EL FEMINICIDIO QUE CONMOCIONÓ MÉXICO: MÓNICA CITLALLI FUE BRUTALMENTE ASESINADA POR UN PERVERTIDO

La mañana del 9 de noviembre, a un costado del kilómetro 40 de la autopista México Cuernavaca, fue hallado el cuerpo de una mujer envuelto en bolsas negras de plástico y apenas cubierto con una tela delgada. Horas después, el mayor temor de una familia se hizo pedazos. era la maestra de inglés de 30 años, madre soltera, la misma que apenas unos días antes todavía le escribía a su padre como si nunca hubiera desaparecido.
Pero si ya había muerto desde antes, entonces, ¿quién sostuvo el teléfono para montar aquella escena? ¿Y qué secreto espantoso estaba enterrado detrás de la puerta de la casa a la que entró y de la que nunca volvió a salir? Al sur de la Ciudad de México, unas personas encontraron el cuerpo de una mujer y avisaron de inmediato a la policía.
Cuando las autoridades llegaron al lugar, la escena frente a ellos bastó para dejar sin aliento a cualquiera. Los investigadores registraron de inmediato las primeras señas de identificación. un pantalón azul, una camisa de rayas, una chaqueta azul, un tatuaje de una flor en la mano junto con dos cicatrices en el cuerpo.
Cada pequeño detalle fue comparado con los expedientes de mujeres desaparecidas en la zona y entonces aquello que la familia más temía se convirtió en realidad. La víctima era Mónica Sitlali Díaz Resendis, la maestra de inglés de 30 años que había desaparecido apenas unos días antes. El resultado forense determinó que murió a causa de un traumatismo cráneoencefálico severo, provocado por un fuerte golpe en la cabeza.
Al recibir la noticia, la familia de Mónica acudió de inmediato a la Fiscalía de la Ciudad de México para confirmar su identidad. Desde ese momento, la desaparición dejó de ser una espera sostenida por la esperanza y pasó a convertirse en un caso que exigía llegar hasta el fondo. Tanto la Fiscalía General como la Fiscalía de la Ciudad de México declararon después que coordinarían la investigación bajo la línea de un crimen contra una mujer.
Mónica Sitlali, Díaz Resendis, nació en México el 27 de mayo de 1992. Era hija de José Juan Díaz y Fausta Resendis, y tenía dos hermanos llamados Misael y Juan Miguel Olivera Resendis. Para el año 2022 vivía en una casa de dos niveles junto a sus padres, hermanos, cuñados y sobrinos en la colonia El Salado, ubicada en el municipio de San Salvador Atenco, Estado de México.
En ese mismo hogar criaba a su hija, quien en ese momento tenía 11 años. Con 29 años, Mónica trabajaba como profesora en una academia de inglés donde había aprendido el idioma tiempo atrás. Esta institución estaba localizada en el distrito comercial Las Américas, dentro del municipio de Ecatepec, a unos 20 km de distancia de su domicilio.
Laboraba todos los días en turnos divididos. Comenzaba a las 7 de la mañana y terminaba al mediodía. Luego regresaba a las 6 de la tarde y concluía a las 9 de la noche. Sentía una fuerte vocación por su labor y desde sus años como alumna soñaba con enseñar en ese mismo lugar. Sus compañeros de trabajo y sus estudiantes la recordaban por su entrega, su capacidad y su entusiasmo constante.
A pesar de tener un viaje de una hora entre su casa y la academia y de los horarios partidos, Mónica se distinguía por su puntualidad. Además de su actividad docente, también dedicaba parte de su tiempo libre al cuidado de su salud física. Por eso solía ir los sábados a un gimnasio especializado en físicoculturismo.
Fue en ese lugar donde conoció a Jesús Alexis Álvarez Ortiz, un entrenador de 26 años, con quien entabló una amistad que pronto se convirtió en una relación sentimental. Alexis, nacido el 11 de noviembre de 1995, era licenciado en dirección de empresas por la Universidad Estatal del Valle de Ecatepec.
