 2016, la policía hizo públicas dos ilustraciones que mostraban cómo podría lucir el asesino. Las imágenes fueron desarrolladas por Parabon Nanolabs, una empresa de tecnología de ADN que entre sus muchos productos brindaba la posibilidad de fenotipado, es decir, desarrollar una imagen de la posible apariencia de una persona a partir de su ADN.

 La esperanza de la policía estaba puesta en que alguien pudiera reconocerlo. Lamentablemente no fue así. Entrreanto, los detectives en Colorado seguían atendiendo los casos criminales que día a día se presentaban en la localidad y cada cierto tiempo regresaban a la investigación de los ataques de 1984. Fue así como en el año 2018, en un nuevo intento por solucionar los casos, los detectives unieron esfuerzos con la genealogista Coline Fis Patrick.

 La especialista utilizó la secuenciación realizada del ADN e inició una búsqueda particular en las bases de datos públicas y privadas disponibles. Como producto de ese trabajo, una semana más tarde le informó a los detectives que según sus estudios el apellido del dueño de ese ADN era Iwing. No era una identificación precisa, pero era algo y representaba mucho más de lo que habían tenido hasta ese momento.

 Con esa información, la policía de Colorado encontró a tres o cuatro reclusos de ese estado con el apellido Iwin, pero lamentablemente todos fueron descartados como posibles responsables de los ataques. Poco después, en las bases de datos de la policía de Aurora, ubicaron a 40 individuos con ese apellido y comenzó la tarea de analizar a cada uno al mismo tiempo que se atendían los casos diarios.

 Por fortuna para todos, una gran sorpresa llegó a manos de los investigadores cuando en julio de ese año 2018 les informaron que en el programa informático del sistema de índice combinado de ADN, conocido generalmente como CODIS, se encontró una coincidencia de la muestra del caso Bennet con un preso en la cárcel de Nevada. Finalmente habían encontrado al asesino y quién era el hombre cuyo ADN se correspondía con el encontrado en las muestras seminales de los casos de la familia Bennett y de Patricia Smith se llamaba Alex Christopherwin.

Pero, ¿quién era este hombre? Alex nació en Carolina del Norte el 14 de agosto de 1960. No encontramos mayores datos de su infancia y él tampoco habló de ello, pero se supo que siendo menor de edad, al finalizar el undécimo grado, abandonó los estudios. De hecho, según su propio relato, lo habían expulsado de la institución educativa por beber y emborracharse frecuentemente a esa corta edad.

 Ese habría sido el inicio de una vida delincuencial. Alex estuvo detenido durante dos meses en un centro de menores en Sacramento, California, por un cargo de robo. Luego fue enviado a un hogar de acogida, donde permaneció dos semanas antes de ser liberado. En ese momento emprendió una carrera de delitos que lo llevó a ser arrestado varias veces en California, Arizona y Florida por cargos de robo, hurto mayor, allenamiento de morada y fuga.

 Según una licencia de conducir que obtuvo en 1983, Alex estaba residenciado en la ciudad de Denver, Colorado. Fue a inicios del año siguiente, 1984, cuando tuvieron lugar los cuatro ataques, que en 12 días dejaron a cuatro personas lesionadas y cuatro sin vida. Sin razón aparente, los asaltos se detuvieron y ese elemento resultó clave, pues coincidió con el hecho de que Alex abandonó el estado de Colorado y días más tarde se encontraba en la ciudad de Kingman, Arizona.

Ahí siguió su ronda de agresiones el 27 de enero de 1984, cuando penetró en una residencia y con una roca de granito de más de 10 kg, golpeó en la cabeza a un hombre llamado Roy Williams, que se encontraba en su cama. Luego lo golpeó en el pecho y le fracturó una de sus costillas. Robó algunas pertenencias y huyó del lugar.

Afortunadamente, la víctima sobrevivió. Aunque requirió 100 puntos de sutura en la cabeza, al recuperarse pudo dar una descripción parcial de su atacante. Con esa información, más tarde, ese mismo día, un oficial de policía vio a un hombre que se ajustaba a la descripción parado entre unos arbustos en la rampa de acceso a una vía interestatal.

