Antes del ascenso del nazismo, la

sociedad judía en Europa era un

entramado profundamente diverso.

Casi 10 millones de judíos vivían,

trabajaban y crecían en comunidades

levantadas durante siglos.

Pero para 1945,

dos de cada tres de estos judíos fueron

silenciados para siempre.

El holocausto no fue solo el asesinato

de 6 millones de personas, sino que

también implicó la aniquilación de la

magnífica y vibrante cultura que este

pueblo había creado en toda Europa.

Y para hacerle justicia es necesario

comprender no solo cómo murieron, sino

también cómo vivieron.

There was no one way to be a Jew. They

were traditional and modern and

progressive and every shade between

their children

antes de 1933,

la vida judía en Europa no podía

describirse con una sola imagen.

Era un mosaico tejido por 9.5 5 millones

de personas que hablaban lenguas

distintas, tenían costumbres diversas y

vivían realidades totalmente

contrastantes.

Desde los stlets de madera del este

hasta los barrios elegantes del oeste,

la experiencia judía era tan compleja

como la historia de Europa misma.

En Europa oriental, especialmente en

Polonia, Lituania, Ucrania y partes de

la recién formada Unión Soviética

predominaban las comunidades

tradicionales.

Las familias vivían en pequeños pueblos

donde las casas de Tejas Bajas daban a

calles de tierra y los puestos del

mercado se llenaban de sonidos en Jidis,

una lengua que se traducía en hogar,

memoria y humor.

Allí la vida religiosa marcaba el ritmo

cotidiano.

El Shabbat detenía la semana.

Las festividades llenaban los hogares de

música y comida, y la sinagoga era tanto

un espacio espiritual como un centro

comunitario.

Sin embargo, la pobreza era la norma.

Muchos subsistían como artesanos,

vendedores ambulantes, sastres o

pequeños comerciantes.

En esos lugares, las generaciones

crecían rodeadas de tradición, pero

también de incertidumbre económica.

Más al oeste, la realidad era otra. En

ciudades como Berlín, Viena, Praga,

Copenhague o Ámsterdam, las comunidades

tendían a estar más urbanizadas. más

integradas en la cultura general y en

muchos casos más prósperas.

Los judíos de clase media o alta podían

estudiar en universidades prestigiosas,

abrir negocios modernos.