Además de su rol en el gimnasio, trabajaba como jefe de recursos humanos en un hotel de lujo. En sus redes sociales solía compartir su afición tanto por el físicoculturismo como por su carrera en el sector hotelero, mostrando una imagen de éxito profesional. vivía en la colonia Jardines de Morelos, en la zona noroeste de Ecatepec.
Algunas fuentes sostienen que Mónica y Alexis no se conocieron en el gimnasio, sino en la academia de inglés, donde él era su alumno. No obstante, la mayoría de los relatos coinciden en que fue en el centro de entrenamiento donde comenzaron a entablar conversación. Sea cual sea la versión correcta, para finales de mayo de 2022 ya habían comenzado una relación.
El 27 de ese mes, coincidiendo con el cumpleaños número 30 de Mónica, hicieron oficial su noviazgo. Tanto la madre como la hermana de Mónica no tuvieron una buena impresión de Alexis. Consideraban que no encajaba con la familia. Mas él lo veía como alguien muy posesivo con su hermana y Fausta, su madre, no lo aprobaba. Aunque en aquella celebración fue la única ocasión en que lo vieron, Fausta le dejó claro a Mónica que no quería volver a ver a ese hombre en su casa.
A pesar del rechazo familiar, la relación entre Mónica y Alexis parecía marchar bien. Poco tiempo después de empezar a salir, decidieron hacerse tatuajes en conjunto. Mónica se tatuó una rosa en honor a él, mientras que Alexis fue más expresivo. Se tatuó dos veces el apodo con el que se refería a ella, Sith Lali, una vez en el brazo y otra en el pecho.
Para Maciel, ese gesto fue una señal preocupante, sobre todo porque su hermana nunca antes se había tatuado. Esto, junto con otros cambios en el comportamiento de Mónica, hizo pensar que Alexis podía estar ejerciendo algún tipo de maltrato. Por ello, después del cumpleaños, decidieron alejarse de él. No volvieron a tener contacto con Alexis durante varios meses hasta que un hecho inesperado los volvió a cruzar.
Con este contexto llegamos a la mañana del 3 de noviembre de 2022. Mónica salió de su casa como de costumbre y cumplió su turno matutino en la academia de inglés. Regresó al mediodía, preparó el almuerzo para su hija y la llevó a la escuela. Luego volvió a su domicilio. Por lo general, ella descansaba por la tarde hasta las 5, hora en la que salía a tomar el transporte público rumbo al trabajo, ya que su segundo turno comenzaba a las 6 de la tarde.
Pero ese día rompió con su rutina. A las 2:40 de la tarde avisó a su familia que saldría a un centro comercial cercano. Esto les pareció extraño, ya que era muy estricta con su horario y no acostumbraba salir en medio de su jornada. No les dijo si iba a comprar algo ni con quién iba a encontrarse, pero su familia no se alarmó.
Mónica era adulta y sabían que podía tomar sus propias decisiones. La preocupación comenzó unas tr horas después. A las 5:37 de la tarde, el padre de Mónica recibió un mensaje de texto enviado desde su celular. En él le decía que una amiga la había invitado a quedarse en una casa que tenía en Hidalgo, que había aceptado esa invitación y que se marcharía por unos días.
Añadía que más adelante hablaría con ellos. Unos minutos después, a las 5:49 llegó un segundo mensaje, el último que se enviaría desde su teléfono. En ese texto, Mónica le informaba a su padre que pronto les mandaría la dirección exacta del lugar donde estaría para que no se preocuparan. Lo inesperado del mensaje, la falta de mención de su hija de 11 años y el hecho de que Mónica no solía actuar de forma tan impulsiva encendieron las alarmas en su familia.
Sus padres y hermanos intentaron llamarla y enviarle mensajes, pero no obtuvieron respuesta. Al poco tiempo, las llamadas ya no entraban y el teléfono indicaba que no tenía señal. Mientras la familia, cada vez más angustiada, intentaba localizarla, Alexis, el novio de Mónica, llegó a la casa.