 El oficial se acercó al individuo para interrogarlo, pero este huyó corriendo. El efectivo policial emprendió una persecución a pie y tras unos 800 m de carrera logró apresar a Alex. Unos días más tarde, el 2 de febrero, Alex fue formalmente acusado en tribunales de un cargo de intento de asesinato en primer grado y robo en primer grado, y fue recluido en la cárcel de San Jorge en Utah, porque la prisión del condado de Mohave, donde le correspondía ir, estaba sobrepoblada.

Unos meses más tarde, a inicios de agosto de ese mismo año 1984, Alex, junto a un grupo de varios prisioneros fue trasladado desde la prisión de San Jorge a la localidad de Kingman para asistir a una audiencia judicial. En el camino, la comisión que transportaba a los detenidos realizó una parada en una estación de servicio para permitir que los presos fueran al baño.

Alex vestía un short rojo y un mono naranja, y sus manos estaban libres, ya que las esposas le fueron retiradas para que pudiera ir al baño. No dejó pasar la oportunidad y en el primer descuido de los guardias salió corriendo y emprendió la fuga que resultó exitosa. las 10 de la noche, la central de la policía recibió llamadas de dos personas denunciando haber visto a un hombre sospechoso vistiendo solo un short rojo corriendo por el vecindario.

Lamentablemente, esas no fueron las únicas llamadas. Una hora más tarde, una mujer se comunicó con el 911 denunciando que ella y su esposo habían sido atacados en su residencia. La mujer que llamaba en medio de una crisis de pánico era Nancy Berry, quien pedía a gritos que los asistieran con urgencia, porque ella y su pareja estaban muriendo.

 Según relató Nancy más tarde, esa noche ella y su esposo estaban a punto de ir a dormir cuando escuchó un ruido en la cocina y fue a ver de qué se trataba. Al llegar vio a un hombre parado ahí y salió corriendo a avisarle a su marido, pero el intruso la alcanzó y le propinó un golpe en la frente.

 Luego atacó a su esposo, pero aparentemente no contaba con el hecho de que Nancy agarraría el teléfono y comenzaría a gritar. El atacante se asustó y huyó, dejando el arma con la que golpeó a la pareja, que resultó ser el mango de un hacha que por la fuerza de los golpes se rompió. El agresor había sido Alex. Cuando la policía llegó, encontró a la pareja malherida en la cama.

 Nancy tenía ambos brazos rotos y su esposo Cris se encontraba en pésimas condiciones. Adicionalmente, la pareja estaba preocupada por sus dos hijos, dos niños pequeños que por fortuna estaban en perfecto estado en sus habitaciones. De inmediato se desató una cacería para dar con el intruso violento que había entrado a la casa de los Barry a través de la puerta abierta del garaje.

Funcionarios policiales, perros entrenados y helicópteros fueron empleados en el rastreo, siguiendo unas huellas encontradas a la salida de la casa que se extendían hacia el desierto en dirección a Las Vegas. Lamentablemente fue todo inútil y no lograron dar con el paradero del sujeto. Pero 4 días después, aunque las versiones difieren un poco en los detalles, Alex fue avistado en una cabina telefónica donde al parecer estaba llamando a un hermano para pedirle ayuda.

 Cuando se dio cuenta de la presencia de los representantes de la ley, intentó escapar, pero tras haber permanecido varios días de fuga, estaba deshidratado y débil, y a los pocos metros cayó a tierra y fue capturado. El brazo de la ley comienza a trabajar y por partida doble. Nuevamente apresado y esta vez con todas las previsiones por parte de los organismos de seguridad, Alex fue llevado a juicio y el 12 de septiembre de ese mismo año 1984 fue acusado de dos cargos de intento de asesinato, dos cargos de agresión con arma mortal, un cargo por robo y otro

por escapar. En el desarrollo de las audiencias se pudo escuchar el dramático testimonio de Nancy sobre los aterradores minutos que duró el ataque contra ella y su esposo. Finalizadas las sesiones, Alexwin fue declarado culpable de todos los cargos y sentenciado a 110 años de prisión. Con esta sentencia, el fiscal solicitó desestimar los cargos por el ataque a Roy Williams.

 Como se puede ver, había pasado en libertad menos de 8 meses desde los ataques perpetrados en Colorado, que cobraron cuatro vidas. Increíblemente, los 34 años que la justicia estuvo buscando al responsable de los ataques en Colorado, el perpetrador estaba preso en Nevada. A mediados de julio de 2018, una comisión de policías y fiscales de Colorado viajó para entrevistarse con Alex en el Centro Correccional del Norte de Nevada.