Aseguró que él tampoco sabía nada de ella, que había intentado contactarla sin éxito y que no recibía respuesta alguna. Todos estaban visiblemente preocupados. Y fue entonces cuando Alexis se ofreció a acompañar a Fausta, la madre de Mónica, a presentar una denuncia. Después de hacer la denuncia, se imprimió una ficha de búsqueda con la imagen de cuerpo completo de Mónica.
En ella se incluía una descripción física. Usaba lentes de aumento, tenía tatuada una rosa y se detallaba la ropa que llevaba el día que desapareció. También se mencionaba que había sido vista por última vez cerca del centro comercial de Ecatepec. Con esa alerta comenzó oficialmente la búsqueda de Mónica.
Para la búsqueda se activó la célula especializada en personas desaparecidas perteneciente a la Dirección de Seguridad Pública y Tránsito de Ecatepec. Los agentes repartieron cientos de copias de la ficha de localización de Mónica en los alrededores de su vivienda y de la academia donde trabajaba. Además, entrevistaron a familiares, amigos y compañeros de trabajo en busca de pistas.
Un testimonio clave lo aportó el chóer del autobús que Mónica usaba habitualmente para ir a su empleo. El conductor afirmó que el jueves 3 de noviembre, día en que desapareció, Mónica subió a la unidad y bajó cerca de las 5:30 de la tarde en la parada que está justo en la esquina de la Academia de Inglés. Esto indicaba que su última ubicación confirmada estaba a unos metros del lugar donde trabajaba y casi al mismo tiempo en que su familia recibió los extraños mensajes desde su celular.
Aunque esta información era valiosa, las primeras acciones de búsqueda se extendieron durante varios días, lo que incrementó el nivel de angustia de sus seres queridos. La actitud de Alexis ante los esfuerzos de los amigos de Mónica por ayudar a encontrarla fue, por decir lo menos, extraña. Una amiga de Mónica, que había estado compartiendo la ficha en redes sociales, recibió un mensaje de él.
En el mensaje, Alexis le dijo que solo los familiares y las autoridades debían participar en la búsqueda. La amiga, que solo intentaba difundir el caso para obtener alguna pista, decidió ignorar el comentario y continuó publicando. Unos días después, Maciel, la hermana de Mónica, también se puso en contacto con esa amiga.
Le pidió que eliminara los datos personales que figuraban en la ficha, ya que incluían los números de teléfono de la familia. Al parecer, algunas personas se estaban aprovechando de la situación. El padre de Mónica había empezado a recibir numerosas llamadas, algunas de las cuales eran intentos de extorsión. Le pedían entre 20 y 30,000 pes, es decir, entre 1,000 y $1,500.
Supuestamente, quienes llamaban al padre de Mónica aseguraban que la tenían secuestrada y pedían dinero para liberarla. Sin embargo, cuando él solicitaba alguna prueba de vida de su hija, dejaban de comunicarse. Durante el fin de semana posterior a la desaparición, la familia de Mónica volvió a acudir a la fiscalía.
Esta vez solicitaron una nueva orden para revisar las cámaras de seguridad de los comercios cercanos al lugar donde fue vista por última vez. Sin embargo, los funcionarios rechazaron la petición alegando que era fin de semana y que debían esperar hasta el lunes. Ese mismo fin de semana surgió un hecho que complicó aún más el caso.
En busca de información que ayudara a ubicar a Mónica, una amiga suya contactó a María Isabel Ortiz, la madre de Alexis. El 5 de noviembre, tras una conversación inicial, María Isabel llamó a esta amiga y le dijo que estaba angustiada porque su hijo también había desaparecido. Contó que esa madrugada él había estado entrando y saliendo de la casa con actitud nerviosa hasta que finalmente no volvió.
Durante todo el fin de semana, ambas mujeres que apenas se conocían de vista siguieron conversando. En varios mensajes de texto y notas de voz, la madre de Alexis expresó que no tenía una buena imagen demónica. La criticó por salir de noche con su hijo siendo madre y la consideraba una mala influencia. Según ella, Mónica había cambiado a Alexis desde que comenzaron la relación.
lo llevó por un mal camino e incluso influyó en su decisión de tatuarse, lo que ella interpretaba como una forma de dañarse el cuerpo. El lunes 7 de noviembre, María Isabel denunció oficialmente la desaparición de su hijo, aunque ese hecho no fue vinculado de inmediato al caso de Mónica. El 8 de noviembre, al día siguiente, la amiga de Mónica volvió a comunicarse con María Isabel para preguntarle si tenía alguna novedad sobre Alexis.
La mujer respondió que no sabía nada nuevo sobre su hijo y envió una foto en la que se le veía en el hospital, acompañando a su madre que acababa de ser operada. La amiga, aún con dudas, le preguntó si conocía algo sobre una casa en Hidalgo, recordando que en el último mensaje que supuestamente Mónica había enviado a su padre, mencionaba que se iba a vivir a una casa en ese estado.
Sin embargo, María Isabel comenzó a responder de forma seca y poco después dejó de contestar por completo. Este cambio de actitud le resultó muy extraño a la amiga de Mónica, especialmente porque notó que María Isabel no parecía mostrar preocupación alguna por Mónica, solo por Alexis. Le parecía raro que, siendo Mónica su nuera, no manifestara interés por saber que había sido de ella.
Los días pasaban y no había novedades sobre el paradero de Mónica. Pero entonces ocurrió un giro inesperado que golpeó con fuerza a toda su familia. En la mañana del miércoles 9 de noviembre se reportó el hallazgo del cadáver de una mujer al costado del kilómetro 40 de la autopista México Cuernavaca, en el sur de la Ciudad de México.
Vecinos de la zona dieron aviso a las autoridades y al lugar acudieron elementos de la Guardia Nacional, de la Secretaría de Seguridad Ciudadana y de la Fiscalía de Feminicidios. El cuerpo estaba dentro de bolsas negras, apenas cubierto con una sábana. Al examinarlo, los peritos notaron detalles importantes. La víctima llevaba puesto un pantalón azul, una camisa de rayas y una chaqueta azul.
Además, tenía un tatuaje de una flor en la mano y dos cicatrices en el cuerpo. Al comparar esta información con las fichas de mujeres desaparecidas recientemente en la zona, se confirmó una coincidencia total. Se trataba de Mónica Sitlali, Díaz Resendis, la profesora de inglés de 30 años desaparecida días antes. Tanto el informe forense como el certificado de defunción confirmaron que la causa de muerte fue un traumatismo cráneoencefálico.
Tras recibir la noticia del hallazgo, los familiares de Mónica acudieron a la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, donde confirmaron que el cuerpo pertenecía a la joven maestra. Las fiscalías nacional y de la capital informaron que llevarían a cabo una investigación conjunta del caso, aplicando una perspectiva de género en todo el proceso.
Dado que el caso fue clasificado como feminicidio y considerando que fue una de las últimas personas en tener contacto con ella, el principal sospechoso fue su novio, Alexis. Lo cierto es que cuando Alexis fue señalado como el principal sospechoso del crimen, seguía desaparecido. Por ello, las autoridades intensificaron su búsqueda y comenzaron a reconstruir las últimas horas de vida demónica.
Mientras todo esto ocurría, la familia de la joven vivía uno de sus momentos más duros. El 10 de noviembre esperaban en las afueras del servicio forense la entrega del cuerpo de Mónica. Finalmente, el ataúd fue entregado a las 9 de la noche. Desde que el cuerpo de Mónica fue encontrado, las autoridades intensificaron la investigación para esclarecer los hechos y localizar a Alexis.
Finalmente, se revisaron las cámaras de seguridad ubicadas en las cercanías del centro comercial y en los alrededores del lugar donde ella trabajaba. En las grabaciones se observó que el 3 de noviembre a las 2:55 de la tarde Mónica descendía de un taxi frente al centro comercial. Más adelante, otra cámara registró cómo abordaba otro taxi.
Sin embargo, este vehículo no la llevó a la academia de Inglés. En cambio, una cámara cercana a la casa de Alexis captó imágenes del automóvil llegando al domicilio a las 4:19 de la tarde. En la grabación se ve claramente como él sale, la recibe, le abre la puerta y ambos entran juntos a la vivienda. Estas imágenes permitieron aclarar una de las grandes dudas del caso.