 En ese primer encuentro, los funcionarios fingieron no tener nada que ver con organismos de seguridad, por lo que de entrada no se refirieron para nada a los delitos cometidos en Colorado. En esta conversación, Alex relató que su padre era efectivo de la Fuerza Aérea. Se refirió a su abandono de los estudios y afirmó que había padecido de una meningitis espinal, por la cual sufrió una experiencia cercana a la muerte que produjo un cambio en su comportamiento.

Alex también relató que antes de llegar a Nevada había pasado un tiempo que no precisó en Colorado trabajando en el sector de la construcción en Aurora y Lakewood, pero dijo que se había ido de allá porque era un lugar muy frío. Tras esta información que confirmaba que Alex había estado en Colorado, al día siguiente uno de los detectives volvió a reunirse con él y le mostró seis fotografías en blanco y negro de los crímenes en ese estado.

 En principio, Alex afirmó que no conocía a ninguna de las víctimas cuando el funcionario le mostró una foto a color de Patricia cuando estaba viva. Alex insistió en que no la conocía, pero cuando le mostró una imagen a colores de cómo habían encontrado el cuerpo de la mujer, Alex saltó en su silla. Adicionalmente se puso nervioso y afirmó que debía haber un error, que no sabía cómo era posible eso y de inmediato manifestó que necesitaba un abogado.

 Sin lugar a dudas, Alex no esperaba eso. De hecho, tras permanecer preso durante 34 años, el criminal estaba preparando los documentos para solicitar su libertad condicional, cosa que podía hacer tras el cumplimiento de 40 años de presidio. Al parecer estaba tan confiado en que obtendría su liberación que creó un perfil en un sitio de citas.

 Después de este encuentro, los detectives en Colorado obtuvieron una orden judicial en Nevada para realizar una muestra más de isopo bucal de Alex y los resultados de ADN confirmaron la coincidencia genética con las muestras recabadas en las escenas del crimen de los Benet y de Patricia. Fue después de esta confirmación que los funcionarios policiales de Colorado comenzaron a llamar a los familiares y a las víctimas que sobrevivieron a los cuatro ataques en enero de 1984.

A todos les informaron que finalmente habían encontrado al responsable, pero la justicia tardaría todavía más en llegar, ya que el primer paso era solicitar la extradición de Alex de Nevada a Colorado para poder llevarlo a juicio. La primera audiencia para presentar la solicitud de extradición en un tribunal de Nevada se llevó a cabo el 2 de octubre de 2018.

 En esa misma audiencia, Alex informó al juez que planeaba luchar contra esa extradición y así lo hizo. En los siguientes 16 meses, un abogado en representación de Alex introdujo apelaciones a la solicitud de extradición en todas las instancias posibles. Entrre tanto, la Fiscalía en Colorado analizaba sus opciones para enjuiciar al presunto responsable de los cuatro ataques en ese estado.

Lamentablemente, para los casos en los cuales no hubo fallecidos, no había posibilidad de enjuiciamiento, porque el estatuto de prescripción fijaba como máximo 3 años para la presentación de cargos, pero Alex sí podía ser llevado a juicio por los casos con resultado fatal. Eso quería decir que al final sería enjuiciado por las defunciones de los tres miembros de la familia Bennet y la de Patricia.

 Según la ley de Colorado de 1984. Cuando se produjo el crimen, la pena máxima aplicable sería la cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. En consecuencia, no podría ser condenado a muerte. Mientras en Nevada, el 21 de febrero de 2020, finalmente la Corte Suprema de Justicia de ese Estado ordenó que Alex fuera trasladado a Colorado para enfrentar los cargos en su contra en esa localidad.

 En una medida desesperada, el representante legal de Alex intentó interponer una apelación de emergencia ante la Corte Suprema de Estados Unidos, pero el máximo tribunal se negó a escuchar el caso. Sí, el 28 de febrero de 2020, un avión estatal trasladó a Alex desde Nevada hasta Colorado y dos días después el acusado fue presentado en su primera audiencia en el tribunal de distrito del condado de Arapajo, donde le informaron de los cargos que se le estaban imputando en un primer juicio conjurado por el caso de la familia Bennet. El

proceso se inició el 27 de julio de 2021. Durante las audiencias, la fiscalía basó la acusación sobre la confirmada presencia del ADN del acusado en los rastros de semen elementos cercanos al cuerpo de la pequeña Melisa. Adicionalmente, pusieron en evidencia la existencia de un modus operandi similar al hacer referencia al ataque fatal contra Patricia.