Si Mónica había llegado a su lugar de trabajo ese día. La respuesta fue clara. No, nunca llegó a la academia, ya que nunca se la volvió a ver salir de la casa de Alexis. A Alexis, en cambio, si se le ve salir tiempo después. En cuanto al conductor del autobús que había asegurado haber llevado a Mónica hasta la esquina de su lugar de trabajo, la policía volvió a interrogarlo con mayor detalle.
Durante esta segunda conversación quedó claro que el hombre se había confundido. En realidad, él transportó a Mónica el día anterior a su desaparición, no el mismo jueves 3 de noviembre, lo que había generado la confusión inicial. Otro punto clave que surgía era el origen de los mensajes de texto enviados desde el celular de Mónica.
Aunque en teoría ella los habría mandado desde la casa de Alexis, también se consideró la posibilidad de que fuera el mismo quien los escribió haciéndose pasar por ella. Las cámaras de vigilancia en la calle donde vivía Alexis registraron otros hechos que resultaron relevantes para la investigación. El primero ocurrió a las 6:28 de la tarde del mismo jueves.
En ese momento, un familiar suyo llegó a la vivienda. Más tarde, este testigo declaró ante la Fiscalía del Estado de México que Alexis lo había llamado pidiéndole ayuda. Al llegar, Alexis le confesó que ese día había consumido drogas en exceso, que se le había ido de las manos y que había matado a Mónica. Cuando el familiar intentó marcharse, Alexis reaccionó de forma agresiva e intimidante.
Sin embargo, logró escapar de la casa. Poco después de este hecho, Alexis salió de su casa y se dirigió a la vivienda de Mónica, donde, como ya se sabe, se mostró preocupado y colaboró en la denuncia. Luego volvió a su propio domicilio acompañado de su madre. Más tarde, a las 11:4 noche, las cámaras captaron otro movimiento sospechoso.
Esta vez se registró la llegada de una camioneta verde oscuro al inmueble. En las imágenes se observa que el portón fue abierto por una persona con características físicas que coincidían con las de la madre de Alexis. Más adelante, a la 1:47 de la madrugada, el mismo vehículo salió de la vivienda. Se presume que el vehículo fue utilizado para ocultar evidencias relacionadas con su desaparición y que desde allí fue llevado hasta el sitio donde finalmente se encontró.
Con estos datos, la secuencia de los hechos que llevaron a la desaparición y asesinato de Mónica parecía haber sido reconstruida. Sin embargo, todavía quedaba sin resolver en qué momento huyó Alexis y dónde se encontraba. Las respuestas a estas preguntas llegaron tras analizar nuevas grabaciones de las cámaras ubicadas frente a su casa correspondientes a la madrugada del domingo 6 de noviembre.
En las imágenes se observó que a las 2:30 de la mañana un automóvil BMWB se detuvo a pocos metros del domicilio de Alexis. Poco después, él salió de la casa vestido con un suéter naranja, se acercó al coche, saludó al conductor y se subió. El vehículo arrancó con ambos a bordo.
El rastreo del BMW permitió a las autoridades averiguar que Alexis fue llevado hasta el hotel de lujo donde trabajaba y allí se escondió durante los días siguientes. Al identificar la matrícula del auto, los investigadores lograron ubicar al dueño. Se trataba de Jonathan, primo de Alexis. Lo que llamó la atención de la policía fue que ese mismo joven ya se había presentado días antes a declarar.
Fue él quien dijo que Alexis le confesó haber matado a Mónica y que lo había amenazado con un cuchillo. Jonathan explicó que debido a esas amenazas había aceptado ayudar a su primo a esconderse. Mientras la investigación avanzaba y el caso ganaba visibilidad, muchos usuarios en redes sociales comenzaron a investigar por su cuenta el pasado de Alexis.
Como suele ocurrir en estos casos, la gente en internet logró descubrir detalles que incluso las autoridades no habían identificado aún. Se descubrió que Alexis tenía un historial extenso de conductas violentas. 6 años antes había tenido un altercado con un hombre de 60 años producto de un conflicto de tránsito.