 En ambos casos, los fallecimientos fueron consecuencia de ataques brutales con martillos. Hubo víctimas ultrajadas. Los cadáveres de estas víctimas fueron dejados en condiciones similares, desnudos de la mitad del cuerpo hacia abajo y con las caras tapadas. Finalmente, en ambos casos, el criminal había penetrado a las viviendas por los garajes abiertos y las carteras de las mujeres fueron saqueadas y abandonadas en las inmediaciones de las escenas.

 No había duda de que ambos ataques habían sido perpetrados por la misma persona y el ADN mostraba que se trataba del acusado. Por su parte, la defensa buscó atacar el profesionalismo de los investigadores al afirmar que las muestras de ADN no habían sido correctamente manipuladas e insistió en el hecho de que nunca se encontraron huellas dactilares o ADN táctil del acusado en ninguna de las escenas del crimen.

 Para lo que la fiscalía brindó una teoría sencilla y era que el acusado pudo haber utilizado guantes. Durante las audiencias, el jurado y los presentes en la sala escucharon las declaraciones de policías, bomberos, investigadores y especialistas, pero la más impactante se produjo cuando subió al estrado Connie Bennett, la madre de Bruce.

 La mujer, que para el momento tenía 87 años, narró los terribles detalles de la escena que encontró en el hogar de su hijo cuando llegó para averiguar los motivos por los cuales él y su esposa no se habían presentado a trabajar. Los presentes no solo escucharon las declaraciones de los involucrados en la investigación y otros especialistas, sino que pudieron ver las fotografías tomadas en la casa de los Benet.

 Finalizadas las audiencias, el jurado, integrado por seis hombres y seis mujeres, se retiró a deliberar, pero sorpresivamente, 3 horas y media más tarde, le enviaron una nota al juez diciendo que no podían llegar a un veredicto y que se encontraban en un punto muerto. Dado el poco tiempo que había empleado en sus deliberaciones, el fiscal John Kellner le pidió al juez que instruyera al jurado para que continuara las discusiones.

 En contrapartida, la defensa de Alex solicitó la anulación del juicio. Finalmente, el juez Daren Bale consideró que era muy pronto para anular el juicio y le pidió a los miembros del jurado que se retiraran a sus casas a descansar y regresaran al día siguiente para continuar deliberando. Efectivamente, al día siguiente, tras unas 6 horas de discusión, el jurado entregó su veredicto declarando a Alex Christopher Ewing, culpable de los cargos que se le imputaban, que incluían tres acusaciones por asesinato, además de robo y otros delitos. El veredicto final del juez se

conoció a mediados de agosto de 2021, pero antes se escucharon las declaraciones de impacto de varios familiares de los Benet, entre ellos Coni y Vanessa, la única sobreviviente del hecho. Cuando el juez le preguntó a Alex si quería decir algo, el hombre respondió simplemente diciendo, “No, gracias.” Antes de emitir su sentencia, el juez tuvo duras palabras para Alex al afirmar que en sus años en el sistema de justicia había visto todo tipo de maldad, pero nada se comparaba con el nivel de deprabación en este caso. El

magistrado sostuvo que no existía un castigo demasiado duro para el culpable y afirmó que haría todo lo que estuviera en su poder para asegurarse de que nunca más volviera a respirar libremente. Y ciertamente lo hizo al condenarlo a tres cadenas perpetuas, pero como legalmente con esta sentencia, Alex podría solicitar la libertad condicional después de 20 años, el juez dictaminó que las sentencias se cumplieran de manera consecutiva y no simultáneamente.

De esa forma se aseguró de que el sentenciado para entonces de 61 años finalizara su vida en prisión. A la salida de la audiencia, Connie y el fiscal John tuvieron unas palabras para la prensa, pero la historia aún no había terminado. En octubre de ese mismo año 2021 se dio inicio al juicio por el caso de Patricia Smith.

 Sin embargo, este proceso fue declarado nulo luego de que la defensa de Alex presentara una moción para una audiencia de competencia que evaluara el estado mental del acusado. Dicha evaluación fue llevada a cabo y la conclusión fue que el acusado sí era competente mentalmente para ser enjuiciado. Tras las demoras, este proceso judicial se llevó a cabo finalmente a inicios de abril de 2022.