En esa ocasión, Alexis lo agredió físicamente, causándole causó lesiones graves. La víctima necesitó una intervención médica cuyo costo debía ser cubierto por la familia de Alexis. Pero ni él ni su madre asumieron esa responsabilidad. María Isabel lo defendió asegurando que su hijo era un buen chico y que si había reaccionado con violencia, seguramente fue porque lo habían provocado.
Nunca se hicieron cargo de las consecuencias. La Fiscalía Mexicana abrió una carpeta de investigación sobre el caso, pero Alexis no fue arrestado ni se presentó a los citatorios correspondientes. Tampoco aceptó ningún acuerdo cuando el proceso pasó de ser judicial a una mesa de conciliación. Aunque tenía ya 21 años, el Ministerio Público lo trató como si fuera menor de edad.
El caso acabó siendo archivado informalmente, sin una resolución formal. Este hecho sirvió como antecedente y reforzaba la posibilidad de que Alexis fuera capaz de quitarle la vida a Mónica. Pero había otro episodio en su pasado que, aunque no implicaba directamente violencia física, resultaba inquietante por sus similitudes con el caso de la joven maestra.
Se trataba de la muerte repentina de su exnovia, una enfermera llamada Narda Patricia Montiel Ramos, conocida por su segundo nombre, Patricia. Patricia, al igual que Mónica, era entusiasta del entrenamiento físico y conoció a Alexis en un gimnasio en el año 2016. Con el tiempo comenzaron una relación sentimental. En sus redes sociales, ella publicó varias veces mensajes de cariño hacia Alexis, mientras que él solía responder con comentarios afectuosos en sus videos.
Patricia fue encontrada sin vida en su casa a finales de diciembre de 2021. La causa oficial de su muerte fue broncoaspiración y un paro cardíaco. En su declaración a la policía, Alexis afirmó que la noche anterior había dejado a su novia en su domicilio en estado de ebriedad. Supuestamente, antes de que se anunciara su fallecimiento, desde el teléfono de Patricia se enviaron mensajes a su jefa informando que se ausentaría por un tiempo.
Cuando surgió la posibilidad de practicarle diversos exámenes forenses, Alexis persuadió a la madre de Patricia para que no se hicieran, argumentando que no tenía sentido seguir dañando el cuerpo de su hija. La madre, confiando plenamente en él, accedió e incluso permitió que fuera él quien contratara el servicio de cremación.
Esta decisión eliminó cualquier posibilidad de realizar investigaciones posteriores sobre las verdaderas causas del fallecimiento. Aún sin contar con este antecedente en el expediente, las autoridades consideraron que había pruebas suficientes para solicitar una orden de cateo en las viviendas de Alexis y de su madre. Los operativos se llevaron a cabo el 11 de noviembre, el mismo día del entierro de Mónica.
Durante uno de los allanamientos fue arrestada María Isabel, acusada de feminicidio y desaparición forzada. En la madrugada del día siguiente detuvieron a Alexis tras localizarlo en un hotel de la colonia Jajalpa gracias al seguimiento de sus movimientos bancarios. Ambos fueron trasladados al penal de Chiconautla, NCATPec.
mientras esperaban la resolución judicial que los vinculara formalmente al proceso. En la casa de Alexis, elementos de la Fiscalía del Estado de México, en colaboración con la Guardia Nacional y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana hallaron prendas de ropa demónica con manchas de sangre, además de unos lentes que le pertenecían.
Entre las pruebas adicionales contra María Isabel y Alexis se encontraban unos mensajes de texto que intercambiaron el 6 de noviembre. Cerca de la medianoche de ese domingo, la madre le escribió a su hijo preguntándole dónde se encontraba. Minutos después, Alexis le contestó que estaba bien y que no se preocupara.
A lo largo de la madrugada, ella volvió a enviarle varios mensajes mostrando su angustia por no saber de él. Lo que resultaba sospechoso de esta conversación era que en el momento en que se enviaban esos mensajes, ambos se encontraban en la misma casa. Las cámaras de seguridad lo confirmaban. Alexis no había salido de la vivienda hasta que fue recogido por su primo Jonathan.