 A diferencia del primer juicio, en este Alex sí habló. Se quejó de haber sido extraditado desde Nevada. Acusó al sistema de estar amañado y denunció que las autoridades habían desestimado sus esfuerzos para conducirlos a los verdaderos criminales. Pese a sus argumentos, al final el resultado fue otra sentencia de cadena perpetua que se sumaba a las tres que ya tenía.

Lamentablemente nada cambia el pasado. Pese a que pudieron ver en el juicio a Vanessa, la única sobreviviente de la familia Benet, ustedes se estarán preguntando qué fue de la vida de ella tras la tragedia y decidimos contar su historia para cerrar este caso. En entrevistas concedidas a varios medios, entre ellos la revista People y A&, Vanessa describió una vida deshecha.

Afirmó que el brutal ataque del que fue víctima le dejó graves secuelas. Desde el punto de vista físico, relató que tras despertar del coma, semanas después del ataque, tuvo que aprender a caminar y a hacer todo de nuevo. Afirmó que físicamente quedó con lesiones permanentes como una parálisis parcial del lado izquierdo de su cuerpo que le impide sentir si está agarrando o soltando las cosas.

 Pero más allá de las dolorosas secuelas físicas estaban las mentales. Tras salir del hospital estuvo dos meses en un centro para niños maltratados, luego de lo cual fue a vivir con su abuela, pero según admitió estaba llena de rabia. En la escuela, los niños se burlaban de ella y eso aumentó su enojo. Desarrolló un carácter rebelde que en cierto punto su abuela no pudo manejar, por lo que decidió inscribirla en un internado.

 Cuando regresó a casa el primer verano, atentó contra su vida. La familia logró que la atendieran a tiempo y al recuperarse fue enviada a una sala psiquiátrica y de ahí a un hogar grupal de donde salió a los 18 años. Vanessa relató que a esa edad quedó embarazada y al dar a luz los servicios sociales se llevaron a la criatura porque ella admitió que no sabía cómo ser madre.

 Más tarde tuvo dos hijas más que quedaron al cuidado de una prima, pero no la dejaban verlas ni saber dónde estaban. Desarrolló un trastorno límite de la personalidad, un trastorno de estrés postraumático, un trastorno bipolar y un trastorno por déficit de atención e hiperactividad. De su familia y su vida antes del ataque solo recuerda pequeños fragmentos.

Sumado a su inestabilidad mental, el consumo de drogas duras que inició a los 19 años hacía estragos en susquis. Afirmó que usaba las sustancias porque solo quería alejarse del mundo y olvidar todo. Pero el camino de las drogas la llevó a la cárcel por cargos de robo en tiendas, agresión, violencia doméstica, allanamiento de morada y posesión de estupefacientes.

 En las entrevistas, Vanessa contó que estuvo sin hogar por mucho tiempo, viviendo debajo de un puente junto a una pareja. De hecho, esa era la situación exacta en la que se encontraba cuando se enteró de que su atacante había sido capturado. Sin embargo, al parecer ha habido una luz en su camino, pues Vanessa afirmó que al cumplir los 30 años decidió dejar de ser víctima y desde entonces se había dedicado a estar limpia.

 Según lo último que se supo de ella, vivía en un departamento junto a su segundo esposo. Tenía un gato y quería obtener un título universitario para convertirse en consejera y ayudar a personas con problemas de dependencia de sustancias. Cuando le preguntaron si se había sentido aliviada cuando Alex finalmente fue identificado y castigado, afirmó que no.

 Dijo que si para los demás atrapar al asesino los hacía sentir mejor. Le parecía genial, pero para ella no significaba nada. Ya el daño estaba hecho. Su vida se había arruinado y sentenció que no había forma de arreglar lo que le quitó. [Música] Y bueno, querida audiencia, hasta aquí una investigación más. ¿Qué opinan del caso de hoy? Nos gustaría mucho leer sus comentarios, ya que su opinión sobre los casos es muy importante para nosotros.

Recuerden siempre hacerlo con el máximo respeto posible, tanto para la víctima como para los demás espectadores. Y nosotros que los estaremos leyendo. Antes de irte, deja tu me gusta y suscríbete si aún no lo estás. Tampoco te olvides de compartir este video si crees que a alguien que conoces le puede interesar.

 Nos vemos hasta otra investigación criminal. Adiós. [Música] [Música] [Aplausos] [Música]