Por eso los mensajes de María Isabel a la 1:26 de la mañana preguntándole por su paradero carecían de sentido y levantaban sospechas. Tres días después de sus arrestos, el 14 de noviembre, se llevó a cabo la audiencia formal de imputación. Al término de la sesión, Juan Miguel expresó su frustración al tener que estar tan cerca de quienes podrían haber causado la muerte de su hermana.
Por motivos no aclarados, Alexis asistió a la audiencia con una mascarilla de oxígeno. Consultado sobre esto, el hermano de Mónica respondió que el estado de salud del acusado no le interesaba en lo absoluto. Lo único que quería era que él y su madre enfrentaran la justicia por los delitos que se les atribuían. El 17 de noviembre, Ricardo Mejía Verdeja, subsecretario de Seguridad y Protección Ciudadana del Gobierno Mexicano, ofreció una rueda de prensa en la que presentó información derivada de la investigación, incluyendo las
grabaciones de seguridad, cuya secuencia ya fue descrita anteriormente. Durante su intervención, señaló que Alexis había confesado haber agredido a Mónica. Declaró ser consumidor de drogas ilícitas. Según lo expuesto por el funcionario, Alexis aseguró que no recordaba lo ocurrido debido al estado en que se encontraba y que solo cuando recuperó la conciencia se dio cuenta de que Mónica ya no tenía signos vitales.
En la misma conferencia se comunicó también la detención y el inicio del proceso legal contra un tercer implicado, Jonathan, el primo de Alexis. Como se sabe, él fue quien lo ayudó a ocultarse tras el crimen. Jonathan fue acusado por encubrimiento por receptación en flagrancia. Ese mismo día, 17 de noviembre de 2022 se formularon las imputaciones contra Alexis y María Isabel.
El primer juicio contra Jesús Alexis Álvarez Ortiz concluyó casi un año después, el miércoles 18 de octubre de 2023. Ese día fue hallado culpable del delito de desaparición forzada y sentenciado a 25 años de prisión. Además, se le ordenó pagar una multa de 130,000 pes y una compensación adicional de 39,000 pes por daño moral, lo que equivale a poco más de 7000 y $000, respectivamente.
Es importante señalar que esta sentencia solo afectó a Alexis. ni su madre ni su primo fueron incluidos en ese veredicto. Tampoco se juzgó el delito de homicidio en este proceso, ya que ese cargo sería tratado en un juicio aparte. Tras conocer el fallo, Maciel expresó sentimientos encontrados. Aunque consideró positiva la sentencia, afirmó que nada cambiaría el hecho de que su hermana ya no estaba con vida.
El 25 de noviembre de 2023, con motivo del día internacional para la eliminación de la violencia contra la mujer, la senadora Gina Cruz tomó la palabra en el Parlamento mexicano y adoptando la voz de Mónica en primera persona, dio visibilidad al caso como una forma de homenaje y denuncia. El juicio contra María Isabel, relacionado con la desaparición de Mónica, tenía previsto comenzar el 30 de noviembre.
Para el 17 de diciembre de ese mismo año, los reportes señalaban que la acusada seguía a la espera de una sentencia condenatoria. Sin embargo, no hay registros en los medios que confirmen si se emitió un fallo. Ese mismo día se dio a conocer públicamente que Alexis y María Isabel habían sido formalmente vinculados a proceso por el delito de feminicidio.
Ambos se encontraban bajo custodia, él ya cumpliendo su pena por desaparición forzada y ella aún esperando una resolución judicial. Se estableció un plazo de 2 meses para cerrar la fase complementaria de la investigación y desde entonces no se han registrado nuevas actualizaciones oficiales sobre el caso.
¿Qué opinas del papel que jugaron las redes sociales en ayudar a visibilizar la desaparición de Mónica? ¿Qué te genera más rabia o impotencia de esta historia? ¿Qué sentimientos te dejó conocer esta historia? Deja tu opinión en los comentarios y no olvides suscribirte al canal. años.
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